INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SI

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ESTE FIC ES UNA SECUELA DE TRAICION EN LAS TIERRAS ALTAS

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PASION EN LAS TIERRAS ALTAS

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CAPITULO 3

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Hiten observaba a las tres mujeres, quienes sacaban cosas de los baúles y los acomodaban al interior donde ellas se encontraban.

El hombre Campbell, junto a los soldados hacían un corto descanso, para que comieran y bebieran los caballos, y también ellos mismos.

Cuando iba a organizar que los hombres buscaran comida para las mujeres, fue que notó que ellas traían sus propias colaciones en los cofres y los comían en la privacidad del carruaje, con las cortinas puestas.

Ninguna bajó, salvo la criada para arrojar algunos residuos, pero no salieron del vehículo. Pero sí que oyó cuando esa Kikyo removió la cortina para ordenar con voz autoritaria.

―El descanso se ha prolongado demasiado. Reanudad la marcha.

De todos modos, Hiten pensaba reiniciar la procesión, pero igual aquella mujer le parecía cada vez más antipática.

El hombre se preguntaba si tanta animadversión hacia él, tendría relación con su anterior afiliación Macdonald, porque esa Kikyo fue la esposa del orgulloso y detestable Laird de ese clan.

Quizá era eso, ya que las mujeres no olvidaban y probablemente se le hubieran pegado de su difunto esposo.

Reanudaron el viaje.

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Hiten iba a la cabeza del grupo. Si todo salía como esperaban, podrían esperar cumplir las dos semanas de viaje sin más demora.

Igual, pese a su tranquilidad comenzó a sentirse levemente inquieto por el rumor silencioso del bosque. No le gustaba, pero siguió avanzando. Quizá todo estaba en su mente y que hace mucho tiempo que no realizaba un viaje por estos bosques.

Movió su cabeza justo a tiempo, cuando una flecha pasó justo por el lado de su mejilla. Automáticamente sacó su espada para protegerse del inesperado ataque.

―Proteged el carruaje ―ordenó a los dos soldados Gordon, mientras él y los otros se pusieron en plan defensivo cuando aparecieron como una veintena de hombres a caballo.

En otras ocasiones sería divertido para Hiten pelear, pero ahora tenía la responsabilidad de las mujeres, así que tuvo que apresurarse en dar de baja a cuantos pudo, pero no pudo evitar que otro grupo fuera a por el carruaje.

Los dos Gordon que dejó para defender no eran tan buenos como los soldados que él entrenaba, y no pudieron evitar que los atacantes manosearan el carruaje, sacaran baúles y se llevaran las bolsas.

Eran malditos salteadores de caminos.

En eso vio que Kikyo salió hacia el lado de las riendas, donde yacía muerto el conductor, intentando golpear a los ladrones con la correa que sacó de las manos del hombre muerto.

―! ¡Largaos de aquí! ―gritó la mujer, golpeando a los ladrones

Pero uno de ellos esquivó los golpes de la mujer y la cogió del cuello, para quitarle un collar que tenía allí.

Hiten se desesperó, y sacó su arco para arrojarle una flecha al malviviente, ya que no llegaría a tiempo porque aún estaba bordeado por otros atacantes.

El ladrón cayó muerto al suelo con el certero tiro de Hiten.

Aparentemente el fallecido era uno de los lideres, por ello los demás, se marcharon huyendo con el botín que alcanzaron a llevarse.

Hiten, furioso por la temeridad de aquella mujer, se lo dijo.

― ¡Son salteadores peligrosos, no vuelva a salir del carruaje! ¡Entre! ―le gritó Hiten, logrando acercarse a la mujer que jadeaba de cansancio, luego de las golpizas que propinó.

Pero la mujer, luego de arrojar la correa, no estaba por la labor de bajar la cabeza.

Se tocó el cuello con marcas rojas.

―¡Cierre la boca, usted hará lo que yo le diga y no al revés!, aquí yo soy la de mayor jerarquía, así que no olvide su posición.

Ante el desdén de la mujer y el saberse libre de los asaltantes, Hiten la dejó para revisar a los hombres.

No fue agradable comprobar que el asalto provocó la muerte de tres de los Gordon, quedando sólo uno con vida.

Bajó del caballo a revisar los cuerpos.

Mientras los otros dos Campbell comprobaban que lograron matar a seis de los atacantes.

Peor no pudo haber salido todo.

En eso, las tres mujeres bajaron del carruaje. El asunto era desastroso, ya que se habían robado todas las bolsas de comida.

Junto a las pérdidas de vidas humanas.

Hiten guardó su espada.

Tendrían que enterrar los cuerpos. Valoró la posibilidad de enviar un mensaje a los Gordon para que pudieran venir ellos a hacerse cargo de los cadáveres.

Los hombres muertos definitivamente no eran soldados profesionales y el único hombre que quedaba, temblaba como una hoja.

Decidió enviarlo de vuelta a Castle Gordon para que estos envíen gente a encargarse de los cuerpos y avisar a los familiares.

Sean o no soldados a Hiten le dolía estas muertes,

Con respecto a los cadáveres de los bandidos, decidieron llevarlos a unos kilómetros de allí, no pensaba enterrarlos y tampoco tenerlos cerca, para no asustar a las mujeres.

Hiten miró hacia las mujeres, quienes contemplaban con horror lo que había ocurrido.

Ellas quedaron sin comida luego del ataque, así que, al terminar la faena con los cuerpos, tendría que ponerse a trabajar para conseguirles algo que darles de comer.

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Kikyo apartó la vista cuando los hombres Campbell sin muchos escrúpulos se pusieron a arrastrar los cadáveres de los bandidos.

Habían enterrado a unos metros a los hombres que su padre comisionó y que la mujer sabía que no eran guerreros. Su familia nunca se caracterizó por el ser hogar de soldados.

También estaba el asunto de la comida. Miraba a Moroha y le estrujaba el corazón verla tan descorazonada. Era tan joven y ya estaba viviendo un trauma como éste, camino a casarse con un hombre desconocido.

La persona que más amaba en el mundo era justamente su pequeña hermana Moroha. Kikyo la había criado y casi en vez de una hermana mayor, se sentía como su madre, ya que su progenitora falleció al dar a luz a Moroha.

Kikyo tenía trece años cuando la niña nació, y cuatro años más tarde tuvo que marcharse para casarse, pero nunca cortó el contacto con su hermanita.

Por eso le dolía el asunto de su matrimonio, ya que Kikyo nunca olvidaría que ella perdió a su primer amor Inuyasha Macdonald cuando su padre la obligó a casarse con su detestable hermano mayor. Cada que recordaba el asunto, se volvía a enfurecer, como si Sesshomarou siguiera viviendo en cada pesadilla, de hecho, aún lo hacía en cada cicatriz, que atestiguaba las heridas de los golpes y torturas que le propinó su marido.

Al final ese desgraciado tuvo el final que se merecía.

Luego de que Inuyasha Macdonald la expulsara de Islay, Kikyo vivió dos años en una abadía, pero luego su padre volvió a buscarla, aduciendo que la necesitaba para terminar de criar a su hermana.

El Laird de los Gordon negoció con Inuyasha Macdonald la libertad para Kikyo. Inuyasha no se lo negó, porque el asunto no le interesaba.

Así fue que Kikyo volvió a Berwickshire a reunirse con su hermana. La mujer no era ninguna estúpida y sabía que su padre hizo esa movida para tenerla como moneda de cambio matrimonial, para casarla con algún aliado ya que la fama de la belleza de las hijas de Castle Gordon, a estas alturas ya era legendaria.

Pero a Kikyo no le importó ya que eso significó regresar junto a su hermana.

Siempre fue una mujer altiva y caprichosa. Luego de las lecciones de castigo en la abadía y los recuerdos horribles que tenía de su matrimonio, Kikyo entendía que el único modo de protegerse de los hombres y de cualquiera que podría representar para ella y su hermana, era adoptar una actitud mucho más fría y antipática, incluso rozando la crueldad, aunque a veces le doliera a ella misma.

Pero si no se protegía ella ¿Quién lo iba a hacer?

Vio a los hombres irse a deshacerse de los cuerpos de los asaltantes.

Moroha tenía hambre y ella podía oír el gruñido de su estómago.

Con esos hombres sería tan difícil de contar, así que Kikyo decidió tomar el asunto por su propia cuenta.

Dejó a su criada Brianna encargada de atender a Moroha, mientras ella iba a por comida.

Recordaba haber visto un lago a pocos metros.

No tenía ningún implemento para pescar, así que cogió las puntillas de su vestido y se adentró al agua.

Conocía varios trucos que tuvo que aprenderse para sobrevivir. Y Moroha se merecía cualquier sacrificio, ya que toda su comida había sido robada.

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Cuando Hiten y los otros dos hombres volvieron, se encontraron con que la criada Brianna y Moroha se calentaban al fuego que uno de los soldados preparó antes de salir. Pero no vio a Kikyo, pero imaginaba que podría estar aseándose por ahí.

Hiten se sorprendió, porque no esperaba que ellas supieran hacer fuego. Arreó a su caballo y bajó un enorme jabalí muerto al costado.

Mientras los hombres llevaban los cuerpos, él se tomó el tiempo de cazar al animal.

Los hombres se encargaban de faenarlo y prepararlo, le preocupó que esa Kikyo no volviese. Solo faltaba que uno de los bandidos hubiera vuelto para llevársela, mientras los hombres estaban concentrados con los cuerpos. La mujer era demasiado bella y una tentación para esos malvivientes.

Se acercó a las mujeres que estaban en el fuego.

― ¿Dónde está su hermana? ―preguntó a Moroha

―Mi señora ha ido al lago, a buscar comida ―fue Brianna, la criada quien se lo informó

La respuesta molestó a Hiten.

Solo eso faltaba.

Así que se adentró a buscarla y traerla de los cabellos si le tocaba, ya que la zona era peligrosa. El reciente ataque así lo atestiguaba.

Cuando Hiten se acercó a lago, fue que la encontró.

La mitad del cuerpo de la mujer estaba en el agua y pese a la oscuridad, ella estaba concentrada mirando abajo, con las manos listas, buscando atrapar algún pez.

Nunca creyó que una dama como ésa tuviera ese tipo de inclinaciones.

―Ya deje eso, ya tenemos para la cena y durará algunos días si sabemos racionarlo.

La joven levantó la mirada, sorprendida de encontrarlo.

Pero rápidamente se recuperó y se obligó a hablar con desdén, mientras salía del agua.

―Es natural que viniera a buscar comida, ya he visto su capacidad de respuesta ante un ataque de bandidos, así que imaginaba que conseguir comida para usted sería complicado.

Era una respuesta cruel, pero Hiten se mantuvo en sus trece, procurando calmar las ganas de zarandearla.

Prefirió no contestarle, e intentó ayudarla a salir del agua, pero ella se desasió de su agarre.

―Puedo yo sola ¿está claro?

Hiten la vio irse.

―Cámbiese la ropa si no quiere coger un resfriado ―le aconsejó.

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El olor de la carne cocinada al fuego era atrapante, ya que los soldados, como antiguos hombres acostumbrados que acampaban en cualquier parte, abrió el intenso apetito en las tres mujeres.

Kikyo se acomodó frente al fuego, junto a las otras.

Afortunadamente el baúl de Moroha no fue robado, así que la joven pudo cambiarse por otro vestido que le quedaba algo pequeño, pero se cubrió con una enorme capa.

Esto como recordatorio de que no debería ser tan impulsiva de volver a arrojarse al agua.

Su vestido mojado estaba extendido cerca de fuego, y quería volver a ponérselo por la mañana para cambiarse el ajustado vestido de su hermana.

Observaba como Hiten, el líder de su comitiva cuidaba la cocción.

Kikyo estaba agotada, pero le costaba admitirlo. Su único objetivo era no aparentar ninguna debilidad para proteger a Moroha todo lo que pudiese. Y aunque no tenía ninguna afinidad Macdonald, había vivido muchos años con ellos y algo del celo contra los Campbell se le acabó pegando.

Observó que ese tal Hiten cortaba unos trozos de carne jugosa en unos cazos que traían los hombres.

Quiso retroceder un poco cuando el hombre se acercó a ellas, y le pasó uno cazo, primero a Moroha y luego a Brianna, quienes agradecieron con un gesto con la cabeza.

Ellas se pusieron a comer con fruición.

―Esta esta delicioso ―comentó Moroha.

Al cabo de un rato, regresó al fuego y volvió a cargar otro cazo.

Y este se lo trajo a ella.

No entendía porque, pero Kikyo se sintió ciertamente intimidada, cuando aquel hombre tan alto se acercó a ella, y se agachó un poco para darle la comida.

Kikyo moría de hambre, así que recogió el plato. El hombre parecía esperar la misma reverencia que le hicieron las otras, pero Kikyo no pensaba hacer lo mismo.

Finalmente él volvió con sus dos compañeros para cenar con ellos.

Kikyo lo observaba, y finalmente el hambre hizo lo suyo, se fijó en su plato.

Comenzó a picar pedacitos de la carne tierna y Kikyo quedó anonadada por el buen sabor.

Finalmente, no pudo contenerse y lo devoró todo en pocos bocados.

Costaba admitirlo, pero era la carne más deliciosa que hubiera nunca.

Luego miró a Hiten quien estaba silencioso en medio de los otros dos Campbell en un ambiente triste.

La mujer entendió que era por los hombres perdidos y por verse sobrepasados por el ataque de los bandidos.

Kikyo se sintió pésimo por el comentario que le hizo antes sobre su incapacidad de protección, lo cual era bastante lacerante, ya que los atacantes los habían sobrepasado en número, y había que reconocer que los Campbell lograron defenderlas y rechazarlos.

Pero por supuesto, no pensaba disculparse.

Aun así, antes de bajar su cazo, no pudo evitar volver a mirarlo y fue ahí que él también la miró con aquellos enormes ojos azules.

Kikyo apartó la vista inmediatamente al verse descubierta.

Tenía que admitirse a sí misma que ese hombre no era tan malo.


CONTINUARÁ.

Ya tenemos capitulo 3, hermanas.

Besito a LUCYP0411 Y LITAMAR, prontito vamos a terminar esta historia.

Paola.