Cuando piensas en el amor, asociarás de manera casi inmediata dicha palabra a la imagen de un palpitante corazón. Pero, en realidad el enamoramiento ocurre en el cerebro; es en este en donde se liberan las sustancias químicas necesarias para provocar la reacciones que serán el estimulante en el resto de tu cuerpo. Quizás no sientas a tus neurotransmisores esparcir la oxitocina necesaria para provocarte las "mariposas en el estómago" de las que alardean todos los enamorados, pero sí sentirás el incremento en tu ritmo cardíaco cuando se acerca esa persona que te hace cuestionarte tu sanidad mental. Este sentimiento es así, puede llegar incluso a nublar tu juicio, haciéndote caer por actitudes que otras personas pueden encontrar como exasperantes o tediosas, hasta enaltecer al ser amado, obviando sus defectos y manías. Aunque claro, eso es sólo el inicio, como todo en esta vida, el amor también es cambiante y se adapta, aceptando que tu otra mitad no es del todo perfecta, pero ¿Quién en esta vida lo es? Como te he recalcado desde el inicio, llevo más tiempo existiendo acá de lo que lo han hecho los humanos y jamás he visto a alguien perfecto y sé con certeza que nunca lo haré.

Pero, ¿por qué estamos hablando del amor en este punto? Pues, porque también debemos mencionar a otro que lo acompaña y con el que no debe confundirse, la pasión. El amor arranca con esta. De hecho, un amor sin pasión se desvanecerá y lo mismo sucederá con una pasión sin amor; terminará siendo algo fatuo, carente de profundidad. Ya te había dicho que una relación se construye de a poco, comenzando con la atracción, que será la chispa a una futura ignición, dando paso a la pasión, que luego se convertirá en intimidad, para luego pasar a ser un compromiso, el combustible que ayudará a que la llama del amor arda fuerte. Algunas veces llameará con intensidad, y otras parecerá extinguirse; si el amor es verdadero, superará los obstáculos que acechen con apagarlo, será capaz de perdonar y seguir adelante, y si no lo es, quedarán las cenizas de que allí alguna vez hubo un fuego abrasador que fue consumido.

Es justo esa llama la que veo encenderse en dos corazones que laten en desenfreno, intercambiando mensajes y sonriendo ante cada notificación que resuena con estrépito en sus celulares, ante este nuevo inicio. Mikasa, ahora más relajada y dando por olvidado el asunto anterior relacionado con el trato injusto de su profesor, mueve sus pies, envueltos por unas grandes botas de plataforma, coronadas con varias cadenas y accesorios de metal, al compás de una romántica melodía que suena sólo en su cabeza, en sintonía con los latidos de su órgano vital, que elevan su ritmo ante el pensamiento de aquel que la tiene en ese estado. Llenándose de suspiros emocionados, decide retirarse a su residencia, para descansar y comenzar a pensar qué debería ponerse para esta cita en particular, ya que un nuevo comienzo merece un nuevo atuendo. Era eso en lo que pensaba mientras caminaba sonriente hacia la parada del autobús.

—Entonces, ¿estás segura de lo que haces? —Preguntaba Annie a una Mikasa que se movía nerviosa de un lado a otro de la habitación, un par de horas después de su trago amargo en la universidad. Sacaba y evaluaba diferentes prendas, con la vista fija de su amiga sobre ella, quien la veía a través de la pantalla, tan atenta como el segundo observador sentado en la habitación, moviendo su mirada amarilla al compás de los pasos de su dueña.

—¿Crees que no debería salir con él? —Preguntó deteniéndose de manera abrupta.

—No, o sea, no lo sé realmente. Sólo no quiero que salgas herida, no otra vez. —Respondió su amiga.

—Pensándolo así, quizás tengas razón. Aún puedo decirle que no. —Dijo pensativa.

—No me engañes, ni intentes engañarte a ti misma. No quieres cancelar esta cita, se te ve en los ojos que hacerlo te dolería más que la perforación fallida de lengua de hace un par de años.

—Ouch. Ni me lo recuerdes. —Dijo, haciendo una mueca de dolor.

—Sólo no des tanto de ti para complacer a otros ¿sí? Recuerda lo que pasó con el idiota de Jaeger.

—Lo de Eren es algo del pasado, no se repetirá y no tiene nada que ver con esto. —Soltó con enfado.

—¿Ah no? Explícame como un tipo que se aprovechó de tu enamoramiento hacia él, te usó, te ilusionó, se acostó contigo un par de veces bajo la vieja cantaleta de "no estoy buscando nada serio" para luego dejarte botada y empezar algo serio con alguien más, no se relaciona con esta situación, porque a mí me parece que sí lo hace y mucho.

—Eso no volverá a pasar. —Dijo cabizbaja, reviviendo el dolor que la había atormentado durante meses anteriores.

—Y no me malinterpretes, este chico Levi me agrada de cierta manera, creo que sólo es un tonto despistado y que en serio se está esforzando para recuperarte, pero no por eso debes bajar la guardia. Los hombres a veces pueden llegar a ser un asco, aparentan ser una cosa para luego decepcionarte. Te hablo desde la voz de la experiencia, y por lo mismo no quiero que tú acabes igual de amargada y herida como yo.

—Si eso pasa, podríamos vivir nuestros años de eterna soltería juntas. Adoptaremos gatos callejeros que serán como nuestros hijos.

—Pero debes prometerme que cada tarde saldremos a sentarnos a la calle a maldecir a las parejas de enamorados que pasen por ahí, señalándolos con nuestros bastones y gritándoles cosas como: "él te va a engañar con tu mejor amiga". —Dijo, cambiando su voz en la última frase, simulando hablar como una anciana que ha perdido la dentadura.

—"Lo suyo tarde o temprano acabará" —Mikasa reía e imitaba el tono empleado anteriormente por Annie, mientras gesticulaba con su brazo el estar apuntando con un tembloroso bastón.

—Suena a que al menos ya tenemos un plan de reserva, y me gusta.

—Bien, señorita Leonhart. Bajo el supuesto de que nuestra vida amorosa fracase miserablemente, ¿aceptaría usted ser la compañera designada de esta posible solterona?

—Nada me gustaría más que eso, señorita Ackerman. Aunque la que aún tiene una oportunidad aquí, eres tú. Yo ya me doy por desahuciada en el amor.

—No te rindas tan pronto, tal vez podemos encontrar a alguien digno de ti. Podrías intentar crear un perfil en Tinder. —Mencionó, tomándose el mentón y parpadeando con rapidez.

—Gracias, pero paso. Oye, y volviendo a ese tema, ¿Cómo es que decidiste darle una segunda oportunidad? Entiendo que aún después de lo del restaurante, no estabas tan segura de querer volver a saber de él. Incluso me pareció raro que dudaras tanto de alguien, pues ya ves que al otro idiota lo perdonaste enseguida. —Dijo, viéndola con claro fastidio.

—Ya te dije que las cosas con Eren nunca fueron nada formal. Y no lo perdoné, simplemente no le retiré mi amistad. —Habló molesta, mientras entornaba los ojos.

—Ajá, pues lo lloraste como si te hubiera abandonado tu esposo de toda una década. Además, dijiste que te fue más fácil seguir conviviendo con ese idiota porque no era nada formal, o sea que, ¿esto si lo es? —Preguntó sonriendo de manera maliciosa.

—En primer lugar, ese es un asunto del pasado ¿ok? Y con respecto a tu pregunta, no lo sé, es lo que quiero pensar al menos. —Dijo con un ligero sonrojo.

—Eso era todo lo que quería escuchar. Entonces, querida mía, vístete para deslumbrar y hacer que la quijada de ese tonto caiga al suelo y que nunca más se olvide de ti. —Le dijo animada.

—¿Crees que deba usar este? —Preguntó señalando un grueso suéter negro de cuello alto.

—¿Irán a visitar algún monasterio? —Inquirió la rubia con negativas.

—No, pero hace demasiado frío afuera como para ir por ahí, mostrando los atributos.

—Entonces dile que se vean otra vez en primavera, así usas ese vestido negro de cuero que resalta tu figura.

—Annie, en serio necesito que me ayudes. —Protestó con desespero.

—Bien, bien ¿a dónde irán?

—No tengo idea, dijo que sería una sorpresa. Por eso necesito buscar algo intermedio.

—¿Y si te lleva a un restaurante elegante?

—No creo, no es su tipo de cita, supongo.

—Bueno, igual debemos pensar en algo casual, no tan informal y tampoco muy sofisticado, porque puede que vayan a un lugar simple y tú lucirías como una duquesa tétrica, con demasiado glamur.

—¿Qué te parece este? —Preguntó, alzando un vestido ceñido de manga larga y escote cuadrado.

—Me gusta, dejémoslo como primera opción. Ahora veamos los accesorios para ver si tenemos un ganador.

—Bien, bien. —Dijo, caminando de nuevo hacia el ropero.

En otro punto de la ciudad, Levi veía hacia mi vasta inmensidad con un gesto soñador, confiado en que esta vez haría las cosas bien, aunque, claro, aún existían secretos que no se atrevía a compartir. Suspiraba cansado, pensando en cuál sería el momento adecuado para hacerlo, cuando su teléfono comenzó a sonar. Su gesto relajado se tensó al momento de leer el nombre en la pantalla, y, en busca de evitar cualquier posible contratiempo, decidió que lo mejor sería responder y afrontar los reclamos de su interlocutor.

—Hola. —Saludó desganado.

—Sabes que no me puedes evitar por siempre y que por mucho que lo desees no puedes salirte de esto tan fácilmente. Yo también tengo mucho en juego por ti. —Decía el hombre con claro enfado.

—Lo sé, por eso ya tengo algo para ti. Te lo enviaré mañana, solo necesito arreglar un par de detalles. Y no iré a la reunión del lunes.

—¿Cómo? Sabes que no puedes faltar a eso, lo acordamos desde hace meses.

—Van a tener lo que quieren ¿sí? Dile al viejo Reeves y al pez globo de su hijo que no me molesten y haré lo que ellos quieren, hacer que naden en billetes a mis expensas.

—Tú te metiste solo a esto, Levi, y no sólo ellos han visto las ganancias de este trato, también has salido beneficiado.

—Sí, lo suficiente como para visitar a un terapeuta cada semana.

—¿Cómo te va con él, por cierto?

—Bastante bien, como ya sabes, por los reportes que te manda siempre. Una cadena en mi cuello sería más discreta. —Dijo con molestia.

—Bien, me alegra saberlo. Espero que todo siga igual de bien, y que envíes algo de calidad, como siempre. Y, si vuelves a apagar el teléfono para evitar hablar conmigo, me tendrás frente a tu puerta, y no quieres eso, ¿o sí?

—El sólo pensar en tu cara me genera pesadillas.

—Bien, eso me da gusto, yo también te aprecio. Ah, y Levi, me alegra que hayas encontrado a una chica que despierte tu interés. Siempre me he preocupado por ti, a pesar de que me consideres un demonio que sólo gusta de atormentarte. Que descanses.

—Espera, ¿¡Cómo sabes... —Su frase fue interrumpida con un leve sonido que indicaba que la llamada había sido finalizada. Pasando una mano pesada sobre su rostro, dejó salir un profundo suspiro de frustración. —Mierda. El maldito tiene ojos por todos lados.

Entre cavilaciones, una mente preocupada y otra soñando ilusionada, me retiro discretamente, dándole una sonrisa apesadumbrada a mi colega y único confidente, que, a pesar de no poseer gran afición por los humanos y sus historias, como lo hago yo, es el único que me comprende y puede devolverme un gesto brillante como él mismo y darme esperanza. Debo volver con ánimos pues aún falta mucho de este relato por presenciar y me emociona de sobremanera la cita que ha sido pactada y cómo se desarrollará.

Es así como llego el viernes, con tanta emoción y nerviosismo que mis estrellas tintinean traviesas brillantes y lejanas, pero brindándome todo su calor y cómplice apoyo en esta travesía. Mikasa está atenta a sus clases, sin estarlo realmente, divagando sobre posibles escenarios a dónde podrían ir, algunos buenos, otros no tanto. Golpetea nerviosa el suelo con su zapato, mientras muerde su lápiz, rogándole al tiempo para que acelere su paso, pues su mente no está en las medidas y trazos que dibuja su profesora en la pizarra, sino que se encuentra clavada en unos ojos azules que, en este momento se encuentran a unos kilómetros de distancia, posándose fijamente en el reflejo de la persona que los posee, un hombre que intenta respirar relajado, después de haber cumplido con el envío solicitado y del que espera recibir buenas noticias. Dando un último vistazo a las confirmaciones que necesita para su cita, respira aliviado y sale decidido de su habitación, tomando a su paso un llavero que casi no usa, pero que hoy será necesario pues es una ocasión especial. Hace un recorrido mental de las calles a visitar en esta noche en particular, dando un ligero gesto, que para él cuenta como una tenue sonrisa, mientras piensa en que hoy la verá de nuevo y en lo mucho que disfruta de su compañía. Es así como se pone en marcha para iniciar la velada.

La campana suena magistralmente y Mikasa siente cómo el aire de sus pulmones sale con ella. Son ya las siete treinta, es hora de salir y comenzar con su cita. Se da un rápido vistazo en su espejo de bolsillo, pasando sus dedos por su corto cabello, antes de meter todos sus materiales dentro de su bolso, obviando la delicadeza con la que siempre lo hace y dejándose llevar por la premura de salir a la calle, a la espera de encontrarse con la reluciente motocicleta de siempre. Sin embargo, al momento en el que pone un pie en la acera, la azota la visión de una calle vacía, la farola en la que siempre lo encuentra, brilla como normalmente lo hace, pero sin ninguna silueta reflejada a sus pies. Tranquilizándose internamente, decide que lo mejor será sentarse en las gradas a esperar, mientras revisa con detenimiento su teléfono, a la espera de recibir algún tipo de mensaje. De pronto, su campo de visión se ve interrumpido por cuatro sombras que se acercan a ella.

—¡Hey, Morticia! Perdón, quise decir Mikasa. —Ante esta mención ella simplemente eleva su dedo del medio, el típico saludo que daba siempre a este chico.

—Connie, eres un idiota. No le digas así, no es agradable. —Lo regañó con severidad Armin. —Hola, Mika. —La muchacha le devolvió un saludo mucho más afectivo, sonriéndole con dulzura.

—H-hola, t-te ves m-muy b-bonita hoy. —La saludó nervioso Jean.

—Gracias. —Respondió con una tímida sonrisa. —Hola, Eren. —Añadió de manera cortante.

—Hola, buenas noches.

—¿Qué haces aquí? ¿Ya te vas a casa? —Cuestionó el rubio.

—Si es así, yo puedo acompañarte. Sería un gusto. —Interrumpe el más alto de los cuatro.

—Oh, muchas gracias, Jean, pero estoy esperando a que vengan por mí.

—¿Quién? —Cuestiona Eren.

—¡No me digas que tu príncipe azul, viene hoy por ti! —Dice el rubio emocionado.

—¿Príncipe azul? Yo lo llamaría, el Príncipe Escala de Grises, o Príncipe Negro, por como viste. —Dice animado Connie.

—Le quitas encanto al romance. —Regaña Armin.

—No, no, a mí me gusta. —Dice entusiasmada Mikasa. —Príncipe Negro, le queda. —Musita mientras da una sonrisa.

—Yo no lo llamaría un príncipe, más parece un dealer de la mafia, el que les distribuye las armas o quizás hasta maneja alucinógenos. —Menciona Eren, en tono sombrío.

—Por mucho que odie compartir opiniones con este maníaco, creo que tiene razón. Quizás no deberías salir con él.

—Él no es nada de eso. Es un hombre interesante, con un trabajo decente. Ustedes ni siquiera lo conocen como para juzgarlo. —Responde enfurecida.

—Ella tiene razón. Eren parece un emo vagabundo y Jean tiene cara de caballo, pero ¿Quién los juzga? —Dice Connie, plantándose al lado de la muchacha.

—Ok, eso quizás fue un ataque demasiado personal, pero él tiene algo de razón. Ustedes no pueden hablar de alguien que no conocen, y si Mikasa quiere salir con él es porque lo ha conocido y yo confío en mi amiga y sus decisiones. —Dijo firmemente el rubio, colocando una mano sobre el hombro de la mujer que fulmina a los otros dos con la mirada.

—Exacto, quién decide con quien salgo y con quién no, soy yo. No necesito de sus estúpidas validaciones para tener una cita. —Menciona decidida, mientras siente en su palma la vibración emitida por su teléfono, ha recibido un mensaje, indicando que el personaje de quien conversan se encuentra ya llegando al campus.

Un par de minutos después, un automóvil deportivo color gris oscuro con monturas cromadas, se detiene a algunos pasos del grupo, acompañado del sonido de un rugiente motor que se apaga, dejando ver la elegancia de un auto clásico, de décadas pasadas, pero que brilla sobresaliendo del resto, aún con el paso del tiempo, robando miradas de admiración de parte de los muchachos y de muchos otros estudiantes que vagan todavía por las calles de la universidad. La puerta del piloto se abre, y de ella emerge un hombre, ataviado con un atuendo, precisamente del color con el que lo describían antes, con un suéter de cuello alto, unos pantalones de mezclilla ceñidos, adornados con algunas cadenas y sus típicas botas altas militares; en sus manos lleva un ramo de flores, perfectamente empacado. Una apariencia que lo hace ver, encantador, elegante y amenazante, todo al mismo tiempo. Visión que genera, en la única mujer del grupo, una amplia sonrisa, motivada a abrirse camino a su encuentro, siendo interrumpida por una mano que la detiene abruptamente y unos ojos verdes que la miran con seriedad.

—Espera, quiero hablar contigo.

—¿Sobre qué? —Cuestiona incómoda.

—Es que no hemos hablado mucho desde tu fiesta de cumpleaños y...

—Y te parece buena idea que nos sentemos a tomar el té aquí, levantando los meñiques y conversando animadamente, justo ahora, que tengo que irme, ¿en serio? —Pregunta con el sarcasmo desbordando de su boca. —Lo siento, pero alguien me espera y no tengo nada qué discutir contigo. Todo lo sucedido el año pasado, es eso, pasado. Quedó atrás, yo ya lo olvidé y ahora tengo que irme. —Dice, soltándose de su agarre. —Adiós chicos, los veo otro día. —Despide casualmente, mientras camina animosa hacia quien la espera ansioso.

—¿Todo bien? —Pregunta él, sin apartar su mirada del otro muchacho, quien lo observa con desdén.

—Sí, cosas sin importancia, ¿esas son para mí? —Inquiere emocionada, contemplando el ramo en sus manos.

—No veo a otra Mikasa por aquí. —Dice, entregándoselas.

Ella intenta replicar con alguna frase ingeniosa, pero las palabras quedan dispersas en el aire, ante la visión de las flores frente a ella. —Dan la apariencia de ser negras. Son hermosas. —Musita con aliento contenido.

—Pensé que darte flores rojas sería demasiado ordinario, y pensar en pintarlas se me hizo como darle una bofetada a la naturaleza. Así que indagué y encontré que existen rosas que son de un rojo tan intenso y oscuro que pueden parecer negras. Agrégalo a tu base de datos de información interesante para generar conversaciones triviales en fiestas a las que no querías ir.

Mientras ríe sobre sus comentarios, posa su mirada en una pequeña nota colocada en el centro, escrita con una pulcra caligrafía que conoce muy bien.

"Una belleza excepcional, alejada de los cánones comunes impuestos por la sociedad, suave al tacto, como terciopelo, de dulce fragancia, elegante, sofisticada y un más hermoso interior. De mis fallos he aprendido e intento florecer, como lo has hecho tú, rosa negra que me tiene a su merced."

—Esto es precioso, ¿es la cita de algún libro?

—No. Es una cita sobre cómo me haces sentir, porque aún un antipoeta como lo soy yo, puede hacer un torpe intento para escribir un tipo de verso. —Habla avergonzado.

—No es un torpe intento. Es mi cita favorita de ahora en adelante. —Menciona con voz entrecortada por la marejada de emociones que la envuelven, mientras sus ojos grises se enfocan en sus labios que se contraen con evidente nerviosismo. —Ven aquí. —Susurra antes de tomarlo por el cuello y acercarlo hacia su rostro, para fundirse en un cálido beso, algo que ambos llevaban días añorando en secreto.

Luego de unos segundos del intenso contacto del que se separaron a regañadientes, ajenos a los ojos curiosos que observaban su intercambio, sin contar dos pares que más que observar, tiraban a matar, él habló, aún sin alejarse por completo. —¿No crees que vamos muy rápido para una nueva primera cita? —Preguntó en tono de broma.

—Ay, cállate. Digamos que acepto la disculpa. —Dijo ella, sin intentar ocultar su sonrisa.

—Uff, genial. Entonces puedo cancelar todo lo otro que tenía planeado para hoy.

—¡Hey! —Gritó ella, golpeándolo suavemente en el brazo.

—Ouch. Estaba bromeando, espero que te guste tanto como las rosas.

—Me encantaron, gracias. ¿Cómo se llaman?

—Black Baccara, algunos también le llaman Príncipe Negro. —Ante esta mención ella dejó salir una sonora carcajada, perpleja ante las ironías con las que a veces el destino gustaba de jugar. —¿Dije algo gracioso? —Inquirió desconcertado.

—No, sólo me hizo gracia el nombre ¿nos vamos?

—Sí, vamos. —Respondió, mientras se adelantaba para abrir la puerta del copiloto.

—Qué elegante.

—Gracias, es algo que me caracteriza. —Soltó orgulloso.

—Hablaba del auto.

—Ah. Chevrolet Camaro RS del 67, llamarlo elegante es poco para esta belleza.

—No sabía que supieras de autos clásicos.

—Uno de mis tantos talentos ocultos. —Soltó con fingida soberbia.

Ella sonrió nuevamente, acción que había hecho demasiadas veces en poco tiempo y que sólo sucedía en los momentos en los que él hacía acto de presencia. Dejándose embargar por la calidez del momento, se adentró en la comodidad de los asientos de piel que la recibían con suavidad, mientras acunaba junto a su pecho el ramo de rosas aterciopeladas que inundaban sus fosas nasales con su dulce fragancia.

—Qué romántico, le trajo flores. —Suspiraba Armin, mientras tomaba sus últimas fotos de la noche.

—Se ganó a pulso los besos, y quien sabe qué otras cosas más esta noche. —Canturreaba con picardía Connie, mientras golpeaba con el codo las costillas de un abatido Jean que se daba por vencido en esta carrera en la que él había salido con una evidente desventaja.

A su lado, Eren, apretaba con molestia los puños. —Armin, ¿para qué demonios tomas tantas fotos?

—Soy un artista, amigo mío, y no puedo evitar que mi ojo conocedor se vea encantado por esta pareja. Los pondré como pieza principal en mi próxima exposición, son perfectos y quedan tan bien el uno con el otro. —Decía, mientras inspeccionaba las imágenes de su cámara.

No es un enigma el saber que concuerdo totalmente con el rubiecillo fanático del romance. Algunas personas parecen ser hechas para embonar con otra, como si, desde el momento en el que se gestara, su destino fuera decidido para encontrar a aquel que los complementa y los hace florecer, para entonar juntos su propia canción de amor. Me emociona el imaginar qué más pasará esta noche, pues este fue apenas el inicio, de un nuevo comienzo.