Entiendo si la mención del caos trajo intranquilidad a tu mente; no debería en realidad, pues este no es del todo malo, no siempre, al menos. De hecho, la palabra caos viene originalmente de un vocablo griego y hace referencia a lo impredecible. Incluso algunos mitos lo nombran el primer dios que apareció en el mundo y quien dio origen a la existencia misma; incluso yo provengo de él. Seguramente, tú asocias esta palabra al desorden, un término adaptado con el paso del tiempo, pero como te expliqué, de este pueden nacer diferentes cosas. Sólo nos queda preguntar si serán buenas o no.

Es esta la palabra perfecta para describir a Levi Ackerman, un hombre impredecible que puede ser capaz de lograr muchísimo por sí mismo. Pese a todo lo que ha sufrido en su vida, siempre se ha mantenido positivo, con un noble corazón capaz de dar lo mejor por aquellos a quienes aprecia; darlo todo y sin esperar nada a cambio, como el caos que explota para crear.

Después del intercambio afuera del Diner Garrison, lo observé subir cabizbajo a su motocicleta, aturdido por los sentimientos de culpa y pesar, pero con la mente funcionando a una velocidad increíble para idear un plan que no le permitiera rendirse; consciente de su fallo y pensando en todas las maneras posibles para redimirse. Los contactos de sus hermanos y sus respuestas positivas podían ser de valiosa utilidad para solucionar sus problemas, pero primero debía planificar algo que lo acercara nuevamente a Mikasa. Sabía perfectamente que esta situación había detenido el avance en su relación que ya había crecido a pasos agigantados y ahora, por su falta de atención, peligraba y amenazaba con retroceder. Se detuvo afuera de su casa y entró directamente, tenía ya algo en mente, sólo debía ponerlo en marcha, lo más pronto posible.

—¡Isabel! —Gritó al dar el primer paso dentro de su hogar.

La muchacha dio un salto que la hizo caer del sofá en el que dormitaba junto a Farlan. —¡¿Qué pasa?! —Respondió histérica.

—Eres una chica, ¿No? Necesito de tu ayuda.

Ella suspiró, tranquilizando a su acelerado corazón, mientras veía con fastidio contenido al rubio, quien no se encontraba en mejores condiciones. —Guau, hermano. Pensé que nunca te darías cuenta de mi más íntimo secreto ¿Qué me delató? —Habló de manera sarcástica.

—No es momento para bromas, ven acá. Quiero que me ayudes con algo. —Le dijo apresurado y conduciéndola a su habitación.

—¡Oye! ¿Qué quieres con ella y por qué no te puedo ayudar también? —Bramó molesto Farlan.

—Porque eres un inútil con suerte de haber encontrado a alguien que te eligió desde que eras un mocoso, y no sabes un carajo de relaciones ni de mujeres. Y yo necesito salvar mi relación con una mujer a la que no quiero perder; Isa es una chica y es muy astuta, así que necesito de su ayuda. ¿Entendido? —El otro muchacho sólo pudo verlo con sorpresa, olvidando el evidente ataque directo; impactado por la sinceridad y el pequeño quiebre en la voz de un hombre a quien no había visto ser tan honesto con sus sentimientos en mucho tiempo.

—¿Tan mal te fue? —Preguntó preocupada.

—Sí.

—¿Y no quieres rendirte?

—No lo haré. A menos que me pida que la deje en paz. —Habló decidido.

—¿Fuiste honesto con ella?

—Me apegué a la versión más cercana de la verdad.

—¿Por qué no le contaste todo? Ya sabes, decirle que tú...

—No. —La interrumpió. —No quiero decepcionarla. Ese tema se acabará pronto, ella no tiene por qué saberlo, no ahora.

—Estás atado a esto al menos por un año más, ¿crees que lo puedes mantener oculto por siempre?

—Llevo años manteniéndolo oculto, y no será por siempre; si todo funciona bien, podré decírselo algún día.

—¿Y si no sale bien?

—Lo hará, creo que tengo algo. Pero, no puedo empezar a arreglar eso, sin haber solucionado antes todo este asunto con Mikasa.

La pelirroja lo observó con detenimiento, evaluándolo —No sabes el gusto que me da saber eso, por ti y tu salud mental. —Dijo después de unos segundos, saltando y aplaudiendo con alegría.

—Sí, pero mi salud mental peligra si no arreglo esto con ella.

—En serio te gusta, ¿no es así?

—Mucho más de lo que me ha gustado alguien jamás.

—Ok. Entonces, manos a la obra. —Dijo Isabel, mientras frotaba ansiosamente sus manos. —Farlan, cariño. Pon a funcionar la cafetera. —Ante esta mención, Levi sólo pudo reprimir una arcada. —Cambio de planes, pon agua a calentar para tomar el té. Hoy pondremos en marcha el plan SLDS.

El rubio la miró extrañado. —¿SLDS? —Cuestionó.

—Sacar a Levi de la Soltería. —Enfatizó, asintiendo con seriedad.

—Ay, por favor. Saben qué, lo haré solo. —Bramó con enfado el de cabello negro.

—Me despertaste a mí y a mi interés, ahora te callarás y me harás caso, o yo misma llamaré a Mikasa para decirle que perdone al inútil, torpe y deficiente en relaciones amorosas, de mi hermano mayor.

—Las ofensas estaban de más. —Le dijo rencoroso.

—La verdad nunca está de más, hermano. —Mencionó casualmente el rubio, mientras le daba una fuerte palmada en la espalda, antes de dirigirse a la cocina para efectuar la labor que le había sido designada.

Levi le compartió a su hermana el plan que había trazado en su mente, ante lo cual ella daba consejos o ideas sobre qué hacer para mejorarlo, incluso soltando un par de escurridizas lágrimas ante la visión de un enamorado hombre que quería dar lo mejor de sí mismo para conquistar a esa mujer que era la causante de sus suspiros más profundos; una imagen que ella nunca pensó que llegaría a presenciar de primera mano.

En su habitación, oculta bajo la protección de su cobija, Mikasa releía el perfil que le acaba de notificar que había gustado del suyo, un leve movimiento en su colchón, le hizo saber que no estaba sola, su peludo compañero de cuarto había llegado para enterarse de lo que sucedía con su dueña, quien, pese al ajetreado día, aún estaba despierta y llena de energía. —Escucha con atención, Poe. Creo que este candidato será de tu total gusto. —Se permitió un segundo para carraspear y limpiarse la garganta antes de proseguir con su lectura. —Un hombre que ronda los treinta años, soltero.Eso es importante. —Dijo, viendo fijamente a su acompañante, quien la miraba a la expectativa. —Se define a sí mismo como un introvertido, incapaz de relacionarse fácilmente con extraños. Sin embargo, acaba de tener una primera cita en donde se sintió tan a gusto que pudo ser él mismo, sin temor a ser juzgado. Malhumorado, renuente a disfrutar de las pequeñas cosas que pueden brindar alegría a otros, pero que puede dejarse llevar con tal de ver sonreír a una persona especial, como subirse a las trampas mortales de la feria que son los juegos mecánicos. Odia salir a convivir con la naturaleza, está de acuerdo con protegerla, pero considera que acampar en la intemperie es algo antihigiénico e innecesario, aunque la visión de las estrellas en el cielo nocturno es algo que lo sorprende siempre. No se catalogaría como un germofóbico, pues no le aterran las bacterias, sólo las considera como algo desagradable y que puede ser combatido con una limpieza meticulosa, y, aun así, puede callar a esa voz interior y tomar con todas sus fuerzas un sucio micrófono para recitar un tonto poema o cantar una canción en honor a la mujer más hermosa que ha visto, quien refleja en sus ojos la visión de esas estrellas que siempre lo dejan sin aliento. Tiene dos hermanos adoptivos, quienes cada día ponen a prueba su ya de por sí escasa paciencia, pero por quienes daría todo lo que tiene pues son dos de las tres personas más importantes de su limitado círculo social. Fanático acérrimo de la buena música, disfruta de escuchar los vinilos de bandas como Pearl Jam, The Cure, Nirvana, Queen, Guns N' Roses, Pantera, Soundgarden, AC/DC, The Ramones y otras de ese estilo, con algunas más que considera como un gusto culposo. También disfruta del buen cine, y de otro que no es tan bueno, como las comedias románticas y algunas otras películas que no tienen mucho sentido, pero pueden llegar a ser entretenidas. Nunca ha llorado viendo Juego de Gemelas, pero no puede evitar verla cada vez que la pasan en la televisión. A lo largo de su vida ha tenido diferentes trabajos que le han permitido sobrevivir a una infancia complicada y recibir la educación faltante que no pudo extraer de los cientos de libros leídos en la biblioteca pública; dichos trabajos van desde mandadero, vendedor de periódicos, ayudante de barbería, mesero de un restaurante de comida grasosa, dirigido por un tipo avaro, pero de buen corazón; conserje de una universidad; entre otros de medio tiempo. Actualmente trabaja desde casa, para la multinacional alemana Roter Pfeil, como uno más de sus tantos esbirros esclavizados a su servicio, un trabajo que detesta pues hacen que su ya de por sí complicado insomnio empeore, comprometiendo su cuestionable salud mental y alejándolo de quien lo hace querer ser mejor cada día, aunque es consciente de que nunca será un Mr. Positivismo, pues el mundo no es más que un retrete gigante; uno en el que se ahogaría gustoso si es al lado de cierta señorita amante de lo gótico que le ha enseñado a ver la vida en total color. Entiende perfectamente que esta descripción no es suficiente, pues aún le queda mucho por decir y explicar, y que esto es sólo un burdo intento de querer empezar de nuevo, con total honestidad sobre sí mismo y a la espera de una segunda oportunidad, pues la centésima primera impresión siempre es la mejor. —Ella dio una pequeña risilla, acunando su sonrosada mejilla con una mano. —¿Quieres escuchar la frase con la que finaliza? —Le preguntó a su gato, quien ronroneaba adormitado a su lado. —En serio lo siento mucho, Mikasa. No quise rendirme, pero tampoco quiero ser considerado un psicópata, no otra vez. Por lo que entenderé perfectamente si prefieres que no te moleste más, y prometo que, de ser así, esto será lo último que escucharás, o leerás, más bien, sobre mí. PD. Reutilicé la foto de perfil en esta nueva cuenta porque no soy muy fotogénico, supongo que es otro de los datos aburridos sobre mí para ser agregado a la lista. —Finalizó su lectura, dando un pesado suspiro. —Eres un tonto, Levi Ackerman. —Musitó, mientras observaba al techo. —Un tonto en el que no puedo ni quiero dejar de pensar. —Susurró pensativa. —Bien, Poe, le daremos a este tontuelo su último castigo de la noche, esperar hasta mañana por una respuesta. —Asintió orgullosa, mientras bloqueaba el aparato y se disponía a dormir tranquilamente, con una sonrisa adornando su semblante.

Por mi parte, me despedí de igual manera, suspirando con pesadez, pero sonriendo aliviada ante este panorama que empezaba a aclararse nuevamente. A ella la dejé durmiendo placentera, sonriente y serena, disfrutando de su sueño reparador. Lamentablemente, él, por otro lado, veía preocupado como las horas pasaban, preguntándose si ya habría recibido la notificación, preso de la incertidumbre de no saber si sería digno de esa segunda oportunidad o si mejor se resignaba a darla por siempre como perdida. Me retiré esta vez renuente, sabiendo que me perdería el momento en el que ella aceptara el perfil y se diera este, ahora, tan ansiado match en la famosa aplicación que había iniciado esta historia y que ahora permitiría un nuevo y fresco comienzo.

Regresé a mi hora habitual el miércoles, enterándome gracias a mi brillante colega, a quien ya arrastré a esta historia, que mi chica, gracias al desvelo de la noche anterior, se había despertado tarde y había corrido con rapidez hacia su trabajo, llegando con algunos minutos de retraso. Esto le provocó un gran regaño de parte del señor Shadis, y le costó tener que lavar todos los sucios platos del turno como castigo por su falta. La mañana en el local de comida estuvo tan ajetreada que olvidó por completo la situación de Tinder y se dedicó a seguir con su labor hasta la tarde, en donde se enteró que el día anterior, en la clase de la que se había escabullido minutos antes de su hora de finalización, se había decidido que el proyecto que entregarían al día siguiente, debía ir en un formato diferente al que habían acordado con anterioridad. Nadie le había dicho nada de esto, hasta que leyó un mensaje en el grupo que preguntaba si los demás ya lo habían cambiado. Enfurecida y nerviosa, había corrido hasta el campus para hacer los cambios necesarios al trabajo que debía entregarse a primera hora de ese día. Gracias a esta serie de pequeñas tragedias perdió la noción del tiempo y de esa respuesta que esperaba ser recibida por un ansioso muchacho que ahora, bajo mis primeras sombras nocturnas, yacía devastado en su cama, observando al techo de su habitación con una estridente melodía sonando de fondo, tan fuerte, que limitaba incluso el sonido de sus propios pensamientos.

Aprovechando un momento de tranquilidad, en el que uno de sus profesores se había retrasado para iniciar su última clase, Mikasa tomó su teléfono, dispuesta a revisar los mensajes recibidos durante el día, cuando un ícono anaranjado sobre el que resaltaba la figura de un pequeño fuego, llamó poderosamente su atención. —¡Demonios! —Musitó en tono bajo y abriendo con rapidez la aplicación. Se apresuró a responder al perfil, presionando, ahora con seguridad y no a causa de un accidente con un felino hambriento, el botón del "súper like" que llevaba directamente al ansiado emparejamiento.

Del otro lado de la ciudad, un inmóvil Levi parpadeaba levemente, confinado en su cuarto, rehusándose a salir de la protección de sus cobertores que lo envolvían cual crisálida y subiendo cada vez más el volumen de su música, a medida que un nuevo e intranquilo pensamiento cruzaba por su mente. Con un lento giro de su cabeza, observó cómo la pantalla de su teléfono se iluminaba, notificando algo. Lo tomó sin ganas, esperando algún mensaje de parte de su hermana, amenazando quizás con llamar a la policía si no abandonaba pronto ese estado catatónico en el que se había autoimpuesto. Sus orbes, que ahora lucían de un apagado y oscuro azul, se iluminaron de repente, no por la luz emitida por el aparato, sino por la noticia que le llegaba. Ella había aceptado su acercamiento e incluso le había escrito un mensaje.

«Hola, extraño»

Suspiró de golpe, dejando que la vida regresara a su cuerpo abatido, con un rápido movimiento salió de su capullo improvisado y se dispuso a detener el tocadiscos, encender la luz y dar un vistazo horrorizado a los cansados ojos que lo veían reflejados en el espejo. Se peinó con los dedos, acicalando un poco su imagen, consciente de que ella no lo vería, pero tratando desesperado de rescatar un poco de la dignidad que había perdido con anterioridad. Con un ligero toque de sus dedos, decidió responder.

«Es un gusto conversar contigo. He podido observar tu perfil y se me hace sumamente interesante».

La contraparte no tardó en emitir su respuesta, para continuar con la conversación.

«¿Ah sí? Me alegra ver la falta de caritas felices acompañando esta charla».

«Soy en extremo alérgico a ellas. Debo agregarlo a la lista de datos inútiles».

Ella sonrió, pensando en cómo continuar con su intercambio textual, sin saber que su profesor ya había llegado al aula y la observaba directamente. Antes de que pudiera siquiera comenzar a escribir una nueva oración, fue interrumpida.

«Creo que soy un hombre bastante chapado a la antigua, por lo tanto, me gustaría que pudiéramos conversar en persona, estos asuntos tecnológicos no se me dan de la mejor manera ¿Aceptarías salir conmigo?»

Preguntó, rememorando aquella primera conversación, iniciada por su hermana, pero que ahora el parafraseaba en este intento de hacer un borrón y cuenta nueva en su historia. Ella sintió cómo su corazón se detenía por un segundo, conmovida por este pequeño detalle del que sólo ellos conocían su profundidad real.

«Sólo si prometes que después de esto no te olvidarás de mí y responderás a los mensajes».

«Golpe bajo, pensé que estábamos dejando el pasado atrás».

«Lo olvidaré si no se repite».

«No lo hará. Palabra de Scout».

«No hay manera de que tú hayas sido un Scout».

«Buen punto. Entonces, palabra de alguien demasiado amargado como para ir por el mundo con pantaloncillos cortos, reuniendo medallas por acciones que cualquier humano decente debería hacer sin esperar nada a cambio».

Mikasa dejó escapar una risa nasal, cubriéndose la boca con su mano derecha, mientras en la izquierda seguía sosteniendo con fuerza su celular.

—Ackerman. —La llamó con voz fuerte su profesor de historia de la moda.

Ella dio un respingo en su asiento, dejando que el color le subiera al rostro, al percatarse del hombre con el ceño fruncido que la observaba desde el frente de la clase, junto con todas las miradas de reproche del resto de sus compañeros. —¿Sí, señor? —Preguntó, tratando de mantener la calma.

—Veo que la conversación que está teniendo en el chat, es más importante que esta clase. Por favor, vaya a platicar afuera, para que yo ya no la siga interrumpiendo. —Habló de manera sarcástica y con notorio enfado.

—Disculpe, no me había dado cuenta de que...

—Tengo una clase que terminar, así que le pido que se retire.

—Pero señor...

—Afuera ya. —Alzó la voz, señalando la puerta.

Ella bajó su cabeza, derrotada. Con pesadez recogió sus cosas y salió del salón, fingiendo entereza mientras por dentro quería soltarse a llorar. Sabía bien que no era la favorita de los maestros, que, pese a que reconocían su dedicación y talento, siempre la demeritaban por la forma en la que vestía y se comportaba. Había visto a otras personas contestar llamadas e incluso responder mensajes de una manera mucho menos discreta de lo que ella lo había hecho, sin recibir ningún tipo de llamado de atención. Pero que, para ella, por ser la "rara", la apartada del resto, eran pequeños errores que siempre le costaban algún tipo de humillación. Se sentó en la escalera que daba a uno de los pasillos, limpiándose los ojos con el dorso del índice, deseando con todo el corazón poder despedirse de todo esto, un ambiente que no extrañaría nunca más; soñando con volar bajo el viento, aferrada a un cálido torso que la hacía olvidar sus propios demonios. Luego de un par de segundos, tecleó su respuesta.

«¿A dónde iremos?»

Un par de segundos pasaron, antes de recibir un nuevo mensaje.

«Es una sorpresa, ¿puedes el viernes, después de tus clases?»

«Sí, estoy libre».

«Bien. ¿Puedo pasar por ti a las siete treinta?»

«Ok».

Respondió, dejando que su mente se dejara llevar por las emociones que se acumulaban en su pecho, decidida a olvidar el mal momento pasado antes y enfocándose en un futuro cercano que la llenaba de alegría.

¿Ves? Te lo dije, a veces el caos te puede llevar a dar ese pequeño paso que necesitabas para que todo vuelva a funcionar de la manera en que debería de hacerlo, una acción por más diminuta que parezca puede generar un gran cambio y repercutir en alguien que quizás necesite un breve escape de esa realidad que lo atormenta. Lo importante es nunca dejar que se salga de control, y en serio espero que Levi pueda controlar ese caos que lleva en su interior.