INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SI

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ESTE FIC ES UNA SECUELA DE TRAICION EN LAS TIERRAS ALTAS

PASION EN LAS TIERRAS ALTAS

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CAPITULO 11

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Moroha no lo había podido detener.

Nadie lo haría.

Hiten permaneció en el castillo de Warwick, aunque respetó el pedido de la condesa ya que Kikyo estaba en pleno confinamiento y vino a dar a luz en el castillo de su hermana, para recibir ayuda de ella, ya que en la casa del barón de Milton no había mujeres aptas para ayudarla.

Pero Hiten quería verla.

O de lo contrario su duda jamás sería disipada.

Permanecía con la mirada hacia arriba, esperando que ella saliera a ver por la ventana. Aunque sea un mínimo gesto para conocer su reacción de saberlo en ese lugar.

¿Era posible que ella ya lo hubiera olvidado?

Lo único que conocía fue el rostro que ella puso cuando se vieron en el patio del castillo. Una mirada que él interpretó como que Kikyo guardaba un secreto relacionado a él.

Es por eso, que estaba convencido que el hijo que ella esperaba podría ser suyo.

De algún modo, le gustaba fantasear con aquella idea. Ninguna mujer había logrado tocarle el alma como Kikyo.

Una noche, bien tarde, cuando estuvo seguro que los señores dormían, Hiten no soportó la espera y se infiltró al interior del castillo, incluso trepó parte del balcón para alcanzar el ventanal de la habitación donde él sabía que estaba confinada.

Podía saberlo, porque aún se notaba una tenue iluminación proveniente de unas velas. Lo cual no era extraño, porque las mujeres embarazadas tenían horarios fuera de lo normal.

Pese a todo, Hiten era muy hábil y diestro, así que penetró en la estancia sin producir ruido alguno que alertase a nadie. La habitación era muy amplia y desde la penumbra distinguió a una mujer dormida en un sillón. Hiten la identificó como Brianna, la criada de Kikyo.

Al acercarse furtivamente notó que las velas encendidas eran porque alguien leía desde la cama.

Y ahí la vio.

Kikyo, casi sepultada entre almohadones de plumas, leyendo algo bajo la tenue iluminación.

Hiten se quedó mirándola, contemplando la inmensa paz que se vislumbraba en las facciones de la mujer.

¿Sería capaz él de ser tan miserable y arrebatarle la tranquilidad con su aparición?

Notando que la criada encargada de cuidarla dormía profundamente, Hiten emergió de las sombras lentamente.

Kikyo bajó el libro y abrió la boca al ver que se trataba de él, también se sintió incomoda ya que miró por todas partes y se sentía sin ayuda frente a él.

Pero Hiten caminó a ella despacio, no quería asustarla ni provocarle que se dañara.

Kikyo frunció el ceño.

― ¿Qué haces aquí…?

Él siguió un momento más embebido en las facciones de la joven, recreándose en el rostro que más quiso en el mundo.

Como él no respondía, Kikyo bufó, cruzando sus brazos.

―Mi hermana me dijo lo que pretendes…

― ¿Y que pretendo…? ―preguntó él

Ella lanzó una risita irónica.

―Quieres saber si mi hijo es tuyo ―le recriminó―. Típico de hombres, tanto que dijiste que no querías familia, pero quieres asegurarte que tu sangre no esté en manos de cualquiera ¿no?

Él estaba muy serio.

―Tú no eres cualquiera ―le declaró, haciendo que ella se sorprendiera―. Y vine a verte a ti, no al bebé…ese niño sin ti no es nada.

Kikyo se descolocó con su respuesta, esperaba cualquier cosa menos eso.

Pero la forma en que él la miraba, no condecía para nada, con sus últimas palabras de antes, cuando él la rechazó.

Ella apartó la vista, incapaz de sostener la mirada de Hiten.

―Has visto que estoy bien, y deberías irte. Soy una mujer casada y tu presencia aquí seria inconveniente.

Hiten siguió allí parado, intentando descifrar algo más de ella, pero escuchó unos ruidos y no tuvo más opción que marcharse.

No podía ser tan estúpido en manchar la reputación de la baronesa de Milton.

Esa noche, de regreso a las barracas, se sintió como un auténtico miserable.

Sus ojos vidriosos, mientras observaba la enorme luna llena, denotaban su profunda melancolía y sensación de culpa.

Kikyo no quería verlo, pero él no quería marcharse. Iba a quedarse.

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Dos días después, una pequeña consternación se instaló en el castillo, cuando se anunció que la baronesa de Milton había entrado en trabajo de parto.

Hiten estaba en el patio, cuando oyó las noticias y el gran trajín que ocasionaba el nacimiento.

El conde de Warwick, ignorante de su verdadera intención en el castillo, lo trataba muy bien, y entonces Hiten decidió aprovechar su confianza, para entrar al interior de la mansión.

El nacimiento de un niño siempre era auspicioso, porque podía esperarse que la próxima en tenerlos sería la condesa de Warwick.

Hisui, el conde era un hombre optimista y amable, casado por conveniencia política con Moroha Gordon, pero acabó enamorado de su esposa, por eso él le permitía lo que quisiese, sin ninguna atadura.

Hiten se acomodó en la mesa de cena del conde, pero lo cierto es que su mente vagaba en lo que podría estar pasando más arriba.

Rogaba que Kikyo estuviera bien, ya que había oído que algunos partos podrían ser complicados y el caso de una mujer de treinta años podría serlo aún más. Maldita la hora en que escuchó aquellos cuentos agoreros.

Cuando todos bebían whisky, vino una criada a informar que la baronesa ya había dado a luz, Hiten tuvo el primer impulso de correr hacia allí, pero se detuvo.

Lo importante era preservar la reputación de ella. Pero su corazón se llenaba de un sentimiento desconocido por el deseo de conocer al recién nacido.

―Es un hermoso varón, milord ―terminó de informar la criada.

El conde levantó una copa.

―Pues beberemos en honor a mi sobrino ¡qué día maravilloso! ¿y mi esposa?

―La condesa sigue acompañando a la baronesa.

El conde asintió y luego se dirigió a Hiten, ya que estaba sentado junto a él.

―Los días posteriores seguro no las veré a ellas, por estas cosas de las damas, pero será maravilloso conocer a mi bien amado sobrino.

Hiten se limitó a asentir con la cabeza, temeroso que el tono de su voz hiciera sospechar al amable conde.

―Enviad mensajeros al barón de Milton ―ordenó el conde a su paje, quien corrió a cumplir la instrucción.

La mención del esposo de Kikyo trajo realidad a la mente de Hiten.

Que sujeto tan irresponsable de no estar presente, cuando Kikyo mas podría necesitarlo.

Fue por eso, que aprovechando la ebriedad del conde y de varios de sus principales, es que volvió a colarse hacia el pasillo que conducía a la habitación donde Kikyo estaba confinada. No se animó a entrar del todo, pero aprovechó la penumbra y la puerta abierta para vislumbrar.

Moroha dormía cerca de su hermana y algunas mujeres que eran probablemente las parteras e afanaban limpiando.

Kikyo estaba en la cama, con mala cara y con aspecto agotado, pero con los ojos brillantes contemplando al bebé entre sus brazos.

El corazón de Hiten se enterneció hasta límites insospechados y más aún cuando ella levantó la mirada hacia el aparador donde él estaba oculto y lo vio.

Compartieron una intensa y larga mirada, que lo decía todo y nada.

Se tuvo que interrumpir porque una de las parteras dijo algo y el hombre no tuvo más remedio que salir, o de lo contrario su presencia sería difícil de explicar. O peor, que Moroha lo descubriera y lo hiciera echar.

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En los días posteriores, Hiten ya no volvió a colarse allí, porque era imposible, pero se aseguró de cuidar y resguardar la zona.

Quiso la casualidad que Hamish Gordon apareció en esos días, trayendo regalos de parte del Laird de los Gordon para su nieto. La presencia de aquel sujeto hizo más llevadera la estancia de Hiten, que, aunque odiaba admitirlo, reconocía que su compañía era mejor que estar de forma furtiva durante todo el día.

Fue una noche de luna llena nuevamente, cuando un lujoso carruaje con los colores de Milton entró al patio del castillo. Habían transcurrido casi dos semanas del alumbramiento de Kikyo y ese hombre aparecía por primera vez desde entonces, pese a haber sido notificado el mismo día.

Hiten lo vio desde una de las esquinas.

Ese barón, no tenía aspecto del hombre feliz que acaba de ser padre por primera vez. Tenía un semblante extraño y que a Hiten le dio mal presentimiento.

Decidió seguirlo a cierta distancia.

Aunque se preguntaba si hacía esto por celos, pero en su fuero interno no podía disculparle que viniera tan tarde a ver al niño que aún no tenía nombre.

Permaneció en el oscuro pasillo.

Lo vio entrar a la habitación, sin saludar a nadie. El conde no se encontraba en el castillo, así que probablemente se sentía en posición de no adular a nadie.

Al cabo de unos minutos, oyó gritos en la habitación.

Hiten ya no pudo mantenerse pasivo y entró. Se topó con la dantesca escena del barón con el rostro rojo de furia, cargando al bebé en un brazo y con un enorme puñal en la otra. Amenazaba al niño, mientras Kikyo se arrastraba al suelo, rogando que se detuviera, hecha un mar de lágrimas.

También estaban la condesa, Brianna la criada y las dos parteras.

―Deténgase, milord, no puede hacerle daño al niño. Este es mi castillo ―lo conminó Moroha

― ¡Guarde silencio!, no le voy a escuchar, porque usted debe ser igual que su hermana ―exclamó el barón―. ¡Y ni sueñen que voy a dejar vivo a este bastardo!

― ¡Por favor, milord! ―Kikyo rogaba desde el suelo

― ¡Este bastardo no es mi hijo!, y si me casé con su madre, fue porque pensaba deshacerme de él cuando naciera ¡ahora si me darás hijos de sangre Milton, maldita la hora en que me encandilé por tu belleza, que por eso fingí que aceptaba al hijo de otro hombre!

Kikyo intentó acercarse, pero el barón le dio una patada que la envió a una esquina.

Algunos guardias Warwick rodeaban al hombre, pero no podían hacer nada, con el sujeto fuera de sí, y además podría matar al bebé en cualquier momento.

―Milord, baje ese puñal. El niño no tiene la culpa ―la voz de Hiten se escuchó en el lugar, apareciendo desde las sombras, e intentando acercarse con aparente aspecto conciliador.

―¡Otro sucio escoces, fuera de aquí! ―voceó el barón.

Moroha se acercó a levantar a su hermana del suelo. Ambas estaban ciertamente impresionadas con la aparición de Hiten.

―Lo advierto, un paso más, maldito escoces…y mataré a este bastardo.

Hiten no avanzó, y aunque estaba horrorizado de la situación, procuró abstraerse en su entrenamiento militar y ver las aristas para salir de esto.

Estudió los movimientos del airado barón, y cuando éste intentó hacer el movimiento definitivo para matar al bebé, Hiten se movió a una velocidad casi inhumana en una voltereta, arrebató el puñal al hombre y se lo incrustó profundamente en el cuello. El niño cayó, pero Hiten lo sostuvo fuertemente entre sus brazos.

La sangre caía a borbotones del barón, quien se desvaneció muerto al suelo.

Unos gritos de confusión se instalaron en el lugar.

Pero Hiten no le prestó atención. Porque desde el instante que tuvo entre sus brazos a aquel niño, sintió una conexión indescriptible, que nunca sintió antes. Que nunca soñó sentir.

Esa sensación de que aquel pequeño ser era como una extensión de él. El niñito tenía los ojos abiertos, y aunque su color aun fuera oscuro, Hiten vislumbró el mismo azul de los suyos propios. Como si se reconociera a sí mismo en aquel bebé.

No pudo evitar que sus labios se pegaran en la frente del chiquillo, quien pese a todo el escandalo reciente, en brazos de Hiten estaba callado.

Parte de aquella magia continuó, cuando sintió a Kikyo acercarse, a gatas junto a ellos.

Ambos se miraron y fue ahí que Hiten entendió el revelador gesto de afirmación de ella.

Ese hijo era suyo.

Las palabras del arrebatado barón ya lo precedieron y ahora lo confirmaba.

―Cuantas veces he soñado que estaba contigo, de nuevo…―le susurró Kikyo, a su lado.

Él iba a responderle, cuando el clima de magia se cortó con la cruel realidad.

― ¡Han asesinado al barón de Milton, ha sido ese escoces Campbell! ―una de las parteras salió a gritar por todo el pasillo. La otra también hizo lo mismo.

Hiten entregó al niño a su madre y ayudó a levantarla.

Moroha, quien observaba la escena, gritaba que detuvieran a las mujeres.

―Esto es grave, aunque las detengamos, sus gritos alertaron a todos. Incluso a los guardias del barón que estaban abajo ―refirió Moroha ante el escándalo que hicieron.

Todos en el castillo ya sabían que el barón de Milton fue asesinado, pese a que se intentase resguardar la situación, no había forma de seguir ocultándolo.

Moroha sabía que debía actuar antes que llegasen los hombres de Milton a reclamar la situación.

Pese a todo, el barón era un lord ingles importante.

― ¡Debes salir de aquí antes de que no podamos ocultarte más! ―Moroha se acercó a Hiten, quien estaba junto a Kikyo, quien tenía al niño en brazos―. ¡No hay tiempo que perder!

Hiten no quería irse y más ahora que sabía la verdad con plena certeza. Acarició la mejilla del niñito y miró por última vez a la madre, antes de que la propia Moroha le estirase el brazo.

La condesa les ordenó a los dos guardias Warwick que ayudaran a escoltar a Hiten hacia el sótano, donde se pudiese ocultar de los Milton. Les entregó su propio sello, para que pudiesen sortear lo que fuere.

Cuando los dos hombres Milton entraron, solo encontraron a las mujeres junto a Brianna, la criada. El pequeño estaba ileso en los brazos de la madre.

Pero el barón estaba muerto.

Uno de los hombres se acercó a la condesa.

―Milady, esto debe notificarse a la corte y el conde debe estar presente también. El criminal escocés que asesinó a nuestro señor debe ser atrapado.

Moroha calmó sus nervios para asumir su papel.

―La situación será aclarada e informada ―miró hacia su hermana y el bebé―. La baronesa viuda, vuestra señora está conmocionada, así que la trasladaremos a otra habitación, mientras vosotros os ocupáis del cadáver del barón.

Moroha aprovechó para tomar del brazo a su hermana y sobrino para sacarlas de allí.

― ¿Dónde está Hiten? ―le murmuró Kikyo

―No tentaremos a la suerte, esto se llenará de gente buscándolo, así que lo mejor ahora es que vayáis a descansar a una nueva habitación.

―Pero…―Kikyo quiso oponerse.

―No te preocupes, yo arreglaré todo antes de llegue mi esposo ―la tranquilizó Moroha―. Y ni se te ocurra salir, porque aún no sabemos el alcance de todo.

Kikyo no dijo más.

Abrazó fuertemente a su hijo y en su mente solo rogaba que Hiten estuviera a salvo.

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Hiten estaba confinado al sótano, cuando la puerta se abrió y vio que Moroha entraba.

Habia pasado como una hora de los sucesos.

―Debes irte de Inglaterra ahora mismo ―le anunció ella

― ¿Kikyo? ¿el bebé?

Moroha meneó la cabeza.

―Ellos están bien y no serán implicados…pero tú debes irte. Has matado a un lord inglés y los hombres Milton ya te están buscando, se pondrá peor cuando se sepa en la corte.

―Regresaré a Escocia.

Moroha asintió.

―Y debes salir ahora mismo.

Aunque estaban en el sótano, era posible oír el incesante galope de caballos que entraban y salían, muchos buscándolo quizá a él, el prófugo escoces.

―Lamento haberos metido en un problema.

―Pero salvaste la vida de mi sobrino…tu hijo ―entregándole una capa para cubrirse por completo―. Vamos.

Moroha volvió a abrir la puerta, para que Hiten la siguiera.

―Alguien está esperándote allí afuera para ayudarte a regresar a nuestra tierra, Kikyo no querría que te fueras solo.

Moroha lo guío hasta la parte trasera, hacia la puerta que conectaba con el barranco donde estaban los cerdos. En la puerta ya lo esperaba, alguien con una capa oscura como la de Hiten.

―Sólo puedo traerte hasta aquí ―le dijo la joven condesa.

Allí se reveló el sujeto de la capa.

Era Hamish del clan Gordon.

―A sus órdenes, comandante. Lo escoltaré seguro donde usted vaya.

Hiten, dentro de sus penosas circunstancias se sintió aliviado de verlo. Ese particular sujeto era lo más cercano a un amigo que tenía y que había forjado fuera de su propio primo Bankotsu.

Hiten no quería irse, pero no tenía otra alternativa.

Debía dejar a Kikyo y al niño, o de lo contrario su situación de asesino los complicaría.

Hizo un último gesto de agradecimiento a Moroha, antes de perderse, junto a Hamish en la oscuridad de la noche.

La misma noche que los ampararía para escapar y volver a Escocia.


CONTINUARÁ

Gracias, mis hermanas. Esta semana si dios quiere salen el 12, 13 y 14. La semana siguiente tendremos el 15 final.

Besitos a mis lindas comentaristas: LUCYP0411, NENA TAISHO Y DOÑA LITAMAR, este fic es dedicado a ustedes.

Nos vemos al rato con el 12 a ver que depara a Hiten como prófugo de la justicia.

Paola.