-¿Quieres más? -preguntó Harry, con mucha delicadeza. Estaban en su casa, y ya era de noche. Hermione negó con la cabeza, sin hablar, y él levantó los platos vacíos y se fue a la cocina con ellos, haciéndolos levitar mediante magia. Los dejó caer a todos en la pileta de la cocina y con un movimiento de varita hizo que una esponja llena de detergente empezara a lavarlos. Regresó al comedor, donde Hermione estaba sentada mirando la mesa, con una expresión terrible, ya sin llorar, pero también sin hablar.

Lila, la perra de Harry, se acercó a la mujer y apoyó el hocico en su pierna. Hermione le acarició su cabeza blanca, lenta y distraídamente.

-No pudiste averiguar a dónde fue luego de desaparecerse… ¿verdad? -musitó Hermione, sin mover la cara ni los ojos.

-No -dijo Harry, de pie, mirándola-. Lo intenté… Pero era demasiado tarde. Las huellas en la petaca eran mías, por supuesto, y no dejó rastros que me permitieran dar con él... No creo que fuera ningún novato.

-Pareciera ser que lo único que quería… era que me aleje de ti -dijo ella, sin mostrar reacción ni sentimiento alguno.

Harry no dijo nada ante eso.

-¿Necesitas ayuda para... para organizar….? -no podía pronunciar las palabras.

-El velorio será mañana por la mañana -dijo ella, adivinando lo que quiso decirle. La mujer parecía estar ausente, como si todo aquello fuera irreal-. Mamá tenía un par de amigas… Ya hablé con ellas. También le avisé a papá.

Harry se puso a caminar nervioso. Había una pila de cosas en medio de la sala, que él mismo había rescatado de la casa de Hermione horas atrás. Luego de lo ocurrido, la había llevado a su casa, convenciéndola de que no podía quedarse en la suya, ya que corría peligro allí. Nadie sabía dónde vivía Harry, porque cambiaba de casa cada cierta cantidad de meses, siempre yéndose a vivir a distintos barrios muggle del país. Estaría más segura allí con él. Sin embargo, Harry regresó una vez más para llevarse todas las cosas de la mujer, por si alguien entraba a la casa; y hacer encantamientos protectores allí, tantos como pudo.

Uno de los primeros encantamientos protectores avanzados que le hizo a la casa de Hermione fue una especie de alarma mágica que le avisaría si alguien entraba en la propiedad. Con el claro objetivo de poder ir a cazar a un posible intruso.

-No puedo creerlo -dijo Hermione, pasándose una mano por el cabello. Harry vio una cana en él, y los ojos de la mujer derramaron otra lágrima. Se acercó a ella nuevamente y se sentó a su lado, mirándola muy afligido.

-Lo siento…

-No digas nada -dijo ella, negando con la cabeza-. No estoy lista. No aún. Mejor no hablemos de esto, por un tiempo.

Harry suspiró y asintió.

Pero Hermione no salió de su estado de shock por muchos días. Esa noche durmió en la cama de Harry, y él en el sofá del living. Su casa tenía demasiados encantamientos protectores ya, pero incluso agregó algunos adicionales. A las cinco de la mañana, cuando por fin sintió que quizás lograría dormir algo él mismo, fue al dormitorio y golpeó despacio la puerta. Ante la falta de respuesta, abrió y vio que Hermione estaba dormida. Parecía tener frío. Buscó un cobertor y la tapó con él. Luego se marchó de regreso al living y se dejó caer en el sofá, donde finalmente pudo dormir un par de horas.

Luego de la cuarta noche, Hermione dejó de estar en shock y empezó a llorar. La oía llorar antes de dormir, desde el sofá. Había llegado a la etapa en la que finalmente comprendía qué era lo que había pasado, y que su madre se había ido para siempre.

Harry le tramitó una licencia por pérdida de un familiar directo, con la que no tuvo que presentarse al trabajo. Pasaban casi todo el día juntos allí, excepto cuando él iba al Ministerio, pero lo cierto es que apenas se dirigían la palabra. Ella no estaba de ánimos para nada.

No fue sino hasta más de una semana y media después que, finalmente, hablaron otra vez del tema, una noche. Hermione estaba en otro de los sofás del living de Harry, con un libro en la mano, que no leía, y él le acababa de llevar una taza de té. Ahora se pasaba todo el día tratando de hacerla sentir mejor, aunque aquello pareciera imposible.

-¿Qué pasó con tu viaje? -preguntó ella de pronto, como si acabara de recordar, una semana y media después, que Harry iba a irse de viaje el día que pasó todo aquello.

-No te preocupes, no es nada -dijo él, negando con la cabeza, su ceño fruncido, restándole importancia mientras le pasaba el té-. Dolohov no irá a ninguna parte. O se quedará allí, donde sea que esté. Ya lo encontraré.

-Dijiste que era importante.

-Todo parece importante. Da igual. Hace quince años que estoy corriendo, de viaje tras viaje… Ya iré a atraparlo, en unos días. De todas formas, no tengo la ubicación exacta, Macnair solo sabía el paradero de unos magos que quizás sepan… Lo siento, Hermione, pero tendrás que regresar a la oficina el lunes. Kingsley hizo la vista gorda cuando extendí tu licencia, pero ya no podré prorrogarla de nuevo.

Ella asintió.

-Sí, claro. No tenías por qué extenderla. Estoy bien.

Él le dirigió una sonrisa triste.

-Me iré a dormir -dijo ella.

Hermione dejó la taza de té a un lado, sin tocarla, y se marchó. Harry se quedó allí solo, ordenó un poco y apagó todo. Luego se recostó en el sofá, se tapó con unas mantas que había puesto allí improvisadamente la primera noche que Hermione se quedó allí, y cerró los ojos.

Las luces se encendieron de nuevo. Se incorporó de un salto, asustado. Pero era Hermione, que acababa de regresar. Ahora llevaba un camisón corto que moldeaba el contorno de su cuerpo.

-¿Sabes? No deberías dormir en el sofá -dijo la mujer.

-Estoy bien -dijo él-. No te preocupes. Descansa.

-Es decir, esta es tu casa -dijo ella, masajeándose la cara-. Te agradezco por todo, Harry, por dejarme quedarme aquí, pero quizás debería volver…

-¿Estás loca? -dijo él, incorporándose-. Es peligroso. No puedes volver. No sabemos quién o…

-No sabemos nada -se lamentó ella-. Bueno, si voy a quedarme contigo, al menos duerme tú en tu propia cama y yo dormiré aquí. No quiero ser una carga.

-No lo eres.

-Solo lo dices porque eres muy educado. Te conozco hace treinta años, Harry.

-No dormirás en el sofá -insistió él-. De verdad, a veces incluso duermo aquí cuando estoy solo. Me quedo bebiendo aquí, y me quedo dormido. No es nada.

-Sí, eso sí lo creo. ¿Sabes?, creo que has estado bebiendo menos desde que estoy aquí. Eso es bueno para ti.

-Lo sé, también lo noté. Pero me ha pasado antes, es solo cosa de unos días. Tendré otra recaída en cualquier momento, nada de lo que ilusionarse.

Ella lo observaba fijamente. Se notaba a través de la tela de su camisón que no llevaba sostén. Harry notó eso y apartó la vista hacia el suelo de inmediato. Vio que sus pies estaban descalzos.

-Mejor vuelve a dormir, hace frío. Descansa, Hermione.

-Vamos, no tienes que dormir en el sofá, ven a la cama -insistió Hermione, en un susurro-. Si quieres podemos dormir los dos allí, es grande…

Harry se quedó en silencio. Sus ojos subieron y encontraron los de ella. Se quedaron mirándose fijamente en el silencio de la noche.

-No te preocupes -dijo él, finalmente-. De verdad, estoy bien aquí.

Otro breve silencio.

-Qué testarudo -pronunció ella en voz muy baja, acomodándose el cabello tras una oreja.

Pero, en vez de volver al dormitorio, Hermione caminó hacia él y se sentó en el sofá, a su lado. Se quedó mirando hacia adelante unos instantes, y entonces giró el rostro hacia él.

Había algo nuevo en su mirada, un profundo dolor.

-¿Por qué me abandonaste? -aquello le salió con una voz tan diferente a la anterior que parecía que fuera otra persona distinta la que estaba sentada ahora a su lado.

Harry no dijo nada. Por algún motivo, le costaba respirar y su corazón latía a toda velocidad.

-Bien, podemos hablar de eso si quieres -dijo entonces, esforzándose por encontrar las palabras-. Supuse que me lo preguntarías en algún momento… Podemos hablar de cuando te dejé de hablar. Supongo que ya no tiene sentido seguir evitando el tema…

-Mi mamá tenía cáncer -soltó ella entonces, de súbito.

Harry quedó pasmado. La mujer largó eso de repente, de la nada misma, y luego se quedó en silencio. Otra vez había cambiado el tono de voz, como olvidándose por completo de la pregunta que había hecho instantes atrás.

-No… No lo sabía. Lo siento mucho.

Harry se quedó inmóvil, mirando hacia adelante.

-Estaba empeorando. No había forma muggle ni mágica de curarla. Solo era cuestión de tiempo. Dijeron que quizás un año.

Se hizo un silencio bastante largo, pero no incómodo. Harry giró la cara hacia ella.

-Sí sabía que estaba enferma, claro -dijo-. Recuerdo que enfermó luego de divorciarse. Pero no sabía qué era.

-Oh, no era eso entonces -dijo Hermione-. Cuando descubrió la segunda familia de papá, y se separaron, empezó con depresión y con varias enfermedades que surgieron de eso, seguramente...

Harry no dijo nada. Pero le sorprendió aquello, porque no sabía que el padre de Hermione tuviera una segunda familia con otra mujer. Ella jamás le había contado aquello. Solo le había dicho que se habían divorciado.

-Y luego murió Ron... -continuó Hermione- Y me fui a vivir con ella.

Harry se dio cuenta de que Hermione había crecido mucho en el tiempo en que habían estado distanciados, en muchos sentidos. Si bien siempre había sido una persona inteligente y más sensata que otros a su alrededor, había un nuevo nivel de madurez en ella. Sin embargo, el efecto era contrarrestado por un agotamiento que parecía llevar también impreso en el rostro. Parecía haber envejecido más de lo normal.

-Pero, más que nada, me fui a vivir con ella porque necesitaba que la cuiden -continuó diciendo-. Finalmente se curó, y pensé que estaría bien. Pero ya sabes cómo es cuando una persona mayor está débil. Se cura de una cosa y luego le agarra otra. Y esa otra resultó ser cáncer. Por eso me quedé viviendo con ella. Pasé de cuidar a Ron, que necesitaba alguien que cumpliera el rol de su madre, a cuidar a mi propia madre luego de que Ron muriera.

A Harry le sorprendió la brutal honestidad con la que Hermione relató aquello. La escuchó con toda su atención sin acotar absolutamente nada.

-No me entiendas mal -agregó ella-. Amaba a Ron -sus ojos brillaron, mientras miraba hacia adelante-. Siempre peleábamos, pero lo amaba... Había química entre nosotros. Había pasión. No encuentras eso en cualquier persona.

Harry se quedó mirando sus propias manos, asimilando sus palabras.

-Me gustó casarme con él -continuó ella-. Realmente iba a vivir toda mi vida a su lado. No lo necesitaba, ¿sabes? Yo era una mujer independiente. Perfectamente capaz de valerme por mi propia cuenta. No necesitaba a nadie que me complementara. Era totalmente capaz de vivir sola toda mi vida, y de ser feliz. Pero estaba con él porque me gustaba hacerlo. Me hacía feliz. Me hacía reír, me hacía sentir amor.

Harry vio que caía una lágrima por su cara, otra más.

-Hubiera tenido hijos con él -dijo ella-. Íbamos a hacerlo, creo. Nos tomamos mucho tiempo. No lo decidimos. Pero iba a pasar, estoy segura. Ahora ya no lo quiero. No me interesa esa vida, con nadie más. No volveré a estar con nadie.

-Te entiendo -Harry la miró con una extraña sensación en el pecho-. Porque a mí me pasa exactamente lo mismo.

-¿Ah, sí? -ella se volvió hacia él.

Harry asintió.

-Yo tampoco la necesitaba -dijo, de forma entrecortada-. Me sentía feliz conmigo mismo. Solo. Podía vivir una vida soltero. De hecho, lo hice. Ginny jamás vivió conmigo. Solo venía a visitarme a casa, pero no vivía allí. Y me iba a casar con ella por el mismo motivo que tú lo hiciste con Ron: porque me hacía feliz, porque sentía amor por ella, pero no porque la necesitara. No porque necesitara que me complemente, ni nada. Yo siempre me sentí completo. Luego de eso viví quince años solo, limpiando mi propia casa, cocinándome a mí mismo, mudándome solo de un lado al otro, todo eso. Jamás sentí que necesitara a nadie. No lo necesito. Tampoco ahora.

-¿No has estado con otra mujer desde entonces?

-No, jamás -dijo Harry.

-No me sorprende -dijo ella-. Pero, al mismo tiempo… Pasaron quince años…

-Sí, sé lo que estás pensando -dijo él, con una nota de fastidio-. ¿Quieres saber si soy un hombre que no tiene sexo hace quince años? Pues no me molesta admitirlo. Soy eso. No me interesa lo que nadie piense al respecto. No podría importarme menos, la verdad.

-Está bien -dijo ella, con suavidad-. Yo tampoco, después de Ron. ¿Cómo podría? Quizás algún día, no lo sé…

-Yo solo quiero saber qué pasó esa noche -dijo él, negando con la cabeza mientras se mordía los labios. Ella lo miraba con atención. -Es todo lo que… Es lo que no me deja dormir. Es en lo que se ha convertido mi vida. Esa… Esa pregunta… Ya no hay lugar para nada más. Me he convertido en eso. En esa incógnita. Fueron quince años de esto, Hermione. De cabellos suyos llegándome por correo, de personas que aparecen en tu casa con poción multijugos, de magos que supuestamente saben lo que pasó, de viajar a otros países, matar a cientos de cientos de mortífagos, para luego no saber qué fue lo que pasó…

-Sé lo terrible que debió ser para ti. Y que es.

-Y ahora, por mi culpa, tu madre…

-No -dijo ella rápidamente-. Como te digo, no le quedaba mucho tiempo. Es mejor así. Eso es lo que pienso, para sentirme mejor. Se fue rápido, en un segundo. Es mejor así. Mejor que estar un año con tratamientos, sufriendo…

-Pero fue mi culpa de todas formas -remarcó él-. Yo soy culpable. Esa persona se hizo pasar por mí. Por mí.

-No eres culpable. Harry, no lo eres.

-Yo soy culpable de todo. ¿Cómo no lo ves? Es obvio. Es evidente. Es la verdad. Hermione, todo es mi culpa, y lo siento muchísimo. Yo arruiné tu vida. Primero Ron, y ahora…

-Pero, ¿qué cosas dices?

-Hermione, los dos lo sabemos -la miró a los ojos, con desesperación-. Sabemos que fue por mí que mataron a Ron.

-No fue así -discutió ella, negando rápidamente, sus ojos muy abiertos-. Lo mató un mortífago. En una misión. Él trabajaba como auror…

-Conmigo.

-Sí, contigo, pero auror al fin. Y fue una misión riesgosa, donde tuvo que ir él solo. Tú no tuviste nada que ver. Eran unos traficantes, él tenía que atraparlos, le dieron con un maleficio asesino y murió. No te culpes a ti mismo por eso. Tú fuiste el que los atrapó luego y los mató. Pudiste vengarlo.

-No solo los atrapé -dijo Harry, lentamente-. También los investigué… E investigué el trasfondo de la misión de Ron… Investigué esa red de tráfico de pociones, y no tenía el menor sentido. Ni siquiera existía. Nada tuvo sentido. La misión de Ron era un engaño, Hermione. Alguien lo elaboró todo. Fue un engaño que hicieron para atraparlo y matarlo. Y lo hicieron por mí.

-¿Cómo que por ti?

-Lo mataron para joderme a mí -dijo él, sin contener la mezcla de sensaciones en su interior-. Siento mucho decírtelo así, pero es la verdad. Su muerte fue solo… -empezó a llorar él ahora-. Fue solo algo que alguien hizo para molestarme a mí. Porque era mi mejor amigo. Murió por ser mi mejor amigo. Hermione, lo venían siguiendo hacía tiempo. Me lo dijo. Cuando trabajaba, en sus misiones… Alguien lo seguía. Estaban controlándolo, abriendo sus cartas, siguiendo todos sus movimientos. Lo venían haciendo desde meses antes de su muerte, solo que nunca pudimos averiguar quién lo hacía... Y luego pasó eso. ¿No te das cuenta?

Harry respiraba muy agitado, parecía a punto de enloquecer por completo.

-Esto es todo obra de alguien, alguien que viene deslizándose de entre mis dedos hace quince años. Alguien que tiene un solo propósito: joderme la vida tanto como sea posible. Quitarme a todas las personas que amo. Empezó con Ginny. Siguió con Ron, casi diez años después. Y aun no se detiene. Y sé que nunca se va a detener.

-Harry... -Hermione estaba aterrorizada-. ¿Por qué? ¿Por qué alguien te odiaría tanto para dedicar su vida entera a actuar solo para volverte loco?

-Al principio no lo vi, pero ahora sí -dijo él, sus ojos muy abiertos-. Al principio buscaba otro motivo. Pensaba que se había tratado de otra cosa. Pero Hermione, ¿no lo ves? Jamás pidieron un rescate por Ginny. Jamás recibí un mensaje donde quisieran oro por ella, o donde algún mago oscuro me dijera, no sé, "esto te pasa por haber matado a Voldemort", o lo que sea. Jamás hubo nada de eso. ¿Cómo es posible? Si no la secuestraron por oro, ni por venganza…

-Pudo ser por venganza -razonó Hermione, pensativa-. Justamente, como dices, por haber matado a Voldemort. Aunque no hayas recibido un mensaje…

-No lo sé -dijo él, apretando los puños con fuerza, su rostro tenso-. Quizás, o quizás no. No pienso que haya sido por venganza. Llevo quince años pensando en esto, y creo que esto es algo más. Y hace quince años que estoy preguntándome qué es, y por qué. Esa es una de las dos preguntas que no consigo responder: ¿Quién? y ¿por qué? No lo entiendo. Y por eso no puedo. No puedo vivir... Hermione, por eso dejé de hablarte.

Hubo una ligera pausa luego de esa revelación.

-¿Qué dices? -preguntó ella, en un susurro.

-Por eso dejé de hablarte -repitió él-. Hace cinco años, luego de la muerte de Ron. Fue clarísimo para mí: Tú eras la que seguía. Ya habían hecho desaparecer a Ginny. Luego me atormentaron durante nueve años, enviándome pistas, cartas, ocurriendo cosas sospechosas, pero sin que jamás me dieran un dato certero de dónde estaba ella, o qué le pasó esa noche, o nada. Luego de volverme loco durante nueve años, mataron a Ron. Y solo lo hicieron para joderme, estoy seguro. Para volverme más loco. Sabía que seguías. Eras la próxima. Mataron a Ron porque era mi mejor amigo. Tú eras mi mejor amiga también, la persona más importante en mi vida que quedaba.

"No iba a permitirlo. Supe que la única forma de protegerte era dejar de hablarte, desaparecer. Solo así tú estarías a salvo. No puedo tener a nadie en mi vida, ¿no lo ves? A nadie. Porque, si lo hago, esa persona correrá peligro. ¿Lo entiendes?

Hermione lo miró con mucha seriedad y atención, y entonces asintió lentamente.

-No me había dado cuenta antes -dijo la mujer-. Pensé que… que solo estabas obsesionado con tu trabajo, y… y bueno…

-¿Qué me había vuelto loco?

-Que estabas derrumbado, eso pensé. Y que querías estar solo porque todo era demasiado para ti.

-Claro, eso también... -Harry se pasó los dedos por el cabello negro azabache, luciendo estresado-. Y también quería estar solo para que nadie más muriera, ni desapareciera...

Otro breve silencio.

-Por eso mismo pasó esto -continuó él-. ¿No te das cuenta? Volvimos a hablar, empezaste a trabajar allí conmigo… y, ¿cuánto tiempo ha pasado? Unos días después, un tipo se aparece en tu casa…

-De acuerdo, tienes razón -dijo ella entonces, convencida-. No quise verlo antes, pero es cierto. De verdad es como dices.

-Ahora lo entiendes.

-Sí, pero hay algo que no entiendo, o que no concuerda. Ese hombre, o mujer, quien quiera que sea, no fue a casa de mi madre a matarme. Podría haberme matado si ese hubiese sido su objetivo, pero no lo hizo. Lo que intentó fue engañarme... Hacerme creer que eras tú, y que querías que me mantenga lejos de ti. A eso fue. A pedirme que me alejara de tu vida, que no trabajara más en el Departamento, que desapareciera de tu vida. ¿No te parece eso raro, Harry?

Harry se quedó pensativo.

-Su objetivo pareció ser, si lo piensas bien, que yo me creyera que realmente eras tú, que dejara de hablarte y me fuera del Departamento de Aurores. Si él hacía bien su papel, yo no tendría motivos para hablar contigo de nuevo, porque tú me habrías dejado bien en claro que me fuera de tu vida. Entonces, habría logrado lo que quería. La pregunta es…

-La pregunta es, ¿por qué alguien querría que te vayas del Departamento de Aurores? -dijo Harry, pensativo-. Sí, lo sé. También lo pensé. Pero, quien sea que hizo esto, cometió un error.

-¿Cuál?

-Me ha dado una valiosa pista que no tenía antes.

Hermione arqueó las cejas, intrigada.

-La pista que me dio es que el que entró a tu casa es alguien con acceso al Departamento de Aurores. Ya sea alguien que tiene la posibilidad de ingresar allí libremente, o que directamente trabaja allí.

-¿Cómo lo sabes?

-Porque sabían que no habías ido a trabajar ese día, por eso. Era un día laboral, en plena mañana. Se suponía que estarías trabajando. Y no pudo ser alguien que te vio en la calle y decidió seguirte. Eso estuvo planificado, nadie anda con una poción multijugos encima solo por si se cruza a alguien en la calle. Además de que necesitó un cabello mío para hacerla, lo que seguramente obtuvo en mi despacho o alguna otra parte del Departamento. Así que fue o bien alguien con acceso al Departamento, o alguien que directamente trabaja allí. Y de allí obtuvo la información de que no fuiste a trabajar ese día.

Ambos se quedaron reflexionando aquello. Ella lucía impresionada. No parecía haberse dado cuenta de eso.

-Yo sé por qué alguien querría que me vaya del Departamento de Aurores -dijo entonces ella-. Porque es alguien que sabe que, si estoy contigo, tienes más posibilidades de resolver todo esto -lo miró muy seria-. Y eso es exactamente lo que tengo que hacer: Estar a tu lado, para ayudarte a resolverlo.

-Hermione, aprecio mucho que digas eso, pero…

-No te jodieron la vida solo a ti -dijo ella entonces, afligida y con rabia a la vez, negando con la cabeza y mordiéndose los labios con fuerza-. Todas las personas que amabas… eran personas que yo amaba también.

Una nueva lágrima cayó por su rostro.

-Entonces… ya no piensas que debería olvidar todo esto. Que debería enterrar el pasado. Que debería cerrar el ciclo y aceptar que Ginny murió.

-Quizás murió -dijo Hermione-. No lo sé. No sé qué pasó esa noche. Pero Harry, ¿cómo puedes enterrarlo todo y seguir adelante, si no te dejan? ¿Si continuamente están atormentándote…?

-Ahora sí lo entiendes -dijo él-. Pero no quería involucrarte. No a ti. Sabía que tú sí podías continuar con tu vida, Hermione. Fue un error que aparecieras en mi vida otra vez.

-No -dijo ella, convencida-. ¿No me oíste? A eso me refería con que eres egoísta. ¡Todos aquellos a quienes amaba murieron también! Esta no es solo tu batalla, Harry, también es la mía.

-¿Y qué podemos hacer? He hecho todo lo humanamente posible por dar con el responsable. Te lo juro, Hermione. Te lo juro por la memoria de mis padres… He hecho todo. Todo.

-Pues yo también lo haré -dijo ella, con el rostro rojo, y se acercó tanto a él, con tanta ira, que él se asustó. La mujer le tomó un brazo y se lo apretó con fuerza, mirándolo de una forma salvaje. Entonces apoyó su frente contra la de él, respirando agitada, sus narices pegadas. -Ahora estamos juntos en esto, ¿me oyes? Vamos a hacerlo.

Harry le devolvió la mirada, asintiendo lentamente.

-Lo vamos a lograr, Harry. Vamos a encontrar a este hijo de mil putas.