Wiltshire era uno de esos condados de Inglaterra que parecían consistir únicamente en verdes extensiones de césped prolijamente cortado, setos y mansiones y construcciones antiguas aisladas en sus prados. Algunas de ellas pertenecían a familias de hacía cientos de cientos de años. Sin embargo, había ciudades y pueblitos también allí. Uno de ellos era Little Chippenham, un pueblito rural que, si bien era muggle, albergaba algunas antiguas familias de magos de sangre pura, tanto dentro del mismo como en las antiguas mansiones que se extendían en sus afueras.

Hermione, oculta por la capa para hacerse invisible de Harry, caminaba despacio por una calle central del pueblo. Había ido sola allí.

Miró el pergamino donde Harry le había anotado la dirección de Morgan. No era lejos de allí. Se puso a caminar en esa dirección, algo nerviosa. El pueblo era muy tranquilo, con solo algunas personas andando por sus calles hacia las tiendas y bares en el centro. El plan era espiar a Morgan.

-Alguien dentro del departamento está involucrado -le había dicho Harry-. Así que empecemos por quien más sospechas me genera: Morgan.

Derek Morgan era un mago de sangre pura que vivía en ese pueblo con su mujer y su hija de cinco años. Había estudiado en Hogwarts después que ellos, ya que era más joven. Había estado en Slytherin.

-¿Te hizo sospechar algo en particular? -había preguntado ella.

-Peakes me dijo que le asignó un caso en mi ausencia -explicó Harry-. Y luego, cuando yo le pregunté, me mintió. Me dijo que no le habían asignado ningún caso. Quizás no sea nada, podría ser una equivocación. Pero es algo, para empezar.

-De acuerdo, lo espiaré a él -había accedido Hermione.

Ahora la mujer se movía hacia su casa. La capa le incomodaba, ya que había viento y tenía que sujetarla para que no se volara. Decidió quitársela. Nadie allí la conocía, y tendría cuidado. Al llegar podía ponérsela otra vez.

Visible de nuevo, Hermione avanzó por la calle con disimulo, pasando junto a algunos muggles y buscando la dirección.

Pero pronto se arrepintió de haberse quitado la capa. Porque cosas extrañas empezaron a pasar.

Sentía que alguien la miraba. Que la seguían.

Se puso nerviosa. No podía ponerse la capa allí mismo. Lo mejor sería buscar una galería, algún lugar sin gente, y ponérsela allí. Pero, mientras más avanzaba, más se sentía espiada.

De pronto sus ojos se clavaron en una mujer rubia, del otro lado de la calle. La mujer la miraba. Rápidamente, esta giró sobre sus talones y avanzó en dirección contraria a como venía antes, al notar que Hermione la había visto.

-Qué rayos -Hermione se protegió los ojos del sol con una mano, siguiendo el rumbo de la mujer rubia. ¿Dónde la había visto antes?

Entonces lo supo: Días atrás, cuando estaba en esa cafetería con Harry, cerca del cementerio. Era la moza que los había atendido.

-¡Oiga! -gritó entonces, sin importarle llamar la atención entre los muggles que pasaban por allí. Y empezó a correr tras ella. -¡Señora!

No importaba hacer alboroto. Morgan no estaba allí.

La mujer rubia empezó a correr, y Hermione corrió tras ella.

-Maldita… -gruñó, mientras la perseguía por la calle a toda velocidad. La gente se volvía y las miraba, mientras la persecución continuaba por una calle aledaña. Hermione tropezó con unos cajones de verduras al doblar la esquina, y rodaron remolachas por toda la calle. -¡Lo siento! -siguió corriendo-. ¡Señora, deténgase!

Pero la rubia se metió en un callejón. Hermione se metió también, tras ella, con la varita en alto.

No había nadie allí.

-Se desapareció -musitó Hermione en voz alta, tratando de recobrar el aliento-. Se metió aquí para que no la vieran los muggles, y… ¡Maldita sea!

Con rabia, por su fracaso, se dio la vuelta, dispuesta a salir del callejón. Pero, al voltearse, vio una figura enorme y oscura ante ella, con algo en alto.

A continuación, un golpe fuertísimo en la cabeza nubló su visión. Todo vibraba. Perdía el conocimiento.

Hermione cayó al suelo y el estallido en su cráneo aumentó hasta que todo se volvió negro.


Harry caminaba a toda velocidad. Si bien era de noche en esa parte del mundo, aún había muchos muggles caminando en esa atiborrada calle céntrica de esa ciudad en India.

Apretado entre medio de la multitud, Harry avanzaba con prisa, chocándose con todo el mundo.

dekho tum kahaan ja rahe ho! -le dijo un hombre, en hindi, con expresión enojada.

Harry siguió de largo, hasta llegar a un viejo hotel con el letrero caído y humedad en las paredes. Releyó un trozo de pergamino que sacó de su bolsillo, volvió a mirar el cartel con el nombre del lugar y entró.

-¿Inglés? -le preguntó a un hombre que atendía, que tenía una larga barba negra enredada en una trenza, era calvo y muy flaco. Este asintió una sola vez, mirándolo de forma algo hostil. -Necesito una habitación -le dijo Harry, mirando alrededor mientras se acomodaba el rubio cabello hacia atrás.

-Por supuesto, señor -dijo el hombre, hablando inglés con acento hindi, sacó una llave de la estantería tras él y luego de cobrar a Harry, se la dio.

-Muchas gracias -Harry miró el número de la habitación que le acababan de dar: 25.

Frunció el ceño. De todos los números que podrían haberle tocado…

Avanzó hasta llegar a una zona común con sofás raídos y una vieja TV muggle de tubo donde pasaban un partido de cricket. Había un par de hombres con ropas viejas y aspecto lúgubre sentados allí, mirando el deporte.

Harry dejó caer su bolso en el suelo, y al hacerlo atrajo la mirada de varios de ellos, que tenían aspecto o bien indio o bien asiático. Sin decir una palabra, Harry dejó caer su escuálido cuerpo en un sofá, junto a un hombre blanco de cabello y ojos negros, que giró la cabeza hacia él y chasqueó la lengua.

-¿Americano? -preguntó, en perfecto inglés. Harry lo miró y sonrió abiertamente, clavando sus castaños ojos en él.

-Sí, de New York -dijo, y señaló la TV-. ¿El cricket es un deporte común aquí en India? Es mi primer día aquí.

Harry se acomodó el cabello rubio otra vez mientras sacaba una petaca del interior de su abrigo y bebía, acomodándose en el sofá.

-Oh, sí -él asintió, alzó un vaso lleno de una bebida amarilla y bebió un largo trago-. Es deporte nacional.

-Jack Davies -dijo Harry, tendiendo un delgado brazo hacia él. Este lo miró, evaluándolo con la mirada, y luego estrechó su mano.

-Daniel Williams -dijo, antes de terminar el resto de su vaso de un trago.

Hubo un breve silencio, durante el cual el hombre de aspecto inglés se quedó mirando la TV, a pesar de que Harry no apartaba su mirada de él, aun sonriendo.

Entonces, el hombre cerró los ojos y los dejó así varios segundos, su boca curvándose hacia abajo. Tenía la mirada de Harry aún encima, y resopló, luciendo derrotado.

-¿Eres Potter?

-Oh, eres rápido -comentó Harry, como haciendo conversación, a pesar de que no lucía para nada como él mismo, con ese aspecto de un hombre rubio americano muy delgado. Enseguida guardó la petaca con poción multijugos en su abrigo y empezó a jugar con su varita, apuntándola con disimulo al hombre desde el interior de su bolsillo. -Tengo la habitación 25, Dolohov. ¿Qué dices si vamos para allá?

Este asintió, sin decir una palabra. Sin resistirse, ni luchar, simplemente se puso de pie y caminó por el antiguo pasillo hasta la deteriorada puerta de la habitación 25. Harry abrió, apuntándolo con su varita todo el tiempo, y le indicó con la cabeza que entrara.

Una vez que ambos estuvieron dentro, Harry sacó la varita de su bolsillo, clavándola en su pecho.

-Desármate.

Dolohov obedeció. Con tranquilidad, lanzó su varita al suelo, al igual que una vieja daga, y se sentó en la polvorienta cama, mirando a Harry con expresión de derrota.

-Sabía que me encontrarías -admitió-. Eres el mejor auror del mundo. La máquina mata-mortífagos…

-Gracias por el halago.

-Solo estaba esperando a que lo hicieras. A que me encontraras. Sabía que era cuestión de tiempo.

-¿Ah, sí? Qué curioso. Sabías que te encontraría, pero viniste hasta India a esperarme…

Dolohov lucía nervioso pero resignado.

-Tengo información que puede servirte -dijo-. Si me matas…

-No te preocupes, no pensaba matarte. Ahora bien, tenemos que hablar de algo mientras hace efecto el veritaserum.

-¿Veritaserum?

-Sí, claro, el que puse en ese trago amarillo que estabas bebiendo recién. ¿Qué era, por cierto? No parecía whisky.

Harry fingió curiosidad. Dolohov lucía impresionado y asustado. No respondió la pregunta.

-Bien, no importa -Harry le sonrió más-. Déjame contarte una historia, mientras tanto. Ginny Weasley desapareció la noche del 25 de junio de 2005. Ocurrió en una fiesta organizada en la mansión Malfoy…

-No necesitas contarme todo eso, ya lo sé -dijo él, de mal humor-. Te diré todo lo que sé. Ni siquiera necesitabas el veritaserum. Estaba dispuesto a decírtelo todo.

-¿Por qué India, entonces?

-Porque no quería exponer a mi familia -dijo él, con aspecto afligido-. Tengo una mujer. Y dos niños. Uno ha nacido el año pasado. Yo… Los envié a esconderse y que no me dijeran dónde. Para que no pudieras saberlo, ni siquiera dándome veritaserum. Ellos están a salvo ahora. A salvo de ti.

Harry no dijo nada. Se cruzó de brazos.

-Bien -dijo, finalmente-. Considero que el veritaserum ya debe estar actuando. Ahora dime todo lo que sabes.


Una luz amarilla se encendió ante la cara de Hermione, con tanta intensidad que sintió que enceguecía, incluso con los ojos cerrados.

La mujer abrió los ojos, muy despacio. Había una lámpara ante ella. No podía moverse.

Sus enrojecidos ojos tardaron en acostumbrarse a la nueva luz, mientras su cabeza de a poco recobraba la conciencia al mismo tiempo que un fuerte dolor explotaba otra vez en ella, producido por el fuerte golpe que le habían dado.

Se dio cuenta de que solo podía mover los ojos. Nada más. Ni la cara, ni nada. Estaba inmovilizada con un petrificus totalus.

Todo lo que podía ver era esa lámpara, que la apuntaba a ella, y algo similar a un galpón detrás, pero completamente oscuro. Ella estaba colocada encima de algo, que no alcanzaba a ver. Como una mesa, pero reclinada hacia adelante. Ella estaba casi de pie, un poco inclinada hacia atrás.

Entonces, una gran figura apareció sombría tras la lámpara.

Los ojos de Hermione se abrieron más, con horror. Era la misma figura que la había golpeado. Esta corrió la lámpara un poco más atrás y se puso delante, donde pudo verlo claramente.

No podía creerlo.

Era Michael Stevens, su compañero de trabajo.

-Hola, Hermione -dijo Stevens, con una sonrisa psicópata en el rostro. Sus lentes torcidos de lado, en su regordete y calvo rostro, su camisa apretada por la enorme barriga… ¿Cómo no lo había pensado antes? Ese tipo, que había intentado invitarla a salir…

Quiso decir algo, pero no podía. Le había aplicado un petrificus totalus, así que solo podía mover los ojos.

-Lamento mucho esto, Hermione -dijo Stevens, mostrando unos dientes algo amarillentos mientras sonreía-. No quería llegar a estos extremos, ¿sabes? Quise invitarte a salir, por las buenas. Pero tú me rechazaste…

Hermione abrió más los ojos. Los giró alrededor. Sabía que no tenía su varita encima, porque lo sentía. Stevens debió quitársela. No parecía haber nadie más allí, solo ellos. Estando petrificada, no tenía opciones. No podía ver qué más había allí, pero no parecía haber otros objetos, ni nada que pudiera ayudarla. Solo veía esa especie de galpón abandonado en el que estaban, sentía la dura superficie en la que estaba apoyada, y veía la lámpara. No podía notar nada más, nada que la pudiera ayudar.

-Llevo muchos años observándote, Hermione Granger -dijo Stevens, acercándose a ella hasta que sus rostros casi estuvieron juntos, pegados. Una gota de sudor cayó por la frente de la mujer, que ahora lo miraba a él con los ojos desorbitados, en pánico. -Desde que eras una niña -continuó él, e hizo algo que le revolvió las tripas: le acarició el cabello, mientras la miraba a los ojos con psicosis, como deseándola con la mirada-. Podríamos decir que soy… tu fan.

El hombre sonrió aún más. El corazón de Hermione latía con furia.

-No me extraña que me rechazaras, para nada -dijo él-. Estoy acostumbrado al rechazo. No soy precisamente un hombre que pueda conseguir mujeres fácilmente -lanzó una risa que no parecía para nada cómica, y que quedó resonando con eco en torno a ellos, en ese lugar-. Y tú, Hermione. Tú… Tú eres sencillamente perfecta.

Volvió a acariciarle el cabello, obsesivamente, mientras la miraba muy de cerca y el pecho de Hermione se inflaba y desinflaba por los nervios. La mujer empezó a desear desmayarse. Quizás, si conseguía desmayarse, quedaría inconsciente y no experimentaría nada de lo que aquel psicópata estuviera pensando en hacerle…

-Tranquila -dijo él, sonriendo y mirándola a los ojos como si ella fuera algún tesoro que hubiera añorado capturar durante años, un objeto de colección que quería para él-. No voy a lastimarte. Yo solo quiero… que me ames.

Ella intentó decirle, aunque fuera solo con la mirada, solo con los ojos, que no podía sentir nada más que asco por él. Trató de transmitirle eso: asco, desprecio, con los ojos.

-Esto no te dolerá -dijo él, acariciándole la cara ahora-. Espero que lo disfrutes tanto como yo lo haré.

Y entonces, ella sintió las manos de él encima. En su cintura. Estaba desabotonándole el pantalón.

Su pecho estaba por explotar. Los nervios estaban por hacerla enloquecer. Quería asesinar a ese tipo, lanzarle un maleficio que lo dejara inconsciente y lejos de ella, con sus asquerosas manos lejos de ella. Pero no podía mover un solo músculo.

Stevens dejó su pantalón desabotonado, y entonces se acercó más a ella y la abrazó.

Aquello era repulsivo, era asqueroso. Sintió el aliento del hombre en su cara, un aliento que olía horrible. Luego él le besó la oreja, y empezó a respirarle allí, agitado, su asquerosa barriga sobre ella. No le estaba haciendo nada, no aún. Solo la abrazaba y respiraba en su oído.

Estaba enfermo.

-Oh, Hermione -dijo él, y entonces hundió los grasientos y gordos dedos en su cabello, y con la otra mano empezó a bajarle el pantalón.

Ahora sí. Necesitaba desmayarse. Necesitaba morir. No quería seguir viviendo aquello.

"Por favor", pensó. "Quiero morir. Quiero morir y no vivir esto".

Y entonces, en el momento en que los grasosos dedos de Stevens se metían bajo su blusa, por la espalda, se oyó un rugido de furia.

-¡QUÍTALE TUS SUCIAS MANOS DE ENCIMA, GORDO ASQUEROSO!

Stevens dio un salto con tanta brusquedad que cayó sobre la lámpara, y tanto él como esta cayeron al suelo, provocando que la luz girara por todos lados, proyectando sombras por doquier, al tiempo que se oían hechizos ser conjurados y golpear el suelo delante de Hermione, donde había caído su atacante.

Todo terminó muy rápido. Stevens no parecía haberse esperado eso, para nada, y no se llegó a defender. Hermione creyó ver que ahora él estaba inconsciente o petrificado en el suelo. Entonces, un rayó de luz la golpeó a ella, un rayo cálido, agradable. Se dio cuenta de que podía moverse otra vez.

Con rapidez, Hermione se subió el pantalón y se lo abotonó. Sin salir del estado de shock, sacudiéndose por los nervios, la mujer saltó fuera de esa mesa y, una vez en el suelo, vio que Stevens estaba inmóvil allí.

Entonces alzó la mirada hacia la persona que la había salvado.

-¿Estás bien? -le preguntó el consternado rostro de Draco Malfoy, que lucía tan aterrado como ella.


-Me pagaron -dijo Dolohov-. Muchísimo dinero. No tenía opción. Los mortífagos empezamos a pasar terribles momentos luego de la caída del Señor de las Tinieblas. Si nos redimíamos, nadie nos daba un empleo, por haber sido mortífagos. La única opción era seguir siendo un mortífago y trabajar en negocios oscuros. Chantajes. Estafas. Secuestros. De eso vivimos.

-Veo que te terminaste convirtiendo en uno de los nuevos mortífagos -dijo Harry-. Tu motivación es el dinero, entonces.

-Te lo dije. ¡Tengo una familia! No quiero ser más esto. Hace mucho tiempo que no quiero. Pero, ¿qué opción tengo? Tengo que mantener a mi familia. No puedo hacer otra cosa.

-Entonces, ¿te pagaron por secuestrar a Scorpius Malfoy? ¿Quién?

-No sé quién es. Lo juro.

-Y yo te creo, porque estás bajo los efectos del veritaserum. Dime todo lo que sepas de él o ella.

-Nos contrata por carta. Es muy discreto. Jamás supimos un nombre, ni apodo, nada suyo. Jamás lo hemos visto. Nos contacta por cartas que se destruyen a sí mismas luego de leerlas. Toma todas las medidas de prevención. Se asegura de esconder su identidad al máximo. Luego envía los pagos por medios igual de discretos. No sabemos quién es. Todo ocurre por carta.

-Cuando dices "sabemos", ¿de quién más hablas? ¿Qué hay de Macnair y Bulstrode?

-Macnair y Bulstrode son empleados míos, jamás recibieron una carta de él. Solo habla con el jefe, o sea yo. Y los otros jefes, porque estoy seguro de que contrató a otros. Pero no sé quiénes son.

-¿Qué me dices de Rookwood? ¿Y Rowle?

-Podrían haber sido. Es muy probable. Tú los mataste a ambos.

-No a Rookwood. A él lo mandé a Azkaban. Entonces, trabajas para el mismo hijo de puta que ellos.

-Me contrató dos veces, a mí. La primera fue en 2009. Sus instrucciones fueron que implantara una pista falsa sobre un presunto paradero de Ginny Weasley en la célula de mortífagos del este de Londres, la liderada por Albern Jones.

-Espera un momento -Harry alzó una mano para detenerlo, abriendo mucho los ojos-. ¿Implantar una pista falsa de Ginny Weasley?

-Sí, fue muy explícito conmigo, pero solo esa vez. No ha vuelto a mencionar el nombre de ella conmigo después. Pero esa vez, me escribió el nombre: Ginny Weasley. Quería que tú desmantelaras esa célula de mortífagos.

-Lo recuerdo -dijo Harry, sorprendido-. Eran como doscientos. Casi me matan.

-Y toda tu misión fue por mí. Yo implanté la pista que tú seguías. Ginny Weasley jamás estuvo allí. Esos mortífagos no tenían nada que ver.

-¿Y por qué tú tenías que guiarme hacia ellos?

-No lo sé. Te lo digo. Él jamás nos revela sus intenciones. Solo nos manda instrucciones, y luego su generoso pago. Eso puedo decírtelo. Es alguien con muchísimo dinero. Paga enormes cantidades. Imagina que para que aún jodamos con la máquina mata-mortífagos a pesar de la fama que tienes, Potter. No lo haríamos si no fuera por una gran, gran suma…

-Sigues hablando en plural. ¿Quiénes son los demás?

-Te lo digo, que no lo sé, Potter. Solo sospecho que hay otros. Tiene que haberlos habido. Quizás Rookwood, en su momento, pero no lo sé. Creo que lo que este tipo quiere es tenerte yendo de un lado para el otro, Potter. Esa es mi teoría. Aquella vez debió sospechar que tú estabas tras una buena pista de la Weasley, quizás. Y entonces me envió a implantar esa pista falsa en esa célula de mortífagos. Para mí fue para distraerte. Para quitarte de alguna otra pista que sí era verídica y tú estabas siguiendo. Pero te digo que no lo sé, porque él no dice nada. Solo envía instrucciones.

-¿Él? ¿Escribe las cartas en masculino?

Dolohov rio de forma siniestra.

-Es demasiado precavido, o precavida. Las escribe de una forma que no revela ni siquiera su género.

Harry trató de recordar todo lo posible sobre aquella misión, en 2009. Pero ya habría tiempo para eso.

-Dime qué más sabes.

-Solo eso. Me contrató aquella vez, y luego ahora. Esta fue la segunda. No hubo otras. No creo que repita demasiado a los mortífagos con quienes trabaja. Es extremadamente cuidadoso. Luego de más de diez años sin saber de él, me llegó una carta suya hace unas semanas. Las indicaciones eran claras: enviar cartas a Draco Malfoy y decirle que Dolohov, Macnair y Bulstrode secuestrarían a su hijo. Sabía que ellos dos trabajaban para mí.

-¿Qué?

-Sí, sí. Quería que pusiéramos nuestros nombres en las cartas a Malfoy. No sé por qué. No le preguntas sus motivos a alguien que te ofrece diez mil galleons, Potter. O sigues las indicaciones al pie de la letra, o lo rechazas. No hay posibilidad de discusión. Acepté. Estaba desesperado por el dinero. Sabía que corría un riesgo enorme, al escribir mi nombre allí, pero me arriesgué. Luego de intercambiar cartas con él, teníamos que secuestrar al muchacho y llevarlo a esa célula de mortífagos en Irlanda del Norte…

-Aquel edificio donde lo tenían secuestrado.

-Exacto. Ellos eran solo una célula más de nuevos mortífagos, como los llamas tú. No tienen nada que ver con todo esto, solo hacen estafas y cosas así, y tenían su edificio de operaciones allí. Pero las cartas eran claras: llevar a Scorpius allí, negociar con los mortífagos y ofrecerles una suma para que mantengan al muchacho allí, cautivo. Sabes cómo son. Son mercenarios. No les importa nada más que el dinero. Aceptaron de inmediato y custodiaron al muchacho.

-Lo que este tipo quería, entonces, era que yo fuera allí a rescatarlo. ¿Para qué?

-No lo sé. Te lo digo. Teníamos que secuestrarlo, para que luego tú lo rescataras. Parecía ser muy importante que tú pudieras rescatarlo. No quería que lo matemos, ni que el muchacho sufriera ningún daño. Fue explícito con eso.

Harry fruncía el ceño y pensaba a toda velocidad.

-Si me lo preguntas, diría que el tipo quería que murieras. Había muchísimos mortífagos allí. Debe querer librarse de ti, pero como eres una máquina asesina sabe que no tiene posibilidades contra ti. La única forma de acabar contigo y que dejes de investigar era enviándote a una célula con doscientos mortífagos, a ver si te mataban. Pero no, has sobrevivido. De cualquier forma, es solo mi teoría. Él no dice nada, te lo digo.

Harry siguió pensativo.

-Y eso es todo lo que sé -finalizó Dolohov-. Ahora puedes matarme, enviarme a Azkaban, lo que quieras. Sabía que vendrías por mí, pero no tenía elección. Lo hice por mi familia. Ahora ellos tienen el dinero y están escondidos con él, en algún lugar que no me han dicho. Podrán vivir a salvo durante muchos años, si todo sale como lo planeé. Lo he hecho por ellos. Todo esto. Por mi familia.

Se quedó mirando el suelo, y Harry le dirigió una mirada sombría.

Hacía años que no recibía información tan valiosa. Muchos años. Luego de muchos años siguiendo pistas que no llevaban a ninguna parte, ahora el secuestro del hijo de Malfoy había reactivado el caso de una forma insospechada, con ese valioso testigo que era Dolohov; a quien, a diferencia de a los otros, explícitamente le habían nombrado a Ginny en una de las cartas que le enviaron para contratarlo, en 2009.

Desde que descubrió a Lucius Malfoy, en 2010, que no recibía información tan valiosa. Ahora tenía la confirmación de que todos esos mortífagos habían sido contratados por alguien. Lucius mismo, inclusive. Apostaba cualquier cosa a que él también había sido contratado por la misma persona. Y ahora sabía a ciencia cierta que esas contrataciones sí estaban relacionadas con la desaparición de Ginny. O al menos con él, Harry. Al parecer, el objetivo era hacerlo ir de un lado al otro, siguiendo pistas falsas que implantaban a propósito.

Por un lado, no podía evitar pensar que aquello confirmaba su idea de que era alguien que sencillamente quería joderle la vida tanto como fuera posible.

Pero su principal sospechoso, el villano detrás de todo aquello, ahora tenía una forma ligeramente más clara: Era alguien poderoso. Muy poderoso.

Sobre todo, alguien con muchísimo dinero.

Demasiado dinero.


10 de septiembre de 2004


El sol caía a chorros por los altos ventanales de esa antigua casona solariega. Su mano cubierta de costosos anillos descansaba relajada sobre el apoyabrazos de un enarbolado sofá color carmesí con detalles en oro.

La joven tenía el rostro profundamente serio y sus piernas cruzadas. Miraba hacia adelante casi sin pestañear. Provocaba una sensación intimidante.

-¿Tenemos un trato, Ludo?

-Sí, sí, claro, Astoria -el mago esbozó una sonrisa algo fingida y se puso de pie, mirando alrededor enérgicamente-. Tú me ayudas con el asuntito este, y yo te ayudo a ti, ¿vale? Sí, perfecto. Necesito mejorar mi imagen.

-No te preocupes por eso, estás hablando con la persona indicada.

La joven le dirigió una media sonrisa sin demasiada gracia. Entonces giró la cara de súbito hacia el alto ventanal.

-Draco está llegando -anunció-. Vete con polvos flú.

-Sí, claro -nervioso, el mago se apresuró a levantar su maletín del suelo-. Mejor no darle explicaciones a nadie. Sí, sí, mejor me retiro. De acuerdo, Astoria, nos vemos luego.

Pero ella no se despidió. Sus ojos estaban entrecerrados, y observaba fijamente a través del cristal hacia el largo camino que conducía a las escalinatas exteriores de la entrada. No se había movido de su sofá.

-Bueno, adiós... -dijo la insegura voz del mago.

Pero ella siguió en silencio. Oyó un sonido y vio de reojo el resplandor del fuego esmeralda de los polvos flú.

La puerta de entrada se abrió.

-¿Qué hacía ella contigo? -preguntó Astoria de inmediato.

Se miraron fijamente, el recién llegado algo sorprendido.

-Nada, amor, solo estaba acompañándome...

La mujer no dijo nada. Siguió observándolo fijamente de una forma muy penetrante, mientras Draco dejaba su abrigo en un perchero.

-¿Por qué tardaste tanto en volver?

Él no contestó de inmediato. Se desabotonó la parte superior de la camisa y miró a su novia.

-Solo estábamos dando un paseo, amor.

Astoria volvió a quedarse en silencio. Observó a su novio desde su asiento, mientras este cruzaba la sala hasta la otra punta. Entonces sus ojos giraron lentamente hacia la ventana otra vez, justo a tiempo para distinguir la melena pelirroja de Ginny Weasley agitarse en la distancia mientras la chica se Desaparecía.

Los dedos cubiertos de anillos apretaron el apoyabrazos del sofá con extrema fuerza.