#Angstruary
AU moderno en Etheria.
Capítulo Único
"11M"
Marzo
6:11 a. M.
Catra se despertó minutos antes de que su alarma sonara. Y se quedó viendo las cuarteaduras de pintura negra y roja del techo, que el punk que vivía antes ahí había mal pintado.
Estaba inesperadamente cerca del techo y las podía ver con relativa claridad por la poca luz que entraba por la ventana sin cortinas. Entonces volteó la cabeza y miró las pocas cajas apiladas en el suelo. La mayoría eran de ropa, las pocas cosas que de verdad le importaban, y los pocos enseres necesarios que disponía. Se estiró sin levantarse, y después se incorporó con cuidado de no azotarse la cabeza contra el techo, sobre el entablado sin colchón sobre el que había dormido. Se arrastró a la orilla, colgó las piernas y se dejó caer al suelo, aunque tenía la escalerilla de madera al lado.
Debajo de la base elevada con capacidad para un colchón doble, había un espacio amplio y vacío, con el suelo de viejo linóleo gris manchado de la misma pintura negra y roja del techo. El punk al parecer no tuvo cuidado de cubrir el suelo. Catra podría meterse a ese espacio sin agachar la cabeza. Frente a ella estaba la terraza, que bien podría ocupar como zona de lavado, si tuviera lavadora. En short y playera, salió al aire frío de la mañana y disfrutó de la vista al estar en el último de diez pisos. Del viejo barandal de hierro forjado colgaban dos tristes parterres, cuyas hojas mustias parecían decaídas. Se veían pocas estrellas por la contaminación lumínica de una ciudad grande como lo era Brigthmoon.
6:15 a.m.
La alarma sonó y Catra regresó al interior y recogió su viejo celular de sobre una caja, ya que no tenía mesa alguna. Y ahí estaba uno de los pocos contactos con corriente. El estómago le dolía. Eso fue lo que la despertó en primer lugar, el hambre. Pero tampoco tenía refrigerador.
Haciendo oídos sordos a su hambre, se metió a la ducha, tratando de no mirar las letras oscuras en su antebrazo izquierdo. Una de las buenas cosas que tenía este lugar, era que el calentador solar trabajaba a las mil maravillas. Y aunque la decoración del salón/comedor/habitación/estudio era deplorable por no decir deprimente, el punk había respetado lo suficiente el baño, con opacas baldosas azul oscuro en las paredes y blancas en el piso. Por "suficiente" entiéndase que solo había roto el espejo sobre el lavamanos y el cancel de la ducha.
El agua caliente le duró unos deliciosos doce minutos y era un lujo increíble para ella. Se secó con una toalla gruesa y se puso otra encima. Siempre necesitaba dos por su denso pelaje. Después de lavarse los dientes, salió a buscar algo decente qué ponerse, cuidando que no se le cayera la toalla, porque aunque todavía estaba un poco oscuro y era el último piso, la ciudad estaba llena de pervertidos. Y quizás el pudor de venir de un pueblo pequeño le podía aunque dijera que no.
Consiguió una blusa blanca que no estaba muy arrugada, un pantalón negro, que aunque no era de vestir, con la blusa pasaba. Y una vieja chaqueta de terciopelo negro que tendría que pasar por saco. Se puso su habitual manga negra que se ajustaba desde su dedo medio al codo en el brazo izquierdo. Se arregló el cabello lo mejor que pudo con la cámara frontal de su móvil como espejo. Se aseguró de llevar dinero suficiente, sus lentes oscuros, las llaves, la vieja laptop y el cargador del móvil en la gastada mochila. Guardó bien el resto de su dinero en un viejo guante sin par y bajo una tabla floja.
Salió con el propósito de no volver hasta conseguir un trabajo.
4:00 p.m.
Tendría que darse por vencida por hoy. Dos calles más abajo había una bonita cafetería que ofrecía wifi. Catra tenía que comer algo y necesitaba internet. Después de pasar la mañana buscando trabajos y el resto del día caminando sin dar dos pasos sin revisar los mapas que descargo al móvil, tuvo que resignarse. Tenía que volver al departamento.
Su casera quería revisar unas cosas.
Catra llegó cinco minutos antes de lo acordado, pero en la entrada de su edificio ya la esperaba la mole de 1.90 de músculos, cola y tenazas de su casera, al lado de una vieja camioneta.
─¡Gatita!─ ¿De verdad? ¿Quién le había dado permiso a esa chica para llamarla así? ─Gracias por dejarme hacer esas reparaciones hoy. Espero no interrumpir tu trabajo ni nada─ Pero era su casera, y en realidad era muy amable, y Catra no sabía cómo tratar con la gente amable, así que no le dijo nada.
─No es ningún problema, señorita Scorpia─ Dijo Catra mientras la ayudaba a cargar con unas cajas de materiales que llevaba en la parte trasera de la camioneta. Con cuidado de no ensuciar o arrugar más una de sus pocas blusas buenas.
─Ay, no, por favor. Solo dime Scorpia─ Catra se sentía incómoda ─No hay que ser tan formales─ La escorpioni se adelantó y entró al edificio. Por alguna extraña razón, el ascensor solo llegaba al séptimo piso y de ahí debían subir por las escaleras, angostas y un poco tétricas, la verdad.
─Siento mucho molestarte con esto. Justo aquí pasa la tubería del calefactor principal y…─ Catra escuchaba su cháchara mientras inspeccionaban las viejas instalaciones que estaban tras un viejo armario al lado de la cocinita de Catra.
Ese era todo su "departamento". El cuarto de baño, al menos lo decentemente grande, la estancia principal de 8m2 y la cocina donde apenas entraba la alacena empotrada sobre la tarja de aluminio herrumbroso, una pequeña barra con estantes bajo ella y un espacio para una pequeña estufa de máximo cuatro quemadores. Y tal vez un refri en la esquina que daba al "pasillo" que llevaba a la estancia. El espacio total de la cocina se reducía por la falsa columna que escondía las tuberías, y le robaba la posibilidad de otra ventana. Ah, y la terraza, por supuesto. Para un total de 16m2, por una pasta y en una zona semi céntrica en Brightmoon.
La cocina estaba pintada con una fea pintura café anaranjosa diarreica y el resto de las paredes eran una mancha negra con algún morado. Scorpia miró las escasas cinco cajas de Catra esparcidas en el suelo de la estancia y las dos mantas dobladas sobre las que había dormido la Gatita. Pero no comentó nada.
─De verdad estoy muy apenada. El plomero me acaba de decir que no podrá venir hoy a arreglar las tuberías─ Catra suspiró un poco. Estaba de malas porque le dolían los pies después de caminar todo el día para evitar usar el transporte público, y otra vez le dolía el estómago porque solo comió un muffin, muy bueno, pero insuficiente, lo que poco a poco la estaba llevando a un dolor de cabeza.
Se recordó que no era culpa de Scorpia y que además era su casera. Bueno, hija de la casera en realidad, según sabía por su plática sin fin. Por lo menos no insistía en hacerle a ella preguntas y se limitaba a hablar de sí misma de una manera amena y simpática.
─No se preocupe, Scorpia─ Dijo Catra con las orejas replegadas en clara molestia.
─No, no, por favor, solo Scorpia y tutéame. Me siento como mi mamá si me hablas así… ¿Vale?─ Le regaló una sonrisa de oreja a oreja.
─Está bien… ¿Cuál es el problema?─ Preguntó y Scorpia le pasó su móvil.
Se reproducía un vídeo de un lagarto con mono de trabajo con agua café y sucia hasta las rodillas, que chapoteaba alrededor de un baño que se desbordaba. Aunque su estómago estaba vacío, se retorció por el asco y Catra luchó por retener la bilis, solo de imaginar el hedor. El pobre lagarto debía de sufrir mucho más que ella.
─Me refería al problema del calefactor, Scorpia─ dijo mientras le devolvía el móvil.
─¡Oh, oh! Lo siento, de verdad. Eh… no estoy segura. Algunos vecinos se han quejado de que no está funcionando bien, eso es todo. Por eso traje todo esto por cualquier cosa que pudiera…─ Catra vio mejor las herramientas y diferentes suministros en las dos cajas que habían subido.
─Tal vez yo pueda ayudarte. Me cambiaré y le daré un vistazo.
Antes de que Scorpia pudiera decir algo, Catra tomó la misma ropa que usara para dormir, se cambió en el baño y salió.
7:43 p.m.
Cuando terminó, estaba cubierta de tierra, porque había tenido que meterse al espacio por donde corrían las tuberías para descubrir una fuga goteante, que había oxidado otras tantas piezas, las cuales cambió gracias a todos los repuestos que había llevado Scorpia.
─Eso fue genial, Catra. Me has salvado─ Scorpia estaba impresionada y Catra estaba terminando de sacudirse las orejas y la cola, cuando su estómago gruñó. Sintió las orejas calientes ─No puede ser, no dejé que comieras y ya es tan tarde… ¡Ya sé! Te voy a invitar a cenar para agradecerte por esto. Bueno, pero también tienes que decirme cuánto te tengo que pagar─ Scorpia seguía hablando, pero Catra no podía evitar salivar ante la idea de una cena caliente.
Había trabajado, y no había buscado nada más que ayudar a la chica, que parecía agradable. Más allá de que a Catra la cansara convivir con alguien tan entusiasta. No era su culpa ser introvertida. Podía aceptar una cena como pago. No le estaban regalando nada.
Volvió a cambiarse de ropa por algo más casual y aceptó subir a la camioneta con Scorpia hasta una avenida secundaria con varios comercios abiertos. Por suerte, era uno de los caminos que Catra había explorado un poco más temprano y no tendría problemas en regresar a pie. Scorpia escogió un pequeño restaurante familiar con el que Catra se sintió cómoda porque la comida no era muy cara.
Comieron en relativo silencio hasta el postre, que Scorpia insistió que Catra tenía que probar.
─¿De dónde vienes?─ Preguntó Scorpia mientras probaba su pastel de miel.
─De un pueblito, Thaymor─ Contestó Catra, relajada por saber que esto no afectaba su precaria economía y tener la panza llena.
─Es un lugar hermoso. A veces vamos ahí de acampada─ Si la familia de Scorpia era dueña de ese edificio, seguramente tendrían alguna de las enormes casas de campo de las afueras de Thaymor. ─¿Ahí aprendiste a reparar tuberías?
─Ajá, y un poco de esto y aquello… Por cierto, ¿No te importa que pinte el departamento y arregle algunas cosas, verdad?─ Preguntó Catra. No estaba segura de poder modificar mucho, por eso prefería pedir permiso. A Scorpia le brillaron los ojos.
─No, no. Adelante. Nosotras mismas lo íbamos a hacer pero rentaste el lugar antes de poder hacer nada. ¿Entonces cuánto te debo?
─Nada, así está bien. Con la cena es suficiente─ Dijo Catra levantando las manos.
─No, para nada. Es trabajo y el trabajo se paga. Además, creo que me ahorraste muchas más quejas. El plomero no iba a poder venir hasta la otra semana y todavía hace algo de frío estos días…¿Entonces cuánto?─ Argumentó Scorpia.
─De verdad así está bien. Ni siquiera sé cuánto sería correcto─ Insistió la gata.
─Ese no es problema. Renné iba a cobrar 100 dwarfnus solo por venir a revisar, y la última vez fueron 130 por su mano de obra, por algo similar─ Decía Scorpia mientras sacaba su billetera y Catra no podía creer que un plomero cobrara tanto por cambiar unas piezas ─Así que… ¿Qué te parecen 200 dwarfnus?─ Y Scorpia sacó uno de cien y dos de cincuenta y se los ofreció con cuidado a Catra.
Con eso podría tirar otras dos semanas con comidas baratas o despreocuparse de un tercio de su renta. Antes de que lo pensara cabalmente, ya lo había tomado.
—De verdad te lo agradezco… —Dijo quedamente.
Platicaron otro poco y Scorpia ni siquiera dejó que Catra ayudara con la propina. La volvió a dejar en el edificio porque había olvidado sus herramientas. Y cuando al fin Catra se quedó sola en medio de su estancia, solo con una lámpara encendida, decidió que no había sido un mal día después de todo.
6:15 a.m.
Catra bajó de la cama hasta donde se cargaba su celular para apagar el sonido. Era una molestia. La batería ya casi no duraba. Pero mientras siguiera funcionando, lo utilizaría.
Repitió la rutina del día anterior.
Se sentía mejor, podría ir al café de nuevo y pedir algo más que un expresso y un muffin, mientras seguía buscando ofertas de trabajo, de lo que fuera, pero que le dieran un margen para comer aparte de pagar su renta.
Revisó sus redes además y descubrió que tenía mensajes de su amiga Lonnie. Le preguntaba cómo le iba en su empresa por la independencia, en el tono molesto y juguetón que usaban entre las dos. Catra no podía recordar de cuántos líos habían salido juntas. En los mismos que ellas solas se metían, por supuesto.
Lonnie seguía en Thaymor estudiando el bachillerato regular. Catra había trabajado hasta dejarse la piel para ahorrar lo posible y conseguirse un lugar en el centro de Brightmoon. Lejos de su horrible madre y no volver a poner un pie frente a ella. Lonnie la había ayudado todo lo posible. Ella era la que la había llevado hasta el apartamento en el viejo auto de sus padres, en donde apenas cabían ellas y las pocas cajas de Catra.
Todavía podía escuchar las palabras de su madre, diciéndole que no le abriría la puerta cuando regresara a su casa muriéndose de hambre. Y Catra le había gritado que prefería morirse de hambre en Brightmoon que verle la cara una vez más. Cumplió 18 y se dedicó a buscar un lugar que la aceptara con su corta edad y sin un aval, además de que tendría que fiarse de la zona y el lugar porque no podía estar costeando viajes a la ciudad solo para buscar donde vivir.
Se había aferrado a la idea de estar cerca del centro. En un paseo escolar (uno de los pocos a los que había podido ir) se enamoró de la ciudad, de sus calles amplias y limpias, de los edificios refulgentes, de las plazas con fuente. Y se iría ahí a vivir o moriría en el intento.
Había ahorrado cada centavo que pudo desde que tenía catorce. Y Lonnie en cada navidad, San Valentín, y cumpleaños de Catra le regalaba dinero "para que se comprara lo que ella quisiera porque era una estirada que no le gustaba nada".
Parecía imposible, pero en su último cumpleaños, Catra había logrado juntar dos mil dwarfnus. Tendría un poco más pero sabía que necesitaba un celular y una computadora, y en general que comer y vestir en esos años. De los cuales 1200 ya habían ido a su primer renta y depósito. Todavía tenía lo suficiente para cubrir el siguiente mes de renta e ir tirando. Scorpia simplemente le había dado dos preciosas semanas más. Catra en su vida había juntado tanto dinero en tres horas de trabajo.
Le respondió a Lonnie con otras bromas y le contó la buena suerte que había tenido. Aunque no lo pareciera, Catra era fuerte y sabía arreglar un montón de cosas, eléctricas, cañerías, sabía pastorear, bañar caballos, lavar establos, incluso manejar un pequeño tractor, lo que fuera. Ella lo hacía con tal de estar fuera de su casa el mayor tiempo posible. Y que le pagaran un poco. A pesar de todo eso, en realidad era tímida y no le gustaba molestar a la gente. Además de que detestaba cuando se daban cuenta de su necesidad.
También era inteligente. Durante la secundaria, podía hacer sus propios trabajos y además conseguir que unos compañeros le pagaran para hacer sus deberes. Cosa que se tuvo que terminar cuando en la preparatoria la sorprendieron y su madre no movió un dedo para inscribirla en otra escuela.
Conseguiría dos o tres trabajos si hacía falta, pero se sostendría sobre sus propios pies. Haría lo que ella quisiera y nadie podría volver a decirle que era un fracaso andante. En parte por eso le causaban tanto conflicto las dos palabras escritas en la cara interior de su antebrazo, en el mismo color pardo de su cola. Con una letra irregular y redonda, que no se parecía en nada a sus trazos ladeados y afilados.
Había aplicado a unas entrevistas y todavía no recibía respuestas de todas, así que necesitaba tener datos y no podía quedarse todo el día en el café. Hizo cuentas y decidió que la recarga para dos semanas era la que más le convenía. Esperaba poder contratar un plan de datos o de internet fijo pronto. ¿Por qué era tan caro ser adulto?
Siguió con su plan de conseguir un trabajo al que pudiera desplazarse caminando, aunque fuera para la entrevista.
1:27 p.m.
El móvil de Catra sonó y tuvo que contestar, aunque detestaba hablar con la gente que no conocía, porque podría ser de algún trabajo.
─¿Gatita? Lo siento de verdad, mi mamá me pasó tu número porque tuve un accidente y…─
─¿Quién habla?
─¡Lo siento, soy Scorpia! ¿Te interrumpo? Tengo una emergencia y pensé en tí, porque dijiste que sabías arreglar algunas cosas.
─Sí, está bien… Espera ¿de qué tipo?
Scorpia le contó entre sonrojos que había roto, cortado, mejor dicho, la llave de su fregadero cuando estaba lavando los trastes, y el agua no dejaba de salir, y todo se estaba mojando y el piso se estaba empezando a inundar y no sabía qué hacer. Hasta que Catra, con el poco tacto que conocía, le dijo si ya había intentado cerrar la llave principal del agua. Scorpia se rio nerviosamente, y cuando se calmó, logró mandarle su ubicación a Catra.
No estaba demasiado lejos, así que podía caminar.
Era otro edificio de apartamentos, pero el apartamento de Scorpia era como cuatro veces más grande que el suyo, por lo menos.
Se ocupó de revisar el limpio corte que había hecho su casera, seguramente con sus tenazas, y fue a comprar lo necesario. El tiempo que le tomó llegar hasta allá fue el mismo que a su casera secar el piso y ya no tendría que chapotear descalza. Scorpia la invitó a comer. Cuando Catra se dio cuenta que su anfitriona iba a comer sola, aceptó.
—Otra vez me salvaste. Muchas gracias, gata montés— La cola de Catra se movió muy a su pesar de gusto —Eres muy buena con las manos, ¿Verdad?— La gata se preguntó si era un juego de palabras pero Scorpia no parecía de ese tipo de personas.
—Un poco— Dijo al final.
Scorpia parecía en realidad muy agradable y Catra no sabía cómo negarse con la gente amable. Terminó arreglando un montón de pequeños desperfectos en la casa, algunos causados por el tiempo, otros por decidía y otros al parecer por la fuerza y tenazas de la escorpioni, como focos sin cambiar, puertas rechinantes o vencidas de alguna bisagra, un grifo que no se usaba por una gotera persistente que sólo necesitaba un empaque nuevo, un apagador del pasillo que no servía y tenías que ir hasta el otro lado del pasillo para apagar o encender la luz.
5:51 p.m.
Scorpia quería darle otros cien dwarfnus a Catra por toda su ayuda y la gata regateó hacia abajo. De todos modos se llevó sesenta.
7:15 p.m.
Catra no podía creer su buena suerte. Estaba ya a pocas calles de su edificio cuando decidió buscar un supermercado en el móvil. Se propuso gastarse solo 30 dwarfnus. Compró café, azúcar, unas galletas, sopas instantáneas, unas manzanas y bananas, una taza negra enorme a la que no se pudo resistir, y lo que hizo que se saliera de su límite: una tetera eléctrica. Le costó 22 dwarfnus y le abría todo un mundo de comidas sencillas. Era el primer electrodoméstico que compraba nuevo en su vida. Era una preciosa jarra de cristal grueso con el soporte cromado.
Llegó a su casa y después de saludar a un anciano que bajaba con su caniche, llegó casi saltando a su cocina y sacó la tetera y se quedó viendo embelesada los tres minutos que tardó en hervir un litro de agua, como si fuera lo más maravilloso del mundo ir viendo crecer las burbujas al hervir. La tetera se apagaba sola en cuanto detectaba que el agua ya estaba lista.
Lavó su taza nueva y se preparó su primer café en su casa. Catra se había sentido sola muchas veces en su vida, pero está no era una de esas ocasiones. Hizo algo que jamás había hecho antes. Acomodó la taza humeante al lado de la tetera, hasta que logró una composición con la que se sintió cómoda. Le tomó una foto y se la mandó a Lonnie. Esa noche Catra se durmió platicando con Lonnie mientras veían una película a la que dieron play al mismo tiempo. Una de las que Catra tenía descargadas.
El resto de la semana no pintó tan bien, pero Catra no se dejó desanimar. Ya tenía agua caliente para sus propios cafés y sopas instantáneas.
Compró una espátula, hojas de lija, jabón y un buen cepillo. Empezó a raspar la pintura horrible del techo y lavó de cabo a rabo el baño. Las baldosas azules brillaban y el piso ya no estaba amarillento. En pocos días, ya tenía raspada toda la pintura y ahora todo tenía un color gris apagado. También había empezado a regar las plantas en su terraza y lucían más firmes.
Scorpia la llamó la siguiente semana, otro inquilino tenía problemas con su radiador y una fuga.
Pronto Catra empezó a hacerse cargo de todos los pequeños y no tan pequeños desperfectos del edificio. Y las mamás (dos, no una) de Scorpia la empezaron a recomendar a otros amigos de abolengo. Después de la quinta vez que Catra no supo dar un precio y sintió que estaba recibiendo mucho más dinero del que merecía, fue otra vez al café y pasó dos horas investigando precios. Algunos le parecían ridículamente altos y otros bajos. Ajustó dos tarifas. Una para sus vecinos y otra para los amigos ricos de la familia de Scorpia.
Abril.
8:03 a.m.
Adora Grey estaba ocupada limpiando los establos con botas de goma hasta la rodilla y camisa de franela, no podía ser más un cliche si lo hubiera buscado. Un garañón blanco la veía trabajar mientras mascaba su heno y Adora le platicaba sobre sus clases de veterinaria.
Era un bonito domingo y en cuanto terminara con sus tareas matutinas, podría salir a pasear con Swift Wind. Sus padres, Randor y Marlena, eran los dueños de un gran rancho cuya principal actividad era la cría de caballos de competencia y la venta de algunos productos orgánicos, y abono de primera de caballo. Adora amaba trabajar con los caballos, platicar con ellos, limpiarles el establo, bañarlos, no tenía inconveniente. Además de ellos, su única amiga de verdad era Mara, la capataz del rancho, que cada mañana de lunes a viernes la llevaba al subterráneo más cercano, para poder ir a sus clases superiores en la cercana ciudad de Brightmoon.
Bueno, y ahora tenía otros dos amigos que había conocido en el campus. Bow y Glimmer eran simplemente maravillosos. Se le habían acercado un día que la vieron batallar sola en el campus y ahora eran inseparables. A veces pasaban todo el fin de semana con ella en el rancho. O Adora podía ir a la gran casa de Glimmer en uno de los barrios más viejos y soberbios de Brightmoon, o a la no tan grande pero de todos modos acogedora casa de los padres de Bow.
10:28 a.m.
Adora ya había terminado, se fijó en la hora en su reloj de muñeca y de paso vio la única palabra en su antebrazo. Su propio nombre. No sabía qué sentir al respecto. La última palabra que diría el amor de su vida, su alma gemela, su persona destinada, sería su nombre. Adora. Esas serían las últimas sílabas que exhalaría con su último aliento aquella persona.
Estaba escrito con una caligrafía elegante y ladeada, de esas que siempre intimidaban a Adora.
Casi siempre usaba mangas largas porque tenía la piel muy sensible al sol, pero no le importaba tener los brazos desnudos. Había gente que prefería cubrir esa leyenda y había toda una sección de la moda dedicada a mangas para cubrir esa parte del cuerpo.
La gente cuando entraba en confianza, solía comparar las leyendas, porque el único modo de estar seguro de encontrar a tu alma gemela, era descubrir si las palabras coincidían con su caligrafía.
Dejó de pensar en eso y se apresuró para ir a desayunar con sus amigos, y después los tres saldrían a cabalgar. Llevaban siendo amigos el tiempo suficiente para que Adora supiera que Glimmer detestaba levantarse temprano, que Bow no tenía ese problema pero que prefería quedarse en la cama con su novia. A veces ayudaba a Adora sin embargo. Adora los amaba a los dos.
También llevaban siendo amigos el suficiente tiempo para que Adora ya les hubiera enseñado a montar sin ayuda y ya tenían hasta "sus" caballos. Una bonita yegua retinta para Glimmer, con una oreja blanca y una estrella blanca en el pecho. Para Bow un semental castrado gris claro. Fuera de eso, Glimmer de verdad estaba pensando en pedirle a sus padres que le compraran la yegua, y que se quedara a resguardo en el rancho. No soportaba cuando salía a gira a competencias.
10:50 a.m.
─Vamos, Glimmer. Adora ya nos está esperando─ Bow la intentaba despertar.
─No quiero, es muy temprano─ El pobre chico no pudo evitar rodar los ojos.
─Glim, son casi las once. Eso no es temprano en ningún lugar─ Le dijo con cariño.
─Biiien─ Glimmer se levantó con el cabello revuelto y se dirigió al baño de Adora para cambiarse.
Bow ya estaba listo. Quince minutos después ya estaban en el comedor, junto a Adora y sus padres. Glimmer estaba bastante apenada porque no sabía que iban a estar Randor y Marlena. Casi nunca lo hacían, con sus competencias por todo el mundo, promocionando sus caballos y productos. Por eso Adora hablaba más con los caballos que con las personas.
12:30 p.m.
Los tres amigos ya estaban sobre sus caballos, recorriendo el camino marcado alrededor de la propiedad del rancho. Solamente un paseo, mientras competían un poco y platicaban. Adora tenía una sorpresa para ellos. Solo Bow le había ayudado un poco. Había preparado emparedados y jugos en las alforjas de Swifty. Bow traía los trajes de baño y pasarían una tarde increíble en la pequeña laguna que Adora había descubierto hace años y no le había enseñado a nadie.
5:40 a.m.
Catra intentó despertarse ante el incesante sonido de su alarma. Siempre había sido una persona madrugadora, pero esto era ridículo. Cuando se rodó un poco para apagar el sonido, lo siguiente que escuchó fue el impacto de su celular contra el piso. Era maravilloso. Con lágrimas de coraje, porque el equipo se había disparado en tres direcciones diferentes, la tapa, la batería y la pantalla cada cual por su cuenta, se levantó a ver el desastre. Ahora todo lo que había ahorrado para comprarse un colchón, tendría que ir a comprar otro equipo.
Mayo
2:32 p. m.
Catra estaba esperando a Scorpia con la camioneta. Solo tenía que acercarla a la salida principal de la tienda. Se llevaría no sólo su colchón nuevo, si no un comedor para armar tubular y chapa de madera, que estaba de remate porque alguien le rompió una pata a una de las sillas. La felina podría arreglarlo fácilmente y de todos modos ni siquiera necesitaba las cuatro sillas. Normalmente solo eran ella y Scorpia. O solo ella.
Le tomó una foto con su celular nuevo. No era el más avanzado, pero ella era la única propietaria. En la foto podías ver a Scorpia cargando el colchón como si no pesará nada para echarlo a la parte trasera de su camioneta.
8:32 a.m.
Catra no tenía ninguna cita temprano ese día, así que se pudo levantar un poco después.
Su trabajo como manitas le gustaba. Podía acomodar sus horarios la mayoría del tiempo, y sus precios accesibles más un buen desempeño le garantizaban recomendaciones constantes de sus propios clientes a otros más.
No sabía qué podía querer a alguien tanto y tan pronto como había querido a Scorpia. Además de conseguirle sus primeros referidos, cuando vio todo lo que estaba haciendo con su pequeño apartamento, como raspar la pintura y el yeso viejo en vez de solo pintar por encima, le ofreció bajarle 150 dwarfnus de su renta para que lo remodelara a su gusto completamente. Catra no podía aceptarlo. Lo bajó a cien, pero Scorpia lo volvió a subir a 120 y quedó en 110.
Ese extra para el segundo mes de renta, y el tercero que ya estaba juntando, Catra lo ocupó en comprar pintura y herramientas. En una serrería compró unas tablas y se hizo un armario debajo de la base elevada y deshizo la sencilla escalera de barras, para construir una escalinata en ángulo con cajones como escalones. El armario no ocupaba todo el espacio, el resto de la madera la uso para construir una especie de sofá y una mamá de Scorpia le regaló unos cojines que ella misma cosió, para ser los asientos y respaldos de un bonito gris oscuro.
No sabía de herrería y cancelería, así que solo quito el viejo cancel de la ducha y agregó una cortina con temas geométricos en negro y rojo.
La cocina la pintó de blanco y la columna falsa de las tuberías, de un naranja cálido y agradable, para darle luz al espacio sin ventanas. La estancia y el pasillo también terminaron blancas y la base de madera de un rojo vibrante. Y al fin unas grandiosas cortinas negras dobles.
Catra se sentía como sus pequeñas plantas. Estaban floreciendo y resultaron ser blancas y violetas, con algunas combinadas.
El siguiente mes tocaba lijar y pintar el viejo barandal. Quizás también compraría más plantas. Y si todo seguía como hasta ahora, antes de que terminará mayo, compraría un pequeño refrigerador.
Junio
6:30 a.m.
Adora esperaba adormilada a que arribara el tren. Mara la había dejado en la estación diez minutos antes. Esperaba que no tardara más porque tenía que tomar el segundo tren, el expreso de las 7:15, en la siguiente línea de su largo camino a la universidad.
Sus padres ya le habían dicho que podían rentarle algo cerca de ahí para que estuviera de lunes a viernes. Incluso Bow y Glimmer le habían ofrecido espacio en sus casas. Adora se negaba porque cada día antes de salir con Mara, pasaba a despedirse de Swiftty y todos los caballos. Y al regresar en la tarde o la noche, salía a montar aunque fuera quince minutos. Era su ritual para lidiar con su ansiedad.
Si ya la pasaba mal los fines que salía con sus amigos a la ciudad, no quería imaginarse lo que sería estar cinco días a la semana sin sus preciosos caballos. Incluso Swiftty a veces se rehusaba a comer los fines de semana que Adora no lo saludaba.
El tren llegó dos minutos después y tuvo que correr para alcanzar el expreso de las 7:15 en la estación terminal Reina Angella. Hacía el recorrido de la línea completa hasta la otra terminal, Puerta del Mar, en sólo 38 minutos. El tren normal que hacía paradas en cada estación de la línea podía tardar hasta una hora y diez, y Adora solía llegar a las ocho en punto al campus, ya fuera para tomar su primer clase, o para desayunar con Glimmer en la cafetería. Glimmer estudiaba administración de empresas, aunque no estaba muy emocionada por eso.
7:54 a.m.
Adora caminó tranquila a su clase. Ahora ya conocía bien el campus. Veía a sus compañeros y saludaba a algunos. Mucha gente a su alrededor iba sin chaqueta, pues el calor del verano ya se estaba empezando a sentir. Y más de la mitad usaba alguna manga o media manga para ocultar las palabras inscritas en sus pieles, escamas o pelajes.
Mucha gente se tomaba a broma que la última palabra que dijera el alma gemela de la rubia fuera su nombre. Glimmer se burlaba inventando historias románticas y dramáticas. Y Mermista solía bromear con que Adora era tan distraída que el destino se había asegurado que no olvidara su propio nombre.
10:30 a.m.
Por fin podía ir a desayunar con Glimmer y Bow a la cafetería.
—Hola, Adora— Saludó la pelirosa.
—Buenos días, Adora— La recibió Bow de pie. Era todo un caballero. Lo hacía tan natural que Adora no se sentía nunca incomoda por sus acciones.
—Hola, amigos— Su sonrisa tan radiante como el sol.
—¿Qué tal el camino hasta acá?
—Una vez tomando el expreso, es pan comido— Adora se sentó en la otra silla y sacó su almuerzo.
—¿Cómo te fue en el examen?— Lo único de lo que habían hablado las últimas dos semanas.
Exámenes, trabajos finales, estudiar y lo que harían al fin en las vacaciones de verano.
Julio
Catra no se hubiera imaginado que cuando más tuviera trabajo, sería durante las vacaciones. Mucha gente parecía decidir que podría hacer el trabajo por sí mismos para después tener que llamar a alguien más versado en esas artes.
Pero después de tres meses batallando con viejas calefacciones, empaques y tuberías rotas, tanques oxidados y fugas, ya tardaba muy poco tiempo en resolver la mayoría de las cosas e incluso estaba pensando en cobrar por tipo de trabajo en vez de por hora. Todavía lo estaba pensando.
Ahora le surgía otro inconveniente. Algunas de las personas "ricas" con las que trabajaba le empezaron a pedir facturas, y Catra por lo pronto se estaba apoyando en Scorpia. Necesitaba darse de alta como autónoma si quería facturar, y para eso necesitaba por lo menos un bachillerato técnico.
Estaba en sus planes seguir estudiando, por supuesto, solo que ahora estaba más presionada.
9:30 a.m.
Catra hoy no tenía agendado nada temprano, por lo que se extrañó cuando tocaron a su puerta. Con flojera se bajó de la cama, donde al fin podía disfrutar de un descanso decente.
—No puedo creer que solo dejas tu pueblo y te vuelves una floja citadina— Le increpó una morenaza fuera de su puerta.
—¡Lonnie! ¿Qué haces aquí, tonta?— Catra se despertó al instante.
—Vine a visitarte, por supuesto. ¿Qué esperas? Llévame al mejor lugar para desayunar. Muero de hambre— Lonnie había tenido que manejar dos horas con el estómago vacío.
Para la sorpresa de Lonnie, Catra la estrechó y pudo aspirar el aroma de los bosquecillos de Thaymor entre las rastas de su amiga. Catra estaba tan feliz. Pasarían una semana juntas. Ya lo habían platicado un poco pero Lonnie no había confirmado nada, la desgraciada mentirosa. Lonnie estaba asombrada por el cambio en el pequeño apartamento. Y estaba genuinamente orgullosa de su mejor amiga.
Ya tenía una estufa de cuatro quemadores sin horno sobre una mesa al lado de su reluciente tarja. Un elegante frigobar negro en la esquina del pasillo. Una cubierta de formica marmoleada en la vieja encimera y la más reciente adquisición de Catra, una cajita de plástico con foquitos de colores. Al fin tenía Internet fijo.
Agosto
Después de sufrir un ataque de pánico en medio de la ciudad, Adora había logrado llegar a la casa de Bow.
—Tranquila, Adora. ¿Qué pasó? ¿Quieres hablar?
—Fue una tontería, Bow.
—¿Qué te preguntaron?— Inquirió con suavidad.
—No lo recuerdo… Fue solo un ataque de pánico sin razón.
—Está bien, Adora. No es tu culpa. Estoy aquí para ti ¿okey?— Bow le acariciaba la espalda con cuidado.
Adora estaba pasando un mal momento porque Swiftty había estado enfermo y ni siquiera se podía mantener en pie, y tenía un cálculo, que en los caballos podían ser muy peligrosos. Y los padres de Adora querían que los acompañara en el siguiente viaje, solo duraría una semana, a Halfmoon. El asunto es que era solo un viaje de promoción y de tratar asuntos jurídicos y oficiales con la oficina de marketing que los atendía allá. Así que sin caballos. Una semana sin caballos era demasiado para Adora.
Y estaba acostumbrada a permanecer callada y aceptar lo que sus padres dijeran, para complacerlos y ser buena hija. Hacía todo lo que se esperaba de ella, satisfaciendo toda expectativa con creces. Cuando intentó decir que no podía acompañarlos con Swiftty estando enfermo, no le salía la voz. Empezó a sufrir un ataque de ansiedad y logró irse antes de que sus padres se dieran cuenta de lo frágil que era.
Se salió con un trabajador del rancho que iba al pueblo por suministros y de ahí moverse a la ciudad. Necesitaba hablar con alguien y apenas mantenía a raya su ansiedad. Se veía tan alterada en el metro, que una policía atenta se acercó a preguntarle si se sentía bien y Adora entró en pánico y salió corriendo. Porque no podía decir que la estaban aplastando. No podía decir que se sentía mal.
No le importaba ver a Glimmer o Bow, pero la casa de Glimmer estaba muy lejos de cualquier ruta de transporte público y Bow vivía a unos razonables minutos a pie de la estación más cercana. Quería llorar, desahogarse en los brazos de su amigo y simplemente no podía. Su cuerpo estaba tan entrenado para no mostrar fragilidad frente a nadie que no era capaz de expresarse libremente, aunque estaba consciente que había alcanzado una especie de límite. Ya no quería sentirse así.
Bow la miró con verdadera preocupación. Sabía que Adora tenía problemas para pedir ayuda y se entregaba a todo lo que hacía como si solo pudiera triunfar o morir. Era admirable y demostraba su compromiso y pasión pero también la llevaba a límites insanos. Cuando Adora se dio cuenta que llegó hasta la casa de su amigo sin nada más que su ropa encima, el celular que jamás dejaba lejos de ella, y un poco de dinero que siempre llevaba. Bow tenía que creer que estaba loca. Tal vez fuera así.
—Bow. Ya no quiero— Él la miró atento, pero sin presionar —Ya no quiero.
Bow esperó unos momentos y Adora parecía estar ahogándose con su lengua. No podía hablar.
—Está bien, Adora. Puedes decirme. ¿Qué es lo que no quieres?— Preguntó con suavidad.
El chico sería el mejor psicólogo del mundo.
—No… No quiero…— Adora hacía esos horribles movimientos con la garganta, como si no pudiera respirar.
Lo único que la mantenía coherente eran las cálidas manos de Bow en sus manos.
—Tranquila. Intenta esto. Dime algo sin usar "no".
El problema es que Adora no era capaz de decir No quiero y tampoco Quiero. Adora aceptaba y seguía. Bow la vio luchando de nuevo y después de un suspiro, lo intentó de otro modo.
—Solo dime qué pasa, si quieres. Podemos detenernos cuando tú quieras.
—Gracias, Bow… Tengo que decirlo.
Y con paciencia y mucho té de por medio, Bow fue capaz de motivar a Adora a hablar de esos problemas, que para ella eran enormes. Intentaría hablar con sus padres. Ya casi regresaría a la escuela y no podía ir por ahí sufriendo ataques de pánico y ansiedad.
11:34 a.m.
Catra encontró un lugar en el que solo en seis meses de clases matutinas, lograría sacar su certificado. Tendría que reducir sus jornadas de trabajo pero estaba segura que si se cuidaba bien de los gastos, podría más que sobrevivir. Tenía su credencial entre las manos, y le gustaba formar parte de algo de nuevo.
Después de seis meses sola, se sentía mejor que en toda su vida.
Ella solo tenía dos amigas de verdad, Scorpia y Lonnie era todo lo que necesitaba del amor y la vida.
Así que las palabras en su antebrazo de verdad la seguían inquietando y causándole conflicto. No sabía si era algo bueno o malo. La única persona aparte de su madre que las había visto era Lonnie, que pronto había aprendido que era un tema sensible para Catra.
Septiembre.
Lunes.
7:16 a.m.
Estación Reina Angella.
Catra acababa de bajar las escaleras que la llevaban al andén de la estación terminal y vio saliendo el tren. Refunfuñó un poco. Después revisó el tablero de horarios y descubrió que era el expreso, el cuál no le servía porque ella iba a la estación Plaza de Dryl, que la dejaba a solo diez minutos de su nueva escuela. Es decir, dos estaciones antes de Puerta del Mar, el fin del recorrido. Se alejó del tablero por si alguien más necesitaba usarlo y fue a la punta del andén del final.
Volteó a mirar hacia atrás, de nuevo al tablero, porque escuchó el lamento desesperanzado de alguien. Fue instintivo. Ella se ocupaba de sus propios asuntos y no le gustaba meterse donde no la llamaban, pero ante el quejido de la persona tras ella, no pudo evitar volverse. Fue cuando la miró.
Una rubia de ojos azules.
El cliché de belleza no híbrida que Catra detestaba más.
Sus ojos grandes de color azul claro, lucían incredulos y no le quedó más remedio a la rubia que aceptar que había perdido el expreso. Eso supuso Catra. La rubia se acomodó su mochila y la chaqueta roja sobre una blusa blanca. Sus jeans y botas tenían una ligera capa de polvo, de tierra, que Catra inevitablemente asoció con su pueblo natal, donde no todos los caminos estaban pavimentados. La gata añoraba Thaymor, era hermoso, lo único horrible de ahí fueron su casa y su madre.
La rubia no podía tener más de veinte años y después de otra mirada incrédula al tablero, se alejó a la orilla del andén para esperar el siguiente tren. Todo sin darse cuenta que Catra se la comía con los ojos. Cuando el tren avanzó agitando el aire, el escándalo en sus orejas la volvió a la realidad. No había tanta gente como había esperado y entró en las puertas contiguas a las de la rubia, y a la segura distancia de un tercio de vagón, pudo observar a la rubia con cuidado.
A diferencia del resto del vagón, que dormitaban o veían el celular, la chica solo se puso sus audífonos y se dedicó a mirar por la ventana más cercana que tenía. Catra no dejó de verla y casi pierde su estación. Caminó entre ensueños hasta la escuela.
¿Todas las rubias tenían el cabello tan brillante? ¿Todos los ojos azules eran tan limpios y puros? ¿Todas las pieles paliduchas de los "sin pelo" parecían tan suaves con tan solo mirarlas?
Catra regresó a la realidad hasta que la profesora Entrapta la llamó para tener su atención. Tenía que concentrarse, era el primer día de clases, después de todo.
Martes
7:10 a.m.
Adora no estaba corriendo, claro que no, caminaba a paso rápido, bastante rápido. Ayer había perdido el expreso y había llegado tarde a su clase de las ocho. Hoy no le volvería a pasar.
7:11 a.m.
Ya estaba en el anden y hoy el expreso de las 7:15 se adelantaba dos minutos así que estaba sobrada de tiempo. Caminó en un pequeño círculo mientras esperaba el tren porque le costaba trabajo estar quieta, esperando. Se alejó hasta la parte final del andén, porque la mayoría de la gente se quedaba justo donde terminaban las escaleras en vez de recorrerse a todo lo largo del andén, y se llenaba menos. Le dio tiempo de dar dos pequeñas vueltas en su espacio mientras esperaba y se ponía sus audífonos, mientras el resto de la gente miraba sus teléfonos con cara de necesitar más sueño.
7:19 a.m.
Catra llegó al andén y no pudo evitar dirigir su mirada al tablero. Solo se encontró con una joven madre caprina con su hijo pequeño. Lanzó un suspiró y se desplazó al final del andén, como sugerían las correctas normas de civilidad que anunciaban algunos letreros. Un curioso aroma la abrazó. Olía a heno fresco, a tierra, a hierba y a caballo. Recordó de nuevo Thaymor, donde podía trabajar lavando establos y bañando caballos por diez dwarfnus al día.
Miércoles
7:12 a.m.
Adora llegó al andén con tiempo suficiente e iba caminando tranquilamente. Está vez había más gente de lo normal y mientras se aglomeraban para esperar el expreso, Adora solo podía moverse ligeramente entre sus puntas y talones para reducir su ansiedad habitual. Era casi la última de la torva y se metió al último vagón como era su costumbre, y se quedó junto a la puerta.
Cuando levantó la mirada para ponerse los audífonos, se topó con la trigueña más impresionante que había visto. Después reparó en las orejas y la cola y las garras negras. Rectificó. Se encontró con la magicat más hermosa que había visto en su vida. La magicat parecía estar buscando a alguien y el tren avanzó.
Todo ese día se iluminó y cuando a la noche Adora regresó a su casa, corrió a contarle a Swiftty que había visto a un ser hermoso.
Jueves
7:08 a.m.
Adora llegó a la estación apresurada, sin razón aparente, porque no era tarde y el expreso no salía hasta dentro de unos minutos. Cuando llegó al andén y avanzó hacia el final, el tren ya estaba cerrando sus puertas y saliendo. Mientras se acomodaba un mechón detrás de la oreja, no se dio cuenta que cierta magicat la miraba desde la ventana del vagón.
Viernes
7:11 a.m.
Catra llegó un poco temprano a la estación. No se lo diría a nadie, pero esperaba poder ver a la rubia otra vez. Rechazó el tren que ya cerraba sus puertas y se recargó en la pared, tratando de no llamar la atención.
7:15 a.m.
El expreso ya estaba haciendo sonar su alarma, indicando que sus puertas se iban a cerrar, y como un vólido, la rubia pasó corriendo frente a ella, apenas alcanzando a poner los pies en el vagón mientras las puertas se cierran. El olor a heno, caballos, hojarasca… a casa, era el de la rubia.
Octubre.
Ya no podía seguirlo negando.
Catra quizás tuviera más que un simple crush con la rubia del subterráneo. Cada día se despertaba con una sonrisa solo ante la posibilidad de poder verla unos segundos, unos minutos, en el final del andén.
Ya sabía que la rubia tomaba el expreso de las 7:15 y cuando lo perdía, el corazón de Catra se aceleraba, porque podría verla todo el recorrido hasta que tuviera que bajarse y sería un día maravilloso.
Se sentía cómo toda una acosadora.
Jamás había dado un pepino acerca de su apariencia, y cada que vez que se miraba al espejo podía recordar las horrendas palabras de su madre, diciendo que solo una bestia es lo que podía ver.
Y entonces recordaba las palabras escritas en su antebrazo, y por primera vez en su vida, esperaba que hubiera alguien que tal vez… pudiera ver más allá. Así que se cepillaba con ahínco el cabello, escogía cuidadosamente sus atuendos y muriendose de la vergüenza esperaba con el corazón en la garganta solo una mirada.
Scorpia y Lonnie se empezaban a dar cuenta que su sonrisa era más constante, y Lonnie fue la primera en preguntarle si había conocido a alguien, quizás en la escuela nueva suya.
Noviembre.
Adora estaba hiperalerta.
Estaba segura que esa magicat tomaba el tren a la misma hora que ella, pero ella no tomaba el expreso. Las tres o cuatro veces que Adora la había visto de pronto en el mismo vagón, era cuando perdía el expreso.
Glimmer y Bow ya la habían abordado, estaba más relajada en general. Y había mañanas que llegaba super sonriente a las clases, y otros días que llegaba más decaída.
Ya había empezado sus sesiones con un terapeuta para tratar su ansiedad y sus padres habían entendido el peso que habían puesto sin querer sobre su única hija y la estaban apoyando todo lo que podían, por lo que sus amigos se empezaron a preocupar de que algo más estuviera afectandola. Para no preocuparlos de más, les confesó entre sonrisas nerviosas y la cara arrebolada de la misteriosa y hermosa magicat de ojos heterocromáticos y brillante pelaje y cabello que a veces podía ver en las mañanas.
Lunes
7:10 a.m.
Era el día que menos le gustaba a Adora, pero por razones muy diferentes a las de la mayoría. No tenía nada que ver con despertarse temprano, ni tener que empezar otra semana. La razón era una locura, y mucho más sencilla que todo eso. El lunes era el único día que tenía que de verdad estar en la escuela a las ocho en punto. No podía dejar pasar el directo.
Pero ahí estaba la magicat.
Hermosa en su pantalón rasgado y chaqueta oscura.
Adora daba vueltas, intentando estar tranquila mientras esperaba el tren. Pasó casi sin querer dos veces cerca de la magicat, perdida en sus sonrojos y la magicat tenía una sonrisa tan tierna que le dolía el corazón a Adora.
Catra estaba simulando ver su celular, cuando en realidad estaba super al pendiente de cierta rubia que aparentemente no podía estar quieta, y que se mordía las uñas con ansía. Cada vez que se acercaba a ella en su paseo intermitente, podía oler su fragancia limpia y fresca, con cierto olor a caballo, que ya estaba irremediablemente entrelazado con la idea de hogar en su mente.
Martes
7:15 a.m.
Catra estaba tan molesta. Casi podía llorar. Llegaba tarde al andén.
Y el expreso ya se iba. Miró al suelo tratando de contener su repentino ataque de ira. Se había quedado dormida y no podía creerlo.
El tren ya se perdía en las profundidades del túnel, Catra levantó la mirada y se encontró con la rubia moviendo los pies nerviosamente. La sorpresa la golpeó demasiado fuerte. Hoy no traía sus usuales jeans y chaqueta roja.
Usaba mayones, que la dejaban apreciar sus piernas torneadas, sus poderosos muslos y le cortaban la inspiración al llegar al trasero porque un abrigo gris lo cubría. Pero en cambio, le regalaba la vista porque por primera vez la veía sin su cola de caballo.
Catra bajó un poco la mirada, consciente de sus orejas calientes, metió las manos en sus bolsillos y caminó lentamente a la fila contigua a la de la rubia, que ya se formaba en espera del siguiente tren.
Subieron al mismo vagón y Catra le lanzaba miradas furtivas a la rubia, que no podía verse más hermosa.
Catra estuvo tan emocionada todo el día, que al fin le confesó a Lonnie sus tragedias matutinas. Mientras Lonnie la regañaba porque no podía creer que en casi tres meses ni siquiera la hubiera saludado una vez.
Miércoles.
7:08 a.m.
Adora llegó temprano, después de confesarle a Mara sus peripecias.
Mara era como una hermana mayor para Adora. No quería molestar a la magicat, ni que pensara que era rara. Mara sabía que Adora tenía un corazón de oro, y que apenas estaba aprendiendo a tener verdadera confianza en sí misma. Así que no la presionó y solo le deseó suerte, para que pudiera verla.
Y ahí estaba, hermosa y misteriosa como siempre.
Pasó un tren y Adora se iba a subir, pero cuando la magicat no subió, se detuvo. Ojalá no la hubiera visto. Pasó el expreso y Adora tuvo una ligera crisis al dejarlo avanzar sin subirse. Al siguiente tren, al fin la magicat subió y Adora también lo hizo.
Se lanzaron miradas entre sí, sin cruzarse jamás, todo el camino hasta que Catra tuvo que bajar en Plaza de Dryl y Adora tomaba nota, como todo un freak. Tenía que calmarse.
Jueves
7:22 a.m.
Catra no podía creer su suerte.
La rubia había subido otra vez al mismo vagón que ella. Y sus miradas se habían cruzado por un momento maravilloso, que ella misma cortó al desviar la vista.
Viernes
7:17 a.m.
Esto era demasiado.
Tercer día consecutivo en el mismo vagón. No se atrevía a levantar la mirada porque no quería que la rubia creyera que la estaba acosando, o siguiendo, u hostigando. Pero no podía borrar la sonrisa de sus labios.
Ese día, Catra tuvo otra razón para sorprenderse. Había dejado las ventanas abiertas de la terraza para airear su departamento después de pintar de azul claro una pared, solo porque sí, y cuando se estaba recostando en su suave y firme colchón, se encontró con un gato hecho bolita entre las cobijas.
Era un precioso ruso azul con impresionantes ojos azul claro. Solo estaba muy delgado.
Parecía que Catra ya no iba a dormir sola a partir de ahora.
Diciembre
Adora no quería que se acercaran las vacaciones, no quería dejar de ver a la magicat.
Catra ya había aprendido que el único día que la rubia no dejaba pasar el expreso era los lunes. Pero ella llegaba temprano, esperaba en el andén, incluso ya tenía un lugar para hacerlo, y la veía pasar o esperar mientras hacía sus paseos habituales.
Lunes
7:12 a.m.
Ya era un poco tarde para que apareciera la rubia, pero Catra sabía que a veces le podía pasar.
Estaba mirando intensamente hacia la entrada del andén, esperando las pisadas y el olor que ya reconocía sin problemas. Solo unos segundos después apareció y la sonrisa que ya se pintaba en sus labios se rompió.
La rubia venía jalando a otra chica que iba vestida con una vaporosa falda blanca y una chaqueta lila. Falda, en invierno. Por favor. Venían tomadas de la mano. Y el corazón se le rompió un poco.
La otra chica estaba volteando por todas partes, como si nunca se hubiera metido al metro. La rubia no volteó para nada, tenía la mirada fija y concentrada al frente. Pero la otra chica al fin volteó hacia donde estaba Catra y por primera vez en meses, la gata sintió crecer un gruñido en su garganta, que se contuvo. La chica de cabello rosa y violeta la miró y sonrió un poco. ¿Qué demonios significaba eso? Catra le sostuvo la mirada, retadora. La rubia en ningún momento despegó la vista del frente ni la soltó de la mano. Después de un momento, la chica en falda le sonrió otra vez y se volteó al fin a encarar a la rubia.
—Vamos, Adora, relájate— Escuchó que le decía la pelirosa a la rubia en voz baja, pero los no híbridos siempre subestimaban los sentidos de los híbridos. Adora. El pulso de Catra se aceleró —Adora, tranquila. Así sí pareces un poco… rara— Pareció medir sus palabras —Adora, me estás lastimando— Por fin la rubia volteó a ver a la de falda y parecía apenada. Le soltó la mano que tan firmemente sostenía —Tranquila, te dije que no haría nada— La pelirosa en vez de molestarse por el firme apretón de manos, le puso con suavidad la mano en el hombro a la rubia, que era un poco más alta.
La rubia la miró un momento, considerando algo, y Catra disfrutó sin querer de ver estas nuevas expresiones en su rostro, que normalmente siempre veía un poco ansioso o con alguna sonrisa pequeña o con sueño. Al final le regresó la sonrisa a la pelirosa.
—Gracias, Glim— Escuchó que le decía en voz baja.
Entonces los ojos de Adora se empezaron a desviar en la dirección de Catra, que no había podido dejar de mirarlas después de la mirada y la sonrisa con intención de la pelirosa, sin venir a cuento, pero jamás miraron a Catra esa mañana porque llegó el expreso.
Viernes
7:05 a.m.
Adora llegó muy temprano ese día a la estación sin necesidad. Había presionado a Mara para que salieran antes y Mara solo se había reído de ella.
—¿Hoy sí le vas a hablar?— Y Adora se pintó de carmín.
Y es que justo ese era su plan.
Después de que Glimmer decidiera que quería "conocer al crush" de Adora, y había obligado a Adora a llevarla con ella en su camino habitual después de un fin de semana en el rancho, Adora había sentido un poco extraña a la magicat. De eso ya tenía tres semanas. Y si es que podías decir que alguien estaba "extraño" cuando jamás habían hablado.
Adora se alejó hasta el fondo y trató de esperar tranquilamente, pero fracasó irremisiblemente. Ya sabía que era ridículamente temprano. Que todo en sí era ridículo. Terminó dando una vuelta hasta las escaleras y cuando ya iba de regresó, chocó con la magicat por tener la cabeza en otros lados. Cayó con el trasero y un brazo se estiró para ayudarla. Un brazo que terminaba con una mano con pelaje como terciopelo y garras negras relucientes.
─Lo siento, no vi que…─ Y ojos azules y heterocromáticos se encontraron.
Jamás se habían visto tan de cerca.
Catra había estirado su mano antes de darse cuenta con quién había chocado. Y ahora estaban ahí las dos congeladas. La rubia en el suelo, con sus manos entrelazadas. No existía nada más. Con cuidado, con lentitud, Catra la haló para ponerla de pie y la rubia "Adora", se levantó sin dejar de verse. Casi sin querer, Adora acarició levemente esa mano con su pulgar y Catra bajó la mirada para ver sus manos entrelazadas. Entonces Adora se dio cuenta de lo que estaba haciendo y se puso roja. Pero no se soltaron.
Volvieron a mirarse a los ojos y había una pequeña sonrisa asomando en los labios de la magicat. Adora podría morir justo ahora sin arrepentimientos.
Un tipo en traje golpeó a Catra al pasar y la magia se rompió. Sus manos se soltaron.
Ya llegaba el tren antes del expreso y Catra se alejó mientras levantaba la mano y se despedía de una todavía aturdida Adora.
─Ten cuidado, rubia─ Y la magicat desapareció en el vagón antes de que Adora pudiera recuperarse. Su voz era mágica también.
7:11 a.m.
Catra se escurrió hasta el suelo.
No podía creer que le había tomado la mano.
No podía creer que le había hablado.
No podía creer que se habían visto tan cerca que ahora sabía que sus ojos azules tenían unas pequeñas vetas grises, y de aquel pequeño lunar al costado de su nariz.
No podía creer que no la vería hasta el año entrante.
Catra pasó las fiestas con Scorpia, sus mamás y su nueva novia, Perfuma. No sabía que estas fechas podían ser tan agradables.
Le dedicó una videollamada a Lonnie y después una mirada a las estrellas y un deseo ferviente a la rubia que todavía le transmitía vida desde la mano que había acariciado.
Enero
Lunes
7:08 a.m.
No tenía que estar tan nerviosa. No pasaba nada.
Solo que después de las vacaciones de invierno, al fin la vería de nuevo.
7:30 a.m.
Catra tuvo que aceptar que hoy no vería a la rubia. Adora.
Martes
7:11 a.m.
Con las orejas encogidas, buscó ansiosamente por el andén. Incluso caminó hasta la otra punta del mismo.
7:22 a.m.
Tampoco nada. No quería preocuparse por alguien que no conocía. Que a lo mejor tenía novia. Que tal vez ya no volvería a tomar la misma ruta.
Miércoles
6:50 a.m.
Catra no pudo evitarlo… Quizás su rutina había cambiado. Su horario.
7:32 a.m.
Sería el último retardo que se permitiría.
Jueves
6:30 a.m.
Andén de la estación Reina Angella, esquina del andén.
Tal vez… solo tal vez.
7:11 a.m.
Esperaba sentada recargada en la pared. Con las orejas apretadas y la cola quieta, enrollada en su tobillo, para que no se la pisaran.
Ahí estaba.
Su olor.
Levantó la cabeza para verla aparecer entre la gente que bajaba las escaleras para entrar al andén.
Primero apareció la pelirosa y el corazón se le apretó. Después un chico moreno. Ya no podía esperar. Y entonces apareció al fin y el mundo recuperó el color, para perderlo… No, todo se volvió mucho más vívido de pronto.
La pelirosa y el moreno la rodeaban con ademán cuidadoso.
La rubia traía una venda sobre el ojo izquierdo y un brazo en cabestrillo. No estaba enyesado, pero sí fuertemente envuelto en vendas.
─Bow, Glimmer, estoy bien… Esto no era necesario─ Escuchó que decía con su voz cristalina, mientras parecía escanear todo el andén.
─No lo creo, señorita. Deberías estar en cama y eres tan necia que Randor y Marlena nos pidieron cuidarte─ Le increpó la pelirosa, Glimmer aparentemente, sin molestarse en bajar la voz, para consternación de la rubia.
─Solo es un hombro luxado, no es la gran cosa─ Dijo la rubia rodando los ojos.
Catra tenía un torbellino dentro de ella.
Por fin la veía de nuevo. Su anhelo se había cumplido y estaba aliviada, pero la rubia estaba herida, algo le había pasado y sufría por no poder acercarse y preguntarle qué. Sentía celos de la chica y el chico. Por su familiaridad. Por poder cuidarla. Por poder tocarla. El chico la sostenía del hombro sano con una sonrisa cálida y conciliadora.
─De verdad estoy bien, solo tenía que…─ Se cortó a la mitad, mientras buscaba con menos ahínco entre la gente del andén.
Una extraña burbuja se añadió a todo lo que sentía Catra. ¿Sería posible que la estuviera buscando a ella?
─Ya lo sé, Romea, necesitas ver a tu Julieta porque no puedes vivir un día más sin ella─ Dijo Glimmer molestando a la rubia.
─¡Tss, tss, chssss! ¿Podrías decirlo más fuerte?─ Ahora un sonrojo furioso cubría las pálidas mejillas.
─Tranquilas, chicas─ La voz del chico era cálida y amable ─Glimmer, deja de molestarla. Adora, creo que deberías relajarte─ Las regañaba amorosamente. Abrazó desde la espalda a la pelirosa y ese gesto pareció calmarla, igual que a Catra. Ese gesto no era de amigos ─Adora, te caíste de Swift Wind y todos estamos preocupados por ti. Intenta… tomartelo con calma ¿Quieres?─ Pidió con voz razonable.
Solo esperaba que ese tonto nombre no fuera el apodo de algún novio idiota. De verdad, esperaba que no.
─No fue culpa de él─ Dijo con un puchero ─Un conejo apareció de repente y se asustó. Es un caballo un poco nervioso─ Terminó de explicar, ya sin buscar por el andén. Catra seguía apretada en su esquina.
─Lo sabemos. Solo queremos que estés bien, Adora─ Le sonrió el chico para después besar cariñosamente en la boca a la pelirosa.
Adora se fue con cierto pesar cuando subieron al tren que Catra fue incapaz de tomar. La magicat tenía mucho qué procesar. ¿Romea? ¿Julieta?
Viernes
7:05 a.m.
Catra llegaba temprano otra vez. No le importaba tener que esperar. El anhelo en ella crecía cada día.
7:08 a.m.
Su olor llegaba de nuevo. El olor a caballo al fin cobrando un poco de sentido.
Otra vez no venía sola. Adora venía con una mujer más grande, morena y de largo cabello castaño trenzado.
Ahora no estaba encogida en una esquina, así que cuando Adora revisó el andén, la pudo ver. Sus miradas se cruzaron un momento y las dos desviaron la mirada. La otra mujer miró a Adora con una ceja levantada y una pequeña sonrisa inquisitoria. Catra no podía dejar de mirarla, todavía con su venda en el rostro y el brazo sujeto.
Adora volvió a mirarla y esta vez se sostuvieron la mirada un momento. La rubia levantó la mano, poco a poco, titubeante. Catra no entendía ¿qué hacía? Adora no terminó de levantar la mano y lucía desanimada, el expreso llegó y se fue, las tres subieron al mismo vagón y otra vez se lanzaban miradas intercaladas.
Solo cuando Catra caminaba hasta su escuela el pensamiento repentino de que quizás la rubia la estaba saludando la golpeó.
Lunes
7:09 a.m.
Adora llegó al andén a buen paso. Ya le habían quitado el vendaje de la cabeza y ahora solo unas banditas sostenían la herida sobre su ceja izquierda, pero el ojo todavía lo tenía un poco inflamado y se veía peor de lo que era.
No la habían mandado con niñeras de nuevo, aunque agradecía tener personas que la quisieran y la cuidaran.
La habitual añoranza que había desarrollado al llegar al andén se vio un poco empañada por el recuerdo del viernes. La magicat no le había regresado el saludo. Y la miraba con cara extrañada. Adora juraba que habían tenido algo especial antes de las vacaciones y ahora empezaba a pensar que fueron imaginaciones suyas.
La magicat estaba recargada en la pared del fondo, con su habitual gesto indolente. Leía algo en su celular y cuando levantó la vista, sus ojos se abrieron con sorpresa y espanto. Adora se apenó y se alejó. Catra quisiera decirle que no era nada malo, solo la había tomado desprevenida su ojo lastimado e inflamado.
7:17 a.m.
Abordaron el mismo vagón. Adora en un extremo y Catra en el otro, con las orejas encogidas.
Febrero.
Los días pasaban y Adora se cuidaba de que la magicat no la sorprendiera espiándola. Estaba muy desanimada. Y sus ataques de ansiedad estaban regresando.
Catra había intentado devolverle el saludo dos o tres veces pero la rubia la rehuía.
Adora estaba pasando malos días y noches peores. Era imposible que una persona con la que solo había hablado una vez, y por accidente, influyera tanto en su ánimo. Pero no podía dejar de emocionarse cada mañana, y no podía dejar de tomar el mismo vagón. Solo mirarla esos minutos valía la pena.
Catra la había visto con cuidado cada día, viendo como mejoraba el aspecto del ojo y se sintió un poco feliz cuando llegó una mañana sin el cabestrillo ya.
Y ahora la miraba con ojeras cada vez más oscuras y marcadas.
Quería acercarse y preguntarle qué le pasaba.
Viernes.
13 de febrero de 2004.
7:12 a.m.
Catra no era cursi, ni romántica, claro que no.
Ella jamás usaba faldas.
No sabía que hacía con una falda roja y un sueter negro delicado, con el cabello sostenido en una media cola. Ni tampoco qué hacía con una rosa roja con un tonto lazo blanco.
Lonnie y Scorpia tenían la culpa. Cada día la molestaban más.
Lonnie ya la había amenazado con ir un día, no le importaba perder clases, y ella misma decirle a la rubia "Hola, te presento a mi amiga, la idiota que lleva babeando por ti meses."
7:15 a.m.
Adora llegó y cuando miró a la magicat, su corazón se saltó un latido, seguro.
Estaba preciosa.
Catra alcanzó a ver su expresión y se sintió recompensada.
Pero Adora se recuperó pronto y fue a formarse a la espera del tren, nerviosa, que ya arribaba. Se subió sin darse cuenta que había dejado a Catra con la palabra en la boca y una esperanza más rota. Adora la buscó con tiento en el vagón y al no verla más, suspiró. Esperaba la parada habitual del tren. Ya se había acostumbrado y cuando vio que pasaban de largo la estación Tratados de D'riluth comprendió que se había subido al expreso.
Lloró un poco al pensar que su hermosa magicat seguramente tenía una cita con alguien más. Alguien que no la acosaba.
Marzo
Hace un año que Catra había llegado a Brightmoon.
Hace un año no conocía el hambre ni la soledad, aunque viviera sola.
Hace un año que empezara una nueva vida.
Si se lo contaras, no te creería, que a ella, a Catra, le pasara.
Consiguió el mejor departamento que pudo con sus ahorros y su situación irregular, y con ello, su independencia, una nueva familia, una nueva mejor amiga, un nuevo mejor amigo. Melog, su precioso gato, era la bola de pelos más tierna y encimosa que podía existir. Nadie que conociera un poco a Catra creería que se acurrucaba con Melog en las noches a ver películas, bien apretaditos entre mantas, ya fuera en su sofá improvisado bajo la base elevada, o en su cama, viendo a la pared blanca donde un proyector emitía las imágenes.
Que en solo unos meses conseguiría una clientela satisfecha que la recomendaba y nunca le faltaba el trabajo.
Que hace seis meses empezaría la escuela de nuevo, y que en esa búsqueda de seguir creciendo, encontraría a la persona que sin ser nada, era su todo. La que con una sonrisa le iluminaba los días o con una ausencia le nublaba la existencia.
A Catra ya sólo le quedaban semanas. Su curso ya terminaría. Y no tenía problemas con seguir levantándose antes de las 6 de la mañana, llegar al metro, y esperar a cierta rubia. Pero ya no podía solo con miradas robadas. Sonrisas escasas. Su piel suplicaba por volver a sentir su calidez.
Lonnie tenía razón. Era una cobarde.
Y Lonnie llegaría a pasar otra semana con ella para las vacaciones de primavera, y la creía muy capaz de cumplir su amenaza de encarar a la rubia y conseguir su teléfono, en el mejor de los casos, o un no que le destrozaría el corazón de una vez por todas.
No le servían de nada las tontas palabras en su antebrazo. ¿De qué le servía saber las últimas palabras que le diría su alma gemela si no estaba con su alma gemela, si no tenías por seguro que la conocerías siquiera?
Martes.
7:19 a.m.
Adora y Catra iban en el mismo vagón, robandose miradas como ya era costumbre.
Catra volvía a lucir su falda.
Adora se había dado cuenta que las últimas semanas había mejorado su apariencia. No que fuera hermosa con lo que fuera. Eran simplemente nuevos niveles de perfección.
Seguro la cita había salido bien. Seguro hoy su magicat iba a ver a alguien especial otra vez.
Estaba muy cansada, y justo después de ver lo hermosa que estaba sentada en el vagón casi frente a ella, se le escapó un bostezo. Y a Catra se le volvía a romper el corazón.
Adora tendría que dejar de hacerse esto y tomar el expreso como siempre lo había hecho.
Miércoles.
7:10 a.m.
Catra había conseguido reunir el valor de nuevo y estaba dispuesta a dar el paso.
7:12 a.m.
Adora llegó al andén y logró formarse en la fila del expreso sin voltear a buscar a cierta magicat.
Cuando Catra la encontró, ya estaba subiendo al directo. La felina lloró de impotencia en su camino en el vagón, sola.
El resto de la semana se repitió lo mismo. Catra ya sabía que solamente los lunes no viajaban juntas y este cambio repentino le dolía más que nada en la vida.
Lunes
7:11 a.m.
Catra se desesperó y se subió al tren antes del expreso. No quería darle otra oportunidad a "Adora" de pretender que no la veía.
La rubia la vió en la ventanilla, aún en el andén, y Catra se sorprendió de que sus miradas se encontraran otra vez directamente, aunque a través del cristal. Con la timidez pintada en la faz, Adora levantó la mano. Y esta vez Catra también levantó la suya y la agitó levemente. En su cara lozana se dibujó una pequeña sonrisa.
No se dejaron de ver hasta que el tren avanzó. Y aún entonces Catra intentó mirarla a la distancia. Miró su mano alzada y no comprendía nada. ¿Qué había pasado?
Martes.
7:06 a.m.
Glimmer, eso había pasado.
Todo el fin de semana Adora fue un tsunami de emociones. De pronto un letargo insufrible la absorbía. Después se llenaba de una ansiedad furiosa y su cuarto, normalmente inmaculado, terminó hecho un desastre. Y la crisis de llanto. De nuevo el letargo.
Bow intentaba ayudarla y comprenderla. Pero Glimmer se cansó. Su amiga llevaba meses sufriendo por una boba magicat, que vale, era bonita, y se notaba a leguas que se comía con los ojos a su Adora. Y ninguna de las dos tenía los pantalones de saludarse.
─Es el colmo, Adora. Ni tú ni esa boba. Solo dan vueltas alrededor de la otra, literalmente. Si tú no le dices nada, yo lo voy a hacer─ Bow la estaba intentando calmar sin éxito ─No, Bow, no me digas que me calme. Y yo te lo digo, Adora Grey, si sigues así, yo misma le voy a decir que no dejas de soñar con ella─ Adora palideció ─Al fin, conocemos perfectamente dónde encontrarla─ Sentenció.
─¡Glimmer! No harías eso. No, por favor. Ella seguramente está con alguien y tú no puedes llegar a decirle a un extraño qué…
─¿Que mi mejor amiga está enamorada de ella, que la ama y solo con verla quiere tener todos sus cachorritos?─ Glimmer estaba justificadamente desesperada.
─¡Glimmer!─ Le dijo Bow escandalizado ─Eso es ir un poquito lejos, ¿No lo crees? Adora, no es cierto, ella no va a…─ Empezó a decir.
Adora estaba roja. Roja igual que su chaqueta de siempre.
─Nada de lejos, Bow. Adora se muere por ella, y cualquiera podría ver que Adora es mejor opción que cualquier persona que pudiera estar con esa gata.
─Estoy seguro que Adora valora tu apreciación, pero tal vez sugerir que Adora sea capaz de "robarse" a la magicat es…─ Adora lo cortó.
─Demasiado, Glimmer─ Con todo su sonrojo encima, se plantó frente a su mejor amiga ─No le vas a decir nada y se acabó─ Le dijo con voz firme.
Glimmer se alegró de por lo menos generar una respuesta en Adora.
─Entonces díselo tú─ Volvió a atacar.
─Ya te dije que no creo que…
─Crees, piensas, ¡Adora! Está bien, no tienes que quitársela a nadie ¿pero sería tan malo que sean amigas? Podrías platicar con ella todo el camino a la escuela en vez de solo mirarla tratando que no te atrape mirándola─ Esa… Era una opción mucho más razonable para Adora, de hecho ─Y si algo más surge… No sería tu culpa─ Dijo la pelirosa con una sonrisa.
─¡Glimmer!─ Dijeron al mismo tiempo Bow y Adora.
Así que ahí estaba Adora otra vez.
Todos los días (tres) que había evitado a la magicat y subido al directo, había sido horrible.
7:10 a.m.
Adora detuvo su paseo habitual y justo vio cuando la magicat entraba al andén. Se fue con cuidado hasta el fondo. Y cuando los ojos heterocromáticos llegaron a sus orbes azules, en vez de desviar la mirada, se la sostuvo y le dedicó una pequeña sonrisa. Glimmer tenía razón. Un poco. Podían ser amigas. Adora estaba tan desesperada por tenerla entre sus brazos, que ni siquiera había pensado que podrían ser amigas.
La magicat se detuvo sorprendida. Volteó a ver si había alguien más a quien Adora pudiera estar mirando y sonriendo. Regresó a verla y ahí seguía la tímida sonrisa. La magicat levantó la mano para saludarla y Adora brillaba.
5:47 p.m.
─¡Y me saludó!─ Catra se dejó caer en su sofá mientras Melog se le subía al estómago y lo acariciaba y le seguía contando a Lonnie lo que había pasado en la mañana.
─¡Vaya! Hasta que una de las dos hizo algo más que lanzarse miraditas─ Lonnie rodó los ojos. Catra ya se había acostumbrado a hacerle videollamadas.
─Sabes que yo no le hablo a las personas─ Le dijo con amargura.
─Por eso doy gracias de que Scorpia te adoptara. Me alegro que por lo menos ella tenga el cerebro para hablarte después de seis meses. Y eso que es una rubia─ y Lonnie la siguió molestando.
Jueves
11 de marzo de 2004.
7:12 a.m.
Catra llegó al andén y la rubia se apareció un minuto después. Adora, su nombre era Adora, se recordó.
Se saludaron tímidamente otra vez a la distancia y arribó el tren, después de dejar marchar el expreso.
Catra se formó para ingresar al vagón y Adora se puso en la misma fila. La felina podía olerla con facilidad.
Por primera vez, Adora llevaba una blusa remangada y un chaleco azul, lo que dejaba expuesto sus antebrazos. Catra traía como siempre su largo guante negro.
7:19 a.m.
Hoy el tren iba un poco más lleno de lo habitual. Catra se quedó junto a la puerta y Adora estaba en el pasillo, de pie, tratando de no mirar tanto a la magicat.
7:26 a.m.
Después de unas cuantas estaciones y el subir y bajar de la gente, Adora terminó del otro lado del vagón, recargada en la puerta frente a Catra, quien se apoyaba en los soportes tubulares, tratando de acallar el corazón en su pecho. Era hoy. Tenía que ser hoy. Cada pelo se lo decía.
7:32 a.m.
Catra temblaba. Volteó a ver a Adora y se dio cuenta que en su antebrazo, la única palabra escrita, en el mismo color del pequeño lunar junto a su nariz, era su nombre, "Adora", pero con una letra que Catra reconoció de inmediato, porque era la propia. Esta verdad la golpeó como un huracán.
─Adora…─ Dijo en voz alta sin poder contenerse.
La mencionada sintió el nombre más que escucharlo. Sus ojos se clavaron en los heterocromáticos.
7:33 a.m.
Adora suspiró y Catra encogió las orejas, porque seguro ahora Adora pensaba que era rara. No era tabú, pero la gente no va por la vida leyendo el antebrazo de las personas en voz alta.
Adora se adelantó hasta la gatita, quien solo quería desaparecer.
7:34 a.m.
Adora se puso al lado de Catra y apenas podía creer lo que iba a hacer, pero hoy se sentía diferente. Casi como si otra Adora, una con más confianza y determinada, la impulsara. Hoy era el día. Estaba segura. Quería seguir escuchando su nombre de esos labios. Se atrevió a tomar de la mano a la magicat, como si siempre lo hubiera hecho. Y sus manos encajaron otra vez como una sola pieza.
Y la magicat la miró directo al alma. Sorprendida.
─Siento que te conozco de siempre… Cada mañana rechazo el directo y elijo este tren─ Le dijo en un susurro entrecortado. Lleno de emoción. Quería explicar solo un poco todo lo que sentía.
Entran a la sección del camino sin luces exteriores y las lámparas del vagón no alcanzan a iluminar del todo. La gente mira por las ventanas, dormita o pasan de un post a otro en sus celulares. La vida es sencilla, mundana y apacible.
Catra le aprieta la mano, incapaz de decir una sola cosa y Adora le sonríe, regalandole su confianza. El universo de pronto tiene sentido. Todo tenía que llegar a este momento preciso.
7:35 a.m.
Un impulso sin precedentes llena a Catra. Al resguardo de las sombras, suelta la mano de Adora, que no deja de mirarla a los ojos, resplandecientes, Catra le acaricia el rostro con cariño y cuidado, explorando la pequeña cicatriz que quedó en su ceja. El vagón a su alrededor no existe más, y solo con una mirada previa de duda, las dos se acercan lentamente hasta sentir sus alientos y al fin conocer sus labios. El primer beso de las dos.
─Te amo…─ Susurra Adora mientras junta su frente con la suya. Como si siempre lo hubiera dicho.
Y Catra recuerda que esas son las palabras en su antebrazo.
No tiene sentido. Ella no ha dicho una palabra más. "Adora" es la última palabra que el alma gemela de la mujer entre sus brazos va a decir. Y junto con la más sorpresiva y absoluta felicidad, el miedo súbito y frío llena su pecho. No entiende cómo ni por qué. Abraza a Adora fuertemente y hunde su nariz en su cuello, oliendo a hojarasca y caballos, a casa. Adora siente su inquietud y también la abraza hasta hundir su cara en el cabello castaño, con el corazón rebosante.
7:36 a.m.
El estallido.
8:11 a.m.
Glimmer está sentada en el lugar habitual de la cafetería en el que desayuna la mayoría de la semana con Adora y Bow, el cual se quedo dormido y le había avisado que iba un poco tarde. Adora ya debería de estar aquí.
Mientras se tomaba un café y veía su celular, la gente en la cafetería se empezó a levantar para ver una de las pantallas donde se estaban transmitiendo las noticias.
Glimmer volteó a ver también, y vio una escena de tragedia, con equipos de emergencia corriendo tras el reportero.
"Según los últimos reportes, fueron en total cuatro las explosiones sucedidas hace unos momentos en dos líneas diferentes del Sistema de Metro Central de Brightmoon. Se ha confirmado que uno de los trenes afectados fue el número 21713, con ruta Reina Angella a Puerta del Mar, de la línea 3…"
Le temblaban las manos… llamó al número de Adora y sonaba desconectado.
Notas de la Autora.
El 11 de marzo de 2004, entre las 7:36 a.m. y las 7:40 a.m., cuatro bombas estallaron en el metro de Madrid, dejando un saldo de 193 muertos y más de dos mil heridos, de distintas nacionalidades.
Entre los restos de las explosiones, se recuperó el diario de una usuaria del servicio, que relataba su vida personal.
Cuatro años después, La Oreja de Van Gogh lanza el sencillo "Jueves", cuyas ventas estuvieron destinadas a la asociación dedicada a ayudar a los afectados por el atentado.
Y hace un mes más o menos, hablando con la Chief Beifong, me recordó que esta bella pieza de música en español existía y aquí está mi aporte.
