Shaman King no me pertenece, es propiedad de Horoyuki Takei, yo sólo tomo prestado a los personajes para fines de esta historia.

~Inhumano. ~

_._

El leve olor a pólvora mezclado con el de la sangre golpeó sus sentidos, demasiado denso para poder respirar. Aunque quizá simplemente no fue el aroma lo que estaba ahogándola, sino las lágrimas que se negaba a dejar salir.

Cada segundo se convirtió en algo tan efímero y lastimero.

Y entonces el peso de la realidad la hizo caer de rodillas al suelo, cediendo ante la incredulidad de lo que estaba sucediendo. Una incontenible lágrima se deslizó por su mejilla antes de alargar su temblorosa mano para encontrar a su objetivo. Lo sostuvo y se aferró a él como si su propia vida dependiera de ello.

Irónicamente, su vida estaba marchitándose con él.

Frío e impávido ante el toque.

Anna miró la palma de su mano sin realmente perturbarse por la mancha carmín que cubría gran parte de ésta, sin embargo, fue el pensamiento de que esa en realidad no era su sangre lo que la horrorizó.

Está muerto. Pensó.

Claro que lo estaba, sólo fue cuestión de tiempo para que el Clan de los Tao supiera sobre su paradero. Lo habían matado en el acto y sin contemplación antes de que hablara. ¿Por qué? Se suponía que nadie conocía su ubicación.

Aún así Ren Tao lo encontró.

La muerte era inequívoca para cualquier mortal, sin excepción alguna. Lenta y dolorosa o rápida e indolora. Sus padres y ahora el hombre que amaba, la única persona importante en su decadente vida, no fueron la excepción a esta regla. Nuevamente su maldición le había arrancado lo más preciado en el mundo.

—Yoh… — susurró, apenas como una breve exhalación.

Silencio.

No hubo ninguna respuesta por parte del hombre. Sólo el enloquecedor tic tac del molesto y apremiante reloj burlándose de ella, un recordatorio de lo efímero y contraproducente que el tiempo resultaba para los mortales.

—No debes estar aquí. —La voz a sus espaldas reprendió con cierto tono de aprehensión e incluso desapego, una voz que ella reconoció a la perfección.

Anna ni siquiera se molestó en volver la mirada al recién llegado.

—¿Acaso tú sí? —ella replicó con austeridad, esta vez enviándole a él una breve y dura mirada por encima del hombro—. Si hay alguien que no debería estar aquí, ese eres tú. Vete Hao.

Fue apenas una fracción de segundo antes de apartar la mirada con un movimiento ralentizado y casi mecánico. Sin embargo Anna fue consciente de la mirada espectral e imperturbable del susodicho ante su acusación y posterior dictamen.

—Sigue siendo mi hermano. — aclaró Hao, todavía de pie en el umbral de la puerta.

Asakura prácticamente arrastró los pies al interior de la habitación, sus botas hicieron crujir la madera bajo éstas en cada uno de sus pasos. Quizá su relación con Yoh nunca fue la mejor pero aún así se preocupaba por él a su manera.

Este tipo de situaciones nunca lograron provocar nada en Hao dada su firme postura sobre la decadente naturaleza humana, sin embargo a pesar de su expresión inescrutable y esa profunda mirada oculta en una pared de indiferencia tan propia en él, algo parpadeó por una fracción de segundo antes de desaparecer nuevamente.

—Como si eso te diera derecho alguno. —los ojos de Anna brillaron con irrefutable inteligencia.

Ella sabía cuán inquebrantable era la determinación de Hao ante sus palabras, e intuyó entonces que él no se iría fácilmente de ahí. Quería que se marchara, Anna no podía soportar el hecho de que él pudiera ser capaz de mantenerse imperturbable ante esta situación.

Se volvió lentamente hacia él entonces y tal como auguró, no encontró ningún rastro que denotara alguna simple emoción en su semblante.

Tal como si él pudiera observar el desmembramiento de algún pobre infeliz sin levantar una sola ceja o sacarle el corazón a alguien sin mostrar un atisbo de sorpresa, y en el peor de los casos, arrepentimiento.

Hao caminó hacia el otro lado de la habitación, acercándose al cuerpo de su hermano y a Anna, quien aún se negaba a separarse del pálido y frío cadáver manchado de sangre.

Hao negó con la cabeza y estrechó la mirada en el cuerpo de Yoh. No había nada peor que morir a causa de un disparo directo al corazón. Los humanos eran despreciables después de todo.

¿Quién podría arrebatarle la vida a Yoh con tal violencia en el cuerpo y la mente?

—Deja de tocarlo —advirtió Hao. Su tono se elevó una octava y resonó en las cuatro paredes de esa habitación—. Vas a entorpecer las investigaciones.

Pero todo lo contrario a lo que él esperaba, Anna se aferró con mayor fuerza al frío cadáver de su novio.

Asakura se preguntó entonces ¿Cuál era su afán en aferrarse a un cascarón vacío? ¿Culpa quizá? La insulsa idea de que ella podría ser la responsable resonó en la mente de Hao, pero la descartó tan pronto llegó. No, ella no podría ser la culpable de extinguir la vida de Yoh.

Yoh Asakura simplemente había conocido a las personas equivocadas en el momento equivocado, y esta noche el pasado le había cobrado las facturas de sus errores.

¿El precio? Su propia vida.

—No voy a entorpecer nada —se acercó más al cuerpo de Yoh—. Yo sé quién fue el culpable. —El sentimiento de desolación se arrastró desde lo más profundo de su corazón, llenándola de dolor.

Y él lo notó, vio el destello de desolación en sus ojos, ahora parpadeando con mayor intensidad. Un sentimiento humano tan propio en aquellos que perdían lo más preciado en esta vida.

Entonces otro extraño sentimiento comenzó a despertar en su interior al verla en ese estado tan patéticamente vulnerable. Un sentimiento que no le gustaba.

¿Compasión quizás?

Anna susurró palabras al aire, palabras que jamás serían escuchadas por la persona a la que iban dirigidas. Esa simple visión lo atormentaría por el resto de su vida.

Fue suficiente.

Hao cerró los ojos y se volvió hacia la ventana para tratar de apartar esa imagen de su mente, y los abrió nuevamente para observar más allá, hacia la oscura bóveda celeste opacada por el brillo de la bulliciosa ciudad.

—Y es por eso que los haré pagar. —declaró Anna, más como un siseo que una certera amenaza.

Eso logró captar nuevamente su atención.

—Parece que la horrible naturaleza humana al fin ha logrado infectarte —la acusó ante tal promesa, el tono de burla arrastrándose levemente en sus palabras—. Además, en todo caso Yoh sabía en lo que estaba metiéndose.

—¿Infectarme? No te equivoques Hao —Anna estrechó la mirada en él ¿Qué podría saber después de todo?—. Y en cuanto a Yoh, él no merecía ser traicionado de esta manera por el Clan Tao.

Por supuesto que no, alguien como Yoh nunca mereció ese cruel destino.

Hao permaneció inmóvil durante unos segundos y luego la miró. Sus ojos mostraban una sombra de dolor, sin embargo su rostro aplacó lo evidente.

La desesperación en su voz le dijo que incluso cuando no quería demostrar el dolor que estaba sintiendo, sus acciones la delataban.

El dolor en los corazones de los mortales los volvía vulnerables, rompiéndose fácilmente ante la menor ráfaga de viento. Tan patéticos.

Sin embargo, ella era interesante.

.

.

.

Fin.

N/A:

Perdón por darle cuello a Yoh pero era necesario para esta rara historia… se supone que es un AU…

De igual manera disculpen por lo ambigua que pueda llegar a ser u.u

Quería experimentar un poco con algo de Anna y Hao, aunque creo que al final no salió como esperaba y fue algo totalmente diferente a lo que tenía planeado… pero en fin u.u