INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SI
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ESTE FIC ES UNA SECUELA DE TRAICION EN LAS TIERRAS ALTAS
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PASION EN LAS TIERRAS ALTAS
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CAPITULO 9
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Hiten cabalgaba tranquilo a la cabeza de la comitiva. E iba infinitamente más sosegado que antes.
En el fuerte le habían proporcionado una carreta para transportar a las mujeres y una guarnición de diez hombres para asegurarlos de nuevos ataques.
Aunque otro tema también ocupaba la mente de Hiten, aparte de su misión.
Que se había acostado con Kikyo dos veces.
No pudo evitarlo y ahora se sentía extraño.
Desde la última noche que estuvieron juntos, él procuró evitarla para no estar a solas o que le viniera con algo. Hiten no se sentía capaz de darle algo más, aunque por dentro muriese de ganas de volver a tener entre sus brazos a aquella mujer.
En su piel, en su mente y en sus recuerdos más íntimos estaba ella, pero Hiten, una vez pasada la primera euforia, lo pensó con sangre fría.
Él no podía dejar de ser lo que era, y, sobre todo, poner entredicho la reputación de una dama como ella.
Y al reiniciar el viaje, que Hiten dispuso se haga de corrido para que al fin llegaran a Londres a entregar a la novia, también se aseguró de no crear oportunidad de estar solo, para que ella no intentara acercársele.
Así que el viaje completo la pasaron separados, ya que las mujeres, al tener una carreta cubierta tenían todas sus necesidades a mano.
El subordinado Campbell que estaba herido quedó en Fort William.
Hiten pensaba buscarlo cuando volviera de Londres.
Una o dos veces no pudo evitar que su mirada se desviase hacia la carreta, y de casualidad, Kikyo también lo estaba mirando a él, por haber corrido la cortina.
En un cruce de miradas significativo, pero él se contuvo.
Pese a todo lo que ella le inspiraba, para Kikyo él no podría ser más que una aventura.
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Kikyo estaba ansiosa. No pudo encontrarse con Hiten, por falta de oportunidades y de tiempo, ya que estuvo ocupada preparando a su hermana.
El viaje a Londres volvería a reiniciarse sin demora, y la cercanía al futuro esposo de Moroha era ya más estrecha. Ellas lo habían perdido casi todo durante el camino, así que las mujeres de Fort William las ayudaron a preparar un ajuar limpio.
A pesar de que la mente de Kikyo navegaba hacia Hiten, tenía que concentrarse en su hermana y alistarla.
Ya luego vería de ocuparse del asunto de Hiten.
Ella misma, junto a Brianna se encargaron de arreglar la costura del vestido de Moroha y la maquillaron suavemente para que no se notara en ella el cansancio del viaje.
De todos modos, no era necesario porque Moroha era una pequeña belleza.
Cada que se acercaba a Londres, temía aún más por ella. Ya que, aunque no conocía al conde de Warwick y su padre nunca lo describió, Kikyo oyó de uno de los soldados del destacamento que lo acompañaba que Milord Warwick era un hombre de cuarenta años, de mal genio pero que pertenecía al círculo de confianza de la reina.
Moroha también lo escuchó y su reacción fue mucho más tranquila.
Kikyo se daba cuenta que su hermana era mucho más inteligente de que ella pensaba, ya que no tenía las reacciones airosas que tuvo ella misma en el pasado. Lo mismo cuando la noche anterior ella se escapó a ver a Hiten a las barracas, Moroha se dio cuenta, pero no le reprochó nada.
Después de todo, era su hermana mayor.
―Ya tuviste un matrimonio de conveniencia…y sé que sufriste en el, así que no seré yo quien juzgue lo que hagas ahora.
Moroha no volvió a hablar de ello y siguió con su bordado.
Kikyo la admiró.
Era tan joven y poseía la entereza que le faltó a ella en su primera juventud. Y no demostraba que estaba asustada por estar a punto de ser entregada a un hombre mayor.
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Hiten se permitió relajarse cuando finalmente entraron a Londres y pudieron ubicar el castillo de Warwick, donde ya lo esperaban.
La llegada de la novia, futura condesa de Warwick sería toda una novedad en el lugar.
Cuando pasaron las puertas, un grupo nutrido de personas los aguardaban.
Hiten, como comandante del convoy fue el primero en bajar y hacer una reverencia.
―Hiten Campbell del clan Campbell se presenta y siguiendo expresas instrucciones de su Majestad, he traído a la señorita Gordon.
Hiten hizo un gesto a uno de los soldados que colocara la escalerita.
Un hombre joven y moreno, quien parecía el líder y que tenías ropas de noble, respondió el saludo.
―Seáis bienvenidos al castillo.
Hiten se acercó al carruaje y la primera en bajar fue Brianna, y la segunda Kikyo.
En este caso, Hiten estuvo a punto de perder la compostura al tocar la mano de ella. Y a ella le había ocurrido igual, pero ambos disimularon porque aquel era el momento de Moroha, de nadie más.
Cuando Moroha bajó, muchos ojos se posaron en ella. Sabían que era la prometida del conde y tenían muchas expectativas de la joven.
Era tan bonita como decían.
Pero sorpresivamente, el joven moreno quien le dio la bienvenida al comienzo fue quien se adelantó a presentarse.
―Soy Hisui Neville, conde de Warwick…y estoy a vuestras ordenes, mi señora ―cogiendo galantemente la mano de Moroha.
Kikyo estaba desconcertada, porque esperaba un anciano, pero en su lugar se topó con un joven poco mayor que la propia Moroha.
Era claro que el anciano fue el padre del actual conde. Como las noticias volaban despacio a Escocia, nadie sabía que el hijo ascendió a conde a la muerte del padre.
Al ver aquel novio tan apuesto, Kikyo se tranquilizó en parte.
Además, las maneras del joven al saludar a Moroha fueron muy gentiles.
El conde las condujo adentro.
―Podéis pasar a refrescaros antes de venir a la cena que he organizado en vuestro honor.
Kikyo los siguió, pero antes de hacerlo, volteó a mirar buscando a Hiten, y lo vio firme, esperando junto a su caballo.
Estaba serio y portada harta mesura militar.
Kikyo tuvo el primer impulso de correr hacia él e invitarlo a que entrara con ellos, pero se abstuvo. Ese lugar no era su castillo, ni mucho menos su tierra. No había hacer lo que quisiera.
Pero le entristeció notar que él no le devolvía la misma intensidad en la mirada.
―Quizá es por la discreción…hay tanta gente cerca.
Finalmente, Kikyo no tuvo más remedio que entrar tras su hermana y la comitiva, ya que debía prepararse para la cena.
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Hiten se mantuvo impasible, hasta que vino el comandante de las fuerzas Warwick a invitarlo a pasar a las barracas a él y sus hombres.
―Comandante, siéntase libre de venir a beber con nosotros en las barracas. No todos los días tenemos el placer de tener entre nosotros a un gran guerrero de las tierras altas.
Hiten agradeció el gesto y lo siguió.
Pero lo que más le gratificaba es que podría mantenerse a distancia de Kikyo.
Las barracas del castillo del señor de Warwick no eran tan grandes como la de Fort William, pero era suficiente. Luego de tomar un baño de agua caliente, se dispondría a cenar con los camaradas del lugar y con los del convoy que trajo con él desde Fort William, éstos debían estar muy cansados.
Se disponía a sacarse sus botas, sentado en el camastro, cuando la puerta se abrió.
―El conde de Warwick ―anunció alguien
Hiten se levantó para hacer una reverencia, cuando notó que el joven venía directamente hacia él.
―Por favor, no hay necesidad de formalidades, Hiten Campbell ―le saludó amable aquel gran señor.
Hiten se sintió azorado.
Pero Hisui de Warwick se veía alegre y tranquilo.
―Era mi deber venir a agradeceros las molestias que os tomasteis para traer a salvo a mi prometida, porque sé las peripecias por las que tuvisteis que pasar.
―Es mi misión, milord.
Hisui negó con la cabeza.
―No seáis humilde ―le mencionó―. Justamente por eso, vengo a hacerle extensiva la propuesta de que podéis quedaros a descansar en mi castillo todo el tiempo que queráis y por supuesto, dotaré de soldados de mi guarnición para escoltaros de vuelta a Escocia, si así lo deseáis.
Hiten entendió la propuesta de aquel gran señor.
Por un lado, quería tomarla y quedarse, porque eso significaba permanecer cerca de Kikyo. Pero él no podía retractarse de lo que había jurado ser, y con ello arrastrar a una mujer tan valiosa como Kikyo.
Así que, contra todos sus deseos, fue que pidió:
―Milord es complaciente, pero tengo asuntos urgentes en mi propio clan, asi que planeo regresar cuanto antes, y lo que sí, deseo pediros, que es que permitáis que los hombres de Fort William que vinieron conmigo queden a descansar aquí unos días antes de volver a Escocia.
El conde pestañeó confuso, pero aun así asintió con la cabeza.
―No hay problema, haré que mis hombres os escolten hasta Inveraray.
Pero Hiten lo rechazó.
―Milord, no es necesario y no tengo deseos de enturbiar, así que permitidme marchar solo.
Hisui estaba sorprendido, pero tampoco se pondría en plan de rebatir a un soldado de renombre como Hiten Campbell.
Sonrió amablemente.
―Está bien, se hará como queráis ―aceptó finalmente el conde de Warwick.
Cuando Hisui se retiró, Hiten volvió a sentarse sobre el jergón a continuar quitándose sus botas y desatarse su kilt. Cerca de la cama le habían puesto una tina de madera con agua caliente.
No le había mentido al señor del castillo.
Tenía y debía irse de allí, lo antes posible. Pero tampoco pensaba arrastrar a los otros soldados con él.
Así que pensaba viajar sólo.
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Durante el banquete del conde, Kikyo estuvo atenta a las señales desplegadas por el joven conde. Su mala experiencia le hacía tener una visión para detectar a abusadores escondidos como lo fue Sesshomarou Macdonald, que era tan hermoso como despiadado.
Pero Hisui Neville, conde de Warwick era un joven completamente normal, muy amable y optimista. Un profundo alivio se instauró en ella al notar la química entre él y su hermana.
Ver aquella interacción de un posible y naciente primer amor, le removió lo que ella misma había dejado a medias.
Tenía que buscar a Hiten Campbell, deseaba verlo una vez y resolver las cosas como los adultos que eran.
Ella ya no era una muchachita temerosa, sino una mujer que sabía lo que quería.
Hiten Campbell conseguía que perdiera sus papeles. Los recuerdos de él, recorriendo su cuerpo y amándola como nadie nunca, la desarmaba por completo. El saberlo un hombre tan leal a sus ideales y un guerrero feroz sólo provocaba que sus sentimientos se unificasen.
Tenía que decírselo. Además ¿Qué estaba mal?
Ella era una viuda, hija mayor de un Laird escoces y él, era primo del futuro Laird de su propio clan. ¿Qué podría impedir que estuvieran juntos?
Así que se escabulló en cuanto pudo y sobornando a algunas criadas, fiel a su naturaleza fiera, pudo ubicar las barracas, donde le informaron que Hiten Campbell se encontraba.
La mujer no pensaba guardarse nada, así que sobornó a los soldados de la entrada, para que la dejaran pasar y le dieran privacidad con el guerrero Campbell.
Los guardias no lo vieron mal, ya que no solía ser extraño que algunas mujeres nobles pasasen la noche con algún soldado.
Recibieron las monedas de Kikyo y se fueron.
Kikyo se cogió las puntillas de su vestido y entró.
El sitio era mucho más pequeño que las otras barracas del otro día, donde se metió para seducirlo.
No tardó en hallarlo.
Estaba sentado en el camastro, con el pantalón puesto, porque su kilt se estaba secando, sin camisa y de espaldas a ella.
Kikyo caminó hacia él y a luz de las antorchas pudo percibir mejor lo que no logró ver aquellas dos veces que hizo el amor con él.
La espalda de Hiten Campbell estaba plagada de cicatrices.
Nunca había visto a un hombre portar tantas.
Su corazón comenzó a conmoverse profundamente a medida que avanzaba y él no se volteaba verla, aunque seguramente ya se había dado cuenta de su presencia.
Él seguía sentado en el jergón, pensativo y mirando enfrente.
Sólo giró su cabeza cuando ella se materializó a su lado. Él notó que los ojos de la mujer estaban vidriosos luego de haber contemplado las innumerables marcas de su espalda.
― ¿Te asustan mis cicatrices?
―A ti no te asustaron los míos ―replicó ella
Él siguió sin levantarse.
―Entonces no deberías lamentarlos, porque son cicatrices antiguas y ya no duele ninguna ―le dijo en abierta alusión a su rostro de pena.
Pero Kikyo estaba demasiado estremecida y una profunda emoción la embargó.
Tenía que decirle a lo que había venido o no saldría nunca de ese lugar.
―Pero mi corazón duele por esas heridas que te hicieron ―él giró a mirarla cuando ella dijo eso―. Temo que te hagan nuevas, sé que eres terco y testarudo porque llevas la pesada carga de proteger a tu clan. Te has vuelto insensible para matar y te ganaste una reputación de horror ya que tienes que asustar al enemigo…así que, déjame compartir contigo esa carga.
Él se levantó, abriendo mucho sus ojos.
― ¿Qué?...
―He dicho que me he enamorado de ti ¿lo entiendes?
Hiten probablemente había esperado cualquier cosa menos una declaración de amor, y se quedó como piedra allí´.
Pero Kikyo estaba decidida, así que se acercó a besarlo imprevistamente. Al tocar sus labios, ella casi perdió el norte.
Al principio, él parecía corresponder su beso, pero al cabo de unos segundos, cortó el beso y la alejó con sus brazos.
Ella no entendía su actitud.
―No soy un hombre que cambie de opinión…ni me retracto nunca ¿recuerda que le dije que no soy de lo que se casa ni tiene hijos?, le estaba diciendo la verdad.
Kikyo quedó estupefacta y atónita al oír eso.
Sus manos comenzaron a temblar.
Sabía que se merecía algún castigo por su villanía de antes, pero acababa de dar una sincera declaración de amor porque creía que Hiten sentía lo mismo.
No pudo con su propio genio.
― ¡Pues no te creo!, todo de ti también me dice que yo también te gusto ¡eso no puedes negarlo!
Él se mantuvo impasible.
―Si ocurrió algo, no fue por mi iniciativa ¿recuerda?
― ¡Deja de hablarme como si yo fuera una desconocida! ―ella comenzó a zarandearlo, comenzando a derramar lágrimas.
―Tenemos diferentes objetivos en la vida así que volvamos a nuestros propios caminos ―agregó Hiten, sin mostrar ninguna reacción a los violentos embates de Kikyo, quien estaba hecha un mar de lágrimas.
Finalmente, Kikyo no pudo más y lo soltó.
―Como ya no tenemos nada más que decir, le invito que regrese al castillo con su hermana y futuro cuñado, que yo mañana mismo volveré a Escocia.
Dicho eso, Hiten pasó por su lado, saliendo de allí, dejando sola a Kikyo, quien estaba pasmada por lo que él le hizo y dijo. Tenía que ser irreal. Pero él dejó la barraca, sin mirar atrás ni una vez.
Kikyo vio su espalda con cicatrices desaparecer tras la puerta.
Sus impulsos la llamaban a arrojarse al suelo a llorar, pero ya no era una niñata. Sí quería hacer eso, lo haría en la privacidad de la habitación del castillo que le habían asignado, y no donde todos esos soldados podrían verla.
Tal vez si hacía un esfuerzo, sería capaz de escuchar su propio corazón, rompiéndose en mil pedazos.
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Al día siguiente, Hiten subía a su caballo, completamente vestido para la jornada de viaje.
Se había despedido antes del conde de Warwick y se encontró con la sorpresa de que los soldados de Fort William quisieron irse con él.
Ellos lo seguían porque lo admiraban demasiado.
Él estaba huyendo porque su corazón estallaría si se quedaba.
Pero él prefería no aceptar sus nobles sentimientos y dejar ir a Kikyo. Él sabía su destino siendo un soldado que podría morir en batalla en cualquier momento. Ella lo amaba y quedaría con el corazón roto si algo le pasaba. Él no quería eso para ella.
Sólo tuvo que mirar una vez arriba, hacia los ventanales para darse cuenta que ella lo estaba mirando.
Él se apresuró en bajar la cabeza.
Debía salir lo antes posible de ese castillo, antes de que no pudiera disimular que también estaba enamorado de ella.
CONTINUARA.
Gracias Nena Taisho, Lita Mar y doña Lucyp0411.
Pronto se viene el 10
Besos.
Paola.
