INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SI
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ESTE FIC ES UNA SECUELA DE TRAICION EN LAS TIERRAS ALTAS
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PASION EN LAS TIERRAS ALTAS
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CAPITULO 7
Kikyo esgrimió una sonrisa triste.
―No es el primero que me dice que soy la más bella ¿acaso no ha oído sobre la maldición de belleza que pesa sobre las hijas Gordon? ―comentó la joven, pero alzando los ojos a Hiten añadió―. Pero es la primera vez que me dicen que sólo alguien meritorio podría merecerme.
Hiten, un hombre habitualmente callado y reservado, tenía el primer impulso de decirle más pero tampoco quería pecar de atrevido.
Kikyo se sintió aun en más confianza. Estaban prácticamente solos, porque los demás dormían y ella necesitaba decirle más cosas y no sabía exactamente porqué.
―Inicialmente estuve prometida a Inuyasha Macdonald…yo creía que lo amaba ―al oír eso, Hiten se crispó pero se contuvo de demostrárselo―. Igual, los cambios políticos hicieron que termine casada con su apestoso hermano, ese hombre cruel y despiadado.
En la mente de Kikyo aun resonaban los maltratos de aquel sujeto despreciable. Pero también recordaba que fue ella quien lo acabó asesinando, un hecho del que nadie se enteró, salvo por aquel otro patán de Naraku.
Kikyo prefirió callar aquel secreto, pero de algún modo estaba segura de que Hiten no la juzgaría por haber matado a su esposo.
Ella sabía que Hiten no era como la mayoría de los hombres.
Prefirió volcarse a él, con una pregunta.
―Pero usted es un comandante importante de su clan…e imagino que la señora de Hiten Campbell espera que regrese sano y salvo a casa.
Kikyo hizo aquel comentario, con cierto temor de la respuesta. Y lo cual era tonto, ya que el comandante tenía poco más de treinta años, y era obvio que sería casado con varios hijos en su haber.
Por ello la respuesta la sorprendió.
―No existe tal señora.
― ¿Por qué…?
Él parecía reflexivo.
―La única vez que quise casarme era un chiquillo enamorado de mi prima Jenny, la hermana de Bankotsu.
― ¿Dónde está ella..?
―Muerta…hace mucho tiempo ―los ojos de Hiten se llenaron de cierta nostalgia, aunque ya no había dolor alguno. Solo cierta añoranza, porque cuando Jenny vivía, también lo hacía su tía Ailsa quien fue quien lo crio a él.
Kikyo sintió que entraba en terreno pantanoso, logrando que él hablara de su vida personal.
―Pues debería casarse, para dejar un legado ―se atrevió a decir.
Hiten la miró.
Pero prefirió no entrar en muchos detalles.
―No soy de los que se casa ni tiene hijos. Eso no es para mí ―sentenció el hombre, firme y seguro.
Luego de oír semejante declaración, Kikyo ya no se atrevió a seguir con su cuestionario.
Apretó el tartán que tenía por los hombros, y que aún seguía oliendo a él.
Repentinamente se sintió dolida.
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A pesar de la apertura de Hiten a ella, donde incluso se atrevió a hablar de Jenny, un recuerdo que sólo conocía su primo Bankotsu, el comandante Campbell se guardaba algo más.
Las auténticas razones por las cuales permanecía soltero y sin hijos. Completamente dedicado a su labor de secundar a su primo.
Desde niño siempre supo que estaba en la línea de posibilidades de ser nombrado heredero por su tío Suikotsu, siempre trabajó duro haciéndose un gran espadachín y luchador.
Cuando finalmente la elección recayó en Bankotsu, él lo apoyó completamente porque su primo era su hermano, al que pensaba entregar toda su lealtad y entrega.
Sabiéndose un secundario en la historia de su clan, consagrándose como un gran guerrero imbatible, que juró permanecer cerca de su primo y su familia, custodiando la herencia familiar, sólo tenía esas aspiraciones.
Era testigo de profundo amor entre Kagome y Bankotsu, y aunque en el fondo, él deseaba algo así, sabía que no era posible.
Podría morir en batalla en cualquier momento, más con la pesada carga que tenía sobre sus hombros por ser comandante de las fuerzas de los Campbell.
Hiten, un huérfano sentimental había crecido con el estigma de perder a sus padres desde que era pequeño y en circunstancias terribles.
Hiten no quería eso para los hijos que podría tener, con la posibilidad de perder a su padre en cualquier momento. Y romperle el corazón a su esposa en el proceso.
El gran guerrero pretendía ser responsable y no arrastrar con él a otros en el dolor. Por eso prefería la soltería, abocándose a proteger ferozmente a su clan, y a la familia del heredero de los Campbell.
Por supuesto esto prefirió callarlo a Kikyo. Lo malo es que estar cerca de aquella mujer lo confundía.
Su corazón se sentía desbocado y moría de ganas de protegerla siempre.
Pero fiel a sus principios, no se hacía ilusiones. Y tampoco quería hacerlas.
Porque no pensaba retractarse de su decisión.
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Pasado el primer resquemor de saber que él no era de esos hombres que formaban familia y que se aplicaban totalmente al cumplimiento de su deber, Kikyo se mantuvo en sus trece, aparentando tranquilidad, aunque por dentro se sentía triste de conocer aquello.
Miró hacia Moroha, quien ya dormía. Brianna hacía lo mismo cerca de la joven.
El soldado Campbell también reposaba tranquilo.
Sólo escuchaba la respiración acompasada de Hiten cerca de ella.
Cuando llevó su mano a acomodar su cabello, se olió.
Kikyo, una mujer naturalmente coqueta se sintió asqueada de su situación. Necesitaba bañarse. No soportaba estará así y menos que él la notara en ese estado lamentable.
Además, necesitaba decir algo para cortar la tensión.
―Necesito ir al lago a bañarme ―incorporándose despacio.
―El agua deber estar fría ―advirtió él
―Pues mejor, además de limpiarme, necesito despejarme…ha sido un día terrible.
Contra aquellos argumentos, Hiten ya no pudo oponerse a lo que ella quería hacer, si de todas formas iba a hacerlo.
―La guiaré ―aceptó él.
Kikyo recogió una muda de ropa y seguida de Hiten fue hacia el lago, que estaba a como trescientos metros de la zona de acampada.
El lago sólo se iluminaba con la luz de la luna llena.
En parte Kikyo se alegraba que Hiten no pudiera notar ciertas lagrimas que comenzaron a caer de sus ojos, antes de que su consciencia pudiera frenarlas.
Quizá el agua fría la ayudara a tranquilizar las ansias que la agobiaban.
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Cuando llegaron al lago y cuando la joven se despojó de su tartán que usaba como capa, misma que él le puso, fue que se percató de la inconveniente situación.
Una mujer estaba por bañarse. Ella necesitaba toda la intimidad posible y él tenía que dárselo, o de lo contrario no sería mejor a ninguno de esos miserables que intentaron ultrajarla antes.
Ella lo miró de perfil.
Él se apresuró en balbucear unas palabras.
―Báñese tranquila…yo velaré por su intimidad ―y como ella seguía viéndolo, agregó enseguida―. Para darle más tranquilidad de que no husmearé, cantaré para que sepa dónde estoy.
Hiten se alejó apenas dijo esas palabras. Se sentía demasiado turbado de saber que ella estaba por sacarse la ropa y meterse al agua desnuda.
Aunque ya la había contemplado sin ropa, el saber que se trataba de ella lo azoraba y aturdía y no estaba seguro del motivo.
Comenzó a cantar suavemente una canción en gaélico mientras se volteaba y caminaba, pero sin descuidar la zona para custodiar.
No cantaba alto, pero lo suficiente para que ella escuchara y supiese donde se encontraba. Que no había peligro de que fuera a espiarla mientras se bañaba.
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Kikyo se despojó de su ropa y entró al agua.
Estaba muy fría, pero ella se sentía arropada por el eco de voz de aquel hombre, que resonaba una canción en aquel idioma.
Dentro de toda la decepción que sintió poco antes, ahora se sentía reconfortada.
CONTINUARA
Gracias hermanas LUCYP0411, NENA TAISHO Y LITAMAR.
Vemos si pasado mañana sale el 8 y el domingo el 9
Gracias.
Paola.
