Luego del breve y un tanto confuso intercambio de palabras, nuestro interesante par se encuentran ahora sentados en una pequeña mesa dentro del café. Desde la ventana puedo observar lo mucho que detalla mi querida Mikasa al hombre frente a ella.
A mí parecer, su interés es totalmente comprensible, Mr. Positivismo, como ella le llama, aunque el nombre es bastante contrario a su verdadera personalidad, pero eso aún no lo sabe, es un muchacho de tez clara, cabello liso negro, recortado en un estilo militar, aun cuando nunca ha sido parte de la milicia; de rasgos finos, tan finos que a veces creo que es poseedor del efecto Pigmalión, una estatua que cobró vida y camina libremente por el mundo, pero no, yo incluso lo vi nacer, así que es tan humano como todos los demás. Sus ojos de un azul profundo, similares a mi cielo nocturno, reposan sobre la muchacha con su característico gesto de aburrimiento, aunque percibo una ligera chispa que los ilumina desde adentro... interesante.
Ambos están sentados ahí sin dirigirse la palabra, concentrados en las tazas depositadas sobre la mesa, hasta que ella decide que ha tenido suficiente y toma la iniciativa. —Me dijiste que nos reuniéramos acá para conocernos mejor y ni siquiera hablas. —Le dijo, frunciendo el ceño.
—¿Eso dije? —Respondió él sin inmutarse.
—Sí. Me escribiste que eras un hombre chapado a la antigua y que preferías que nos conociéramos de esta forma, hasta pusiste una carita feliz.
—¿Una carita feliz? —Preguntó cambiando por fin su expresión a una de sorpresa. —Ya está, los voy a matar. —Agregó, mientras se tomaba con ambas manos la cabeza.
—¿Eres bipolar acaso?
—Si te digo que sí, ¿eso sería suficiente para finalizar con esto?
—No. Me hiciste venir hasta acá, así que, si tu bipolaridad será el único tema por tocar, al menos me contarás a detalle tu diagnóstico. —Dijo enojada.
—Eres una persona bastante rara.
—¡Pfff! No más que tú, Mr. Positivismo. —Le dijo con un sonoro bufido, mientras se cruzaba de brazos.
—¿Perdón? ¿Te parezco alguien a quien le podrías colocar ese mote? —Preguntó señalándose a sí mismo. Verás, hay algo de la apariencia de Levi que no te comenté anteriormente. Si bien el hombre parece como tallado en mármol por un diestro cincel, bajo sus intensos ojos azules se distinguen unas ojeras bastante marcadas, que lo han acompañado desde la pérdida de su madre. Estas, en conjunto a su mirada fría, su gesto apático y su boca que siempre mantiene las comisuras hacia abajo, dan la sensación de que, para él, el mundo es un retrete gigante. Y, de hecho, eso es justo lo que piensa. Muy diferente a lo presentado en Tinder, ¿verdad? Bueno, eso dejaré que él lo explique.
—Según lo que decía tu perfil, sí. Pero, ahora que te veo, dudo que disfrutes los paseos por el bosque, y no creo que llores viendo Juego de Gemelas. Eso se llama Catfish, amigo mío.
—Número uno: no somos amigos. Y número dos: No le estoy haciendo Catfisha nadie, porque yo no quería tener esta cita en primer lugar. —Le dijo en tono molesto, enumerando cada afirmación con sus dedos.
—Dime, desconocido. Si no querías tener una cita, entonces ¿Por qué demonios abriste un perfil en el maldito Tinder? —Le dijo ella, levantando los brazos, exasperada. Yo también estaría igual, por muy guapo que el chico sea, su apateísmo le resta varios puntos.
—Oye no grites. Tampoco es para que te enojes. —Respondió él con gesto de fastidio.
—¿No es para que me enoje? Me hiciste venir a una cita en persona, como un maldito psicópata; ya que estoy acá, te presentas con un estilo punk, totalmente opuesto a cómo te describías en tu perfil, nuevamente cual maldito psicópata; ruegas desesperadamente porque me vaya a casa; no me diriges la palabra y cuando lo haces insinúas que quizás eres bipolar; dijiste abiertamente que ibas a matar a alguien; y además eres un idiota grosero. Han sido demasiadas banderas rojas, amigo psicópata. Así que habla antes de que llame a la policía y comience a gritar.
—Mi estilo no es punk, es grunge. —Le dijo, realmente ofendido.
—Oh vaya, eso resuelve muchas cosas. Será mejor que me vaya, igual tú no querías "esta cita" en primer lugar. Sabía que no debía intentar conocer gente a través de una aplicación, eso me pasa por pedirle consejos a Poe, gato tonto. —Decía refunfuñando, mientras rebuscaba su billetera entre su bolsa.
—Espera, ¿tú gato se llama Poe? No pareces el tipo de chica que gusta de la literatura de horror. —Mencionó casualmente, mientras enarcaba una ceja.
—Y tú no pareces del tipo que se preocupa por la naturaleza. Pero ya ves, aquí estamos.
—Oye, puedo vestirme como yo quiera y abrazar a los árboles. Una cosa no tiene que ver con la otra.
—Y yo puedo nombrar a mi gato como yo quiera. Una cosa no tiene que ver con la otra.
—Bien. Tienes un punto válido. No te vayas, yo... en serio lo siento. No debería desquitarme contigo por algo que es un diez por ciento mi culpa. Verás, el perfil sí lo cree yo, de manera irónica al menos. Básicamente, mis hermanos me obligaron, fueron ellos quienes te respondieron los primeros mensajes, por eso las caritas sonrientes. —Dijo, entornando los ojos.
—¿Creaste un perfil en una aplicación de citas sólo porque tus hermanos te obligaron? —Preguntó ella aún incrédula.
—Sí. Las opciones eran o crear un perfil, o esperar a que ellos me presentaran a alguien. Y, créeme, no iba a aceptar pasar por esa tortura... no otra vez. —Dijo, estremeciéndose.
—¿Tan traumático fue? —La curiosidad la embargaba de a poco, este personaje se estaba tornando cada vez más y más interesante ante sus ojos.
—Decidieron que emparejarme con una maestra de kínder era una buena idea. Y ella pensó que sería grandioso que para nuestra "primera cita" pasara por ella al salir de su escuela. —Dijo suspirando con fastidio, sorbiendo su taza de té, la cual tomaba de una manera poco ortodoxa.
—Eso suena...
—¿Cómo una horrible tortura? Sí, lo fue. —Interrumpió él.
—No, yo no creo que suene tan mal, en realidad.
—Hice llorar a un par de niños cuando me vieron. Algunos padres de familia me entregaron sus pertenencias, pensando que estaba ahí para asaltarlos o algo. Incluso llegó la policía. Fue un gran día. —El sarcasmo era palpable en su tono.
—¡Qué exagerados! Tampoco te ves tan así.
—Díselo a los buenos vecinos que viven en los suburbios.
—Ok. Tienes razón. Justo en esos barrios fue donde me rociaron con agua bendita una vez, desde ese día juré no volver a poner un pie ahí. —Dijo ella, recordando ese terrible momento.
—¿A ti? Dudo mucho que alguien pueda decir algo negativo de ti por como te ves, quizás por tu carácter, pero por tu apariencia no creo.
Mikasa respiró profundo antes de responder. —Lo tomaré como un cumplido y omitiré la segunda parte, por tu bien. Si me vestí así hoy, fue porque no te quería asustar, bueno no a ti, sino al personaje que presentaste en tu perfil. A mí en realidad me gusta la moda gótica. —Dijo, agachando la cabeza con vergüenza.
—Mmmm interesante, creo que lo gótico va contigo. Sé honesta, te encantó la parte en la que lloro y recolecto mis lágrimas para reutilizar el agua. De seguro pensaste ¡qué chico tan sensible! —Dijo con una sonrisa ladina.
Ella se sorprendió por un momento de la actitud del hombre ante su confesión sobre su verdadero estilo. Ni siquiera pareció importarle y eso a ella le parecía algo tranquilizador. —No. Para ser sincera, iba a eliminarte, pero gracias a mi gato, terminé tirando el teléfono y deslicé hacia arriba sin querer. Creo que al final, yo tampoco tenía muchas ganas de venir a esta cita. Lo siento mucho.
—No tienes por qué disculparte. Si tu objetivo en realidad era rechazar el perfil, entonces cumple con su propósito. Lo escribí de manera que las personas pensaran que era demasiado, como un hippie naturalista llevado a los extremos. Pensé que eso asustaría a cualquiera. Era eso o escribir cosas como: "amo oler mechones de cabello" o "hobbie favorito: afilar mi colección de cuchillos de carnicero en las tardes soleadas", pero, mis hermanos me advirtieron que, si creaba algún personaje que diera a entender que era algún asesino en serie, no me dejarían jamás en paz. Así fue como Mr. Positivismo vio la luz, ha sido rechazado tantas veces que realmente me hace sentir orgulloso. Aunque ellos se enojaron de que encontrara un vacío legal en su amenaza.
—¿Y si te acepta alguien que es tan positiva como tu personaje? —Preguntó curiosa.
—Ya pasó una vez. La pobre chica corrió asustada cuando me vio. De hecho, acepté venir hoy porque se me hacía de muy mala educación cancelar algo que mi "supuesto yo" había propuesto, y pensé que al ver quien era realmente te irías por voluntad propia, justo como con esa otra chica.
—¿Por qué te molestan tanto las citas?
—No me molestan, solo detesto que me quieran emparejar con alguien a la fuerza. Además, no soy muy bueno en las relaciones, como ya viste, no doy una primera buena impresión; nunca entiendo las indirectas; no soy bueno con las palabras y menos cuando se necesita hablar de sentimientos; a veces me centro mucho en mis propios pensamientos y me acusan de que no presto atención... y así podría seguir enumerándote mis defectos. Mejor dime, ¿Cómo fue que caíste en el bajo mundo de las aplicaciones de citas? Recuerda que soy un hombre chapado a la antigua y estamos aquí para conocernos mejor. —Dijo él en un tono más relajado. En todo el tiempo en el que he observado a Levi, nunca lo había visto tan conversador, abriéndose tanto y más frente a alguien extraño para él. Creo que Mikasa había logrado hacer que se sintiera tranquilo, tan tranquilo como para decir más de tres frases sin enojarse.
—No creo que sean defectos, es la realidad al menos. Mi historia es más o menos similar. —Comenzó a decir con un suspiro. —Tampoco he sido muy buena con las relaciones, a mí me acusan de ser demasiado directa y a veces un tanto fría y que siempre estoy a la defensiva. Pero ¿Cómo no estarlo? Cuando todos los chicos con los que he salido, en algún punto han intentado "discretamente" modificar el como me visto.
—Déjame adivinar, llegan con una nueva prenda que "creen que te quedará muy bien" normalmente con colores chillones o estampados horribles que sabes que nunca en tu vida usarás.
—Exacto. Y te hacen sentir culpable por no quererlo, pero es que simplemente es horrible y no va contigo.
—Pero te lo pones igual para que esa persona no se sienta mal, aunque por dentro...
—Te sientas el ser humano más miserable del planeta. ¡Exacto! —Dijo ella, alzando los brazos al cielo, como agradecida de que alguien al fin comprendiera su sufrimiento.
—Y te sueltan frases como: "¿Dónde es el funeral" "Vestirse de negro es demasiado triste, deberías agregarle algo de color"
—"Ese color te hace ver demasiado pálida" "Son demasiados accesorios, ¿no crees?" "Para ser una estudiante de moda, deberías vestirte mejor" Ash, como los odio.
—Espera, ¿estudiante? ¿Cuántos años tienes? —Preguntó él de manera repentina, tomando una pose más erguida.
—Veintidós. Estoy en mi último año de la universidad.
—Ya veo. Creo que esta charla fue maravillosa, pero será mejor que me vaya. —Soltó él, comenzando a levantarse de la mesa.
—Espera, ¿por qué te vas? ¿dije algo malo? —Preguntó confusa.
—No. Pero, en mi perfil falso había dos cosas que sí eran verdaderas, mi nombre y mi edad. Te llevo ocho años. Y no quiero que pienses que soy un tipo raro que acosa mocosas. —Le mencionó, mientras se encogía de hombros.
—Nunca creí eso, o sea al principio si pensé que eras un psicópata, pero no por la edad, eso a mí no me molesta. Soy mayor de edad y sólo estamos conversando. ¿o es otra de tus tretas para terminar con esto?
—No. Creo que hasta empiezo a disfrutarlo, de hecho. Sólo pensé que la disparidad te podría molestar. —Dijo tímido, mientras retomaba su asiento.
—Bien, porque yo no me la estoy pasando tan mal tampoco.
—¿Quieres pedir otro café? Yo invito.
—Sólo si me cuentas cómo es que tus hermanos tienen tanto poder sobre ti.
—No es el poder que tienen sobre mí... —pausó para llamar a la mesera y solicitar sus nuevas bebidas para continuar con la velada.
—¿Entonces?
—Es lo molestos que pueden llegar a ser a veces. Prefiero decirles que lo intenté y no funcionó, a tenerlos encima de mí, enviándome fotos de diferentes chicas o mensajes constantes con nuevos contactos para que yo les hable.
—Siendo así, creo que tienes razón. Suenan como mi mamá y su insistencia para presentarme al exitoso hijo doctor de un amigo en común. —Dijo, haciendo una mueca de disgusto. —El tipo intentó hacer que me pusiera un vestido rosa, para llevarme como su acompañante a una convención de medicina. Lo que me recuerda... a ti te he visto antes.
—¿Ah sí? ¿En la estación de policía? Tienen una foto mía ahí, tengo mala fama por peleas clandestinas en la calle.
—No.
—Ok, entonces olvida lo que dije. Soy un ciudadano ejemplar.
—Ajá, claro. ¿Has ido a las convenciones de artes oscuras que se celebran en octubre? —Lanzó la pregunta con un tono que denotaba un poco de emoción.
—Claro. Soy miembro honorario desde que tenía quince años. —Le mencionó sin emoción, encogiéndose de hombros.
—¡Lo sabía! Eres el tipo serio que siempre veía hasta atrás del grupo, sin convivir con nadie. Siempre quise hablarte, porque te veía en cada evento al que yo asistía, pero me daba miedo que fueras agresivo o algo.
—¿Agresivo? ¿Luzco como alguien que muerde a la gente sin razón alguna o algo así?
—No, pero me acabas de decir que en la estación de policía te tienen fichado por peleas clandestinas. Eso confirma un poco mi teoría.
—Solo golpeo a los idiotas que se lo merecen. —Dijo molesto. —Aunque ahora entiendo por qué la gente no me hablaba en esos eventos. —Añadió pensativo.
—Ahora que ya sé que no eres agresivo, te hablaré cuando te vea por allá. —Le dijo ella con una sonrisa.
—Y yo te morderé para enseñarles a los demás que no deben hablarme. —Dijo bromeando mientras veía como ella le hacía un puchero. Su conversación fue interrumpida por el teléfono de él que vibró insistentemente por algunos segundos, había recibido varios mensajes de texto. —Disculpa, es mi hermana, quiere saber cómo me fue y si ya te asusté.
—¿Y qué le vas a decir? —Preguntó, mientras daba un sorbo a su Cappuccino.
—La verdad. Que todo está bien y que, gracias a un gato nombrado en memoria de mi escritor favorito, ahora estoy conversando con una chica que me parece realmente interesante. —Le dijo, respondiendo a los mensajes y viéndola de reojo.
—Es curioso, ¿no crees? Como la noche cambió tan rápidamente. —Dijo ella con un ligero rubor cubriendo sus mejillas, contemplándome por la ventana, y haciendo alusión a su propia situación.
Y en realidad, la palabra "curioso" se quedaba corta para nombrar a la cadena de situaciones que debieron ocurrir para que esta reunión no deseada se concretara, dejando a los involucrados sumidos en un creciente interés mutuo que los hacía querer conocerse más. Así como la noche puede cambiar, tu percepción de un extraño también, si te das a la tarea de conocerlo mejor. Y la historia de estos dos, apenas comienza.
