INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SI

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ESTE FIC ES UNA SECUELA DE TRAICION EN LAS TIERRAS ALTAS

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PASION EN LAS TIERRAS ALTAS

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CAPITULO 2

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El viaje desde Argyl a Berwickshire, le tomó un día y medio a Hiten y su grupo, quienes solo descansaron lo suficiente para no retrasar viaje.

El guerrero no tenía ganas de perder tiempo por el camino, ya que, según sus cálculos, luego de recoger a la muchacha Gordon, les quedaba unas dos semanas de viaje hasta Londres, así que detenerse por futilidades no era una opción para él.

Cuando llegaron a la aldea de destino, Hiten reconoció los estandartes del clan Gordon y los mismos pueblerinos lucían ropas con los colores de su tartán. A menos de un kilómetro del pueblo se topó con Castle Gordon, la inmensa fortaleza negra, hogar ancestral de aquel clan.

Hiten bufó al verlo.

Él siempre fue un hombre leal, y por eso no podía evitar una mueca de desprecio contra esta gente, quien de sus lealtades jacobitas por sobrevivir cambiaron al partido gubernamental.

Al llegar al portón, los guardias lo recibieron, porque ya estaban enterados de su venida.

―Seáis bienvenido a Castle Gordon ―lo saludó un hombre con insignias de ser el comandante del castillo.

Hiten le hizo una reverencia.

―Mi señor ha dispuesto para vosotros un refrigerio y que descanséis vuestros caballos, antes de presentaros frente a él.

Hiten asintió.

La idea no le parecía mala. De hecho, le parecía fantástico poder descansar él y sus hombres antes de tener una hipócrita primera presentación con el Laird de esas tierras.

Cuanto antes acabara la farsa diplomática para él mejor. Así cumpliría con la misión encomendada por Su Majestad, y podría regresar con los suyos a Argyl.

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Horas después, aún estaba sumido en un profundo sueño cuando uno de sus hombres vino a tocarle el hombro para despertarlo.

―Mi señor Hiten, creo que debería ver esto.

El hombre despertó, por un momento aturdido sin recordar donde se encontraba, pero al aclarársele la vista, distinguió el sitio y recordó su misión.

―Diablos ¿Qué ocurre? ―preguntó Hiten, rascándose la cabeza

―Estábamos descansando en la barraca, cuando se ha presentado el comandante de aquí y nos avisó que estuviéramos listos, porque ellos ya prepararon el carruaje.

― ¿Carruaje? ―eso terminó de despertar definitivamente a Hiten, quien se incorporó, colocándose el cinto y acomodando su claymore, que estaba a su lado.

De ningún modo, él tenía pensado llevar una molestosa carreta, eso solo retrasaría sus planes.

Igual terminó de acomodar sus ropas, porque justo el comandante vino a decirle también que el Laird lo esperaba.

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Cuando Hiten entró al salón de audiencias de aquel castillo, se sorprendió de lo espartano y austero del sitio. El salón de los Campbell era mucho más alegre y hasta colorido.

Muchos soldados y miembros del clan los miraban a él y sus hombres como si fueran una rareza.

Era claro que lo hacían por la fama de Hiten y de su familia en general en el sitial de grandes guerreros.

En el centro, estaba dispuesto un enorme sillón, y en él un hombre bastante grueso y grande. Eran ciertas las descripciones de que el Laird de los Gordon era un gigante peludo de escasos modales.

―Mi señor ―saludó Hiten, haciendo una reverencia cortés

―Reitero la bienvenida a vosotros a mis dominios ―le saludó el enorme sujeto, que tenía en la mano una copa de plata, probablemente llena de whisky.

―Yo y mis hombres agradecemos vuestra amable hospitalidad ―replicó Hiten y fue allí que pudo reparar en la menuda figura que estaba parada junto al Laird.

Una chiquilla.

Pero una extremadamente bonita, y llamativa con sus grandes ojos oscuros.

La niña debía ser a muchacha que debían transportar a Londres.

No eran cuentos lo que decían que la niña era muy bonita.

Y lo terminó confirmando cuando su propio padre se lo dijo.

―Ella es mi hija, Moroha Gordon y a es quien la reina ordenó se presente para casarse con milord de Warwick. Demás está deciros que es mi hija menor y una de mis favoritas, por eso no pretendemos retardar la marcha.

La chiquilla que tendría como 17 años hizo una reverencia a Hiten como saludo.

Igual éste aun deseaba poder finiquitar otros asuntos.

―Me han dicho que están preparando un carruaje. Para traslados, estas cuestiones ralentizan y sugerimos que el viaje se haga íntegramente sobre caballo, mi señor.

―Es inadmisible que viajemos sin un carruaje adecuado ―una voz de mujer interrumpió la sugerencia de Hiten y cuando él giró para ver a la dueña de la voz, tragó saliva al notarla.

Si Moroha le había parecido muy bonita, la mujer que acababa de aparecer era la más bella que hubiera visto nunca, con sus largos cabellos negros como la noche, la piel blanquísima como la leche y unos enormes ojos negros. Hiten tuvo que sacudirse un poco de la impresión.

Él aún estaba boquiabierto viéndola, cuando el viejo Laird la presentó.

―Ah, olvidé deciros que también os acompañará mi hija mayor, Kikyo Macdonald―el Laird pareció recordar algo bufando una maldición―. Quiero decir es Kikyo Gordon, quien va como dama de la novia.

Hiten miró a aquella visión de mujer caminar como si fuera una ángel, si es que estos existían hacia donde estaba su hermana.

―Por lo que he oído este hombre no es el jefe de guerra de los Campbell ―siseó la bellísima mujer.

Aquella frase, dicho con cierto insulto, hizo que al final Hiten saliera del arrobamiento.

―No lo soy, mi señora, pero si soy el comandante de las fuerzas y puede estar segura que llegaremos a destino con bien.

―Y llegaremos a destino en las dos semanas previstas, porque no toleraré mayor retraso ¿ha quedado claro?

Hiten sorprendido miró a su padre, quien parecía divertido y sin ninguna intención de corregir a la mujer en sus aspavientos.

Fue ahí que la memoria apareció en Hiten y relacionó los nombres. Esta mujer era la viuda de Sesshomarou Macdonald y él tenía entendido que ese clan la había echado, justamente porque fue la misma que delató a Kagome en su momento. Lo último que recordaba haber oído es que debería estar en un convento, sufriendo por el pecado de haber sido devuelta por los Macdonald.

Obviamente aquello era una falacia, ya que la mujer estaba allí.

El Laird volvió a hablar.

―Además de mis hijas, he comisionado a cuatro de mis soldados para que os acompañen ―anunció―. También que el viaje debe comenzar cuanto antes, o sea desde esta misma tarde.

Hiten no pensaba viajar hasta la mañana siguiente, pero el Laird parecía inflexible y no podría negociar. Además, mirando a aquellas mujeres y que debían cargar un carruaje, cada minuto era valioso. Quizá si debían salir cuanto antes.

―Así se hará mi señor, prepararé nuestras cosas ―aceptó Hiten, haciendo ademan para retirarse y organizar la salida.

No le quedó más que suspirar al ver que los Gordon ya estaban cargando el carruaje con varios baúles, posiblemente con ropa y comida.

Eso los haría muy lentos, pero ya no podía quejarse, pero cuando salieran de allí, tendría que enseñarles a esas mujeres que el viaje no era ningún juego.

Los caminos eran peligrosos…y además Hiten comenzó a sospechar que la razón de tanta premura por parte del Laird era su propia posición con los jacobitas, quienes deberían de estar furiosos con él, por haber abandonado sus huestes.

Esos miserables podrían querer atacar su comitiva.

Hiten hizo una mueca con la boca. No había pensado en eso, porque si lo hubiera hecho antes, habría traído más hombres Campbell con él.

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El hombre fuerte del clan Campbell estaba echando un último vistazo al carruaje, que sería conducido por un soldado Gordon. También una criada acompañaría a las mujeres Gordon.

Hiten puso los ojos en blanco cuando lo supo, pero no podía hacer nada.

Revisó a los animales y los hombres que irían con él en caravana. Dispuso que dos jinetes Gordon fueran a la retaguardia del carruaje.

En eso, aparecieron las tres mujeres que irían en el carruaje. Vinieron luego de finalizar sus despedidas con los familiares. El Laird los observaba desde los ventanales. Ya no había bajado a despedirse. Probablemente porque no le gustaba las escenas sentimentales.

Primero subieron la chiquilla y la mujer que tenía aspecto de criada.

La ultima en subir, fue esa tal Kikyo, aquella preciosa pero altiva mujer. Hiten solo tuvo que oírla hablar un par de veces para sacar esa conclusión.

Por lo visto, además de los rumores acerca de su beldad eran tan ciertos como los de su carácter.

Lo terminó de confirmar, cuando la mujer pasó a su lado, antes de subir al carruaje y le advirtió.

―Es importante que dejemos en claro que usted y los hombres que trajo no tienen permitido acercarse a nosotras o entrar al carruaje. Por supuesto, no se atreva a cruzar palabra con mi hermana.

Hiten se limitó a asentir con la cabeza. ¿Qué podría decirle?

Rió internamente de pensar que si hubiera sido Bankotsu quien viniese, él no sería tan paciente.

En su vida había visto una mujer tan altanera y soberbia como aquella.


CONTINUARÁ

Gracias hermanas por la compañía.

Besito LUCYP0411 Y GUEST por los comentarios.

Como prometí actualizaré d veces por semana. Este fic sólo tendrá 15 capitulos, y si, el pairing es HITEN/KIKYO, y antes que me odien, prometo que intentaré explicar la razón del carácter de Kikyo.

Tambien porque sigue aqui y no recluida en algun convento. Recordemos que ella hizo bastante en el otro fic haciendo de villana, pero tambien mató a su marido.

Hiten, como ven, es más diplomático que Bankotsu, pero de todos modos, los personajes aquí son maduros, ya que Hiten ya tiene 34 y Kikyo tiene 30, asi que tan locos ya no son jajaja.

Los quiero.

Paola.