El mar se agitaba con violencia bajo él. El sol se asomaba en el horizonte, ahora del lado izquierdo.

La noche había acabado y Harry ahora estaba de rodillas en el suelo, con los brazos caídos. Hundido en la derrota. De vuelta al borde del acantilado, donde estaba aquella casa a la que ni siquiera había entrado en todo ese tiempo, con su mochila aun en el suelo.

-¡HARRY!

Ni siquiera alzó la mirada. Oyó a Hermione acercarse corriendo, la sintió lanzándose en sus brazos.

-¡Harry! ¿Estás bien? ¡Te he venido a buscar antes, pero no pude encontrarte! ¡Tenía tanto miedo! ¡Alerté a todo el mundo! ¡¿Dónde estabas?!

Harry no respondió.

-¡¿Cómo pudiste?! ¿Cómo pudiste engañarme así? -estaba histérica, y la sintió llorar-. Pensé que estabas… Pensé que…

-Todo acabó, Hermione.

-¿De qué hablas? ¿Qué ocurrió? ¿Qué…?

Harry le contó todo. Le dijo toda la verdad. A medida que lo hacía, el semblante de ella se ensombrecía, y sus ojos se abrían cada vez más con la verdad.

-Las palabras de Kingsley fueron… fueron… -Harry no se sentía capaz de pronunciarlas, pero lo hizo-: "Ella ha muerto. No iba a sobrevivir".

Los primeros rayos del sol, tras el océano, alumbraron el rostro de Harry. Era el rostro de un hombre destruido, con su corazón en pedazos en sus manos, un hombre totalmente acabado.

Un hombre que lo había perdido todo, que había fallado. Al que le habían quitado absolutamente todo.

Ya nada quedaba. Ahora tenía respuestas, pero, ¿de qué servían?

-Ginny ha muerto -dijo Harry entonces.

Y finalmente lo comprendió. Finalmente, la aceptación llegó a él, con una verdad tan clara como si la alumbraran aquellos débiles y dorados rayos del sol.

-Kingsley la ha matado. Dijo que la transformó mediante magia para sacarla de allí sin que ningún testigo la reconociera… para luego dejarla morir. Como le borró la memoria de forma total, ella quedó perdida y desamparada de alguna forma en que nadie la reconocería para ayudarla, sin recordar nada de su vida, ni siquiera quién era ella misma...

"Dijo que la dejó desamparada y transformada 'en algo muy vulnerable que moriría pronto sin dejar rastro alguno'... Esas fueron sus palabras. Dijo que seguramente murió a los pocos días. Que murió transformada en algo sin valor, algo sin importancia...

Hermione se tapaba la boca con las manos y lloraba en silencio.

-No llegó a decirme en qué estaba transformada... Supongo que pudo ser cualquier cosa -Harry tenía la mirada encima del océano, aunque sin verlo, y seguía de rodillas en el suelo rocoso. Negó con la cabeza, lentamente. -Algo sin valor…

La expresión de horror de Hermione le indicó que ella estaba pensando lo mismo que él.

-Barty Crouch Sr. fue asesinado en Hogwarts durante el Torneo de los Tres Magos -dijo Harry en voz baja-. Justo antes de la prueba final, su hijo, que se hacía pasar por Ojoloco, lo mató y lo transfiguró en un hueso… que luego enterró en la tierra recién excavada de la cabaña de Hagrid.

Ella no dijo nada. Ambos se quedaron en silencio, recibiendo en sus rostros la salada brisa del mar.

-Supongo que todos esos mortífagos tenían razón… -continuó Harry-. Cuando me decían que esa era la clase de cosas que solían hacer ellos, los mortífagos, para desaparecer los cuerpos de sus víctimas… Algo así debió haber hecho Kingsley. Dijo que quería vencerlos, pero en verdad él se había convertido también en uno de ellos. Y todo este tiempo, yo creía que no había sido así. Yo estaba convencido de que había pasado algo distinto, de que... de que quizás...

Sus ojos se llenaron de lágrimas otra vez.

-Creía que había algo más que eso, pero… Solo era yo, aferrándome a esperanzas vanas… y nada más.

Cerró los ojos y se sacudió con el llanto. Hermione se puso de rodillas a su lado y lo abrazó, con cuidado.

-Y yo jamás volveré a verla… Jamás sabré dónde está su cuerpo… ¿Hace cuántos años que habrá pasado? ¿Hace cuánto tiempo habrá dejado de existir en este mundo…?

Hermione quería decir algo para tranquilizarlo, pero no podía. Harry se derrumbaba en sus brazos, una masa de músculos bajo los cuales no había fortaleza alguna, solo un caos interminable.

Y ella deseaba poder tener una respuesta, alguna iluminación que lo hiciera sentir mejor, alguna certeza sobre qué había pasado con Ginny luego de aquello, luego de aquella noche, luego de que Kingsley la sacara de la mansión Malfoy dispuesto a deshacerse de ella para siempre.

Pero no había nada en su cabeza. No había ninguna información. Hermione no tenía forma de atar los cabos. Siempre la gente había dicho que era una mujer brillante, con una inteligencia superior, pero no tenía forma de saber qué había ocurrido. Por más que quisiera, no encontraba nada en su mente.

Ninguna pista. Ninguna certeza.

Y Harry siguió llorando, de forma interminable. Y luego de lo que pareció una eternidad, el sol caía de lleno sobre ellos por encima del mar, y su cuerpo dejó de temblar.

Hermione se atrevió a hablarle otra vez.

-Prométeme que… Harry, prométeme que no harás lo que estabas por hacer.

Él se quedó en silencio, sus ojos apagados, en la nada.

-Harry…

-Mi vida no vale nada, Hermione.

-No es cierto.

-Ella jamás va a volver.

-No, es cierto -dijo Hermione, asintiendo muy seria-. No va a volver. Ni tampoco Ron -empezó a llorar ella también, de nuevo-. Pero no tienes por qué irte también.

Dijo eso último entre lágrimas, abrazándolo con fuerza, llorando en sus hombros y susurrando en su oído.

-No puedes dejarme sola... No puedes.

Ahora Hermione era la que se sacudía con un llanto incontrolable.

-Morir no significa nada para mí -dijo Harry en susurros casi inaudibles-. Todos estos años, todas esas batallas que luché… Todo estuvo mal. He matado a cientos de personas solamente por seguir el plan de alguien que no era más que otro villano más, como ellos. Y creo que siempre lo supe, ¿sabes? Siempre supe que no había nada al final de ese camino, pero es que necesitaba seguir algún camino. Cualquiera. Para no pensar. Para no procesar la terrible verdad... Para que no llegara este día, en el que ya no tengo a dónde huir.

Sentía las lágrimas de Hermione humedeciendo su hombro. Ambos se abrazaban el uno al otro como si estuvieran por caer de aquel barranco y sujetarse del otro fuera lo único que pudiera mantenerlos en tierra firme.

-Algo dentro de mí sabía que ella ya no estaba aquí… Por eso pude meterme en todas esas batallas, sin tener miedo a nada. Porque nunca tuve miedo a morir. Si Ginny murió, yo también quiero hacerlo. Creo que siempre he querido hacerlo, de hecho. No me importa...

-A mí sí me importa… -dijo ella, desesperada-. A mí sí me importa. A mí me importas mucho.

Hermione le acarició el cabello y el rostro.

-Ahora al menos sabes la verdad, Harry. Sabes qué pasó. O al menos sabes tanto como es posible… Por favor, te lo pido, deja todo atrás. Ya no puedes buscar más en el pasado, no hay dónde. Ya no hay nada más que puedas averiguar o hacer. Tu búsqueda terminó, pero tu vida no. Créeme, no fue fácil para mi tampoco aceptar que Ron había muerto, pero… Pero tienes que intentarlo… Tienes que hacer el esfuerzo.

Se miraron a los ojos, ella sosteniéndole la cara con ambas manos. Harry estaba totalmente derrumbado, pero asintió. Se mordió los labios y asintió con la cabeza, con las lágrimas cayendo una tras otra por su rostro.

Ella lo abrazó muy fuerte otra vez, y así se quedaron durante otro largo rato.

Hermione tenía razón, después de todo.

Aquello había acabado. La investigación, la búsqueda, todo.

La verdad estaba allí, aunque no fuera tan clara como hubiese querido. Aunque no tuviera tantos detalles como hubiera sido necesario para cerrar el ciclo de verdad. Para seguir adelante.

¿Pero qué otra cosa podía hacer? Ya no había dónde buscar, esa era la cruel verdad.

Ya no había cómo conseguir más detalles.

Había pocas opciones: Una era la que le ofrecía Hermione, y otra estaba al borde de ese acantilado.

Pero al menos tenía tiempo. Todo el tiempo del mundo. Nada de aquello importaba realmente, porque nada traería a Ginny de vuelta, y tampoco a Ron, ni a nadie más.

El tiempo pasaría, pero las personas que se habían ido ya no iban a volver. Como tampoco sus padres, ni su padrino, ni ninguna de las personas que lo habían abandonado en su vida.

Solo era eso: tiempo. Tiempo que pasaría, que seguiría adelante, con o sin él.

Y la única decisión que estaba en sus manos era la de seguir adelante él también, o desaparecer, o quedarse viviendo para siempre en recuerdos.


2 meses después


Hedwig Junior dormía pacíficamente en su jaula, tapando su cabeza con sus alas. Lila estaba en el suelo, con una expresión aburrida, observando una mosca que revoloteaba por la sala de estar de la casa de Harry. Había vuelto a su casa, ahora que ya nadie lo estaba acechando. El sol entraba por la ventana y alumbraba el sofá donde, en lo que parecía ser una vida anterior, Harry solía quedarse dormido bebiendo tarde en la noche.

Pero ya no había alcohol en la casa de Harry. La petaca plateada sobre la mesa contenía un tónico energizante, la única bebida a la que ahora el mago recurría a veces, en determinados momentos del día.

Tampoco había lechuzas negras entregando mensajes, ni existía más aquel cuarto anexo donde solía guardar todas las pistas que iba recopilando sobre sus casos. Había convertido esa habitación en un dormitorio para visitas.

La puerta del baño se abrió y Harry apareció allí, secándose la cara con una toalla. Acababa de afeitarse por primera vez en años.

Anduvo por la sala y se detuvo frente a un mueble de madera que tenía un espejo decorativo en el fondo. Observó en él su reflejo: Parecía ligeramente más joven sin barba. Además, su cara de pronto tenía menos cicatrices que nunca. La cicatriz con forma de rayo en su frente ya no estaba tan perdida en medio de tantas otras, sino que volvía a tener cierto protagonismo.

Había un silencio inquietante en el aire, un silencio demasiado fuera de lo común, como si cientos de voces que susurraban cosas en sus oídos se hubieran callado de pronto.

No podría describir aquello como "paz". Pero, si algo en el mundo se parecía remotamente a aquello esos días, entonces eso era.

Se acercó a la mesa y le dio un trago a su petaca. El tónico energizante le llenó el cuerpo como una ligera descarga eléctrica. Le dio el ánimo suficiente para ponerse de pie nuevamente, caminar hasta un armario y sacar una caja de cartón vacía.

Hacía dos meses que Harry ya no trabajaba en el Ministerio de la Magia. Pensó en eso mientras quitaba adornos viejos del mueble de la sala y los guardaba allí, en esa caja. Hacía dos meses que había renunciado, rechazando también la indemnización que el Wizengamot le ofreció como disculpa pública por las acciones del antiguo Ministro de la Magia.

Lo cierto era que no la necesitaba. Tenía oro suficiente para mantenerse.

Anduvo hasta su cuarto con la caja y empezó a vaciar ciertas cosas de allí también. Hacía tiempo que quería cambiar la decoración, porque le deprimía. Tiró adentro unos cuadros que se movían mediante magia, que tenía hacía años, así como ciertos objetos mágicos que no usaba nunca.

Ahora que no trabajaba, pasaba todo el día en su casa, solo. Los últimos dos meses los había dedicado a nada más que estar allí, ignorando las portadas de El Profeta con su rostro, las noticias por todos lados hablando sobre lo que había ocurrido, y cómo toda la verdad sobre Kingsley había salido a la luz… Volvía a ser famoso otra vez, más que nunca desde la caída de Voldemort.

Y, al igual que en aquellos tiempos, no le interesaba en lo más mínimo.

Tomó un portarretratos de un mueble de su habitación y se lo quedó mirando. Era el último que le quedaba. El último que aún guardaba con él…

Ginny se movía en la imagen, sonriendo a la cámara y saludando. Estaba sentada junto a Harry en alguna parte de La Madriguera. Ambos parecían muy felices juntos, y había algo en su rostro especialmente hermoso en aquella foto que la había convertido en su favorita de ella.

Se la quedó mirando unos instantes. Acarició una vez más el marco, contemplándola…

Muy lentamente, con mucho más cuidado del que requería ese portarretratos para no dañarse, lo colocó dentro de la caja, sobre los demás objetos. Luego cerró finalmente la caja, la apuntó con su varita y esta se selló al instante. La hizo levitar y la puso en lo alto de un armario, empujándola con su varita lentamente hacia atrás, donde quedó acomodada.

Se sentó en el borde de su cama, con una expresión de tristeza en el rostro.

La tarde pasó rapidísimo, y pronto se dio cuenta de que estaba anocheciendo. Hizo una cena improvisada y, al acabar, dejó los platos sucios en el fregadero. Aplicó el hechizo para que estos se lavaran mediante magia y abandonó la cocina, dejando a la esponja moviéndose sola sobre ellos.

Respiró hondo, y en ese momento oyó que llamaban a la puerta.