Doctor Octopus
El hospital general de Manehattan había tenido casos extraños, sólo Celestia sabe lo que los médicos más experimentados habían visto, pero lo que recibieron esa mañana fue más allá de lo común. Otto Octavius había sido ingresado de inmediato, y lo único que sabían sobre lo que le había pasado fue que tuvo un accidente de laboratorio con uno de sus trabajos. Lo que estaba fuera de lo normal, eran los cuatro brazos mecánicos que tenía en su espalda. Lo primero que hicieron fue una radiografía para determinar el daño, y tras verla, preparar un equipo de cirujanos para una operación de urgencia. La noche ya había empezado cuando seis ponis estaban listos para la tarea, todos con mascarillas y vestidos como dictaba el protocolo.
Tres de estos eran unicornios, dos sementales y una yegua, pues ellos serían los que se encargarían de la cirugía, y su magia sería de gran ayuda, los otros eran una pegaso y dos terrestres, semental y yegua respectivamente. Otto, al que le habían puesto una bata de hospital, se había colocado boca abajo en una mesa quirúrgica y se le había conectado una vía intravenosa para una anestesia constante, los tentáculos de metal se habían anclado a cables que se atornillaron en el techo. El cirujano jefe acerco un panel donde se había puesto la radiografía y se las enseño al resto.
- Bien, atentos- dijo, llamando la atención de todos antes de señalar la imagen.
En la radiografía se veía la imagen de Otto acostado de lado, pero lo que llamaba la atención era su columna, en un color blanco, destacando sobre el azul que era el contorno de su cuerpo. La lámina metálica se distinguia por su color plateado, pero lo más llamativo eran las agujas que se introducían en las vértebras, coloreadas de verde por los médicos para que pudieran ser apreciables a simple vista.
- Las agujas de titanio se han fundido en los puntos donde se unían con las vértebras. Por suerte, parece que el metal fundido no ha penetrado en la médula, quedándose en el hueso. No podemos saber cuál es la magnitud de los daños sin abrir, así que recomiendo cortar estos brazos mecánicos, quitar el arnés y la lámina, y una vez hecho, podremos decidir que hacer.
La yegua terrestre arrastró una mesa con material quirúrgico y otros no tan... convencionales para un médico, pues tenían una morosierra típicas de las las que se usaban para cortar troncos y otros materiales resistentes en el caso de que su versión médica no pudiera con los brazos. El cirujano jefe agarró la sierra más pequeña con su magia, esperando que fuera suficiente para el trabajo, y se preparó para empezar, mirando a sus compañeros.
- ¿Hay algún mecánico en la sala?
Los médicos a su alrededor dieron unas pocas risas antes de quedarse en silencio. El unicornio encendió la sierra, aún sonriendo bajo la mascarilla, y la bajo hasta el brazo derecho trasero. Un ruido metálico casi imperceptible llamó su atención, haciendo que apagara la máquina y se girara. El cable que agarraba el brazo se tambaleba un poco, haciendo que el tentáculo se moviera lentamente, pero seguía igual de inerte y con las pinzas firmemente cerradas. La tensión apareció en su cuerpo, aún cuando sabía que no había nada que temer, obligándose a continuar. Volvió a encerder su aparato y bajo más para empezar a cortar, y justo cuando estaba a punto de hacerlo, levantó la vista para ver las gafas de su compañera unicornio, viendo en su reflejo una luz roja.
Se giro rápidamente, observando con horror que el brazo que estaba por cortar tenía abiertas sus pinzas y le miraba con un punto rojo brillante, casi parecía la boca de un depredador. Con un siseo metálico, se abalanzó sobre el, agarrándole de la cabeza y lanzándolo hacia la pared, rompiéndose el cuello con un desagradable crujido. Ante esto, con los gritos de los demás médicos como ruido de fondo, los brazos empezaron a moverse y rompieron sus sujeciones, dispuestos a acabar con quienes pretendían separarles de su amo, tirando la mesa de material al suelo bruscamente. El brazo trasero izquierdo se lanzó a la yegua unicornio, que estaba tratando de escapar y la agarró del cuello elevándola y estrangulándola con tal fuerza que rompió su cuello, matándola en el acto. El otro unicornio intentó salvar a su compañera, pero otro tentáculo lo agarró de su pata trasera derecha, alzándolo boca abajo, estrellándolo contra el tecgo, luego el suelo y siguió así un par de veces más antes de soltarlo inerte y sangrando.
Al terminar, el brazo derecho trasero salió disparado hacia la pegaso, aprisionando su rostro y la estampó contra la pared. El izquierdo delantero agarró al semental terrestre de su pata derecha delantera y lo golpeó contra el gran foco de luz que iluminaba la sala, electrocutándole en el acto. El derecho delantero se lanzó a la yegua terrestre, agarrándola por la parte trasera de su cabeza y la estrelló contra el suelo una y otra vez hasta que la poni se quedó inerte, dejando grietas y un charco de sangre que se hacía más grande. La pegaso seguía intentando liberarse, y el tentáculo se apartó un poco antes de abrir sus pinzas y golpear su pecho, acorralándola contra el cemento. Sus ojos notaron la motosierra más grande, que se había deslizado por el suelo hasta un palmo de donde estaba. Con desesperación, trato de agarrarla, estirando su casco todo lo que pudo. Debido al movimiento se deslizó en la superficie hasta caer de lado, con el monstruo metálico aún aferrado a ella.
En un último intento, estiró su ala, logrando hacerse con la motosierra y la activo en el momento en el que el brazo la levantaba un poco. Golpeó la herramienta con su atacante, dejando ir cientos de chispas... atrayendo la atención de sus hermanos. Uno a uno, los brazos restantes se acercaron a la pegaso, quien vio con horror sus ojos rojos amenazantes antes de empezar a gritar. La sierra callo cayó al suelo, apagándose poco a poco, y en su reflejo se vio a uno de los tentáculos. Con sumo cuidado, se acercaron a su amo quitándole la vía, asegurándose de que no sangraría, y deteniendo el flujo de sedante. Quince minutos después, Otto se despertó, mareado y confuso, pasando otros cinco minutos antes de poder sentarse con cuidado en la mesa quirúrgica, viendo la masacre a su alrededor antes de centrarse en sus creaciones, que parecían mirarle mansamente y sus bombillas de color azulado. Estuvo callado unos segundos antes de sonreír.
- Bien hecho, mis pequeños, habéis hecho un gran trabajo. Nadie debe osar apartaros de mi lado sin siquiera preguntarme.
Por su mente paso la imagen de White Fisk y sus últimas palabras, gruñendo mientras se bajaba de donde estaba. Se tambaleo un poco, pero sus brazos se plantaron en el suelo con tal firmeza que le sirvieron de apoyo, y no pudo evitar sentirse orgulloso, como un padre observando a sus hijos. Salió de la sala hasta el pasillo, que debido a la hora, solo era iluminado por unas pocas luces y estaba prácticamente vacío. Otto camino, con sus brazos pisando fuerte el suelo para mantener en equilibrio a su amo, por los fríos y solitarios pasillos, pues esa ala no era concurrida a esa hora. Pronto, encontró la puerta a las escaleras, y, queriendo salir de allí rápidamente, decidió bajar por allí, después de todo, todos preferían los ascensores, y el no quería ser notado... aún. Al entrar, se preguntó si podría mantenerse en los escalones, pero sus tentáculos le respondieron, anclándose en la pared y elevándolo en el aire, bajando con rapidez y eficacia.
Salió al parking y se detuvo un momento, observando su entorno cercano, y al no ver a nadie cerca, siguió su camino. Subió por la rampa de entrada y estudio la situación, había unos pocos ponis, tanto civiles como trabajadores de hospital, pero estaban concentrados en la entrada y no miraban en su dirección. Se giro rápidamente a los altos muros que rodeaban el recinto, viendo los edificios detrás, y se dispuso a alejarse. Sus brazos se agarraron a la pared y empezaron a escalar, y al llegar a la cima, saltaron con fuerza hacia el edificio frente a él, pasando por encima de varios coches que le vieron y casi provocan un accidente por la sorpresa. Otto maldijo eso, pero sabía que no había otra manera, por lo que ordenó a sus creaciones que subieran rápidamente y lo apartaran de la vista, tenía un lugar al que ir.
Unas dos horas después, una pequeña ventana que daba a un salón de un modesto apartamento fue destrozada, los escombros salpicaron el suelo y dos brazos se apoyaron en este antes de que la figura de Otto apareciera en el hueco recien creado. Observo la estancia que había sido su hogar antes de dar un gruñido.
- Y pensar que vivía en este... este... estercolero. Rodeado de idiotas subdesarrollados, un auténtico insulto.
Otto colocó sus casco en el suelo y permitió que sus brazos se elevaran, ya seguro de que podría caminar por su cuenta. Camino lentamente por el pasillo hasta su antigua habitación, dirigiéndose a su armario, sacando un baúl de allí, abriéndolo para ver su contenido. Dentro estaba algo que su madre, poco antes de morir, le había regalado después de que se hubiera graduado, y era de sus posesiones más valiosas. Si no lo había usado antes era por las miradas de extrañeza que siempre le daban sus compañeros, y como antes se dejaba intimidar tan fácilmente, nunca lo había usado... hasta ahora.
- Estarás orgullosa, mamá, voy a ser el poni que siempre viste. Uno que demostrará al mundo quien es.
Su sonrisa se borro al mirar al mueble donde tenía encima varias fotos. Uno de sus brazos cogió uno de estas, acercándola para poder verla, él estrechando el casco de White Fisk después de haber ganado el primer premio de uno de los concursos de ciencias más prestigiosos de la ciudad, y poco después le contrato. Otto gruño y lanzó el cuadro hacia la pared, destrozándolo en un instante.
- Pronto, señor Fisk, pronto tendrás tu merecido...
Otto se vistió con lo que había en el baúl, haciendo los respectivos agujeros para sus brazos y salió de allí, tenía que encontrar un lugar para esconderse y planear bien su venganza.
Spider-mare descansaba acostada en uno de los rascacielos más altos de Manehattan, aprovechando que no había delitos en ese momento. Sus heridas aún se estaban curando, pero ya estaba mil veces mejor que cuando se enfrentó a Kingpin y había cosido la brecha de su traje. Ya que sus vacaciones habían comenzado, y sus amigos no parecían tener interés en hablarle, y ella prefería esperar a que se vieran en clases, pasaba la mayor parte del día fuera, patrullando, y debido a la época, su tía Sweet era un poco más permisiva con su hora de volver... a menos que lo hiciera más tarde de las diez. A su lado tenía la pequeña radio que usaba para escuchar el canal de la policía, sus auriculares colocados en el suelo a un lado, y en ese momento, crepito, y la yegua se dispuso a ver que crimen tendría que detener.
- Atención a todas las unidades, el paciente fugado del hospital ha sido visto dirigiéndose a la Torre Fisk. Es extremadamente peligroso, disparen a simple vista y reduzcanlo desde la distancia, no se acerquen. Repito...
Spider-mare apago la radio y se levantó, normalmente la guardaría en un pequeño bolsillo interno de su traje, pero desde que se le rompió en su lucha contra Shocker, aprendió que lo mejor era ir a buscarla después de terminar sus deberes heroicos. Ya andaba muy justa de dinero como para encima tener que comprar otra radio. Segura de que nadie subiría hasta allí y vería el aparato, corrió hacia el borde y se dejo caer, lista para atrapar a ese loco.
White Fisk estaba en su escritorio, revisando varios documentos relacionados con su empresa, puede que fuera el rey del crimen, pero seguía siendo el presidente de su propia empresa. Sus orejas se movieron cuando detectaron un ruido bajo y casi imperceptible, pocos minutos después, se hizo más audible y el unicornio alzó la vista confuso. Giro su cabeza hacia el ventanal que daba a su balcón, pues de allí venían los golpes, que eran constantes, como una pulsación.
Pum. Pum. Pum. Pum.
Con el ceño fruncido, se levantó de su silla y salió al balcón, viendo la vista de la ciudad, notando que allí, el ruido incesante era más fuerte. Antes de poder asomarse por la barandilla de piedra, una garra metálica, que le resultaba muy familiar, aferro la roca fuertemente, agriétandola, y menos de un segundo después, otra se apoyo al otro lado. White retrocedió, una mirada estoica en su rostro, y se preparo para encarar a lo que fuera que le hubiera interrumpido. La silueta de Otto Octavius apareció, sus brazos traseros elevándose sobre su cabeza mientras los delanteros se encargaban de mantenerlo sujeto al edificio. Tenía una sonrisa maliciosa, pero eso no fue en lo que Fisk se centró, se centro en lo que llevaba puesto. Poseía un abrigo marrón que le colgaba hasta las patas traseras, cerrado en el pecho, se podía ver parte de la placa que mantenía unidos los tentáculos, y en su cabeza llevaba unas gafas de trabajo negras que se ajustaban a su rostro. El terrestre levantó su casco derecho y le hizo un gesto de saludo a Kingpin.
- Hola, señor Fisk, ¿o prefieres Kingpin?
- Veo que te has recuperado... me alegro- dijo White sin mostrar ninguna emoción, y si Otto se sintió decepcionado por eso, no lo mostró.- Aún así, debo pedirte que te marches, no creo tener que decirte que pasará si no lo haces, ¿no?
- Ah, ah, ah, señor Fisk- dijo Otto mientras agitaba su casco derecho en negación y sonreía.- ¿Crees qué no se que pasará si te hago caso? Ya has decidido matarme, quitarme del camino... cosa que no vas a lograr.
Los brazos sobre su cabeza se estrellaron contra el suelo, y los que estaban en la barandilla ocuparon el lugar de sus hermanos sobre la cabeza de su amo. White no se dejo intimidar, dando una mirada dura a Otto, que simplemente le miró sonriente, sin decir palabra.
- Entonces... ¿qué? ¿Vas a matarme?
- No, señor Fisk... no voy a matarle...- uno de sus brazos se lanzó al cuello de Kingpin y lo alzó hasta estar a la altura de los ojos de Otto.- Matarte sería demasiado... fácil... La venganza se debe servir fría, así que no, no te mataré... aún. Primero, voy a humillarte, demostrarte que solo eres un poni como cualquier otro, y después, destruire tu imperio, todo lo que has construido en Manehattan lo reduciré a cenizas... y solo entonces... te mataré.
Otto extendio su brazo lo máximo que pudo, destrozando el cristal y estampado a Kingpin contra una de las columnas, agrietándola antes de soltarle. El unicornio se puso en pie temblorosamente, agarrando su cuello y tratando de volver a respirar normalmente. Su vista se centro en el terrestre, que entró por el hueco recién creado y sonrió ampliamente al ver a White en un estado debilitado... aunque odiaba que mantuviera su rostro sereno.
- ¿Crees... qué de verdad destruirás lo que he construido tan fácilmente? Porque si es así, eres un idiota, doctor Octav...
- Octavius ya no existe- dijo Otto con un pequeño gruñido, antes de volver a sonreír.- Octavius era débil, un inútil... Llámame... ¡Doctor Octopus!
El brazo derecho se lanzó a Kingpin, agarrándolo del cuello y lanzándolo por el despacho con fuerza, callendo a varios metros lejos de el.
- Y el idiota eres tu, Kingpin... Siempre te creíste mejor que yo. ¡Permiteme decirte lo equivocado que estabas!
Volvió a agarrarlo, acercándolo antes de lanzarlo a la misma columna contra la que le estrelló la primera vez, golpeándole varias veces antes de soltarle.
- Los imperios no duran eternamente, y menos con alguien tan idiota como tú al mando- dijo mientras se acercaba a un White tambaleante.
Antes de poder seguir, una voz habló detrás de él, girando su cabeza para ver a una invitada inesperada.
- No es que no disfrute ver a ese grandote recibir su merecido, pero... ¿podrías detenerte y entregarte pacíficamente?
Octopus observo a Spider-mare con curiosidad, notando algo tarde que Kingpin se había escapado y corría hacia la puerta. Allí, se dio la vuelta y le dio una última mirada a su antiguo científico jefe, sin un ápice de miedo, humillación o cualquier otro sentimiento que él terrestre había esperado provocar, antes de marcharse. Otto observo el último lugar donde había estado White antes de centrarse en la araña, que ya había entrado.
- Perdón, creo que arruine tu momento. Pero no podía permitir que le matar...
- No iba a matarle, Spider-mare- dijo Octopus mientras se acercaba, colocándose a su altura y en sus cuatro cascos, elevando sus brazos y permitiendo que entraran en un modo pacífico.- Sólo quería darle una lección, ¿tú no lo hubieras hecho? Después de todo, por su culpa la ciudad te teme.
Spider-mare miró con cautela al poni que tenía delante, estudiándole. Quizás, solo quizás, sería alguien que estuviera en su mismo bando.
- Vale... Entonces, para aclarar... ¿qué es lo que querías hacer?
- Primero, humillarle, aunque era más por capricho que por otra cosa, segundo, vengarme, y pienso destruir todo lo que le importa para ello.
Spider-mare sintió un muy mal presentimiento, poniéndose en una posición de combate en el caso de que tuviera que pelear, cosa que Octopus detectó, haciendo que sonriera.
- Spider-mare, no quiero luchar contigo, pero se que mis... objetivos... entran en contra de tus ideales. Como sabes lo que es ser despreciada por todos, y que Kingpin te arruine la vida, te daré la oportunidad de marcharte. Hazlo, y no tendrás un nuevo... enemigo.
Spider-mare lo observo un rato antes de dar un solo paso.
- Gracias por el aviso, pero voy a pasar. Y que conste, odio salvarle el culo a Kingburger, pero supongo que son gages del oficio, ¿no?
- Como quieras.
Octopus borro su sonrisa, sus brazos pasaron a un modo ataque y se lanzaron sobre Spider-mare, que salto rápidamente para esquivar el primero de ellos e ir a por su amo. No obstante, su sentido arácnido vibro y agachó la cabeza para ver que uno de los tentáculos la agarró de una de sus patas traseras, elevándola en el aire. Aunque intentó soltarse, sus esfuerzos fueron interrumpidos cuando se vio golpeada contra el techo, luego el suelo, paso a una columna, destrozándola, y lanzada hacia el escritorio de White Fisk, rompiéndose en el acto y quedarse inmóvil. Gimio de dolor y trato de levantarse, pero sus heridas volvieron a la carga, no eran tan fuertes como para dejarla incapacitada, pero si lo suficiente como para que Otto se alejara de allí y saliera.
Con un gruñido, y rezando para que sus heridas vendadas no empezaran a sangrar nuevamente, corrió lo más rápido que pudo. Al salir, vio un pasillo frente a ella, que se partía en varios otros antes de llegar a las puertas de dos ascensores diferentes. Octopus estaba allí, frente al de la derecha, abriéndolo con sus brazos delanteros. Se giro un segundo para ver a Spider-mare, uno de sus tentáculos al lado de su cabeza y mostrando la bombilla roja.
- Ese fue tu primer y único aviso, aléjate de mi camino, Spider-mare.
Sin esperar respuesta, entró en el hueco del ascensor y desapareció, y por supuesto, Spider-mare fue tras el. Se asomo al vacío y vio que Octopus tenía sus brazos anclados a las paredes y bajaba con calma, evitando los cables que sostenían las cabinas. La araña se pego a la pared y empezó a bajar rápidamente, siguiéndole.
- ¡Trepar por las paredes es mi especialidad! ¡Como empieces a fabricar telarañas, te demando!
Otto elevó su cabeza, gruñendo al ver a Spider-mare tras el. Se preparo para pelear, pero los cables de sujeción empezaron a moverse, y al observar abajo, vio, en el lado izquierdo, una cabina empezar a subir. Con una idea para quitarse de encima a esa molestia por un buen rato, se dejo caer unos cuantos metros antes de volver a agarrarse, viendo que el ascensor estaba más cerca. Pasando al lado derecho, extendió dos de sus brazos y corto tres de los cuatro cables que había, para acto seguido darle un gesto de despedida a una aterrorizada heroína y empezar a bajar con velocidad.
Spider-mare se dejo caer un buen trecho antes de agarrarse a los cables del lado derecho, saltar a la pared del lado izquierdo, y observar la cabina, ahora más cercana. El único cable que la sostenía se estaba rompiendo, por lo que, actuando rápido, lanzó varias telarañas y las pego al cemento. Una vez segura de que aguantaría el peso, salto a la cabina, que se tambaleo un poco, haciendo que pudiera escuchar un pequeño grito desde dentro. Noto la escotilla de emergencia y la abrió, viendo dentro a tres ponis, una yegua terrestre, quien parecía estar teniendo un ataque de pánico, un semental también terrestre y otro semental unicornio, que miraron a la araña con miedo.
- ¿Están bien?
Los tres se miraron entre sí antes de asentir débilmente, a lo que Spider-mare asintió, observando a su alrededor. Pudo ver que la cabina se había detenido varios metros por debajo de una de las puertas, pero para asegurarse, se pego a la pared y bajo por debajo de esta, viendo que la puerta inferior estaba dasiado lejos, así que llevarles allí no era una opción. Volvió a la escotilla y miró a los ocupantes, que trataban de mantenerse quietos para evitar movimientos bruscos, aunque la yegua estaba hiperventilando mientras sus compañeros trataban de calmarla, sin mucho resultado.
- Vale, escuchad, la ruta más rápida es el piso que está sobre este. Abriré su puerta y os ayudaré a subir, ¿de acuerdo?
Los tres volvieron a asentir, la terrestre más fuerte de lo normal, el sudor haciendo brillar su pelaje. Spider-mare ascendió a la puerta y la abrió, dejando ver un pequeño vestíbulo en el que estaban varios ponis que habían escuchado el estruendo y retrocedieron al ver a la araña. Volviendo sobre sus pasos, se asomo a la pequeña cabina, donde sus integrantes la miraron expectantes.
- Bien, ¿quién es el primero en salir?
Ninguno de los dos sementales se lo pensó mucho antes de llevar suavemente a la yegua cerca de la escotilla, cosa que agradeció entre lágrimas. Spider-mare se introdujo lo máximo que pudo y alargó el brazo para coger el de la terrestre, que fue ayudada por sus compañeros a alcanzarla. Con fuerza, pero con cuidado de no dañarla, dejó a su pasajera sobre el techo de metal, y pronto sintió que la abrazaba fuertemente.
- Tranquila, no pasa nada...
- ¡Por Celestia, sácame de aquí!- dijo presa del pánico.
Spider-mare asintió, separándose un poco, para horror de la yegua que se aferro al único cable que quedaba. Temiendo que eso forzara la caída, se preparo para escalar por la pared y se giro para ver a la asustada terrestre.
- Agarrate a mi y no te sueltes.
Con sumo cuidado, se movió lentamente hacia Spider-mare, rodeándole el cuello con sus patas y cerrando los ojos fuertemente. La araña empezó a trepar, tratando de ignorar que la estaban asfixiando, y llegó en poco tiempo a la puerta abierta, viendo dentro aún a varios empleados, entre ellos algunos miembros de la seguridad que le apuntaron, pero al ver quien llevaba a su espalda, se miraron entre sí antes de guardar las armas y ayudarla. Una vez su pasajera estuvo fuera, volvió a la cabina y repitió el proceso con los otros dos, que pudieron controlarse algo mejor. Casi veinte minutos después, el último de los pasajeros estuvo a salvo, dejando respirar tranquila a la heroína.
- Bueno, si no necesitáis nada más, voy tras el púlpito.
- Creo que esta en el subsuelo- dijo uno de los de seguridad, ignorando a su compañero.- Recibimos un aviso de allí.
Spider-mare asintió y le dio un gesto de despedida antes de volver al hueco del ascensor. Sin nadie adentro, y con el tiempo en su contra, corto las telarañas que sujetaban la cabina, que enseguida se tambaleo peligrosamente. Agarrando el cable, tomó una respiración profunda antes de romperlo y permitir que la gravedad hiciera su trabajo. Paso los pisos como un rayo, pero ella tenía sus ojos cerrados, concentrada, y cuando empezó a sentir el cosquilleo de su sentido arácnido, salto a una de las paredes, dándose la vuelta a tiempo de ver la caja de metal destrozare contra los amortiguadores.
Su visión se centro en la puerta del lado derecho, abierta a la fuerza, atravesándola y viendo un pasillo con una sala de descontaminación en la entrada del laboratorio. Sus puertas estaban destrozadas, y cuando se apresuró a pasar, vio una escena que ya se esperaba. Unos quince científicos estaban en el suelo, la mayoría inconscientes, otros tratando de alejarse del responsable de todo ese desastre, todos heridos de una forma u otra. Octopus salió de una sala de contención, llevando en su brazo derecho delantero una maleta metálica, fabricada para contener algo, observando a Spider-mare atentamente, quien simplemente se preparo para el combate.
- Creí haberte dicho que te fueras, Spider-mare.
- Ya, pero es que ni siquiera se tu nombre, ¿cómo vamos a establecer una buena relación villano-heroína si no se como te llamas?
- Como quieras, te complaceré antes de quitarte de mi camino, soy el Doctor Octopus.
- ¿Octopus? ¿Es en serio?
Octopus no respondió, en cambio, bajo la maleta hasta él y la protegió con sus cascos, antes de lanzar sus brazos a Spider-mare, quien los esquivo fácilmente. Salto sobre el primero y se impulso en este para evitar el segundo, pero su sentido arácnido vibro, y al girar su cabeza, vio uno de los brazos ir por ella, agarrándola de su casco delantero izquierdo y manteniéndola en el aire. Trato en vano soltarse, pero fue lanzada hacia el cristal que mantenía separada del laboratorio la sala donde se había desarrollado el proyecto Solaris, y antes de poder recuperarse, otro brazo la agarró del cuello y la mantuvo quieta. Golpeó varias veces más, aumentando la grieta que el terrestre había causado el día anterior, antes de romperlo por completo y lanzar a la araña dentro. La golpeó varias veces contra el suelo y el techo hasta estar seguro de que estaba inconsciente. Una vez así, se dio la vuelta y se dispuso a irse, ya había perdido mucho tiempo, debía prepararse para su venganza.
