Todo lo siguiente fue muy confuso. Su mente estaba tan llena de cosas, tan entumecida por aquello, que más tarde no podría recordar los detalles de lo que pasó. Solo sabía que abandonó ese lugar, se desapareció y apareció nuevamente cerca de San Mungo. Luego hablaba con una sanadora en la recepción, preguntando por la habitación de Kingsley. Y luego estaba allí, ante él.
Kingsley estaba en una cama blanca. Ya era de noche, y las fuertes luces de la habitación iluminaban el rostro del mago, envejecido, que lucía más débil que nunca. Había muchos frascos de pociones en una mesita, a su lado. También había una máquina de aspecto antiguo que emitía pitidos con cada latido de su corazón.
-Harry… -dijo Kingsley, en un susurro, inclinando su cabeza hacia él con mucha dificultad-. Estoy muriendo, Harry…
Harry se limitó a observarlo, con total seriedad y sintiendo que su mente flotaba fuera de su cuerpo. Sabía que el Ministro de la Magia estaba enfermo, porque no había estado yendo al Ministerio últimamente, pero no sabía que fuera tan grave.
-No le dije a nadie la verdadera gravedad de mi enfermedad -confesó él, como leyéndole la mente-. Dicen que me quedan solo horas, minutos, quizás… Así que pensé… Pensé en decirte la verdad, Harry…
Kingsley hablaba con mucho esfuerzo y de forma muy lenta, apenas pudiendo abrir los ojos.
Harry siguió en absoluto silencio, observándolo desde un costado de la cama con el rostro envuelto en sombras, a pesar de la fuerte iluminación blanca que emitían las lámparas del techo.
-Yo sé lo que le pasó a Ginny -reveló Kingsley, con los ojos cerrados y en una voz extremadamente débil y lenta.
Harry temblaba. No podía respirar. Vio cómo Kingsley asentía con la cabeza, muy lentamente, con una paciencia y calma que ponían los pelos de punta.
-Siempre lo supe -reveló.
Harry se aferró a los caños del borde de la cama, sin darse cuenta de lo que hacía. Sus ojos estaban clavados en el mago enfermo ante él.
-Lo sé porque fui yo quien la hizo desaparecer -confesó Kingsley. El mago cerró y abrió los ojos, giró la cara y se quedó mirando a Harry con una frialdad escalofriante.
Las manos de Harry apretaron los caños de la cama con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.
-Yo estuve detrás de todo -dijo Kingsley, mirándolo con unos ojos más vidriosos de lo normal, muy enfermos-. Yo la secuestré esa noche. La saqué de la mansión Malfoy y la hice desaparecer. Yo planifiqué todo… -tosió, con una tos muy ronca y seca-. Primero hice un pacto con Lucius Malfoy. Lo saqué de Azkaban, a pesar de que su condena era mayor. Como Ministro, no fue difícil sacarlo de Azkaban. Y a cambio él se ocupó de todo. Contrató a los mortífagos, ideó los detalles, en su propia mansión…
Kingsley tosió otra vez y pestañeó varias veces antes de continuar, muy débil.
-Tú siempre supiste los detalles de esa fiesta -dijo con voz muy débil-. ¿Cómo es ese discurso que le dices a todos los mortífagos cuando los capturas…? Ah, sí… "Ginny Weasley desapareció la noche del 25 de junio de 2005 en una fiesta organizada en la mansión Malfoy. Kingsley propuso hacerla, y Lucius Malfoy ofreció su mansión". Pues ahí lo tienes. "Kingsley propuso hacerla". Yo soy el mago que estuviste buscando todos estos años, Harry.
"Yo obligué a Lucius a beber una poción muy poderosa que impedía que le pudieran sacar la verdad con veritaserum, aunque era experimental y perjudicial para su salud. Él accedió a todo lo que le propuse, con tal de salir de Azkaban y ser libre. El resto de los Malfoy no tuvieron nada que ver. El mortífago era él, como ya sabes.
Harry apretaba el borde de la cama con tanta fuerza que esta empezó a temblar ligeramente.
-A veces la verdad no es tan complicada, Harry… -continuó Kingsley-. A veces la respuesta es sencilla… Yo soy el Ministro de la Magia. Lo era entonces, y lo sigo siendo ahora. Me ha sido muy sencillo llevar a cabo este plan, con mi posición y el poder que esta me da…
"Me llevé a Ginny fuera de la mansión Malfoy esa noche, mientras los mortífagos llevaban a cabo la distracción para la que los contratamos. Mi plan fue que Ginny quedara desaparecida, únicamente para que tú la buscaras. Para que tú te obsesionaras buscándola. Esa fue mi idea. Mi idea maestra… La saqué de allí y luego le borré la memoria con un encantamiento desmemorizante, le quité hasta el último recuerdo… Le quité su apariencia también, modificándola mediante magia para que fuera irreconocible.
"Con una apariencia totalmente distinta, y sin ningún recuerdo de su vida, ella quedó desamparada y sin saber siquiera quién era. Y no tuviste forma de encontrarla porque ya no lucía como ella. La dejé a la deriva, transformada en algo muy vulnerable que moriría muy pronto sin dejar rastro alguno. Mi plan fue dejarla morir sin dejar un cuerpo reconocible ni pista alguna. Que muriera transformada en algo sin valor, algo sin importancia. Algo que nadie nunca relacionaría con Ginny Weasley. Y eso fue lo que pasó.
"Ginny está muerta, Harry. Murió por ahí, en algún lado, sin saber ni quién era, ni qué era, transformada en otra cosa. Seguramente murió a los pocos días luego de esa fiesta. Pero mi plan era que tú la buscaras durante años y años. Que nunca hubiera un cuerpo, un cadáver, que tú pudieras encontrar. Yo quería que la buscaras, Harry. Que la buscaras por todo el país, por todo el mundo, pero que jamás pudieras encontrarla. Planifiqué todo… para que ocurriera esto.
Una lágrima cayó por el rostro de Harry, rodando por sus mejillas que aún llevaban cicatrices de su última batalla. Pero su expresión no era de tristeza. Era de una rabia extrema que empezaba a rayar en la locura.
-Luego hice todo lo demás -continuó Kingsley, con la misma tranquilidad-. Todo yo. Nadie más. No hubo cómplices. Yo hice todo, Harry. Contraté a esos viejos mortífagos… Utilicé oro que obtuve ilegalmente de forma muy fácil. Al ser Ministro, fue todo muy sencillo. Desviaba fondos del Ministerio de la Magia y me los apropiaba, y con ese oro les pagaba esas grandes sumas a todos esos mortífagos…
-¿Por qué…? -fue lo único que consiguió preguntar Harry, con su rostro empapado en lágrimas y arrugado, sus labios temblando, su cuerpo sacudiéndose.
-Porque te necesitaba, Harry -dijo Kingsley, mirándolo desde la cama con mucha calma-. Desde que Voldemort cayó, estos mortífagos nuevos, los "nuevos mortífagos", se propagaron como una epidemia. Todos estafadores, mafiosos… Estaban por todas partes. Cada vez eran más. Tú lo sabes bien. Eran cientos, miles… El Ministerio no daba abasto, necesitábamos acabar con ellos, matarlos. Necesitábamos un guerrero, un héroe…
"Yo vi esa personalidad en ti, Harry. Después de todo, tú habías matado a Voldemort. Y sabía que tenías la capacidad de ser el héroe que necesitaba el Ministerio. Pero tú, Harry, no querías saber nada. Solo querías trabajar de empleado en el Departamento de Aurores, solo querías que fuera un empleo de ocho horas diarias, nada más. No tenías una motivación real. No estabas dispuesto a pelear. Habías bajado la varita luego de Voldemort, y solo querías descansar y vivir una vida tranquila y feliz junto a tu prometida, tu querida Ginny Weasley...
"Entonces fue que lo supe. La única forma que tenía para volverte el guerrero que necesitaba, el héroe que necesitaba este país, para finalmente y de una vez por todas acabar con todos estos nuevos mortífagos que estaban apareciendo por todos lados, como insectos, era quitarte a Ginny. Tú pasabas todo el día con ella, planeando tu futuro a su lado, sin interesarte por tu trabajo… Pero, sin ella, no tendrías nada más. No más distracciones.
"Y funcionó a la perfección, Harry. Te obsesionaste tanto buscándola, que tú solo, sin que nadie te lo ordenara, desmantelabas células enteras de mortífagos pocos meses después, en tus ansias por encontrar información, por saber qué le había pasado. Hasta aceptaste ser el jefe del Departamento, cosa a lo que antes te habías negado. Gracias a ti, Harry, y a tus insaciables ansias por encontrarla, mira todo lo que hemos logrado… has matado a miles de ellos. Los has matado a casi todos, a estas alturas.
"Eres un héroe, Harry. Has transformado tu cuerpo y tu mente, y te has comprometido de verdad con la causa. Te has convertido exactamente en lo que yo necesitaba. En el héroe que había derrotado a Voldemort una vez, y que yo sabía que tenía el potencial para ser eso otra vez: el gran Harry Potter. La Máquina Mata-Mortífagos.
"Era solo una vida, la de Ginny, a cambio de muchísimas otras. A cambio de salvar las vidas de todos los cientos de magos y brujas que se veían asediados por este grupo de asesinos, ladrones, traficantes… Solo una vida a cambio de la prosperidad y la paz en toda la comunidad mágica… No tengo ningún remordimiento, Harry. Ni el más mínimo.
"Claro que hubo que darte varios incentivos a través del tiempo. Había momentos en que parecía que bajarías la varita, que ya no querrías seguir buscándola. A pesar de que no tenías un cadáver, parecía que el paso del tiempo acabaría haciéndote abdicar en tu búsqueda.
"Por eso fue que tuve que hacer lo demás… Las pistas falsas, las supuestas ubicaciones de ella que te llegaban por medio de información falsa implantada por mí… Pronto supe que si quería que fueras a un edificio lleno de mortífagos y los mataras a todos, la forma más efectiva era implantar una pista falsa de Ginny allí. Usaba a otros mortífagos, de los viejos, a quienes contacté por carta, ocultando siempre mi identidad, para que pusieran pistas falsas de ella dentro de grandes instalaciones repletas de los nuevos mortífagos. Era una excusa, para que fueras allí y los mataras. Ese era el verdadero propósito. Que mataras a toda esa escoria.
"Esos cabellos suyos que te llegaron por carta hace unos años no eran actuales. Yo jamás volví a ver a Ginny, ni a su cuerpo. Sé que murió, me consta, pero el plan era que el cuerpo quedara tan bien escondido que ni yo supiera dónde estaba. Sin embargo, antes de abandonarla para que muriera le quité algunos mechones de cabello, que me guardé durante años. Finalmente, cuando pensé que era el momento indicado, tomé esos cabellos bien conservados y te los envié con mi lechuza…
El rostro de Harry estaba rojo por las lágrimas. Su cuerpo estaba colapsado y derrumbado. Una parte de él, la parte emocional, deseaba matar a Kingsley en ese preciso momento, arrancarle la cabeza del resto del cuerpo con la mayor violencia posible. Pero la otra, la racional, le decía que lo escuchara hasta el final primero, que no se deshiciera de aquella fuente de información hasta que ya no le quedara absolutamente nada por revelar.
-Tienes que entenderlo, Harry -siguió Kingsley, sin dejar de toser, muy débil-. Lo hice por un bien mayor. Mira qué fuerte te has puesto, cómo has matado a miles de mortífagos por todo el país… Cada vez que yo ponía una pista falsa de Ginny en algún sitio, tú ibas allí y los matabas a todos. Si no lo hubiera hecho, estaríamos asediados por muchos más mortífagos hoy en día. Asesinos, estafadores, mafias… Pero, gracias a lo que hice, ahora este país es un lugar mucho mejor, más seguro. A veces un verdadero Ministro, a quien de verdad le preocupa su gente, debe hacer cosas que no quisiera… por el bien de los magos y las brujas de su país.
"Debes pensar en la gente, Harry. ¿Crees que me gusta ser un asesino? ¿Que me gusta haberme convertido en esto? Pero no soy egoísta. No pienso en mí. No pienso en irme de este mundo con un alma limpia y sin manchas. No pienso en nada de eso. Yo pienso en la gente, Harry. En la comunidad mágica. Todo lo que hice, lo hice por ellos. Y si tú te preocuparas por ellos también, Harry, deberías estar orgulloso de que haya pasado todo esto. De todo lo que has logrado. Deberías estar feliz de cómo resultaron las cosas.
Harry deseaba asesinarlo. Kingsley parecía convencido de verdad de que su plan había sido bondadoso, una obra de bien. Pero entonces volvió a hablar, con una voz fría y oscura, y dijo:
-Siento mucho haber tenido que mandar a matar a Ron.
Harry clavó en él una mirada peligrosa y asesina. Cada célula de su piel se estremeció.
-Estabas perdiendo interés. Ni siquiera el cabello de Ginny que te llegó logró que te motivaras lo suficiente. Necesitaba algo que te pusiera de nuevo en acción. Tocar a tus seres queridos era tu debilidad. Sabía que tenía que tocarlos a ellos, a las personas a tu lado, para que reaccionaras. Para que fueras mi Máquina Mata-Mortífagos.
"Por eso mismo he mandado a secuestrar a Hermione también, cuando vi que te veías con ella de nuevo. Cuando vi que tenías interés en ella, en su protección. Y mira qué bien te fue, Harry. En tu misión más reciente, de hace solo unos días, has eliminado a más mortífagos que nunca en tu afán por rescatarla. Casi todos los nuevos mortífagos que quedan en el país estaban allí esa noche. Claro que no pudiste con todos, lamentablemente, y muchos huyeron con vida. Pero no importa. Quedan muy, muy pocos ahora. Estás muy cerca de eliminarlos a todos, Harry. Muy cerca de finalizar la misión que preparé para ti hace más de quince años…
-Eres un hijo de puta -dijo Harry finalmente, sin contenerse más, inclinándose sobre él y escupiendo su rabia sobre su enfermo rostro, sin poder dejar de llorar y temblar-. Eres un hijo de mil putas, Kingsley… -la voz le temblaba sin control, igual que todo su cuerpo-. Voy a matarte, voy a arrancarte cada extremidad de tu inmundo y despreciable cuerpo…
-Oh, Harry, no es necesario, yo ya estoy muriendo -Kingsley sonrió, con total tranquilidad, una sonrisa fría y sin un ápice de culpa-. Y moriré con la conciencia tranquila. Porque sé que he hecho lo correcto. He hecho lo mejor para mi país, para mi gente…
Harry cayó de rodillas junto a la cama y hundió la cara en las manos, mientras lloraba descontroladamente. Sus lágrimas caían al suelo, una tras otra, mientras su cuerpo se sacudía sin control. Estaba a punto de enloquecer por completo.
-Te he convertido en el héroe que estabas destinado a ser, Harry. Debo decir que la idea me la dio Dumbledore... Él te había criado como un cerdo para el matadero. Pero yo no podía desaprovecharte así. Quería hacerte fuerte y poderoso para siempre. Para sacar lo mejor de ti, pero estando tú con vida. Hubiese preferido hacerlo de otro modo, pero no me dejaste opción…
"Si hubieras puesto más interés, más dedicación… no hubiera tenido que engañarte de esta forma. El secuestro del hijo de Draco, por ejemplo, fue porque sabía que tú sospechaste siempre de Draco; porque él era un Malfoy, porque tú ya habías averiguado lo de Lucius y querrías recuperarlo para averiguar por qué lo habían secuestrado. Siendo un Malfoy, tú lo vincularías con Ginny. Y al hacerlo, matarías a todos esos mortífagos. Por eso lo elegí a él.
"Todas las personas que decían haber visto a Ginny te conducían a lugares llenos de nuevos mortífagos, y tú los matabas a todos… Tuve que planificar todo esto yo mismo, sin ayuda de nadie. No podía permitirme ser descubierto, así que actuaba solo, contratando a esa gente. No fue un trabajo fácil, también fue un gran sacrificio para mí. Pero lo hice porque era necesario. Lo más eficiente de mi plan, debo decir, es que los propios nuevos mortífagos accedían a colaborar con su propia destrucción, sin saberlo, a cambio de oro.
"Sabía que el oro los corrompe. Les ofrecía grandes sumas de galleons para que tuvieran algún prisionero que a ti te interesara, por ejemplo. Ellos aceptaban el oro y luego tú los matabas a todos. Fue un juego, podríamos decir, donde los propios jefes mortífagos que yo contrataba condenaban a los otros, a los nuevos mortífagos, con el oro que yo les daba, para ejecutar el plan. Pero todo eso no hubiera funcionado sin ti, sin tu locura desmedida, sin tu ira que te hacía ir y matarlos a todos. Ese era el ingrediente fundamental del plan.
"Claro que, con el tiempo, todos te empezaron a temer, y ya no querían tener nada que ver contigo. No podía seguir pagándoles para que alguno dijera que tenía una pista del paradero de Ginny, como antes, porque sabían que si accedían a decir eso serían magos muertos. Entonces tenía que recurrir a planes más complicados, como estos secuestros. La mayoría de las veces que accedieron a secuestrar a alguien, lo hicieron sin saber que tú estabas interesado en la persona, como con el hijo de Malfoy, o de lo contrario no lo habrían hecho. Por temor a tu ira.
"Con Hermione, por ejemplo, me costó muchísimo lograrlo, porque no querían saber nada. Sabían que era amiga tuya, y que desatarían tu ira al tomarla prisionera. Tuve que hacer un gran desvío de fondos en el Ministerio y robar muchísimo oro público para conseguirlo. Finalmente, con el monto adecuado, accedieron. El oro es su debilidad. Por el precio adecuado, ellos lo harían…
"Yo jamás revelaba mi identidad a nadie. Muchas misiones las hacía yo mismo. Como ir a la casa de la madre de Hermione con poción multijugos, o seguirte a ti y a tus amigos por la calle para ver dónde vivías y averiguar otras cosas tuyas, vestido de personajes distintos. El último que utilicé fue el de una señora gorda con vestido rosa… Yo mismo hacía esas misiones. Necesitaba saber qué era lo que te motivaba, para saber a dónde apretar, a dónde meter el dedo, para que tú saltaras a la acción…
Kingsley hizo una mueca con la mano, como si pellizcara algo, y luego tuvo otro ataque de tos. Harry sintió deseos de arrancarle el brazo entero. No dejaba de temblar. Cada revelación lo hacía sacudirse más y más, con horror y una rabia asesina.
-Lo de aparecerme en casa de Hermione fue para que se alejara de ti. Quise negarle el cambio de Departamento, en un principio, pero no pude. Es una bruja muy inteligente. Dicen que es mi futuro reemplazo, como Ministra de la Magia. Así que temí. Tenía miedo de que con ella en el Departamento de Aurores fueras a descubrirme. Tú me enviaste el reporte de asistencia de tus empleados esa mañana, como todos los días, y en él figuraba que ella no había ido a trabajar, así que deduje que estaría en casa. Parecía el momento perfecto. Claro que no sabía que mi enfermedad era tan grave entonces, o no me habría molestado… Pero ahora que estoy por irme, te puedo revelar todo, finalmente. Sin mí, sin nadie que te motive… Quizás, sabiendo la verdad, eso sea una motivación para ti también, para que finalices el trabajo que queda…
-No voy a finalizar ningún trabajo -dijo Harry, que tenía su varita en la mano y, sin darse cuenta, la estaba clavando en el negro cuello del mago, con tanta fuerza que temió que esta le atravesara la garganta de un lado al otro y no pudiera seguir hablando.
Tenía que contenerse. No podía matarlo. No aún.
-Nunca en mi puta vida volveré a matar a ningún mortífago -le escupió, sus ojos muy abiertos de una forma que indicaba peligro-. Tu plan fue enfermo, desquiciado, y haré todo lo posible porque quede arruinado, para siempre. Para que toda tu mentira no haya sido más que un puto fracaso. Voy a matarte, Kingsley, y todo el mundo mágico sabrá que fuiste una puta basura…
La mano de Harry temblaba. La varita estaba hundida varios centímetros en la piel del mago, que estaba muy enfermo y volvió a toser, sin dejar de mirarlo con frialdad y con esa sonrisa horrible…
Lo más terrible era que, aunque no pronunciara palabra, Harry sabía a ciencia cierta que a Kingsley todo eso no le importaba en absoluto. No le importaba su imagen, ni cómo la gente fuera a recordarlo. Tenía la expresión de satisfacción de una persona que había cumplido con su trabajo exitosamente.
Tuvo otro ataque de tos, y Harry aflojó la fuerza en la varita.
-Háblame de esa noche -dijo entonces, porque sabía que no aguantaría más-. Dime todo sobre esa noche. La fiesta en la mansión Malfoy.
-Bueno… -Kingsley tosió de nuevo, antes de continuar-. Como recordarás, yo ideé la fiesta. Todos sabían eso, pero no pensé que sospecharan de mí, porque siempre hacíamos esas fiestas, en conmemoración… -volvió a toser-. Y Lucius ofreció su mansión. Todo estaba planeado…
-Dime qué mierda le hiciste a Ginny -dijo Harry, su varita clavada innecesariamente en su garganta. La furia trepaba por su espalda con rapidez, hacia su cerebro. No podía pensar claramente. Las emociones eran muy fuertes. -¡DIME QUÉ MIERDA LE HICISTE!
-La mejor información que puedo darte… -volvió a toser, con la voz rasposa-. Es decirte exactamente en qué la transformé, antes de sacarla de allí… Antes de borrarle la memoria…
-Dímelo -ordenó Harry, serio como la muerte, sus ojos a centímetros de los del mago moribundo-. Dime exactamente en qué la transformaste para que yo no pudiera encontrarla.
Pero Kingsley empezó a tener un ataque de tos más fuerte que los anteriores. Harry le quitó la varita de encima y respiró hondo, tratando de calmarse, su corazón latiendo a toda velocidad.
-Dímelo -repitió-. Dime…
-Yo… -dijo él, pero no podía hablar. Tosía demasiado. Miró a Harry con su rostro de un morado oscuro. -Ella ha muerto, Harry… No iba a sobrevivir… Ella… La transformé… en…
Y, entonces, la máquina detrás de Kingsley empezó a emitir pitidos violentos, a todo volumen.
Kingsley tosía más que nunca, su cuerpo sufriendo sacudidas. Estaba teniendo un ataque.
-¡NO! -bramó Harry, aferrando el brazo del hombre con tanta fuerza que casi se lo arranca-. ¡NO! ¡HIJO DE PUTA! ¡DÍMELO! ¡DÍMELO AHORA MISMO! ¡MALDITO HIJO DE PUTA, HABLA!
Pero Kingsley no podía parar de toser, con los ojos muy abiertos, desorbitados, y la máquina emitía una alarma fuertísima. Pronto, se oyeron los pasos acelerados de los sanadores, que se acercaban hacia allí corriendo.
-¡HABLA! -le ordenó Harry, sacudiéndolo con violencia, con furia, con una ira asesina-. ¡DÍMELO AHORA MISMO, HIJO DE MIL PUTAS! ¡MALDITA MIERDA, DÍMELO…!
Sintió que lo tomaban por los hombros. Los sanadores lo apartaban de la cama y atendían a Kingsley a toda velocidad.
Harry lloraba y se sacudía, sintiendo que moriría.
-¡Rápido, aplíquenle poción anti-shock! -se oía la voz de una sanadora. Todos los sanadores lo atendían desesperados, aplicando pociones y haciendo hechizos en torno a la cama.
Harry tenía los ojos desorbitados y pensó que su cabeza explotaría en cualquier momento.
De pronto, los sanadores dejaron de moverse. Dejaron de actuar. Ya no aplicaban pociones ni se movían. La máquina cambió el tipo de sonido, a uno largo y continuo.
Se miraron entre sí.
-Ha muerto -dijo uno de ellos, cabizbajo, apartándose lentamente de la cama.
