INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SI
.
.
.
ESTE FIC ES UNA SECUELA DE TRAICION EN LAS TIERRAS ALTAS
.
.
.
PASION EN LAS TIERRAS ALTAS
.
.
.
CAPITULO 13
.
.
.
Cuando los vigías del castillo en Inveraray advirtieron la llegada de un carruaje con fuerte custodia, inmediatamente enviaron exploradores a verificar.
Bankotsu Campbell se encontraba leyendo documentos oficiales en el despacho cuando vinieron a informarle que el vehículo era uno con el emblema de la casa del Barón de Milton.
El hombre dejó el papeleo sobre la mesa, extrañado de aquella visita inesperada. No había ningún registro de comunicación de que alguien de esa casa vendría a Escocia.
― ¿Pudisteis ver de quien se trata?
―Entiendo que se trata de la baronesa ―informó el soldado.
Bankotsu le pensó por un momento.
Quizá la viuda venía a exigir justicia o a pedir algo. Como sea, por regla de hospitalidad no podían rechazarla, aunque no la conociera ni tuviese idea de cómo era la dama.
―Abrid las puertas y avisad a mi esposa, para ir a recibirlos ―ordenó el heredero
.
.
.
Cuando el carruaje paró, luego de que las puertas del castillo del Laird Campbell se abrieran sin inconveniente, Kikyo se sintió aliviada.
En parte temía que los señores Campbell no quisieran recibirla, por no existir previo aviso de su llegada.
Kikyo miró a su hijo, que dormía en la canasta que cargaba Brianna.
―Milady, ya hemos llegado ―le avisó uno de sus hombres, por la ventana.
La mujer bajó, apoyándose en la mano de uno de sus guardias en la pequeña escalera que se puso para ella.
Cuando volvió la mirada se encontró con un hombre casi tan idéntico a Hiten, que por poco hizo que le picara el corazón de los recuerdos.
Impecablemente vestido con los colores de su clan, el hombre le hizo un gesto con la cabeza.
―Soy Bankotsu Campbell, del clan Campbell y representante de mi tio, el Laird.
Kikyo iba a responderle, cuando se percató en la mujer que estaba parada junto a ese hombre.
Kagome Boyle.
Habían pasado los años, pero claro que la recordaba. Esa mujer formaba parte de los recuerdos que la avergonzaban, cuando estaba encaprichada por Inuyasha Macdonald.
El hombre pareció notar que la miraba, y se apresuró en presentarla.
―Os presento a mi esposa Kagome Campbell.
Era claro que ella también la reconocía, pero hizo una reverencia educada.
En este punto, Kikyo ya no quiso fingir.
―Ruego que quitéis los formalismos, deseo hablar con vosotros de forma privada.
Bankotsu y Kagome se miraron, sorprendidos de aquel pedido. Pero el heredero no iba a negarse.
―Por supuesto, solo pasad, que nos encargaremos de acomodar a su sequito.
En ese momento, Brianna bajó del coche con el bebé que vino a depositar en brazos de la madre.
Kikyo cargó a su pequeño y la sorpresa fue aún más mayor, porque no esperaban que un niñito tan pequeño fuera parte de la comitiva.
―Es mi hijo…
Finalmente, Bankotsu hizo una seña a los hombres que se encargasen de la comitiva, mientras él conducía a la baronesa viuda y al bebé, porque la mujer insistía en tener la conversación en este momento a pesar de que Bankotsu le ofreció que primero descansen del viaje.
Kikyo se adentró por el pasillo, abrazando fuertemente a su hijo y aunque sentía que la miraban como si estuviera loca, esperaba poder aclararlo pronto.
Se dio cuenta con la reacción, que ellos no conocían nada de lo suyo con Hiten y menos la existencia del niño. El hombre prefirió mantener aquella verdad en reserva para protegerlos.
Kikyo sentía que lo amaba, aun mas por eso.
Cuando entraron a una habitación muy bien iluminada, se encontró con un hombre mayor sentado con mucha solemnidad en el sillón principal. A su lado, una anciana bebía un té.
―Como lo pedisteis, Milady, este es mi tío, Laird Suikotsu Campbell junto a mi venerable tía, la dama Kaede ―la presentó―. Tenéis aquí la privacidad que pedisteis.
El Laird habló con una voz paternal pero firme.
―Sea bienvenida, Milady y noto por vuestra voz, que sois escocesa.
Kikyo asintió, aunque se dio cuenta luego de que aquel hombre era ciego.
―Milady, entiendo que ha venido a reclamar por la pérdida...―comenzó a decir Bankotsu, pero Kikyo le interrumpió.
―Prescindamos las formalidades, he venido a ver a Hiten Campbell.
―Lo que iba a explicarle es que justamente hace pocos días, la reina expidió un indulto condicionado para mi primo, el perdón a cambio de su incorporación al ejercito ingles que acampa en Alemania contra la sucesión de los Borbones en España ―Bankotsu comenzó a rebuscar un papel en la mesa
― ¿Hiten se marchó…? ―Kikyo no pudo evitar que sus piernas comenzaran a flaquearle, pero mantuvo sus fuerzas por el niño dormido en sus brazos.
― ¿Milady? ―preguntó Bankotsu, sumamente extrañado.
Todos habían notado el modo por el cual ella lo llamaba. De una forma muy íntima y personal.
Kikyo los miró.
Esas personas eran la familia de Hiten y probablemente los únicos en los cuales podría confiar.
Decidió ser clara de una vez.
―Este niño es hijo de Hiten Campbell…―acarició el rostro de su hijo, aunque no pudo evitar las lágrimas―. Su padre lo salvó de una muerte segura, asesinando al desgraciado del barón de Milton, mi esposo. Así que no os equivoquéis con mis motivos para estar aquí, no vine a buscar reparación para el difunto barón, sino a buscar al padre de mi hijo.
.
.
.
Aquellas palabras produjeron cierta conmoción en la habitación.
Esperaban cualquier cosa, menos aquella declaración, pero la mujer comenzó a llorar despertando al bebé.
Kaede y Kagome se apresuraron en acercarse.
― ¿Puedo? ―preguntó Kaede, para cargar al niño.
Kikyo le pasó al bebé, mientras Kagome la llevaba a sentarse a una silla.
Bankotsu se acercó a mirar al niño.
No hacía falta ni siquiera preguntarle a Hiten sobre la veracidad del relato.
El bebé era idéntico a su primo.
―Nunca pensé que viviría para ver a un hijo de Hiten…―murmuró la anciana.
El bebé, como sintiendo a su propia sangre, dejó de llorar en la calidez del regazo de aquella matrona, quien comenzó a derretirse de ternura.
La escena se completó con el propio Suikotsu acercándose, pese a su falta de vista, tenía otros reflejos y acarició la frente del pequeño.
Kikyo les reveló que ella era la hija mayor del clan Gordon, y que en efecto también era viuda de Sesshomarou Macdonald.
Si bien admitió su relación con Hiten, no reveló detalles, salvo que tuvo que casarse con el barón de Milton para proteger su reputación en un matrimonio arreglado por su cuñado Warwick.
Ese sujeto, como casi todos, no se opuso al casamiento y no efectuaron la consumación por el embarazo de ella.
Esa noche que intentó asesinar a su hijo, reveló sus verdaderas intenciones. Solo planeaba quedarse con la madre.
Hiten apareció a tiempo para salvar al pequeño.
A costa de su libertad.
―Hice este largo viaje para buscarlo…―murmuró Kikyo, con los ojos bajos y ya despojada de aquella sutil arrogancia que la caracterizaba.
Kagome se aseguró de servirle un té y estaba profundamente conmovida.
La mujer que tenía frente a sus ojos no era la que ella recordaba.
― ¿Cómo se llama el niño? ―preguntó Kaede.
Kikyo negó con la cabeza.
―Como no puedo criarlo ahora como hijo suyo, esperaba que él me ayudara a escoger un nombre. Tiene ese derecho.
―Él partió hace unas semanas, aunque no nos ha avisado nada, él ya debe haberse reportado al ejercito de Malborough.
Oír aquella noticia era horrible y una confirmación más de que el destino no los quería juntos.
― ¿Por qué no descansas primero, querida? Seguiremos hablando, pero tu cuerpo necesita reponer fuerzas ―ofreció Kagome
Kikyo la miró.
Estaba tan ansiosa que pasaba por alto el cansancio corporal. Miró a su hijo, aun en brazos de la dama Kaede.
―Descansad, que atenderemos a este niño, que es un Campbell de sangre ―le dijo Kaede.
Finalmente, Kikyo, con la ayuda de Kagome, se levantó y se dejó llevar.
Y no replicó la idea de Kaede.
Su hijo estaba en buenas manos, y eso podía saberlo, aunque solo llevara un dia de conocer a los parientes de Hiten.
.
.
.
Fue Kagome le encargada de arropar a Kikyo y ayudarla a acomodar en la amplia habitación.
Mientras la esposa de Bankotsu Campbell organizaba, Kikyo la observaba atentamente en silencio y la dejaba hacer.
― ¿No me odias por lo que te hice? ¿Por qué no delataste mi identidad al verme?
Kagome la miró al verse cuestionada.
―Porque la Kikyo que veo frente a mí, no es la misma de hace diez años atrás ―aclaró suavemente―. Además, lo que sea que haya ocurrido, me condujo a estar con el esposo que tanto amo.
―Aun así…
Pero Kagome meneó la cabeza.
―Lo de antes ha quedado en el pasado ―sonrió levemente―. Además, ahora, eres parte de esta familia…
―Pero si yo y Hiten nunca…
―No importa que no estén casados, conozco a los Campbell, ellos siempre van a proteger a tu hijo y a ti. Quédate con nosotros hasta que él vuelva, nosotros cuidaremos de ti.
Kikyo quedó conmovida por aquellas palabras.
Nunca nadie había recibido tal calor familiar.
Cogió la mano de Kagome, agradecida.
Habia venido nerviosa y ansiosa a Inveraray, y ahora se encontraba más tranquila en manos de estas personas, que incluso entregó a su propio hijo para que lo cuiden.
Algunos podían pedir que pecaba de confianzuda, pero la familia Campbell le inspiraba esa sensación de amparo y refugio.
.
.
.
Kikyo llevaba dos semanas en el castillo de los Campbell, llevando una vida familiar, aun sorprendida por el trato tan cálido de ellos.
Se sintió impresionada por los hijos de Kagome, quienes eran los pequeños primos de su hijo.
Además, la habitación que le habían asignado era bastante especial.
No le dieron una de huéspedes, sino la que le pertenecía a Hiten Campbell cuando vivía allí.
Espacioso y con un aroma residual a él, que lo recordaba todo momento.
Esas semanas, Kikyo los utilizó para descansar, pero pese a mantener una cordial convivencia con los familiares de Hiten, ella seguía insatisfecha.
Ella hizo este largo viaje, por un motivo y no pensaba claudicar en ello.
Se lo anunció al propio Bankotsu Campbell.
Que estaba decidida a viajar donde acampaban las tropas donde Hiten estaba destinado. Que tenía que verlo y que él supiera de ella.
El heredero de los Campbell, al principio quiso negarse rotundamente, porque podría ser una travesía peligrosa.
Pero Kikyo se mantuvo en sus trece, firme como una roca.
―No pueden prohibirme viajar y nada en el mundo me detendrá. Puedo hacerlo con o sin vuestra ayuda.
Kagome quien estaba también allí, al igual que Suikotsu y Kaede. Los dos últimos se desconcertaron, pero Kagome no, porque ya vio aquella luz de decisión de ir por el ser amado.
Así que ella se adelantó.
―Puedes estar tranquila, que yo misma me encargaré de cuidar a tu hijo. Le buscaré la mejor nodriza y lo atenderé con esmero.
Kikyo se emocionó con aquel ofrecimiento, pero no se sorprendió. Durante el tiempo que llevaba en el castillo, ella y Kagome se volvieron muy unidas.
Una de las tantas conversaciones, versó sobre Inuyasha Macdonald, aquel tema en común de ambas como el probable amor que nunca fue. Ese hombre ahora estaba casado con una mujer de su clan, pero no sabían más de eso.
―No te dejaremos ir sola, Hiten nunca nos perdonaría ―dijo de repente el propio Suikotsu.
Bankotsu miró a su tío, él tampoco podía seguir negándose.
―Aunque no estoy de acuerdo, prestaré toda mi ayuda, y concuerdo con mi tío en que podrás hacer el viaje con una escolta de soldados Campbell, y me aseguraré de seleccionar a los mejores, incluido yo mismo.
En ese último punto, Kikyo no estuvo de acuerdo.
―El castillo no puede quedar sin su heredero y me niego a eso, porque supongo que el propio Hiten te habrá pedido cuidar este lugar. Debes permanecer aquí, pero aceptaré a tus soldados y dejaré a mi escolta de Milton aquí.
Ante la tenacidad de Kikyo, era imposible seguir obstaculizándole su deseo de iniciar un largo viaje para encontrar a Hiten.
Bankotsu legó en Hughie, su tercero al mando que se encargue se guiar a Kikyo y liderar a los soldados que viajarían con ella para protegerla.
El muchacho, que comenzó como un pinche de cocina, fue educado por la propia Kagome y entrenado personalmente por Bankotsu. y para conectarlo aún más a ellos, el joven de ahora veinticuatro años llevaba el apellido Campbell. Era un gran espadachín y experto en pelea cuerpo a cuerpo, con un excelente perfil de rastreador.
Solo en Hughie podía confiar lo suficiente para esta tarea de gran responsabilidad.
Kikyo, aunque llevase actualmente el apellido de su difunto esposo, en realidad era una Campbell y debía ser protegida por ellos.
.
.
.
Una semana después de tomada la decisión, finalmente Kikyo, acompañada de Hughie Campbell y otros cinco soldados del clan partieron rumbo a Blenhein en Alemania, donde acampaba el ejercito de Malborough, y donde esperaban poder ubicar a Hiten.
Bankotsu tuvo que hacer uso de información militar para situar al ejercito inglés, para dar una información precisa. También obtuvo un salvoconducto de la propia reina en nombre de su clan, para proteger al grupo en caso de necesidad.
Por supuesto, se guardó de revelar la identidad de la dama viajera.
Kikyo miró una última vez al castillo de los Campbell. Pensaba en su hijito, aún sin nombre.
―No te preocupes, hijo mío…solo necesito encontrar a tu padre. Definitivamente, regresaré por ti.
CONTINUARÁ
Y Kikyo finalmente viajó a buscar a Hiten en una travesia super peligrosa.
Hughie es un personaje del otro libro, ese niñito pelirrojo ahora es todo un soldado y alguien de confianza del clan, como si tomara el papel que tuvo Miroku en el otro fic, solo que Hughie es confiable y una gran persona.
Ya me pongo a trabajar en el 14, para tenerlo cuanto antes antes del gran final.
Ya les cuento que en el próximo fic, regresaremos a la regencia inglesa.
BESOS A NENA TAISHO, LITA MAR Y DOÑA LUCYP0411
Paola.
