Hermione y Malfoy se miraron a los ojos, en ese momento lleno de tensión.
Pero entonces aparecieron nuevos rayos de luz, nuevos hechizos.
La varita de Malfoy voló fuera de sus dedos y este, sorprendido, cayó hacia atrás, petrificado. Otro hechizo tomó por sorpresa a Hermione, que cayó nuevamente encima de la mesa inclinada, petrificada también, otra vez.
Riéndose de una forma enfermiza, Stevens se puso de pie, con su varita en alto.
-Vaya, vaya... -dijo, limpiándose un hilo de sangre de la cara, sus ojos endemoniados mirando a ambos magos, mientras los apuntaba con su varita por turnos-. Me tomaste por sorpresa, Malfoy -dijo, mirando a este con desprecio-. Admito que no me lo esperaba para nada -se acercó a él y le dio una patada en la cara, haciendo que la nariz de Draco se rompiera y su sangre salpicara el suelo-. Pero veo que no eres muy inteligente. Debiste petrificarme, como yo a ustedes ahora. Esos hechizos que me lanzaste dolieron, de verdad que sí, fueron dolorosos… pero no me dejaron inconsciente.
Sin dejar de reír, volvió a acercarse a Hermione, que estaba petrificada otra vez y con el alma por los pies.
Toda la esperanza y alivio que había sentido momentos atrás desapareció, y la oscuridad se cernió sobre ella otra vez.
-Bien, Hermione Granger, te llegó la hora -dijo Stevens, acercándose a ella con demencia al tiempo que se quitaba la camisa, dejando a la vista un pecho gordo y peludo que la repugnó. El mago se quitó también los pantalones, riendo a carcajadas. -No me molesta tener un espectador. Disfruta del show, Malfoy.
Se veía a través de sus calzones que tenía el pene duro. El mago se acercó a Hermione con esa cara de perverso y se lanzó sobre ella como una hiena hambrienta.
Entonces, los ojos de Hermione se clavaron en la varita de Malfoy, que estaba tendida en el suelo a pocos metros de distancia.
De pronto, esta empezó a vibrar, moviéndose algunos centímetros en el lugar.
Stevens se lanzó sobre Hermione y empezó a besarle la cara con locura. La situación hizo que el estómago de la mujer se contrajera y que el horror trepara por su espalda de inmediato. Sentía la barriga del mago aplastarla, sus rechonchas manos cerrándose en sus glúteos, su pene duro contra su pierna, mientras el hombrecillo en ropa interior se calentaba contra su cuerpo, pasándole la lengua por toda la cara y frotando sus partes contra ella de forma enloquecida...
Y entonces, de súbito, la varita de Draco salió volando por los aires y aterrizó en la petrificada mano de Hermione, clavándose entre sus dedos.
Un segundo después, Stevens salió volando por los aires en ropa interior, gritando mientras caía hacia atrás, golpeado por un potente maleficio.
Hermione se movía de nuevo, y tenía la varita sujeta con fuerza ahora, apuntando a su atacante. Malfoy miraba desde el suelo, petrificado y muy sorprendido.
La mujer se limpió la saliva de la cara con la manga y empezó a caminar hacia Stevens, que había caído al suelo a varios metros de distancia, con los ojos lanzando chispas de la más profunda ira.
Ella misma había convocado la varita del suelo de forma muda y sin usar otra varita para ello, solo con su mente. Y luego la había utilizado para lanzar al mago por los aires y quitarse la maldición de la parálisis.
Impresionado, Draco observó cómo la mujer se acercaba a Stevens, que yacía en el suelo y la miraba aterrado. Hermione se estremeció desde la cabeza hasta los pies.
Entonces, explotó en un ataque de ira, como una bomba detonándose, acribillando el aire con su varita contra el mago semidesnudo con cruda violencia.
-¡CRUCIO! ¡CRUCIO! ¡CRUCIO! ¡CRUCIO! ¡CRUCIO! ¡CRUCIO!
Hermione descargaba su varita con furia sobre el enorme cuerpo del mago, y mientras lo hacía este se sacudía en el suelo, se alzaba centímetros en el aire y volvía a caer con todo su peso.
Empezó a perder sangre, mientras su cuerpo era golpeado con violencia, y Hermione rompió a llorar, sin dejar de lanzarle el mismo maleficio una y otra vez, hasta que finalmente la varita de Draco cayó de sus dedos, que temblaban sin control. Ella se arrodilló en el suelo y se tapó la cara con ambas manos, mientras lloraba de forma descontrolada.
Stevens ahora sí estaba inconsciente, con aspecto de haber muerto.
Luego de lo que pareció una eternidad, Hermione dejó de llorar. Se incorporó, tomó la varita de Malfoy otra vez y la usó para quitarle la parálisis. Malfoy se puso de pie, mirándola con preocupación.
-Lo siento -fue lo primero que dijo-. Debí petrificarlo…
Ella no dijo nada. Malfoy se acercó a Stevens y le tomó el pulso. Su nariz aun chorreaba sangre por la patada que este le había dado.
-Aún está vivo -dijo-. Tenemos que llamar al Departamento de Aurores. ¿Quién está a cargo?
-Yo -dijo ella, tratando de recobrar la normalidad. Malfoy volvió a mirarla impresionado.
-Oh -dijo, simplemente.
-¿Cómo…? ¿Y cómo nos encontraste tú? -dijo la mujer, mirando a Malfoy ahora.
-Yo… Estaba en el centro. Vivo aquí.
-¿Cómo que vives aquí? -Hermione, finalmente, encontró su propia varita, en una mesa a varios metros de distancia, en ese desierto galpón en el que estaban. No se sintió a salvo hasta que la tuvo de nuevo en su mano, firme.
-Mi mansión está en las afueras de este pueblo -explicó Malfoy-. Vine aquí al centro a hacer compras, en los comercios de magos que están escondidos. Entonces te vi en la calle, corriendo, persiguiendo a esa mujer rubia… Te reconocí y te seguí para ver qué pasaba. Luego vi que se desapareció, y me escondí tras un auto y vi que este gordo te golpeaba y te arrastraba por el suelo, hasta aquí. No creo que tuviera este sitio preparado. Se veía más bien como que lo improvisó. Esto es un galpón muggle abandonado, no estamos lejos del lugar donde te dejó inconsciente. Usó encantamientos desilusionadores para arrastrarte hasta aquí sin llamar la atención de los muggles, pero no los hizo muy bien, así que yo aún podía verlos. Lo seguí hasta aquí, sin que me viera, y vi que aplicaba encantamientos para que no se oyeran ruidos desde la calle. Luego esperé, porque no sabía si era poderoso, o si podría vencerme. Esperé oculto por allí -señaló un rincón oscuro-, hasta que lo vi con la guardia baja, justo antes de atacarlo. ¿Quién es, por cierto? ¿Lo conoces?
Draco lo miraba con asco ahora.
-Trabaja en mi misma oficina -dijo Hermione, pero no dejaba de mirar a Draco con desconfianza-. Qué curioso, ¿no lo crees? Hace unos días tú y yo nos escribíamos cartas por primera vez en la vida, quizás, y ahora…
-Lo sé -dijo él, frunciendo el ceño-. También me parece una gran casualidad. Aunque eras tú la que estaba aquí, en mi pueblo. ¿Qué hacías aquí?
-No estás en posición de preguntarme nada -dijo ella-. Me llevaré a este… a esta basura de aquí para interrogarla. Y cuando termine con él, lo haré contigo.
-Me parece perfecto -dijo Malfoy-. De hecho, eso fue lo que te pedí en mi última carta, ¿recuerdas? Una reunión, contigo y con Potter.
-Perfecto, con Harry también, me da igual.
Hermione se aseguró de dejar bien petrificado a Stevens, y entonces lo hizo levitar mediante magia en el aire, ante ella. No quería tocarlo.
-Gracias por el intento de rescate, por cierto. La próxima vez no te tardes tanto en aparecer en acción, y asegúrate de que quede bien petrificado.
-De nada -masculló Malfoy irónicamente, con una mueca de desprecio.
-Te escribiré lo antes posible -dijo ella, antes de marcharse-. Y me explicarás bien qué cosa estabas yendo casualmente a comprar por aquí.
Dicho eso, Hermione giró sobre sí misma con Stevens y se Desapareció.
-Entonces… ¿Segura de que estás bien?
Hermione asintió, con sus dos manos rodeando su taza de café. Era tarde en la noche. Harry había llegado a la casa momentos atrás, y ni bien ingresó supo que algo le había pasado a su amiga, por su cara. Así que dejó su capa de viaje en el perchero y fue directo hacia ella, que le contó todo lo que había pasado ese día.
-Sí, estoy bien -dijo ella, mirándolo y asintiendo-. No es nada. Solo me quedó… el impacto, no sé.
Se estremeció, su cuerpo sacudiéndose con el recuerdo del horror que había vivido.
-Y estás segura de que…
-Sí, no tiene nada que ver con nada, Harry. Lo interrogué bien. Con veritaserum. Solo es un pervertido enfermo que estaba obsesionado conmigo desde hace muchos años. Me dijo que tiene una habitación llena de fotos mías en su casa, y que una vez se metió en mi antiguo Departamento del Ministerio, cuando yo trabajaba en él, y me sacó fotos… Era un enfermo. Un psicópata.
"Hace unos días me aplicó un rastreador. Un dispositivo de magia negra que venden en esos lugares oscuros, como Borgin y Burkes. Lo metió en un cajón de mi escritorio. El aparato tiene movilidad propia, y se metió en mi bolso. Con eso, podía rastrearme y saber dónde estaba. Por eso supo que estaba en ese pueblo, me siguió con ese rastreador y me atrapó allí…
No podía quitar su cara de repulsión y horror, mientras relataba aquello.
-Pero no sabía nada de Ginny ni de Scorpius. Tampoco fue él el que mató a mi madre, ni sabe quién lo hizo. No tiene nada que ver con nada. Fue… algo aparte. Aislado de lo demás.
-Solo te pregunté porque, bueno, estábamos buscando a alguien del Departamento de Aurores, casualmente. Y, además, sabíamos que alguien más andaba detrás de ti. Él podría haber sido el culpable de todo, cerraba perfectamente. Pero no… Si estaba bajo los efectos de la poción y te dijo que él no fue el que se hizo pasar por mí en tu casa, ni tampoco le pasó la información a nadie de que no habías ido a trabajar ese día…
-No, no fue él -confirmó ella-. Me aseguré de interrogarlo bien. Y luego lo envié directo a Azkaban, donde pasará un largo rato. Me encargaré personalmente de ello.
Harry le dirigió una mirada de soslayo y asintió. Pensó que la mujer necesitaba pensar en otra cosa, olvidarse de lo que había vivido. Así que, a falta de un mejor tema de conversación para distraerla, le contó todo lo que él había averiguado en su viaje. Luego ella le contó que Malfoy quería tener una reunión con ellos dos.
-Sí, claro, no hay problema -dijo Harry, pero no parecía muy interesado.
Ella frunció el ceño al observar su reacción, confundida.
-¿No sospechas de él?
-¿De Malfoy? No -Harry revolvió su propia taza de café, que se acababa de hacer. No parecía interesado en Draco en absoluto.
-Pero él… es Malfoy -dijo Hermione, sorprendida por esa falta de interés por parte de Harry-. Es el hijo de Lucius. Pensé que él, sobre todas las personas…
-Malfoy no tuvo nada que ver con lo de Ginny, y no sabe nada tampoco -dijo Harry, totalmente convencido de ello, como si no valiera la pena hablar al respecto.
Hermione fruncía el ceño, con desconfianza.
-¿Cómo estás tan seguro?
-Porque lo interrogué con veritaserum, hace muchos años -explicó él, sencillamente, bebiendo su café-. Necesito un trago.
Hermione revoleó los ojos, mientras Harry sacaba una botella de vodka de fuego del armario tras ellos y bebía del pico.
-Fue un largo día -dijo en su defensa.
-¿Sabes?, creo que no me vendría mal un poco.
Hermione extendió la mano. Harry le pasó la botella, y la mujer empezó a beber del pico también. Harry lucía algo sorprendido por la escena, pero no dijo nada.
-¿Cómo sabes que Draco no usó la misma técnica que su padre contra el veritaserum? -preguntó la mujer, dando otro largo trago a la botella y limpiándose la boca con el dorso de la mano antes de pasársela a Harry otra vez, que no salía de la sorpresa por su actitud.
-Esa técnica… Es algo muy avanzado. Es rarísimo. Jamás la vi en nadie más. Por suerte. Imagina si todos la supieran, sería un caos obtener información… Pero supe que Draco no la sabía, por la forma en que reaccionó a la poción y respondió a todo con la verdad. Se nota cuando la poción hace efecto en la gente. Es algo que percibes. Yo pude percibir en Lucius, el día que pasó con él, que no había tenido efecto.
La explicación de Harry no dejó totalmente convencida a Hermione, que volvió a beber del pico de la botella, tragando demasiada cantidad de vodka en muy poco tiempo.
-Quizás deberías… beber un poco más lento -sugirió Harry con precaución-. Cuando lo haces así de rápido, te pega más fuerte y… quizás acabes vomitando.
Ella no dijo nada. Bajó la botella de su boca con un aspecto bastante más ebrio que un rato atrás y se la pasó a él, que bebió un trago también.
-Me alegra que hayas podido defenderte de ese enfermo de Stevens -dijo Harry-. Siempre me pareció un nerd algo extraño, y todo eso. Pero creía que era inofensivo. No puedo creer que te haya hecho eso… Si no lo hubieras logrado… Si no te hubieras podido defender…
Harry tenía una mirada mezcla de terror y de furia, ante la idea de que las cosas hubieran resultado peores.
-Muy pocas veces un mago o bruja consigue hacer un encantamiento sin una varita, ¿sabes? -dijo Hermione, clavando en Harry una mirada alcoholizada que se movía ligeramente hacia un lado-. Es algo de una vez en un millón... Debí estar en una situación muy extrema para haberlo conseguido.
-Sí, absolutamente -coincidió Harry.
-No quiero hablar más de ese tipo.
-De acuerdo.
-No sé cuánto tiempo pasará antes de que… -se estremeció-. Antes de que deje de recordar su respiración inmunda en mi oído… Ese aliento asqueroso que tenía… Su mirada enferma…
Hermione se quedó en silencio, volvió a tomar la botella y se quedó sosteniéndola, mirando hacia la nada con una expresión de asco y horror.
Harry lucía especialmente atormentado en ese momento.
-Hermione... -dijo lentamente, sumido en pensamientos.
-¿Sí?
-¿Crees que soy un monstruo?
-¿Qué?
No parecía que Hermione hubiera oído bien. Se había puesto a beber nuevamente y sus ojos no enfocaban a Harry correctamente.
-No he hecho más que matar gente estos años... Es decir, sé que eran mortífagos, pero... Dolohov ha dicho que escondió a su familia para protegerlos... Para protegerlos de mí.
-Harry... No eres un monstruo -dijo Hermione, acabando de vaciar el resto de la botella ella sola.
Pareció que iba a decir algo más, pero entonces cayó hacia adelante, con la cabeza sobre los brazos, profundamente dormida.
Harry la alzó en brazos. Con sus enormes músculos, su cuerpo delgado no era nada difícil de cargar. La llevó hasta la habitación y la recostó en la cama. Luego le quitó las zapatillas y la tapó hasta el cuello.
-Buenas noches, Hermione -dijo.
Salió de la habitación, cerró la puerta y se fue al sofá, donde pasó varias horas mirando al techo y pensando en Dolohov.
17 de junio de 2006
-Lo siento, Peakes, pero no tengo tiempo para esto.
Kingsley revolvió algunos papeles que había sobre su escritorio, al parecer concentrado en otra cosa.
-Lo único que pido es una explicación -dijo el auror, con la voz temblando por los nervios.
-La explicación es sencilla, Peakes -dijo Kingsley, distraído-. Potter se ha ganado el puesto. No es que tú no seas un buen auror. Lo eres, eres un gran auror...
-He finalizado mis estudios de forma anticipada y con calificaciones sobresalientes -decía Peakes, que parecía estar conteniéndose para que su voz no sonara acusadora. Se notaba que medía sus palabras, intentando no causar un exabrupto ante el Ministro de la Magia. -Todos mis profesores me hicieron notas de recomendación, he destacado entre todos mis compañeros en el entrenamiento para ser auror. Recibí premios al mejor duelista, mejor investigador, mejor análisis de la escena del crimen...
-Estoy muy al tanto de tus logros, Peakes -dijo Kingsley, con toda tranquilidad, abriendo un cajón para tomar un pergamino en blanco y una pluma-. Te recomiendo seguir manteniendo el buen trabajo y evitar compararte con tus compañeros de Departamento. Creo firmemente que un buen mago es el que lucha por el bien de forma desinteresada. No para ser el mejor, sino para ser útil a la comunidad mágica, para contribuir a hacer el bien.
"Potter quiso entregar su vida con solo diecisiete años cuando pensó que eso era necesario para detener a Lord Voldemort. No estaba pensando en sí mismo, en ser el mejor y destacar entre los demás. Te recomiendo seguir sus pasos. Piensa un poco más en la gente a la que debes servir y menos en tus propios intereses personales.
Peakes tenía la mirada clavada en el Ministro de la Magia, pero este ni siquiera lo miraba. Se puso a escribir una carta, claramente indicando que esa reunión había terminado.
Pero Peakes insistió.
-Potter no está bien de la cabeza -dijo entonces, en un último intento-. No creo que esté en condiciones de ejercer el cargo de Jefe de Departamento. Desde que desapareció su prometida...
Kingsley arqueó las cejas y finalmente alzó la mirada hacia él.
-¿Qué insinúas?
-Quiero solicitar, señor Ministro, que un experto evalúe el estado mental de Potter. Si resulta no estar apto mentalmente, considero que soy la persona más calificada después de él para ejercer este cargo.
Kingsley se quedó en silencio, observando a su interlocutor con atención.
-¿Estás tratando de usar la tragedia personal de Potter a tu favor, Peakes?
Este midió sus palabras con mucho cuidado antes de responder.
-Claro que no, señor Ministro. Lo que intento decir es que...
-Ese caso aún está abierto, y ahora mismo cualquiera puede considerarse sospechoso -dijo Kingsley, con gravedad.
Hubo un silencio. Peakes continuaba extremadamente precavido, pero al mismo tiempo parecía embargado de emociones demasiado intensas para seguir conteniéndolas mucho más tiempo.
-Disculpe, señor Ministro. No pretendo usar la tragedia de Potter a mi favor, ni nada parecido. De verdad considero que su estado mental no es el apropiado. Solo es eso.
-De acuerdo -Kingsley asintió, pero no dejaba de analizarlo con la mirada-. Consideraré tu opinión sobre Potter, Peakes. Ahora te pido que demos por concluida esta conversación y que vuelvas al trabajo.
-Sí, señor. Buenas tardes.
Peakes se puso de pie y se marchó de allí.
Mientras andaba por los pasillos del Ministerio de la Magia, de regreso al Departamento de Aurores, la furia que lo embargaba rebalsó los límites del autocontrol. Se detuvo en medio de un corredor donde no había nadie, arrugó la cara con una expresión de profundo odio y le dio un puñetazo a la pared con todas sus fuerzas.
