Disclaimer: Ya no se me ocurren disclaimers ingeniosos, todo de Oda.

Gratitud

Capítulo 3: Formas de amar.

Usopp abrió los ojos sintiendo los estragos claros de una resaca, aún era de madrugada y sentía que el piso le daba vueltas, su boca estaba seca y amarga, además de unas fuertes ganas de vomitar. Quiso levantase para dirigirse al baño, pero rápidamente descubrió que no se encontraba en el camarote con sus demás camaradas. Un flashazo recorrió sus recuerdos de lado a lado para en un segundo recordar a medias lo que había sucedido la noche anterior. Se percató de que estaba desnudo, y con esto, el leve recuerdo de haber estado besando a Zoro en el cuello llegó a su mente. Una desesperación irracional llenó su pecho y un poco asustado terminó por incorporarse solamente para reparar en un Zoro dormido en el suelo, completamente vestido y a una distancia considerablemente significativa.

El tirador tembló debido al frío que se colaba por todo el lugar y se sintió culpable por haber sido la causa de que Roronoa estuviese durmiendo en el suelo, lejos del calor de las mantas y eso solamente atrajo el recuerdo de un Zoro rechazando las muestras de amor que trataba de expresarle la noche anterior.

Suspiró, un poco resignado y pensando en que quizás había malinterpretado las señales que le había dado su amigo, pensó también en que aún era un chiquillo ingenuo, dispuesto a entregarse por completo a la mínima muestra de cariño, nada que ver con la muralla que había estado construyendo a lo largo de las semanas en las que se había podido dar cuenta de que Zoro empezaba a habitar un lugar importante dentro de su corazón.

Recogió sus pertenencias en silencio, tratando de ser lo más sigiloso posible para no despertar al espadachín, se acomodó como más pudo sus prendas y salió del lugar huyendo. Una variedad inmensa de recuerdos y pensamientos inundaron su mente y, a decir verdad, se sentía un poco perdido, como si hubiese extraviado su ser en la punta del puesto de vigía, junto con su cordura y la percepción de la realidad.

Entró al taller con el corazón desbocado, y es que tenía la sensación de estar siendo observado, como si en cualquier momento llegaría Zoro para rechazarlo de una vez. Cerró la puerta y solamente pudo apoyarse sobre esta para bajar lentamente y quedar sentado en el suelo, estando allí, con los ojos cerrados, solamente se limitó a reír. La verdad es que una parte de él, se sentía aliviado por el rechazo, de hecho, había sentido que lo último que hubiese querido el espadachín era aprovecharse de esa vulnerabilidad. Sacudió levemente la cabeza al sentir nuevamente que el mundo le empezaba a dar vueltas, así que lo mejor para él sería ducharse, tomar mucha agua y seguir con sus actividades. Ddespués de todo, no le faltaba mucho para terminar el regalo que quería hacerle a Zoro, además, a esas alturas sentía que le debía una disculpa por haberse comportado de manera irracional la noche anterior. Primero reuniría fuerzas antes de ir a hablar con su camarada, después de eso, esperaba que su amistad no se viera quebrantada.

Una vez más bajó la guardia, había dormido sin ninguna clase de interrupción y eso lo frustró en cuanto se percató de que Usopp no estaba en la habitación. Soltó un suspiro largo, seguramente el moreno estaría confundido, porque lo conocía demasiado bien, sabía que no toleraba bien el alcohol y seguramente no recordaría nada de lo que había sucedido la noche anterior, quizás se vio desnudo y pensaría que Zoro había abusado de él de cierta forma, algo que lo mortificó. Se levantó bruscamente para ir a buscarlo, lo interceptaría antes de que entrase a la cocina para tomar el desayuno y trataría de aclararle que no había sucedido nada a pesar de que los dos lo deseaban. Quería declararle su amor y poder empezar desde una postura en donde no existieran los malos entendidos… Estaba enloqueciendo sin lugar a dudas, así que bajó por las escaleras de cuerda a una velocidad no recomendada.

Llegó con cierta prisa a la puerta y se quedó allí esperando a que Usopp llegara, sin embargo, eso no sucedió. Uno a uno los Mugiwara habían ido entrando, y cuando todos estuvieron sentados a la mesa, se atrevió a dar un rápido vistazo hacia adentro, pero tampoco estaba.

—¿A qué esperas, marimo? —La voz de Sanji resonó como una burla, sin embargo, Zoro no estaba de humor para soportar al cocinero.

—¿Dónde está Usopp? —Dijo con evidente enojo, a esas alturas poco le importaba lo que pudieran pensar los demás por estar buscando al moreno, la única prioridad del espadachín era aclarar las cosas con él.

—En el taller, vengo de dejarle su desayuno, me dijo que quería trabajar en algo. —Sanji se relajó al notar la mirada amenazante de Nami, después de todo, ella lograba tenerlo bajo control cuando la situación lo ameritaba.

Zoro simplemente dio la vuelta dejando a todos desconcertados. Caminó a paso rápido hacia el taller, y cuando estuvo al frente de la puerta, extendió la mano con la intención de girar la perilla y entrar, sin embargo, pensó que eso sería irrumpir de lleno en la intimidad de su compañero, así que solamente tocó la puerta.

—¿Estás allí? —dijo con voz calmada pero firme.

Recibió un "uhum" como respuesta.

—¿Puedo pasar? —Un silencio doloroso reinó el lugar. —Solamente quiero conversar contigo acerca de lo de anoche… es que… yo no quería que las cosas… —No podía poner sus pensamientos en orden, quizás debió haber pensado primero en todo lo que quería decirle, así hubiera podido evitar ser una bola confusa de pensamientos y nerviosismo.

Suspiró derrotado, lo mejor en ese momento sería dejar en paz a Usopp, seguramente no tendría la mínima intención de verlo, y en parte lo entendía… Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el ligero chasqueo que hacía la puerta al ser destrabada, miró como se fue abriendo lentamente y una nariz larga fue surgiendo poco a poco desde dentro del taller.

—Lo siento —La voz de Usopp sonó tímida y casi silenciosa, Zoro se quedó perplejo. —Siento mucho haber malinterpretado las señales, pensé que estabas sintiendo algo más por mí y anoche casi te fuerzo a hacer algo que no querías, lo siento —Su tono se fue volviendo más seguro conforme las palabras brotaban de sus labios. —¿Podemos olvidar lo que pasó y seguir siendo amigos? Me mataría el perder lo que tenemos por una estupidez mía —Carcajeó un poco mientras se sobaba la nuca en un claro gesto de nerviosismo y arrepentimiento.

Esta vez fue el turno de Zoro para actuar, así que lo empujó hacia adentro del taller y cerró la puerta cuando los dos estuvieron adentro. No resistió más y lo abrazó con fuerza, respiró profundamente el aroma que desprendía el tirador mientras cerraba los ojos tratando de llenarse de su esencia. Era cierto, el chico lo atraía de maneras que nunca había esperado, y verlo así, tratando de actuar con indiferencia, exhalando una madurez tanto emocional como intelectual simplemente hizo que perdiese la poca compostura que tenía. Por otro lado, Usopp, al sentir el abrazo se confundió un poco, no sabía si Zoro le había perdonado o si quizás… Las dudas se disiparon cuando sintió el aliento del espadachín tan cerca de su cuello, respirando el aroma de sus cabellos, y si bien esto era algo que nunca había experimentado, su instinto le dictaba que Roronoa sentía algo por su persona. Correspondió el abrazo apenas pudo poner orden en su cabeza y siendo un poco más atrevido, decidió dar el siguiente paso.

Se inclinó hacia adelante tratando de refugiarse en el cuello de Zoro como lo había hecho la noche anterior, y con un poco de duda, empezó nuevamente a besarlo, tratando de obtener una respuesta, la misma que no tardó en llegar. Roronoa profundizó el abrazo, y sin quererlo, dejó escapar un gemido ligero cuando Usopp mordió el lóbulo de su oreja. El taller no tenía ventanas, así que la única iluminación consistía en un par de lámparas de alcohol posicionadas en la mesa, el tono leve de las llamas creaba un ambiente íntimo y acogedor que fue suficiente para sumergirlos a ambos en un estado de éxtasis.

Zoro se separó ya sin soportar la estimulación que estaba recibiendo en su cuello, la clavícula y el pecho, los labios gruesos de Usopp, sin duda alguna sabían hacer muy bien su trabajo, sin embargo, Roronoa quería más. Casi con rudeza tomó la cabeza de Usopp para dirigirla así hacia su rostro, y cuando lo tuvo de frente, lo besó con fuerza. El jugueteo que empezaron con sus lenguas resultó ser de lo más mágico y placentero, movían sus cabezas de un lado a otro, eso sí, esquivando la enorme nariz del tirador de cuanto en cuanto. Perdieron la percepción del tiempo, no sabían si el beso había durado apenas unos cuantos segundos o quizás habían sido horas, pero lo que si sabían, era que en ese momento, nada podría detenerlos. Las manos de Usopp, llenas de una experiencia inesperada, recorrieron la espalda del espadachín hasta llegar al inicio de sus nalgas.

Zoro se sorprendió al notar la experticia con las que las manos del moreno se movían y no pudo evitar pensar en que quizás todo eso lo había aprendido entre los brazos de Sanji, movido por una serie de emociones, decidió que amaría a Usopp sin reservas, que le haría olvidar todo el infierno que había sufrido con el cocinero, lo despojaría del trauma que seguramente le habría quedado al pensar que el amor solamente se basaba en sexo y con esto en mente, se separó de manera lenta sin dejar de mirarlo a los ojos, le acarició la mejilla y depositó un pequeño beso en la mejilla del tirador.

—¿En verdad quieres hacer esto o es solamente porque crees que es lo que se tiene que hacer?

La pregunta de Roronoa lo sorprendió ya que nunca se había hecho ese tipo de preguntas, la verdad es que su cuerpo entero ardía de ganas, tenía la necesidad de sentir toda la masculinidad de Zoro invadiendo su ser, y al mismo tiempo, solamente quería sentirlo cerca, aferrarse a su cuello y contagiarse del calor que el cuerpo del espadachín emanaba siempre. Bajó la cabeza, un poco avergonzado por no saber la respuesta y empezó a plantearse cosas que hasta ese momento había evitado ¿Qué era el amor? ¿Qué se suponía que debía hacer en un momento como ese? ¿En verdad tenía ganas y no se trataba sencillamente de un concepto mutilado que tenía sobre las relaciones de pareja? Los ánimos del moreno rápidamente se vieron aplacados, empezó a alejarse, pensando que quizás todo se había arruinado, sin embargo, los brazos toscos de su compañero lo detuvieron en un abrazo.

—No me malentiendas —La voz de Zoro sonaba agitada. —, la verdad es que yo también muero de ganas, pero no quiero que pienses que solamente tengo esta clase de intención contigo —Las palabras del espadachín fueron tomando un tono más serio y con firmeza y emoción dijo. —Lo quiero todo.

En seguida Roronoa tomó el control de la situación y ahora fue él quien se dedicó a atender la piel del moreno, mordió y succionó el cuello para después bajar al hombro y con satisfacción notó que el tirador temblaba de placer. Lentamente se fue arrodillando obligando a Usopp a hacer lo mismo y tras una sesión intensa de besos y manoseos, terminaron recostados sobre el piso de madera del taller, abrazados, con la respiración agitada, descubriendo casi a partes iguales que el amor podría expresarse de un millón de maneras.

Estuvieron a punto de dormirse en el lugar, sin embargo, un sobresalto por parte de Usopp rompió el ambiente.

—Casi lo olvido —dijo con aparente nerviosismo y dirigiendo la vista hacia la mesa de trabajo.

—¿Qué tienes allí? —La curiosidad de Zoro pudo más. —Puedo ayudarte a terminar eso en lo que has estado trabajando los últimos días.

—Ya lo terminé, solamente falta instalarlo —Una sonrisa se dibujó en el rostro del moreno. —, y creo que me vendría muy bien tu ayuda.

—¿No te parece que esto está muy pequeño? —Zoro terminaba de ajustar un tornillo a la base de metal que conformaba una cama.

—Entonces deberé hacer otra —Usopp no era tonto y había entendido a la perfección la invitación que Zoro le había hecho.

Terminó de limpiar una superficie de madera que formaba parte de una estantería y se alejó al otro extremo del lugar para ver su trabajo terminado. Un orgullo le invadió el pecho al ver que había convertido un espacio vacío en una habitación práctica, llena de muebles para almacenar tanto ropa como material de entrenamiento sin invadir demasiado el espacio que el espadachín utilizaba para entrenar. Zoro se acercó a él para abrazarlo por la espalda.

—¿Te quedas a dormir, aunque la cama sea pequeña?

Usopp se limitó a asentir mientras una amplia sonrisa se dibujaba en su rostro y en ese momento, no pudo estar más agradecido por todo lo que había tenido que pasar para llegar hasta ese punto, dio la vuelta para aferrarse al abrazo de Zoro y con una felicidad imposible de ocultar pronunció un "gracias".

FIN

Muchísimas gracias por leer, espero que hayan disfrutado de la historia tanto como lo hice yo escribiéndola.