Reconocimiento

Spider-mare se columpiaba entre los edificios, tratando de pensar, sin mucho éxito, una forma de dar con Octopus. No podía creer que un loco con cuatro brazos mecánicos atados a su espalda pasara completamente desapercibido. Casi como escuchando sus plegarias, la radio policial se puso en marcha, y lo que la araña pensaba que sería un crimen o accidente sin nada de relación con el pulpo, pronto se rebeló como la respuesta a sus problemas.

- Atención a todas las unidades, el sospechoso que atacó la Torre Fisk está atacando un banco, es extremadamente peligroso, no se acerquen si no es necesario. Repito...

- ¿Un banco? ¿Para qué diablos va a querer robar un banco?- se preguntó Spider-mare confusa, y aún así, se preparo para ir hacia allí.

Llegó en poco tiempo, y se dejó caer en el edificio frente al banco sin dejarse ver por los ponis de abajo, a quienes ya se les unieron varios policías. Se quito la radio y la dejó allí, a buen recaudo, antes de saltar y usar sus telarañas para pasar por encima de los agentes y entrar en el edificio. Al fondo vio a Octopus, llenando su cuarta bolsa y sin percatarse de su presencia. Con agilidad, salto y uso sus redes para colocarse sobre una de las columnas y observar detenidamente al terrestre, quien se detuvo, uno de sus brazos mirando en la dirección de Spider-mare, y se giro.

- Eres persistente, lo admito.

- Ya, es que últimamente tengo un poco de dolor de espalda, y como eres un doctor, pensé que tal vez podrías hecharme un vistazo.

Octopus gruñó, agarrando la puerta de acero y lanzándola hacia la araña, que la esquivo con agilidad, provocando que la columna se destrozara y el objeto lanzado cayera al suelo, antes de dejarse caer frente a su adversario. Otto se elevó sobre el mostrador, su brazo trasero derecho llevando en sus garras las cuatro asas de las bolsas, poniéndose cerca de Spider-mare. La yegua le miró atentamente antes de saltar hacia el, esquivando el tentáculo izquierdo delantero, impulsándose en el mismo para esquivar el derecho, lista para darle un golpe noqueante al terrestre. Su sentido arácnido vibro, girando su cuerpo para tratar de esquivar el izquierdo trasero, pero eso provocó que no pudiera evitar al derecho superior, que la agarró por una de sus patas. Con el izquierdo agarrando su cuello con fuerza, provocando que la araña lo agarrara con sus cascos delanteros, soltó su agarre y la acerco a su amo, quien tenía una expresión de fastidio.

- Eres increíblemente molesta.

- E... eso... s... se m... me da... bien...

Octopus no contesto, en su lugar, colocó su brazo derecho delantero sobre su cabeza, y Spider-mare vio como la observaba con un ojo rojo sangre antes de cerrar con fuerza sus cuatro pinzas, creando un filo muy afilado. Sus ojos bagaron por la habitación, tratando de buscar una salida, y en el momento en el que su verdugo metálico se preparaba para lanzarse a su rostro, lanzó dos telarañas a los lados, y atrajo sus redes con la mayor fuerza que pudo reunir. Eso distrajo a Otto, que dirigió su vista a ambos lados, viendo dos mesas de madera maciza dirigirse hacia el, soltando a su presa para poder bloquearlas. La araña se alejó todo lo posible, observando como su adversario destrozo la madera con sus tentáculos antes de centrarse en ella, lanzando dos de estos en su dirección.

Spider-mare salto hacia atrás, esquivando el primero y luego echándose a un lado para el segundo, corriendo hacia Octopus. Su sentido arácnido vibro y salto, esquivando uno de los brazos, momento que su compañero aprovecho para agarrarla de su pata trasera derecha y golpearla contra una de las columnas, luego el techo y por último lanzarla contra el suelo con fuerza. Se levantó lentamente, su cuerpo pidiendo a gritos un descanso, momento en el que sintió un peligro aproximándose, pero estaba tan agotada que sólo alcanzó a girarse, viendo la puerta acorazada ir en su dirección, golpeándola de lleno y lanzarla fuera del banco. Mientras el proyectil se estrelló en el suelo con fuerza, la yegua siguió su camino hasta estrellarse contra uno de los coches de la policía, destrozando la puerta, abollano el metal y quedándose inmóvil, temporalmente inconsciente.

Los ponis alrededor, tanto curiosos como policías, la miraron antes de observar a la entrada del banco, viendo a Otto saliendo, con su brazo derecho trasero llevando las bolsas llenas de dinero. Los agentes le apuntaron nada más verle, a lo que Octopus lanzó su tentáculo izquierdo trasero hacia la pequeña multitud tras el cordón policial, sacando dos gritos, uno perteneciente a una yegua adulta y otro de una potra, las dos unicornios, y la colocó justo delante suya. Las pinzas agarraron su cuello con la fuerza suficiente para mantenerla pero con la justa para no ahogarla.

- ¡No disparen!- grito el sargento que estaba al mando de ese pequeño grupo.

Ninguno de los agentes necesitaba que se lo dijeran para bajar las pistolas. Octopus observo a la niña, que se aferraba a las pinzas del brazo que la sostenía con sus patas delanteras antes de centrarse en los policías.

- Que no me sigan.

Octopus se dio la vuelta y clavo los dos brazos delanteros en la pared antes de empezar a escalar, con los policías y civiles mirándole aterrorizados, en especial la madre, que consiguió sortear a los agentes que le impidieron el paso. En cuanto a Spider-mare, se levantó con pesadez, gimiendo de dolor y bajando del vehículo destrozado. Pocos le prestaron atención, y la yegua alzó la mirada hacia Otto, que ya estaba por la mitad del edificio, frunciendo el ceño.

- Vale, ese pulpo ya me está hartando.

Antes de poder hacer nada, vio en su visión periférica a una yegua inundada en lágrimas que se hecho a sus cascos.

- ¡SALVA A MI HIJA!

Spider-mare miró confusa a la yegua unicornio antes de volver la vista a Octopus y centrarse mejor. En el brazo izquierdo trasero pudo ver una pequeña silueta, y si prestaba atención, se estaba retorciendo, no como un objeto inanimado, sino como un poni vivo.

- Está vez te has pasado- susurró antes de saltar al edificio y empezar a escalar.

Viendo que Otro estaba cerca del tejado, realizó el mismo truco que con la Torre Fisk, deseando llegar a tiempo. Cuando Octopus llegó a la cima, Spider-mare esataba en su cuarto impulso, sobrepasando con este el edificio, viendo al fugitivo doctor a pocos metros del borde, lanzando dos telarañas justo frente a él, impulsándose para aterrizar, dando la vuelta en el aire de tal forma que quedó frente a él. Este se quedó mirando a la araña con fastidio, mientras que la potra le dio una mirada suplicante salpicada de lágrimas.

- Déjala ir, doc.

- Podría...- dijo Octopus con un leve toque de diversión.- Iba a soltarla aquí de todos modos, lo único que haces es retrasar eso.

- Antes eras un científico respetado, un genio, un buen pon...

- Un inútil que se dejaba manipular- gruño Octopus antes de empezar a sonreír.- Ahora, nadie puede meterse en mi camino.

- Estás cometiendo un grave error- dijo Spider-mare, acercándose con cautela y mirando a la niña de reojo.- Se que Fisk te trato mal, pero aún estás a tiempo de hacer las cosas bien. Tienes la capacidad de ayudar a otros, un gran poder, por lo tanto, una gran...

- Déjame ser claro para que no haya confusiones- hablo Octopus con un gruñido.- Fisk fue un inepto total que se aprovechaba del antiguo yo, mis compañeros, hasta los que trabajaban para mí, se reían de mí a mis espaldas. Siempre pensé en revelarme, pero era un cobarde, si tengo algo que agradecer a Kingpin, es que me mostró el camino.

- Pero...

- Tu puedes perder el tiempo con eso de ser una superheroina- dijo Otto, interrumpiendo a Spider-mare.- Pero yo no perderé el tiempo con eso, es absurdo. Lo único que hace es alejarte de tus objetivos, ¿y para qué? Para que una panda de desagradecidos te tachen de criminal, y para colmo, no puedes cumplir tus objetivos.

Spider-mare dio un paso y Octopus extendió el brazo que llevaba a la potra sobre el vacío, empezando a gritar, obligando a la yegua a detenerse.

- Te daré un ejemplo práctico- dijo Otto, señalándose a si mismo.- Yo soy tu objetivo principal, debes detenerme, ¿me equivoco?- al ver que Spider-mare seguía en silencio, Octopus sonrió.- Sin embargo, tu responsabilidad es salvar a esta niña- giro la cabeza para mirar a la potra, que estaba aterrada antes de centrarse nuevamente en la yegua-, eso significa que tendrás que dejarme escapar para ello. ¿Ves? Es estúpido.

- Por favor, suelta a la niña- dijo Spider-mare en un tono suplicante, recibiendo una sonrisa maliciosa de Otto.

- Como quieras.

El brazo soltó a la pequeña, que empezó a caer al suelo a gran velocidad, algo que provocó que Spider-mare actuara sin pensar. Con terror, salió corriendo, pasando al lado de Octopus, que le dio un saludo sarcástico mientras se alejaba.

- Adiós, Spider-mare, espero no volver a vernos- dijo, aunque la yegua no se molesto en prestarle atención.

Salto y se lanzó en picado con sus patas delanteras por delante, viendo a la potra de cara a ella, con los ojos llorosos firmemente cerrados y gritando tan fuerte como sus pulmones se lo permitían. Lanzó dos telarañas a su pecho y la acerco con un tirón, asustando un poco a la pequeña, y envolviéndola en sus brazos, aferrándola con el izquierdo mientras el derecho lanzaba una red a uno de los salientes del edificio. La repentina sacudida provocó que su espalda golpeara con fuerza la pared, gruñendo de dolor, pero aliviada de haber atrapado a la pequeña. Con cuidado, Spider-mare logró ponerse de cara al edificio, con la niña apretada en su pecho, quien había abierto los ojos un momento para mirar asombrada a la yegua antes de apretarse con fuerza contra su cuerpo, aún aterrada. La araña pego sus casos traseros y giro la cabeza para observar el suelo, donde vio, para su disgusto, que no había pegasos en la multitud que la observaba sin pestañear, en especial la madre, que estaba junto al sargento.

- Vale- dijo observando a la potra, que alzó la mirada insegura-, vamos a salir de aquí, pero voy a necesitar que te agarres muy fuerte de mi, necesito todos mis cascos para ponerte a salvo, ¿de acuerdo?

La potra la miro un minuto completo antes de asentir, llevando sus cascos alrededor del cuello, y Spider-mare sintió que los traseros se envolvieron en su cintura, aferrando a su cuerpo con fuerza. Con cuidado, apartó la pata que la sostenía y se agarró a la pared, y al ver que no se caía, suspiro satisfecha antes de soltar la red y pegar el último de sus cascos en el edificio. Lenta pero segura, descendió poco a poco, tardando casi media hora, pues no quería hacer movimientos bruscos, y cuando al fin tocó tierra, sintió un alivio inmenso. Se colocó a cuatro patas nuevamente y se giro, observando a todos los ponis que la miraban atentamente, en especial la madre de la potra, que había querido avanzar pero el sargento se lo impidió, mirando a la araña con el ceño fruncido. La yegua les ignoro y se centro en la pequeña, que se había negado a abrir los ojos.

- Hemos llegado, gracias por elegir Spider exprés, espero que haya disfrutado el viaje- comento en un tono alegre.

La potra abrió sus ojos sorprendida y observo a Spider-mare, soltándose luego y mirando a su alrededor. Cuando se centro en su madre, las lágrimas volvieron a salir y corrio hacia ella, con la yegua adulta imitándola, apartando bruscamente al sargento y abrazando con fuerza a su pequeña, derramando sus propias lágrimas. La araña las observo atentamente, sonriendo bajo su máscara, pero su ensueño estalló al escuchar al policía, que se colocó entre las unicornios y ella.

- Spider-mare, queda detenida.

Antes de que siquiera pensara en marcharse, una voz la mantuvo en su posición, más que nada por la sorpresa.

- ¿No hablara en serio?

Tanto Spider-mare como el sargento se giraron para ver la fuente de la voz, que no era otra que la madre de la potra. Pese a que seguía abrazando a su hija, que miraba de reojo a la araña, su vista estaba clavada en el policía, y no parecía muy contenta.

- Si, señora, ahora, póngase junto al resto y no...

- Esa yegua ha salvado a mi hija, ¿y pretende arrestarla como si fuera una criminal?

- Tengo órdenes y...

- ¡Ella ha hecho su puto trabajo, deberían darle las gracias, panda de idiotas!

Esta vez, la voz era mucho más joven, y venía de la multitud. La causante era una yegua terrestre de unos 18 años, acompañada de varios ponis, que lo más probable es que fueran sus amigos, y parecían estar de acuerdo con ella. Spider-mare tenía sus ojos abiertos como platos, y eso aumento al ver que en ese grupo de observadores, pese a haber algunos que la miraban con recelo, mayormente ancianos, muchos daban murmullos de desaprobación dirigidos a la policía. El sargento miró con el ceño fruncido a la joven, ignorándola y centrándose en la araña.

- Agentes, arrestenla.

Paso unos segundos en los que no pasó nada, y al final, el sargento se giro con confusión al grupo de agentes, que parecían dudosos, menos uno que miraba con seriedad a su superior.

- ¿A qué esperan? Arrestenla de una...

- No.

La respuesta tajante sorprendió tanto al sargento como a Spider-mare, que estaba bloqueada de la impresión.

- ¿Qué ha dicho?

- No, no voy a arrestar a una poni que ha salvado la vida de una potra, una potra que podría haber sido uno de mis hijos.

Tras decir esas palabras, miró a Spider-mare y le dio un gesto de respeto antes de tirar su pistola. Los demás se miraron entre sí antes de imitarle, dejando al sargento totalmente sin palabras. Aprovechando la confusión, la potra se alejo de su madre y se acerco a una sorprendida araña, que se centro en la pequeña, que la miró con admiración en sus ojos.

- G... gracias...

- Yo...- la yegua estaba sin palabras, y tras dar un vistazo más a su alrededor, vio admiracion y agradecimiento en la mayoría de los presentes, sacando una sonrisa bajo su máscara antes de mirar a la potra.- Es mi trabajo, pequeña, por algo soy tu amiga y vecina Spider-mare.

Revolvió la melena de la potra con su casco antes de saltar sobre la multitud y pegarse al edificio de enfrente, llegando en poco tiempo al tejado. Tras recoger su radio, se giro al lugar por donde había llegado, normalmente se marchaba en la dirección opuesta sin ser vista, pero hoy... Con una sonrisa, salto y se lanzó en picado, siendo observada por los de abajo, antes de lanzar una red y alejarse de allí. De lejos, logró escuchar una voz chillona, perteneciente a la pequeña potra, algo que la lleno de alegría.

- ¡Adiós Spider-mare!


Hammerhead salió de su limusina y observo el gran almacén que había dado a ese Octopus. Aún parecía abandonado, pero sabía bien que dentro rebosaba actividad desde que mandó el material pedido por su socio el día anterior después de que le diera el dinero prometido hacia cinco días. Se dirigió a las puertas y entró, viendo varios de sus ponis en la gran sala, unos veinte, que no estaban haciendo mucho aparte de vigilar. Era un almacén grande con pasarelas que recorrían el lugar y donde pudo ver a unos cuantos sementales observando el lugar desde las alturas. Se habían retirado todas las estanterías, dejando la habitación vacía, iluminada por varios focos y la luz de la tarde que entraba por varias ventanas que cubrían las paredes. Al fondo había una bastante larga y con varias puertas, y el terrestre se dirigió sin demora a una de estas, saludando a los guardias con un gesto de su cabeza. Tras un rato caminando por pasillos y subiendo al segundo piso, llegó al lugar donde el doctor Octopus había hecho su laboratorio.

Antaño había sido una zona de oficinas, con un gran espacio para las mesas, bien iluminado por tres hileras de ventanas en el techo y varias de éstas a ambos lados de la estancia. Se había vaciado por completo, y estaba llena de cajas que varios ponis cargaban o sacaban material de estas, mientras que en el centro estaba su peculiar socio. Octopus se concentraba en una plataforma circular a la que se conectaron diversos cables que llevaban a varios generadores y un pequeño ordenador que aún tenía que armarse por completo. Su tentáculo derecho delantero estaba cerrado, con las puntas de sus pinzas abiertas y actuando de soplete, mientras que su hermano izquierdo mantenía en su lugar un brazo mecánico mucho más simple que los que Otto llevaba. Ambos extremidades robóticas se centraban en unir el artefacto a la plataforma, al tiempo que sus homólogos traseros hacían lo mismo en el lado izquierdo. Junto a los cascos del doctor estaba el maletín, bien protegido por su dueño, y Hammerhead tenía ganas de saber que era, pero tenía que esperar.

- Buenas tardes, doctor.

- Igualmente- dijo Octopus sin apartar la vista del trabajo que hacían sus brazos.

- Supongo que tienes lo que necesitas- continuo Hammerhead, ignorando la falta de respeto, después de todo, si ese semental decía la verdad, le iba a hacer inmensamente rico.

Octopus terminó su tarea, asegurándose de que estuviera bien hecha antes de darse la vuelta y sonreír a Hammerhead.

- Por supuesto, muchas gracias. Esto nos va a beneficiar a los dos.

- Eso espero, y como los beneficios sean la mitad de buenos de lo que me dijiste, puedes estar seguro de que tendrás un puesto importante en mi organización y, por supuesto, estaré encantado de ayudarte en lo que quieras- comento Hammerhead con una sonrisa, recibiendo otra de Octopus.

- Pues la verdad, si que hay algo, una cosa pequeña que estoy seguro de que podrías conseguirme.

Octopus camino lentamente hacia Hammerhead, su brazo derecho trasero agarrando el maletín, mientras que los otros se alzaban y le mostraban una bombilla azul en señal de paz.

- Un coche, Hammerhead, me gustaría tener un coche mañana mismo.

- ¿Mañana? ¿Por qué?

- Cuando termine este proyecto, y si piensas aceptarme en tu incipiente imperio, tengo que poder moverme por la ciudad sin problemas. Estos brazos, por muy útiles y por mucho que esté orgulloso de ellos, destacan mucho.

Hammerhead observo la sonrisa que le daba Octopus, una mínima sospecha en su interior. El sabía que había podido ocultar sus brazos dentro de su abrigo, ¿por qué iba a tener problemas con eso ahora? Aún así, a todos les gusta poder moverse rápidamente por la ciudad, y el tiene dos opciones, sus tentáculos o el coche, y obviamente, la última opción era la mejor para pasar desapercibido.

- Por supuesto, doctor Octopus, tendrá su coche.

Otto sonrió a su benefactor, riéndose internamente de lo ingenuo que era. Si de verdad creía que se rebajaría a trabajar para el, es que estaba loco. No, él, el doctor Octopus, ya no trabajaba para nadie, ya era hora de ser el jefe, de ser quien utilice a los otros como piezas de ajedrez... y como le gustaba.


Spider-mare se balanceaba por la ciudad, pensando detenidamente en Octopus, quien se le había escapado hacia cinco días. El sol se ocultaba poco a poco mientras ella pensaba posibles razones para que hubiera robado un banco, después de todo, ¿para que querría hacerlo? Paso cerca de uno de los puentes que llevaban el tren, balanceándose cerca del suelo, escuchando el vehículo acercándose. Con un impulso y una red lanzada al techo, logró pegarse a este y dejar que la transportara cerca de su barrio, aprovechando para pensar detenidamente en las posibilidades de ese robo.

La opción más plausible era que quisiera comprar algo, la pregunta era el que, pero había un problema más apremiante, ¿colo diablos iba a hacerlo? Dudaba seriamente que cualquier mercado le vendiera algo al poni más buscado de la ciudad junto a ella, así que... El mercado negro, era la alternativa obvia, ya había intervenido en varias compra ventas de objetos ilegales, pero... había desafiado a Kingpin, y si eso de que era el rey del crimen era cierto, significaba que ningún comerciante se arriesgaría a venderle algo a quien había desafiado abiertamente al grandote. La visión de un túnel demasiado bajo para que Spider-mare pudiera pasar la saco de sus maquinaciones e hizo que saltara y volviera a balancearse distraidamente hacia su casa, ya más cercana.

Octopus había robado una gran cantidad de dinero, dinero que no podría usar. Los mercados legales no le venderían, y los ilegales le rechazarían por desafiar a Kingpin, después de todo, el grandote era como la princesa Celestia en el mundo criminal, nadie estaba por encima de él... sólo podían estar a su altura. Spider-mare abrió los ojos, con una idea en mente. Con un impulso y usando sus redes, se colocó en la punta de un gran bidón de agua, observando las calles mientras pensaba la posibilidad. Era cierto que la alicornio solar era la máxima gobernante, pero había alguien que estaba a su misma altura, la princesa Luna. Ambas gobernaban Ecuestria y no podían imponerse una sobre la otra, y si Fisk era su homólogo entre los criminales... significaba que había otro rey del crimen, o como mínimo, alguien casi tan importante como él. Y si no estaba equivocada y este supuesto mafioso quería derrocar o subir peldaños en el poder del bajo mundo, aliarse con el pulpo era una muy buena opción. Lo único que necesitaba, era confirmar su teoría.