-Está confirmado -dijo Peakes, ni bien ingresó a esa oficina anexa al Departamento de Aurores-. El polvo en el pergamino proviene de la zona de Glenrossal, en Escocia. Las tres pociones dieron el mismo resultado.

-Es donde está el castillo de Neusnottar, jefe -dijo Morgan. Extendió un amplio mapa de Escocia sobre la mesa y apuntó con su varita a una zona determinada, que se iluminó de rojo.

-¿Qué hay ahí? -preguntó Harry, de pie junto a la mesa, cruzado de brazos.

-La única área de categoría roja que queda actualmente en el Reino Unido. Hemos enviado aurores hace semanas, y todo parece indicar que es el principal polo mortífago en este momento. Todas las rutas de tráfico de pociones ilegales y del mercado negro mágico conducen allí.

-¿Categoría roja? Para que sea así, debe estar próxima a un asentamiento humano especialmente vulnerable. ¿Qué asentamiento vulnerable hay cerca de Neusnottar para que lo hayan categorizado así?

-Pues la escuela Hogwarts de Magia y Hechicería, señor -dijo Morgan-. Está a solo quince millas al sur.

Harry se quedó en silencio.

-Allí está Hermione, entonces -asintió, más para sí mismo que otra cosa, pensativo.

-El número de mortífagos allí podría ser mayor a cualquier otro con el que nos hayamos topado antes -dijo Morgan-. Si nuestra información es cierta, casi todos los que quedan se están nucleando allí. Esta vez, jefe, ir usted solo podría ser realmente una misión suicida.

-De acuerdo, Morgan. Gracias, pueden volver a sus puestos.

Peakes, Rachel y Morgan se marcharon de allí. Harry se quedó solo con las otras dos personas que había en esa sala.

-Voy a insistir respecto a lo que hablamos antes…

-Olvídalo, Potter -dijo Malfoy-. Ya está decidido. Vamos contigo.

Astoria estaba sentada junto a él, pensativa, con sus dedos jugando en el apoyabrazos de su silla.

-No puedes confiar en ninguno de ellos -dijo la mujer, mirando hacia la puerta, con los ojos entrecerrados-. Tus empleados. Dijiste que alguien aquí está infiltrado. ¿Cómo saber que no es uno de ellos? ¿Y si la información que acaban de darte está implantada y es una trampa?

-Pues iré a activarla, como siempre. Por eso mismo siempre voy solo a mis misiones. No puedo luchar con aurores en quienes no confío. Pero si Hermione está allí, haré lo que sea necesario para salvarla.

-Esta vez necesitarás ayuda, Potter -dijo Malfoy-. Así que pongámonos en marcha.

-Espero que entiendan que hay altas posibilidades de que Scorpius quede huérfano si vienen conmigo allí -dijo Harry, sombrío y totalmente serio-. Por experiencia propia, puedo decirles que ser huérfano no será lo mejor para él.

Astoria se puso de pie. Por algún motivo, cada vez que hacía eso causaba un gran efecto en los demás, que se la quedaban mirando.

-Y aún así, Potter, ¿qué clase de madre hubiera sido la tuya si no hubiera dado su vida por ti? -dijo.

Ese comentario fue seguido de un prolongado silencio.

-Exacto -dijo ella, luego de la falta de respuesta de Harry-. El autor de los secuestros de Scorpius y Granger te ha tendido esta trampa. Pues vayamos los tres a activarla de una vez y lleguemos al fondo de esto.


Las tres escobas atravesaron los cielos a toda velocidad. Volaban alto, muy alto, metiéndose en las oscuras nubes y saliendo ocasionalmente bajo ellas en el cielo azul oscuro de la noche.

Un castillo apareció ante ellos, sobre una colina, alzándose de forma aterradora contra el cielo nocturno. No se parecía en nada a Hogwarts. Este estaba descuidado, destruido en varias partes, era mucho más lúgubre e inspiraba temor. Algunas luces encendidas indicaban que había gente allí.

Bajaron, invisibles, hacia una torre de las más altas.

-Prepárense -murmuró Harry a Malfoy y Astoria, mientras descendían y ya veían algunos mortífagos patrullando la torre-. Si llegan a necesitar irse, primero aléjense de mí antes de aplicarse un encantamiento desilusionador, o podría darles por error.

-Entendido -dijo Malfoy, respirando hondo-. Pero no será necesario.

Aferraron sus varitas con firmeza, y entonces las tres escobas llegaron al nivel de la torre y todos saltaron al suelo, colocaron sus escobas en unos cinturones especiales que las dejaban atadas a sus espaldas, y se quitaron los encantamientos de invisibilidad los tres a la vez.

Harry apuntó su varita hacia un lado, Malfoy hacia otro y Astoria hacia el otro, espalda con espalda.

-¡Hola! -saludó Malfoy, con un grito burlón.

Todos los mortífagos se volvieron hacia ellos a la vez.

-¡AVADA KEDAVRA!

-¡AVADA KEDAVRA!

-¡AVADA KEDAVRA!

-¡AVADA KEDAVRA!

Cientos de rayos de color verde surcaron la superficie de la torre, rebotando por todos lados y perdiéndose en el cielo sobre ellos.

-¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA!

Se oía el mismo hechizo exclamado por veinte magos a la vez, todos rodeándolos en un amplio círculo, ellos en medio disparando y repeliendo hechizos con sus varitas a la vez.

Harry corrió hacia un extremo de la torre mientras atacaba, tratando de apartar la batalla de Malfoy y Astoria, ya que los mortífagos parecían bien informados de quién era la Máquina Mata-Mortífagos y concentraban la mayoría de los ataques en él. Pero pronto se dio cuenta de que Malfoy y Astoria eran prácticamente igual de buenos que él luchando.

-¡AVADA KEDAVRA!

-¡AVADA KEDAVRA! -Astoria logró abatir a uno, su cabello negro y lacio agitándose en el aire. Luego giró en redondo y abatió a dos más. Corrió a toda velocidad, saltó sobre sus cuerpos, rodó por el suelo y disparó a otros tres de forma letal.

-¡AVADA KEDAVRA! -Malfoy mató a otro, mientras esquivaba maleficios y enseguida lanzaba otros.

Con varias sacudidas de varita violentas, Harry asesinó a los cinco hombres que seguían en pie luego de eso, y los tres quedaron solos, de pie junto a los veinte cadáveres.

-No fue difícil -dijo Malfoy, acomodándose el cabello rubio, que se había alborotado y perdido su clásico peinado hacia atrás.

-Esto fue solo la punta del iceberg -murmuró Harry, apuntando con la varita hacia las puertas que conducían a las escaleras que iban torre abajo-. Prepárense para la verdadera batalla.

Bajaron las escaleras a toda velocidad, y las hordas de mortífagos no se hicieron esperar. Llegaron corriendo en el piso inmediato inferior, con expresiones de demencia y sed de sangre, algunos usando máscaras de mortífagos. Con sus túnicas negras ondeando tras ellos, alzaron sus varitas y lanzaron cientos de maleficios asesinos a la vez, llegando desde todas direcciones: derecha, izquierda, escaleras que subían y bajaban, al frente y por un pasillo detrás.

-¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA!

-¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA!

Harry, Malfoy y Astoria corrieron a toda velocidad y esquivaron los maleficios, dejándolos rebotar por todos los pasillos como pelotitas de ping pong y finalmente dar contra nuevos mortífagos, que caían abatidos por sus propios maleficios.

-¡TRAIDOR! -le gritó un mortífago enorme y corpulento a Malfoy, en medio del caos. Se acercó a él a los tumbos, aullando de rabia. -¡ASÍ HONRAS LA MEMORIA DE TU PADRE, ASQUEROSO…!

Se había dispuesto a lanzarle un maleficio asesino, pero Malfoy fue más rápido:

-¡AVADA KEDAVRA!

El mortífago salió volando hacia atrás, contra otros cuatro más pequeños que él, que cayeron bajo su peso.

-¿Qué decías? -preguntó Malfoy, poniéndose una mano tras la oreja-. Lo siento, no pude oírte bien.

-¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA!

Harry agitaba su varita con violencia, asesinando a tantos como podía. De pronto tomó su escoba, se subió en ella y empezó a volar por los corredores, lanzando maleficios explosivos que hacían volar todo en pedazos, inundando con fuego y explosiones todo y haciendo derrumbarse las paredes de roca.

Hizo un recuento que lo dejó paralizado: debía haber al menos doscientos mortífagos, solo en ese piso. Y quién sabía cuántos más habría en los pisos inferiores…

Eran demasiados, incluso para él.

Lo habían hecho ir directo a una trampa mortal, y se notaba que lo habían estado esperando.

Esta vez no creía poder con todos. Incluso con Malfoy y Astoria siendo expertos en combate, tendrían que aplicar un plan más desesperado.

Harry regresó hasta los otros con su escoba, esquivando maleficios con impresionantes reflejos, y los encontró agazapados entre medio de una lluvia de maleficios asesinos, haciendo lo que podían para defenderse.

-¡VÁMONOS DE AQUÍ! -Harry no detuvo la velocidad de su vuelo. Tomó a Malfoy de un brazo y este hizo lo mismo con Astoria. Se los llevó colgando en el aire. Harry conducía la escoba y ellos disparaban a toda velocidad, esquivando y lanzando maleficios asesinos de forma desesperada por todo el lúgubre castillo.

Bajaron por una escalera hacia el piso inferior, volando tan rápido como podían. Se cruzaron a un grupo de diez mortífagos que subía las escaleras a toda velocidad, y Harry los abatió con un encantamiento expulso que los hizo caer a todos unos sobre los otros, por la escalera.

Saltaron al suelo y empezaron a pelear acaloradamente contra la cantidad de mortífagos más masiva que hubieran visto en sus vidas.

Venían sencillamente de todos lados, como un océano de mortífagos rompiendo en sus cabezas.

-¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! -gritaba Harry, blandiendo su varita de forma enloquecida, matando a tantos como podía, pero que no eran ni una décima parte de la cantidad bestial que los atacaba y que seguía incrementándose a medida que subían y bajaban por las escaleras de ese lúgubre y oscuro castillo antiguo, que en ese momento era totalmente verde por la cantidad de maleficios asesinos que rebotaban por todas sus paredes, que tenían que esquivar con sus reflejos a punto, sin perder la concentración por un segundo.

En un momento de debilidad, Harry recordó unas palabras. Unas palabras que llegaron a su mente de la nada, pronunciadas por la voz de Hermione:

"No has dejado de ser humano. Eso aún lo eres. Y puedes equivocarte... ¿Cómo sabes que tu próxima batalla no será la última? Puedes interpretar mal el movimiento de un adversario. ¿Y si un maleficio asesino te toca, y no lo ves?"

Harry esquivó cincuenta maleficios asesinos a la vez, tratando de que se fueran rebotando por las paredes y dando contra los mortífagos.

Malfoy no podía más, se notaba que había dado todo de sí y ahora solo agitaba el brazo como loco, luchando por sobrevivir. Astoria parecía estar resistiendo más, pero empezaba a luchar con menos técnica y con más desesperación.

Tenía que hacer algo rápido, o los tres morirían.

-¡BOMBARDA MÁXIMA! -aulló Harry.

Medio piso se derrumbó y los mortífagos cayeron al piso inferior como hormigas, gritando y aullando mientras el fuego cubría todo y la gigantesca explosión los lanzaba a todos hacia atrás, volando por los humeantes aires.

Harry, Astoria y Malfoy chocaron contra un muro de piedra y cayeron al suelo.

Aturdidos, con el ruido de la terrible explosión resonando en sus oídos, los tres lucharon por ponerse de pie otra vez y pelear, empapados en sudor, sus cabellos mojados sobre sus caras, agitándose mientras el humo y el polvo los cubrían; los impactos de nuevos maleficios a su lado lanzando restos de roca destruida sobre ellos; sus rostros con cortaduras y sangre, sus túnicas quemadas...

Pero no dejaron de apuntar a sus oponentes y de disparar con todo su arsenal de potentes maleficios.

Harry se acercó, furioso, a un grupo de cincuenta mortífagos, corrió entre medio de los maleficios que le lanzaban y empezó a asesinarlos a quemarropa, mientras se abalanzaban sobre él.

Tomó a uno del cuello y lo usó como escudo contra los hechizos. Luego lo dejó caer y en cambio alzó un trozo enorme de pared de unos cien kilos que humeaba en el suelo y lo lanzó sobre treinta de ellos, que quisieron correr, pero fueron aplastados por la roca ardiente y pesada.

-¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! -gritaba como loco, matándolos a todos, desenfrenado.

La mayoría de ellos abandonaron a Malfoy y Astoria y fueron a por él. Era a él a quien querían.

Harry tomó a uno y en vez de matarlo se escondió con él tras una pared semidestruida, donde todos los maleficios asesinos golpearon con brutalidad.

-Dime dónde tienen a Hermione y sobrevivirás -le dijo Harry, mirándolo a los ojos con profunda ira.

El mortífago, un flacucho que estaba muerto de miedo, asintió, muy nervioso.

-En el segundo piso, en una sala pequeña de aquel lado -señaló hacia la derecha, y Harry asintió.

-Utiliza un hechizo para amortiguar la caída -le dijo Harry entonces-, y estarás a salvo.

Dicho eso, lo lanzó por la ventana más cercana, ante su mirada de terror. Los gritos del mortífago cayendo se perdieron entre el estruendo del caos y los maleficios que golpeaban todo alrededor de Harry. Este levantó la semidestruida pared y la lanzó sobre veinte mortífagos.

Luego, Harry sacó una pequeña poción de su bolsillo y la lanzó al suelo con fuerza. Todo se volvió negro al instante.

-¡NO VEO! -gritaban varios mortífagos-. ¡NO VEO NADA! ¡¿DÓNDE ESTÁ?!

Pero Harry, que sí podía verlos, con sus ojos destellando en un color carmesí producto del hechizo, empezó a asesinarlos a todos sin piedad, lanzando maleficios asesinos por todos lados mientras gritaba con furia, a todo pulmón.

-¡HUYAN! -oyó que gritaban algunos-. ¡RETIRADA! ¡RETIRADA!

Harry los fue asesinando de formas brutales, uno tras otro, destrozando las paredes y lanzándolos por los aires.

Finalmente, llegó de regreso junto a Malfoy y Astoria.

-¡SOY YO! -les gritó, ya que ellos tampoco podían verlo-. ¡RÁPIDO! ¡VÁMONOS! ¡SUBAN AQUÍ!

Los subió a su escoba y los tres volaron en ella lejos de allí, mientras los mortífagos recuperaban la visibilidad y disparaban tras ellos, todos a la vez.

Salieron por una ventana y volaron por el lado exterior del castillo, hacia las ventanas de los pisos inferiores.

-¡BOMBARDA! -aulló Malfoy, apuntando con su varita hacia los pisos superiores y destruyendo un costado de estos.

-¡Cuidado! -le advirtió Harry, mientras se metía por una ventana del sector que le había indicado aquel mortífago, en el segundo piso-. ¡No queremos que se destruya todo el castillo… aún!

Ni bien entraron al pasillo de ese piso, se encontraron con lo que parecieron ser cien mortífagos más, que los esperaban allí mismo.

Harry alcanzó a ver, mientras los cien maleficios asesinos volaban hacia ellos, iluminando el aterrado rostro de Malfoy de verde, que el techo de ese pasillo era mucho más alto.

-¡ASCENDIO! -gritó, sujetando a los otros dos.

Los tres salieron despedidos hacia arriba, por lo que todos los maleficios asesinos siguieron de largo y dieron en otros mortífagos, matando al instante a casi la mitad de ellos.

-¡Buen plan! -se oyó el grito de Astoria, mientras los tres caían en el suelo otra vez.

Pero el efecto no duró mucho: Ni bien aterrizaron, más maleficios volaron hacia ellos, esta vez lanzados no solo hacia adelante sino también hacia arriba.

-¡CARPE RETRACTUM! -gritó Astoria, sujetando ahora ella a Harry y a Malfoy. Una soga salió de su varita, se adhirió a una pared lejana y luego se retrajo con velocidad, lanzándolos a los tres hacia allí a toda velocidad.

Mientras volaban en esa dirección, Harry lanzó maleficios asesinos y luego saltó, librándose de sus compañeros, sobre las cabezas de todos sus oponentes.

Cayó en medio de ellos y giró en redondo con su varita en alto, disparando maleficios asesinos a todos como una metralleta. Malfoy cayó al suelo a unos metros de distancia, disparando también.

De pronto, se dieron cuenta que todos sus oponentes habían muerto.

Hubo un brevísimo instante en que los tres quedaron allí de pie, entre todos los cadáveres, chorreando sudor y sangre y mirándose entre sí con los ojos bien abiertos, pero milagrosamente respirando aún. Vivos.

-¡RÁPIDO, POR AQUÍ!

Harry condujo a Malfoy y a Astoria, corriendo a toda velocidad, por los pasillos de ese piso. Oían las pisadas de cientos de cientos de mortífagos haciendo eco por las escaleras, llegando desde los pisos superiores y desde todas partes…

-Diablos… -Malfoy parecía no poder seguir. Iba rengueando y estaba lleno de heridas que sangraban y parecían de gravedad. Astoria lo sostuvo por los hombros, ayudándolo a caminar.

-Es un buen momento para que se vayan -dijo Harry, que apuntaba con su varita a todas las puertas y hacía complejos hechizos mudos, buscando a Hermione con ellos-. Pueden irse por una ventana con un encantamiento desilusionador, con sus escobas. Han sido de mucha ayuda. Seguiré solo.

-No -negó Malfoy. Astoria lo miró con preocupación y luego miró a Harry.

-Seguiremos adelante -dijo.

-Homenum revelio -dijo Harry, apuntando a una puerta-. De acuerdo, entonces… Por aquí. ¡Vamos!

Se metieron dentro en el momento en que varios mortífagos aparecían allí. Avanzaron por otro pasillo y abrieron una puerta, y luego otra. Harry se iba guiando con su varita, en la oscuridad. Estaban ahora internados en el corazón del castillo y no había ventanas a la vista que les permitieran escapar.

Pasaron por otra puerta, que los condujo dentro de una pequeña sala…

Y entonces Harry la vio:

Hermione estaba allí. Atada con sogas y encantamientos contra una pared. Pero viva. Hermione estaba con vida.

-¡HARRY! -gritó ella, al verlo. Estaba despeinada y había un hilo de sangre cayendo de su frente.

Harry corrió hacia ella, mientras Astoria apuntaba su varita hacia la puerta que acababan de cruzar y Malfoy se recostaba sobre un escritorio desvencijado, con una mueca de dolor.

No había mortífagos dentro, solo estaba Hermione. Tampoco parecía haber más salidas de esa pequeña sala, más que la puerta por la que habían entrado.

Harry sacudió su varita sobre Hermione, pronunciando varios hechizos, y pronto ella quedó libre. Las sogas cayeron al suelo y la mujer bajó del pedestal donde estaba, masajeándose las muñecas. Lucía aterrada y en shock. Su ropa estaba sucia y tenía marcas en todo el cuerpo, como si la hubieran golpeado.

-¿Estás bien?

Ella asintió rápidamente.

-¿Qué te hicieron?

-Nada -dijo ella, rápidamente-. Solo me mantuvieron aquí. Harry, no debieron venir por mí. Lo siento tanto. Debí escucharte. Yo…

-Quizás quieran esperar a después para charlar -dijo Astoria, seria, apuntando aun a la puerta con su varita ornamentada-. Oigo pasos acercándose, y no veo otra salida de esta habitación.

-Sí, fue una trampa, está claro -dijo Harry-. Querían tenernos aquí, encerrados en esta habitación.

-Pues bien, hemos logrado entrar -dijo Malfoy, mirando hacia la puerta con terror-. La cuestión ahora es…

Los cuatro lo oyeron con claridad: Pasos de cientos de mortífagos acercándose, a toda velocidad, con gritos de batalla haciendo eco por todo el castillo, cada vez más cerca...

Se miraron entre sí, sujetando sus varitas con fuerza.

-…Salir -finalizó Harry.