Disclaimer: El One Piece le pertenece a Luffy, lo demás es de Oda.

Gratitud

Capítulo 2: Regalo de agradecimiento.

Los días en altamar eran por lo general, tranquilos. Zoro despertó tras un sueño reparador, y es que desde hace mucho tiempo que no dormía de esa manera, es decir, era muy bien sabido que Zoro podía caer dormido en cualquier sitio del Sunny o donde tuviera ganas, pero también tenía el sueño ligero, podía sentir el peligro a kilómetros de distancia y, cuando la situación lo ameritaba, se despertaba abruptamente, ya sea para atacar o mantenerse a salvo. Pero esa noche había bajado la guardia, se dejó envolver por la paz que sentía y se arrojó sin pensar a los brazos de Morfeo. Por un momento sintió que dormir de esa manera era un peligro, pero tras darse cuenta de que nunca se había levantado de tan buen humor, lo dejó pasar. Se dirigió al gran ventanal que tenía en su habitación para observar de lejos a la tripulación como acostumbraba cada día, y ya sin reparo buscó a Usopp, a quién no encontró por ningún lado, eso solamente significaba que estaría en su taller, trabajando en algún proyecto.

Tuvo el impulso de ir hacia la factoría para acompañar a su amigo, después de todo, disfrutaba mucho verlo trabajar, ver cómo podía elevar su concentración hasta terminar lo que se hubiese propuesto en ese día, sin embargo, quiso darle su espacio, sentía que últimamente lo estaba agobiando con su presencia, y aunque Usopp nunca hizo nada para darle a entender que necesitaba tiempo a solas, podía notar una leve necesidad de espacio para él solo, así que decidió concentrarse en entrenar.

Por otro lado, Usopp se disponía a sacar los materiales que necesitaba ese día, sacó clavos y lijas, recogió pedazos de madera que tenía almacenados en un rincón, para luego detenerse a pensar un momento y al revisar varios diagramas que tenía sobre la mesa, decidió que los tubos de metal que había conservado después de haber desmantelado una máquina con Franky, le serían de mucha ayuda para lo que pensaba hacer. Terminó de organizar las cosas y se puso a trabajar, aunque en esta ocasión sentía que su concentración natural no estaba presente, lo cierto es que estaba más pendiente de la puerta que de su proyecto, una parte de él esperaba ver al espadachín entrando para ofrecerle ayuda, y aunque la idea le gustaba demasiado, debía admitir que en esa ocasión, no quería que Zoro estuviera presente, bien podía cerrar con seguro el taller para impedirle la entrada, pero no quiso hacerlo, a riesgo de arruinar la sorpresa.

Había terminado de medir y cortar, y aunque aún tenía tiempo y fuerzas para seguir trabajando, decidió que lo mejor sería darse un descanso, y aunque no quiso admitirlo por completo, tenía demasiadas ganas de ver al espadachín. Una sensación extraña lo recorría cuando pensaba en él, a veces sentía unas ansias irrefrenables de besarlo, sentirlo, de conocer su cuerpo de otras formas, desde lo más inocente hasta lo más… Pero tenía miedo, su primera experiencia amorosa había sido un desastre de principio a fin, y aunque las heridas habían sanado y el dolor era solamente un recuerdo, había aprendido a ser cauteloso, a no demostrar tanto cariño, a ser un poco más reservado con sus sentidos. Había aprendido también que el hecho de que una persona te demuestre afecto, no necesariamente es el mismo que uno entrega, y con este último pensamiento en mente, miró hacia las tablas y tubos cortados sobre la mesa y, trató de convencerse de que solamente era un regalo de agradecimiento.

Salió por fin del taller y respiró el aire de completa calma que desprendía el océano. Recorrió con la mirada toda la superficie del barco tratando de encontrar el verde característico del cabello del espadachín, quien a primera vista no pudo visualizarlo, así que eso solamente significaba una cosa. Alzó la mirada para ver hacia el puesto de vigía y allí lo vio, sus miradas se cruzaron a lo que Usopp alzó la mano y lo saludó con alegría.

Cualquiera diría que fue solamente una casualidad el hecho de haberse encontrado con miradas, pero para Zoro significaba que en verdad estaba jodido, o al menos, así lo sentía él. Generalmente cuando se disponía a entrenar, solamente un ataque enemigo podría sacarlo de su actividad, pero en esta ocasión estaba tan al pendiente de Usopp, que simplemente pudo notar su presencia saliendo del taller, se apresuró a levantarse y miró por la ventana, porque ¡maldición! Necesitaba verlo y comprobar que estuviera bien, y cuando cruzaron miradas comprendió con sorpresa que Usopp lo estaba buscando a él por lo que correspondió su saludo con alegría y lo invitó a subir.

El tirador había estado en ese lugar una infinidad de veces, conocía a detalle cada rincón, pero ese día estaba notablemente curioso, mirando a su alrededor, como si estuviese repasando un esquema. El espadachín guardaba cierto orden con sus pocas pertenencias, algo indispensable ya que utilizaba todo el espacio disponible para entrenar, así que sus atuendos y cosas varias, estaban guardadas en algunas cajas de cartón que se apilaban en un rincón, al igual que el futón y algunas sábanas que utilizaba para dormir. El Sunny era grande, y tenía espacio de sobra en la habitación de los muchachos, con diversos muebles y estanterías para guardar sus pertenencias, pero Zoro necesitaba un lugar para él mismo, necesitaba soledad y privacidad, así había decidido convertir el puesto de vigía en su morada a pesar de no estar adaptado para ser cuarto de descanso, Franky se lo había advertido, e incluso se ofreció a acondicionar el lugar, sin embargo, el espadachín no se había complicado la existencia y resolvió el asunto lo mejor que pudo.

Usopp tomó asiento en el piso y se limitó a mirarlo, como queriendo transmitir algo, pero movió la cabeza y empezó a hablar.

—Gracias —No era la primera vez que pronunciaba esas palabras, sin embargo, si era la primera vez que tenían un tono alegre.

—¿Te encuentras bien?

Era un poco molesto tener que explicarle cada tanto que ya no tenía que preocuparse, pero al mismo tiempo, era un sentimiento que le llenaba el pecho, Usopp se limitó a asentir.

—Sanji me dijo que pronto estará la cena, así que creo que tenemos que bajar —Le dijo con una sonrisa.

No… No quería bajar, quería quedarse allí con él, disfrutar de su presencia, abrigarse con la calidez de su voz y apretarse tanto contra su pecho hasta ser uno solo… Usopp empezó a dar la vuelta para bajar nuevamente, pero una mano tosca agarró uno de sus brazos impidiendo que pudiera seguir su camino. En ese instante solamente se podía escuchar el viento que golpeaba las velas del barco, y por un momento, el ambiente se llenó de magia.

—¿Sanji?, ¡Comida! —Se pudo escuchar a lo lejos, fue algo que definitivamente había explotado la burbuja que habían creado.

—Luffy terminará por comerse todo —Esta vez fue Zoro quien decidió no continuar con lo que habían iniciado. Los dos jóvenes se dispusieron a bajar.

La tripulación del sombrero de paja, siempre tenía la excusa perfecta para armar un alboroto, así que cuando estaban reunidos por cualquier situación, incluso algo tan común como la cena, encontraban la manera de festejar a lo grande. Las risas, los gritos y por qué no, insultos, iban y venían de un lado a otro del comedor, los regaños hacia el capitán resonaban por el ancho mar al igual que sus carcajadas.

Era imposible no contagiarse del ambiente, de las risas y la algarabía, cada quien colaboraba de una u otra manera en el bullicio que significaba la hora de la comida, pero en esta ocasión, dos elementos faltaban en el conjunto, y no porque estuvieran ausentes ya que estaban ahí siendo parte del grupo, sin embargo, habían optado por encerrarse en una pequeña burbuja, un mundo en donde solamente estaban los dos, comunicándose sin palabras.

Usopp y Zoro y no podían dejar de mirarse, era claro que en escasos días habían logrado ser conscientes de los verdaderos sentimientos que los unían, y precisamente esa noche, al parecer todo había quedado claro. No necesitaban hablar, habían pasado demasiado tiempo juntos como para ser capaces de entablar una conversación básica solamente a base de miradas, y contrario a lo que creían, descubrirse en ese estado los llenaba de felicidad, de expectación y de un deseo incontrolable de estar juntos. Se sonrieron cómplices sintiendo como los latidos de sus corazones se aceleraban gradualmente en el momento en que Franky se levantó con alegría al grito de "Kampaii" y procedió a repartir cervezas a todos los nakama. Era bien sabido que la mayoría de cosas que ocurrían en torno a esa tripulación había sido a base de improvisaciones, así que esa noche no fue la excepción. Terminaron bebiendo más de la cuenta, las reservas de licor estuvieron a punto de acabarse y uno a uno los Mugiwara fueron retirándose para poder descansar y así iniciar un nuevo día con las energías renovadas.

Usopp, quien no era de beber mucho en los festejos, esa noche había tomado un poco de más, no lo suficiente como para dejarlo fuera de combate, pero si lo necesario para ponerlo en un estado difícil de manejar. Quedó bajo el cuidado de Zoro ya que todos habían notado la repentina conexión que habían tenido de un momento para otro, pero lo que no sabían, era que precisamente ese día, el espadachín quería evitar quedarse a solas con el moreno. Suspiró resignado y se dispuso a llevarlo al dormitorio de los muchachos, sin embargo, descubrió que le habían puesto el pestillo. No estaba de humor para estar esperando afuera, en especial con el frío que anunciaba la llegada a una zona de invierno, así que decidió que lo llevaría arriba, al puesto de vigía, ya que después de todo no sería la primera vez que Usopp dormiría en el sitio.

El tirador se balanceaba mientras trataba de cantar una canción alegre, aunque en su estado, más bien eran balbuceos desafinados que acompañaba de una u otra carcajada. Zoro se dio las maneras para llevarlo escaleras arriba, y cuando por fin lograron entrar al espacio, Usopp se desplomó sobre el piso al perder el equilibrio. Roronoa nuevamente suspiró, lo dejó en el suelo mientras sacaba el futón y lo acomodaba, tenía pensado en cederle esa comodidad a su compañero, él dormiría arrimado a la pared como solía hacer cuando el sueño se hacía presente estando lejos de su cama. Terminó de extender las sábanas y cuando quiso ir por Usopp para recostarlo, descubrió con sorpresa que el muchacho estaba desnudo, tambaleándose mientras se dirigía a él, con los ojos un tanto perdidos y los labios entreabiertos, acercándose peligrosamente a la boca del espadachín.

Zoro, que se encontraba sobrio todavía, pudo esquivar el beso, no lo hizo de manera brusca, fue más bien gentil, retrocedió dos pasos para crear distancia, pero Usopp, terco como él solo, se acercó tres pasos y se colgó del cuello del espadachín.

Los besos que descargó el moreno sobre el cuello de Zoro, fueron suficientes para que Roronoa experimentara un escalofrío placentero recorrerle todo el cuerpo, cerró su único ojo y por un momento pensó en dejarse llevar. La humedad de los labios de su compañero recorría el hombro de Zoro, su clavícula y subía nuevamente para lamer su manzana de Adán, no obstante, un dejo de lucidez se hizo presente y decidió que lo mejor para ambos sería dejar las cosas así, solo por esa noche. Ya podrían conversar a la mañana siguiente.

—Así no, Usopp —Le dijo casi suplicante, con dulzura en su voz y acariciándole una mejilla al tiempo que lo apartaba suavemente. —. No quiero que las cosas entre tú y yo sucedan de esta manera, ¿lo entiendes? —Encontró la manera de hacerlo sentar sobre el futón y lo cubrió con una de las sábanas. —. No voy a negar que me muero de ganas —Con empujones leves lo hizo recostar, sabía que, si el tirador no se dormía pronto, el malestar que le daría a la mañana siguiente sería monumental. —, pero no quiero que las cosas se den así, quiero demostrarte que hay otras cosas además del sexo, tampoco quiero que sientas que me debes algo por el estilo solamente por haber estado contigo y…

Las palabras de Zoro murieron al escuchar los ronquidos de su compañero. No estaba seguro de que Usopp hubiera llegado a entender lo que le había querido decir, es más, no estaba seguro de que siquiera pudiera recordarlo a la mañana siguiente. Terminó de cubrirlo con una manta gruesa que sacó de una de las cajas, el frío se hacía cada vez más espeso, y considerando que Usopp se había despojado de toda su ropa, tenía que asegurarse de que esa noche no pasara frío. Zoro se recostó apenas apoyado sobre la pared y se dedicó a observar a su nakama, miles de pensamientos llenaron su mente, muchos de ellos haciendo alusión al pasado del muchacho, al dolor que le había causado el cocinero de mierda y a los posibles traumas que le pudieron haber quedado. El sueño poco a poco lo fue apresando, y aunque no quería quedarse dormido, sin darse cuenta, lo hizo.

CONTINUARÁ