CAPITULO 2.


Hola! Aquí un siguiente capítulo. Traté de hacerlo mejor que la vez pasada tomando sus consejos pero, sigo sonrojandome al escribir la palabra "sexo". En fin, la hipotenusa.

Noir0: Si, no soy experta pero espero que este te guste. Y también haber "mejorado".

Manu: Gracias por leerla e interesarte por ella y su continuación. No soy experta pero si, no sé aún como describir una escena después de la penetración, dime si ves una diferencia (cry) y gracias por tu consejo, me sirvió para darme más o menos una idea.

Les tengo una pregunta. He estado escribiendo... un poco, un fanfic de mafia. ¿Lo leerían? Los protagonistas son Felix Y Kagami (Con un poco de romance, obvio). Les pregunto para subirlo cuando la tenga más avanzada como fanfic. O saber y la subo como historia original en wattpad. Díganme please.

Síganme en mis redes sociales.

Nos vemos hasta dentro de dos semanas.

HNGR.

PD: ¿Leyeron el nuevo capítulo de confesiones bajo la lluvia? Yo lloré con ese xd.


Todo era... empalagoso e irritante.

La Señorita Bustier fue afectada por Chloe, ella de nuevo, y al tratar de consolar a Marinette fue akumatizada en Zombizou.

¿Calentura como efecto "secundario"?

Era lo que decían las personas antes de volverse parte del ejército de la villana.

Ladybug no aparecía.

Chat Noir tampoco.

Ambos estaban atrapados por personas afectadas en su forma civil, no podían escapar.

—Tikki, no se si pueda salir de aquí.

—No te rindas Marinette, se necesita de Ladybug para salvar París. —Dijo Tikki en voz baja pero al ser chillona fue escuchada por las personas que estaban cerca de ahí, aquellas que estaban afectadas.

Persiguieron a Marinette, ella corría por toda la acera cerca de la escuela, y estaba agotada. Si, las batallas habían ayudado a su aguante pero anteriormente había corrido por otras cuadras intentando transformarse.

Corrió un par de calles hasta que se topó con un callejón, donde pudo esconderse antes de que aquellas personas pudieran verla.

Apoyó sus manos en las rodillas encorvándose un poco, realmente estaba cansada. ¿Por qué siempre tenía que correr?

—¡Tikki transformame!

Mientras tanto, con Adrien no ocurría lo mismo. No.

Con él era todo lo contrario.

¿Qué es lo peor que quedarte encerrado en la escuela? Si, que donde estas no haya otra forma de salir. Pues se había quedado encerrado la habitación del conserje, y no había alguna ventana grande para salir.

Había alguien con él.

Estaba un compañero del grado superior al de él y también se hallaba Lila Ross, si, Lila Rossi.

Aún no podía creer que haya pasado lo que... pasó.

Perder su virginidad con alguien a quien "odiaba: pero terminar confuso... no fue la mejor experiencia hablando emocionalmente. Oh, porque realmente disfrutó de todas aquellas sensaciones que experimentaba su cuerpo al estar junto a otro.

El de aquella chica morena de ojos olivo con la que se hallaba encerrado.

Se sentía la tensión en el aire. ¿Y cómo no? No se hablaron al día siguiente y de eso ya tiene casi cuatro días.

Vaya que se han dificultado las cosas.

Los golpes en la puerta no paraban, los tres apoyaron un bote grande y pesado junto a la puerta para que sirviera de soporte y no lograran derrumbar la puerta o algo.

—Espero que Ladybug aparezca pronto —Susurró aquel chico que tenía el cabello azabache y ojos verdes, pegándole al gris. Era guapo sin duda.

Pero Lila tenía ojos solo para Adrien.

Solo para él.

De pronto escucharon más ruidos y gritos, no entendían que ocurría, así que el chico ordenó a los otros que se hicieran a un lado para recorrer un poco el bote.

Alcanzó a ver que ahí ya estaba Ladybug viendo como alejaba a los zombies de las personas que se hallaban sanas.

Entonces, este chico empujó el bote para salir corriendo de aquel cuarto.

Mala decisión, los zombies que aún no eran detenidos se fueron contra él para besarlo y convertirlo.

Ambos vieron aterrados la situación y decidieron cerrar la puerta.

—¿Nos quedaremos aquí? —Preguntó Lila en tono cansino.

—Si, no podemos hacer nada.

—Maldita sea. Maldita Chloe. —Gruñó en voz baja para sí misma pero Adrien la escuchó.

—No te atrevas a ofenderla —Musitó en voz alta — ella comete errores como todos nosotros.

—Oh si, créeme que lo sé pero...

Se detuvo al escuchar dos toquidos a la puerta seguido de una voz femenina. —¿Hay alguien aquí? Soy Ladybug.

—¡Si, somos estudiantes, Adrien Agreste y Lila Rossi! —Gritó el rubio detrás de la puerta. Temía abrirla y que alguien infectado se apareciera.

—Mierda... —Murmuró Ladybug. —Quédense ahí. Ladybug y Chat Noir salvarán a la ciudad.

Eso es lo que Adrien temía.

Él era Chat Noir pero nadie lo sabía.

Tenía que salir de ahí como de lugar.

¿Qué excusa le daría a una persona que miente y, tal vez, es experta en mentiras?

Estaba en un gran problema.

¿Ladybug estará bien sola? ¿Necesitaría mandar a Plagg como la vez anterior? Se carcomía por dentro pensando qué hacer porque no podía salir y dejar sola a la chica castaña.

Recargó su espalda en la pared para dejarse caer al piso, estaba frustrado, no podía fallarle nuevamente a su Lady.

—¿Por qué actúas raro, Adrien? —Preguntó Lila desde la otra esquina.

—Soy claustrofóbico. —Y no mentía, haber sido encerrado durante casi toda su vida había dejado secuelas profundas, ahora hasta tenía pesadillas.

—Yo le tengo miedo a la altura. —Dijo divertida.

—¿Enserio? —Asintió.

—También cuando hay mucho, mucho viento. Siento que es un tornado y en cualquier momento se llevará el techo de mi casa. —Sin poderlo evitar, Adrien carcajeó, aquella tensión que los cubría desde aquella vez fue desapareciendo.

Estaban ambos tan bien en su plática que no notaron que una criatura negra salió de la ropa de Adrien para traspasar la pared y salir en busca de Ladybug.

De nuevo iba a aparecer así.

Su portador ya había crecido, y eso lo hacía sonreír.

—¡Ladybug! —Gritó cuando ella caía con su yoyo en la misma dirección que él.

—¿Plagg?

—Si, no hay nadie igual que yo. —El sarcasmo era notorio.

—¿Tu portador?

—Iba saliendo de su casa. —Mintió. —Y las personas infectadas lo atraparon.

—¿Qué pasó con la astucia que lo caracteriza? —Rodó los ojos, haciendo que Plagg riera.

Sin embargo, con Adrien y Lila estaba yendo... bien.

Los labios de ambos de juntaban en un tierno beso cuando Lila se acercó a él en plan de abrazarlo y sentirse tranquila.

—Tengo miedo.

Fue sincera, sorprendentemente para ambos, aquella confesión fue sincera y cálida. Tal vez era señal de que las asperezas se iban limando.

—Bueno, no soy Chat Noir pero puedo protegerte.

Rieron relajados. Todo era paz y armonía, pero todo se volvió candente cuando la mano de Lila bajó poco a poco sobre su vientre y se posicionó en su erección.

—Lila... no creo que... ah— Gimió quedito al sentir que apretaba la erección. De arriba a bajo en movimientos constantes sobre su gran miembro. Su tamaño era bien al juzgar por su edad.

—¿No crees, qué? —Susurró y se incorporó un poco para poder desabrochar el pantalón gris de Adrien.

—Ah...— Jadeó cuando tocó su ereccion por encima del bóxer. Aquella era una experiencia nueva. Temer ser descubiertos hacia de todo más excitante. ¿Qué ocurriría para que Lila hiciera eso?

—¿Te gusta?

—Si...

—Dímelo. —Ordenó al mismo tiempo en que metía su mano dentro de la ropa interior para tocarlo libremente. Piel con piel. Muchas sensaciones.

—No- ah... Lila... —Cerró sus ojos fuertemente al sentir la mano de Lila en la base de su miembro. ¿Cómo es que sentía que lo hacía como si fuese una experta?

—Dímelo. —Ordenó a la par en que usaba sus uñas para recorrer toda la longitud.

—¡Ah, Lila! —Gimió fuerte ante tal escalofrío. —Me gusta.

—Eso, gime mi nombre. —Se acercó a su rostro para besarlo despacio, disfrutando el momento.

—¿Por qué haces esto?

—¿Por qué no? —Contraatacó a la vez que aceleraba sus movimientos.

La estimulación era mucha, sentía el clímax ahí, en su vientre, aguardando para para momento exacto pero también quería retenerlo. Soportar el placer que la mano de la morena le brindaba para seguir disfrutando.

La adrenalina del momento se juntaba.

¿Escucharían sus gritos? ¿Sus gemidos?

Oh, si que sería buena experiencia que recordar.

Adrien se levantó un poco y se bajó el bóxer para que Lila tuviera más acceso a él y se sintiera cómoda. Y también para que él disfrutara.

Lila sentía como el miembro de Adrien crecía y se hinchaba en su mano. Las venas se remarcaban alrededor de él y el líquido pre-seminal salía de la cabeza de su polla.

Aún no era tiempo de hacer una mamada. No se sentía a gusto consigo misma y pensaba que no lo haría bien y esas cosas.

—Sí, así... Mmm— Los gestos de Adrien eran tan excitantes, la respiración dificultosa y la situación en la que se encontraban hacían que Lila sintiera aquella conocida pero a la vez rara humedad entre sus piernas.

Desocupó una mano, se subió al regalo de Adrien e hizo que se quitara la polera. El abdomen marcado de Adrien era realmente un buen disfrute ante sus ojos. Recorrió con su mano su piel suave, topándose con pequeños vellos que tapaban el área del escote.

Tocó el pecho y fue hasta la tetilla de Adrien. La tocó como él lo hizo con ella la vez anterior.

Cuando tocó el pezón, Adrien no soportó más y se corrió en la mano de Lila, dejando escurrir todo su semen en ella.

Levantó la vista hacia el rostro del chico, el cual se hallaba con los ojos cerrados y la boca entreabierta para poder respirar.

¡Eso ha sido...!

—Dios... eso...

—Shh, calla y disfruta.

—Pero tú...

—Yo después.

Besó sus labios, sus lenguas se rozaron un poco, con timidez, pero el beso se fue haciendo intenso a medida que los segundos corrían.

Después, Lila bajó besando su cuello, pasó por detrás y debajo de su oreja, ahí donde se siente el pulso, enviando aún más escalofríos al cuerpo de Adrien, e iban a parar en su ya de nuevo dura erección.

Aquella sensación era increíble.

—¿Qué sientes?

—¿Ah? —Susurró entre los linderos del placer.

—¿Que sientes cuando te beso aquí? —Besó debajo del hueso de la clavícula.

Adrien jadeó.

—Deseo.

—Bien, ¿Y aquí? —Besó entre su pecho.

—No sé... —Apenas pudo formar esas palabras, estaba tan perdido, tan... excitado...

Lila sonrió con los labios pegados en la piel del chico y fue hasta el pezón, donde acarició primero con su nariz para proceder a saborearlo con su lengua.

—¡Ah, Lila, no...! —Quiso apartarla pero ella fue más fuerte y se mantuvo donde estaba.

—¿Por qué? ¿No te gusta, acaso?

—Si... si... —Gimió más fuerte cuando la morena comenzó a mecerse encima suyo, sobre su erección.

Aunque ella se hallaba vestida, las sensaciones eran fuertes. Podía sentir lo duro que se encontraba a pesar de la tela de su vestido y medias.

El rubio llevó sus manos a la cintura de la chica para controlar sus acelerados movimientos que solo lo acercaban más a su segundo orgasmo.

¿Cómo era posible?

—Lila... —Tomó su cabello para que alzara su rostro a su altura y besara otra vez sus labios.

Bajó por su cuello, apartando el largo cabello café y comenzó a besarlo.

Este juego pueden jugarlo los dos.

—¿Recuerdas cómo hice que te corrieras solo lamiendo tus tetas? —No era posible.

—¿Cómo puedes recordarlo?

—Tuve un sueño en donde pasaba todo lo que hicimos... me da un poco de vergüenza recordarlo pero... —Se acercó a su oído, donde Susurró roncamente por el deseo. —Me encantó ver tu rostro mientras te corrías.

Aquello hizo que la chica se sonrojara fuertemente y riera tímida.

—¿Te gustaría que te tomara aquí? —Siguió susurrando. —¿Qué te tomara fuerte mientras tu gimes en voz alta? ¿Eso te gustaría?

—Si. —Ahora la sumisa era ella, cayó bajo los encantos que le causaba el oji-verde.

Lila se incorporó para poder quitarse la ropa.

Quedó en medias y ropa interior, una visión increíblemente hermosa y seductora.

Adrien la tomó entre sus manos e hizo que la espalda de la morena se apoyara en el piso.

Saboreó nuevamente sus labios y prosiguió a besar el cuello, clavícula y encima de los senos de la chica, aún cubierto por el corpiño. Bajó las copas y se abultaron más sobre ellos.

Lamió y chupó ambos pezones, mientras se ocupaba de uno, con sus dedos estimulaba el otro. Turnando ambos mientras la chica gemía sin parar.

—¿Te gusta?

—Si. —Se retorcía del placer mientras su mano se ocupaba de la erección de su amigo.

No soportó y Adrien Bajó las medias y rompió su ropa interior.

Después lo discutirán, ahora no.

¿Hacerle un oral? El rubio dudaba de eso.

Al parecer, ambos seguían inseguros acerca de sus cuerpos, lo normal, pues comenzaban su vida sexual y no se conocían del todo.

Adrien bajó un poco más sus pantalones y se acercó a la chica.

Ambos sexos se rozaron, causando un gran jadeo en ambos.

El deseo corría por sus cuerpos, el placer entre las caricias y la necesidad en su mirada.

—¿Lista? —La chica asintió. Su frente se hallaba con sudor y varios pequeños cabellos se pegaban en ella.

Los ojos olivo se volvieron oscuros, causando estragos en la erección del rubio.

¿Qué pensaría su padre que el comenzaba su vida sexual? ¿Se lo prohibiría?

—Tómame... —Susurró muy bajo, apenas audible para él y bajo eso, fue penetrante a la chica.

Si, aquello era el máximo placer.

Si, deseaba eso. Ambos lo hacía.

Poco a poco fue penetrando a la chica. Follandola.

—Ah, si, sigue por favor. —Suplicaba la chica. —Más fuerte. —Pedía. Su mano fue a sus espalda, donde clavó sus uñas y las marcó en toda su longitud.

Eso ocasionó una embestida fuerte, las paredes de la chica apretaban el miembro de Adrien.

Sentía muy claro la humedad en sus paredes, el también sentía como si miembro estaba duro, duro como una roca.

Mientras las embestidas se turnaban suaves y profundas, Adrien besaba el cuello de su chica. Escucharla gemir en su oído le daba más placer.

—Si... ¡Ah! —El gemido de la chica pudo escucharse afuera, no sabían si ya habían vencido al akuma, aunque lo más seguro es que no, no se escuchaban ruidos afuera. O tal vez era porque ambos se perdían entre los gruñidos guturales, jadeos y gemidos.

—¡Más... más, por favor! —Chilló la morena, quería que él la embistiera rudo, el dolor había sentido secretamente se había ido, ahora queria que le diera más.

Adrien, obediente, aceleró los movimientos poniendo una de sus manos junto a la cabeza de la morena y la otra ayudaba a alzar sus caderas.

Dentro, fuera. Dentro, fuera. Si, aquello era una secuencia de placer y excitación de por medio.

El rubio bajó un poco su rostro para besar ambos pechos de la chica, lamer su pezón y acariciarlo suavemente con sus dientes.

—¡No- ah! —Chilló Lila cuando los dientes del rubio apretaron de más su pezón.

—¿No te gusta?

—Si... no... si— ¿Cómo hablar? ¿Cómo formar unas palabras cuando él la estaba penetrando deliciosamente?

Las embestidas del rubio causaban un ruido extrañamente placentero, era el ruido de su humedad chocando con sus cuerpos, si, aquello se mostraba muy provocativo.

Los escalofríos no faltaron, entre el beso que se ofrecieron, Lila mordió el labio de su compañero, aquello fue devuelto por una embestida más fuerte.

Estaban cerca.

Ambos.

La tensión en sus vientres bajos y la humedad lo demostraban.

—Ya casi... —Jadeó la morena.

—Aguanta un poco más.

No, no podía aguantar. La tensión se hallaba ahí, cerca, para explotar.

Y cuando Adrien sintió como sus paredes lo comenzaban a apretar más, se detuvo. Lo hizo por instinto.

—¿Qué.. qué haces? —Balbuceó en medio del placer Lila.

—Solo resiste.

—Por favor.

Adrien aceleró nuevamente y en la cuarta embestida explotó en un gran orgasmo.

—¡Ah si! —Llevó la cabeza un poco para atrás mientras mordía su labio inferior y sentía como su orgasmo bajaba por su sexo.

Por eso, Adrien ya no se resistió más y salió de la chica para correrse por encima de su monte de venus.

Protección.

Si, se dejaron llevar por el maldito deseo y se les olvidó la protección.

Por eso, sentirse piel con piel era otra cosa diferente. Más deliciosa.

—El condón —Murmuró enojada.

—Ambos tuvimos culpa.

—Tendré que comprar una pastilla del día siguiente. —Lila se mantuvo con los ojos cerrados mientras sentía a gusto el poco peso de Adrien. El aún no bajaba de su cuerpo.

—Me corrí fuera. —Alegó el rubio.

—Pero eso no basta, el líquido pre-seminal puede afectarme.

Cierto, no recordaba aquello.

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(...)

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Dos días después, el celular de Lila sonó mientras ella lo usaba para charlar con una de sus amigas de su vieja escuela.

Marcaba un número privado. Su madre le había prohibido contestar números privados o desconocido pero, vamos, le ha desobedecido tanto que una vez más no importa.

—Aló.

¿Señorita Rossi?

—¿Quién habla?

Permítame presentarme. Soy Gabriel Agreste.