El viernes, de acuerdo con los estándares de los seres humanos, es un día asociado al descanso y, por ende, a la felicidad. Además, según algunos románticos y nostálgicos, es el día perfecto para enamorarse. "No me importa si el lunes es azul, el martes es gris y el miércoles también. Jueves, no me interesas, es viernes, estoy enamorado". Es lo que reza una canción de una banda de aspecto depresivo, pero con letras que evocan al amor en todas sus facetas. Si me lo preguntas, a mí, los días me parecen lo mismo, pero ten en cuenta que yo no descanso ni me enamoro. Así que, en mi mundo, el viernes no existe, pero en este, es un hecho, y este viernes precisamente, es uno muy especial. La tercera cita se llevará a cabo hoy, en la tan anticipada noche de Karaoke en La Bohème. Mikasa ha terminado finalmente sus clases, primeras de este semestre inicial en su último año de estudios en la universidad, dentro de menos de un año, habrá terminado su carrera y será libre para iniciar su propia vida, me llena de ansias pensar a dónde la llevará todo esto y junto a quién compartirá sus éxitos y fracasos. La veo animada, tomando su celular y avisando a su "carruaje de metal" que estaba lista para salir, recibiendo como respuesta que en diez minutos lo tendría ahí para dirigirse a su destino. En su espera, decidió contactar a Annie, para charlar un poco y hacer tiempo, antes de ir al encuentro del hombre que hacía bombear su corazón como si estuviera compitiendo en una carrera de atletismo.
—¿Hola? —La voz de la rubia resonó en el teléfono luego del tercer timbrazo.
—¿Es normal que un mensaje simple de él diciendo que en diez minutos viene por mí me provoque taquicardia o debería consultar con un cardiólogo?
—Mi yo depresivo y harto del romance te sugeriría la segunda opción, pero, como sé que estás ilusionada, es normal... supongo. Igual, una visita temprana al cardiólogo puede salvarte la vida.
—Me quedo conque es normal, gracias.
—¿Demasiado pobre para permitirte el acceso a la medicina?
—Correcto. Ni siquiera con la media beca y el trabajo de medio tiempo en la cafetería es suficiente, esta carrera es demasiado cara, y este año está peor. Debo comprar telas que cuestan lo de mi salario de una semana, creo que empezaré a vender mis libros, porque recurrir a mi tía es la última de mis alternativas, justo debajo de la opción "Vender trozos de mi hígado en el mercado negro".
Annie suspiró pesadamente, —No sabes lo mucho que desearía poder ayudarte, pero ya sabes que mi situación no está mucho mejor. Aún debo regresar muchas de las cosas que había comprado para la boda, y hay muchos anticipos que no me serán devueltos. Básicamente estoy en la ruina, financiera y amorosa.
—Lo sé, no te preocupes por mí, ya veré que hacer. ¿Has sabido algo del idiota?
—No desde la estúpida carta que me dejó para enfatizar el hecho de que seguir al atolondrado y mentalmente inestable de su mejor amigo al ejército era más importante que nuestro matrimonio. Maldito Bertholdt. —Dijo, reavivando la furia que hervía en su interior cada vez que recordaba el tema que la había herido ya durante poco más de un mes.
—Lo siento, no quería que esto te volviera a afectar. —Mikasa sonaba triste, entendiendo un poco el dolor que sentía su mejor amiga, y sintiendo la impotencia que la embargaba al no haber podido estar ahí para ella en persona.
—No te preocupes, ya pasará. Mientras debo salir de todo este embrollo y empezar de nuevo, tal vez te visite un día de estos. Quizás en Sina encontraré a mi abuelo millonario que acabará con todas mis deudas. —Bromeó.
—O tal vez encuentras algo mejor, alguien que sí te sepa valorar.
—¿Algo así como tú con tu chico punk? —Inquirió de manera socarrona.
—Aún es muy pronto par afirmar eso, ¿no crees? Apenas hoy tendremos nuestra tercera cita. —Respondió, tratando de ocultar la emoción que esto le generaba.
—Tres citas y te escuchas mucho más animada de lo que has estado nunca en relaciones pasadas. Casi, casi, haces que renueve mi fe en el amor verdadero. ¿Y a dónde irán hoy?
—Al mismo lugar a donde fuimos el miércoles.
—¿Al mismo lugar? No me digas que tu caballero de galante armadura se quedó sin ideas tan pronto.
—No. Iremos ahí porque yo se lo pedí. Es noche de karaoke. —Dijo, emitiendo animada una ligera entonación.
—¿Y por qué te emociona tanto, si a ti te aterra estar frente al público?
—No sé. Intuyo que será divertido. —Respondió juguetona. —Oye, debo dejarte. Ya vino por mí, te escribo luego. Adiós.
—Cuídate mucho, ¿sí? Y ¡Suerte en tu cita! —Alcanzó a escuchar la despedida de su amiga, antes de encaminarse con prisa por los pasillos de su facultad, hasta toparse con sus compañeras de clase que aún se encontraban por ahí.
—¡Mikasa! —La llamó Ymir. —¿Ya empezaste a trabajar en los diseños de la próxima semana?
—No, todavía no. Avanzaré en ellos este fin. Te escribo para contarte, sólo que debo irme ya.
—¿Tu novio te está esperando? —Inquirió Rico.
—Sí... digo, no es mi novio. —Respondió apenada.
—Qué bueno, tiene pinta de delincuente, será mejor que vayas con cuidado.
—Sí, —Interfirió la castaña. —Parece el típico drogadicto que anda vagando por las calles.
Mikasa las observó molesta, sabía que Levi no era un vago adicto como mencionaban, pero ellas no lo conocían tanto como lo hacía ella, que, pensándolo detenidamente, tampoco era mucho. Apenas llevaban una semana conversando, aunque ambos sabían ya un poco de su historia y tristes pasados, en realidad no sabía a qué se dedicaba o cuáles eran sus metas. Aunque lo había visto fumar una vez, no era certeza para decir si era o no dependiente de otras sustancias; antes de que la duda se acentuara en su mente, decidió sacudir esos pensamientos y despedir a las chicas, para encaminarse rápidamente hacia el lugar en donde el vehículo de dos ruedas se había estacionado, llamando la atención de los pocos estudiantes que quedaban aún por ahí, al observar el ruidoso y ostentoso transporte deteniendo su marcha, conducido por un estoico caballero que veía fijamente, aún a través del casco, a la dama que llegaba casi corriendo a su encuentro. En esta ocasión en particular, iba vestida de forma más abrigadora, pues la temperatura en pleno otoño iba en descenso cada día.
—Hola. —La saludó desganado, mientras le alcanzaba su propio artefacto de protección.
—Oh, llevamos prisa. —Comentó extrañada, aceptando el casco y colocándoselo de la manera correspondiente.
—Lo siento. ¿Quieres que me baje y conversemos un rato? —Su tono de voz era extraño, más que desganado sonaba sin fuerzas, más apático de lo usual.
—No, no es eso. ¿Estás bien?
—Sí, sólo me duele un poco la cabeza. Se me pasará cuando lleguemos, lo único que necesito es un poco de cafeína.
—¿Seguro?
—Completamente.
—Bien. —Respondió aún dudosa, subiéndose al vehículo que arrancó su marcha segundos después. El gélido aire de los últimos días de septiembre se colaba por su ropa, que, pese a proporcionar más abrigo que sus prendas anteriores, no estaba hecha para viajar a cincuenta kilómetros por hora en un transporte totalmente descubierto. Por instinto se pegó al cuerpo de su acompañante, buscando refugio y calor para cubrirse del inclemente frío que estaba comenzando a estremecerla. Cuando por fin llegaron a su destino, sus manos estaban tan frías como témpanos de hielo, y temblaba ligeramente.
Él lo notó en seguida, al detener la marcha y sentir que la motocicleta aún se movía, gracias a los temblores involuntarios de Mikasa. —Ay no, te estás congelando otra vez. —Habló con preocupación, retirándose la pesada prenda de cuero que, a partir del sábado pasado, se había convertido en una parte indispensable de su atuendo. —No te la di antes porque pensé que no sería necesaria y también quise evitar que te sintieras incómoda como el otro día. —Decía mientras pasaba sus manos sobre los delgados brazos femeninos generando fricción.
—Esst-aa bb-iienn.
—No. No lo está, ven aquí. —Le dijo, mientras extendía sus extremidades para cobijarla con su cuerpo. Estando así de cerca, ella olvidó por completo su estado y cayó en cuenta de que él aún no se retiraba el casco de su cabeza. Con sus trémulas manos, lo ayudó a despojarse del artículo, y fue ahí que pudo verlo directamente. Lucía demacrado, ojos en extremo rojos y sus características ojeras se apreciaban mucho más pronunciadas que de costumbre. La sorpresa de verlo en ese estado la hizo olvidarse del frío que la acechaba, y con sus heladas manos tomó firmemente ambos lados de su cara, mientras la preocupación nublaba sus ojos. —Tienes manos de muerto. —Mencionó él casualmente, mientras evitaba la consternada mirada gris que no se despegaba de su rostro, y tomaba delicadamente sus manos para entibiarlas con su calor corporal.
—¿Enn-fermass-te?
—No, sólo no dormí bien anoche. Pero tú si parece que vas a resfriarte, hasta tienes mocos, como toda una mocosa... ¡Auch! —Fue interrumpido por un fuerte golpe en el brazo.
—No me digas-ss ass-íí. —Refunfuñó molesta.
—Cómo digas, mocosa. ¡Hey! Tus nudillos duelen.
—Ess-e es el punto, idiota.
—Bien, parece que ya estás mejor. ¿Entramos? —Ella asintió en señal de afirmación y juntos se adentraron al ya conocido lugar que hoy se encontraba un poco más abarrotado de lo normal. —Maldición —Bramó al ver al gran número de personas dentro del local. —Los lugares concurridos me dan migraña, y yo ya tenía migraña desde ayer, genial. —Dijo sarcástico, mientras se pinchaba fuertemente el puente de la nariz.
—Podemos irnos, si quieres. —Dijo ella cabizbaja.
—No. Todavía tengo un último recurso que no quería utilizar. ¡Hey, tú! —Habló mientras jalaba del brazo a un mesero que caminaba, intentando pasar desapercibido. —Mira nada más a quien tenemos aquí, el señorito coqueto.
—Bu-bu-buenas no-no-ches-s ss-eñor. —El muchacho tartamudeaba aterrado, al ver que su plan de evitar ser reconocido había fracasado miserablemente.
—¿Nifa trabaja hoy? —Cuestionó.
—Ss-í. ¿Quiere hablar con ella?
—No. Sólo estaba supervisando horarios de trabajo... claro que quiero hablar con ella, ¿por qué otra cosa te estaría preguntando? —Su enojo era ya proporcional al dolor punzante en sus sienes.
—Disculpe. Iré a buscarla. —El muchacho salió de ahí lo más rápido que sus pies y el muro de gente agolpada en el interior del negocio, le permitieron moverse para buscar a quien había sido solicitada por el huraño comensal que parecía querer asesinarlo con la mirada desde el miércoles pasado.
—Tch. Inútil pedazo de...
—¿Y esta chica Nifa, es amiga tuya? —Preguntó repentinamente la muchacha a su lado, viendo casualmente hacia sus pies, golpeteando el suelo con la punta de su zapato izquierdo.
—Sí, algo así. —Contestó restándole importancia al tema, mientras masajeaba insistente los costados de su cabeza.
—¿Todavía duele mucho? —Inquirió aún preocupada. Antes de que él pudiera responder, fueron interrumpidos por una suave voz femenina, con un saludo demasiado efusivo, para el gusto de Mikasa. La chica en cuestión era de baja estatura, con cabello rojizo cortado un poco más abajo de los pómulos y con grandes ojos color miel.
—Levi, es un gusto tenerte por acá. Hacía bastante tiempo que no te veía. —Dijo emocionada, apoyando su mano sobre uno de los brazos de él y con una amplia sonrisa que fue disminuyendo al ver que este venía acompañado. —Dime, por favor, ¿En qué puedo ayudarte? —Los ojos de la joven de cabello oscuro taladraban la extremidad que parecía haberse quedado pegada en ese lugar.
—De hecho, vinimos también el miércoles, pero supongo que no estabas de turno. Lamento interrumpir tu trabajo, pero verás, invité a Mikasa a venir nuevamente porque hoy es una noche especial. —Su tono era cordial y sereno, distrayendo a la chica mientras discretamente se alejaba de ella y se posicionaba al lado de su acompañante. —Y, viendo que no hay lugares disponibles, me gustaría hacer uso de mi mesa especial.
—Ah, ya veo. Claro, daré las indicaciones y la tendré lista en cinco minutos. Tomaré su orden mientras esperan, entonces. —Sonaba amable, aunque sus ojos no dejaban de escanear a la muchacha al lado de Levi, quien lo miraba interrogante, sin saber exactamente lo que sucedía. —¿Té negro doble y sin azúcar como siempre?
—Para mí sí. Mikasa, ¿Quieres tomar o comer algo? —Luego de esa breve interacción donde había aparentado estar más animado, ahora volvía a su gesto de malestar, presionando nuevamente uno de los lados de su cabeza.
—Sí, un chai, para terminar de entrar en calor. Oye, si tanto te duele deberías tomar un té de verbena, es un analgésico natural. —Le aconsejó.
—¿Tú crees?
—Te lo recomienda una bruja certificada. —Afirmó con seriedad.
Él sonrió ligeramente, —Con eso me basta, entonces. Nifa, un té de verbena, por favor.
—Con miel, aunque no te guste lo dulce. —Añadió.
El muchacho suspiró derrotado, sin borrar la ligera sonrisa que aún cubría su rostro. —Con miel, por favor.
—Con gusto, se los traeré en seguida. —Respondió la pelirroja, viendo con ligero asombro al hombre frente a ella. Esta no era su típica personalidad malhumorada y retraída, haciendo temblar a los camareros con sólo una mirada y que se limitaba a un par de palabras o frases sarcásticas en respuesta a cualquier comentario o pregunta. Ella, que lo había admirado desde el primer día que lo vio entrar en el local, siempre imaginó verlo así, sonriente, relajado y sociable; la punzada de desilusión fue palpable en su pecho cuando, en efecto, fue testigo de esa faceta, pero siendo dirigida hacia alguien más. Sonriendo, aunque sin siquiera un atisbo de alegría, se retiró para preparar lo solicitado.
Mikasa observaba la escena y en su mente se tejían varios escenarios que le generaban cierta incomodidad. No quería pensar que lo que estaba sintiendo era realmente lo que sospechaba. Apenas y conocía a Levi y no podía ser ya víctima de los celos opresores que nublaban su raciocinio. Pero, antes de procesarlo, su boca ya se había adelantado y profesaba palabras sin filtrar. —Debe ser una muy buena e íntima amiga como para que te permita tener acceso a una mesa especial.
—¿Quién? ¿Nifa?
—Ese era su nombre ¿no? —A este punto, aunque era consciente de su tono mordaz, algo en su interior le impedía controlarlo.
—No sé si considerarla mi amiga, no hablo con ella más que para pedir algo. —Mencionó desinteresado.
—Pues para tomarse esas molestias, creo que le agradas mucho más de lo que crees.
—¿Qué molestias? Ella es sólo la Maitre. Oye, tu expresión me está asustando, ¿te sientes bien?
—¿La qué cosa?
—La jefa de meseros, básicamente ella administra el lugar por eso pedí hablarle directamente.
—Pero gracias a ella tienes mesa especial ¿o no? —Bufó con molestia.
—¿Gracias a Nifa?
—¡Dios! Ya quedó claro que ese es su nombre, ¡sí, ella!
Él sólo pudo cerrar sus ojos, aturdido por el exabrupto y la voz alzada de la chica a su lado que no ayudaban a disminuir su migraña. Suspirando pesadamente y haciendo un esfuerzo enorme para controlar la poca paciencia que le quedaba, respondió pausadamente —No. La mesa me fue concedida por el dueño, el señor Pixis. Ni... emm, la chica que nos atendió sólo sigue órdenes. Y es mi último recurso porque no me gusta andar por ahí demandando servicio VIP, pero lo hice por ti, para que tuviéramos una velada especial. ¿Satisfecha? —Su voz al final se elevó más de lo que hubiera deseado, sonando mucho más molesto de lo que se encontraba realmente, gracias a su punzante jaqueca que seguía incrementándose.
—Sí.
Él intentó disculparse, pero nuevamente fueron interrumpidos por la encargada, quien los dirigió a su lugar, recién arreglado para ambos. —Por acá, por favor.
Era la mesa reservada sólo para eventos especiales o cuando fueran visitados por el dueño en persona o alguno de los miembros de su círculo más cercano. Ubicada en el lado opuesto a donde se habían sentado la última vez, este lugar contaba con unos sillones especiales y sumamente cómodos. Ella se hundió en su asiento, su rostro serio y con los brazos cruzados sobre su pecho, aún enfundada en la pesada prenda de cuero. Mientras él la veía fijamente, repasando en su adolorida mente, qué había pasado realmente, hasta que se decidió a hablar. —Creo que esta no está siendo la noche mágica que te había prometido. Lo siento mucho. —Se disculpó genuinamente.
—¿En qué momento lo prometiste?
—Está implícito en todas mis invitaciones. No quise hablarte así, es este maldito dolor que no me está dejando más remedio que acudir a mi otro último recurso. ¿Podrías por favor pasarme lo que está en el bolsillo superior derecho de mi chaqueta?
Palpó sobre la bolsa, sintiendo un par de bultos dentro de este. Uno más grande que el otro. Lo abrió para observar qué había en él y notó una cajetilla de cigarrillos abierta. La sacó y la miró detenidamente; dentro, en el espacio dejado por los cilindros faltantes, había un encendedor rosa brillante, decorado con figuras de Hello Kitty. —¿Es esto lo que necesitas? —Cuestionó alzando una ceja.
—No. Tengo una justificación para eso, pero, antes pásame lo otro que quedó dentro del bolsillo.
Ella metió nuevamente la mano, hasta tocar un par de tabletas blancas. Les dio un rápido vistazo y se las extendió al adolorido muchacho que esperaba ansioso por ellas. A su mente volvió la conversación sostenida con sus compañeras sobre el abuso de sustancias, al recordar la visión que tuvo de él, con ojos rojos, demacrado y cansado, pero al mismo tiempo decidió descartar estos pensamientos al ver que estas eran tan normales como cualquier pastilla, pero ¿por qué debían ser estas un último recurso?, se preguntaba curiosa. Él extendió la mano rápidamente y sin contemplaciones tragó ambos comprimidos sin necesidad de agua, gesticuló su desagrado y la miró fijamente, tratando de descifrar el por qué de su incertidumbre. —¿Qué pasa?
—Tengo muchas preguntas.
—¿Sobre el encendedor de Hello Kitty?
—Es una de ellas sí.
—Dispara.
—Primero que nada ¿Te sientes mejor?
—No, pero ya pasará, en unos veinticinco a treinta minutos aproximadamente.
—¿Por qué no dormiste bien anoche?
—Demasiado trabajo y tengo una maldición innata a procrastinar hasta el último minuto.
—¿En qué trabajas?
—Redacto documentos, para una gran empresa.
—Esa es una respuesta bastante ambigua.
—¿Quieres que te aburra contándote los detalles del trabajo de un oficinista moderno? Bien. Hago trabajos de investigación, recopilación y sistematización de datos. Redacción general y revisión ortográfica, envío correspondencia, entre otras muchas cosas. En teoría tengo un horario de trabajo, pero como estoy desde casa, procrastino todo el día y abuso de las horas que considero más productivas que es por las noches. Justo ahora tengo una increíblemente grande cantidad de trabajo que no quiero hacer. Por eso estamos aquí, porque ver a otras personas cantar terriblemente mal es más entretenido que evitar mi eventual despido. ¿Es esta respuesta menos ambigua?
—Ok, no era para que te enojaras.
—No estoy enojado, molesto sí. Pero no es contigo, es sobre la situación en general.
—¿Por qué no pediste antes las pastillas?
—Odio tomar analgésicos, el ibuprofeno es lo que más detesto. Si no controlas su ingesta te pueden causar problemas gástricos graves, por eso los evito.
—Oh, ya veo. Evitas medicamentos fuertes y azúcares, así que eres de los que cuida mucho su cuerpo.
—Por supuesto, es mi templo. —Bromeó. —Aunque no lo cuido de la manera en que debería, de hecho, esa es una de las razones del infame encendedor rosa.
—¿Demostrarles a todos que no tienes una masculinidad frágil con tu encendedor de niña?
—No. Tener un encendedor de niña para que me de vergüenza sacarlo en lugares muy concurridos y reducir mi consumo de tabaco. Pero eso no quiere decir que mi masculinidad sea frágil, ¿ok? Es sólo que un gatito con un moño no se adapta a mi estilo.
—En eso tienes razón, tú eres más como el pingüino enojado. Badtz Maru se llama, mira. —Dijo, divertida, mostrándole una imagen en su teléfono.
—Muy graciosa. —Bufó. —Si yo soy ese, ¿Quién serías tú?
—Mmmmm —Contempló pensativa su respuesta. —Kuromi. —Dijo luego de un rato, tecleando en el buscador y mostrándole una imagen de la conejita con diadema de bufón.
—Ok, te queda.
—Además, a Kuromi le gusta Badtz Maru.
—Y no la culpo, es todo un galán.
Y así, nuevamente los ánimos se habían calmado y nuestra pareja disfrutaba ahora de sus bebidas calientes, conversando amenamente y compartiendo risas cómplices a costillas de los cantantes amateur que se subían valientes al escenario a entonar, o más bien desentonar sus canciones favoritas frente a la audiencia.
—Oye, y ¿Cómo fue que conseguiste que te dieran la mesa reservada para los peces gordos de este lugar?
—Se me ocurrió venir acá un día similar a este, también cansado y desvelado y con un terrible mal humor.
—Día normal, entonces. —Interrumpió ella conteniendo una sonrisa.
—Ja Ja. Muy graciosa. —Respondió, entornando los ojos. —Cómo decía, no era un buen día, y sólo quería sentarme y relajarme, pero el mesero tenía otros planes. Supe que todo acabaría mal desde el momento en el que anotó mal mi orden, por consiguiente, me trajo la bebida incorrecta y al intentar corregir su error, entre su nerviosismo y prisa por llevar la orden, regó té caliente sobre mí y mi camisa blanca. Mi escasa buena suerte permitió que ese día estuviera presente el dueño, quien me escuchó vociferar palabras no tan agradables por un buen rato, hasta que decidió ofrecerme una copa de vino en compensación, más una cena de cortesía. Resulta que, el tipo es un alcohólico que cae a la primera provocación y la copa se convirtió en dos botellas completas con él disculpándose, abrazándome y llamándome el hijo que nunca tuvo, creo que hasta lloró un poco. Luego de eso me fui y regresé dos días después, para enterarme de que le había caído tan bien al dueño que ahora era un cliente de clase VIP con acceso a mesa especial cada que quisiera, aunque esta es la primera vez que hago uso de ese beneficio.
—Guau, me siento halagada. ¿Cómo está tu cabeza?
—Ya no me duele, el té también ayudó mucho. Gracias.
—Te lo dije, sólo una bruja certificada te puede recetar la hierba de los hechizos.
—Sí, aunque quizás necesite otra taza... ¡si ese idiota allá arriba no deja de destrozar a la pobre Whitney con esos aullidos! ¡Bájate ya, por caridad! —Dijo gritando fuerte las últimas frases.
—Shhh, no seas tan malo.
—Es la verdad, falló en cada nota, y las más agudas casi me destrozan el tímpano.
—Hablas como si tú pudieras hacerlo mejor.
—Podría, claro que sí.
—Pruébalo.
—No.
—Entonces sólo hablas por hablar.
—No caeré en la trampa.
—Eres sólo uno de esos a los que les gusta alardear, pero no pueden hacer nada.
—Si tanto te gusta instigar, ¿por qué no pasas tú? ¿eh?
—Porque yo no soy la cobarde que critica a los demás, mientras estoy sentada cómodamente en mi lugar privilegiado.
—¿Me acabas de llamar cobarde?
—Si la bota te queda...
Sin que nadie a su alrededor se diera cuenta, entre ambos pelinegros se desarrollaba un duelo de miradas retadoras, con ambos viéndose fijamente. Una pelea de egos que parecía no tener un vencedor. En la lejanía se podía escuchar la voz del anfitrión preguntando a la audiencia quien quería ser el próximo a subir al escenario y conquistarlos a todos con su melodiosa voz. Sin despegar la mirada azul de los orbes grises de Mikasa, Levi levantó la mano, ofreciéndose a ser el siguiente participante.
—Lo haré, pero no cantes victoria. —Dijo, antes de caminar erguido hacia el pequeño escenario.
—¡Vaya, si es nuestro trovador que ha regresado por otra ronda! —Exclamó el presentador. —Luke, ¿Verdad?
—Levi. —Corrigió.
—Cierto, Levi. ¿Con qué canción nos deleitarás?
—María, de Blondie. —Su vista aún no se despegaba de la muchacha que lo observaba atenta y con una malévola sonrisa cruzando su rostro.
—Oh, veo que seguimos con lo retro. Muy bien, Levi, el micrófono es todo suyo.
—Gracias. Antes de comenzar, me gustaría hacer una aclaración. Creo que para nadie es un secreto que no es un gusto para mí estar aquí... otra vez. Pero, es mi deber probarle un punto a la señorita que disfruta de cada una de mis humillaciones, desde su palco privilegiado, mandándome a mí al ruedo mientras ella se acobarda cómoda en su silla. Esta introducción provocó un par de abucheos de parte de los presentes. —Lo sé, sólo soy una víctima de las circunstancias. Pero, pese al placer que le genera avergonzarme, quiero dedicarle esta canción a ella, porque véanla, ¿Quién no se plantaría acá a hacer el ridículo por una mujer como ella? Inteligente, audaz, fuerte e increíblemente hermosa. Y sí, viene conmigo, así que no se emocionen. —Habló, llamando la atención de los que la observaban contemplativos ante su descripción. —Esta canción habla de una chica latina, pero mi acompañante tiene una ascendencia diferente, por lo que tendré que modificarla un poco, Mikasa, esta es para ti.
Con esto último, dio la indicación al DJ que ya se encontraba listo con la pista y a la espera de la señal para empezar a reproducirla, la estancia se vio embargada por los sonidos de la guitarra eléctrica, dando pie a los primeros acordes de la famosa pieza musical.
She looks like she doesn't care
Ella se ve como si nada le importase
Smooth as silk, cool as air
Suave como la seda, fría como el aire
Ooh it makes you want to cry
Oh, te hace querer llorar
She doesn't know your name,
Ni siquiera sabe tu nombre,
And your heart beats like a subway train
Y tu corazón ya late como un vagón de tren
Ooh it makes you want to die
Oh, te hace desear morir
Para sorpresa de todos los asistentes, Mikasa incluida, Levi era un cantante muy bueno, extraordinario, a decir verdad. Era como estar presenciando un concierto privado de una estrella de rock. Sus movimientos, tan naturales y fluidos, con su voz suave y profunda, cantando armoniosamente cada una de las notas y dirigiéndose a ella, únicamente, de entre todos los ojos que lo veían en su interpretación.
Ooh don't you want to take her
Oh, cómo quisieras tomarla
You want to make her all your own
Hacerla toda tuya
Mikasa - you've got to see her
Mikasa, tienes que verla
Go insane and out of your mind
Volverte loco y salirte de tus cabales
Half asian – Oh, Kamisama
Mitad asiática. Oh, Kamisama
A million and one candlelights
Una y un millón de velas.
Ella cubrió su boca con ambas manos, extasiada de escuchar su propio nombre evocado de una manera tan increíblemente encantadora y seductora. Uniéndose al clamor popular de los espectadores que aplaudían y vitoreaban el espectáculo.
I've seen this thing before
He visto esto antes
In my best friend and the boy next door
En mi mejor amigo y el muchacho de enfrente
Fools for love and full of fire
Tontos de amor y llenos de deseo
You want to come in from the rain
Quieres salir de la lluvia
She is ocean running down the drain
Ella es como un océano bajando por el drenaje
Blue as ice and desire
Azul como el hielo y el deseo
Ooh don't you want to take her
Oh, cómo quisieras tomarla
You want to make her all your own
Hacerla toda tuya
He notado ciertas curiosidades que salen a relucir cuando alguien llama la atención de otro humano, los irises que brillan contrastando a la oscuridad dentro de sus pupilas, dilatadas al enfocar en ellas el objeto de su aprecio. Exactamente la misma mirada que poseía nuestra protagonista en este momento, admirando al talentoso muchacho que cada día la sorprendía un poco más.
Mikasa - you've got to see her
Mikasa, tienes que verla
Go insane and out of your mind
Volverte loco y salirte de tus cabales
Half asian – Oh, Kamisama
Mitad asiática. Oh, Kamisama
A million and one candlelights
Una y un millón de velas.
Ooh don't you want to take her
Oh, cómo quisieras tomarla
Ooh don't you want to take her home
Llevarla a casa contigo.
She's like a millionaire
Ella es como una millonaria
Walking on imported air
Caminando sobre aire importado
Oh, it makes you want to die
Oh, te hace desear morir
Mikasa - you've got to see her
Mikasa, tienes que verla
Go insane and out of your mind
Volverte loco y salirte de tus cabales
Half asian – Oh, Kamisama
Parte asiática. Oh, Kamisama
A million and one candlelights
Una y un millón de velas.
Suavemente, las notas iban cesando hasta que todo quedó en silencio, que fue inmediatamente interrumpido por los sonoros aplausos y chiflidos que inundaron el lugar. Él agradeció con una leve inclinación de la cabeza, devolvió el micrófono, aunque se escuchaba que al unísono todos pedían por una pieza más, como si fuera el vocalista de alguna banda muy solicitada y no un simple comensal disfrutando de una noche de karaoke.
—Creo que probé mi punto. —Dijo él, altivo, secándose las gotas de sudor que perlaban su frente luego de dejarse llevar por la adrenalina del momento.
—¿Era cierto todo eso?
—¿Qué cosa?
—Lo que decía la canción. —Ella se acercó lentamente, entregándose a los persistentes silbidos de la audiencia que la motivaban a premiar tal actuación. Posicionó ambas manos sosteniendo las mejillas de él, viéndolo directamente, gris sobre azul y acercándose de a poco dejó que sus labios alcanzaran los contrarios, rozándolos suavemente, embriagándose de los dulces remanentes del té que lo había visto beber antes. Mentiría si te dijera que no me emocioné como adolescente cuando los vi al fin compartir un beso que inició con dulzura e iba escalando de a poco hasta caer en lo pasional, rodeado por los vítores de los demás que los contemplaban tan atentos como yo misma. Se separaron luego de unos segundos, que aprovecharon ambos para recuperar sus respiraciones y permitirle a Mikasa, continuar con su oración. —Si tanto lo quieres, llévame a casa entonces. —Sentenció antes de inclinarse para besarlo nuevamente.
Quien iba a pensar que un huraño joven, que mira asqueado el noventa por ciento de las cosas, era capaz de perder su propia dignidad en aras de complacer a la única mujer en su vida, después de su hermana adoptiva claro, con la que se siente tan cómodo como para sacar a relucir ese lado suyo oculto para todos los demás. Ya te había dicho que la noche puede cambiar de un momento a otro, y, en esta ocasión, no ha sido la excepción. Una migraña y una conversación de tono mordaz han cambiado para dar paso a una actuación fenomenal que ha dado lugar a un nuevo avance en esta aún incipiente relación pero que avanza a pasos agigantados. Tal parece que la canción tenía razón, el viernes es un día perfecto para un chispazo de un naciente amor.
