La primera mañana que despertó en el Palacio Vermillion fue extraño, Noelle estaba acostumbrada a su dormitorio frio y solitario que compartir la cama con Leopold se sentía fuera de lugar, permaneció quieta durante unos minutos mientras rememoraba la escena de Mereoleona llevándola en sus brazos hasta sentarla en la mesa a la hora de la cena de la familia pelirroja, Mimosa aunque sorprendida estaba complacida de verla en su hogar, su tía materna le sonrió con afecto mientras que la madre de Mereoleona parecía confundida con su presencia.

- No puedes robarte la hija de los Silva. – Regaño su madre con tono severo.

- Noelle es maltratada por sus hermanos mayores, no puedo permitir que la amada hija de Lady Acier viva en estas condiciones. – Replicó sentándose a su lado.

- No habías intervenido antes.

- Noelle no había pedido ayuda antes. – Refutó ignorando la mirada reprobatoria de su padre.

- Noelle, cariño. – La mujer se acercó hasta quedar a la altura de la niña – ¿No quieres volver con tus hermanos?

- Ellos no me quieren. – Contestó con firmeza, aunque la persona frente a si tenía un aura imponente no era mala con ella – No son mis hermanos.

- Oh, mi amor. – La mujer no parecía saber muy bien que hacer o que decir a sus palabras, la niña tenía una mirada desolada mientras que su hija tenía una expresión triunfante. – ¿Nozel sabe de esto?

- Sí.

- ¿Qué dijo?

- Se quedó sin palabras cuando Noelle le dijo que no quería ser una Silva.

- ¿No vas a volver a tu casa, Noe? – Cuestionó Leo cuando los tres niños se quedaron jugando solos después de la comida.

- No. – Dijo mientras miraba a una Mimosa de seis años pintar un hermoso dibujo de flores, brillante y colorido, mientras que en su papel solo había un azul oscuro.

- Entonces eres mi nueva hermana. – El pelirrojo se levantó con una sonrisa orgullosa – Seré tu hermano mayor. Te cuidare.

Las palabras de un niño de siete años no debieron afectarla tanto, pero la seguridad y el orgullo con el que Leo declaraba convertirse en su hermano mayor tocaron su corazón, a pesar de esto durante la primera semana que paso con los Vermillion pensaba que en cualquier momento seria llevada a la fuerza de regreso con los Silva sin embargo esto no paso, nadie de su familia la reclamo, incluso cuando jugaba en los jardines centrales con los dos pelirrojos podía sentir la presencia de Nozel en las cercanías, como un águila observándola, por lo que convencía a sus dos compañeros de juego para irse.

Un par de días después todavía se estaba acostumbrando a la dinámica de la familia Vermillion, Fuegoleón era un hombre amable y cariñoso, solía abrazar a Leopold con frecuencia felicitándolo por sus pequeños logros o dándole palabras de ánimo de forma continua, su mano cálida empezó a caer sobre su cabello plateado cuatro días después de su llegada acompañado de pequeñas sonrisas, Mereoleona por otra parte parecía mantener un ojo vigilantes en ellos desde las sombras así que cuando decidió preguntarle para comenzar su entrenamiento su respuesta la sorprendió.

- Ya lo hemos hecho. – Dijo con un tono serio – Primero hay que entrenar tu cuerpo con comida, estás bastante delgada, tienes que comer mejor y luego debes aprender a tener confianza en ti misma, eso es lo más importante. Eres una niña, sé una niña.

Aquellas palabras fueron bastante sorprendentes había escuchado del Leo de su tiempo que intento lanzarlo por un acantilado cuando tenía tres años, sin embargo, estaba siendo paciente y consecuente en sus intenciones de que se divirtiera como una infante normal, debido al respeto que le tenía a la pelirroja no insistió en el tema.

- ¿Has escuchado? La hija menor de los Silva está viviendo en el Palacio Vermillion.

- ¿Qué sucedió? ¿La repudiaron?

- No, no digas eso. Lady Mereoleona la ha tomado bajo su protección y es capaz de lastimar a cualquiera que diga algo negativo sobre ella.

Noelle les dedicó una mirada sombría a sus familiares lejanos, en su vida anterior habría mantenido su cabeza baja, pero había aprendido a respetar su propia existencia, se consideraba valiosa y poderosa, ya no tenía nada que temer de los demás.

- Noelle. – Nozel estaba de pie a unos pasos de ella, vestía la capa del escuadrón y tenía unas leves sombras bajo los ojos. – Es suficiente de esto, te has divertido lo suficiente, vuelve al Palacio.

- No.

- Esto es una tontería, eres una Silva. – Noelle negó antes de girar sobre sus pies y salir corriendo, el tono de voz de su hermano y su mirada afligida la afectaban más de lo que esperaba, necesitaba poner espacio entre ellos, pensaba que usaría su magia para retenerla, pero no lo hizo, tendría que reconocer que le tenía un gran respeto o temor a Mereoleona, cualquiera de los dos sentimientos era comprensible.

- Noelle. – Se quedó congelada cuando Solid apareció a su lado, tenía una expresión cautelosa, estaba jugando al escondite con Mimosa y Leopold cuando se quedó atrás – Vuelve al palacio.

- No.

- ¡Eres una Silva!

- No. Siempre me lastimas.

Solid frunció el ceño sin poder acostumbrarse a que su hermana menor le sostuviera la mirada, acostumbrado a que bajara la mirada temblorosa, su miedo demostraba que sabia cual era su lugar, por debajo de él, alargo la mano para intentar tomarla del brazo pero ella retrocedió rápidamente para alejarse de su alcance, Leopold la esperaba cerca de un árbol para que treparan tratando de regresar un pajarito a su nido, Noelle agradecía no estar sola en esos momentos, los días parecían extraños de una forma en que no parecían avanzar a pesar de que el día y la noche transcurrían sin problemas, su tía materna la lleno de regalos, mientras que sus primos la acompañaban en sus juegos, incluso Kirsch que le parecía insoportable en su vida anterior ahora era… tolerable.

A medida que pasaba el tiempo los encuentros con sus hermanos sucedían con más frecuencia, ya fuera de Solid mirándolos obstinadamente desde un asiento del jardín o Nebra ofreciéndole un regalo para que se acercara, no sabía si trataría de atraparla como un ratón o sería una ofrenda de paz, no quería descubrirlo, en cambio Nozel solo los miraba, alejándose cuando la presencia de la leona se imponía, una parte de ella se sentía extremadamente ofendida de que no fuera capaz de luchar por ella.

- Lady Mereoleona. – Llamó una noche al encontrarla por el pasillo que daba al jardín.

- ¿Qué haces despierta a esta hora Noelle?

- No puedo dormir.

- ¿Extrañas a tus hermanos?

- No.

- ¿Los odias?

- No. – Su respuesta fue más lenta está vez, sin embargo, sabía que no los odiaba en su corazón.

- Los tontos a veces necesitan tiempo para darse cuenta de sus errores. – La pelirroja sonrió extendiendo sus manos para abrazarla – Tú padre también es bastante tonto, siempre creí que no era suficiente para Lady Acier y después de que abandonó sus responsabilidades con ustedes me quedo bien claro.

- ¿Extrañas a mamá?

- Sí. La quería mucho, junto a mi madre es una de las personas que más he querido. Ahora puede ser difícil pero tus hermanos entenderán algún día que no eres culpable, cuando crezcan un poco más.

- ¿Cuánto más? – Sabía que en su anterior vida tomo quince años una invasión elfica y la casi completa toma de sus vidas para que Nozel admitiera que la amaba.

- ¿Quien sabe?

Noelle se sentía extraña en la ropa tradicional de los Vermillion, la madre de Mimosa y Kirsch era especialmente afectuosa y estaba casi segura que le pasaba reportes a Nozel sobre lo que hacía para que no se preocupara.

- Noelle. – Kirsch llegó corriendo de una forma que pretendía ser elegante pero que en cambio se veía chistosa – Vamos a jugar al escondite, incluso Solid se unirá al juego.

Los tres niños de la misma edad observaron como a lo lejos el niño de ocho años mantenía los brazos cruzados y una expresión huraña, no parecía para nada contento de tener que participar.

- Seré el primero en contar, busquen dónde esconderse.

Kirsch cerro los ojos empezando a contar ignorando por completo el ambiente incómodo que se mantenía entre ellos, Leopold termino por encogerse de hombros mientras corría para esconderse, las niñas siguieron su ejemplo, Noelle estaba a punto de trepar a un árbol cuando una mano la sujeto de la muñeca y la jaló hacia el suelo.

- ¿Qué haces?

- Quiero esconderme. – Replicó intentando liberar su agarre, explicando cómo funcionaba el juego – Kirsch cuenta y nosotros nos escondemos.

- Eso no. – Negó contrariado de su respuesta – ¿Por qué te fuiste del Palacio?

- ¿Por qué no? – Noelle tenía ciertas dudas si Solid siempre le había parecido tan tonto parecía tener dificultades para entender el motivo de su partida.

- Eres una Silva ¿No ves que nos avergüenzas con lo que estás haciendo?

- Siempre dices eso. – Uso su otra mano para empujar al niño mayor hacia atrás intentando liberarse. – Prefiero ser una vergüenza con alguien que me quiere.

- ¿Crees que son mejores que nosotros?

- ¡Lo son! Lady Mereoleona nunca me ignora, Lord Fuegoleon me explica de manera amable cuando no entiendo, Leo, Mimosa y Kirsch juegan conmigo, sin lastimarme. – Grito en respuesta, su pecho agitándose por el esfuerzo, Solid soltó su agarre como si su piel quemara.

- ¡Creo que se les olvidó las reglas del juego! – Exclamó alegremente el pelirrojo con una sonrisa divertida – Yo cuento y ustedes se esconden, como soy tan bueno les daré otra oportunidad. ¿Solid? ¿A dónde vas?

- Déjalo.

Había una pequeña fiesta de té en proceso, los Vermillion habían sido invitados por lo que Mereoleona termino arrastrando a la niña consigo, los nobles miraron con reprobación su presencia pero la mirada fiera de la pelirroja los hizo retroceder, nadie se atrevía a desafiarla abiertamente, sus hermanos también estaban presentes, aunque intentaron relacionarse con ella ignoro todos las veces que Nebra o Solid se acercaron, vestía la ropa tradicional de la casa de fuego, ajustada a su tamaño constataba mucho con sus rasgos físicos, le recordaba que seguía siendo una intrusa, al terminar la noche seguía los pasos de Mereoleona cuando los escuchó.

- ¡Noelle! – Las voces de sus tres hermanos sonaban preocupadas por primera vez en mucho tiempo, sus pasos se ralentizaron hasta casi detenerse, Mereoleona estaba de pie frente a ella mientras sus hermanos estaban a su espalda.

- ¿No vas a contestarles?

- ¿Por qué debería? – Algo se sentía mal.

- Parecen preocupados.

- Eso es una mentira.

- ¿Segura? Si sigues avanzando no podrás regresar.

- ¿Regresar a dónde? – Cuestiono con duda.

- ¡Noelle! – La niña sintió su cuerpo temblar al mismo tiempo que la sensación de electricidad recorría su figura, podía escuchar cierto grado de desesperación en las voces de los Silva, de repente y de la nada Mimosa apareció frente a ella desde la derecha mientras que Leo estaba a la izquierda, los dos extendieron sus manos esperando que las tomara, Noelle dudo en mirar detrás suyo.

- ¡Noelle! – Tapo sus oídos sintiendo un intenso dolor atravesando su cuerpo, abrió los ojos que por el impulso doloroso había cerrado, Mereoleona permanecía tranquila mientras las voces de sus hermanos sonaban más angustiadas, no sabía por qué dudaba tanto, podría girar y decirles que no iría, gritarles todo el daño que le hicieron, sin embargo, no lo hacía.

- Ellos se equivocaron.

- Me hicieron daño.

- Lo hicieron.

- ¿Sino regresó... Seré igual que ellos?

- ¿Crees que les hará daño si no vuelves?

- ¿Tal vez?

- ¿Sabes por qué les haría daño que no volvieras?

- ¿Por qué? – Noelle sabía la respuesta incluso si la pelirroja no lo decía.

- Sé que sabes la respuesta.

- Yo... No sé. – Vaciló antes de girar sobre sus pies, la imagen de sus hermanos en sus edades más jóvenes mantenian sus manos extendidas hacia ella mientras continuaban gritando su nombre – Ellos me aman.

Después de decir esas palabras sus pasos la llevaron corriendo hacia los brazos de Nozel, una vez estuvo entre ellos, su hermano la rodeo apretándola contra su pecho, las manos infantiles de Nebra y Solid se apoyaron en su espalda mietras a su espalda la figura de Mereoleona se desvanecía con una sonrisa.

- ¡Noelle!

El daño intenso en su cuerpo no fue capaz de esconder la sensación de ser sostenida por unos brazos cálidos, la presencia de algún tipo de tela cubriéndola le generaba confusión, además del maná sanador de Mimosa rodeándola le indicaba que sus heridas debían ser graves, un barbullo de voces resonaba a su alrededor mientras luchaba por intentar entender sus significados, la cabeza le daba vueltas, se removió en su sitio quejándose del dolor antes de abrir sus ojos de golpe, el rostro de Nozel estaba a escasos centímetros del suyo, su mirada llena de preocupación y miedo, seguidamente Nebra entro en su campo de visión por lo que pudo ver un rastro de lagrimas marcado en su piel, entonces pudo notar que la capa que la cubría era la suya, no tenia fuerzas para sorprenderse cuando sus dedos se extendieron hasta acariciar su mejilla con mucho cuidado, era un trato dulce que se sentía incómodo.

- ¿Hermanos? – Murmuró demasiado agotada.

- ¡Noelle, estoy tan aliviada de que estés bien! – Exclamó Mimosa con voz temblorosa rompiendo el silencio que se alargó después de su pregunta.

Noelle tardo unos minutos en recuperar el sentido de lo que sucedía, rememorando estaba en el Reino Corazón, fue derrotada por Vainica a pesar de todo lo que se había esforzado para poder vencerla y Lolopechika había sido secuestrada bajo su cuidado, la dulce y amable reina.

- Fallé. – Pronunció en voz baja, Nozel negó rápidamente atrayendo su cuerpo más cercano al suyo para abrazarla.

- Estás con vida es lo importante. – Las palabras de Nozel fueron dichas en su oído, solo entonces se aferró a su camisa apretando su rostro contra su pecho, tenía ganas de llorar.

- No nos asustes de esa forma de nuevo. - Nebra se arrodillo acercándose y por primera vez en su vida estaba feliz de tenerla cerca.

Noelle suspiró sintiendo sus heridas con mayor claridad, con su mano en el pecho de Nozel para poder apartarse buscando con su mirada a las demás, Mimosa permanecía cerca con su traje de princesa usando su magia para curarla, tenia una expresión agotada pero aliviada, Nero permanecía junto a la pelirroja, sentada sobre sus piernas con manchas de sangre en su piel blanca, sus ojos se encontraron.

- Vanica se llevo a Lolopechika.

- La salvaremos. – Aseguro Nero con firmeza – Los Toros Negros no sabemos rendirnos.