INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SI

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ESTE FIC ES UNA SECUELA DE TRAICION EN LAS TIERRAS ALTAS

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PASION EN LAS TIERRAS ALTAS

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CAPITULO 15 FINAL

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Diez y ocho meses después.

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Por segunda vez en el día, preguntaba si había carta.

El viejo mayordomo, ya acostumbrado a que la carta que esperaba su señora nunca llegaba, le hizo un gesto negativo.

Kikyo nunca lloraba frente a los criados, pero estaba segura que un día explotaría. Llevaba un año sin información de él, ninguna mísera nota, nada que pudiere ubicar a Hiten en algún sitio con vida. Lo peor es que Lord Malborough tampoco les reportó nada.

Pasaba largas temporadas en Inveraray en el castillo de los Campbell en Escocia, porque el estar cerca de la familia de Hiten, a quien también consideraba la suya, le daba un poco más de paz.

Además, ella al llevarles a pequeño Iain les daba esperanza, porque comprendía que no era la única desolada con la falta de noticias de Hiten.

El pequeño ya tenía un año y medio, y Kikyo siempre supo que le diría la verdad acerca de su padre, que no le ocultaría su origen que luego acabara explotando y el chico la odiara.

Ahora aún era muy pequeño, pero estando en la cuna, ella le narraba historias de Hiten, primero del aura de leyenda que se cernía sobre él, que era un gran guerrero y que no había nadie en Escocia o Inglaterra que no hubiera oído de sus hazañas.

A su fiero valor, se le sumaba un carácter impenetrable que guardaba a un gran corazón.

Kikyo suspiraba al recordarlo y le apenaba pensar que algunos detalles, el maldito tiempo los degradaba en su mente.

Por las noches no dejaba de anhelarle.

Peor cuando estaba en Inveraray y le tocaba dormir en la que fuera habitación de él porque descubría que el aroma tan varonil que ella le asociaba, iba ya desapareciendo de la ropa colgada y de algunos objetos personales.

Cuando estaba en Londres, era su hermana Moroha quien venía a hacerle compañía, pero la casa de Warwick tenía sus propios problemas. Su cuñado, el conde resultó un buen hombre que además conocía la verdad sobre el asunto ocurrido con el barón de Milton y la apoyaba.

Igual, tanto respaldo no podía traerle de vuelta al hombre que ella esperaba.

Justamente por la presión, decidió abandonar Londres y trasladarse con su hijo a la casa solariega de York, que perteneciera al barón y ahora formaba parte del acervo hereditario del niño.

En York, además de la cercanía a Escocia, tenía más libertad que en Londres, donde estaba en el ojo público de todo el mundo.

En uno de sus viajes a Escocia, Kikyo le contó la verdad a su progenitor, sobre el origen real de Iain, por supuesto sin tantos detalles.

Cualquier padre podría proferirle una bofetada con tamaña confesión, pero Laird Gordon hasta se puso a reír de felicidad.

Abrazó al niño.

―Ya me angustiaba saber que el padre de mi nieto fuera un perdedor inglés como Milton, pero saber que lleva sangre escocesa pura y además desciende de un gran guerrero de los nuestros me pone de mejor humor ―dictaminó el viejo Laird.

Justamente por eso, Laird Gordon enviaba regularmente cartas y obsequios. Kikyo se enternecía con el gesto tardío de su propio padre, y esto sirvió para que ella también se reconciliara con él.

Al mudarse a York, abrió una enorme huerta y pasaba sus días en ella, intentando pasar el tiempo. En los últimos meses, la casa Milton de York se había constituido en un sitio de paso para soldados heridos o que regresaban a casa.

Parte del ejército que peleaba en la guerra de sucesión española regresó a Inglaterra. La mayoría regresaba por sus heridas y además hambrientos.

Kikyo emprendió esta iniciativa luego de pensar de que quizá Hiten nunca tuvo la misma oportunidad de ser asistido, así que decretó la orden de tener lista cantidades de comida para dar de comer a los soldados que pasaban en su camino a Londres.

En York nadie la podía juzgar por su desinteresado acto, que además le tranquilizaba el alma.

Su huerta, en gran parte le servía como fuente para mucha de la comida que se preparaba en la cocina, así que Kikyo en persona, asistida por su criada Brianna se encargaba de ella.

Los criados de la casa en York se sorprendían de ver a su baronesa con las manos sucias de arena negra cuidando aquel huerto, pero nadie se atrevía a decir nada. Sin lugar a dudas que las escocesas eran muy extrañas.

La casa era un hervidero de actividad porque siempre paraban soldados, que iban camino a Londres, y que habían oído de aquella casa que recibía y alimentaba a miembros del ejército ingles que regresaba a casa.

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Era una tarde calurosa de agosto, cuando Kikyo trabajaba en el huerto, cuando el sonido de un caballo le llamó la atención.

Brianna estaba a su lado con la cesta recogiendo los tomates.

La criada dejó la cesta al suelo.

―Debe ser un soldado rezagado buscando comida ―comentó la joven sirvienta―. ¿Lo recibo, Milady?

Kikyo recogía los tomates maduros y asintió simplemente.

Aun debía quedar algo del estofado que sirvieron para el almuerzo.

El sol, aun se sentía fuerte, así que cuando el jinete y su caballo quedaron en la entrada, fue que Kikyo levantó la cabeza para hacer un gesto al hombre para recibirlo.

Llevó una mano a la cabeza para cubrirse del sol.

Cuando sus ojos se encontraron con la figura de aquel hombre, vestido con uniforme pero bastante sucio y barbudo, como si hubiera hecho un largo viaje sin parar, a Kikyo se le escurrieron los tomates de la mano por la impresión causada.

Debía estar soñando. Era la única explicación lógica.

Pero esos ojos, bajo aquella barba solo pertenecían a una sola persona en el mundo.

El hombre bajó del caballo y bajo toda la maraña de barba, sus enormes ojos azules brillaban, así como irradiaron los de ella al encontrarse finalmente.

Fue cosa de un segundo, pero Kikyo corrió hacia aquel hombre, quien abrió sus brazos para recibirla y acogerla con las fuerzas que tenía.

Era Hiten Campbell.

Habia vuelto, la encontró de alguna forma y ahora volvía a ella.

―Milady, ha quedado algo del estofado ―Brianna salió de la casa, y se quedó estática al ver a su señora abrazando al recién llegado, a quien se suponía debían dar de comer.

De igual modo, Hiten y Kikyo no la escuchaban más, enfrascados en aquel abrazo tan anhelado.

―Eres tu…

―Soy yo… ―refirió él con voz ronca y cansada, acariciando los oscuros cabellos de Kikyo, enmarcando su rostro como si quisiera beberlo.

Él lucía casi irreconocible, pero Kikyo podría identificarlo donde sea.

Y como sea.

No importaba que estuvieran a plena luz del día, y las personas que pasaren pudieran verlos.

Cuando sus labios volvieron a tocarse, fue como retroceder un poco en el tiempo.

Y cuando lo hicieron supo a lo mismo cuando se besaron por primera vez en aquel bosque escoces. Parecía haber transcurrido toda una vida desde aquello, pero Kikyo se sintió en la gloria al volver a sentirlo.

Él mismo le había pedido a Malborough cortar los informes sobre su situación, porque temía que Kikyo volviera a buscarlo. Por eso decidió que ni siquiera escribiría a su familia, para hacerlo más creíble y ellos lo entenderían, mas conociendo la forma de ser de Kikyo quien sería capaz de ir a buscarlo hasta por debajo de las piedras y él no quería eso. Así que ese fue el motivo por el cual las noticias acerca de él habían cesado.

Kikyo lloró al saberlo, porque hasta lo último, Hiten seguía pensando en los demás.

Con extrema ternura, ella lo condujo a la casa. El pequeño aun no dormía, así que ese momento era para ellos dos.

Ella misma se encargó de desvestirlo y pasarle la esponja para ayudarlo a bañar en la tina caliente que ordenó preparar. Se encargó de cortarle la barba con sumo cuidado y besar la huella que dejaba al afeitarlo.

Hiten se entregó por completo a todo lo que ella quería hacerle.

No hubo palabras, simplemente ella se dedicó a explorarlo y reencontrarse con el cuerpo del hombre que creía perdido.

La mujer notó, ciertamente embelesada que la natural figura fibrosa de él, ahora estaba más musculosa de lo que recordaba.

Con sumo dolor, identificó nuevas cicatrices y se aseguró de darle un reguero de mimos, aunque no pudo evitar echar unas lágrimas pensando en todo lo que él pudo haber sufrido en aquella guerra.

Él se dio cuenta y se apresuró en limpiársela.

―Todo acabó…ya no necesito regresar ―le murmuró él

Ella misma se encargó de vestirlo y lo hizo con una sorpresa, ya que de sus viajes a Inveraray había traído unas mudas de ropa de Hiten, para tenerlos con ella.

Hiten se emocionó al sentir sus ropas tan familiares y volver a calzarse dentro de un kilt de los Campbell, con aquellos colores que lo enorgullecían.

Luego de aquello, el momento más conmovedor, cuando Hiten se reencontró con su hijo, quien jugaba en la habitación contigua luego de haber despertado.

Cuando lo dejó aún era un recién nacido y ahora estaba hecho un calco de sí mismo, por el gran parecido físico a su padre, con una impronta escocesa muy a los Campbell, pero con una marca de fineza, herencia de su bellísima madre.

Hiten lo abrazó y besó. Pero su sorpresa fue aún mayor cuando el niño se entregó totalmente a él.

Como si reconociera su aroma, por los relatos que su madre le narraba una y otra vez.

Un gran temor de Hiten si volvía, es que viviría viendo a su hijo crecer bajo el apellido de otra persona, creyendo ser hijo de otro y criado bajo reglas ajenas.

Pero sonrió enternecido al notar que Kikyo se aseguró que él no fuera olvidado, no importando con ello romper reglas con eso.

Iain sabría desde el comienzo sus orígenes y crecería orgulloso bajo ese conocimiento.

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En las semanas que siguieron, Hiten y Kikyo se presentaron en Londres. Por supuesto, antes de hacerlo, se encargaron de escribir a sus familiares de Inveraray.

Hiten Campbell regresaba de la guerra, con los honores en alto por su papel preponderante en la batalla de Blenheim en Baviera.

Su servicio implicó el indulto total por parte de la reina teniendo en cuenta que la única testigo del homicidio del barón no se presentó a declarar para ratificarlo, así que también los cargos fueron retirados y el nombre de Hiten Campbell fue completamente absuelto.

Justamente por eso regresó a Inglaterra, cuando el general Malborough le informó que el juicio en su contra nunca se desarrolló por falta de prueba contundente, así que lo liberó del servicio. Un hombre de la valía de Hiten Campbell no podía estar purgando una pena que no le correspondía en una guerra donde se jugaba la vida en cada minuto.

La reina recompensó a Hiten con la baronía de Stidwell.

Hiten recibió los honores, pero a último momento volvió a arrodillarse ante la reina para una nueva petición.

La de solicitar su venia para su matrimonio con la baronesa viuda de Milton.

La reina accedió, atendiendo que los cargos de asesinato del barón fueron eliminados.

―Aunque os nombré señor de Stidwell, eso significa que no podréis volver tanto a Escocia, por vuestros nuevos deberes. Lo mismo por vuestro matrimonio con la baronesa viuda ―advirtió la reina.

Hiten aceptó aquel destino.

Su sitio era donde pudiera estar con Kikyo y su hijo.

Luego del aquel nombramiento, los tres viajaron a Escocia a reencontrarse con los Campbell.

Aunque tan solo fuera una visita.

También aquel viaje implicaría la despedida de Hiten del papel suyo como comandante de las fuerzas del clan Campbell.

Bankotsu lamentó perder a su primo, pero sabía que debía dejarlo ir. No podía ser egoísta y no dejarlo desplegar sus propias alas, aunque fuera en otro país.

―Primo, no puedo hacer nada para detenerte…pero también me alegra que ahora vivirás bajo tus propias reglas y no bajo las ordenes de nadie más ―le había dicho Bankotsu, en un momento cuando estuvieron a solas.

Por supuesto, nadie le reprochó a Hiten que ocultara las noticias, acerca de su paradero. Ellos lo entendían perfectamente.

El pequeño Kendrick prometió visitar a su tío en Inglaterra para visitarlo a él y su pequeño primo Iain.

―Nadie me enseña arquería como tú, tío…―le había dicho el niño.

Hiten sonrió de forma paternal. Esa fue la parte difícil, despegarse de aquella parte de su vida que siempre creyó sería igual.

Dedicado al servicio de su clan y custodiando a sus sobrinos.

Pero luego miraba al pequeño Iain, aun en brazos de su madre y entendía que ahora podría entrenar a su propio hijo, para hacer de él, un hombre de valía, consciente de los valores Campbell y guiarlo al camino correcto.

Era más de lo que había soñado nunca. Y, además, junto a él, tendría a una mujer tan especial, que la vida le reservó. Tardó años en hallarla, pero era a ella a quien siempre buscó.

Volver a Escocia lo hizo tan feliz, aunque ya no pudiera quedarse.

El reencuentro fue emocionante, tanto que Hiten y Kikyo decidieron no seguir esperando, y aprovechar la cercanía familiar para casarse.

Estando en el lecho juntos, en su primera noche como pareja casada, él le juró que siempre la cuidaría.

―En mis brazos, nadie volverá a hacerte daño.

―Lo sé ―murmuraba ella, aferrándose a él con fuerza, temerosa que algo intentara arrebatárselo de vuelta.

Hiten le besaba la frente para calmarla.

―Regresaremos juntos a Stidwell, a mis nuevas tierras con Iain para vivir siempre juntos…y con los hijos que podrían llegar ―él le besaba los nudillos, asegurándole un hecho.

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Un año después del reencuentro frente a la huerta, Kikyo ya estaba hecha la esposa de Lord Hiten Campbell, barón de Stidwell y junto a su pequeño hijo, vivían en la residencia de Stidwell que venía con el título de su esposo. El sitio estaba ubicado a unas millas de York, así que era perfecto porque estaba lejos de las intrigas palaciegas de Londres.

Si deseaba ver a Moroha, siempre podía viajar.

La propiedad Milton se mantuvo cerrada y Kikyo las mantenía, como parte de la futura herencia de su hijo, ya que ambos residían con Hiten en la nueva casa.

Solía enviar a Brianna, cada tanto a verificar las cosas, pero el asunto no le interesaba, solo lo hacía para acallar al ojo público, si surgía algún memorioso.

Vivir en Inglaterra no era tan malo, aunque extrañasen Escocia.

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Fue por aquella época, cuando llegó una carta dirigida a Kikyo, proveniente desde Escocia, al principio creyó que se trataba de su padre o incluso de los Campbell, por eso la tamaña sorpresa cuando reconoció el sello del clan Macdonald.

La nota estaba firmada por Inuyasha Macdonald.

Milady, la Baronesa de Stidwell.

Han pasado muchos años y oír estas noticias me han puesto de buen humor.

Siempre supe que eras una dama amable y merecías formar tu propia familia.

Estoy feliz por ti.

Espero puedas perdonarme algún día.

La misiva era corta pero significativa, ya que Inuyasha siempre fue de pocas palabras y habían pasado muchísimos años desde la última vez que se vieran.

Kikyo sintió cierta nostalgia al hacerlo, porque Inuyasha fue su primer amor, el hombre con quien se hubiera casado de no haber sido utilizada como trampolín político y acabar casada con el terrible Sesshomarou Macdonald.

La última vez que lo vio fue cuando él la expulsó de su clan.

Y siempre quedó pendiente un cruce de palabras, porque Kikyo ya no era la mujer obstinada y caprichosa de aquel pasado trágico.

―Creo que deberías responderle ―una voz detrás de ella la hizo sonreír.

Era su marido.

―Y según tu ¿Qué debería decirle?

―Pues que eres una mujer casada, y que no debería escribirle a la esposa de un Campbell, porque tu esposo no dudará en viajar a Escocia y darle una lección ―sonrió él―. Sabes bien que nunca tuve problema en medirme con un Macdonald.

Kikyo soltó la carta y se arrojó en brazos de su esposo.

Estar casada no era nuevo para ella, pero era la primera vez que lo estaba con una persona que amaba de verdad, y que sabía que daría su vida por protegerla. Aquellas muestras de celos la divertían, aunque fueran en tono de broma.

Ella se aferraba a él con fuerza.

―En esta vida, nunca volveré a dejarte ¿sabes eso?

―Es sencillo saberlo, porque quien no te dejará ir soy yo ―agregaba él, antes de acercarse para besarla.


FINAL.

Final sencillo y rápido.

Gracias por su compañía en este viaje a Escocia con estas dos historias, me di cuenta que Pasión es la más romántica de las dos y me gustó un poco más, aunque no fuera Bankag. Le tomé gustito al Hiten/Kikyo.

Inuyasha Macdonald nos quedaremos con la duda. Pero recuerden que es un Laird, si o si debe casarse con alguien, aunque no quiera por ser líder de su clan, asi que no tengan duda que es casado.

Aquí finaliza nuestro viaje a este bello país.

Les comento que volveremos a Inglaterra a una historia de regencia, por supuesto un BANKAG, que se comenzará a publicar entre el 10 o el 15 de junio cuando tenga el plot twist y termine el ver el argumento.

GRACIAS LITA MAR, CONEJA, NENA TAISHO Y LUCYP0411 por sus bellos comentarios y aliento.

GRACIAS MIL

PAOLA.