Son casi las dos de la madrugada, llevo ocho horas de mi perpetua faena en esta zona horaria y aún me faltan muchas más. Pero no te preocupes por mí, no siento cansancio, no siento nada de hecho; sólo observo y escucho como la sombra que soy cuando el poderoso Ra no está presente. Ahora, puedo ver atentamente como Mikasa acomoda los premios recibidos en la feria, entre los compartimentos laterales de la Harley de Levi. Él la ayuda amarrando con firmeza los globos a su muñeca, sin lastimarla, en un gesto amable y delicado. Veo como ambos se suben al vehículo para iniciar el recorrido hasta la casa de la muchacha, envueltos por mi ala oscura y coronados por esos orbes que se queman a años luz de distancia. Ella se aferra fuertemente a la cintura de él, aún con la chaqueta puesta, ocultando su rostro de la helada brisa, detrás del hombro masculino, mientras las calles se ven difusas a los lados. La veo aspirar profundamente, embriagándose de su fresca esencia, un olor agradable a su gusto, aparentemente.
El contemplar esta escena trae a mi memoria los relatos antiguos de los seres humanos separados por la poderosa fuerza brutal de Zeus, condenados a vagar por el mundo en busca de su otra mitad. Frente a mí, dos almas incompletas se han reunido al fin y vuelan a toda velocidad unidos como uno solo, brillando como las luces neón que los acompañan en su camino. Poético ¿No te parece?
Han llegado a su destino, ella se baja del vehículo y retira con cuidado sus figuras de felpa, recuerdos de momentos que no olvidará jamás.
—Muchas gracias, por traerme, por llevarme a la feria, por escucharme, por todo. —Dijo, colocando con timidez uno de sus negros mechones detrás de su oreja.
—Gracias a ti, por no llamar a la policía. Eso hubiera dañado mi récord de buen ciudadano, y realmente quiero esa medalla este año. —Respondió él, bromeando, mientras pasaba una mano sobre su propio brazo.
—¡Oh, cierto! aquí está tu chaqueta, gracias por eso también. —Habló, mientras se despojaba lentamente de la prenda.
Él la recibió asintiendo y colocándola nuevamente sobre su cuerpo. —Bien, es tarde, será mejor que me vaya. —Le dijo, mientras se subía la cremallera.
—Ah, ok. Buenas noches, entonces. —La voz de la chica sonaba ligeramente decepcionada. Aunque, tomando una bocanada de aire para reclutar el valor que necesitaba en ese momento, se acerco a él y depositó un casto beso en su mejilla, casi rozando la comisura de su boca. —Adiós, Levi. —Dijo y se alejó rápidamente hasta llegar a la gran puerta de la entrada. Una vez adentro del edificio, caminó presurosa hasta su apartamento, en donde la ventana de la pequeña cocina daba directamente a la calle principal. La abrió rápidamente y lo vio ahí, aún estático sobre la motocicleta, observando la dirección en donde ella había desaparecido hacía unos minutos. Poe la observaba curioso desde el suelo, ella decidió alzarlo en brazos y asomarse nuevamente por la ventana para despedir por segunda ocasión a aquel con quien había tenido la mejor cita de toda su vida. Él reaccionó al ver la peluda mancha negra que movía su patita gracias a su dueña que hacía con él un gesto de despedida, tímidamente levantó su mano y con un movimiento casi robótico, los despidió a ambos y arrancó para retirarse.
Gracias a mí, el rubor que cubría sus facciones era imperceptible para el ojo externo, sin embargo, el calor que embargaba su cuerpo entero no podía ser ocultado. Él lo atribuyó a la pesada chaqueta de cuero que había regresado a su posesión, pero internamente sabía que había sido generado por cierta chica portadora de un vestido rojo. Viajó a toda velocidad, dejándose embriagar por las sensaciones de esa noche, sonrió para si mismo como no lo había hecho nunca en sus treinta años de vida, y se dejó ser feliz por unos instantes. Buena suerte, error, o quizás un simple capricho del destino, fuera lo que fuera, esta había sido, sin duda, la mejor cita de su vida.
Mikasa cerró la ventana al momento en que dejó de divisar la motocicleta que se alejó en las cuadras aledañas. Suspiró profundamente y contempló al felino que ronroneaba sobre su pecho. —Creo que te debo una recompensa, pequeño amigo. —Le dijo en un susurro, mientras acariciaba el pelaje oscuro. —Aunque no mencionó en ningún momento una segunda cita, ni siquiera dijo nada de volvernos a ver. ¿Quizás hablé de más? Es la primera vez que nos conocíamos y casi le cuento toda la historia de mi vida, ¡Carajo! Ni siquiera le pedí su número de teléfono, tal vez ni siquiera quiso dármelo. —Cada vez sonaba más abatida. —Nada que sea demasiado bueno puede durar para siempre, ¿No crees, Poe? —Suspiró derrotada. —Será mejor que nos vayamos a dormir ya, al menos te tengo a ti, pequeño mefisto. —Bajó a su mascota y se dirigió triste a su habitación, abrazando a sus nuevos amigos inertes, quienes la acompañarían de ahora en adelante.
Mientras, en el otro extremo de la ciudad, Levi entraba a su hogar. Decidió, antes de hacer cualquier otra cosa, darse un baño para eliminar la mugre y los gérmenes que sentía que cada vez se esparcían más por todo su ser. Luego de un rato, ya relajado y limpio, según sus estrictos estándares, tomó su teléfono; en la pantalla inicial se leían once notificaciones de mensajes que no habían sido aún abiertos. Diez correspondían a su hermana que lanzaba preguntas esporádicas sobre su acompañante y el desarrollo de la cita, y un solitario mensaje que lo hizo tornar los ojos y bufar exasperado, decidiendo que lo mejor sería ignorarlo por el momento. Revisó nuevamente los mensajes de Isabel, fijándose en el último que había sido recibido, «Será mejor que me llames en cuanto pongas un pie en tu casa, o si no, le diré a Farlan que me lleve y no te dejaré en paz». Una amenaza simple y quizás sosa para algunos, pero él que conocía a detalle el carácter y personalidad de su hermana adoptiva, sabía realmente de lo que era capaz, la sola idea lo hizo estremecerse por completo, por lo que, con premura decidió marcarle.
—¿Hola? —Su voz sonaba ronca debido al sueño interrumpido.
—Me dijiste que te llamara en cuanto estuviera en casa. —Dijo él mientras se recostaba sobre su cama.
—¿Cómo te fue? ¿Es tan bonita como se mira en las fotos? ¿Se enojó por lo de tu estúpido perfil? Te dije que era mala idea, pero nunca me escuchas, ¿En serio te pareció interesante? ¿Cuánto tiempo duró la cita? ¿De qué hablaron? No lo arruinaste, ¿verdad? Dime por favor, que no lo arruinaste. —Los rastros de sueño se habían perdido al momento de escucharlo hablar al teléfono.
—Hey, hey, hey. Calma, que esto no es un maldito interrogatorio. —Interrumpió exasperado. —Estuvo bien, mejor de lo esperado, de hecho. Sí, es muy bonita, realmente hermosa. Al principio si se enojó, pero luego le expliqué y fue muy comprensiva. Y es una idea genial para los que aprecian el humor irónico... y será mejor que no estés torciendo los ojos, pequeña mocosa. —Advirtió, al escuchar el silencio prolongado en la otra línea.
—¿Cómo demonios haces para saber eso? A veces siento que tienes cámaras escondidas en esta casa. —Le dijo sorprendida.
—Tch. Lo que hagan ustedes dos ahí, no me interesa, pero te conozco y sé cuándo tuerces los ojos. Siguiendo con las respuestas a tu interrogatorio... Sí, es una mujer muy interesante, tenemos muchos gustos compartidos también. Hablamos de muchas cosas, cine de terror, música, anécdotas. Es una asistente ferviente a las convenciones de artes oscuras, igual que yo. —Su asombro solo crecía al reconocer en voz alta las similitudes que compartía con Mikasa.
—Guau. Encontraste a alguien igual de rara que tú. —Dijo su hermana con genuino asombro.
—Se le llama gente con gustos sofisticados y diferentes, no raros. Gracias. —Bufó molesto.
—Guau. Encontraste a alguien con gustos igual de sofisticados y diferentes que tú. —Replicó ella en tono de burla.
—Cállate. Si te vas a burlar, ya no te cuento nada. —Le advirtió.
—No, no, no, no. Lo siento, ya no digo nada. Cuéntame ¿Acabas de regresar? ¿La llevaste hasta su casa? No la habrás dejado botada por ahí, espero que no porque eso no sería nada caballeroso de tu parte.
—Buf. Claro que la llevé a su casa, no soy un desalmado sin corazón como para dejarla sola vagando por ahí en este basurero.
—Bien. Entonces pasaste un rato agradable, te comportaste y no lo arruinaste, no tienes idea de la paz que siente mi alma en este momento. Ahora, dime ¿Cuándo saldrán de nuevo? Porque la invitaste a una segunda cita, ¿verdad? —Ella esperó paciente, sin embargo, su interlocutor permaneció en silencio. —Levi Ackerman, ¡Dime que la invitaste a una segunda cita!
—Tengo recuerdos vagos de las cosas que fueron o no dichas en esos momentos específicos... —Comenzó él, divagando en su respuesta.
—No quieras darme largas con tus frases rebuscadas, ¿La invitaste o no? —Habló casi gritando.
—Creo que no. —Admitió cerrando los ojos con fuerza.
—¡Idiota! Al fin encuentras a alguien que te agrada y la dejas así sin más, sin una pista de que se volverán a ver. —Isabel habló con enojo.
—No la dejé así sin más, le dije buenas noches, creo. —Dijo, apretando con fuerza el puente de su nariz.
—Es que, si te tuviera en frente, te golpeo por tonto. —Su tono sonaba en extremo exasperado, pasando una mano de manera pesada sobre su rostro, frustrada. —Bien, no todo está perdido. Escríbele un mensaje con algo bonito sobre lo mucho que te gustó compartir con ella y luego la invitas. —Dijo más tranquila, retomando su compostura.
—Esa es una muy buena idea, y lo haría, pero...
—¿Pero? ¿Acabas de decir "pero"? —Nuevamente el enojo se agolpaba en su garganta.
—No tengo su número. —Admitió avergonzado.
—¡¿No se lo pediste?! Hermano, te quiero mucho, pero a veces dudo de tu inteligencia. —Su voz denotaba su frustración ante la incompetencia social que demostraba Levi.
—¡Sabes que no soy bueno en estas cosas!
—¡Ya me di cuenta! ¿Y por qué no le escribes en Tinder?
—Otra grandiosa idea, Isabel. Pero desinstalé esa maldita cosa a los dos días de haber creado el perfil. Fuiste tú la que le respondiste los mensajes ¿Recuerdas? —Estaba enojado, consigo mismo por haber arruinado algo que en realidad quería mantener.
—Bien, le escribo yo entonces. —Dijo ella, desplazándose en sus aplicaciones hasta encontrar la que buscaba.
—¡No te atrevas! —La detuvo él de manera repentina, —Si le escribes sabrá que no soy yo y será raro que use a mi hermana para comunicarme con ella. Yo, lo arreglaré. Iré mañana a tu casa y le escribiré yo personalmente para pedirle su número, ¿Ok?
—Eso suena bien. Le diré a Farlan que compre palomitas, verte a ti interactuando con una chica será todo un espectáculo. —Habló ahora más animada.
—Duérmete, ¿Sí? Los veo mañana, saluda al tonto de mi parte.
—Ok, ok. Descansa Levi, sueña con tu chica de gustos refinados. —Se despidió con una sonrisa, dejando al muchacho nuevamente abrumado, pues el pensar en ella hacía que su mente reprodujera todas las imágenes y escenas agradables de ellos dos compartiendo momentos en una ruidosa feria. Su risa sonora mientras daban un paseo por la montaña rusa, su mirada de asombro cada vez que él ganaba un nuevo premio y como envolvía cada uno de los muñecos en un suave abrazo. Sonrió ligeramente pensando en ello, hasta que mentalmente se golpeó por ser tan retraído y no ofrecerle un segundo encuentro. Isabel tenía razón, a veces podía ser bastante idiota. Suspiró derrotado y decidió distraerse revisando su teléfono, leyó nuevamente aquel mensaje que lo había molestado y decidió que lo mejor sería responder o la persona seguiría insistiendo hasta que obtuviera lo que necesitaba. Tecleó rápidamente, «No te preocupes, estoy trabajando en ello. Los plazos de entrega serán respetados» Nuevamente, suspiró cansado y se puso de pie, si quería evitarse problemas, debía ponerse en marcha. Una alerta de su aplicación de noticias de veinticuatro horas llamó poderosamente su atención, en el titular se leía "Hombre es hallado muerto, fue acuchillado hasta morir. El cuerpo de investigación de la policía ya se encuentra trabajando en el lugar de los hechos".
Revisó rápidamente la dirección que describía la noticia, se apresuró a vestirse y enfundarse sus botas para salir a toda velocidad. —Creo que hoy tampoco dormiré. —Soltó en un suspiro, mientras arrancaba su vehículo y salía recorriendo las calles.
La escena del crimen estaba rodeada por policías, todos buscando indicios o pistas del culpable. Un crimen bastante violento, si me lo preguntan. Yo podría resolver todos los misterios que alguna vez han quedado sin respuesta, quién es el asesino del Zodiaco, respuesta fácil. ¿Jack el Destripador? Lo conocí muy bien, ¿El asesino de la Dalia Negra? También. Pero, como te dije antes, el precio por mi libertad de observar a todos y conocer a fondo sus historias, es mi silencio. Aunque quisiera, no puedo ayudar a la policía a hacer su trabajo, frustrante, lo sé. Pero es como es. Mejor veamos cómo desarrollan los involucrados su labor. Ahí, presente, a la cabeza de todo el cuerpo de investigación, tenemos a la detective Zoë, una mujer aguerrida con una insaciable curiosidad, siempre buscando la verdad. A su lado, su mano derecha, el agente Berner, ávido investigador y retratista forense, mano derecha de la detective. Ambos hablan con los agentes que fueron los primeros en presentarse ante el llamado de emergencia para recabar toda la información posible y esclarecer el crimen
Mientras ellos se ocupan de eso, vemos como Levi desciende de su vehículo, aparcándolo a unas cuadras del despliegue policiaco, tomando con él una gran bolsa con donas compradas en una tienda de conveniencia y se dirige a paso firme hasta donde está el cordón policial.
—Hey, Gunther. —Saluda a un agente de piel morena, encargado de custodiar el paso de los civiles.
—Levi, sabes que no debes estar acá. No te puedo dejar pasar, la última vez casi me suspenden.
—No quiero pasar, solo venía por acá y vi que había pasado algo. Ya casi amanece y pensé que quizás tendrían hambre así que compré esto para ustedes. No es mi intención ser una molestia. —Le dijo en su tono desinteresado de siempre.
—Oh, eso es muy amable de tu parte. Muchas gracias. —Dijo el policía, recibiendo la bolsa y girándose para compartir los panecillos glaseados con el resto de sus compañeros. —¿Y qué te trae por estos barrios tan tarde o debería decir tan temprano? —Inquirió, dándole la espalda al lugar donde su benefactor se encontraba parado momentos antes. Luego de un rato, al no obtener respuesta, se giró abruptamente para encontrarse con el lugar vacío. —Ay no. El muy infeliz lo hizo de nuevo. —Habló exasperado, poniendo una mano sobre su rostro.
Levi se dedicó a caminar por el lugar, siendo en extremo cuidadoso de no acercarse hasta donde se encontraban los investigadores y ocultándose en espacios específicos para no llamar mucho la atención. Con lo que había logrado oír de los testigos que contaban su relato a cada policía que encontraba y observar a través de los cordones policiales, se había hecho a la idea de lo que había sucedido. Hombre caucásico de mediana edad, un metro ochenta de estatura, fue apuñalado cinco veces por la espalda, no era vecino del lugar por lo que había llegado ahí a reunirse con alguien, la puerta se encontraba con llave cuando los vecinos llegaron a rectificar el lugar luego de haber escuchado gritos, no había señal de lucha, el tipo simplemente dio la vuelta y fue atacado. Nada interesante, a su parecer; desanimado se giró para salir de ahí y volver a la seguridad de su hogar, cuando se topó de frente con la detective de primer grado quien lo veía fijamente, con el ceño fruncido.
—Hola, Hange. —Dijo sin inmutarse.
—Levi, creí haber sido muy clara la última vez. No puedes estar aquí.
—Justo acabo de recordarlo y ya me iba. ¿Resolviste el crimen? —Preguntó sereno.
—No me obligues a arrestarte. Sabes bien que esto es un delito, estás corrompiendo una escena del crimen e interfiriendo con el trabajo policial.
—De hecho, no. No me he acercado lo suficiente como para corromper la escena del crimen. Y no he hablado directamente con nadie más que tú. Sólo soy alguien curioso que vino a merodear pero que ya se va. —Respondió, alzando los hombros.
—Esto no funciona así, y no es la primera vez que te encuentro "merodeando". Gunther debió haberme informado de que andabas por acá. De hecho, no debió haberte dejado traspasar, en primer lugar.
—No lo culpes, él si me dijo que no podía pasar. Pero lo engañé con unas donas y me colé. No lo suspendas, no he tocado nada y no diré nada. Igual no hay nada interesante acá, es un crimen bastante sencillo de hecho.
—¿Por qué siempre que hay una investigación apareces tú, curioseando por el lugar?
—Ya te lo dije, siempre quise ser forense, es mi sueño frustrado. No puedo evitarlo, me llama la atención. —Dijo mientras se encogía de hombros.
—Será mejor que te vayas, niño. Y no te quiero volver a ver por acá o te arrestaré. —Le advirtió.
—Bien, un gusto verte, Hange. Adiós. —Se despidió para retirarse apresuradamente del lugar. Para él, había sido tiempo perdido, pues no había encontrado ninguna información relevante que pudiera serle de utilidad. Saludó con la mano a Gunther, quien le dedicó una mirada asesina llena de rabia, mientras lo veía alejarse con su oscuro atuendo, perdiéndose en la lejanía.
—¿Por qué siempre amenazas con arrestarlo, pero nunca lo cumples? —Inquirió Moblit a su superiora.
—No es un mal muchacho. No tiene antecedentes y nunca ha hecho nada que nos afecte directamente, hasta nos trae café. —Dijo ella, relajando su postura.
—Pero va contra la ley permitirle el acceso a una escena del crimen.
—Lo sé, por eso es mi deber echarlo.
—Hay algo en él que me genera inquietud, es demasiado sospechoso. —Dijo él, viendo fijamente al muchacho alejándose en la distancia.
—Lo sé, pero como te digo, no ha hecho nada malo... aún. Retomemos el trabajo, que todavía tenemos mucho por revisar, y faltan unos minutos para que amanezca. —Finalizó la detective.
Dentro de lo dicho por la detective Zoë había varias verdades, la inquietud de Moblit estaba fundamentada, es fácil sospechar de un civil que siempre encuentra la manera de inmiscuirse en las investigaciones policiales ya casi siendo considerado por los testigos como un miembro honorario de la policía que entra y sale a su antojo; sin saber que los uniformados, aunque lo aprecian y gustan de sus atenciones, no están de acuerdo con sus actividades que para ellos son de índole sospechosa. Gracias a esto, el pobre Levi ha sido interrogado varias veces en la estación, pero siempre sale libre a falta de pruebas, además de que siempre cuenta con una coartada comprobable, y nunca se le ha decomisado nada incriminatorio que pueda condenarlo. Claro que yo sé cuál es la verdad dentro de ese actuar y es de hecho algo muy interesante, pero dejaré que tú lo descubras con el tiempo. Como dijo Hange, mi jornada está por terminar, me esperan nuevas historias del otro lado del mundo, pero, no te impacientes, el día acaba y cuando menos lo esperas, mi velo oscuro te cubrirá nuevamente para retomar este relato.
