INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SI
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ESTE FIC ES UNA SECUELA DE TRAICION EN LAS TIERRAS ALTAS
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PASION EN LAS TIERRAS ALTAS
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CAPITULO 14
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Guerra era guerra.
Y él había vivido varias batallas y sobrevivido a todas.
Su valor y su fama de guerrero escoces, hizo que Malborough lo volviera comandante a los pocos días de su llegada. No tenían que desperdiciar el talento militar de Hiten Campbell y pericia con la espada y el fusil.
Se puso a trabajar concienzudamente desde que llegó, aunque todo le parecía extraño y no tenía tiempo para añorar su hogar.
Por las noches, solía pensar en Kikyo y su hijo. Tampoco se atrevía a escribirles, ya que le preocupaba que alguien leyera su mensaje. Y él solo deseaba proteger la reputación de ella, ya que no estaba seguro de que volviera a casa.
Con las guerras uno nunca podía apostar a nada.
Su posición de comandante de infantería le había otorgado una tienda amplia para él y Hamish Gordon, su escudero. Quien hubiera pensado que ambos acabarían juntos peleando una guerra que no les concernía.
Al llegar a Alemania, Hiten volvió a pedir al hombre que volviera a Escocia, pero Hamish se negó.
Junto a los dos camastros, una mesa servía de escritorio para escribir anotaciones y reportes, ya que Hiten estaba a cargo de un batallón de fusileros.
Esa tarde, escribía unos reportes para el general tratando de mantener la concentración, cuando Hamish entró desesperado a la tienda, como si hubiera visto un fantasma.
― ¡Comandante!
Hiten no dejó de escribir.
― ¿Qué ocurre? ¿acaso viste algo inverosímil?
―Es que así es…―replicó Hiten―. Alguien quiere verlo…
―Terminaré estos reportes, que el general está apresurado, así que no recibiré a nadie.
Hamish parecía atragantado.
―Es Milady…
Hiten levantó la cabeza. Le tomó varios segundos terminar de procesar la información. Las únicas mujeres a las que Hamish daba ese trato eran de la casa Gordon.
¿Acaso ella?
Hiten no lo creyó.
Pero cuando se abrió la tela de la tienda, fue que la vio.
Kikyo.
El corazón se le detuvo.
Quizá eran los meses de separación, pero le parecía aún más hermosa que antes con un traje rosado y cubierta con su tartán Gordon y con el símbolo de la casa Milton colgando de su cintura.
Cientos de recuerdos desde la primera vez que la viera en Berwickshire, su travesía por aquel bosque, su paso por Fort William y la estancia en el castillo de Warwick.
De todos, su favorita siempre fue aquella escena en el bosque profundo, donde sólo se tenían a ellos mismos, sin nadie que los incordiara. Eran libres y comenzaban a enamorarse irremediablemente.
Y ahora, ella volvía a sortear mil peligros para llegar a este maldito lugar.
―Déjanos solos ―ordenó Hiten a Hamish, quien estaba mirando a uno y otro, tratando de descifrar la mirada de esos dos.
Kikyo lo miraba como si quisiera absorberlo en su retina.
Hiten estaba conmovido, pero de inmediato cierta rabia se apoderó de él.
¿Acaso estaba loca para venir a un lugar tan peligroso?
― ¿Qué haces aquí…?
Pero Kikyo no parecía interesada en su indignación.
―Tenía que verte.
Hiten meneó la cabeza.
―No debiste arriesgarte de esta manera.
―Tu familia me ayudó a venir aquí con un grupo de los Campbell, que ahora descansan en una de las barracas, pero yo vine directamente aquí.
Hiten hacía uso de todo su autocontrol para no abrazarla con todas sus fuerzas, prefería escudarse en su enfado porque ella hizo cientos de kilómetros sólo para verlo, incluso involucrando a su familia.
―No sabes el peligro que se corre todos los días. No debiste haber venido, además no quiero que tu reputación se vea mancillada por esto, que vengas a ver al asesino de tu esposo ¿no se verá extraño?
Pero ella no contestó.
Parecía más ocupada estudiando la cara y los gestos de él. Sus ojos se cristalizaron.
―Tenía que venir…―susurró ella en un intenso arrebato, pronunciado con la sangre de su corazón―. Si algo te sucediera, no podré volver a ver tu cara, oír tu voz y me quedaré sola en este mundo. En esta vida, nunca te dejaré, soy tuya viva o muerta.
Aquella ardiente declaración hizo que él comenzara a desestabilizarse. No sabía si se sentiría capaz de ahuyentarla como siempre lo hacía.
Volteó para que ella no lo siguiera mirando.
Kikyo se acercó y posó una mano en su hombro.
―Aunque me digas mil veces que eres de los que no se casan con mujer alguna… ¿Por qué me repeles así?
Sentir aquel calor en su hombro derecho y la voz destrozada de Kikyo de fondo, como si estuviera munida de un anhelo tan profundo, finalmente acabó quebrándolo.
Volteó a verla, con los ojos cristalizados. Ya no podía disimular ante ella y su demostración de cariño.
― ¿Quieres saber porque te ahuyento? ―refirió él con voz irregular, haciendo que ella quedara expectante. Él asomó una voz sincera para confesarlo―. Puedo morir en el campo de batalla en cualquier momento, entonces ¿Cómo puedo ser merecedor de tu gran afecto? Si no soy capaz de darte una eternidad, prefiero renunciar a ti.
Aquellas palabras, pronunciadas con dolor hicieron mella en Kikyo.
Hiten, siempre pensando en los demás. Y nunca en él.
Rechazando una vida para que los demás tengan la suya.
―Si llego a morir, lo cual es muy posible, estarás triste…y no quiero que lo estés…
En este punto, Kikyo ya no pudo más y se arrojó a los brazos de aquel hombre que la recibió con todo el calor del mundo.
De nada valía seguir negándolo.
Él la apretó con fuerza.
―Aun así, tengo un deber no sólo con la reina y mi propio clan, que debo cumplir aun por encima de ti…pero también soy egoísta, porque quiero que estés conmigo.
Ella sollozaba en esos brazos que llevaba meses añorando.
― ¡No me importa, te esperaré lo que sea! ¿Cómo pueden mis anhelos expresar este dolor de no tenerte!
Aquel viento de sinceridad al fin, acabó tocándolos.
Fue ahí, que el deseo de contacto se hizo aún más insoportable. Él capturó los labios de ella con aprehensión. Ya no quería ni podía seguir negándose aquello, no cuando ella hizo un largo viaje sólo para verlo y decirle que lo esperaría.
Ella se dejó besar, abrazándolo con todas sus fuerzas.
Sentir de vuelta el tacto, calor y sabor de aquella boca tan nostálgica fue más de lo que su propio autocontrol podía domar.
Hiten nunca pudo resistirse a Kikyo y ella tampoco a él.
Aquel agarre se tornó aún más pasional y ambos cayeron sobre el camastro de Hiten. Que importaban los soldados que corrían afuera, que importaba el reporte que debía terminar para el general. El mundo ya no importaba. No cuando al fin, estaban juntos de nuevo.
Era la tercera vez que hacían el amor en su vida, pero se sentía como si ambos lo hicieran de toda la vida. Cuan profundamente podían conocerse, desearse y buscarse, aunque fuera en el confín del mundo.
Él adoró ese cuerpo de mujer, que hasta hace poco tiempo albergó a su propio hijo. Ella arriesgó su vida para tenerlo.
En medio de aquellos dulces y anhelados movimientos, ella le susurró al oído: ― En esta vida nunca te dejaré ¿puedes no dejarme?
―Mi corazón está completamente capturado por ti…―arrulló Hiten, suavemente―. Y siempre te encontraré ya sea en esta vida o en la otra…yo sabré reconocerte.
Kikyo se dio cuenta que él no le prometía no dejarla en esta vida. Le dolía aquello porque entendía que Hiten sabía que podría morir en cualquier momento.
Su vida siempre estaba en peligro, por la posición que tenía en el mundo con su clan, con este maldito ejercito de la reina.
Lo atrajo a ella, con más fuerza e intensidad.
Volvió a besar sus labios para dejar una marca que él nunca olvidara.
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Hiten y Kikyo, yacían desnudos y abrazados en aquel camastro. Él le acariciaba la mejilla mientras no dejaba de mirarla.
Ella sólo se movió para coger algo del bolsillo de su vestido. Cuando se lo entregó, él no entendió.
Era un mechón.
―Es cabello de tu hijo.
El guerrero no esperaba eso y tomó aquel preciado regalo. No pudo evitar que sus ojos volvieran a cristalizarse al recordarlo.
Tenía el presentimiento que no volvería a verlo nunca más y sólo se quedaría con los recuerdos de cuando lo tuvo entre sus brazos esa noche que lo salvó de las garras de Lord Milton.
―Tienes que ayudarme a darle un nombre ―pidió ella
Él se sobrecogió. Era un honor impensable que ella hubiera esperado por él, para darle nombre a su pequeño, aunque por protegerlo llevase el apellido de otro.
No lo pensó mucho, porque había fantaseado con uno.
―Iain ―dijo él―. Que significa…
―Regalo del cielo ―completó ella, profundamente emocionada por aquella elección.
―Me hubiera gustado poder estar cerca…
Kikyo apretó la mano de él.
―Yo lo cuidaré por ambos…―en este punto, la mujer lagrimeaba sin disimulo―. Porque tienes que volver y casarte conmigo ¡no sé cómo haremos con la reina y con todos!, porque no quiero a nadie más que no seas tú.
A él no le gustaba prometer cosas que no podía cumplir, pero el rostro de la joven pedía a gritos una promesa.
Así que lo hizo, sólo para que no se le borrara la esperanza del rostro.
―Volveré a vosotros…y me casaré contigo.
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Tres días después, Kikyo junto a Hughie y los demás debió emprender la marcha de regreso a Escocia, ya que el ejército ingles iniciaría la movilización para una ofensiva.
Ella no quería irse, pero él se lo rogó.
Debía volver a por su hijo, que había quedado al cuidado de su familia Campbell y volver a Londres sin demora.
―Si te quedas aquí, no podré estar tranquilo. Quiero que vuelvas a casa a buscar al niño y volverse a Londres. Allí estarán seguros…y sobre todo mantener la posición de mi hijo.
Ella acarició el rostro de su amado, quien ya estaba completamente vestido para la guerra y luciendo increíblemente atractivo con su impresionante talante con su uniforme de casaca roja, pero que tenía por el cuello, un pañuelo con los colores del tartán de los Campbell.
No pudieron decirse más, ya se habían dicho todo, las noches que pasaron juntos en la tienda.
Ella prometió no llorar frente a él, para no hacerlo sentir pésimo.
Sus caminos volvían a separarse en un panorama incierto con él marchando a una guerra difícil y sangrienta.
En una nueva poética del amor insatisfecho, por culpa de decisiones que direccionan el destino de quienes aman.
CONTINUARÁ
Gracias hermanas, me tardé porque ya nos estamos despidiendo de esta historia, solo falta el ultimo 15 que presiento saldrá mañana.
A ver si estos dos se logran reencontrar alguna vez en esta vida.
Agradezco a LUCYP0411, LITA MAR Y DOÑA NENA TAISHO.
Paola.
