Los días que vendrán

Notas del autor:

Hola! Este es mi primer fic de Jujutsu Kaisen. Recientemente miré (y luego volví a ver) la primera temporada, y después leí el manga donde el animé terminó. Entonces… Aún soy SUPER nueva en el fandom (así que no me destruyan si algunos detalles están mal. Estoy tratando de ser lo más autentica a los personajes y el mundo como sea posible) Pero simplemente no puedo soltar algo cuando tengo una idea o un ship o un personaje en mi mente (Gojo Satoru vive en mi cabeza sin pagar renta)

Como sea, ¡DISFRUTEN!


Nota de Nade:

¡Cuanto tiempo sin leernos! He estado un poco ocupada desde diciembre y ya estoy empezando a liberarme de varias obligaciones, además de otros asuntos de mi vida personal. Lamentablemente me siento un poco desconectada del fandom y creo que la mejor forma de reconectarme es publicando esta traducción de DwellerOfFandomWorlds. Espero que les guste y si tienen tiempo por favor dejen un comentario para el autor. ¡No crean que me he olvidado de Secuelas ni de La Tutoría! Con algo de suerte terminaré pronto el próximo capítulo.


Capítulo 1: La misión más rara de la historia

Cuando regresó a ellos, su mundo era diferente. Maldiciones corren desenfrenadas y la mitad de los hechiceros jujutsu han perdido sus poderes en el Juego de la Caza. Afortunadamente, ella no. Y ve a pseudo-Geotu caer a las manos de Sukuna, y a Fushiguro Megumi recuperar la Prisión Confinadora.

Meses. Meses de pelear, de sangrar, de temor e incertidumbre. Y luego, súbitamente, como una caótica luz:

Gojo Satoru fue devuelto a su mundo. Su roto, maldito e incierto mundo.

No era el final —ciertamente no—. La atención de Sukuna se redireccionó al autoproclamado chamán más fuerte, y fuera del casi muerto Getou. Sin perder un segundo, Getou se retiró y Gojo se deshizo de Sukuna —por el momento—, trayendo a Itadori Yuuji de vuelva.

Había terminado. Por ahora.


Tres años después.


Miwa Kasumi inspeccionó la hoja de su katana, cuidadosamente, cejas profundamente fruncidas mientras busca algun daño, o una hendidura en el filo por energía maldita. La reposicionó en su vaina y suspiró mientras miró su reloj.

—Tarde —murmuró gentilmente, observando la salida del tunel mientras esperaba. Las maldiciones en Kioto nunca eran tan severas como las de Tokio, ya que la capital tenía una población más pequeña por un ocho por ciento, y menos caos a sus alrededores. Entonces, cuando la energía de una maldición de Grado Especial estaba activa, definitivamente llamaba la atención y ponía a los peces gordos algo nerviosos.

No solo eso, pero Suguru Getou se había desvanecido por complete. Ni una palabra de sus fechorías en casi tres años. Imagina estar en alerta por tanto tiempo. Viviendo en estado de alerta. Cada hechicero jujutsu lo hacía ahora.

Todos los que quedaban, de cualquier forma.

Mira tenía la suerte de haberse escabullido en el Juego de la Caza. De no ser por Zen'in Maki, no hubiera sido posible. Como Maki no tenía nada de energía maldita propia, técnicamente no tenía riesgo propio en el juego. Y como un último favor a Mai, había protegido a Miwa.

Mira necesitaba esto. La vida de sus hermanos era más importante que el orgullo herido de las familias Jujutsu. Ella sostenía para siempre una deuda con Maki.

Pero tampoco entendía por qué a ella le habían pedido que se encontrara con un hechicero de Grado Especial el día de hoy, o que lidiara con la misión de perseguir la fuente de la energía maldita. Ella solo era una hechicera de Grado 2, y aunque había sido promovida el año pasado del Grado 3, no se sentía con la suficiente confianza como para trabajar con cualquier Grado Especial en una misión de esta magnitud.

Si los impresionas, podrían promoverte —Podía escuchar a Utahime-sensei diciendo en su ultima conversación telefónica, aunque su voz cargaba un aire de desprecio. No por ella, por la tarea que los altos mandos le habían dado—. Es una prueba. Y sin la intención de sonar mucho como Gojo Satoru pero… No me gusta.

La última vez que enviaron a alguien menor que un Grado 1 detrás de una maldición de Grado especial, bueno… Itadori Yuuji murió.

Tienes a un Grado especial contigo.

Miwa recordó las palabras y apretó los labios mientras continuaba mirando la salida del túnel del tren. Ella esperaba a Okkotsu Yuta, si era sincera. Eran cercanos en edad y un estilo de pelea similar. Ella podía aprender mucho de él.

Pero, esto también era una prueba. Ella debería haberlo sabido. Debió haberlo visto venir.

Aun así, imagina su sorpresa cuando nadie más que el mismísimo Gojo Satoru salió del túnel de tren y se dirigió directamente hacia ella, sonriendo como un caótico idiota.

—¡Miwa-san! —le dijo en su usual y desconcertante tono alegre—. ¡Konnichiwa!

Le tomó toda su concentración evitar que se le doblaran las rodillas. ¡¿Enviaron al hechicero de Grado Especial por esto?!

—¡G-Gojo-sensei!

—Meh, olvida el sensei. Ya no eres una estudiante, y nunca fuiste la mía para empezar —se encogió de hombros y sonrió—. Ah. Kioto. No he estado aquí desde la Prisión Confinadora.

—Ah… sí, okay, perdón sense-Digo…. Gojo-san —ella murmuró. Eso se sintió extraño.

—Mejor —él comentó con indiferencia y respiró el aire— Hm. Algo huele bien. Ven, vamos a ver a los vendedores callejeros y me pones al tanto.

Él empezó a caminar por un pequeño sendero, a una cuadra de distancia de la estación de trenes en la que los carros de comida se disponían con hibachis, cocineros de sushi, woks y comida trozada y al vapor. Él compró dos brochetas de takoyaji y le dio una a Miwa.

Esto no se siente como una misión. Se siente como una… Miwa se sonrojó bruscamente, mirando la brocheta con los ojos bien abiertos.

—Entonces… —Gojo dijo, finalmente rompiendo el silencio mientras mordía la comida circular—. ¿Cuál es la situación?

—Gojo-sense… ah, san. ¿Por qué tomó esta misión si no sabía nada al respecto? —Miwa preguntó, frunciendo el entrecejo.

Gojo apretó los labios y ella supo que la estaba mirando, midiéndola, incluso a través de la venda. ¿Él puede ver? Ella siempre se lo había pregunta. Pero ciertamente se sentía como si sus ojos se clavaran en ella.

—Sé lo suficiente —le dijo, finalmente, sacando una bola de la brocheta para ponerla dentro de su boca—. Tu crees que tenga algo que ver con Getou.

Miwa bajó la mirada al tokoyaki sin tocar. Utahime-sensei le había explicado que Getou era su compañero de clase, algún tiempo después de Shibuya. Tenían una idea general de lo que él significó para Gojo Satoru. Y todos sabían que Gojo Satoru había sido forzado a matar a su mejor amigo.

—Sí. Tal vez —Miwa dijo gentilmente—. Solo sabemos que la cantidad de energía maldita está más allá de un Grado 1. Podría ser simplemente un Grado Especial pero… sabemos que pseudo Getou no estará esperando para siempre.

—Es muy obvio —dijo Gojo, y había una seriedad en él ahora de la que Miwa sólo había escuchado de Kugisaki-san e Itadori-kun.

—¿Qué quieres decir?

—Es una trampa —Gojo respondió, con toda naturalidad y esa inquietante alegría mientras se metía otro takoyaki en la boca—. Getou sabría que tan gran cantidad de energía maldita no se puede ocultar por la cantidad normal que hay en Kioto. Me está atrayendo.

—Entonces tú… ¿se lo estás permitiendo? ¿No es así como te capturaron aquella vez?

La apariencia de Gojo, una vez más, cambió mientras se contraía, se volvió frío repentinamente, silencioso. Él no contestó su cuestionamiento, simplemente permaneció un estado de escalofriante evasión por unos minutos. Luego, como un interruptor, le sonrió mientras terminó su bocadillo y se detuvo

—Bueno, muéstrame dónde se concentra la energía.

Miwa parpadeó. Ella nunca había pasado tiempo de calidad con el profesor estrella de la sede de Tokio. Ella sólo había escuchado historias de lo extraño que era, de sus estudiantes. Pero también le habían dicho que había cambiado desde la Prisión Confinadora. Que tenía episodios de silencio, de distancia o de la misma evasión fría que acababa de presenciar.

Pasando meses solo en una prisión dimensional ciertamente no puede hacerle ninguna bien a la salud mental de nadie, incluso del gran Gojo Satoru.

Ella recordó haberse tomado una selfie con él. Lo energético y animado que había sido. Le había parecido extraño en ese entonces, pero al menos genuino. Ahora se sentía… forzado.

Pero no lo conocía tan bien, entonces ¿quién era ella para preguntar si él estaba bien?

—Okay —ella dijo, finalmente. Él ladeó su cabeza, sin moverse, y ella de alguna forma estaba segura de que probablemente le había guiñado bajo la venda—¿Gojo-san? ¿Qué pasa? —le preguntó.

—¿No vas a comerte eso?

Miwa miró a su bocadillo sin comer. Se sonrojó y mordió un pequeño extremo de la brocheta antes de darle el resto a él.

Él resopló con una sonrisa, pero lo aceptó y tarareó mientras caminaba a su lado.

Esta… iba a ser una misión extraña.


El bosque que rodeaba la ciudad era denso y húmedo. Cualquier persona normal se preguntaría por qué dos individuos vestidos completamente de negro, uno en traje, estarían escalándolo en medio del día. Pero para ambos, Gojo y Miwa, era algo normal. Esto era su vida.

Gojo pausó, cejas fruncidas, y luego miró sobre su hombro a la joven mujer. Él sonrió y luego bajó su venda.

Ella no sabía qué estaba esperando. Ella nunca había visto su rostro sin ella. Solo eso sabia. Pero luego el penetrante celeste de otro mundo de sus ojos la golpeó como un autobús, y ella casi se tambalea hacia atrás, físicamente. Casi podía sentir la increíble cantidad de energía maldita que irradiaba solo a través de sus ojos.

Comenzó a escanear el bosque con el peso complete de su poder y se detuvo, como un sabueso captando un rastro, en una dirección.

—Por aquí —dijo y ella lo siguió, una mano protectora sobre la empuñadura de su katana.

Ella misma podía ver los rastros de energía maldita que él estaba siguiendo. Pero estaba Segura de que él estaba viendo algo mucho más allá de lo que cualquier hechicero jujutsu normal podría. Los Seis Ojos. Algo lejos de lo que cualquiera de ellos podría entender.

—No tienes una técnica innata, ¿cierto? —le preguntó, ahora mirando hacia adelante, empujando entre arbustos con ella justo a su espalda.

—No —Todo lo que ella sabía hacer con su energía maldita lo había construido desde el suelo, por sí misma.

Podía oír la risa en su voz.

—Entrenaste mucho para estar donde estás, ¿no? Pero no hay muchos hechiceros Grado 1 sin una técnica innata. Muchos menos Grados Especiales —él miró sobre su hombro de nuevo—. Cuéntame tu proceso.

Sonaba como un profesor, pero también, de alguna forma, como un niño curioso. Miwa parpadeó y luego frunció el entrecejo. Pero tenía que ser indulgente con él. Él, potencialmente, podría ser quien recomiende su ascenso.

—Uso la energía maldita para aumentar la velocidad de mi desenvaine —explicó tocando la empuñadura de su katana—. En este momento, mi desenvaine es el más rápido entre todos los hechiceros jujutsu… —Excepto quizás, Okkotsu-san— También puedo crear un Dominio Simple para protegerme de la expansión de dominio.

—Hm, no, entiendo todo eso —contestó. Tuvo conversaciones con Utahime acerca de las habilidades de sus estudiantes. Y otras cosas—. Pero, ¿qué hace que esas técnicas sean dignas de un ascenso?

Miwa pausó y frunció las cejas. Mordió su mejilla interna y luego dejó salir una risa derrotada.

—Nada realmente —dijo, encogiéndose de hombros—. Mejoré mi Dominio Simple a un área más larga. Eso hizo que me promovieran a un Grado 2 luego de que anulara la Expansión de un Cuasi Grado 1. El Grado 1 con el que trabajaba en ese momento recomendó mi ascenso.

—Un poco —contestó—, impresionante.

Solo se cuidadosa. La voz de Utahime-sensei en su cabeza. Es un poco idiota.

Sí, no era broma, Miwa pensó para sí misma.

—Sin una técnica innata —Gojo continuó—, ascenderte será un desafío.

—Soy consciente de eso —Miwa murmuró y bajó la vista a sus pies mientras deambulaban por el bosque. Inútil Miwa. Se sentía inútil. Entre todos sus amigos, entre todos los hechiceros jujutsu. Ella era poderosa en su propio modo, pero sólo en unas cuantas cosas. No había mucho más que pudiera hacer. Al menos, no de las que ella estuviera al tanto.

—Sin embargo, hay potencial.

Miwa levantó la vista de sus zapatos y miró su nuca mientras él se detenía.

—Sí, pero Itadori-kun tiene un poder natural impresionante. Sin energía maldita —apuntó Miwa. Y es el recipiente de Sukuna. Pero omitió mencionar esa parte.

Gojo rió con orgullo.

—Eso sí lo tiene —se encogió de hombros—. Pero es simplemente su don, su talento. Tu debes tener el tuyo, solamente no lo hemos encontrado —Él pausó y sacudió su cabeza, parpadeando un par de veces antes de reposicionar su venda sobre sus ojos—. El rastro se ha enfriado. Pero estaba aquí, muy recientemente, una ridícula cantidad de energía maldita en este bosque. Probablemente era una base o campamento de maldiciones de alto grado.

—No tienes manera de verificar si era Getou o no, ¿cierto?

—Antes que nada —Gojo escupió y de pronto su semblante la hizo sobresaltar—, no es Getou. Nunca será Getou. Es una maldición desfilando en el cuerpo de Getou con el rostro de Getou.

Miwa se sonrojó. Trata de no mencionar a Getou, si puedes evitarlo. Él pretende que está bien, pero la herida está fresca. La voz de Utahime-sensei nuevamente. Lo había olvidado. Pero, ¿cómo se suponía que buscarían una amenaza tan grande sin mencionar a quién se parecía dicha amenaza?

—Lo siento, Gojo-san. Lo olvidé —dice finalmente, desviando la mirada.

—¿Lo olvidaste? —Gojo le preguntó y luego una risa sin humor burbujeó en su garganta—. Ah, Utahime te lo dijo —se cruzó de brazos sobre su pecho y su frente se arrugó formando una pensativa 'v'—. Hice lo que tenía que hacer. Y… luego, una maldición tomó el cuerpo de mi único maldito amigo y decidió ponerse a jugar.

—Lo siento —dijo ella nuevamente, sin mirarlo—. No quería mencionarlo de esta forma.

—No… —dijo, finalmente—, te aferres a nadie en esta línea de trabajo, Miwa-san. Los perderás a todos. Eventualmente —él sonrió, pero no como antes. Había aún amargura detrás de ella—. Y todos a los que ya te aferras… Yo me distanciaría.

Silencio se expandió sobre ellos por un momento y Miwa se encogió de hombros y comenzó a retirarse por donde llegaron. Si habían llegado a un punto muerto, no había razón para quedarse.

—No puedo hacer eso —ella dijo, ahora frente a él.

Gojo podía verla perfectamente, incluso a través de su venda. El hechicero jujutsu, y el profesor en él, estaba curioso acerca de sus capacidades. El lado humano en él se preguntaba cómo una mujer joven tan atractiva podría mantenerse cubierta en traje y corbata. Regañó ese lado de su cerebro. Ella tenía la edad suficiente para ser apreciada por su mirada, y ya no era una alumna. Pero había sido alumna de Utahime y —Dios—, nunca escucharía el final de esa conversación.

Se sonrió a sí mismo. Aun así. Podría ser divertido. Se acercó a Miwa, dejando que la curiosidad que le causaron sus palabras tomara la delantera, empujando su ligera atracción por la joven mujer, por el momento.

—¿Y por qué no puedes?

—Porque tengo dos hermanos pequeños —respondió encogiéndose de hombros—. Y yo soy todo lo que tienen. No hay un… distanciarme.

Una única e interesada ceja blanca se curvó hacia arriba.

—Oh.

—Necesito ser capaz de proveer para ellos —el continuó—. Y necesito ser lo suficientemente fuerte para protegerlos de lo que sé que está ahí afuera, porque… puedo verlo.

—¿Ellos no?

—No —se sonrojó—. Sólo yo. Siempre he sido sólo yo —un suspiro escapó sus labios—. Solía asustar a mis padres. Ellos me llevaban a sitios en los que lloraba, me congelaba el miedo. Porque podía ver a los monstruos.

—La manifestación de tu energía maldita empezó a una muy corta edad para alguien sin una técnica innata —Gojo murmuró, incluso más curioso. La inmensa cantidad de energía maldita que esta mujer probablemente poseía era una locura. Y ella ni siquiera había tocado una porción, aún.

Ella se encogió de hombros.

—Mi energía maldita es lo suficientemente fuerte para anular otras técnicas. Como la de Inumaki-san; puedo proyectar suficiente energía a través de mi mente para que su Discurso Maldito no me afecte tan profundamente como lo haría con alguien más —Al menos ahora. Solía hacerlo.

—Tienes mucho talento en bruto. Ahora estoy menos impresionado de que seas un Grado 2 —Gojo admitió, llevando sus manos a sus bolsillos.

—Gracias… Creo.

Cuando llegaron al borde del bosque en el que habían estado buscando, Gojo salió a la vereda y se volteó rápidamente sobre sus talones, se detuvo ahí, cerca de ella. Él bajó el rostro, sonriéndole, complacido cuando ella, shockeada por su proximidad, se tiñó de un brillante color rosa. Él la miró de arriba abajo.

—Te tomaste una foto conmigo hace unos años, ¿cierto? —le preguntó y ella supo, lo supo, él estaba mirando directamente a sus ojos a través de la venda.

—S-sí —se atragantó. ¿Por qué estaba tan cerca?

Su sonrisa se extendió sobre su rostro.

—Lo recuerdo. Eres una fanática. ¿Aún tienes la foto?

—S-sí.

—¿Puedo verla?
Miwa asintió, aún sonrojada, y luego buscó su celular en su bolsillo. Sacó la foto, recordando tener 17 y admirar al mejor hechicero jujutsu del mundo —y su enamoramiento adolescente—. También la hizo pensar en Kokichi y en lo que él sentía por ella, cuando ella ni siquiera se había dado cuenta. Causó un conflicto en su corazón, porque ella nunca se sintió de la misma forma por su compañero de clase, incluso a pesar de que lo extrañaba más de lo que podría describir, tampoco podía pretender que ya no tenía un ligero enamoramiento por Gojo Satoru.

Ella le entregó el celular con la foto sobre la pantalla.

Él se rió y levantó sus cejas hacia ella, y se sintió, de alguna forma expuesta ya que parecía estar comparándola con una versión más joven de sí misma. Luego él comenzó a tipear.

—¿Q-qué… qué estás haciendo?

Él alzó un dedo y luego volvió a tipear antes de devolverle el celular.

—Sólo pensé que la foto se sentiría algo solitaria sin un número de teléfono adjunto.

—Oh-cielos —Sus ojos se agradaron y luego lo miró a él—. Gojo-san, yo…

—¡Adiooos, Miwa-san! —el soltó y luego, ya no estaba.

Los labios de Miwa entreabiertos, ella pestañeó antes de mirar nuevamente a su teléfono. ¿Acaso Gojo Satoru acababa de… darle su número de teléfono?

La misión. Más rara. De la historia.