Capítulo XVIII

Los personajes y algunos lugares de esta historia son creaciones de la gran maestra Rumiko Takahashi, yo los tomo prestados para dar rienda suelta a mi imaginación, la historia desarrollada es mía. Espero que la disfruten.

Monte Kumotori

Su respiración se notaba agitada, el sudor perlaba completamente su cuerpo y sus músculos se visualizaban tensionados a través de la empapada franela blanca sin mangas que llevaba puesta. -¡Hagámoslo de nuevo! - proclamó el trenzudo con un tono de voz que indicaba el esfuerzo realizado.

Sin duda los días para la tercera Luna Llena habían pasado raudamente, y a pesar de la transformación sufrida por Ranma cuando tenía la espada en sus manos - pues finalmente habia logrado transmutar la espada a voluntad -; el chico aún no lograba dominar ninguna técnica de ésta, cosa que lo desesperaba ampliamente.

- ¿Puedes explicarme de nuevo? - dijo mirando de reojo a la pelinegra que gracilmente se acercaba.

- Mira el Colmillo de Acero es una espada que utiliza el viento y la energía demoníaca de sus contrincantes para derrotarlos. Tiene otras técnicas excepcionales que con el tiempo y el uso eventualmente amo y espada podrían ir desarrollando, pero digamos que la más básica y poderosa, la que termina ayudándote a controlar todas las demás técnicas es el Viento Cortante. - contestó Aome mientras llegaba para posicionarse justo al lado del artista marcial.

-La técnica como lo dice su nombre se basa en el viento. Por lo cual es imperante que coloques toda tu concentración en sentirlo, en olerlo - sentenció la azabache mientras posicionaba una mano delicadamente sobre las manos del trenzudo que se asian fuertemente a la empuñadura del Colmillo, al tiempo que lo miraba tratando de darle algo de ánimo, pues intuía la desesperación que claramente embargaba el chico - Tu conexión con la espada es la clave, te escogió a ti por dueño, por eso se que podrás dominarla pronto - agregó la sacerdotisa terminando su explicación mientras soltaba al chico y tomaba distancia otra vez.

Allí iba otro intento fallido. -¡Mierda, mierda, mierda! - se maldecía internamente el artista marcial. Ciertamente no tenía idea de quien había sido en su otra vida pero en ésta sencillamente no se le estaba dando lo de la espada. Desde luego, lo suyo eran los combates cuerpo a cuerpo, las técnicas en la cual la energía empleada provenía de su propio ser y no del contrincante, definitivamente su estilo de lucha distaba mucho del que tenía que ver con la tizona, de hecho y si lo pensaba detenidamente nunca en su vida utilizó algo de ese estilo…hasta ahora. No obstante, y pese a la frustración que sentía por no lograr aún dominar la filosa arma, él era el gran Ranma Saotome y nada de lo que se propusiera lograr - y mucho menos algo que tuviera que ver con combates - lo sobrepasaría, su orgullo marcial se lo exigía además de que era lo única manera plausible para derrotar a los engendros que protegían las partes del espejo para lograr finalmente romper su maldición.

Así con todo esto en mente y concentrandose al máximo posible, inspiró vigorosamente una vez más y como tomando fuerzas a pesar de estar muy agotado, preparó su cuerpo para sentir el dichoso "viento".

Cuando al fin, sintió lo que a su juicio y según la explicación recibida le pareció la energía del Viento, alzó la espada y gritó reciamente -¡VIENTOOO CORTAAAANTEEE!- Sin embargo, nada sucedió.

-¡Maldición! ¡mierda!- bufó con rabia y decepción el chico de la trenza blanca. Aquello no estaba funcionando.

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El muchacho insistió en el asunto hasta que la caída del astro rey indicó la inminente llegada de la noche. Aome y la anciana Kadi tuvieron que apremiarlo prácticamente para tomar un descanso. Lo cual molestó notoriamente al Saotome. Las mujeres habían preparado una sencilla comida compuesta por sashimi de salmón con arroz y algunas verduras acompañados de un dulce amazake. Si bien la cena se apreciaba exquisita, la ira y la sensación de fracaso por parte del ojiazul, le hacían tener un sabor amargo en la boca y no pudo disfrutar de ésta, la cual consumió más por falsa cortesía que por agrado.

Terminados los alimentos, los tres se ataviaron para la misión que les esperaba y echaron a andar hacia el lago. Las dos sacerdotisas tomaron la delantera mientras que el trenzudo escogió quedarse unos cuantos metros atrás, prefería que ninguna de las dos viera en su rostro el mal gesto que llevaba por cuenta del fiasco con el entrenamiento. Y es que para su muy elevado ego como hombre más fuerte del Japón y posiblemente del mundo, un virtuoso de las artes marciales, un genio del combate y un superdotado en cuanto a desenmarañar los métodos de pelea se refería; esa maldita técnica (la del Viento Cortante) se estaba convirtiendo por primera vez en toda su vida, en un verdadero desafío insuperable, en un golpe directo a su autoestima y virilidad.

Al llegar al sitio determinado, los azabaches se tomaron de las manos para realizar el ya conocido procedimiento para su travesía, e igual a las anteriores veces, la luz violácea los transportó al lugar señalado por el mapa - Monte Kumotori -.

Aterrizaron en medio de una niebla tan espesa que no permitía ver en qué tipo de paraje se encontraban; continuaron tomados de las manos puesto que además de ser la manera más segura de garantizar que seguirían juntos también los hacía sentir confiados. Ciertamente aquellos momentos de desconcierto entre ellos durante los primeros días en que se conocieron habían quedado atrás y la cotidianidad que los conducía a enfrentar esto juntos logró- a través de las largas jornadas de entrenamiento de las últimas semanas y de los ya varios peligros que habían afrontado - crear una familiaridad inefable la cual fue inadvertida incluso para ellos. -Después de todo eran sus almas, viejos conocidos de otra era.-

Por un buen rato recorrieron a tientas el encapotado sitio sin dar con nada en concreto, y es que aunque trataban de mantenerse calmos, una punzada en el cuerpo les indicaba que algo los observaba en medio de la bruma - Siendo esto más que una obviedad -.

Repentinamente una especie de tentáculo gigante tomó con fuerza el tobillo de Aome y la haló con tal fiereza y rapidez que el agarre de manos de los azabaches se vio interrumpido en un abrir y cerrar de ojos, mientras la sacerdotisa desapareció entre la bruma gritando con pavor el nombre de su compañero - ¡Ranmaaa! -

Al muchacho le bastaron dos segundos para desenfundar al Colmillo y verse transformado en su versión han'yō, para luego echarse a correr velozmente en la dirección hacia la cual la pelinegra había sido arrastrada, aunque infructuosamente, pues no logró alcanzarla.

-¡RANMAAA AYUDAMEEE! - gritaba a todo pulmón su compañera; pero en cuanto localizaba de dónde provenía el sonido y se dirigía a la ubicación, de nuevo se escuchaba en un lugar totalmente diferente la misma súplica - ¡RANMAAA AYUDAMEEE!-. Así pasaron varios minutos, corriendo de un lado a otro a ciegas en medio del plúmbeo velo que no le permitía ver más allá de su nariz, mientras que la voz de la Higurashi empezó a desfallecer y se hizo más tenue.

La urgencia y la desesperación hicieron presencia en las emociones del ojidorado. - ¡AOME, AOOOOMEEE, continúa hablando Aome, no guardes silencio! - le decía con un tono de voz apremiante.

-JAJAJA - se escuchó una risa siniestra entre la niebla.

-Si no te apresuras se te va a morir de nuevo, jajaja - agregó como canturreando la misma voz a la que pertenecía la risa.

-¡Maldito, devuelveme a Aome!...Ven y enfrentame con honor, o ¿acaso te da miedo? - sentenció lleno de ira el trenzudo, mientras empuñaba la espada frente a sí como preparándose para asestar un golpe.

-¡JAJAJAJA! - rió aún con más vigor la voz - Ni 500 años han sido suficientes para quitarte la estupidez. ¡¿Honor?! Cuando entenderás que para seres como yo el honor no significa nada, lo único importante son mis propios intereses no importa el costo, obviamente para un ser híbrido como tú que está repleto de todas las falencias humanas esto es inimaginable - se oía la voz rebotar en una especie de eco sin poder identificar de dónde provenía - ¿Enfrentarme a ti? Jajaja. No lo necesito, solo debo esperar a que el veneno en mi neblina acabe con ustedes y de una vez por todas finalizaré el cometido que mi señor Kuruimaru no pudo lograr hace siglos. - dijo con seguridad burlona la voz.

El ojidorado se llenó de furia al oír esas palabras y replicó. - ¡Eres un cobarde, un engendro debilucho que se esconde tras una cortina, no mereces existir! -

- JAJAJA, lo que un mitad demonio piense, me tiene sin cuidado - aunque en realidad lo que el han'yō vociferó si logró calar en el orgullo del monstruo.

- Seré un híbrido y un mitad demonio - dijo el chico sin saber del todo que significaban esas palabras - y aún así valgo mil, que digo mil, valgo diez mil como tú, los otros que enfrenté claramente eran mucho más valientes - replicó con voz sarcástica el artista marcial.

- Jajaja - rió falsamente la voz. - ¡Está bien estúpido, si tanto lo deseas, terminaré contigo de un solo golpe! - gritó la criatura en réplica a la ofensa que acababa de recibir, mientras alzaba una descomunal extremidad contra el artista marcial.

El golpe no se hizo esperar y llegó por la espalda de Ranma tan contundente y violento, que el trenzudo sintió como si la médula se le hubiera desprendido del cuerpo. Inadvertidamente un enorme tentáculo lo había lanzado varios metros y aunque el peliblanco había caído desprolijo, no soltó la espada.

-¡Ves maldito! Esto es lo que se saca de la misericordia. Yo quería que murieran sin necesidad de destrozarlos, solamente dejaría actuar mi veneno para luego devorar sus vísceras. Les quería dar una muerte tranquila - dijo la voz, con odio y arrastrando cada palabra para dar más énfasis - Pero la compasión solo les da la esperanza a basuras como tú para que se crean con el derecho de hablar sin ningún respeto - agregó la criatura.

En rafaga distintos tentáculos comenzaron a atacar al artista marcial, ante los cuales el susodicho blandía el Colmillo a modo de defensa, logrando hacerles unas cuantas cortadas pero que en realidad no eran más que rasguños superficiales para las colosales extremidades, mientras que en contrapartida el ojidorado recibía cada vez más daño y se debilitaba.

Decidió entonces evadirlo con las pocas fuerzas que le quedaban, e inició a saltar evitando los tenaces golpes. Entre la preocupación por Aome - de quien no se escuchaba réplica alguna hace ya un buen rato - y la impotencia de no poder usar como era debido la dichosa espada, su mente no lograba elucubrar ni siquiera una sencilla estrategia para contraatacar.

Se encontraba al borde del desespero y a punto de mandar a la porra la filosa arma para al menos intentar atizar un topetazo con alguna técnica suya, a lo que fuera del monstruo, cuando súbitamente escuchó su voz; suave y pausada pero su voz, era Aome. En medio de la pelea el engendro la había depositado en el suelo para que no le estorbara y sin proponérselo condujo a Ranma directo a ella.

- Ranma escúchame atento: Cierra los ojos. Siente el viento. Siente la energía demoníaca. Confía en tu espada. Hazlo Ranma, hazlo,yo sé que puedes - dijo con apenas un hilo de voz la frágil mujer al tiempo que dió suspiro y se desmayó.(Ya para ese momento la sacerdotisa había estado expuesta al veneno por demasiado tiempo).

El peliblanco se angustió aún más ante la escena, sin embargo no titubeó, no permitiría por nada del mundo que Aome o él muriesen en aquel lugar; así que con toda la determinación que tenía procedió a hacer lo que la pelinegra le pidió y cerró sus ojos decidiendo confiar en su arma. Pues no tenía más opción.

De nuevo levantó la acerada tizona frente a él, aspiró enérgicamente y solo espero. De pronto el aire se percibió diferente, y sintió un olor diferente al suyo y al de Aome, era el engendro. Y como si su olfato hubiese desencadenado toda una reacción en sus sentidos, también pudo escuchar como la viscosidad de la criatura se movía por el suelo dirigiéndose hacia ellos.

Cuando el monstruo abalanzó uno de los tentáculos para atracarlo otra vez, Ranma abrió sus ojos y pudo por fin vislumbrar a través de toda la bruma un remolino de viento que se dirigía hacia él, y que contendía directamente con un viento formado alrededor del Colmillo y en medio de estos dos una abertura que crecía. No supo en ese momento si fue su increíble intuición o el conocimiento de su alma en la vida anterior, pero logró entender que era allí donde debía lanzar el ataque. Esa era la tan mentada energía demoníaca de su contrincante.

Tomó la gran espada con fuerza, la llevó lo más alto que pudo y gritó con resolución - ¡VIENTOOOO CORTAANTEE! -

En un santiamén una explosión de energía fulgente fue liberada, la tecnica había liberado como zarpas un remolino tajante, haciendo que trozos de carne cayeran a su alrededor desperdigados por todas partes - ¡Aaaaaahhhhh desgraciado, ¿como es posible? Malditoooo! - chilló la criatura mientras se desvanecía.

Hecho esto, la pesada niebla empezó a desaparecer, y lentamente se pudo visualizar donde se encontraban. Sin duda alguna ese sitio era el punto más alto de aquel inmenso Monte; la claridad que ofrecía la Luna dejaba apreciar las hermosas flores silvestres rojas y amarillas que adornaban aquel elevado paraje, y en medio de lo que en otro tipo de circunstancia parecería un confortable colchón para observar las estrellas, se encontraba la hermosa pelinegra pálida como una hoja e inmovil en el suelo; era evidente que no se encontraba nada bien.

Para Ranma resultó obvio que era imposible ayudarla en ese sitio, no se necesitaba ser un genio para entenderlo, así que no perdió el tiempo intentando hacerla reaccionar. Decidió astutamente dada la situación, buscar con premura el trozo de espejo, el cual encontró en medio de un montón de polvo, - cosa en lo que se transformó aquel monstruo - enfundó al Colmillo de Acero y procedió a tomar en brazos a la inconsciente sacerdotisa.

Continuará…..

Notas de Autor:

Como siempre quiero agradecer infinitamente a quienes se toman el tiempo de leer y apoyar esta historia. En esta ocasión deseo enviar un saludo muy especial a Annie Perez. Muchas gracias bella por seguir esta historia.

Y como siempre espero les guste el capítulo. Un abrazo.