No había muchos artesanos en una aldea de ese tamaño, en realidad la calidad del trabajo dejaba mucho que desear, pero el material era de buena calidad y duraría años antes de sufrir algún daño, sin importar el uso.
Cerro la posada por algún tiempo, mandando a sacar los camastros al patio ayudado por unos mozalbetes dispuestos a trabajar duro por algunas monedas de cobre o alguna que otra jarra de cerveza amarga.
Paso seguido, de limpiar a conciencia la suciedad de la cocina y las habitaciones, contratando algunas jóvenes de la aldea, para que ayudaran a sus dos empleadas.
- - Solo usamos madera de primera - explico un poco taimado el carpintero, demostrándole otro espécimen de su exiguo catálogo de mobiliario.
El joven mercader, saco cuentas mentalmente, era una posada pequeña, con cinco camastros nuevos, y dos de segunda mano para sus empleadas sería suficiente, al menos por ahora.
- - ¿De cuánto dinero estamos hablando? - cuestiono minutos después.
Lográndose sacar al viejo carpintero por fin una sonrisa auténtica.
El precio no era muy elevado, al menos para lo que esperaba pagar, en realidad, dos monedas de plata era mucho menos, de lo que el mismo mobiliario costaría en la capital, ni hablar de compararla con la puerta del palacio, que Star alguna vez quemara con su magia para variar.
Hecho el encargo, se encaminó hacia su posada, encontrándola ahora más limpia y sin ese olor nauseabundo que lo recibiera el primer día, dispuesto a descansar un poco, quizás algo de comida caliente y una buena noche lo ayudaría a pensar mejor su siguiente movimiento.
Pero antes tenía otras cosas que atender, para su suerte Elin la mayor de las dos mujeres, tenía rudimentarios conocimientos de escritura y números, o al menos los suficientes para llevar un registro y las cuentas, por otro lado, tendría que esmerarse un poco si esperaba al menos Sia aprendiera el lenguaje cifrado que esperaba enseñarle.
O al menos eso intentaba, porque la más joven de sus empleadas, parecía más interesada en otra cosa esa noche, el cambio que hacía en una mujer, un baño, algo de comida en el estómago, y un vestido nuevo, regalo de su patrón, dispuesto a congraciarse un poco más, con las que desde ahora serías sus ojos y oídos en ese lugar.
Esperaba algún movimiento, pero no de esa índole, sin miramientos, justo cuando Elin se había retirado a preparar la cena, Sia había tomado su mano entre las suyas, y la sumergió entre sus firmes senos, con una ligera sonrisa de coqueteo.
- - Podría esta noche darme una lección privada - susurro lamiéndose sugestivamente los labios, logrando excitar a su patrón, que no perdió tiempo, tumbándola al piso, mientras empezaba a restregar su hombría contra la entre pierna de la chica.
A duras penas logro contenerse para ponerse el condón que siempre traía consigo,un pequeño regalo de Janna, o al menos uno de ellos, sonrió lobunamente al penetrar por primera vez, a la ahora coqueta camarera, que hacia una noche, se negaba a prostituirse, gimiendo ante sus envaines dentro de ella.
Pero sin importar que Sia, fuera bonita, con un pelo castaño casi rubio, un rostro bonito unos ojos avellanados, que podrían seducir a cualquiera chico de la comarca, a un que el internamente sabia, que no pasaría nada mas, que de algún revolcón ocasional, su corazón ya tenia dueña, y a un que la princesa fuera una maldita perra traicionera, algún día la tendría bajo de su cuerpo, con las piernas abiertas rogándole, que le diera al reino un heredero, con el cual preservar la dinastía butterfly.
Pero regresando de sus pensamientos, gruño, mientras mordía el cuello, de la chica, la cual enterraba sus uñas en su espalda, mientras podía sentir como múltiples orgasmos inundaba el cuerpo de su compañera.
Se paro rápidamente quitándose el condón, y amarrándolo dejándolo sobre la mesa, después lo quemaría en la hoguera, se acomodo sin miramientos su ropa, y sonrió al ver su obra.
A sus pies Sia respiraba a duras penas, con su entre pierna brillando debido a una mezcla de fluidos, intentando regular su respiración, con el rostro sonrojado, un enorme chupeton adornando su blanquecino cuello, y el cabello enmarañado con un nido de pájaros.
Salio del cuarto, entrando en la cocina, donde Elin preparaba la cena en silencio - ¿desea algo? - pregunto expectante, observando de reojo la entre pierna de su empleador, quizás no fuera tan joven como Sia o alguna de las mozas de la aldea, pero sus pechos a un eran firme y la edad le había servido para aprender algún par de trucos.
- - Quita la olla de la hoguera, y ven aquí – gruño el castaño sentándose en una silla, con una ligera sonrisa de superioridad.
Media hora después.
Había pasado bastante tiempo, desde la ultima vez que sintiera tanto placer a la hora de formicar, generalmente los viejos borrachos que poblaban anteriormente la taberna, estaban tan ebrios que no lograban si quiera penetrarla, viniéndose entre sus muslos con alaridos furibundos, mientras ella se limitaba a fingir placer.
A diferencia de su joven jefe, el cual sin mucho esfuerzo la había cargado, hasta recargarla sobre una de las mesas de la taberna, y empezado a lamer todo su cuerpo, casi arrancándole el vestido nuevo que le regalara esa misma tarde.
Quizás Elin no fuera tan joven como Sia, pero para el chico era mas que obvio quien le estaba proporcionando mas placer, gruño antes de morderle firmemente su cuello, mientras podía sentir su orgasmo llenando el preservativo, evitando cualquier situación incomoda a futuro.
Salio de ella, lentamente con una ligera sonrisa – creo que cenare ahora – ordeno mientras ataba el condón y caminaba hacia la hoguera – ¿gustas acompañarme? - pregunto coquetamente, mientras arrogaba la evidencia a las llamas, obteniendo un ligero si, de parte de la cocinera, la cual se acomodo ligeramente sus ropas, y empezó diligentemente a terminar la cena.
Unas horas mas tarde, dormía cómodamente sobre su manta, escuchando la suave respiración de las dos otras personas en la habitación, repasando mentalmente su siguiente movimiento, quizás era hora de empezar a afianzar su posición financiera tan solo un poco.
O al menos eso pensaba, cuando un cuerpo cálido se poso a su lado, abrazándolo juguetonamente, sonrió al ver la mirada traviesa en ese par de ojos avellanados, en la oscuridad, antes de abrazarla y subirla sobre su cuerpo, gozaría de la fogosidad de la chica un poco mas esta noche, pero mañana dejaría en claro cual era su lugar, y lo que el esperaba que ella hiciera trabajando para el.
Pero ese seria un problema para el Marco del futuro, por ahora se limitaría a disfrutar un poco mas de esa sagaz jovenzuela.
