14 de octubre de 2004


-Gracias, Ludo.

Astoria tomó los frascos de pociones y los observó con atención a la luz del sol.

-¡Gracias a ti! -dijo él, con júbilo-. No puedo creer que finalmente me libré de estos asuntos con los duendes.

-Mi familia es de las más antiguas familias de magos en establecer buenas relaciones con los duendes -explicó ella, aun observando las pociones con su rostro serio y sin mostrar emociones-. Hay que saber cómo negociar con ellos, no es sencillo. Pero si alguien podía ayudarte a solucionar tus problemas con ellos, éramos los Greengrass.

Ludo Bagman asintió enérgicamente, feliz de la vida. Se quedó observando las pociones él también, sonriente.

-He tenido que pedir unos cuantos favores para conseguírtelas -dijo, señalándolas-. Pero ahí las tienes: Traídas directamente del mejor elaborador de pociones para enfermedades hereditarias, desde Rusia. Se beben en noches de luna llena, nada más. No se repiten, solo debes beber esa cantidad en tres tragos al mes, hasta acabar los frascos. Te regalarán una buena cantidad de años adicionales de vida.

-¿Cuántos?

-¡Muchos! Vladimir es el mejor, te lo aseguro. ¡Tuve suerte de que me las diera! Me debía unos favores, ¿sabes? Desde que le permití ingresar unas alfombras voladoras en la Copa Mundial de Quidditch… No era exactamente legal… Me aseguró que, con estas pociones, el efecto de la enfermedad se retrasará más o menos quince años. Bastante tiempo.

Ella no dijo nada.

-Quince años más a partir de ahora. Así que puedes olvidarte de los tratamientos en San Mungo por el momento. ¿Cuánto tiempo te habían dado los sanadores?

-Un año -susurró ella, muy seria.

-Pues qué bueno que existe Vladimir -Ludo lanzó una risotada sin gracia-. Bueno, Astoria, fue un placer hacer negocios contigo. Mejor me voy yendo. Tengo una reputación que recuperar.

-Recuerda no decir nada a nadie de esto -dijo ella, guardándose los frascos con mucho cuidado-. Draco no sabe nada de mi enfermedad. No he podido decírselo, aún…

-Sí, no te preocupes.

Astoria se quedó mirando cómo el mago caminaba hasta la chimenea de la casa y desaparecía por ella.

Su mirada quedó perdida en la distancia, su rostro tan serio y ensombrecido a pesar de estar iluminado directamente por un chorro de luz solar que ingresaba por aquellos altos ventanales…


Actualidad


-¡Rápido, por aquí! -dijo Hermione, corriendo hacia una sólida estantería de madera antigua donde había varios objetos de aspecto tenebroso y extraños libros polvorientos. -Los he visto correr esta estantería antes…

Hermione empezó a probar tocando varios objetos.

-Sé que tocaban algo de aquí…

Entonces, cuando los pasos de los mortífagos estaban ya del otro lado de la puerta, la estantería se hizo a un lado con un chirrido, revelando un pasadizo oculto detrás.

-¡VAMOS! -gritó Harry, apartándose de la puerta y guiando a los demás allí a toda velocidad-. ¡ENTREN!

Pasó Hermione, luego Harry, luego Astoria y luego Malfoy. Este último cerró el estante justo cuando la puerta de la habitación se abría. Al instante, Hermione apuntó con su varita en la oscuridad y lanzó una docena de hechizos hacia la parte de atrás de la estantería, bloqueando el ingreso al pasadizo.

-Eso la mantendrá cerrada un tiempo -dijo la bruja, en la total oscuridad. Harry alumbró alrededor con su varita y vio que ella lo miraba asustada. -Unos segundos.

-¡Suban a sus escobas, rápido! -Harry sacó su escoba y se sentó delante. Hermione se puso tras él. Astoria sacó su escoba de su espalda y se sentó con Malfoy en ella.

Salieron disparados a toda velocidad por el túnel, alumbrando hacia adelante y preparándose para atacar de ser necesario.

El túnel bajó por unas escaleras y los condujo, saliendo por detrás de un espejo de tres metros de alto, a una amplia recámara del primer piso.

Ni bien salieron, el espejo se cerró tras ellos y reflejó sus espaldas. Y, más allá, las formas de sesenta o setenta mortífagos que estaban allí esperándolos, con sus varitas apuntando hacia ellos, como si hiciera varios minutos que hubieran estado allí, listos y totalmente preparados para su encuentro con ellos.

Harry se metió la escoba en el cinturón de la espalda y apuntó hacia adelante.

Hubo un breve silencio.

-¿Qué tal? -preguntó Malfoy, sonriendo con unos labios que chorreaban sangre en su rostro lleno de cortes y heridas.

-¡AVADA KEDAVRA! -pronunciaron todos los mortífagos a la vez.

Harry se puso delante de Hermione, cubriéndola con su enorme y musculoso cuerpo, que también estaba chorreando sangre y lleno de heridas, mientras bloqueaba los maleficios de los mortífagos con complejos encantamientos de escudo y dirigía maleficios asesinos él también hacia ellos.

Se desató otra batalla, ellos cuatro contra todo el enorme grupo de mortífagos.

Los maleficios asesinos volaban por todas partes, reventando las paredes y haciendo estallar los cristales de los ventanales.

-¡LACARNUM INFLAMARAE MÁXIMA! -gritó Hermione, apartando a Harry de delante de ella y apuntando su varita hacia todos los mortífagos.

Unas bestiales llamaradas salieron de la punta de su varita como un lanzallamas vivo y furioso, y el fuego cubrió a absolutamente todos los mortífagos, que gritaban y se retorcían de dolor mientras las llamas los consumían, saliendo incesantemente de la punta de la varita de la bruja en un hilo amarillo y rojo, y luego aumentando de tamaño. Harry creyó ver la forma de un dragón en alguna parte del océano de fuego…

Cuando el maleficio acabó, Hermione se quedó allí parada, con la varita en alto y expresión de rabia y decisión en el rostro. Ante ella, humeando, todos los cuerpos de los mortífagos yacían carbonizados, ni uno solo con vida.

-Bien -dijo Harry, sin poder disimular su asombro-. Creo que la salida es por aquí.

Corrieron juntos, los cuatro, hasta una puerta enorme. Pero del otro lado apareció una horda impresionante de mortífagos, una cantidad incontable, más que cualquier otra cantidad de mortífagos que hubieran visto junta en sus vidas… Y todos corrían hacia ellos, bajando desde varias escaleras que había en esa enorme sala del castillo, apareciendo por las puertas y sacando sus varitas.

-Mierda. No es posible… -maldijo Malfoy, exhausto.

Harry no recordaba haber visto nunca antes algo así. Parecía como si todos los mortífagos que seguían vivos en el país hubieran sido convocados allí ese día.

-¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! -con un rugido de ira, transformada por completo, Hermione corrió hacia ellos agitando su varita como loca en todas direcciones, lanzando toda clase de encantamientos complicadísimos que Harry nunca había visto antes en su vida.

Todo empezó a temblar. Las paredes del castillo caían. El suelo temblaba. Los cimientos se movían…

Los mortífagos querían atacarlos, pero el suelo se hundía bajo ellos y caían todos juntos en un pozo sin fondo.

Hermione había hecho colapsar el edificio.

-¡TENEMOS QUE SALIR DE AQUÍ AHORA MISMO! -aulló Malfoy, tomando su propia escoba y tirando de Harry, que estaba a su lado, para que se subiera. Astoria se montó a su escoba y voló a toda velocidad hacia Hermione, que mataba mortífagos hecha una furia, totalmente fuera de sí, y la hizo subir allí con ella.

Las dos escobas salieron volando a toda velocidad por una ventana destruida, una tras otra, en el momento exacto en que la pared donde estaba esa ventana se desplomaba y desaparecía bajo el peso de medio castillo, que estaba colapsando y derrumbándose sobre sí mismo.

Mientras los cuatro salían al exterior, volando en la noche, sintieron que todo se derrumbaba tras ellos.

-¡RÁPIDO, RÁPIDO! -gritaba Malfoy, mientras Astoria y él maniobraban las dos escobas, esquivando los rayos verdes de los maleficios que seguían llegándoles desde atrás, ya que muchísimos mortífagos habían conseguido salir a tiempo del edificio y les disparaban desde los terrenos exteriores.

Vieron humo y fuego: el castillo había sido parcialmente destruido, y el resto estaba en llamas. La columna de humo negro se elevaba hacia el cielo.

Estaban escapando. Atravesaron una masa de árboles, donde impactaron varios de los hechizos que les lanzaban desde atrás, y, cuando pensaron que ya estaban fuera del alcance y lo suficientemente lejos para escapar, se oyó el grito desesperado de Hermione:

-¡FRENEN!

Malfoy y Astoria clavaron los frenos en el momento exacto para evitar que los cuatro impactaran contra una especie de campo de fuerza de color verde que había aparecido de la nada ante ellos.

Los ojos de los cuatro subieron hacia aquella extraña aparición, reflejando su color verde.

Un gigantesco domo de un color verde semi transparente había aparecido ante ellos, rodeando todo el castillo tras ellos y sus inmediaciones, protegiéndolo como una cúpula, como una campana.

Y ellos tres casi acababan de estrellarse contra una de sus paredes, que brillaba en ese color.

-¿Qué demonios es esto? -dijo Malfoy, bajando de la escoba y lanzando un maleficio hacia allí, que impactó en la pared sin alterar su estructura.

-Es un maleficio de magia negra -dijo Hermione, mirando la pared verde con mucha preocupación-. Creo que sé lo que es. No se les ocurra tocarla.

Astoria buscó alrededor, tomó una planta que crecía junto a un árbol, la arrancó de raíz y la arrojó contra la pared del domo. La planta la atravesó y cayó del otro lado, pero al hacerlo se marchitó al instante, en un segundo, y al caer tenía un aspecto amarillo y seco.

-Mata lo que sea que lo atraviese -razonó Hermione.

-Menos mal que nos avisaste a tiempo -Harry bajó de la escoba y se dio vuelta, su varita en alto-. ¡PREPÁRENSE PARAR PELEAR! ¡AQUÍ VIENEN!

Se desató otra batalla. Un grupo de unos cincuenta mortífagos corría hacia ellos desde el castillo, lanzando hechizos por todos lados.

-¡BOMBARDA MÁXIMA! -se oyó que uno de ellos gritaba a lo lejos, y su hechizo surcó el aire yendo directo hacia donde estaban ellos cuatro.

-¡TODOS AL SUELO! -bramó Harry, tomando a Hermione de la mano y saltando de cabeza con ella al suelo.

El hechizo golpeó contra la pared del domo y explotó en ella con un impacto impresionante y bestial, llenando todo sobre sus cabezas de fuego, en una explosión atroz que sacudió hasta el suelo y arrancó árboles de raíz. Pero que, sin embargo, no alteró al domo ni un poco.

Harry y Hermione cayeron dentro de un desnivel del terreno tras un árbol, y la ceniza, polvo y fuego pasaron sobre sus cabezas, rociándolos de ramas y cenizas ardientes. Sintieron un calor abrasador en todo el cuerpo y quemaduras por todos lados.

Harry alzó la mirada hacia Hermione, que estaba boca abajo a su lado, con las manos sobre la cabeza.

-¿Estás bien?

Ella asintió, aunque lucía más débil que nunca, llena de heridas y sangre. Harry dio un salto y corrió al encuentro del grupo de mortífagos, que acababa de llegar a la zona que anteriormente estaba poblada de árboles, ahora todos incendiados y con fuego y ceniza todo alrededor.

Trató de ignorar el potente dolor en cada centímetro de su cuerpo y dejar que la rabia lo guiara.

-¡AHHHHHHHHHH! ¡MUERAN, PEDAZOS DE MIERDA! -Harry los atacó con toda su furia, lanzándoles maleficios asesinos a todos a medida que llegaban, lanzándolos contra el fuego y contra los tocones de los árboles incendiados.

Hermione se acercó a gachas por el suelo hasta donde habían caído Malfoy y Astoria. Pero ambos estaban inmóviles, boca abajo.

Harry la oyó gritar:

-¡Draco! ¡Astoria! ¡Despierten!

Hermione giró a Astoria, colocándola boca arriba. Pero la mujer no solo estaba inconsciente: su cuerpo estaba casi todo carbonizado por el impacto de la explosión. Había una herida gravísima en su cabeza, y al tomarle el pulso vio que no respiraba.

-Astoria… -susurró una voz, a su lado.

Con muchísima debilidad, Draco se arrastró por el suelo, hasta llegar junto a su mujer.

-Amor… -decía, sacudiéndola por los hombros. Él lucía casi tan mal como ella, con quemaduras al rojo vivo en todo su cuerpo. Pero estaba consciente.

Astoria, en cambio, estaba totalmente inmóvil e inerte. Hermione lloraba, y pronto Draco abrazó el cuerpo aparentemente sin vida de su mujer, llorando también.

Harry era el único con fuerzas para seguir atacando.

-¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA!

Harry acuchilló el aire con su varita contra todos los mortífagos que aún peleaban ante él.

Lanzó a uno de ellos por el aire contra el domo: este lo atravesó y al caer del otro lado su cuerpo quedó inerte, muerto.

El domo los mataba.

Arrojó a otro, y a otro más, y todos morían al caer del otro lado.

-¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA!

Mató a los últimos tres, y se quedó en medio del campo de batalla, su varita aun apuntado de un lado al otro, como temiendo que vinieran más, hasta que la bajó, respirando con muchísima dificultad.

Harry anduvo con esfuerzo, trastabillando en una pierna, al encuentro con Hermione.

Draco abrazaba el cuerpo de Astoria, llorando desconsoladamente. Hermione empezó a realizar conjuros apuntando hacia el hombre, y luego se acercó a Harry con el rostro lleno de desesperación.

-Harry… -susurró, sin aliento, en un tono lo suficientemente bajo para que Malfoy no oyera-. Creo que está muerta, Harry. Astoria.

Harry la sostuvo por los hombros, mirándola a los ojos.

-Y Draco está muriendo también, Harry -susurró Hermione-. Esas quemaduras… Acabo de comprobarlo… -señalaba su varita-. Hay que llevarlo con sanadores urgentemente, o él también...

Harry observó a Draco, que tenía un costado completo del cuerpo al rojo vivo, pero no parecía tomar consciencia de ello. Estaba empleando todas sus energías en abrazar el cuerpo ennegrecido y lívido de Astoria.

Oyeron más gritos provenientes del castillo. Aún quedaban muchísimos mortífagos allí. Estaban saliendo por una parte que no había colapsado, del lado más lejano a ellos, como hormigas saliendo de un hormiguero en llamas. No tardarían en ver el fuego en esa zona y concluir en que allí era donde estaban.

-Tenemos que salir de aquí -dijo Harry, tomando a Hermione del brazo y apartándola de Malfoy y Astoria-. Hermione, necesito que te concentres ahora mismo. Necesito que pienses.

-Sí, sí -decía ella, asintiendo rápidamente con la cabeza y con los ojos extremadamente abiertos.

-Hay que atravesar esa cosa -Harry señaló la pared verde semi transparente.

-No se puede… -Hermione ahora empezó a negar frenéticamente-. Creo que sé lo que es, pero... Harry, si esto es el domo de la muerte, como creo que se llama, es un complejo hechizo de magia negra que asesina a todo el que lo atraviese.

-Me doy cuenta -Harry buscó con la mirada alguna otra salida, pero no parecía haberla-. El domo rodea todo el castillo y los terrenos… No se puede huir por otro sitio. Hay que romperlo. ¿Cómo lo hacemos?

-Es un maleficio contra enemigos -dijo ella, pensando a toda velocidad, tratando de recordar el funcionamiento del maleficio-. Sé que el mago que lo conjura elije quiénes son sus amigos, y quiénes sus enemigos. Y solo puede romperlo él mismo. También se rompe si uno de sus enemigos lo atraviesa, pero en ese caso…

Ella alzó la mirada hacia Harry, llena de terror.

-Nosotros somos sus enemigos -dijo Harry-. Si alguno de nosotros lo atraviesa, el conjuro se romperá y el otro podrá irse de aquí.

-No -dijo ella, firmemente-. No, Harry.

Los gritos resonaban tras ellos. Los mortífagos estaban todos cerca de allí, buscándolos en los terrenos exteriores. Debían ser más de trescientos.

-Estamos débiles -dijo Harry, que estaba lleno de heridas, exhausto y a duras penas podía caminar-. No tenemos fuerzas para acabar con todos ellos. Jamás peleé contra tantos antes. No podremos huir, no de otra forma… Es la única manera.

-¡Harry, no!

-De esto me advirtió Firenze -Harry la miró a los ojos, su rostro magullado y con sangre-. De que este momento llegaría. Es mi vida o la tuya. Solo uno puede salir de aquí con vida. Es la hora de elegir.

Los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas.

-Y yo ya tomé la decisión -Harry se quitó la escoba de la espalda y se la tendió a Hermione-. Tú huye con esto, cuando el maleficio se haya roto -Harry se enfrentó a la pared verde, decidido-. Llévate a Draco y al cuerpo de Astoria si puedes. Ve con ellos a San Mungo de inmediato. Y sigue adelante, Hermione. Huye de todo esto. Sigue adelante con tu vida, y disfrútala. Sé que tú sí puedes lograrlo.

-Harry, no lo harás…

-He tomado la decisión -repitió él, caminando hacia la pared verde, de espaldas a ella-. No aceptaré otro resultado.

Empezó a acercarse a la pared, respirando hondo, listo para atravesarla y morir.

-Sé que no… -dijo Hermione en un susurro débil, alzando la varita y apuntándola a él por la espalda.

El maleficio de Hermione impactó en Harry y este salió despedido hacia atrás, en dirección contraria a la pared del domo. Cayó tras un árbol en llamas, a tiempo para ver cómo Hermione arrojaba su escoba al suelo al tiempo que lo miraba con seriedad.

-Tú sigue adelante -le dijo a Harry, que sintió su corazón detenerse-. Yo sé que, algún día, podrás.

Y entonces Hermione empezó a correr hacia la pared, llena de decisión.

-¡NO!

Harry se puso de pie de un salto y la apuntó con su varita, haciendo que Hermione saltara hacia atrás también. Cuando la mujer cayó al suelo, la apuntó nuevamente y la dejó petrificada, con un petrificus totalus.

-¡Ya lo habíamos hablado! -dijo él, con voz ronca-. ¡Te dije que Firenze me advirtió de esto, y que ya he tomado la decisión! Te hice una promesa. Y la cumpliré. Cuando atraviese esa pared, moriré, el hechizo de parálisis se romperá y te podrás mover de nuevo para huir de aquí con Draco.

Empezó a correr hacia la pared y Hermione movió sus ojos, lo único que podía mover debido al petrificus totalus, y vio en el suelo su propia varita, que había caído de su mano.

La convocó rápidamente de la misma forma en que lo había hecho días atrás con Stevens, con su mente, la usó para liberarse del hechizo de parálisis y luego logró petrificar a Harry a solo centímetros de la pared del domo.

Harry cayó al suelo boca arriba, petrificado. Hermione corrió hacia él, le quitó su varita y la arrojó a un lado.

Oían las voces acercándose. Los mortífagos los habían descubierto e iban hacia allí, furiosos.

-Lo siento, Harry -dijo Hermione-. Te quiero demasiado como para permitirlo.

Entonces dio un paso hacia la pared, dispuesta a atravesarla, pero Harry, paralizado, convocó su propia varita de la misma forma que ella, con su mente, y al recuperarla se quitó también el hechizo de parálisis.

Luego se lanzó sobre ella y la abrazó por la cintura, solo segundos antes de que pudiera llegar al domo.

-¡NO!

Se apuntaron mutuamente con sus varitas y empezaron a pelear. Harry la desarmó, pero Hermione convocó su varita con sus manos vacías, la recuperó y siguió peleando.

-¡HERMIONE, BASTA! -gritaba Harry, mientras peleaban entre sí, llamando la atención de los mortífagos cada vez más, tratando de desarmarse mutuamente, sus hechizos volando por todos lados mientras se atacaban entre sí-. ¡ACÉPTALO!

-¡TÚ ACÉPTALO! -bramó ella.

Y entonces, finalmente, Hermione logró quitarle la varita, lo dejó desarmado y petrificado con otro hechizo, y la varita de Harry giró en círculos en el aire hasta que fue atrapada al vuelo por la bruja.

Hermione le lanzó una última mirada, con su varita ganada entre los dedos, y entonces se la partió por la mitad y arrojó los pedazos al fuego que crepitaba a su lado.

-Adiós, Harry -dijo Hermione, y Harry comprendió que ya no tenía movimientos disponibles. Con su varita destruida, y petrificado, no había forma de detenerla. -Usa mi varita para huir de aquí y salva tú a Draco. Y luego hazme un favor y recupera tu vida. Sigue adelante y sé feliz.

Dicho esto, Hermione encaró hacia el domo y empezó a correr hacia él a toda velocidad.

Harry quería gritar. Quería decirle que se detuviera. Pero no podía. No podía mover un solo músculo. Su varita se había consumido en el fuego, y no pudo hacer otra cosa más que mirar cómo Hermione corría a toda velocidad hacia su muerte, su cabello castaño suspendido en el aire tras ella y su rostro iluminándose de verde a medida que la bruja llegaba a la pared de la muerte…

Hermione llegó hasta allí y saltó contra la pared, sus brazos extendidos en el aire, el grito de horror de Harry que jamás pudo pronunciar perdido en el interior de su cuerpo…

Y entonces, cuando Hermione ya estaba en el aire, a punto de impactar contra el domo mortal, una nueva figura, salida de la nada, saltó contra ella.

La figura impactó de lado contra Hermione, abrazándola en el aire, y ambos cayeron juntos justo al lado del brillante domo.

Alguien había saltado contra ella para salvarla.

Los dos quedaron tendidos en el suelo, a escasos centímetros de la pared mortal.

Entonces la figura se puso de pie y el fuego alumbró el rostro quemado de Malfoy.

Respirando con dificultad, Malfoy miró a Hermione y luego a Harry.

-Díganle a Scorpius que lo amo -dijo entonces, sus ojos grises aun brillando por las lágrimas-. Y mándenle un saludo a Firenze de mi parte.

Dicho esto, Malfoy se dio vuelta, dispuesto a atravesar el domo.

Pero entonces…

-¡CARPE RETRACTUM!

Una soga salió disparada por el aire, de la nada misma, envolvió a Malfoy y lo arrastró lejos de allí, hacia atrás, alejándolo del domo.

Astoria estaba de pie. Su brazo ennegrecido estaba extendido hacia adelante, con su varita ornamentada en alto. No podían distinguir nada de su cuerpo, ya que estaba todo negro y carbonizado.

Moribunda, con sus últimas pocas fuerzas, la mujer anduvo los pocos pasos que la separaban del domo verde, saltó contra él y lo atravesó.

Astoria pasó del otro lado y de inmediato cayó al suelo, muerta.

El domo entero desapareció, al tiempo que los mortífagos llegaban y los inundaban con cientos de maleficios asesinos, disparados contra ellos sin piedad.

-¡NOOOOOOOOOOOOOOOO! -se oyó el aullido de dolor de Malfoy.

Hermione corrió con rapidez hacia la escoba de Harry, al tiempo que le quitaba el maleficio de parálisis.

-¡Sube! -Harry ya se había montado a la escoba tras ella, y tuvo que tirar con fuerza de Malfoy para obligarlo a subir él también. Alzaron vuelo frenéticamente y viraron de inmediato hacia el cuerpo sin vida de Astoria, para subirlo a la escoba también; al mismo tiempo que esquivaban los maleficios asesinos que les llegaban entre las llamas.

Hermione alzó el vuelo a toda velocidad, conduciendo la escoba lejos de allí. Malfoy iba en medio, cargando el cuerpo de su mujer, y Harry detrás, lanzando maleficios asesinos tras ellos.

Se alejaron tan rápido como pudieron, perseguidos por maleficios que cada vez fueron quedando más lejos, en la distancia.

Surcaron los cielos nocturnos y se perdieron en la distancia, finalmente a salvo.