INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SI

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ESTE FIC ES UNA SECUELA DE TRAICION EN LAS TIERRAS ALTAS

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PASION EN LAS TIERRAS ALTAS

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CAPITULO 12

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Bankotsu y su comitiva cabalgaban a toda prisa. Llevaban viajando casi sin descanso desde Londres para regresar a Escocia.

El heredero del clan Campbell odiaba viajar a Inglaterra, pero la situación lo ameritaba.

Habia venido a Londres a pedir una audiencia privada a la reina Ana y pedir en representación de su tío Suikotsu, clemencia para su primo Hiten.

Habia una orden de búsqueda y captura contra Hiten Campbell, pese a las reiteradas cartas que se enviaron desde Inveraray a la reina.

Pero no fue posible revocar la orden, porque no se trataba de cualquier asesinato, sino de un noble que tenía partidarios en la corte. Finalmente, Bankotsu decidió viajar personalmente a Londres para ser recibido privadamente por la reina, y no en la corte.

La reina era una mujer sensata, y le explicó a Bankotsu, que moralmente ella estaba con Hiten, pero como soberana debía cuidar todas las aristas o de lo contrario se establecería un negro precedente que podría hacerle perder el apoyo de la nobleza.

Bankotsu sólo se atrevió a venir, atendiendo que ya trascurrieron dos meses de la muerte de Milton, y el asunto estaba menos caldeado que antes.

Hiten se encontraba oculto en el castillo de su tío, como prófugo de la justicia inglesa. Pero no podía permanecer eternamente así.

La reina acabó dándole una solución intermedia.

Emitiría un indulto para Hiten Campbell, siempre y cuando éste se enrolara a las fuerzas inglesas, bajo las ordenes de Malborough. Un gran soldado como él sería de gran valía, atendiendo que Inglaterra estaba interviniendo en la guerra de la sucesión española como parte de la coalición anti borbónica, para cortar las aspiraciones francesas de adueñarse del vacante trono español.

Inglaterra veía con temor aquella hegemonía, así que instituyó al gran duque de Malborough para alinearse a las fuerzas austriacas y holandesas que conformaban el bloque contra los Borbones.

Una guerra sin sentido, en opinión de Bankotsu, pero se guardó de decirlo.

También le estaba prohibido a Hiten el regresar a Inglaterra, bajo penalidad de perder ese indulto.

―No debemos dar oportunidad de quejas a los otros nobles ―advirtió la reina―. Es lo mejor que puedo hacer por vosotros.

Bankotsu regresaba a Escocia con el indulto, que en absoluto era gratuito, ya que marchar a una guerra era peligroso, sin contar que Hiten debía abandonar su país e ir a uno desconocido, lejos de su gente, a pelear una guerra ajena.

Pero al menos ya no cabría el peligro de ser aprehendido y colgado como un criminal de poca monta.

Bankotsu estaba aliviado, pero preocupado por el nuevo destino de su primo.

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Cuando Hiten recibió la noticia, no sabía si sentirse prisionero o liberado.

Agradecía lo que su familia estaba haciendo por él, pero no quería abandonar Escocia, ese era su hogar. Lo peor es que tampoco podría ir a Inglaterra.

Nunca vería a Kikyo o a su hijo de vuelta.

Además, fiel a su carácter discreto y reservado, ni siquiera Bankotsu sabía los verdaderos motivos por el cual asesinó al barón de Milton. Hiten decidió vivir aquel duelo en privado, así que se guardó el secreto de Kikyo y su relación con él.

Además, había un detalle importante, ella era ahora la actual baronesa viuda regente y su pequeño hijo instaurado como el nuevo barón de Milton, porque a ojos de todos, era retoño del difunto.

Hiten no quería manchar su reputación y hacerles perder aquel status, así que no se atrevió a mandar ninguna carta para Kikyo, con su primo Bankotsu, porque eso significaría tener que revelar detalles que Hiten prefería mantener en privado.

Así que además del estrés por su situación de prófugo de la justicia, se le sumaba la profunda tristeza personal de haber perdido definitivamente a Kikyo y al niño, del cual ni siquiera sabía el nombre. Lo único que tenía de él, era la imagen vivida en su mente de su pequeño rostro.

Se sentó a beber la botella de whisky que su primo le dio.

Hace mucho que no se emborrachaba con Bankotsu, pero la apremiante situación donde él se marchaba a librar una guerra absurda, ameritaba aquel encuentro.

También le dolía la pena que causaba en su familia. En sus tíos Suikotsu, Kaede, su cuñada Kagome e incluso los tres pequeños mocosos, quienes ya sabían que pronto su tío Hiten tendría que irse muy lejos. Que no sabían cuando volvería.

―Me hubiera gustado que me contases el verdadero motivo por el cual mataste a ese hombre ―dijo Bankotsu, tomando un trago―. Tú no eres un hombre impulsivo ni irracional.

Ambos primos estaban sentados, uno junto al otro en el solitario mesón del salón.

―Es que ese secreto no me pertenece a mí solo ―adujo Hiten, cogiendo la botella de su primo―. No sabes lo agradecido que estoy por todo lo que hicieron por mí, y que pasen por alto el mal momento que traje al clan.

―Es lo mínimo que podríamos hacer por ti…tu eres mi primo…mi hermano, y aunque no me quieras decir la verdad, lo respeto. También estoy seguro que tus acciones fueron justas.

―Lo fue ―aceptó Hiten, recordando los sucesos de aquella noche―. La muerte de ese hombre estaba justificada.

Bankotsu no pudo evitar que sus ojos se cristalizaran.

―Si lloras, me reiré de ti cuando regrese, primo. Lamento dejar más cargas sobre ti y nuestro clan ―añadió Hiten, intentando mostrarse firme.

Pero Bankotsu, quien era un hombre más expresivo, según él por culpa de su esposa, no podía disimular que la partida de su primo lo fracturaba.

Perder a Hiten, era como perder su brazo bueno y además injustamente, porque era el hombre más honorable que conocía.

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Al día siguiente, Hiten se marchó en una triste procesión rumbo a Baviera, en Alemania donde acampaba el ejercito de Malborough.

Lo notable es que esa mañana, cuando fue a revisar los caballos, se encontró con ese Hamish del clan Gordon, totalmente vestido para la jornada. El hombre nunca volvió a Berwickshire desde que ayudó a huir a Hiten desde Londres.

―Yo también iré donde vaya mi comandante.

―No tiene nada que ver contigo, Hamish ―le pidió Hiten―. Regresa donde tu clan.

Pero Hamish se plantó.

―Cumpliré cualquier orden del comandante, mientras no sea la de dejarlo ir solo. Yo seré su escudero, sea donde sea. No puedo dejarle solo, así como usted salvó mi vida aquella vez ―declaró Hamish, en abierta alusión a cuando Hiten lo envió de vuelta a casa, para salvarlo, cuando realizaban la travesía por el bosque con la novia de Warwick.

Aquel inolvidable viaje que cambió la vida de Hiten, para siempre.

Visto eso, Hiten ya no pudo negarse, y asintió.

El guerrero se despidió de su familia, procurando que no le vieran triste ni derrotado.

Pero había cosas que un hombre debía ser capaz de hacer.

Sólo volteó una vez para mirar el castillo, intentando que no se notaran sus ojos cristalizados.

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Los partidarios de su difunto marido intentaron jugársela, pero Kikyo se mantuvo fuerte para obtener la tutela de su hijo, que era el nuevo barón.

Aunque estaba metida en aquella guerra interna, que tuvo que librar cuando aún se estaba recuperando del parto de su hijo, no dejó de pensar en Hiten ni por un segundo.

Rogaba que se mantuviera a salvo, lejos de las fronteras inglesas.

Lo prefería vivo y fugitivo, que atrapado y presto a morir como un criminal.

Cuando el verdadero criminal fue ese desgraciado marido suyo.

Todos los días, esperó alguna comunicación suya, pero nada ocurrió. Kikyo no era tonta, se daba cuenta que probablemente pasaba eso, porque Hiten, aun desde la clandestinidad, procuraba proteger su nombre y reputación.

El hermano del difunto barón y dos primos se presentaron e intentaron arrebatarle la tutela del pequeño, y Kikyo estuvo inmersa en una lucha de balance de poderes con esos hombres.

Finalmente salió a relucir su fiera sangre escocesa para protegerse, y sobre todo a su hijo.

Le acabaron concediendo la regencia sobre su hijo y titularidad como baronesa viuda, expulsando a los rivales.

Una vez asegurada su posición, que implicaba la certeza de su título y dinero, Kikyo pudo tranquilizarse y concentrarse en Hiten.

Debía poder comunicarse con él.

Ahora nada le impedía hacerlo.

Tenía los medios para hacerlo y era libre. Ahora, ni siquiera su padre podría volver a darle ordenes nunca más.

Abrazó a su pequeño hijo, antes de dejarlo en la cuna. Ella misma se encargaba de amamantarlo, no quiso una nodriza.

Para ella, aquel niño seguía siendo un milagro, porque nunca esperó enamorarse y dar a luz a este bebé a su edad. Luego de años de sufrimiento, no podía creer lo que tenía.

Besó al bebé en la frente.

―Iremos a buscar a tu padre, cariño…ustedes tienen que volver a verse ―murmuró al chiquillo, que dormía plácidamente, como si este le entendiera.

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Cuatro días después, un carruaje con el emblema de la casa Milton partía rumbo a Escocia.

Dentro del habitáculo, iban la baronesa viuda, su hijo recién nacido y Brianna, la criada escocesa de Kikyo.

El resto de la comitiva lo conformaban, guardias de la casa Milton, leales a la dama, ya que, aunque Kikyo amaba a su tierra de origen, no era extraña a los particulares peligros que podrían correr y no era tan tonta para ir sin protección.

Kikyo iba determinada a buscar a Hiten, y sospechaba que el único sitio donde podría estar escondido de la orden de captura inglesa, era en el castillo Campbell.

Ignorante del indulto condicionado que le otorgase la reina a Hiten, estaba decidida a verlo.

Antes de hacerlo, se aseguró de enviar a Brianna para avisarle a Moroha de su decisión, y que no se atreviera a intentar detenerla.


CONTINUARÁ

Gracias hermanas por leer, y todo ese rollo de la guerra de sucesión española es real. Esa guerra donde fue Hiten, ustedes ya me conocen que trato de enmarcar el fic en una época concreta con algunos personajes que fueron reales, como la actual reina Ana, o el duque de malborough que todos existieron y que acá sirven como secundarios para nuestros protas.

Kikyo se va a Escocia, Es un largo viaje y ella no tiene idea que Hiten ya se marchó a Alemania.

Que kilombo, jajaja. Pronto viene capítulo 13, que ya estamos a las puertas del final.

Gracias Lucyp0411 y doña Lita mar por su comentario del 12.

Gracias.

Paola.