Y hemos llegado al final de la #eremikaspanishweek! Estoy super contenta de haber participado, estaba un poquito preocupada de no tener que ofrecer para alguno de los días, pero llevaba tanto tiempo siguiendo al Eremika que simplemente lancé todo mi anhelo por su felicidad en estos fanfics. Los malditos van a doler siempre, pero mi amor por ellos será igual de largo. UN DATO! Tengo ya armado un long-fic que será bien angst sobre estos dos. No en el sentido de tragedia ni nada (Yams ya se las mandó demasiado con eso) pero si los voy a llevar por un viaje de unos 10 caps algo extensos sobre un reencuentro entre Eren y Mikasa después de no verse desde hace 5 años. Full pining Eren, Miki igual de etérea que el canon, algo de malentendidos, pero no más que el enredo en la cabeza de esos dos, y miles de palabras intentando reproducir ese amor que se tienen, que los abriga y que a la vez los quema. Ya saben, el Eremika del 1 al 100 en 1/4 de milla ajjaja! Siganme en twitter, KaryAltDied por esos lares voy a subir un extracto más info de como serán las actua de ese proyecto. Sin más, gracias por leer mis entradas para la semana Eremika en españolito.
Estaba todo listo. Aunque tenía la sensación de que se estaba olvidando de algo.
Quiso repasar un poco su lista por seguridad. Ya habían comprado los boletos, todos sus documentos estaban al día, las pastillas para el mareo estaban en el bolso de mano. Una muda con ropa formal por si tenían una que otra cita en algún restaurante de lujo. El bikini rojo de su esposa que le encantaba, -aquel que procuró tener a la mano incluso antes de sus pasaportes- también estaba seguro en la maleta. Eso significaba que tenía todo lo necesario para esta nueva aventura.
Mientras tanto y dado que tenían tiempo de sobra y su esposa aún estaba alistándose -él preferiría viajar con ropa deportiva y gorra así que terminó primero- se dedicó a observar alrededor de su hogar si es que algo le daba el indicio de que podía ser lo que estaba olvidando.
A decir verdad no era que exudaran espontaneidad, al menos no en ese ámbito de sus vidas. Al principio sí y bastante. Cuando tenían 17 Eren solía suplicarle a su padre que le prestara su auto para recorrer lo largo de la playa los fines de semana. Dios, que bonita se veía Mikasa con nada más que su cabello suelto entre la suave corriente del mar y bajo la luz de la luna. En otras ocasiones se la llevaba a la casa que los Yeager tenían en la montaña, ahí se pasaban dos semanas enteras escondidos del mundo y podían sobrevivir solo con comida que Carla les preparaba, un poco de calor material y mucho del físico.
También solían escabullirse en los paseos escolares todo el tiempo. ¿Qué hubiera pensado su profesor a cargo si se enteraba de que la señorita Ackerman siempre tenía compañía en su habitación antes de su toque de queda? Si supiera lo que hacían cuando todos los demás estaban ocupados jugando en las salas comunes.
Habría llamado a sus padres o lo hubiera matado en el instante, él se hubiera ido de este mundo feliz de todas formas.
Para cuando ya eran mayores y los trabajos de medio tiempo en la universidad comenzaban a dar frutos, solían tomar unas mochilas y viajaban por el país, a veces con sus amigos o solos cuando sentían que estaban estresados y querían redescubrir todo sobre el otro. En esas salidas peleaban bastante, dado que él siempre fue impulsivo y la mitad del tiempo nunca quería leer los mapas y ella siempre preocupada de que su novio fuera a dejarlos varados en medio de la nada. En medio del pánico salía con alguna tontería sobre como no había nada de que preocuparse por que su brújula emocional siempre la llevaría a ella, y pues terminaba ganándose una mirada exasperada y un ruedo de ojos de Mikasa.
Al final siempre encontraban un lugar donde quedarse y llegaban a la conclusión de que si se tenían el uno al otro todo estaría bien, Mikasa se olvidaba de sus quejas y cambiaba en 180 grados su actitud irritada en cuanto la llevaba a lugares donde se sintiera más cerca de él que de costumbre.
A veces tan ambivalente, siempre tan preciosa.
Fue entre todos esos viajes improvisados que terminaron haciendo un montón de tonterías. Algunas le causaban una nostalgia tremenda, otras le daban ganas de interrumpir a su mujer en su búsqueda de una tenida cómoda y jugar con ella un poco y otras pues, como la mayoría de cosas en la adolescencia, le hacían preguntarse en qué diablos estaba pensando...Una vez salieron a comer hamburguesas después de los parciales y volvieron con tatuajes a par (Le rompió la nariz a un imbécil que intentó insinuar que había gastado dinero en base a algo que no sería eterno) en otra ocasión se propusieron el reto de tratar de escabullirse a lugares inadecuados a hacer cosas mucho más inadecuadas (Ganaron una multa policial y dos semanas sin verse porque los padres de Mikasa se lo prohibieron) pero la que ganaba por lejos era la vez en dónde se casaron en una capilla en las orillas de la carretera. (Aún le gusta pensar que el anciano que ofició la ceremonia estaba acreditado así que saca la cuenta en su matrimonio por más de una década)
Mientras pasaba el tiempo quedaban los recuerdos de todas esas aventuras. Los tatuajes seguían ahí, profundos en su piel como el amor que se tenían. Su multa destacaba orgullosamente en la hoja de vida de ambos y los archivos de la policía. Y pues, la boda ficticia terminó haciéndola realidad años más tarde.
Tan locos y enamorados. Amarla le daba la misma sensación de la fuerte brisa en su rostro cuando sacaba su cabeza por la ventana mientras ella conducía, cuando dejaba de sentir sus pies en la arena y comenzaba a flotar en el mar por las noches, cuando cerraba los ojos y solo podía escuchar la naturaleza alrededor suyo. Pura y cruda libertad. Toda contenida en esa mujer. Su propio paraíso.
Pero como todas las cosas lindas en el mundo, eso comenzó a acabarse.
Ya con el pasar de los años, el aumento de las responsabilidades en el trabajo y el cambio de escenografía, las huidas a la playa en su ciudad natal pasaron a ser paseos a lugares más cercanos o recorridos eternos en su propio auto a lo largo de la carretera huyendo del bullicio de la ciudad para ver el atardecer en las afueras. Pero no menos románticos y gracias al cielo con las mismas conclusiones. Su esposa lucía igual de bonita ya sea desnuda en el mar, dentro de una carpa improvisada por él a las faldas de las montañas o sobre el capot de su auto.
La vida le había enseñado que algunas cosas en el mundo, -unas pocas solamente- no se acaban, sino que tienden a ponerse mejor con el tiempo. Tenía la suerte de que su relación era una de ellas.
Con el pasar del tiempo habían cambiado las carpas por habitaciones de hotel más cómodas, espontaneidad por itinerarios mejor planificados. Aún así, mientras fuera Mikasa quien estuviera a su lado, improvisando o con preparación sería igual de divertido.
Y a pesar de que ya no viajaban tanto como antes, llegar a casa para encontrarse con la vista de ella sentada en el sillón esperandolo con solo una de sus camisetas y la pizza de su local favorito le parecía tan maravilloso como cualquier otro panorama.
Debido al trabajo y el incesante paso del tiempo -que no perdonaba a nadie- hace meses que no tenían oportunidad para hacer algo como esto. Este sería el primer viaje que harían fuera del país desde hace años. Prepararse para viajar, recorrer juntos y de la mano por lugares en los que sus ojos mirarían más de una vez porque en comparación al paisaje que veían cada día, a ves un poco monótono, estos serían algo nuevo e interesante. ¿Y junto a ella? La maldita perfección.
Sin embargo, por primera vez en sus diez años de relación con tres de ellos en matrimonio, tendrían que considerar una nueva variable. Más bien un nuevo invitado.
Después de viajar por el camino de las memorias, al fin recordó que era lo que se le olvidaba.
Su esposa lo mataría si llegaba a dejar las copias de las ecografías que le prometieron a su suegra por teléfono. Así que corrió a buscarlas a la habitación que habían destinado para el bebé.
Y es que luego de muchos divertidos intentos, habían logrado concebir un hijo. Ambos tenían trabajo estable, una casa propia que adquirieron hace algunos años, compromiso emocional para este nuevo desafío y amor de sobra para dar. Así que llegaron a la conclusión de que era justo para el mundo ser bendecido con un bebé que combinara sus genes (Cuando Eren lo propuso se volvió a ganar una mirada).
Había llorado como un mocoso el día en que Mikasa llegó a casa con una tímida sonrisa y una pequeña carpeta rosa que nunca había visto antes (Excepto una vez cuando la acompañó a una de sus citas obstétricas de rutina en el regazo de una madre expectante)
No podía creer que esta vez serían ellos.
Considerando la nueva situación decidieron que antes de que el embarazo de Mikasa les impidiera moverse de su hogar y dado que los Ackerman no podrían viajar hasta que naciera el bebé, irían ellos hacia Hizuru a hacerles una visita. Además Eren quería tener lo que había comenzado a llamar su "última luna de miel". Hizo un juego de palabras extraño entre "Honeymoon" Y "Babymoon" y se había ganado un suspiro de Armin, una risa despectiva de Jean, un ¿No te vas a comer eso? de Sasha y un ¿Eso es inglés? de Connie el día en que les habló de su próximo paseo cuando salieron juntos a almorzar. Mientras que su esposa lo miró con una cara de enamorada -como la que seguro él también tenía en el rostro- y comenzó a decirles a los demás que Eren se estaba acostumbrando a utilizar los típicos chistes de papá para cuando llegará el bebé.
Ahora, con este nuevo invitado, había un montón de cosas que considerar en este viaje que antes no parecían importantes.
Como su esposa acababa de entrar en su tercer y último trimestre, su equilibrio, resistencia y paciencia habían disminuido bastante. El embarazo no había tenido ninguna complicación hasta ahora -agradecía cada día por eso- excepto por las molestias ocasionales que significaban tener otro ser humano dentro de ella. Por lo mismo, debía preocuparse de que se sintiera cómoda en todo momento, los tiempos de espera debían ser mínimos y los asientos en el avión estaban en el lugar perfecto porque los analizó como nunca antes de comprarlos. Ojalá su esposa le permita abrazarla durante el trayecto, cuando era pequeño odiaba el movimiento al despegar y ya de adulto lo relajaba bastante tenerla cerca para sostener su mano.
Estaba seguro de que ahora sí estaba todo listo.
"¿Te gusta como se me ve este vestido? No creo que vaya a darme frío de camino al aeropuerto, pero quiero ir cómoda en el avión porque sé que voy a asarme allá. Están en el medio del verano después de todo" Su corazón dio un pequeño vuelco al escucharla, casi imperceptible pero bienvenido, como siempre.
"Te ves preciosa, cariño. Cada día estás más bonita con la curvatura de tu vientre y ese estampado de flores hace que te veas como una reina ¿A qué soy un poeta?. Ya tengo todo listo y aún tenemos 5 horas de sobra antes de irnos al aeropuerto. ¿Te gustaría que siguiera con mis versos más cerca de ti en nuestros aposentos? Terminó de cerrar su mochila porque ya había agregado las ecografías que llevarían y se dio la vuelta para abrazar a su esposa. Siempre había tiempo para amarse un poco más.
"A pesar de que me encantaría, siento que me voy a quedar dormida ahora si me relajo demasiado, y estoy tratando de gastar energía para luego dormir en tus brazos todo el viaje. Es poco probable que lo logré con mi panza, pero quiero intentarlo. Además lo mismo me dijiste hace 3 años cuando íbamos de vacaciones a Shiganshina y sabes que terminamos perdiendo el avión" Su mujer lo conocía tan bien, pero quizás podía seguir tratando de convencerla. Seguro podía negociar por unos 40 minutos al menos.
"Miki ya me mostraste este lindo vestido, no vamos a dormir precisamente. Sabes que antes de un viaje me gusta estar super feliz y relajado, y que mejor que pasar tiempo de calidad con mi persona preferida para sentirme en óptimas condiciones" Ya había comenzado a envolver sus pequeños pero fuertes brazos alrededor de su cuello. Solo faltaba la sutil y coqueta sonrisa que siempre le daba y la habría convencido.
Le dio un tierno beso y bajó sus brazos a su vientre para que él también los envolviera a ellos, protegiendo al fruto de todos sus esfuerzos. Su nueva razón de seguir adelante cada día. Él también conocía muy bien a su esposa. Ahí estaba la sonrisa que buscaba.
Por supuesto que no llegaron tarde. Los tiempos habían cambiado y él era casi un ciudadano modelo. Pronto sería padre así que la responsabilidad era un asunto serio. Aunque eso no quería decir que no aprovecharon muy bien esos 40 minutos. Ahora estaba relajado y listo para volver a la casa de niñez de su esposa. Siempre le traía bonitos recuerdos visitarla, era totalmente diferente a la suya. Más bien el país era totalmente diferente, mucho más cálido, calmado y etéreo. Fueron esas cosas las que lo convencieron de llevarla allí después de graduarse de la universidad y pedirle matrimonio en la alameda al lado del cristalino río que cruzaba su pueblo.
"En el bolso de mano tengo una manta porque se que las que dan aquí te dan picazón, también pusé esos papas que te encantan por si tienes hambre. Hace tiempo que ya no me dan náuseas. Mis brazos están listos y dispuestos para acurrucarte y protegerte todo el camino" Se veía tan contenta, ya se le notaba la emoción de volver a su tierra después de tanto tiempo, de volver a ver a quienes le dieron la vida. Él solo se quedó observándola después de lo que dijo.
Y es que de vez en cuando Mikasa decía o hacía cosas que le hacían pensar "Dios, como la amo" y comenzaba a colarse un sentimiento tibio y suave en su corazón. Pero en momentos como estos, cuando la preocupación por él era inherente en ella, pensaba "Gracias Dios, ella también me ama" Y eso se sentía como una presión en su pecho, no dolorosa pero si penetrante, tanto que lo obligaba a hacer una pausa y lanzar un suspiro. A veces la felicidad era demasiada y tenía que dejarla salir por alguna parte.
Cuando ya estaban en el avión y comenzó a ver cómo se elevaban hacia su destino pensó en todas las cosas buenas que le habían pasado al comenzar y terminar sus viajes. Y todas las que les esperaban ahora con su nuevo integrante. Esperaba que sin importar cuánto tiempo pasará, aún tendrían siempre el mismo deseo de ir a recorrer el mundo o la manzana. Eso daba lo mismo, mientras sea a su lado.
