INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SI
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ESTE FIC ES UNA SECUELA DE TRAICION EN LAS TIERRAS ALTAS
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PASION EN LAS TIERRAS ALTAS
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CAPITULO 1
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―Vamos, Kendrick, prueba de nuevo ―le dijo el hombre alto al chiquillo que hacía anonadados esfuerzos por apuntar su arco y que su flecha tocase la diana marcada.
El niño tiró y casi tocó el centro, provocando una sonrisa de satisfacción en el adulto.
Hiten Campbell ya podría sentirse orgulloso que su pequeño sobrino de nueve años, Kendrick hijo mayor de sus primos Bankotsu y Kagome, fuera muy rápido para aprenderse las lecciones en tan poco tiempo. Con mucha práctica, el niño se volvería un arquero imbatible.
―Hoy lo dejaremos hasta ahí, o tu madre no me perdonará que te pierdas la lección de hoy.
El chiquillo sagaz, sonrió y entregó su arco a su tío, quien se ocuparía de guardar el equipo para usarlo otro dia.
Hiten las cogió para entregárselas al escudero para que pudiera guardarlas.
Fuera de aquellas actividades, no tenía nada más que hacer en el día.
Esa era la vida actual que llevaba Hiten Campbell, quien a los treinta y cuatro años que detentaba en la actualidad, seguía manteniendo el atractivo talante de su juventud, con una agradable impronta madura.
Se había hecho más fibroso y musculoso, fruto de la intensa actividad física que realizaba para mantenerse en forma.
En los diez años que transcurrieron desde la boda de su primo Bankotsu, pasaron muchas cosas, como que su tío Suikotsu definitivamente había perdido la vista y dependía totalmente de su sobrino Bankotsu, quien oficialmente fue declarado heredero del clan, así en las batidas o rastrillajes, ya no era él quien se encargaba porque por su posición, debía ser resguardado lo mayor posible.
Esas responsabilidades ahora recaían en Hiten, quien los realizaba con eficacia porque era un extraordinario guerrero y estratega. Nunca se casó, y tampoco tenía hijos. Así que, a ojos del clan, siempre fue Bankotsu el ideal para Laird, ya que él si tenía una familia numerosa, porque había procreado tres hijos con la dama Kagome.
Hiten, a falta de hijos propios, adoraba a sus tres sobrinos y en el último año se había dedicado a entrenar a Kendrick.
Su vida transcurría completamente para el cumplimiento de sus deberes y cada que podía se agregaba más.
Hiten siempre fue más tranquilo y comedido, a diferencia de Bankotsu. Con las numerosas actividades y obligaciones del castillo, su familia nunca pensó que él querría aspirar a más ya que parecía totalmente satisfecho con lo que tenía.
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Quien más lo conocía en el mundo era su primo, Bankotsu. Ambos se criaron juntos y entre ellos no existían secretos, aunque no se dijeran.
Hiten era un hombre muy reservado, pero Bankotsu siempre sintió pena interna por su primo. Por supuesto siempre se abstuvo de decírselo, para no ofenderlo. Pero siempre pensó que su primo estaba para algo más que estar al servicio de otros.
Bankotsu había tranquilizado mucho lo belicoso de su carácter en la madurez y tenía mucho que ver el matrimonio de una década que llevaba con Kagome, su mujer. La triada de hijos varones que habían tenido ayudaban a la ecuación.
Kendrick de nueve años, nacido poco después de la boda, Gunn de seis años y finalmente Gawain de dos años, quien aún dormía en una cuna de madera en la habitación de sus padres.
Estaba orgulloso de su esposa y tan enamorado como desde el primer año. Ambos habían tenido una ardua lucha por una relación que comenzó por los motivos equivocados.
Kagome era junto a su anciana tía Kaede, la dama más respetada del clan y hace bastante tiempo que se acallaron las voces que pretendieron criticarla por su afiliación Macdonald.
―Ha llegado carta de la reina ―comentó él a su mujer
Kagome levantó la cabeza del libro que estaba leyendo a la luz de las velas.
―Supongo que emitiendo órdenes.
Lo cual no era extraño, la actual Reina Ana, quien ascendió al trono hace dos años, a la muerte del rey Guillermo y a falta de herederos, y en su afán de mantener a raya a los jacobitas siempre se aseguraba de ratificar la lealtad de los clanes que tuvieron afinidad rebelde.
―Así es ―aseguró Bankotsu, haciendo una mueca―. Unas ordenes que no estoy seguro le gusten a Hiten.
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Por la mañana temprano, Hiten estaba limpiando unos mosquetes en el patio con otros soldados, cuando Hughie, ese joven alto y pelirrojo que fungía como escudero personal de Bankotsu se acercó.
―Mi señor lo manda llamar ―le dijo el muchacho.
Hiten se extrañó, pero le pasó el mosquete que él estaba limpiando a otro soldado y acompañó a Hughie.
Hiten sonreía ver al ahora joven de veinticuatro años que había comenzado como un humilde pinche de cocina, entrenado personalmente por Bankotsu, ahora se desempeñaba como su escudero de confianza, para ocupar el puesto alguna vez detentó Miroku, aquel pobre infeliz en el pasado.
Hiten bufó al ver que su primo lo esperaba en el despacho del Laird.
Su tío Suikotsu también estaba sentado y Hiten se acercó a besarle el anillo con respeto.
El Laird había quedado completamente ciego y dependía completamente de Bankotsu para gobernar.
―Te he llamado, primo, porque tenemos ordenes de la reina ―le informó Bankotsu
―Estamos al servicio de Su Majestad ―adujo Hiten, quien intuyó que estaban por darle una tarea.
―La reina pretende asegurarse la lealtad de todos los clanes, y en especial controlar las de aquellas con anterior afiliación jacobita ―manifestó Bankotsu haciendo un gesto con la carta―. Ha ordenado la boda de su leal conde Warwick con la hija menor del Laird del clan Gordon, que hasta hace pocos años era de abierta tendencia rebelde.
―Lo cual no está mal ―repitió Hiten, aunque seguía sin comprender porque era necesaria su presencia para esa información.
Bankotsu hizo una ligera pausa para continuar.
―Es que la reina ha comisionado la escolta de la niña Gordon hasta Londres para entregársela a su futuro marido…y ha decretado que sean representantes de nuestro clan quienes se encarguen de hacerlo. Quiere asegurar aquel matrimonio y confía que nosotros, los antiguos leales podamos cumplirlo.
Hiten entendió allí la naturaleza de su misión. E internamente le pareció estúpido.
―O sea la reina pretende endilgarnos la posición de niñeros.
―Es un honor…y una comisión que no podremos rechazar, porque la reina aun no confía del todo en esos Gordon. Yo al menos no lo hago ―explicó Bankotsu
Hiten, como siempre, iba a obedecer la orden. Aunque no le gustase la idea.
El clan Gordon recientemente había jurado lealtad a la corona inglesa, pero antes de eso siempre hicieron lo posible por mostrarse hostiles, incluso una de las hijas de ese clan habia llegado a contraer matrimonio con el fallecido Sesshomarou Macdonald en su afán de ayudar a las pretensiones del depuesto Estuardo.
―Sí es así, me retiraré a preparar el viaje, y llevaré a dos de mis guerreros conmigo, ya que el viaje a Londres será largo y arduo, sin contar que aun debemos pasar a buscar a la muchacha a Gordon Castle a Berwickshire ―Hiten hizo ademan de retirarse.
No le gustaba la misión encomendada pero nunca se pondría en plan de contrariar una orden. Él tenía en claro, desde siempre, que era un soldado al servicio del Laird y de Su Majestad inglesa.
Bankotsu lo vio irse, pero ya no le dijo más nada y Suikotsu tampoco opinó al respecto.
Pero lo cierto es que acompañar muchachas, como si fueran lacayos estaba muy por debajo de lo que los Campbell, un gran clan guerrero estaba acostumbrado.
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Hiten se despidió de su tía Kaede, con un gran abrazo y luego de sus tres sobrinos, a quienes prometió varios regalos a su regreso.
―Kendrick, recuerda practicar en mi ausencia. A tu edad, yo y tu padre ya éramos capaces de no errar una sola ―recomendó al niño.
Hughie, el protegido de Bankotsu quiso formar parte de su comitiva, pero Hiten le dijo que no.
Que debía quedarse y ayudar a custodiar el castillo. Que él podría arreglarse con dos soldados.
¿Qué tanto problema podría tener una chiquilla?
Bueno, al menos esperaba que no le trajera ninguno.
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Cuando los portones se cerraron detrás suyo, Hiten y su grupo galoparon directamente a Castle Gordon.
Estaba bien aprovisionado y armado. En sus cálculos mentales, no iba a dar el brazo a torcer, ya que planeaba viajar seguido luego de recoger a la novia, ya que la procesión a Londres sería larga.
Tampoco quería quedarse a "disfrutar" de la hospitalidad Gordon. Ese clan nunca le cayó bien, aunque ahora fueran jacobitas redimidos. El viejo Laird de los Gordon tenía fama de taimado y ladino.
Debía andarse con cuidado y estar en Berwickshire lo menos posible.
―Pero el viaje valdrá la pena si nos topamos con esa bellezas ―la voz divertida de uno de sus guerreros le llamó la atención.
―Las mujeres más hermosas de Escocia son del Clan Gordon y eso no querría perdérmelo ―dijo el otro.
Hiten los miró con fiereza.
―Sin ánimo de ofender a Lady Kagome ―se apresuró en añadir el soldado al ver la reprobación de su comandante.
En el fondo, Hiten no los culpaba.
La fama de la belleza de las hijas del Laird del clan Gordon ya era una leyenda en Escocia. Se decía que era del tipo de hermosura hechicera que ayudaba a mejorar los genes, por eso todos querían casarse con alguna de sus hijas, con el afán de mejorar la raza de sus propias familias.
Parece que el ultimo e impuesto suertudo era un conde inglés.
CONTINUARÁ
Buenas hermanas.
Como ven es obligatorio leer TRAICION EN LAS TIERRAS ALTAS , para entender este fic y conocer mejor a Hiten. También sé que a muchas no le gustará por el inusual pairing.
Aquí han pasado diez años desde el final de TRAICION, y este será un fic experimento de 15 capítulos centrado en Hiten, donde veremos que ha sido de él, y si realmente está contento con su papel de eterno segundón. Es una historia romántica de redención también de un personaje que ya habrán visto en el summary.
Quiero actualizar tres veces a la semana para sacar esta historia lo antes posible.
Besos.
Paola.
