Vine por ti
Sinopsis: Naruto se propone acercarse al solitario chico nuevo, aunque le cueste mucho comprender sus rarezas. ¿Cuál será el secreto que guarda ese muchacho de mirada penetrante y gestos silenciosos? SasuNaruSasu / One-shot / AU Escolar / AU de ángeles / Escrito en vivo
Advertencias: one-shot AU Moderno y Escolar, SasuNaruSasu, AU de ángeles. Este fic fue escrito durante un video en vivo en mi página de Facebook el 08 de febrero de 2022 a partir de los pedidos que hacían lxs espectadores en el momento, por eso puede dar algunos giros inesperados y terminar abruptamente (cuando terminó el tiempo del vivo). Agradezco mucho a todas las personas que participaron, ¡esta historia es suya! Yo me divertí mucho siguiendo sus ideas. Para quienes no estuvieron presentes, sepan que aún pueden ver el video en mi página de Facebook. También pueden participar de las próximas sesiones de escritura, por ahora las estoy haciendo los martes a las 19hs (horario argentino). Si desean leer otros fics escritos en vivo, tengo una serie dedicada a ello en Ao3.
La escuela era sin dudas un lugar aburrido para Naruto, pero en alguna que otra ocasión aparecía una distracción que valía la pena. Aquel año, esa distracción se llamó Sasuke.
Los profesores lo presentaron al inicio de clases como un alumno de intercambio que venía de un país lejano del cual Naruto nunca había escuchado. Sin embargo, no tenía acento y el tipo de costumbres que desconocía no eran las esperadas.
Por ejemplo, Naruto lo encontró no sabiendo qué hacer con la comida que les entregaban al mediodía ni tampoco parecía muy orientado con el uso de los baños. Al principio, él y sus amigos se reían del nuevo y sus muchas rarezas, sin embargo Naruto no terminaba de sentirse cómodo en esa posición.
Más de una vez, descubrió que Sasuke tenía la vista fija en él. Pero no era una mirada hostil o rencorosa por sus muchas burlas, sino que más bien transmitía cierta melancolía o nostalgia, como si estuviera esperando algo distinto de él. Como si… lo hubiera decepcionado. Esto de algún modo lo hizo repensar su actitud. ¿Qué tal si Sasuke se sentía tan solo como él se había sentido cuando recién había entrado al colegio? ¿Qué tal si en esa mirada le estaba pidiendo ayuda, le estaba pidiendo su compañía? Era su deber hacer algo al respecto.
Por lo tanto, decidió hacerlo. Al estilo Naruto Uzumaki, claro.
Al lunes siguiente, cuando llegó al aula se dirigió a grandes zancadas hasta el pupitre doble en el que Sasuke se sentaba junto a su propia mochila. Con una gran sonrisa, se puso de pie sobre la mesilla. El otro levantó la cara hacia él con desconcierto.
—¡Ya lo decidí, Sasuke! —exclamó— ¡De ahora en más me sentaré contigo y ya no estarás solo!
Sasuke solo lo contempló extrañado.
—¿…está bien?
A partir de ese día, empezaron a hacer todo juntos. Las tareas —en las que, a pesar de su cara de perdido en otras cuestiones, Sasuke era muchísimo más habilidoso que Naruto—, los recreos e incluso alguna que otra salida escolar los realizaban uno al lado del otro. No obstante, algo aún fallaba. Naruto había probado todos sus chistes verdes, le había hecho cosquillas y hasta le había escondido los útiles para que al menos se enojara o tuviera alguna reacción, pero Sasuke tan solo le dirigía otra de sus profundas miradas tristes.
Bueno, también lo golpeaba. Sobre todo cuando le trataba de hacer cosquillas de nuevo. Pero al final era solo la nostalgia lo que afloraba en su expresión.
¿Qué era lo que Sasuke quería de él? Naruto estaba decidido a averiguarlo. Era bastante difícil porque Sasuke no era muy dado a las palabras y en realidad tampoco Naruto sabía cómo sostener una conversación seria. Con sus otros amigos se la pasaban jugando y gastándose bromas, pero ese no parecía el método adecuado para ganarse a este nuevo compañero.
Quizás la primera señal de por dónde debería ir la encontró la vez que llegó a la escuela con una paleta de helado. Hacía días que tenía ganas de tomar helado y venía juntando monedita tras monedita para comprarse uno. Ahora que al fin lo tenía en sus manos, estaba disfrutándolo como nunca. Cuando llegó al patio de la escuela, divisó rápidamente a Sasuke en soledad, como siempre, sentado en un banco en el que le daba de lleno el sol. Se acercó sonriendo y se sentó junto a él. Entonces, reconoció en los ojos de su compañero un brillo distinto. Miraba atentamente cómo se llevaba la paleta a la boca y no se apartaba de él, como si hubiese en ello alguna clave. O más bien como si quisiera darle una probada a esa paleta.
Naruto le devolvió la mirada, suspicaz.
—Ehm… ¿Quieres helado, Sasuke? Este es mío, me costó mucho comprarlo… después de clases te compras otro.
Sasuke se encogió de hombros.
—No quiero nada, no te preocupes —afirmó, lo cual era una evidente mentira.
El rubio dudó, incómodo. No le gustaba cómo se sentía el haber dicho que no. Algo le hacía mucho ruido allí. Finalmente, hizo de tripas corazón y extendió el brazo hacia él.
—Está bien… ¿quieres? Solo un poco, no te lo termines, eh.
Sasuke alargó su mano también hasta rodear la suya y llevársela a la boca. No era eso lo que Naruto esperaba, por lo que no pudo evitar sonrojarse mientras lo veía presionar su puño con los dedos y morder suavemente la punta del helado.
Mientras tragaba, la cara de Sasuke se iluminó. Diablos, realmente debía de gustarle esa paleta.
—¿Cómo dijiste que se llamaba esto? —preguntó, intentando disimular su sonrisa.
—Es un helado, Sasuke, ¿qué acaso nunca habías comido uno?
El otro negó con la cabeza, sin soltar su mano. Durante un instante, se miraron fijamente en silencio. El helado se derretía entre ellos, chorreando sobre los dedos de ambos.
—Ahm… —logró articular Naruto, después de un rato—. Está bien… puedes comértelo todo. Yo luego encontraré cómo comprar más.
Sasuke asintió y volvió a llevarse la paleta a los labios. Sencillamente, se quedaron allí, Sasuke devorando el helado con felicidad y Naruto observándolo, confundido, hasta que por fin tocó la campana y debieron meterse al aula, con las manos aún manchadas de helado.
En el recreo, sin embargo, fue cuando ocurrió lo más extraño. De la nada, Sasuke se le aproximó y le acercó una nueva paleta de helado, exactamente igual a la que ya se habían acabado.
—¡Ah! ¡Te compraste tu propia paleta, eh! ¿Viste que no era tan difícil? No era necesario que te terminaras la mía. Aunque… ¿dónde la conseguiste? En el kiosco de la escuela no venden de estas.
Pronto reconoció que Sasuke empujaba la paleta hacia él y que no daba muestras de probarla él mismo. Con una mirada dubitativa, Naruto fue levantando su mano hasta tomar la de Sasuke.
—¿Es… es para mí?
El otro asintió, por lo que se la llevó a los labios y repitieron toda la ceremonia de la mañana, esta vez con Naruto devorando la paleta. Apenas la terminó sonrió de tal modo y dijo gracias tantas veces, que la alegría pareció contagiársele al serio Sasuke. Entusiasmado, sostuvo con fuerza la paleta vacía y entonces… ¡apareció nuevamente el helado! Naruto no podía creer lo que estaba viendo.
—¿Qué diablos fue eso? ¿Es algún truco?
Sasuke se encogió de hombros y esta vez fue él quien dio el primer mordisco al helado. Lo saboreó con delicia y luego se lo extendió para que Naruto diera la siguiente probada. Este dudó, suponiendo que sería algún tipo de ilusión óptica, pero cuando Sasuke estiró más el brazo y la punta del helado chorreó unas gotas de color sobre sus labios no pudo negar que realmente sabían como helado normal.
Se acabaron el helado dándole una mordida cada uno y entonces Sasuke lo miró, cómplice. Con un pequeño movimiento, hizo aparecer el helado otra vez.
—¡Woah! ¡Realmente tienes algún poder especial o algo así! ¡Nunca había visto algo como esto!
Naruto estaba fascinado. Se pasaron el recreo comiendo un helado y luego otro, casi sin detenerse, enchastrándose las manos con lo que se derretía sobre ellas y casi enlazándolas para sostener la paleta mágica ambos a la vez. Para cuando tocó la campana, les dolían los dientes y la cabeza del frío pero estaban tan contentos que no paraban de reírse.
—¡Eres el hada de los helados, Sasuke! —exclamó Naruto, feliz.
De ahí en más, Naruto descubrió dos cosas: la primera era que a Sasuke le gustaba mucho cuando él le compartía algo o le ofrecía su ayuda, eso definitivamente le interesaba más que los juegos y los chistes; la segunda era que Sasuke sin dudas tenía una especie de poder, como si de verdad fuera un hada madrina.
Cuando Sasuke encontraba que para Naruto una comida era especial, no dudaba en volver a llenarle el plato cuantas veces quisiera. En tanto que Naruto siempre reaccionaba con mucha emoción, Sasuke se regocijaba y se animaba a dar el siguiente paso. Así, luego empezó a usar su poder para quitarle las manchas de barro después de jugar a la pelota, para alcanzarle algo que se le había caído muy lejos y para que le dejara de sangrar una herida la vez en que se agarró a los puños con un chico que les gritó "ahí van los noviecitos" cuando los vio pasar muy juntos compartiendo uno de sus helados.
Esta situación maravillosa encantaba a Naruto pero tampoco podía sostenerse por siempre. Aquello era muy misterioso y debía tener alguna explicación. Por ello, decidió citar a Sasuke en la terraza de la escuela y finalmente encararlo.
—Oye, Sasuke… no me malinterpretes, me gusta mucho todo lo que haces por mí, pero… ¿por qué tienes ese poder? ¿Eres una especie de mago o algo por el estilo?
Este negó con la cabeza, con una sonrisa apagada.
—Si te lo digo… ¿aún serás mi amigo?
—¡Claro que sí! —dijo Naruto, sin pensar—. Bueno, a menos que seas un alien malvado o un diablo o…
Sasuke lo interrumpió, antes de que siguiera diciendo tonterías.
—Soy un ángel, Naruto. Solo he tomado un cuerpo de forma temporal.
El rubio se estremeció. Por un lado, se imaginaba que ser un ángel debía de ser algo fantástico y le daba bastante orgullo que uno de ellos fuera su amigo. Pero, por el otro, comprendió rápido que Sasuke se iría en cuanto cumpliera lo que fuera que había venido a hacer. Su rostro se ensombreció.
—¿Y… por qué hiciste eso? ¿Debes resolver alguna misión?
—En realidad… —comenzó el chico, con lentitud—. Vengo a buscar a mi compañero, que se ha perdido en el mundo humano. Cuando lo encuentre, me lo llevaré y eso será todo.
—Oh…
Y entonces Naruto ya no pudo responder. Sin darse cuenta, sus ojos se habían llenado de lágrimas. Se los restregó con el puño de su camisa, en un intento desesperado por disimular su angustia.
—Es decir… —retomó—. Es decir que pronto te irás de aquí, ¿no es cierto?
—Sí —contestó Sasuke, escueto.
El rostro de Naruto estaba rojo y desbordado de dolor. Sin saber qué hacer, se dio la vuelta con la intención de huir. Sí, si se iba corriendo ahora mismo al menos Sasuke no vería su debilidad y cuando se fuera al cielo o adonde fuera que viviera en realidad no se llevaría aquel recuerdo penoso.
Pero no consiguió su cometido, porque antes de que lograra poner un pie delante del otro sintió una mano en su hombro.
—Espera, Naruto… ¿por qué lloras?
—Es que… es que… cuando lo encuentres… me dejarás solo, ¿verdad?
Sasuke negó despacio con la cabeza, como si estuviera hablando con un niño que no entiende nada. Lo obligó a girarse y le sostuvo ambas mejillas con las palmas de las manos.
—Naruto… mírame a los ojos. Mírame fijamente y dime qué ves. ¿Crees que podría dejarte?
Sin poder apartar el rostro, Naruto debió obedecer. Y al hacerlo algo lo atravesó. Un haz de luz cruzó su frente y la intensidad de la mirada de su compañero le abrió el corazón.
De pronto, Naruto recordaba. Sí, Sasuke había venido a buscar a alguien importante…
A él.
Aquella tarde, un pupitre doble quedó vacío. Había dos seres muy especiales que tenían otro lugar al que volver, juntos.
* * * FIN * * *
