-Ginny Weasley desapareció la noche del 25 de junio de 2005 en una fiesta organizada en la mansión Malfoy -contó Harry, en voz baja y tranquila, mientras se servía un vaso de whiskey de fuego, lentamente-. Una fiesta que se organizó por el décimo aniversario de iniciada la Segunda Guerra Mágica, que técnicamente inició el 24 de junio de 1995. Se trataba de una conmemoración y celebración a la vez, como tantas celebraciones que hemos tenido luego de la caída de Lord Voldemort y del final de la guerra -Harry se llevó el vaso a la boca mientras sentía al mortífago temblar ante la mención de su antiguo amo, a pesar de que este llevaba muerto ya veinte años.

La habitación en la que se encontraban estaba totalmente oscura excepto por una sola lámpara que colgaba encima de la silla en la que el mortífago estaba atado. Alrededor había una pila de cadáveres, al menos cuarenta de ellos, y el silencio solo era irrumpido por el hielo golpeando los bordes del vaso de Harry, cuando este lo agitaba brevemente antes de beberlo.

-Kingsley propuso hacerla, y Lucius Malfoy ofreció su mansión -continuó-. Los empleados del Ministerio fueron los principales invitados, ya que allí se originó la idea, pero todo el que quisiera ir podía hacerlo. Los Malfoy eran vistos como desertores que ya no pertenecían al lado oscuro, y se empeñaban en remarcar ese hecho siempre que podían, así que a nadie le pareció raro que ofrecieran su mansión como la sede. Se hizo el día 25, un día después del acontecimiento histórico, porque caía sábado, y la mayoría podía ir ese día.

Harry bebió otro sorbo de whiskey antes de continuar, con mucha tranquilidad.

-Lucius había terminado de cumplir su sentencia original en Azkaban, que había sido reducida, y había salido libre recientemente. Hubo muchos invitados ese día: Casi todo el Ministerio de la magia estaba allí. Ludo Bagman acababa de ser contratado nuevamente, luego de esclarecer sus asuntos de larga data con los duendes y limpiar su imagen. Rita Skeeter asistió para cubrir una nota sencilla sobre el evento. Dolores Umbridge había salido de prisión y conseguido un puesto de asistente de limpieza en el Ministerio, y tuve la desgracia de verla también esa noche. También fueron la mayoría de los Weasley, así como profesores, alumnos y egresados de Hogwarts… Estaba Horace Slughorn, que jamás se pierde una fiesta, y tantos otros. Ya que la mayoría de ellos tenía familia o amigos en el Ministerio, y fueron invitados. Y también amigos y conocidos de los demás, con lo que prácticamente cualquier persona que yo nunca haya conocido en el mundo mágico estaba allí esa noche.

"Ocurrió cerca de la una de la mañana: Un grupo de mortífagos se metió en la mansión y empezó a ocasionar disturbios. En teoría venían detrás de mí, para matarme. Destruyeron todo, atacaron gente, quisieron matar invitados. Nadie inocente murió. Eran trece. Trece mortífagos contra todos los aurores y magos más poderosos del mundo mágico juntos… Todo el Departamento de Aurores de esa época estaba allí: Peakes, Longbottom (que aún no era profesor), Dawlish, Ron Weasley… Así como los empleados de los demás departamentos.

El mortífago tenía los ojos muy abiertos y miraba a Harry sin decir una palabra.

-A través de los años, las versiones sobre por qué ocurrió ese ataque fueron cambiando y generando nuevas pistas e información que no hicieron más que confundir y volver cada vez más increíbles los motivos de ese ataque -continuó Harry, balanceando la bebida en su mano, con su mirada perdida en algún otro sitio-. El número de mortífagos había aumentado muchísimo con el paso de los años. Así como sus motivaciones. Luego de la caída de Voldemort, los que no desertaron y se pasaron al bando de los buenos, o fueron aprisionados, empezaron a buscar cada vez más seguidores, como ya sabrás. Pero ahora que su líder estaba indudablemente muerto, la motivación era otra: Ser mortífago pasó a convertirse en un negocio. Se dedicaban a traficar brujas, magos y objetos mágicos peligrosos, hacían negocios sucios… se volvieron mundanos mercenarios, tú lo sabrás muy bien.

El mortífago siguió sin decir una palabra.

-Yo era empleado en el Ministerio, en el Departamento de Aurores -continuó Harry, con toda la paciencia y tomándose el tiempo necesario para relatar aquello, sin prisas, como si no hubiera una pila de cadáveres rodeándolos en esa habitación-. Había entrado un par de años atrás. No tenía un cargo importante, a pesar de mi fama. No lo quería. Solo quería una vida normal. Cobrar un sueldo para poder vivir dignamente, junto a mi novia que jugaba Quidditch profesional para las Arpías de Holyhead, Ginny Weasley, con la que también me comprometí por esas fechas. Íbamos a casarnos. A tener una vida normal…

Bebió todo el resto del vaso y lo rellenó nuevamente.

-Sabía que el número de mortífagos iba en aumento cada día, y este nuevo movimiento de mortífagos mercenarios que actuaban a cambio de dinero estaba sumando adeptos por todo el país. Me esforzaba en combatirlos, ya que era parte de mi trabajo, pero no me lo tomaba como algo serio. Supongo que los subestimé. Pensé que, sin su líder, solo eran vulgares criminales, ladrones y asesinos comunes, y que cazarlos era parte de un empleo de ocho horas diarias, y nada más. No pensé que un día alguno tendría algo personal contra mí. Confiaba en que, ahora que ningún mortífago tenía una ideología, ahora que no servían a un amo, se habrían olvidado que yo había acabado con él.

"Pero, aparentemente, esa noche fueron a buscarme. Muchas cosas raras ocurrieron: Primero, habiendo cientos de mortífagos ya en todo el país, sumando nuevos adeptos cada día, solo vinieron trece. No fue un ataque con una gran convocatoria. Al principio, se decía que fue porque solo era un grupo de antiguos fanáticos de Voldemort, que a diferencia de los demás me recordaban, y querían verme muerto. Pero luego de todos estos años, y de investigar, yo supe la verdad: Fueron contratados para hacerlo, y el que los contrató no quiso que fueran tantos, para que no fuera tan sencillo para mí descubrirlo y conocer su identidad. Cuantos menos supieran el trasfondo, mejor. De cualquier forma, ninguno sabía nada al final.

"Eso me lleva directamente a la segunda cosa extraña: Enviaron a solo trece mortífagos, contra cientos de magos muy hábiles en el mundo de la magia, como ya te dije. Es evidente que no pensaban que realmente lograrían matarme. Si esa hubiera sido la razón real, podrían haberlo intentado en otro lugar, con menos contrincantes, donde yo estuviera más solo. Lo que me ha llevado a la conclusión de que no querían matarme. No realmente. Lo que querían era crear una distracción, para lograr otra cosa.

Harry giró la cabeza y se quedó mirando fijamente a Walden Macnair.

-Cuando entraron, le dije a Ginny que corriera, que se pusiera a salvo -siguió Harry, ahora mirándolo-. Ella obedeció. Subió las escaleras y desapareció en algún lugar de los pisos superiores. Esa fue la última vez que la vi.

Se llevó el vaso a la boca, pero no bebió. Ya no lucía tan tranquilo, mientras miraba al mortífago, y su pecho se inflaba y desinflaba rápidamente, agitado.

-Siempre cuento esta historia, cuando capturo a algún mortífago que se cree importante, o que considero no lo suficientemente vacío de información para matarlo enseguida -le comentó, jugando con su vaso entre los dedos-. Es una buena forma de hacer conversación mientras hace efecto el veritaserum.

Macnair hizo una mueca de disgusto, forcejando un poco con sus ataduras.

-Tú eres un mortífago de los viejos -dijo Harry, reclinándose un poco hacia adelante-. Estuviste en la Primera Guerra Mágica, de hecho. Luego en la segunda. Luego estuviste preso. Luego escapaste, cuando la nueva oleada de mortífagos causó disturbios en Azkaban. Ahora dime, ¿qué sabes exactamente de todo lo que acabo de decirte?

Harry esperó, mientras lo miraba, prestando atención a cada expresión y movimiento del mortífago.

-No todos somos sucios mercenarios -dijo él, con una voz rasposa-. Muchos seguimos siendo leales a nuestra ideología, a lo que simbolizó el Señor de las Tinieblas, aunque él ya no esté. Aunque sé que la mayoría de los nuevos miembros que se unieron a partir de la década del 2000 solo querían poder, dinero, estafar magos, conseguir una vida en el lado oscuro para sobrevivir a las miserias de sus inmundas vidas…

-Y se convirtieron en la mayoría de ustedes, de hecho -lo interrumpió Harry-. Aun hoy, sigue habiendo miles de mortífagos en el país, a pesar de que he matado a otros miles yo mismo, con mis propias manos, en los últimos quince años. Los llamo los "nuevos mortífagos". Son una mafia, nada más que eso. Solo quieren dinero. No quedan muchos de los de antes. Ni siquiera saben quién era Voldemort.

-Tienes razón, ahora es a ti a quien todos temen -dijo Macnair, estremeciéndose otra vez al oír el nombre-. Te llaman "la máquina mata-mortífagos". Nadie quiere meterse contigo. Y todos saben qué es lo que más te vuelve loco, lo que más te da ira y te vuelve la bestia asesina que eres: La famosa Ginny Weasley…

Hizo una mueca burlona, enseñándole los amarillentos y deformes dientes, y Harry apretó su vaso con más fuerza. Pero no perdió la cabeza. Los años le habían enseñado a valorar la información, que lamentablemente tenían aquellos seres repugnantes, y a contener su deseo de aniquilarlos, porque la información era más valiosa que sus vidas.

-No sé nada de su paradero, ni qué fue de ella -dijo Macnair, que al estar bajo los efectos del veritaserum no podía mentir-. No me involucraron en esa misión. No sé nada de ella. No sé por qué atacaron la mansión Malfoy. Pero sí sé esto: Lucius Malfoy siguió siendo un mortífago. Siempre. Jamás dejó de serlo.

-Lo sé -dijo Harry, sin que aquello lo sorprendiera en lo más mínimo-. Es información de hace diez años, no estás diciéndome nada nuevo…

-El hijo sí era un desertor -siguió Macnair-. El mocoso. Él solo se hizo mortífago un par de años en 1996 y 1997, pero desertó luego de la Segunda Guerra Mágica y jamás se unió otra vez. A pesar de que su padre le insistió para que lo hiciera. Lucius siguió siéndolo. Si él ofreció su mansión para esa fiesta, como dices, puedes apostar a que estuvo involucrado.

-Lo sé, sé que Lucius estuvo involucrado -confesó Harry-. Hace diez años lo averigüé. Él fue el que organizó todo. Él fue el que contrató a los trece mortífagos. Por desgracia, también conocía una técnica de magia negra avanzadísima que hizo que no se le moviera la lengua ni un centímetro cuando usé esta misma poción con él… -Harry señaló al frasco vacío de veritaserum a su lado-. Lo mantuve con vida el suficiente tiempo para tratar de sacarle la información de cualquier forma posible. Lo torturé, le hice daños físicos… Jamás habló. Acabó muriendo luego de que me pasé con la tortura, en un ataque de ira.

Harry contaba todo eso mientras sus ojos serios y fríos, que ya no parecían en nada a los cálidos ojos del muchacho que había sido veinte años atrás, permanecían clavados e inmutables en Macnair.

-Su hijo, Draco, no conocía la técnica contra la poción -continuó Harry-. Porque él sí soltó toda la verdad cuando lo interrogué, una noche en la que me metí en su casa, sin permisos del Ministerio, nada, solos él y yo. Y su mujer, Astoria, a la que también di la poción. Por desgracia, ninguno sabía nada. Su padre no le confió sus secretos. Se los llevó a la tumba. Y por eso no pude saber qué fue de Ginny. En cuanto a los trece mortífagos, cuatro fueron asesinados durante el ataque, por los aurores del Ministerio, ya que intentaron asesinar invitados. Ocho fueron detenidos y argumentaron que la persona que los contrató usaba una máscara y no sabían quién era. Por eso me tomó cinco años descubrir que fue Lucius Malfoy. Dijeron, además, que la misión realmente era matarme a mí. Que eso les habían dicho, y que les ofrecieron mucho dinero. Que no creyeron que hubiera nada extraño, porque pensaban que el mago que los contrató sería un viejo mortífago fiel a Voldemort, y por eso quería matarme. Lo que no les dijeron fue que habría tantos magos y aurores en esa fiesta. Les dijeron que solo estaría yo y "algunos inútiles que no sabían hacer magia". Y que yo estaría debilitado por una herida que había tenido recientemente en una batalla. Pensaron que era un negocio fácil.

Harry hizo una pausa, sirviéndose más whiskey.

-Decían la verdad, porque estaban bajo los efectos del veritaserum. Claro que no era "la verdad", solo era la verdad que les dijeron a ellos. Los engañaron. Sé que la intención de Lucius siempre fue generar ese disturbio para lograr lo que finalmente ocurrió: Ginny desapareció, y fue lo único que realmente ocurrió en ese ataque. La única persona que se vio afectada. Con el paso de los años, supe que, evidentemente, el que lo hizo buscaba joderme a mí. Ella era lo que yo más quería en todo el mundo, y alguien debía saberlo…

Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero realmente no le importó. Solo bebió más y más, mientras ahora jugaba con su varita, la cual Macnair miró con temor.

-La historia no terminó ahí, ha seguido a través de los años -dijo Harry, negando con la cabeza-. Si me lo preguntas, solo he obtenido más confusión que respuestas. Cada nueva pista, simplemente llevaba a una zona más oscura, más nebulosa, más confusa. Pasaron muchas cosas. Pero no estamos aquí para hablar de mí, ¿verdad? Dime qué más sabes del caso.

Se tragó todo el whiskey y miró al mortífago que había cazado un rato atrás con los ojos vidriosos.

-Todos sabemos del caso -dijo él-. Pero nadie sabe qué pasó realmente. La mayoría cree que la mocosa murió, es lo que todos dicen.

Harry reprimió los deseos de asesinarlo por llamar "mocosa" a Ginny, pero se contuvo.

-Deben haberla tirado por ahí, enterrado en algún lado, en esa época yo estaba en el extranjero, así que no tengo idea. Pero los que estaban aquí tampoco saben nada.

-Lo sé, he matado a muchos de ellos.

-Creo que tus únicas posibilidades son con esos trece que hicieron el ataque. Porque nadie más estuvo enterado del tema. Ningún otro mortífago. Las misiones así de secretas no llegan a saberse… Seguramente la mataron y descuartizaron el cuerpo, es lo que generalmente se hace. O se lo quema. Jamás encontrarás el cadáver. No vale la pena seguir buscándola.

Harry temblaba. Sus labios vibraban mientras movía su varita con los dedos, que ahora temblaban sin control.

-Esos trece… -dijo Harry, controlando la ira en su voz, obligándose a no matar a Macnair-. Claro que me he enfocado en ellos desde el primer día. Como te dije, cuatro murieron. Los otros ocho no sabían nada. Solo fue un trabajo por el que les ofrecieron dinero. Y queda uno. Ese uno fue el único que logró escapar. El que presumiblemente se llevó a Ginny. Nunca lo atraparon. ¿Tienes alguna idea de quién puede ser?

-No.

-Eso me lleva a la siguiente cosa extraña que ocurrió esa noche: Verás, Ginny desapareció en los pisos superiores de la mansión. Siempre fue muy valiente, y sé que quería pelear, en un comienzo, pero debe haber recordado que yo le hice jurar que, si alguna vez algún mortífago trataba de matarme, ella debía mantenerse al margen, no intervenir. Me lo había prometido, por eso obedeció y fue a refugiarse. Una testigo, que resultó ser la luego esposa de Draco Malfoy, Astoria, fue la última persona que la vio con vida. Asegura que la vio ingresar a un dormitorio del tercer piso. Ella también había subido para refugiarse de la batalla, pero se metió en otra habitación y no supo más nada.

"Es extraño que los mortífagos ingresaron por el jardín trasero y el delantero, en dos grupos. Ninguno fue visto arriba. Los detenidos y asesinados fueron vistos por todos los invitados en la planta baja. Yo mismo los vi a todos allí, mientras peleaba con ellos. El que huyó, fue visto en los jardines, pero hubo contradicciones entre los testigos. Con el alboroto, nadie estaba seguro de lo que vio. Algunos decían que lo habían visto desaparecerse, pero eso era imposible en los terrenos de la mansión, con lo que resultó que, con el caos, muchos simplemente creyeron ver cosas que no pasaron. O no las recordaban bien. También está la teoría de que los mortífagos lanzaron encantamientos confundus. Lo cierto es que nadie dijo haber visto subir mortífagos por las escaleras ni ir a los pisos superiores. Solo quedaría pensar que, si este último que huyó fue visto en los jardines, se metió por una ventana para secuestrar a Ginny arriba… Lo que no tiene demasiado sentido.

Hizo otra pausa.

-No, yo siempre creí que todo ocurrió desde dentro -continuó Harry-. Registré la mansión cientos de veces, buscando en el dormitorio donde Astoria creyó verla ingresar. Busqué pasadizos secretos, hechizos ocultos, busqué todo, pero no encontré nada. Las ventanas estaban cerradas, la cama estaba hecha. Era un cuarto que no usaban. Para visitas. No había nada allí. Ni siquiera parecía que alguien hubiera estado dentro. Usé hechizos que permiten saber si un mago alteró una escena del crimen, pero no dieron ningún resultado.

"Solo sé que alguien dentro de la fiesta sabía algo. Alguien siempre ha sabido algo. Interrogué a tanta gente, a tantos magos y brujas... A casi cada invitado que estuvo allí esa noche. Y nadie me dio respuestas. Pero sé que alguien sabe más de lo que dice. No he podido usar veritaserum ni con la mitad de los asistentes, por desgracia. Casi termino en Azkaban por mis interrogaciones ilegales. Pero es que solo desde dentro lo pudieron hacer. Alguien más planificó todo, alguien que no es Lucius Malfoy. No, a él solo lo usaron, o tuvo un compañero, alguien que actuó desde dentro. Estoy seguro de que uno o varios invitados fueron cómplices.

-Es una pena que Lucius no te dijera nada -dijo Macnair-. Era su casa. Él lo planeó. Seguro que él lo sabía todo.

-Sí, posiblemente… -Harry se puso de pie de pronto y Macnair dio un salto en su silla, por el susto-. Ahora dime qué sabes del secuestro de Scorpius Malfoy.

-Lo hice por dinero -dijo él entonces, a toda velocidad. Harry revoleó los ojos y negó con la cabeza.

-Qué rápido se traicionan a ustedes mismos, malditos sacos de mierda -dijo con desprecio, caminando en un círculo alrededor de la silla del mortífago atado-. ¿Acaso se te está yendo el efecto de la poción, o simplemente vives una mentira? ¿No tienen al menos la integridad de mantener un discurso?

-Me ofrecieron dinero, mucho. Mi jefe. Dolohov. No Antonin, él murió.

-Lo sé, tu jefe Milfeinn.

-¡Sí! Pero no sé para qué lo quería. No sé cuál es su plan. ¡Lo juro! No me lo dice. Solo me envía a hacer misiones.

-Entonces dime dónde está Dolohov.


03 de octubre de 2013


La noche era profunda. Esa calle del sur de Londres parecía vacía. Nadie más caminaba por allí a esas horas.

Nadie excepto Ron Weasley, que iba a toda prisa por una acera de piedra, revisando unos pergaminos que llevaba en la mano.

-Debo apurarme -dijo en voz alta-. Hermione me matará cuando vea la hora que se hizo…

Consultó su reloj de pulsera. No iba a aparecerse. Últimamente no estaba pudiendo concentrarse para hacerlo, y le advirtieron que podía sufrir una despartición. ¿Pasaría el tren a esa hora?

Mientras miraba el nombre de la calle en un cartel, en la esquina, oyó pasos detrás de él. Se dio la vuelta de inmediato, nervioso, pero no había nadie. Solo él estaba allí.

Giró a la derecha por Champion Hill, una calle aún más oscura que la anterior, con árboles en ambos lados y un gran edificio que ocupaba toda la manzana a su lado.

Apuró el paso, porque ahora estuvo seguro de oír algo tras él. Miró por sobre el hombro, pero no parecía haber nadie. Sin embargo, oía los pasos que lo seguían, claramente…

¿Acaso alguien invisible lo estaba siguiendo?

Oía su propia respiración agitada. Se puso muy nervioso. En el silencio de esa noche, los pasos tras él se oían clarísimos.

-¡¿Quién anda ahí?! -gritó, apurando el paso y girando la cabeza. No se veía a nadie. Pero se oía perfectamente, se trataba de unos zapatos, contra esa misma acera de piedra.

Ron empezó a correr, con el corazón en la garganta.

Corrió más y más, hasta tomar Grove Hill Road, sin mirar atrás.