Hermione y Harry se aparecieron, uno junto al otro, en medio de una calle desierta del pueblo de Little Chippenham. Hermione se abrazó a sí misma, mirando alrededor con temor.

-¿Por qué no pudimos aparecernos directamente delante de la mansión Malfoy? Este lugar me aterra.

-Lo siento, a mí tampoco me gusta este pueblo de mierda -dijo Harry, empezando a caminar hacia una esquina-. Pero quería ver si nos cruzábamos a la bruja rubia que dijiste. Podría ser la oportunidad para capturarla y ver quién es y por qué nos está siguiendo.

Avanzaron juntos por las calles del centro, donde había menos gente esa mañana que la última vez que Hermione lo había visitado, aquel desagradable día que jamás olvidaría.

-Jamás te conté que yo viví aquí, ¿verdad? -dijo Harry, mirando alrededor con el ceño fruncido.

-¿Qué? ¿Tú has vivido aquí?

-Unos meses -dijo él-. Fue el primer lugar en el que he vivido luego de la desaparición de Ginny. En 2005. Me mudé al instante, y no le dije a nadie que vivía aquí.

Harry se quedó mirando la esquina en la que había encontrado a Lila, su perra, todos esos años atrás. Era una perrita de la calle entonces, que comía basura y lucía desnutrida. Él la había alimentado y adoptado.

-En aquel callejón solía comprar, hay un par de negocios de magos, ocultos mediante magia -le contó a Hermione, señalando una calle que salía a la izquierda-. Por allí compré a Hedwig Junior, en un emporio de lechuzas pequeño que también es un negocio de ramos generales de magos, donde venden algunas varitas, para salir del apuro, calderos, y cosas así. Lo atiende una bruja de cara ancha, algo extraña. Son negocios comunes en los pueblos pequeños donde hay algunas familias de magos. Para no tener que ir hasta Londres para comprar esas cosas.

Hermione parecía sentirse mejor respecto al pueblo ahora.

-Quizás no es tan malo -dijo entonces, más alegre-. Yo solo tuve… una mala experiencia. Pero quizás me hubiera gustado vivir en pueblito así, pequeño, tranquilo…

-Sí, pero lo que aprendí viviendo aquí, por desgracia, es que realmente es un pueblo de mierda. Los magos aquí son todos sangre pura, y han vivido durante generaciones en este lugar. Son todos iguales a los Malfoy. No me extraña que construyeran su mansión por aquí, en primer lugar. Hay lugares mejores. De cualquier forma, aquí fue donde empezó… Mi vida post Ginny.

-Creo que sé por qué elegiste este lugar para vivir, en esa etapa de tu vida…

-Sí, claro. Estaba obsesionado con Malfoy. En ese entonces sí era mi principal sospechoso. Quería vigilarlo de cerca. Estar tan cerca de su mansión como fuera posible. Del lugar de los hechos, donde había ocurrido todo.

Avanzaron por un camino rural que se alejaba del pueblo, y finalmente apareció ante ellos: Imponente, enorme y con aspecto ostentoso por donde se la mirara, con falsos flamencos rosados en sus cuidados jardines delanteros: la mansión Malfoy.

-Adelante -dijo Draco, serio, al abrir la puerta, momentos después. Se hizo a un lado y los hizo pasar.

Harry no estaba feliz de regresar allí. Le traía recuerdos de la Segunda Guerra Mágica y de la fiesta en que había desaparecido Ginny. Era quizás el peor lugar que existía en el mundo para él.

Hermione y él entraron a un salón recibidor enorme con ventanales muy altos y muchos sofás. En uno de ellos estaba sentada la esposa de Draco, Astoria. La mujer los observaba desde la comodidad de su sofá, con una expresión imponente. Llevaba una túnica larga y elegante que recordaba a un vestido de época, y sus dedos descansando en el apoyabrazos estaban cubiertos de anillos que lucían costosos.

-Buenas tardes -les dijo. Harry le dirigió un saludo con la cabeza y se cruzó de brazos en medio de la sala, observando alrededor.

-¿Quieren tomar algo? -preguntó Draco.

-No, gracias -dijo Harry, girando la cara hacia Hermione, que negó también-. Malfoy, ¿puedo hablar primero contigo a solas, un minuto?

Este pareció sorprenderse por aquello, pero no se negó.

-Sí, claro.

Harry y él salieron de allí y entraron en una sala conexa, también llena de cuadros y muebles ostentosos y antiguos. Draco cerró la puerta tras ellos.

Pero Harry no habló al instante. Estaba mirando la decoración con mucha atención.

-¿Qué es eso? -le preguntó, señalando una de las paredes. En ella, colgaba el escudo de un equipo de Quidditch. -¿Te gustan las Arpías de Holyhead? Es su escudo.

-Compré el equipo hace años -comentó él-. Soy el dueño. Bueno, la idea fue de Astoria, en verdad. Pensó que era un grupo de chicas que jugaban muy bien, así que lo compramos. Sí que juegan bien, ¿no crees?

-Ginny jugaba en él -dijo Harry en voz baja, mirando a Draco fijamente.

-Sí, lo sé -respondió él de inmediato, sin inmutarse-. Yo era su amigo en esa época. Estoy seguro de que lo recuerdas, teniendo en cuenta que no la dejabas en paz por ello.

Alzó ambas cejas. Ambos se miraron fijamente, en silencio, con los ojos entrecerrados.

-¿Qué querías decirme en privado?

Harry lo estudió con la mirada antes de contestar.

-Quería agradecerte por salvar a Hermione -dijo Harry entonces. Draco cambio su expresión por completo, lleno de sorpresa ante aquello. -Y pedirte disculpas por haber lanzado a tu hijo de un auto volador.

-De nada -dijo Draco rápidamente, de una forma tensa-. Gracias por haber rescatado a Scorpius. Supongo que estamos a mano.

Harry vio que Draco le tendía una mano. Lo miró a los ojos y se la estrechó. Ambos asintieron, serios, y la tensión se relajó sensiblemente.

-¿Volvemos con nuestras mujeres? -dijo Draco.

Harry frunció el ceño.

-Hermione no es mi mujer.

-Sí, claro -Draco sonrió, con una mueca. Abrió la puerta y la sostuvo para que Harry pasara primero.

Los dos regresaron al salón, donde las dos mujeres estaban sentadas en sofás enfrentados, en silencio.

Harry se sentó junto a Hermione en aquel sofá tan ostentoso como el resto del salón. Observó que este parecía tener partes de oro en las patas y apoyabrazos. Todo alrededor inspiraba a dinero: los cuadros, las esculturas, y había elfos domésticos limpiando; lo que no pareció gustarle nada a Hermione, que los miraba con una expresión de rencor.

-De acuerdo -Draco se aclaró la garganta-. Astoria y yo queríamos verlos, a ambos. Como le dije a Granger en la carta que le envié, y luego personalmente.

-Sí, Malfoy y yo nos escribimos algunas cartas -le explicó Hermione a Harry-. Luego de la misión de rescate de Scorpius, le escribí para preguntarle cómo estaba él. Y luego él me dijo que quería que nos reuniéramos.

-Bien -dijo Harry, mirando a Malfoy y Astoria-. Pues aquí estamos.

-Entonces iré directo al grano -dijo Draco, aclarándose la garganta-. Astoria y yo queremos unirnos a ustedes.

Ese comentario fue seguido de un breve silencio.

-¿Qué? -dijo Hermione, sorprendida.

-Queremos unirnos a ustedes -repitió él-. Sabemos que llevas años buscando a Ginny, Potter. Es decir, ¿cómo podríamos no saberlo, verdad? Has estado detrás de nosotros, respirando en nuestra nuca, siguiéndonos por todos lados a donde sea que fuéramos, desde que eso pasó hasta que finalmente lograste hacernos beber veritaserum de forma ilegal, sin permisos del Ministerio.

-No entiendo -dijo Harry, con tranquilidad-. ¿Quieren unirse a nosotros, o echarme esas cosas en cara? Porque si quieres denunciarme por lo del veritaserum, Malfoy, estás en todo tu derecho. Puedes ir al Ministerio e informarlo en la parte legal.

-Ya lo habría hecho hace años, si hubiera querido -dijo él-. No, no los he hecho venir para echarles nada en cara. Pero Granger, primero debes saber qué pasó: Él solo ha dejado de seguirnos por todos lados cuando finalmente nos forzó a tragar esa poción. Y recién ahí nos dejó en paz. Antes de eso, nos seguía todo el día, a todos lados. Pero jamás lo hemos denunciado, aunque podríamos haberlo hecho tranquilamente.

-Sí, ¿por qué no lo hicieron? -preguntó Hermione, con desconfianza.

-Porque sabíamos por qué lo hacía, y tenía sentido -dijo Astoria, hablando por primera vez.

Todos se la quedaron mirando. La mujer realmente intimidaba. Su mirada era tan potente que parecía observar más allá de los ojos de ellos, como si pudiera verlos directo al alma. Sus finos labios curvados hacia abajo no sonreían jamás.

-Mi padre organizó ese ataque -explicó Malfoy-. Ocurrió en esta casa.

-Y yo fui la última persona que vio a Ginny con vida -agregó Astoria.

-Estaba claro que Harry tenía motivos para sospechar de nosotros -dijo Malfoy-, y ponerlo en nuestra contra no nos iba a beneficiar en nada.

-Le hacen honor a la casa Slytherin -murmuró Harry en voz baja-. Fue una estrategia, entonces. Para salir lo mejor parados posible ustedes mismos.

-Mi familia era la principal sospechosa, todo apuntaba a nosotros. Por eso, finalmente, dejamos que nos dieras esa inmunda poción, para que ya dejaras de sospechar de nosotros, Potter. Para sacarte de encima mío y de mi familia.

-Bien, eso está ya aclarado hace tiempo -Harry se cruzó de brazos-. No sospecho de ustedes. Lamento haberlos acosado durante años. Pero, como bien dijiste, Malfoy, tenía mis motivos. Repito: ¿Qué tiene esto que ver con que quieran unirse a nosotros? Porque lo que dices parece contradecirse con eso.

-Déjame terminar, Potter -dijo Malfoy, frunciendo la nariz-. Con eso aclarado, ya no deberían quedarles dudas de que nosotros jamás tuvimos nada que ver con lo que pasó, y de que mi padre jamás nos dijo por qué planificó esa fiesta y ese ataque, ni tampoco nos reveló jamás si alguien lo contrató para hacerlo o qué pasó. Hasta ese punto estamos de acuerdo, ¿verdad?

Harry asintió, sin mostrar demasiado entusiasmo. Hermione parecía más dubitativa.

-Pues bien -continuó Malfoy-. Entonces, teniendo en cuenta que siempre hemos colaborado con esto… -Harry puso los ojos en blanco ante la palabra "colaborado", pero Malfoy lo ignoró-. Sé que tú, Potter, estás a cargo de la investigación por el secuestro de nuestro hijo. Y no me caben dudas de que no te interesa en lo más mínimo saber por qué lo secuestraron esos mortífagos, o si tienen algo contra nosotros, o si vendrán de nuevo a buscarnos, a menos que eso tenga una relación con tu caso. Sé que solo quieres descubrir tú misterio, el caso que a ti te importa. Pero como a mí sí me importa mi familia, quiero unirme a ti en la investigación. Y Astoria también. Necesitamos descubrir por qué secuestraron a nuestro hijo.

Harry arqueó las cejas.

-¿De eso se trata? Bien…

A continuación, Harry le reveló a Malfoy todo lo que sabía de Dolohov. Este lucía muy sorprendido. Al parecer, no esperaba que Harry fuera a compartir ninguna información con él. Se quedó momentáneamente aturdido antes de responder.

-¿Estás diciendo que alguien le pagó a Dolohov para que lo hiciera? ¿No fue él quien planificó todo?

-No.

Malfoy se quedó pensativo y asintió.

-Todo empezó cuando nos enviaron las cartas, amenazándonos...

-¿Y qué decían, exactamente? -preguntó Hermione.

Junto a ella, Harry sacó una petaca de su abrigo y se la llevó a la boca, pero estaba vacía. Se había olvidado de llenarla.

Malfoy se lo quedó mirando, y entonces sacó otra petaca, de su propio abrigo, y se la tendió. Le estaba convidando de la suya.

Con desconfianza, Harry la tomó y la examinó. De inmediato, se la pasó a Hermione.

-No es, ¿verdad?

-No -dijo ella, entendiendo a la perfección-. Era plateada, esta es dorada.

-¿De qué están hablando? -preguntó Astoria, frunciendo levemente el ceño.

-De una petaca con poción multijugos... que alguien usó con Hermione -explicó Harry brevemente.

-Veo que la desconfianza no cesa por aquí -dijo Malfoy.

Harry bebió el trago de Malfoy y se la devolvió, haciendo una mueca.

-Sea lo que sea esto, es muy fuerte.

-No es fácil superar el secuestro de un hijo, ¿sabes? -dijo él, dándole un trago también-. También tengo mis asuntos con el alcohol.

-Existen los vasos -comentó Hermione, arrugando la cara. Los otros dos se la quedaron mirando.

Astoria tenía la mirada en los ventanales, distraída, con su expresión igual de seria.

-Las cartas decían que secuestrarían a Scorpius -dijo Harry, mirando a Hermione-. Las hemos analizado en el Departamento de Aurores cuando empezamos la búsqueda. Pedían a Malfoy que no fuera al Ministerio ni que nos alertara los aurores, o matarían a su hijo.

-Nos las enviaron incluso antes de secuestrarlo -explicó Malfoy-. Advirtiéndonos que lo harían, antes de hacerlo. Scorpius estaba aquí con nosotros, porque aun no habían empezado las clases en Hogwarts. Al principio, pensamos que era el intento desesperado de algún mortífago por conseguir oro. Asustarnos con eso, sin siquiera haberlo hecho, para que le enviáramos oro a cambio de evitar el presunto secuestro. Aumentamos la seguridad de Scorpius y no dijimos nada al Ministerio para respetar esa advertencia de las cartas. Supusimos que habría más cartas o que algo más pasaría. Pero, en lugar de llegar otra carta que sí pidiera oro, una noche Scorpius desapareció. Lo secuestraron de aquí mismo, de esta casa, a pesar de todas las medidas de seguridad extremas que habíamos agregado.

-Dolohov trabajaba con una célula de mortífagos enorme -dijo Harry-. Tenían medios para actuar mucho más grandes que tu seguridad privada.

-Exacto -Malfoy asintió-. No era una simple amenaza para sacarnos oro como yo pensé. Esto se trató de algo mucho más grande, de un operativo enorme. Entonces sí fuimos al Ministerio, a pesar de que las cartas habían sido explícitas en que no lo hiciéramos.

-No lo entiendo -Hermione tenía la frente arrugada-. En el auto volador, Harry te presionó para que le pasaras los nombres de los autores del secuestro, Malfoy. ¿Cómo sabías tú...?

-Porque Malfoy no se detuvo con ir al Ministerio -le explicó Harry-. Luego de eso, inició una búsqueda y una investigación por cuenta propia.

-Sí, claro -explicó él-. No iba a depositar mis esperanzas de volver a ver a mi hijo con vida únicamente en ti, Potter.

-Yo imaginé que habría utilizado su oro para contratar investigadores privados -dijo Harry, mirando a Malfoy a los ojos con seriedad-. Porque pronto me llegó la información de que Malfoy sabía exactamente quiénes eran los secuestradores.

Hermione miró a Malfoy con el ceño fruncido, cruzada de brazos.

-Hemos hecho todo lo posible por encontrar a los autores del secuestro -dijo Malfoy-. Pero te equivocas, Potter. No contratamos investigadores privados.

-¿Y entonces?

-Nosotros mismos nos pusimos en acción. Estuvimos recopilando pistas, interrogando magos...

-¿Ustedes?

-Astoria y yo estamos entrenados en las técnicas más avanzadas de duelismo mágico -explicó Draco-. Hace años que entrenamos a diario, con los mejores expertos.

-Vaya, eso no me lo esperaba -reconoció Harry.

-¿Así que ustedes mismos descubrieron a los secuestradores? -preguntó Hermione, impresionada.

-No exactamente -admitió Draco-. La verdad es que no tuvimos mucho éxito. Pero, finalmente, nos llegaron nuevas cartas de los secuestradores, donde... -arrugó la cara-... donde ellos mismos nos confesaban sus nombres: Dolohov, Bulstrode y Macnair.

Hermione se volvió para mirar a Harry, totalmente estupefacta. Pero este lucía totalmente tranquilo. Harry ya sabía todo aquello.

-En un principio yo creía que Draco había obtenido esos nombres por cuenta propia -explicó Harry-. Que los había averiguado él mismo. Pero luego, el otro día, Dolohov me dijo exactamente eso. Que la persona que le pagó le encomendó hacerlo así: decirle el nombre real de ellos tres. Era parte del negocio.

-Dijeron que sabían que Astoria y yo estábamos investigando, y que dejáramos de hacerlo. Que los secuestradores eran ellos tres, pero que no fuéramos tras ellos ni reveláramos a nadie quiénes eran, o de lo contrario matarían a Scorpius. Por eso no quería darte los nombres, Potter.

-¿No es eso rarísimo? -dijo Hermione, que seguía con la cara arrugada-. ¿Por qué le revelarían su identidad?

-Y finalmente nos revelaron ellos mismos, en otra carta, la pista que luego te pasé a ti -finalizó Draco-. Con la que finalmente encontraste a Scorpius en Irlanda del Norte, en ese edificio. Fue muy extraño.

-Sí, yo diría lo mismo si no fuera porque hace quince años que vivo esto -resopló Harry, cruzado de brazos-. Así funciona esta gente, Malfoy. Lo que hacen no parece tener sentido. ¿Y sabes por qué? Porque lo que quieren es precisamente eso, que tú le busques el sentido.

-No lo comprendo.

Harry se enderezó en el asiento, y de pronto todos tenían la mirada fija en él. Incluso Astoria, que finalmente la apartó de los ventanales.

-El secuestro de Scorpius fue planificado para que yo siguiera las pistas que te enviaron por carta, y finalmente lo encontrara -explicó Harry, pasando la mirada de Malfoy a Astoria-. Nadie quería matarlo realmente, y no querían tu oro.

-¿Y qué es lo que querían?

-Pues que yo investigara -dijo Harry, que lucía de pronto muy agotado-. Querían que rescatara a Scorpius, que siguiera el rastro de esos tres mortífagos... En síntesis, que hiciera todo lo que hice. Y que parezca real. Por eso los mensajes de que no adviertas al Ministerio, y demás. En realidad, que el Ministerio interfiriera era precisamente lo que buscaban. Que yo interfiriera.

-¿Pero por qué?

-Es la pregunta que llevo haciéndome hace quince años -Harry les dirigió una sonrisa triste y amargada.

-No tiene sentido -dijo Draco, negando con la cabeza-. ¿No están interesados en nuestra familia entonces? ¿Todo esto se trató de ti?

-Sí, así que pueden quedarse tranquilos.

-Es demasiada coincidencia -dijo Hermione, pensativa-. Scorpius es el nieto de Lucius, quien planificó el ataque del 2005...

-El que lo hizo quiere que desconfíes de nosotros -dijo Malfoy, asintiendo-. Sobre el caso de Ginny. Que desconfíes de nuestra familia.

-Harry -Hermione se volvió hacia él-, ¿dices que la persona detrás de todo esto pretendía que descubrieras a Dolohov y lo interrogaras? ¿Es decir que incluso ha planificado que obtuvieras toda la información que él te dijo?

-Eso creo -Harry asintió.

-Si hay una persona haciéndote seguir pistas de un lado al otro hace quince años, a propósito y sin un sentido claro... -Draco clavó su mirada en él-. ¿Por qué sigues dándole el gusto, Potter? ¿Por qué no te detienes?

-Si me hubiera detenido, Draco, tu hijo habría muerto. Además, ¿qué otra cosa puedo hacer?

-Nada de esto pareciera tener sentido -dijo Hermione, estrujándose los sesos.

Harry alzó la mano y Malfoy le pasó la petaca de vuelta. Harry le dio un largo trago.

-¿Ahora te quedarás tranquilo? -le dijo, al pasarle la petaca de vuelta-. ¿Ahora que sabes que el secuestro fue solo una estrategia para llegar a mí?

-No, para nada -Draco negó con la cabeza, muy serio-. Mi familia está en el ojo de la tormenta de esto. Lo sé, quizás lo merecemos, teniendo en cuenta que mi padre planificó aquello... Pero no me quedaré tranquilo. Astoria y yo no descansaremos hasta estar seguros de que nadie volverá a meterse con nosotros. Hasta que el apellido Malfoy deje de estar vinculado contigo y con todo esto en lo que estás metido, Potter. Hasta que tengamos garantías de que dejarán de utilizarnos para llegar a ti.

-No puedo darte esas garantías, Malfoy, porque no soy yo el que está orquestando todo esto.

-Por eso mismo queremos trabajar con ustedes -dijo Malfoy, con convicción-. En conjunto. Con el Departamento de Aurores, con ustedes dos. Tenemos recursos para ayudar. No solo oro, sino también contactos, personas que nos deben favores y que podrían ayudar a desencadenar todo esto.

-No lo sé, Harry... -dijo Hermione, dubitativa. Lucía muy preocupada.

-A ver si entiendo... -dijo Harry-. ¿Estás diciendo que ustedes dos quieren unirse a nosotros? ¿A Hermione y a mí, para investigar esto? ¿Para finalmente dar con la persona que yo estoy buscando hace quince años, el que posiblemente mandó a secuestrar a tu hijo, y que seguramente es el mismo que lo hizo con Ginny aquí mismo, en esta mansión, hace quince años?

Malfoy asintió, muy serio.

-No será hasta que lo encontremos que mi familia quedará totalmente excluida de todo esto -dijo.

Harry compartió una mirada con Hermione, que lucía profundamente perturbada.

-Y a cambio, les ofrecemos eso que te comentaba -insistió Malfoy-: Oro, recursos, contactos... Y nuestras propias habilidades de combate. Que no tienen nada que envidiarle a las tuyas, Potter.

Hermione soltó una risita nerviosa, y Draco le clavó la mirada de inmediato.

-¿Dudas de nuestras habilidades de combate, Granger?

-Sin ofender -dijo ella-, pero Harry puede él solo contra cientos de mortífagos usando solo una varita. Me parece que decir que las habilidades de combate de Astoria y las tuyas "no tienen nada que envidiarle" a las de él, es un poco fuerte...

Entonces, Malfoy se puso de pie de súbito y sacó su varita.

Prácticamente al instante, por puro instinto, Harry hizo lo mismo.

-¡Expelliarmus!

-¡Stupefy!

Draco salió volando por los aires y cayó con un golpe seco sobre la alfombra. Harry hizo un vago movimiento de varita y el hombre se puso de pie nuevamente con esfuerzo, luciendo dolorido.

-¿Estás bien? -preguntó Harry, aun de pie y con la varita sujeta firmemente en uno de sus musculosos brazos.

Malfoy no dijo nada. Parecía avergonzado por la derrota.

-Te lo dije... -susurró Hermione, arqueando levemente las cejas.

Y entonces ocurrió algo que los dejó a todos enmudecidos por la sorpresa: Astoria se puso de pie por primera vez desde que habían ingresado a la casa, un largo tiempo atrás.

Todas las miradas se depositaron en ella.

La mujer dio un par de pasos hacia adelante, con su elegante túnica ondeando tras ella, dirigió sus pálidos dedos cubiertos de costosos anillos hacia su bolsillo y extrajo una varita larga y ornamentada.

Su mirada seria y profundamente penetrante se clavó en Harry, que se puso en guardia, devolviéndole la mirada. Ambos se prepararon para atacar.

Sin pronunciar palabra, el mago y la bruja agitaron sus varitas al mismo tiempo, realizando distintos maleficios de forma muda.

Los maleficios se encontraron en el aire y hubo un par de destellos de luz, que iluminaron toda la habitación.

Y entonces, de una forma limpia y elegante, la varita de Harry voló por los aires, sobre las cabezas de todos los demás, girando en círculos.

Y Astoria la atrapó al vuelo, sin que su cabello negro y lacio se despeinara por un segundo, y sin perder la imperturbable expresión de seriedad en su rostro.

Todos se quedaron petrificados, conmocionados por lo que acababa de ocurrir.

Astoria le lanzó a Harry su varita de regreso.

-¿Cuándo empezamos? -preguntó.


21 de enero de 2005


La noche caía profunda sobre los árboles del Bosque Prohibido. Harry caminaba entre la hierba oscura, pasando como una sombra oculta entre los árboles. Iba solo. Finalmente llegó a un claro, donde la brillante luz de las estrellas era visible.

Había un centauro allí, mirando hacia arriba.

-Firenze -dijo Harry, frunciendo el ceño-. Tú me llamaste. Eras tú a quien vi… en ese sueño.

-Sí, Harry, yo lo hice -dijo él, sin dejar de mirar las estrellas-. He visto una tormenta, Harry. Cerniéndose sobre ti.

-Pero, ¿cómo? Pensé que no era real. ¿Tú puedes convocar a la gente… en sueños?

-Los poderes de los centauros son mucho mayores de lo que la mayoría de los magos comprende -dijo él, e inclinó la cabeza de lado, mientras parecía observar una constelación en particular-. Eres mi amigo, Harry. Siempre lo has sido, has creído en mí. Y debo advertirte.

-¿Advertirme qué cosa?

-Las constelaciones no dejan lugar a dudas… Algo terrible va a pasarte. Pronto. Muy pronto. Algo muy terrible… desgarrador.

-¿Qué va a pasarme?

-Protege a tus seres queridos -dijo él-. Las personas a las que amas corren peligro. Grave peligro.

Harry estaba asustado. Sus ojos estaban muy abiertos, y deseaba que el centauro le diera más información, información más detallada, más precisa.

Firenze bajó la mirada y la depositó en él.

-Hay una sombra -dijo-. Una sombra se cierne sobre aquellos que amas... No tengo más información que esa. Si alguna vez veo otra señal, de algo oscuro a tu alrededor, de algo amenazando a estas personas a tu alrededor… Te llamaré otra vez. Estaremos en contacto, Harry, por medio de tus sueños.


Actualidad


-Harry...

Estaba soñando. Lo sabía.

No había otra forma de que pudiera oír esa voz.

-Harry

-Por favor, vete -susurró Harry, tratando de no abrir los ojos-. No estás aquí.

-Soy yo, Harry.

Harry abrió los ojos.

Ginny estaba delante de él. Lo miraba de cerca, sus ojos castaños fijos en él, su cabello rojo llameante peinado con una raya al costado. Su rostro pálido y con pecas. Era una mujer de poca estatura, pero con una actitud radiante que la hacía destacar. Sus ojos eran brillantes, y lo miraban fijamente. Tenía una expresión decidida. Su belleza era imponente.

Y estaba allí, delante de él.

-He vuelto -dijo Ginny, dirigiéndole una sonrisa.