El fin de semana, mientras Levi afrontaba su interrogatorio, Mikasa, por otra parte, disfrutaba de su descanso, enfocándose en sus proyectos de moda. Diseños y bosquejos que debían presentarse en la siguiente semana; libre de trabajo y con una única preocupación que nublaba su mente: aquel hombre de ojos azules que en poco tiempo se había apoderado por completo de sus pensamientos, y de quien llevaba más de un día sin saber de su paradero. Con un suspiro bajó uno de sus crayones, finalizando con el boceto de un vestido de estilo clásico, con tintes melancólicos.
—Otra vez no responde, Poe. ¿Crees que esté bien o debería preocuparme? —El felino sólo pudo demostrarle a su única y peculiar manera que todo estaría bien, y que no debería impacientarse, con un maullido y un salto a su regazo, ronroneó tranquilizando a su dueña. —¿Qué sería de mí, si no te tuviera a ti, pequeñín? —Musitó sonriente, mientras acariciaba con dulzura el espacio entre las negras orejas de su acompañante. Dando un sorbo a su café, observó con dulzura el ramo de rosas que descansaba en un florero sobre su mesa, comenzaban a marchitarse, pero se negaban rotundamente a morir y dejar atrás su remarcable belleza. Inspirada por la vista, trazó un par de líneas más, dejándose influenciar por las curvas y figuras creadas por la naturaleza, mientras evocaba en su corazón los momentos pasados junto a quien se las había obsequiado. Al finalizar, observó orgullosa el resultado final, con una amplia sonrisa y una palmada mental de auto felicitación. —Creo que nunca había hecho algo tan lindo. Ojalá que el profesor piense lo mismo. —Dijo en voz alta, antes de ser interrumpida por el timbre de su puerta. Con premura se levantó para abrir y descubrir quien era el que tocaba tan insistentemente. Al abrir, divisó a un rubio que la veía con emoción contenida.
—Hola, Mikasa. Espero que no hayas olvidado nuestra cita para ponernos al día con Doctor Who.
—Oh, Armin, hola. ¿Era hoy? Pensé que sería la próxima semana. —Mintió, tratando torpemente de encubrir el hecho de que, en efecto, lo había olvidado por completo.
—Ah, las personas enamoradas se olvidan de todo. Por cierto, no interrumpo nada ¿verdad? No me gustaría arruinar ni presenciar alguno de sus encuentros románticos.
—¡No! No interrumpes ni vas a presenciar nada más que a mí y a Poe. Pasa adelante, y deja de ser tan raro, por favor.
—Eso es como pedirme que deje de respirar. ¿Poe ya está vacunado? No quiero que me muerda otra vez, las vacunas contra la rabia no son agradables de recibir.
—Por milésima vez, mi bebé no tiene rabia. Y te mordió porque le pisaste la cola.
—No es cierto, lo estaba acariciando y me atacó. Tu gato odia a todo el mundo menos a ti.
—Falacias. No odia a todo el mundo, a Levi lo quiere mucho. —Admitió con una sonrisa boba.
—¿Levi? —Cuestionó el rubio mientras acomodaba su computadora en la mesa de la sala. —¿Es que acaso el nombre del misterioso Príncipe Negro me ha sido revelado? ¡Esto es mejor que el conocimiento sobre la ubicación del Santo Grial! —Chilló emocionado.
—Ya, ya. No es para tanto. —Respondió entornando los ojos.
—¿No es para tanto? Hablamos del novio de mi mejor amiga, ¡claro que lo es! No te había visto tan feliz desde... nunca; nunca te había visto así de contenta. —Dijo consternado.
—No es mi novio ¿ok? Sólo estamos saliendo y conociéndonos.
—Osa, osa, eso es mentira.
—¿No era "Osa osa mentirosa"? —Inquirió con duda.
—No si eres fan de Bob Esponja. Pero eso no es lo importante. Lo verdaderamente relevante es ¿cómo demonios te atreves a negarlo si se nota que mueres por él?
—No estoy negando nada. Aún no hemos hablado de eso, y tampoco hemos definido nada.
—Pero, ¿él no te ha dicho que no busca nada serio o algo así? Ya sabes como...
—No. —Dijo tajante.
—No te molestes, sólo no quiero que te hagan sentir mal. Tú no mereces eso, sabes que aprecio mucho a Eren, hemos sido amigos desde pequeños pero, tú eres especial para mí. Y sé bien que fue el imbécil más grande del mundo al rechazarte así. A decir verdad, eras mucho para él; bonita, fuerte, inteligente, entre otras muchas cosas más, y mereces alguien igual de especial que sepa valorar todo eso. —Le afirmó con seriedad.
—Awwwn, Armin. La vida me ha premiado con personas tan buenas como tú. Y, para tu tranquilidad, creo que él es esa persona que mencionas.
—Eso me alegra mucho. Lo digo en serio.
—Gracias. —Respondió, mientras retiraba una traviesa lágrima de su ojo derecho. —Y también espero que tú encuentres a esa persona que también sepa valorar el gran partido que eres.
—¿Un geek amante de la fotografía que sueña con viajar por el mundo?
—Un chico dulce y amoroso con un corazón tan grande como sus sueños.
—Bien, cumplido aceptado. Sabes que cuando quieras hablar de tu "no novio" o de cualquier otro tema, siempre estaré ahí para ti.
—Acepto la oferta. Ahora, a ponernos al día con nuestro doctor extraterrestre favorito. ¿Palomitas? —Preguntó dirigiéndose a la pequeña cocina.
—Pensé que nunca lo preguntarías. Con doble mantequilla, por favor.— Ella asintió, mientras se dedicaba a preparar la bolsa y colocarla en el pequeño microondas que venía incluido con su contrato de arrendamiento, mientras tarareaba en voz baja la intro del show que estaban a punto de ver. Antes de que el aparato electrónico emitiera el particular sonido que indicaba que el tiempo establecido había finalizado, Armin la llamó en voz alta. —Mik, tu computadora está sonando. —Al llegar a la mesa comprobó que era una videollamada de alguien que, a pesar de la distancia, siempre estaría ahí para ella.
—¡Annie! —Saludó en voz alta al ver el rostro siempre serio de su mejor amiga.
—Mikasa, ¿Cómo has estado? ¿Chico punk se redimió al fin? ¿O mejor te programo una cita urgente con el cardiólogo? —Preguntó, recordando aquella conversación pasada.
—No le digas punk, lo haces sonar como un anarquista, y no lo es... espero.
—¡Ja! Como Eren. —Musitó el rubio a su lado, antes de taparse la boca con ambas manos al darse cuenta de su error y la mirada asesina de la muchacha puesta sobre su rostro.
—En fin, —Dijo, retomando la conversación. —Respondiendo a tu pregunta, sí, ya todo está bien, gracias por preguntar.
—Detalles, mujer, necesito detalles. Tu vida amorosa es mi novela semanal, hazlo por esta pobre alma en desgracia carente de romance en su vida.
—¡Por dos! —Habló en voz alta Armin.
—Oh, pensé que estaba sola, aunque noto que el extraño está de acuerdo conmigo. Choque de puños, amigo incógnito.
—No voy a dar detalles de nada, y sí, estoy con Armin, ya te había hablado de él. Vamos a ponernos al día con una serie. —Señaló, moviendo el aparato para que pudieran salir ambos en la pantalla.
—Buuuu, aburrida —Abuchearon ambos rubios al mismo tiempo.
—Es un gusto, Armin. Me complace de sobremanera ver que no soy la única que gusta de crisparle los nervios a la siempre lúgubre Mikasa.
—En efecto, estimada señorita Annie. Crisparle los nervios a Mikasa es una de mis tareas favoritas, aunque la primera sería incomodarla con temas de su "no novio" como ella lo ha denominado.
—¿Sigues negándolo como tu novio?
—¡¿Verdad?! Es justo lo que yo le digo, hasta le llevó rosas negras a la universidad.
—Bueno, suficiente. No se niega lo que aún no se ha definido. Es todo lo que diré sobre el asunto, ahora si me permiten, yo sí quiero ver la serie.
—Bien, te llamo después, aburrida. Espero que disfruten de su serie, ¿cuál es, por cierto?
—Doctor Who. —Respondió el chico.
—Oh, es muy interesante. Los últimos episodios estuvieron muy entretenidos.
—¿Te gusta?
—No sabía que te gustara. —Admitió Mikasa con sorpresa.
—Hablabas tanto de eso que me generó curiosidad, así que la busqué y vi las últimas temporadas, y, me gustó. Y no, no pongan esa cara, no voy a verla desde el principio. No hay manera.
—Bueno, una vez que entiendes la premisa puedes omitir los episodios antiguos... supongo. —Reflexionó el muchacho, mientras se tomaba pensativo la barbilla.
—Bien, nerds. Los dejo con su serie de ciencia ficción. Un gusto, Armin.
—Lo mismo digo, Annie. Espero que puedas venir un día a la ciudad, para ver un episodio con nosotros, creo que sería muy divertido.
Antes de que la llamada finalizara, una idea se formuló en la mente de la chica de cabello negro, al observar un muy tenue y casi imperceptible sonrojo en las mejillas de su mejor amiga y un pequeño brillo en los ojos del chico que sólo se presentaba cuando encontraba algo que le generaba mucho interés. Era una situación peculiar, que debía ser aprovechada. —¿Y por qué no te nos unes hoy? Digo, no es lo mismo virtual pero podríamos conversar y que nos des tu opinión como alguien poco familiarizada con el programa.
—Oh no, está bien. No te preocupes.
—¿Tienes algo mejor que hacer? —Cuestionó la otra chica mientras alzaba una ceja.
—No, no en realidad.
—Acompáñanos, será divertido y prometo no ser tan analítico con cada una de las escenas. —Juró Armin alzando su brazo derecho.
—Bien. Veamos la serie entonces. —Aceptó al fin.
—¡Yay! Sólo que tendremos que enlazarte desde la computadora de Armin porque es él quien tiene descargados todos los episodios, así puedes ver la pantalla compartida. —Dijo Mikasa, con genuina alegría.
—Claro, me parece bien. —Respondió Annie.
Las horas pasaron con el grupo conversando de diferentes asuntos, generando entre Armin y Annie una seguidilla de preguntas y respuestas que remarcaban algunas de sus diferencias, pero con la realización de que sus gustos compartidos superaban a estas. Siendo uno de ellos que, pese a que ella era una atleta dedicada y él un amante de las tardes holgazaneando en el sofá, disfrutaban pasar su tiempo libre escuchando la misma música o jugando el mismo videojuego que, curiosamente, era el favorito de ambos. Mientras los dos se debatían sobre cuál de todos los personajes tenía las mejores habilidades, Mikasa sintió su teléfono vibrar, recibiendo una notificación sobre un mensaje que había entrado de la persona que, pese a no estar físicamente en su sala, se proyectaba en esencia en la misma, con su rostro sin emoción que generaba en ella todas las que él no expresaba, con tan sólo un enfoque de sus ojos del color del océano.
«Lo siento, mi bella rosa negra. Otra vez dejé que los demonios que me acongojan, me alejaran de ti hacia esas sombras oscuras que no me permiten escuchar tu dulce llamado. Pero he logrado salir, y después de un par de contratiempos, voy rumbo hacia la infame ciudad capital. Prometo traerte algo a mi regreso. Y, Mikasa, amo tus mensajes, por favor no dejes de enviarlos. Aunque fueran miles, los leería gustoso, porque vienen de ti. Jamás podrían abrumarme. Yo también te extrañaré, el mundo afuera se oscurece sin tu presencia; aún con mis remarcables y elegantes improperios.»
Con el corazón repiqueteando, cual mariposa, se dedicó a teclear su respuesta. Releyendo y sonriendo ante esa respuesta, sin notar cómo era observada de cerca por el chico, mientras la otra muchacha intentaba atravesar la pantalla que las separaba para no perder detalle de su expresión.
— .Dios. ¡Estás sonriendo! —Gritó Annie con sorpresa.
—¡Demonios! Debí haber traído mi cámara, aunque esta foto con el celular no salió tan mal. —Se lamentaba a su lado Armin.
—¿Pero qué diantres? ¿No tienen noción de lo que significa la intimidad? ¡Déjenme en paz! —Refunfuñó molesta mientras caminaba rápidamente hacia su dormitorio. Estando ahí, siguió su seguidilla de mensajes, sonriendo tranquilamente en la paz de su espacio personal. Llevaba tanto tiempo sintiéndose como un cadáver andante que ya no recordaba lo que era esta sensación de llenarse repentinamente de vida, tan cálida que la hacía sentir cómo su sangre bombeaba fuerte en su sistema; respiraba y estaba viva, lista para salir y darlo todo. Terminó su conversación mirando pensativa al techo. Llevaba tanto tiempo sin sentirse así, y no se refería a la mera atracción por alguien, sino más bien el ser correspondida en este nuevo y latente sentimiento; porque era justo eso lo que deseaba creer, que esto sí era mutuo y podría evolucionar en algo más. Sólo no quería aceptarlo en voz alta frente a otros, no quería que nuevamente todo se desvaneciera y quedar como la tonta ingenua enamoradiza que todos creían que era. Ella era mucho más que eso, un ser herido, menospreciado y lastimado que siempre buscaba la forma de salir adelante. Aún persistían en ella inseguridades que no la dejaban caminar tan firmemente como quisiera, pero tampoco la harían detenerse del todo, sólo necesitaba tiempo para sanar y confiar; confiar en alguien que confiara en ella de igual manera, un compañero para apoyarse y seguir adelante, alguien que la viera como su igual y en quien pudiera apoyarse. Abrazó fuertemente su teléfono a su pecho, como si en él estuviera representado su propio corazón, suspirando fuertemente para luego sonreír como no lo había hecho desde hacía tanto tiempo.
Minutos después, Armin dio por terminada la velada, despidiéndose de Annie, su nueva conocida con gran potencial para convertirse en una amiga con quien hablar sobre videojuegos y discos, e indicándole a Mikasa que se retiraba por hoy pero que esperaba verla al día siguiente en el campus.
Las dos noches siguientes fueron un tanto molestas para Mikasa, pues sus amigos, quienes juraban estar preocupados por su incipiente relación con el muchacho misterioso que parecía haberse ganado en poco tiempo un lugar especial en ese corazón en el que uno mataría por estar y el otro, quien había tenido un espacio privilegiado sólo para perderlo por completo, de una vez y para siempre, buscaban desesperados "hacerla entrar en razón" sobre la mala impresión que este les daba con sólo mirarlo. Impresión que evidentemente estaba simplemente basada en los prejuicios y celos que los llevaban a sacar conclusiones apresuradas, sin saber realmente toda la historia y sufrimiento detrás de esa mirada hostil hacia el resto del mundo, menos hacia aquellos que se daban a la tarea de conocerlo realmente.
—Mikasa, necesito que hablemos. —Decía insistente el chico de ojos verdes.
—Y yo necesito terminar estos apuntes antes de que acabe el receso. ¿Te importaría? —Respondió molesta.
—Sí, me importa. Tengo que hablar contigo y llevas días ignorándome.
—Ahora sabes lo que se siente. Con permiso. —Dijo alejándose nuevamente.
—No, tú no te vas a ir. —Explotó molesto, tomándola del brazo.
—Suéltame, no soy tu maldita esclava para hacer lo que tú quieras, en el momento que quieras. —Remarcó con enojo, soltándose violentamente de su agarre. —No tengo tiempo para ti, ni para tus redenciones tardías, ni para tus suposiciones estúpidas. Estoy harta. —Finalizó marchándose. En sus adentros se sintió orgullosa, sonriendo tranquila ante su liberador ataque. Había cortado al fin las pesadas cadenas que la mantenían callada y sumisa, incapaz de llevarle la contraria a esos ojos esmeralda que nunca demostraron ternura ni afecto hacia ella, y que ahora, veía con indiferencia. El muchacho por el que antes estuvo terriblemente infatuada no era ahora más que una pila de arena marchándose con el viento. El azul había sustituido imperiosamente al verde, un gesto intimidante para muchos, menos para ella a quien dedicaba miradas brillantes y rebosantes de dulzura. Caminó decidida, hacia su siguiente clase, pasando curiosas contemplaciones de parte de testigos de su intercambio verbal anterior, hasta pasar a un acongojado muchacho bastante alto que caminaba con decisión hacia su persona. —Tú ni me hables, tampoco me interesa. —Rezongó ante un sobresaltado Jean que la veía alejarse.
Existen ocasiones en la vida en donde es necesario caer hasta el fondo, con un golpe sonoro digno de la pérdida del aliento para abrir los ojos, jadear por aire y respirar de nuevo; con más decisión y entereza que nunca. Dando pasos certeros hacia un nuevo comienzo, dándole la espalda a aquello que no genera bienestar; cortando esas sombras que conducen a la nada, para ahora, serlo todo.
