INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SI

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ESTE FIC ES UNA SECUELA DE TRAICION EN LAS TIERRAS ALTAS

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PASION EN LAS TIERRAS ALTAS

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CAPITULO 4

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Los jinetes marchaban a buen paso, bordeando el interior del espeso bosque.

No tuvieron más alternativa que abandonar el carruaje, había quedado inutilizable luego del ataque de los ladrones, así que Hiten decidió que seguirían el viaje a caballo.

El líder Campbell esperaba encontrar resistencia por parte de las mujeres Gordon, pero para sorpresa suya no lo hicieron. Hasta con cierta admiración, notó como tanto Kikyo como su hermana eran capaces de montar. En una sola yegua iban Kikyo y detrás de ella, Moroha, a quien se negó rotundamente enviarla sola.

En otro caballo iba Brianna con dos bolsas, con las escasas ropas que pudieron rescatar.

Los otros dos eran los soldados Campbell, quienes iban a la retaguardia. Hiten, seguía a la cabeza pensativo.

A pesar de inquietud que lo embargaba por el viaje, no pudo evitar ponerse junto a la dama Kikyo.

―Temía que se quejara por abandonar la carreta.

Pero Kikyo no respondió.

―Tengo que reconocer que usted no es la florecilla que creía que era, y eso puedo decirle luego de haberla vista intentando coger un pez con sus propias manos en el agua ―le dijo Hiten.

No podía evitar decírselo, ayer durante la comida no hubo tiempo de ninguna conversación.

Kikyo lo miró y el hombre esperaba alguna respuesta desdeñosa suya, pero la mujer se mantuvo en sus trece.

―Usted no me conoce, así que no quite conclusiones apresuradas ―replicó la mujer y luego agregó―. Moroha es mi hermana menor y yo estoy a cargo de ella, así que naturalmente haré lo que sea por su bienestar.

Hiten se fijó, que pegada a la espalda de Kikyo, la joven Moroha estaba dormida.

Aunque Kikyo fuera todo lo fuerte que dijese, no dejaba de ser una mujer frágil y sin la fuerza física de un hombre, y no la veía quejarse por el peso añadido de su hermana.

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La razón por la cual Kikyo ya no estaba en aras de su habitual carácter combativo y arrogante, era por la actitud de anoche de ese Hiten.

No era como ningún hombre que ella hubiera conocido antes.

Los que había conocido siempre intentaban ganársela por su belleza y los que no, no apreciaban su carácter.

Vivió años con el clan Macdonald y solo vio hombres intrigantes. Con excepción del propio Inuyasha, pero ella no olvidaba el horrible castigo que él ordenó darle, asi que no quería volver a verlo en esta vida.

En cuanto a su propio clan, no había guerreros valientes ni con el espíritu que emanaban estos Campbell, en especial este Hiten.

Así que ciertamente le era imposible adoptar una posición insolente, tan habitual en ella.

Podía quejarse de la incomodidad del viaje, y que fueran asaltados apenas salieran. Pero Kikyo sabía que el viaje iba a ser muy peligroso, ya que además de ladrones podrían toparse con facciones descontentas con la posición adoptada por los Gordon de abandonar a los jacobitas.

Abandonó sus pensamientos cuando tuvo que parar al caballo, ante una señal de Hiten, quien parecía nervioso y desconfiado.

―Casi caemos del caballo ¿podría explicar que significa todo esto? ―exigió saber la mujer. Su reciente resuelta amabilidad se vio forzada cuando tuvo que detener bruscamente al caballo, sobresaltando a Moroha quien despertó con el movimiento.

Pero Hiten no le contestó directamente.

―Haremos una parada obligatoria en la aldea de Duns, que está a menos de una hora de aquí ―le anunció él.

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Hiten era un gran rastreador.

Era el mejor de los Campbell y podría jactarse de serlo de las Tierras Altas, así que comenzó a sentirse nervioso con ciertas huellas que notó en el viaje.

Y su mente rápida para hilvanar, le daba conclusiones que lo ponían inquieto.

Paró la comitiva y decidió que pararían en la aldea de Duns, para que las mujeres descansaran y por el otro, para averiguar sus sospechas.

Todo le resultaba sospechoso, desde el apuro del Laird de los Gordon de que salieran de Berwickshire, el ataque repentino y los rastros que él pudo notar.

Sospechaba que el asalto no fue tal.

Los Gordon tenían muchos enemigos nuevos luego de abandonar la facción jacobita, no sería raro que alguien quisiera vengarse. Puede ser que aquel viejo zorro del Laird Gordon pudo haber recibido alguna amenaza y por ello apresuró la marcha del grupo.

Y lo del robo fue demasiado violento para ser de un simple salteador de caminos.

Fue allí que tomó la dura decisión de enviar a uno de sus hombres para que tome la delantera a explorar el lugar mientras él, su compañero y las mujeres pernoctaban en la aldea.

― ¿Dónde enviará a su soldado? ―le preguntó Kikyo

―Lo mandaré a explorar el área, hay algo que no me gusta y no termina de encajarme.

―Al llegar a la aldea, podría pedir refuerzos a mi padre ―sugirió Kikyo

Hiten sonrió de lado.

―Si a su padre le hubiera interesado ayudar, ya habría mandado un destacamento, ya que el hombre que mandé a avisar de la ubicación de los cuerpos y la carreta, ya debió haber llegado a Berwickshire ―el guerrero negó con la cabeza―. No, creo que su padre está resuelto a poner sobre mi cabeza la responsabilidad sobre ustedes.

―No tengo nada que decir sobre eso, nuestro clan nunca se ha caracterizado por ser una cuna de guerreros ―aceptó Kikyo avergonzada, y además le daba la razón al hombre.

Su padre sabía que sus fuerzas nunca podrían defenderlas. Era obvio que arrojaba tamaña responsabilidad en el guerrero Campbell, con la fama que ellos tenían de su ferocidad.

La aldea de Duns era pequeña, pero serviría para pasar la noche o dos. El sitio era utilizado como lugar de paso por los viajeros.

Localizaron la posada en el medio.

Kikyo hizo una mueca al verlo.

Cuando pensaba en una habitación cómoda y comida caliente, nunca hubiera imaginado aquella pocilga.

―No será tan malo ―le refirió Hiten, dándose cuenta de su decepción―. Solo será esta noche.

Él bajó del caballo y se acercó para ayudarla a bajar.

La mujer le pasó la mano, pero disimuló lo más posible la extraña turbación que la embargó al rozar su mano.

Él se portaba serio y profesional. Cuando entraron dentro, lo vio negociar con los posaderos y luego envió al otro Campbell que aún seguía con ellos para que diera de comer y beber a los caballos.

Kikyo apretó la mano de su hermana, cuando notó que su presencia comenzó a llamar las miradas. No solía disgustarle la atención, pero no era el momento y el lugar.

Hiten se dio cuenta y se puso enfrente de ellas, para tapar la visual de los impertinentes que las estaban mirando.

Luego las conminó a subir, mientras él cargaba las dos bolsas que contenía algo de las pertenencias de ellas, y que se salvaron de la rapiña del robo del otro día.

Mientras Moroha y Brianna revisaban la habitación, Kikyo quedó en la puerta, luego de que Hiten saliera.

―He ordenado que os suban agua caliente y comida ―les informó.

― ¿Dónde va? ―le preguntó Kikyo, al ver que se iba y ciertamente temerosa luego de saberse solas en un sitio lleno de forasteros.

―Iré a revisar la zona.

Aquella respuesta disgustó a Kikyo.

―No podéis dejarnos solas.

Hiten le sonrió.

―Estaréis protegidas, os lo garantizo. No abráis a nadie ―le sugirió Hiten, antes de marcharse.

Kikyo quedó en la puerta y verlo irse le producía una extraña desazón. Su imponente presencia era suficiente para sofocar cualquier miedo, aunque él prometió que nada les pasaría.

Siguió el consejo de encerrarse y aprovechar el agua caliente que le trajo una oronda posadera para asearse. La comida sabía bastante bien, lo cual era extraordinario, atendiendo el horrible lugar.

Igual no estaba tranquila con la situación actual.

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Eran casi las tres de la madrugada, cuando Kikyo despertó sobresaltada.

Hace bastante tiempo que no despertaba de esa forma, desde todo el trauma que vivió posterior a su matrimonio, cuando despertaba creyendo que su difunto marido la acechaba aun después de muerto.

Pero en vez de eso, se encontró con Moroha que dormía profundamente a su lado.

Una inmensa ternura se apoderó de la joven al verla.

Solo por ella era capaz de aguantar este viaje maldito y lo que viniera.

Le inquietaba pensar en el futuro esposo de su hermana. La mala experiencia que ella tuvo la mantenía en alerta, porque no deseaba que su dulce Moroha terminara casada con una bestia como lo fue Sesshomarou Macdonald.

Se levantó decidida a buscar algo para beber.

Habia quedado un resto de vino en la jarra que estaba sobre la mesada, así que decidió ir por ella, pero cuando la encontró ya estaba vacía.

Seguro fue cosa de la glotona de Brianna.

Tendría que salir a buscar más, aunque Hiten le había advertido que se mantuvieran dentro.

Kikyo se echó la cofia encima y cuando iba a abrir la puerta, tropezó con un enorme bulto que la hizo caer de espaldas hacia dentro de la habitación.

― ¿Pero qué demonios?

Fue ahí que vio la enorme figura de Hiten, quien había estado sentado sobre una vieja silla.

― ¿Qué intentaba hacer? ―increpó él

Kikyo se incorporó, pese a que la caída le hizo doler las nalgas.

― ¡Solo iba por algo de vino!, más bien ¿Qué estaba haciendo usted husmeando en nuestra puerta?

―Si quiere algo, solo pídamelo y yo se lo traeré. He quedado a hacer guardia frente a su puerta, este es un sitio peligroso.

Eso desinfló en parte a Kikyo. Hiten era demasiado amable y le era imposible comportarse como una tirana.

No iba a disculparse por ser soberbia, pero las maneras de aquel hombre le mostraban una faceta que nunca conoció antes en otro.

Siempre cuando imaginó a un Campbell y por las descripciones que recordaba de su anterior familia política, siempre los creyó unos barbaros.

Notó que pese al frio de la madrugada, él se mantenía con su capa en aquel raído sillón, con su pesada espada a cuestas.

La mujer volvió a entrar y se acercó a la chimenea, con ayuda de un trapo cogió una de las piedras calientes para pies que había en la habitación. Se lo pasó a Hiten.

―No puedo darle una manta, pero tome esto.

Hiten se sorprendió por el gesto, pero no pudo rechazarlo y tomó el bulto.

Él nunca fue bueno con las palabras y más cuando recibía el gesto de una mujer, y más de una particularmente hermosa como aquella. Se sintió hasta ridículo.

―Gracias ―agradeció el guerrero―. ¿Quiere que vaya por el vino?

La mujer negó con la cabeza.

―No es necesario, prefiero dormir.

Él se quedó mirándola, aun cuando ella ya cerró la puerta.

Volvió a sentarse en el sillón que tomó prestado del salón.

Pensaba seguir velando el sueño de las mujeres, cuyas vidas le fueron confiadas.

Aunque sus pensamientos se veían ciertamente limitados a una sola.


CONTINUARÁ

Gracias hermanas, esta semana tendremos tres episodios, creo que entre jueves y viernes publicaré el otro. Y el domingo el siguiente.

Ya les dije que esta historia es muy sencilla y corta. Sobre todo para darle una salida a Hiten y una redención a Kikyo.

Besito a NENA TAISHO, LUCYP0411 Y LITAMAR.