Harry no decía nada. La miraba fijamente, sin emitir expresión alguna. Alrededor de ellos no había nada. Solo un espacio negro, totalmente vacío. Solo ellos estaban allí.

-He vuelto -repitió Ginny.

Harry le acarició la cara con una mano y derramó una lágrima.

-Ginny -dijo, con cariño. Quería abrazarla, pero no podía moverse. Quería besarla, pero algo le impedía acercarse a ella.

Entonces, un mechón de cabello de Ginny se desprendió de su cabeza y cayó al suelo. Harry miró hacia allí, horrorizado. El mechón de cabello rojo en el suelo era idéntico al que había caído de esa carta, esa noche.

Otro mechón más cayó. Y luego otro.

Harry miró a Ginny con terror. Su cabello caía y dejaba su cabeza cada vez más calva, pero ella no dejaba de mirarlo y sonreírle.

Entonces, su piel empezó a desprenderse también. Caía al suelo de a jirones, parte por parte.

-¡Ginny! ¡Tu… tu piel…!

Pero ella seguía sonriendo. Su carne cayó también, fuera de su cara. Trozos rojos de carne viva cayeron al suelo, hasta que no quedaron más que huesos.

Temblando del miedo, Harry miró lo único que quedaba de Ginny ante él: una calavera vacía, con un esqueleto debajo. Nada más. Los huesos de Ginny se inclinaron hacia adelante y empezaron a caer sobre él, mientras Harry gritaba y gritaba, tan fuerte como podía. Gritaba con todas sus fuerzas…

Estaba soñando. Solo era un sueño. Quería despertar, pero no podía. Estaba inmóvil. Incluso sentía la dureza del sofá de su casa, sabía a ciencia cierta que eso era un sueño, pero no conseguía despertar…

-Harry…

Otra vez, alguien llamaba su nombre.

-Basta -dijo Harry, aún dormido-. Por favor, basta…

-Harry, soy yo.

Harry abrió los ojos y se encontró a sí mismo en medio del Bosque Prohibido. Estaba rodeado de oscuros árboles y sombras. Reconoció el sitio de inmediato: Era ese claro. Ese claro del bosque que había visitado años atrás.

Firenze estaba ante él.

-Harry -repitió el centauro, mirándolo fijamente.

Harry respiraba agitado, sus ojos muy abiertos.

-¿Es esto otro sueño?

-No -dijo Firenze-. Es real. Te estoy llamando, nuevamente.

Harry no podía hablar. Apoyó una mano en un árbol, observando el claro. Firenze alzó la mirada hacia las estrellas, que brillaban con intensidad sobre ellos. La noche estaba iluminada con ellas. Oía a los animales del bosque a su alrededor.

-Lo veo, de nuevo -dijo Firenze-. El peligro, Harry…

-No. Por favor, no. Basta. Basta de todo esto…

-Lo siento mucho -Firenze parecía sentirlo realmente-. Quisiera tener buenas noticias para ti, Harry. De verdad quisiera…

-¿Qué has visto?

-He visto un vínculo -dijo Firenze, que parecía leer las constelaciones con atención-. Un vínculo nuevo, en tu vida. Que ha renacido, resurgido. Un fuego que ha surgido de las cenizas, como un ave fénix…

Harry trató de comprender sus palabras. Pero la realidad es que no sabía siquiera si aquello era real o se trataba de otro sueño. El centauro le había dicho una vez que volvería a contactarlo si las personas a su alrededor estaban en peligro…

-Veo un final -dijo Firenze-. El final está cerca.

Harry puso mucha atención, nervioso y asustado.

-No es un final feliz, pero es un final -dijo él-. Pero antes de eso, veo muerte. Lo lamento, Harry. Las estrellas son claras. Alguien va a morir. Alguien muy cercano a ti, o incluso…

-O incluso, ¿qué?

-O tú mismo, incluso -dijo el centauro, examinando el cielo-. Es incierto, porque la decisión final dependerá de las dos almas que están conectadas.

-¿Qué almas?

-Hay dos figuras, tú y otra más, que se han reencontrado, recientemente…

-¿Hermione? -dijo Harry, aterrado.

-Una de las dos debe morir -dijo él, escrutando el cielo-. Pronto. Muy pronto. Demasiado pronto, una de las dos se irá. Es inevitable.

-¿Hermione o yo moriremos?

-Solo uno de ustedes. La decisión será enteramente suya. Para el otro, el que quede con vida, veo un final…

-Firenze, por favor, no. Dime que no es cierto. Que puedo cambiarlo. Que esta vez sí puedo hacer algo para cambiarlo. No puede pasar eso. No puede ser cierto…

Se estaba desesperando.

-No puedes luchar contra lo que está escrito -dijo él, misteriosamente, y volvió a mirarlo-. Debes decidir. Es el momento, Harry. Solo uno de los dos podrá sobrevivir…

Entonces todo se volvió negro.

Harry abrió los ojos, y se encontró sentado en el sofá de su sala de estar.

Sudaba. Tanto sus manos, como su frente. Estaba empapado en sudor.

Había sido un sueño muy intenso.

¿O había sido real?

-¿Harry?

Se pegó un susto tal que cayó fuera del sofá y acabó en el suelo.

-Lo siento -dijo Hermione, que apareció ante él en camisón, una sombra oscura en la noche de esa habitación-. Te oí… Estabas gritando… Hablabas dormido.

Harry se incorporó y buscó sus anteojos. Se los colocó y se la quedó mirando, mientras ella caminaba hacia él con mucha preocupación.

-¿Estás bien?

Hermione llegó a su lado, pero no encendió las luces. Las palabras de Firenze resonaban en la cabeza de Harry.

-Hermione… -dijo, en un susurro aterrado.

-¿Qué ocurre? -preguntó ella, sin comprender-. ¿Qué te pasa? ¿Estás bien? ¿Ocurrió algo?

Harry se sentó y se tapó la cara con las manos, pero no le dijo nada. Ella entonces se sentó a su lado y apoyó una mano en su hombro.

-¿Tuviste una pesadilla?

-Sí -dijo él. Técnicamente, era cierto. -Con Ginny. La vi… Se transformaba en un esqueleto, una calavera…

Ella le acarició el hombro. Parecía muy preocupada.

-Fue solo una pesadilla -le dijo-. Ya no prestes atención a tus sueños… No es como antes. Sin Voldemort conectado a ti, ya no significan nada. Son solo… solo sueños.

Harry la miró en la oscuridad y se mordió los labios.

-Lo siento, Hermione -dijo, sensible, sus nervios a flor de piel. Todo estaba silencioso alrededor. Debían ser menos de las cuatro o cinco de la mañana.

-¿De qué hablas?

Harry le contó el sueño de Firenze, y cómo lo había visitado el mismo año que desapareció Ginny, cuando le había hecho una predicción muy oscura.

-Y ahora otra vez -finalizó-. Y dijo que esta vez te involucraba a ti -la miró fijamente-. Jamás debiste volver, Hermione. No deberíamos haber vuelto a hablarnos. Fue un grave error.

-No voy a morir -dijo ella, apretándole el brazo con fuerza-. ¿Cuántas veces tengo que…? Harry, los adivinos, los centauros, son solo… No diré que son farsantes, pero…

-Aquella vez no pareció equivocarse -dijo Harry, muy serio.

-Pero no tiene por qué ser así siempre. La adivinación es una rama muy complicada de la magia. Pudo equivocarse. Pudo interpretarlo mal. Vaya, no sabía que podían hablarte en sueños, pero aun así no significa nada. Quizás incluso fue solo eso, solo un sueño.

-No lo fue -dijo él, muy seguro-. Hermione, no voy a permitir que nada te pase.

-Harry…

-No, hablo en serio. Escucha, desde que nos reencontramos te han pasado toda clase de cosas…

-Ya hablamos de esto. No voy a morir.

-No salgas de aquí, Hermione. Por favor. Hasta que todo esto sea más claro. Solo… No vayas a trabajar…

-¿Qué dices? Claro que no dejaré de ir a trabajar.

-¡Hermione, esto es serio!

-¡Basta, Harry! -ella se enfadó un poco-. No me quedaré en esta casa mientras tú investigas todo tú solo. O con Malfoy, o quien sea. Es ridículo. Sé defenderme tan bien como tú. Bueno, quizás no tan bien. No puedo matar a doscientos mortífagos a la vez como tú, pero creo que me las arreglé bastante bien con Stevens, ¿no?

-Pero Firenze…

-¡Olvida a Firenze! Harry, tú eres el que me preocupa, no yo. Quería hablar contigo de esto. Estos días, después de todo lo ocurrido, yo… cambié de opinión. No quiero que investiguemos más esto.

-Dijiste que lo haríamos. Dijiste que encontraríamos a ese hijo de puta.

-Es que ahora lo veo todo con más claridad. Estás siguiendo las pistas que esta persona te deja, enfrentándote contra cientos de mortífagos tú solo, sin nadie más. ¿Cuántos maleficios asesinos te pasan rozando cada vez que lo haces? ¿Jamás te detienes a pensar que, si uno de esos maleficios pasa unos centímetros más cerca de ti, morirás? ¡Y me dices a mí que no salga de la casa!

-No tengo miedo a eso -dijo él-. La razón por la que puedo luchar de esa forma es esa: no tengo miedo a morir. Jamás lo tuve. Nada me importa desde que desapareció Ginny. Y por eso pude hacerlo. Por eso pude transformar mi cuerpo, aprender nuevas formas de pelear, transformarme en esto… porque no me importa morir. No me da miedo. Preferiría morir a quedarme sin luchar y vivir sin respuestas. O, al menos, así fue siempre, desde ese día. Pero ahora…

-¿Ahora qué?

-Ahora sí tengo miedo -reconoció él-. Miedo por ti. Antes no sabía esto. No sabía que Ron o tú corrían peligro. Y entonces él murió, y ahora…

-Todo esto está mal, Harry. ¿No te das cuenta? Todas estas pistas fueron implantadas por alguien que busca matarte. Te están haciendo ir de trampa tras trampa. A lugares llenos de enemigos que quieren verte muerto. El plan del que quiere matarte aún no ha funcionado porque has sido fuerte, muy fuerte. Has sobrevivido a batallas impresionantes, luchando tú solo, únicamente con una varita… Realmente eres impresionante, Harry. Pero no has dejado de ser humano. Eso aún lo eres. Y puedes equivocarte.

-¿Esto se trata de Astoria, y de que me haya desarmado? No me lo esperaba, me tomó por sorpresa…

-No se trata de ella, se trata de que todos podemos equivocarnos, pero si tú lo haces en una de tus batallas, ya no podrás equivocarte otra vez. ¿Cómo sabes que la próxima no será la última? Puedes interpretar mal el movimiento de un adversario. ¿Y si un maleficio asesino te toca y no lo ves? No habrá vuelta atrás. Quizás eso es lo que te está advirtiendo Firenze, ¿no crees? No se trata de mí. Se trata de ti. Tú eres el que corre peligro de muerte.

-Hermione, no voy a perderte a ti también -dijo él, testarudo. Se acercó a ella y la tomó de la mano, mirándola de cerca con extrema seriedad. -No puedo.

-No voy a morir. Es lo que trato de decirte.

-Eres igual de importante para mí que Ginny.

Ante aquellas palabras, ella se quedó en silencio, sin dejar de mirarlo, envueltos en sombras.

-También eres importante para mí, Harry… Eres todo lo que me queda. Lo único que no me han quitado aún. Y temo por ti. Escúchame. No es tarde para abandonar todo esto. Para seguir adelante con tu vida. Antes de que te pase algo…

-No hay nada más para mí en esta vida -dijo él-. Nada más que esto. Pero tú sí puedes seguir. Eres tú la que debe sobrevivir.

-¡No vamos a tener que elegir entre la vida de uno de nosotros dos!

-Si llegara a ser como dijo él... como dijo Firenze… Si llegara a tener que elegir entre mi vida o la tuya… No permitiré que la historia vuelva a repetirse contigo. No podría vivir después de eso. No de nuevo, Hermione -Harry parecía estar al borde de un ataque de nervios, y resbalaban lágrimas por sus ojos-. Si eso pasa, yo seré quien morirá. No permitiré otro resultado.

-Nada de eso va a pasar -susurró ella-. No tendremos que elegir…

-Pero si pasa, yo seré quien muera -sentenció él-. Y quiero que me prometas que dejarás que sea así, Hermione.

-No voy a prometerte eso.

-¡Hazlo! -dijo él, sujetándola con fuerza, las lágrimas cayendo por su rostro.

Hermione respiró hondo y lo miró sin decir nada.

-Yo sí te lo prometo -dijo él, con la voz temblando-. Si llega a ser cierto, yo seré el que morirá. No tú. Te lo prometo, Hermione.


Era la hora del almuerzo en la oficina. Harry salió de su despacho y caminó a grandes zancadas hacia el escritorio de Hermione para sugerirle ir a comer algo juntos, pero ella parecía haber salido temprano. Así que se alejó de allí solo, echándole una mirada a Peakes de pasada, que escribía algo a toda velocidad, y a Morgan, que se preparaba para salir también.

-Una hamburguesa completa con queso -ordenaba una mujer rubia en un local de comidas rápidas muggle que estaba afuera, cruzando la calle frente de la cabina telefónica exterior del Ministerio de la Magia.

-Para mí sin condimentos, y con doble carne -dijo a su lado otra mujer, una señora de cara ancha.

-Sale dos libras más con carne doble -indicó el muchacho que atendía, un adolescente lleno de acné y con una expresión mortalmente aburrida y fastidiosa.

La mujer, que tenía cara de sapo, pagó las dos libras adicionales y ambas se quedaron esperando su pedido. Diez minutos después, cuando lo obtuvieron, fueron juntas hacia la única mesa vacía del local.

-Qué desagradable, venir a comer aquí… -dijo la de cara de sapo, mirando con desagrado ese lugar muggle.

-Tranquila, querida, aquí podemos hablar sin que a nadie le importe -dijo la rubia, mientras tragaba su hamburguesa, famélica-. Ningún mago vendrá aquí. Estamos cerca del Ministerio, y a salvo a la vez. Desde aquí podremos espiar a Potter, si sale. Tengo novedades de él.

-¿De verdad? ¿Cuáles?

-Lo volví a ver con Granger. Estaban en Little Chippenham, ese pueblito, otra vez.

-Disculpa, pero tengo que quitarme esto -dijo la otra, interrumpiéndola. Se quitó una peluca que llevaba, tapándole mucho la cara, y entonces su rostro fue perfectamente reconocible: era Dolores Umbridge. -Me incomoda mucho. Aparte, como dices, nadie nos verá aquí.

-Tienes razón -la otra se apuntó la cara con la varita, con disimulo, y ciertas facciones se alteraron, modificándose y revelando su identidad: Era Rita Skeeter. -Este hechizo pica, aunque no lo creas. Como te decía, los volví a ver. Se metieron en la mansión Malfoy. Extraño, ¿no lo crees?

-Sí, ciertamente es muy extraño.

-Es una pena que haya perdido mis habilidades de animaga, o podría haber ingresado a escuchar.

-No te culpes, Rita, debías hacerlo. No estabas registrada, y podías acabar en prisión si te descubrían. Aunque yo siempre digo: lo que el Ministerio no sepa, no lo lastimará.

-Pero con todo esto, la cosa se está poniendo buena -Rita sonrió de oreja a oreja-. ¿Juntos, con Malfoy? Confieso que veo una gran historia por delante… Tú y yo, Dolores, somos, como te decía, una combinación explosiva. Con tu información de cuando Potter estaba en quinto año, y toda su rebelde vida de entonces, sumado a la vez que te robó ese relicario despiadadamente; más todo lo que estamos averiguando juntas, al seguirlo a él y a su amiga por todas partes, pronto terminaré de escribir mi nuevo libro: Harry Potter, la vida de un farsante. ¡Será un éxito comercial!

En ese momento, la hamburguesa de Rita se despegó de sus manos y se estampó sola contra su cara, llenándola de kétchup.

Esta se quedó boquiabierta por la sorpresa, y en ese momento, en el largo asiento que ocupaba, apareció una nueva persona: Harry se quitó su capa para hacerse invisible y apareció a su lado, con una expresión furiosa.

-¿Así que eso tramaban? -dijo el mago, y ambas quedaron horrorizadas-. ¿Escribir un estúpido libro sobre mí? ¿Por eso nos seguían por todos lados?

Ninguna de las dos dijo una palabra. Compartieron una mirada de complicidad entre sí que indicaba que no se sentían tan mal como deberían.

-Y yo que pensé que era algo importante -protestó Harry, pasando por arriba de Rita para salir del asiento, sin preocuparse por empujarla al hacerlo-. Yo que pensé que esto era alguna pista importante, que me revelaría algo…

-Potter, por favor -dijo Rita, con súplica-. Invertimos muchísimo dinero para hacer este libro, no nos lo eches a perder. Hablaré bien de ti. ¿No te gustaría concederme una entrevista? Podríamos ubicarla por el capítulo cinco, que habla sobre tus traumas infantiles y los fantasmas de tu pasado…

-Métansela en el culo -dijo Harry, de mal humor, y se marchó de allí, dejando a las dos brujas, que ya eran algo mayores, totalmente horrorizadas por ese comentario.

-Esto definitivamente irá al capítulo ocho -dijo Rita, sonriendo de pronto, mientras su pluma a vuelapluma escribía a toda velocidad las palabras de Harry en un trozo de pergamino.

En otro restaurante, de magos en este caso, a una cuadra de distancia, un hombre también rubio, pero mucho más serio que Rita y con el mentón puntiagudo, ingresó y ubicó rápidamente a la persona con la que había quedado en verse.

-Hola, Granger -dijo Malfoy, tomando asiento ante ella en una pequeña mesa.

-Me impresionas -dijo Hermione-. No pensé que vendrías.

-Recibí tu carta hace unos veinte minutos -dijo él-. ¿Qué ocurre? ¿Por qué querías que nos veamos para almorzar? Pensé que Potter estaría aquí también -añadió, mirando alrededor, como esperando ver a Harry salir del baño y unirse a ellos.

-No, esto es entre tú y yo -dijo ella, con seriedad.

-Bien… -dudando ante sus palabras, Malfoy tomó el menú y se puso a elegir su comida. Hermione lo miraba con una ceja arqueada. -¿Qué? Tengo hambre. Fue una mañana agotadora para mí. Me la pasé en San Mungo, como siempre…

Hermione se quedó pensativa.

-¿Por qué "cómo siempre"?

Malfoy la escudriñó con la mirada. Lucía muy incómodo de pronto.

-Bueno, sí… Astoria, verás… Tiene una enfermedad hereditaria… Supongo que es el karma, ¿verdad? Tanto que he maltratado a los hijos de muggles de joven, y ahora mi mujer tiene una enfermedad que le ocurre solo a magos de sangre pura, una consecuencia de haberse reproducido entre reducidos grupos familiares durante años y años…

Hermione lo miraba con una expresión triste.

-¿Tiene un tratamiento…? ¿Es algo crónico?

-Es terminal, si a eso te refieres -dijo Malfoy en una voz extremadamente baja y mirando la mesa fijamente-. Quizás le quede un año… quizás dos… No lo sé.

-Lo siento.

-Está bien, hace años que sabemos esto. Se hace lo que se puede, y bueno… cuando el día llegue, llegará.

-Mi madre también tenía una enfermedad terminal -dijo ella, en un susurro-. Una enfermedad muggle, claro. Ella… murió hace poco.

Se quedaron en silencio, hasta que el mozo se acercó a tomarles el pedido. Ambos ordenaron y entonces ella lo miró con atención.

-Tu padre también ha muerto, hace unos años.

-Sí, así es.

-Harry lo mató.

Ambos se miraban con total seriedad por encima de la mesa. No había mucha gente alrededor.

-Y aún así, ahora quieres unirte a él y a mí…

-Granger, mi padre… Él quería que me una a él, que fuera un mortífago, incluso luego de la caída de Voldemort. Yo no quise. No lo delaté jamás, pero tampoco me uní a él… Supongo que, si no hubiera sido Potter, alguien más hubiera acabado con él. No sé qué pensar al respecto, pero no culpo a Potter. Mi padre tuvo responsabilidad en la desaparición de Ginny Weasley… -se encogió de hombros-. No era exactamente una buena persona.

-¿Tú sí lo eres?

-Intento serlo -dijo él, negando con la cabeza-. Espero serlo. Si algo sé, al menos, es que no soy el villano aquí.

En ese momento llegó la comida.

-Harry me dijo algo interesante -dijo ella, con tono misterioso-. Algo sobre… las Arpías de Holyhead.

Examinó su reacción, con atención. Pero Malfoy no pareció reaccionar en absoluto. Comía normalmente, sin apartar la mirada del plato. No pareció extrañarse en lo más mínimo por su comentario.

-Sí, dime -dijo, sin darle importancia. Ella frunció el ceño.

-Que eres el dueño del equipo.

-Sí -dijo él-. ¿Y?

-Y que una jugadora perdió la memoria hace unos días.

-Sí, lo sé -dijo él, con tranquilidad-. Ambar Jones. Fue un accidente, se cruzó delante del encantamiento desmemorizante de su hermano. El muchacho era joven y había estado tratando de practicarlo con un sapo…

Ella arrugó la cara, con desconfianza.

-¿Y cómo supiste eso tú?

-Bueno, los primeros días Ludo Bagman y yo estuvimos en contacto -dijo Malfoy-. Se extravió y nadie la encontraba. Y ella no sabía el camino a casa, claro, porque no podía recordarlo. Creo que avisaron al Departamento de Aurores…

-Sí, Ludo Bagman avisó -dijo Hermione-. Y Peakes, que estaba a cargo, aparentemente le asignó el caso a Morgan, un auror. Pero luego Morgan dijo a Harry que no le habían asignado ningún caso. Y por eso sospechábamos que había habido algo extraño allí. Y luego supe que tú eras el dueño del equipo…

-Da igual lo que pasara en el Departamento de Aurores -dijo Malfoy, que seguía comiendo sin perturbaciones-. Porque el caso lo resolvió la mamá de Ambar, que finalmente la encontró caminando en círculos en el patio trasero de la casa de su abuela. Así que ya está bien. Le devolvieron la memoria y jugará el partido del sábado contra los Chudley Cannons.

Hermione siguió pensando al respecto. Todo eso le había parecido muy sospechoso, sobre todo porque Ginny solía jugar para ese equipo, pero el relato de Malfoy era sólido y fácilmente comprobable. Solo debía comunicarse con la familia de la jugadora si quería estar segura de que era cierto… Por otro lado, era cierto que alguien en la oficina había cometido un error, y por eso nadie acabó investigando el caso. O bien un error, o bien algo intencional. Pero Malfoy no tenía nada que ver con eso, en todo caso…

-Está bien -dijo ella, al final. Comió un poco, distraída, y finalmente dijo: -De acuerdo. Mejor iré al grano y te diré lo que quería hablar contigo.

-¿No era eso entonces? -dijo él, terminando su plato y alzando la mirada-. Está bien. ¿De qué querías hablar?

-Quiero que te alejes de nosotros, Malfoy.

-¿Qué?

-Me oíste -dijo Hermione-. Cambié de opinión. No investigaremos nada contigo ni con Astoria.

-¿Por qué no? Pero si te acabo de responder todas tus preguntas -Malfoy se enfadó-. ¡Les he explicado todo! ¿Qué más quieren que haga? ¿Cómo quieren que les demuestre que yo no soy el villano aquí?

-No se trata de ti, Malfoy. Se trata de Harry.

-¿Qué pasa con él? No entiendo.

-He cambiado de opinión, no solo sobre investigar esto contigo, sino sobre investigarlo en absoluto. A partir de ahora, me encargaré de que Harry no investigue más nada de esto. Se terminó. Basta de Ginny, basta de mortífagos. Se acabó. Basta de arriesgar la vida por nada.

-Potter jamás te escuchará -dijo Malfoy-. Está obsesionado. No dejará de investigar. Y necesito que lo haga, o Scorpius no estará a salvo.

-Todos estaremos a salvo si Harry deja de investigar -dijo Hermione-. Esa es precisamente la forma de acabar con esto, ¿no lo entiendes?

-Necesito saber quién es. Quién estuvo detrás de todo esto. No puedo simplemente quedarme tranquilo estando inactivo, sin hacer nada…

-Eres igual que Harry -se lamentó Hermione-. No siempre tienes que ponerte en acción para arreglar las cosas… Pero no estoy aquí para explicarte eso. Es mi palabra final. Aléjate de Harry. No investigaremos más nada. Esto acabó. Es mi decisión y ya está tomada.

Malfoy la fulminó con la mirada y entonces se puso de pie.

-De acuerdo, Granger, no discutiré contigo. Me rindo. Investigaremos solos, por nuestra cuenta, Astoria y yo. Pero antes, quiero decirte una cosa.

-¿Qué?

-Voy a darte la mejor información que nadie te haya dado nunca sobre el caso de Ginny Weasley -dijo Malfoy, de forma misteriosa-. Una información que Potter no querría escuchar, y por eso no la he dicho delante de él.

Hermione lucía escéptica, pero escuchaba con atención.

-Sabes bien que yo siempre fui el principal sospechoso de él.

-Lo sé.

-Bien, ¿quieres saber quién es mi principal sospechoso, y siempre lo fue?

-¿Quién?

-Harry Potter.

-Eso es ridículo.

-¿Lo es? Piénsalo, Granger. Fue su novia la que desapareció. En la mayoría de los casos de desapariciones o asesinatos de mujeres, ¿quién es el que termina siendo el culpable? El novio. El marido. La pareja.

-Qué estupideces dices.

-Solo digo datos reales -dijo Malfoy-. Ella era mi amiga… -lucía afectado, como si aquello le doliera-. Nos habíamos vuelto buenos amigos. Yo ya no era el mismo. No despreciaba más a los hijos de muggles, ni a los Weasley. Me estaba volviendo una mejor persona. Pero quizás el héroe, Potter, estaba volviéndose una mala, y nadie se daba cuenta. ¿A que no adivinas a quién no le gustaba para nada mi amistad con Ginny? A Potter. Él le hacía escenas de celos todo el tiempo, cuando se veía conmigo. Éramos amigos. Y aun así, cuando ella desapareció, nadie escuchó mi solicitud.

-¿Cuál solicitud?

-Solicité al Ministro de la Magia que apartara a Potter del caso -dijo Malfoy-. Un caso de desaparición de una mujer no puede ser investigado por su propia pareja. ¡Eso es una locura! No hace falta ser auror para saberlo. ¿Acaso no han oído hablar de la violencia de género? La pareja de una mujer desaparecida tiene que ser el principal sospechoso, no la persona encargada de la investigación. ¿A quién se le ocurre una estupidez así? Pero claro, con Kingsley y todos los demás siendo grandes amiguitos de Potter, ¿quién iba a escucharme a mí? En cambio, le asignaron el caso a él y le permitieron seguirme a todas partes, sin dejarme tranquilo…

-Y si hubiera sido él, ¿por qué te hubiera seguido a todas partes? -argumentó ella, sin creer una palabra-. ¿Por qué se habría obsesionado tanto con el caso? No cierra, Malfoy, acéptalo.

-¿Acaso jamás has oído de los magos que se desmemorizan a sí mismos para olvidar algo malo que han hecho? ¿Algo terrible, como asesinar? Les permite quedarse con la conciencia tranquila, y al mismo tiempo evitar ser descubiertos. Pueden hacerlo y olvidar solo unas horas de sus vidas, incluso menos que un día entero -dijo eso con una mirada de profunda sospecha-. Potter la mató, escondió su cuerpo donde sabía que él mismo no podría hallarlo nunca, y luego se desmemorizó a sí mismo. Luego despertó sin recordar nada. Por eso la ha buscado por todas partes desde entonces.

-Es lo más estúpido que…

-Era su novio. Su pareja. Piénsalo, Granger. Violencia de género. Pensé que tú sabrías de eso, de todo el machismo que hay a nuestro alrededor, los hombres que matan a sus parejas… Te aseguro que vi esa personalidad en él entonces: los celos, la actitud posesiva con ella… Él debió ser considerado siempre el principal sospechoso. Si no hubiera un Ministerio corrupto como este, debió ser así.

-¿Y qué me dices de todo los demás? ¿Las contrataciones? ¿Las cartas, los otros casos? ¿Scorpius?

-El mundo no gira en torno a Potter, como él cree. Otros mortífagos supieron de su obsesión y jugaron sus propios juegos. Eso creo. Pero quería unirme a ustedes de todas formas, hacer un pacto con el diablo, por mi hijo, para que él no corriera peligro, para encontrar al que lo mandó a secuestrar. No creo que este tipo que busco sea quien mató a Ginny, porque creo que Potter fue el que lo hizo. Pero no iba a decírselo, porque quería que me ayudara. Pero ya que nos dejan solos…

Malfoy sacó una pila de galleons, que dejó sobre la mesa.

-No te preocupes por la comida, yo invito.

Dicho esto, Malfoy se marchó del restaurante, dejando a Hermione allí, de piedra.

Claro que no creía una palabra de lo que este había dicho.

Era simplemente absurdo.

-No tiene sentido… -repitió Harry, masajeándose la cara, en su despacho. Estaba teniendo otro episodio de crisis, encerrado en esas cuatro paredes donde pasaba la mitad del día.

Skeeter y Umbridge, entonces, no tenían nada que ver. Igual que Stevens. Ellas tampoco. Solo los habían estado siguiendo por el estúpido libro.

¿Cómo seguir, entonces? ¿Cuál era la siguiente pista? Parecía que ya no había otra pista…

Dolohov, la rubia, Stevens… ¿Morgan, quizás?

Ya todo estaba perdiendo el sentido. Otra vez. Sentía que estaba en un callejón sin salida. No había mago al que seguir el rastro, no había pistas…

La emoción que sintió luego de las revelaciones de Dolohov desaparecía. No había aportado tanto al caso, luego de pensarlo bien. No tenía algo que buscar…

Y Malfoy. Él había dicho que investigaría con ellos… ¿Deberían reunirse? ¿Lograrían algo con él? Hermione quizás no quisiera investigar más, por lo que habían hablado. ¿Debía presentarse en casa de Malfoy él solo, para planificar cómo continuar?

La crisis aumentó hasta que de pronto alguien llamó a la puerta.

-¿Potter?

Era la voz de Rachel, una de las auroras.

-¿Sí? -dijo él, desde adentro.

-Quería avisarte que ya son las seis de la tarde -dijo la mujer-. Todos se fueron. Por las dudas que no te hayas dado cuenta… otra vez.

-Gracias, Rachel.

-De nada -dijo la bruja, a través de la puerta-. ¡Hasta mañana, jefe!

-Hasta mañana.

Harry salió de su despacho. La oficina estaba a oscuras y vacía. Todos se habían ido a sus casas ya.

Incluso Hermione.

Eso era muy raro. Hermione siempre lo esperaba para volver juntos.

Pensando en ello, con un mal presentimiento, Harry tomó sus cosas y se marchó de allí. Un rato después, entró a su casa. Ya había anochecido. Lila se acercó a recibirlo, moviendo la cola con felicidad. Hedwig Junior estaba comiendo su alimento de lechuza, junto a su jaula. Crookshanks lo miraba de forma algo siniestra desde arriba del mueble más alto de todos.

Había un silencio inusual.

¿Dónde estaba Hermione?

Harry caminó por la casa, pero no la encontró por ningún lado. Hermione no estaba allí. ¿No habría llegado aún? De hecho, no recordaba haberla visto en la oficina después del almuerzo. Aunque él había estado encerrado en su despacho, pero ella no apareció allí en ningún momento, y en general siempre iba a hablar con él, aunque sea un rato.

Estaba tan sumido en pensamientos que no se había dado cuenta.

Entonces fue que la vio:

La lechuza negra. La misma. Era la misma que antes, estaba seguro.

Lo miraba desde afuera de la ventana, y su cabeza negra le resultó tan aterradora como un fantasma, erizándole los vellos de la nuca. Ni bien la vio, la lechuza dejó caer una carta en el lado de afuera de la casa, ni siquiera esperó a que la hiciera ingresar. Y se marchó rápidamente.

-¡VUELVE!

Aterrado, Harry salió al exterior, con la varita en alto. Pero el animal había desaparecido. Se había esfumado en la noche.

Con terror, sus ojos se dirigieron a la carta que el ave había dejado caer en la hierba.

No se detuvo a pensar en nada. Fue directo a la carta, con el corazón saltando de su pecho, abrió el sobre y sacó el pergamino que había adentro.

La luz de las velas dentro de la casa, que brillaban a través de la ventana, alumbró el pergamino. Escrita con letras recortadas de El Profeta, había una brevísima nota:

"Me he llevado a Hermione. Le dije que se fuera del Departamento, pero no quiso oír. Ahora no volverás a verla".