INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SI
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ESTE FIC ES UNA SECUELA DE TRAICION EN LAS TIERRAS ALTAS
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PASION EN LAS TIERRAS ALTAS
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CAPITULO 5
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Kikyo y las otras estaban desayunando avena, cuando Hiten apareció en el comedor. Lucía preocupado.
―Saldremos enseguida así que os aconsejo que os preparéis.
Kikyo ya le había visto ese rostro antes, y aprovechando que en el comedor solo estaban ellos, fue que se lo preguntó.
― ¿Qué no íbamos a quedarnos una noche más?
Hiten negó con la cabeza y salió.
Pero Kikyo no estaba satisfecha con la respuesta así que dejó su plato y fue tras suyo.
― ¿Qué es lo que ocurre? ―le preguntó bajando la voz, para que no la oyera su hermana.
―Si salimos ahora, podríamos alcanzar Fort William de madrugada, allí podremos pedir apoyo al destacamento inglés.
―Pensé que íbamos a quedarnos en el siguiente pueblo, la aldea de Glennfinnan ―subrayó la mujer, segura de su hoja de ruta. Además, los líderes de esa aldea siempre fueron amigos de su padre.
Pero Hiten estaba muy serio.
―Ese lugar es peligroso.
― ¿Por qué?
―Porque son jacobitas, como antaño lo fue su padre. Ellos no olvidan ni perdonan, y tiene mi palabra, que podrían ofrecernos cualquier cosa menos hospitalidad ―cerró Hiten―. Debo ir a preparar los caballos.
Kikyo lo vio marcharse y se sintió preocupada también a su vez.
Él no estaba tranquilo y la mujer se dio cuenta que cuando hablaba con el otro soldado se referían al otro hombre Campbell que enviaron a explorar y que aún no había vuelto.
Sin noticias ni certeza, Hiten prefería largarse de allí y no ponerse en la boca del lobo.
Hiten estaba muy tenso y Kikyo se veía incapaz de mostrarse desconfiada de un hombre que la había protegido tanto a ella como a su hermana.
Correr a Fort William sin descanso era la solución propuesta por Campbell.
Hiten tenía la esperanza de encontrarse allí con el hombre que había mandado a explorar.
Kikyo ordenó a Brianna que preparara las pertenencias y ayudó a Moroha a lavarse, ya que ésta amaneció con unas molestias en el estómago.
Interiormente estaba enfadada con su padre y su falta de firmeza con sus antiguos aliados, ya que, si el Laird Gordon hubiera sido más tajante con ellos, no se atreverían a urdir emboscadas contra miembros de su familia. Lo peor es que deslizaba aquella responsabilidad a hombres de otro clan.
Aunque esto último fuera mandato de la reina Ana, su padre hubiera dotado la comitiva de más hombres Gordon
Lo vio, desde la sucia ventana de la posada, preparar los caballos en compañía del otro hombre.
Y ciertamente se sentía estúpida por no poder evitar el deseo de mirarlo.
Ella siempre se creyó por encima de las trivialidades propias de otras mujeres que se dejaban seducir por una cara bonita. Pero ese Hiten era más que eso y ella no podía descifrarlo. Se apartó bruscamente del ventanal cuando él levantó la mirada hacia ella.
Al cabo de unos minutos, subió el otro soldado Campbell a buscarlas y al toparse de vuelta con Hiten fue lo mismo.
Se sintió nerviosa y extraña, cuando él le rozó la mano para ayudarla a subir al caballo.
¿Por qué se sentía como una niñata?
Ciertamente no lo era, con los treinta años a cuestas y además una que había conocido a un hombre, el peor de los hombres y que vivió un infernal matrimonio.
Comenzaron una cabalgata rápida y Kikyo sentía los brazos de su hermana Moroha pegadas a cintura.
Aunque había bebido un brebaje, persistía el malestar estomacal.
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Hiten dirigía al pequeño grupo sin mucho miramiento.
Estuvieron de galope durante tres horas seguidas y el guerrero planeaba continuarlo así.
Su único deseo era alejarse de esta zona. Sus instintos de rastreador lo colocaban en alerta permanente y también estaba preocupado por su camarada que aún no se reportaba.
Observó de reojo a las mujeres y sintió aprehensión por Kikyo, quien manejaba las riendas de su caballo con su hermana a cuestas. Era mucho sufrimiento para aquellas mujeres, pero no tenían otra salida.
En eso, oyó que una de ellas comenzaba a toser.
―¡Oh por dios! ―oyó exclamar a Kikyo, quien volteó su cabeza hacia su hermana.
Aquel movimiento hizo que la mujer descuidara sus riendas y los impulsos intuitivos de Hiten se activaron acercándose a ellas, para coger sus riendas y sostener a Kikyo, quien prácticamente abandonó la correa para coger a su hermana, quien había comenzado a vomitar.
Si Hiten no hubiera hecho eso, ellas hubieran caído del caballo.
Pero la respuesta no fue lo que él esperaba.
Kikyo se desasió del agarre de Hiten.
― ¡Suélteme, tenemos que parar porque mi hermana no se encuentra bien!
Hiten la soltó.
―Ya le he explicado que debemos llegar hoy a Fort William.
― ¡Pues yo digo que hagamos un descanso!
Hiten miró a la muchachita detrás de Kikyo.
Estaba morada y vomitaba.
Estaban en el medio del bosque, en lo más profundo.
No tuvo más remedio que aceptar la parada.
―Está bien, pararemos.
Kikyo asintió un agradecimiento con alivio.
Fue Hiten, nuevamente quien primero bajó de su caballo, para ayudar a bajar primero a la chiquilla y en segundo, a Kikyo.
No quería admitirlo, pero se ponía nervioso cada vez que tocaba la final piel de la mano de Kikyo cada vez que la ayudaba con el caballo.
La zona no tenía ningún claro, así que solo tocaba quedarse bajo los árboles.
Tenía decidido emprender de vuelta el viaje en cuanto la chiquilla mejorara.
El soldado de Hiten les preparó un fuego, mientras Brianna se afanaba en preparar un té para la joven con algunas hierbas que trajo de la posada. Kikyo sostenía a su hermana, mientras esta se mantenía con rostro desfallecido.
Pero Hiten estaba demasiado preocupado, así que hizo una seña a su soldado que cuidara el campamento, mientras él peinaba el área.
Habia visto huellas durante el camino que no le gustaron, sumado a otras huellas y vestigios que le daban a entender que podrían estar siendo seguidos o monitoreados. Necesitaba asegurar el área. Esperaba que a su regreso la chica Moroha estuviera mejor.
Dejó su caballo para que su compañero lo alimentara y sosteniendo fuertemente su claymore entró tomó dirección norte.
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Kikyo estaba muy concentrada en Moroha, pero notó cuando Hiten se marchó.
― ¿Dónde fue su comandante? ―le indagó al soldado
―Mi comandante ha tenido que salir a rastrillar el área ―le informó el joven, mientras terminaba de encender el fuego.
Kikyo no era tonta, el soldado había sido diplomático y no quiso soltarle más información y lo prefería así, para no asustar a su hermana, que era un florecilla frágil y silenciosa.
Lo único que deseaba era poder protegerla del mundo.
Afortunadamente Moroha había dejado de vomitar, pero aún estaba debilitada y debía reponer líquidos, que se ayudaba con los brebajes de Brianna y con las bolsas calientes que Kikyo ayudaba a frotar en su vientre.
El hombre Campbell se puso junto a un árbol, para darles privacidad, pero se mantenía vigilante.
Transcurrieron varias horas en ese estado.
El sol ya había caído y oscurecido por completo. Solo estaban iluminados por la pequeña fogata, hecha de ese tamaño para dejar el menor rastro posible.
Brianna dormía recostada en un árbol.
Moroha bebía té mientras Kikyo la ayudaba. La mujer se mantenía bien despierta y debía hacerlo, por su hermana, quien ya no tenía síntomas a esas alturas.
Cierta calma se apoderó de Kikyo al ver su rápida recuperación, pero aun así la mujer no dejaba de ver hacia la dirección, donde horas antes había desaparecido Hiten.
El comandante aun no volvía.
Kikyo no quería alterarse, y más cuando vio al otro Campbell muy tranquilo, pero en guardia en una esquina.
Aunque la presencia de aquel sujeto era reconfortante, no se comparaba con la sensación de seguridad que le proporcionaba la de Hiten, quien con su tremenda altura y presencia era de temer.
Cuando iba a coger un poco más de té para poder convidar al guardia, el cazo se le cayó de las manos cuando un estruendo de pasos los rodeó.
El soldado Campbell reaccionó al instante, respondiendo al inesperado ataque que surgió del amparo de la oscuridad.
El hombre era hábil, pero que podía uno contra varias sombras que se le abalanzaron.
Brianna despertó con el ruido y gateó para refugiarse con sus señoras.
Kikyo, en un primer instinto abrazó a Moroha, horrorizada por lo que estaba viendo.
El asunto se puso peor cuando el soldado Campbell cayó al suelo, inconsciente o muerto luego de un espadazo en la cabeza.
Kikyo tragó saliva cuando al amparo de la llama de su pequeña fogata vio exactamente seis figuras enormes. Y cuando se fijó en el color de su tartán los identificó.
Eran los del clan Ogilvy, antiguos aliados de su padre. Claro que los reconocía, porque hombres de ese clan muchas veces permanecieron como invitados en Castle Gordon y compartieron la misma mesa.
La diferencia es que ahora aquello no volvería a suceder, ya que los Ogilvy seguían siendo abiertamente jacobitas y, por ende, pasaron a convertirse en enemigos de su familia.
Uno de los hombres se acercó descaradamente a ellas.
―Aquí hay dos mujeres Gordon…bellísimas ―le informó a otro que parecía su superior, y que estaba guardando su espada.
―La más joven, traedla aquí ―le ordenó este.
Pero Kikyo, en un impulso feroz, escondió a su hermana detrás suyo.
― ¡Atrás o no respondo!
―! ¡No sea insolente!, hemos venido a buscar a la muchacha virgen, la prometida del lord inglés. No permitiremos que salga pura de estas tierras ¡a mancillarse con un sucio ingles! ―le gritó su líder mientras se acercaba a ellas.
Brianna estaba agazapada en una esquina.
El horror se dibujó en el rostro de Kikyo. Era peor de lo que pensaba.
Estos fanáticos Ogilvy pensaban violar a su hermana por mandato de su Laird, por el simple placer de vengarse de los Gordon, por su trato con los ingleses.
―Vamos, no haga las cosas difíciles. Solo la queremos a ella ―el hombre intentó persuadirla.
Kikyo miró a su asustada hermana. La misma a la que había jurado proteger a toda costa.
A toda costa.
Que uno de esos hombres le hiciera algo, de solo pensarlo la enfermaba.
Tenía aun latentes los recuerdos de ella y su abusivo marido.
Kikyo detuvo sus lágrimas. No iba a llorar, tenía que ser fuerte para seguir.
Tenía la esperanza que Hiten apareciera, pero aquello no pasaba. Y siempre fue así, sólo se tenía a ella misma para defenderse, ningún hombre lo haría en su lugar. Así que debía dejar de esperar.
La mujer se incorporó lentamente, ante la atenta mirada de esos hombres ya que Kikyo era demasiado esbelta al estar levantada.
Con un nudo en la garganta, la mujer se quitó la capa que cayó al suelo y reveló un vestido blanco adornado con un tartán de los Gordon. Sin perder tiempo comenzó a desanudárselo y estiró los cordoncillos de su vestido que cayeron al suelo.
Los seis hombres quedaron con las bocas abiertas, cuando Kikyo quedó completamente desnuda frente a ellos.
Su cuerpo era precioso y muy blanco. Firme y prometía ser muy dulce. En conjunto con su arrebatadora belleza, era normal que todos ellos quedasen hechizados.
Pero su voz era firme, pese a la horrible vergüenza de estar exhibiéndose frente a aquellas horribles bestias.
―Podéis tomarme a mí…pero dejad a mi hermana. Hacedlo y no me resistiré ―extendiendo sus brazos.
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Hiten llegó justo cuando aquellos hombres rodeaban a las mujeres y Kikyo se levantaba. Verificó que su compañero yacía en el suelo.
Así que sacó su espada y pensó rápidamente en una estrategia de ataque. Como estaba en las sombras procuró no hacer ruido y cogerlos de sorpresa. Los iba a matar a todos.
Pero cuando se disponía a atacar, vio que Kikyo se desnudaba por completo ante aquellos cobardes, dispuesta a entregarse a la lujuria de ellos.
Y al verla, el normalmente tranquilo e impasible Hiten quedó desencajado al ver descubierta la figura de Kikyo.
Aun en medio de aquel horrible escenario, era como si se hubiera descubierto un hermoso tesoro oculto en un cofre.
CONTINUARÁ
Gracias hermanas y disculpen la demora. Creo que mañana domingo tendremos capitulo para completar los tres semanales. Estuve viendo una serie y me enganché jajaja
BESOS A LUCYP0411, NENA TAISHO Y DOÑA LITAMAR.
EL domingo habrá episodio, si dios quiere.
Paola.
