Amor, palabra compuesta por cuatro letras que son insuficientes para contener la miríada de sentimientos que este puede llegar a almacenar. Pues, el amor se presenta de maneras diferentes en todos los seres humanos; desde el fraternal, pasando por el afectuoso, hasta el pasional, con diferentes escalas de intensidad y longevidad. Es algo que se toma su tiempo en llegar o que llega de repente. Algo que es diverso en varios aspectos, excepto en uno, el vacío inmenso que queda cuando se va.

El amor marca destinos, crea caminos y te invita a soñar con finales perfectos. Te hace sentir vivo, aunque en tu interior lleves tanto tiempo muerto que las polillas se han adueñado de tu cuerpo. Un sentimiento maravilloso, que puede transformarse en un dolor desgarrador con un simple par de palabras. Pero, como ya te dije una vez, este va por pasos, etapas que van evolucionando; es algo hermoso que, sin duda, vale todo el dolor que causa.

—Entonces te dijo que te amaba... interesante. —Señalaba una rubia, dando un sorbo a su té, siendo proyectada por una pantalla que su amiga observaba atenta, tumbada en su cama.

—No me lo dijo en sí, lo balbuceó mientras dormía. De hecho, dijo muchas cosas sin sentido, ya no recuerdo. La verdad, yo también estaba ya medio dormida. Y al otro día no mencionó nada sobre el tema.

—Es lo mismo. Estaba en un momento vulnerable y dijo lo que sentía. Para mí, es válido.

—¿Tú crees? —Preguntó ilusionada la chica de cabello negro.

—Sí. ¿Y ahora? ¿Qué vas a hacer? ¿No crees que es muy pronto para confesiones de amor? Apenas vas a conocer en unos días a su familia, además, ¿Cuánto llevan saliendo? ¿Dos días?

—Es que no dijo que me amara, sino que creía hacerlo. Gran diferencia. Y llevamos saliendo tres meses, ¿tú crees que es muy pronto?

—Me lo preguntas a mí cuando deberías cuestionártelo tú misma. Porque sabes muy bien que te sientes igual ¿no es así?

—No lo sé. No sé qué hacer. ¿Debería terminar todo y esconderme en mi cama, mientras lloro en posición fetal y no salir nunca más?

—Suena a buen plan, pero la comida se acabará y eventualmente tendrás que salir. Eso o Poe terminará contigo al tercer día.

—Seguramente. Ese gato se comería mis restos a la menor provocación. ¿Qué harías tú en mi lugar? —Preguntó repentinamente.

—Daría en adopción a ese animal. —Respondió con rapidez.

—No, no sobre mi gato endemoniado. —Desestimó de inmediato el consejo dado. —Me refiero a mi situación... amorosa, supongo. —Dijo dudosa.

—Amiga, si el hombre que me encanta y me llena de atenciones cada día, me dijera medio dormido que me ama, en ese momento lo besaría salvajemente para despertarlo y haría que lo repitiera conmigo sobre él.

—Ok, esa fue una respuesta muy intensa.

—Es que si te vas a poner a pensar cada movimiento que das o en lo que dices o haces, la vida se te pasará por enfrente y te olvidas de lo importante que es sólo vivirla. Además, no puedes pedir consejos sobre algo de lo que sólo tú sabes realmente cómo te sientes. Si ambos se gustan y son felices, disfrútenlo mientras puedan. Luego, las cosas cambian y puedes llegar a arrepentirte de lo que no dijiste o hiciste, pensando si era lo correcto o no. Es un consejo de una mujer que se arrepiente de no haber pensado así en su momento. Me dejé convencer, por terceras personas, de que estar con Bert era lo correcto cuando no lo sentía así; sabía que él no estaba seguro de esto y lo ignoré porque pensé que "hacía lo que debía hacer". Y ya sabes cómo terminó todo. Al final él fue honesto consigo mismo, o eso quiero creer. —Recordó con tristeza.

—Lo sé... es sólo que, me aterra ¿sabes?

—¿Qué cosa? ¿Sentir?

—No... o, bueno, sí. Nunca había llegado tan lejos con alguien. Mi historial incluye a varios idiotas que terminé dejando por patanes; un enamoramiento obsesivo que me terminó hiriendo más de lo que duró y esto. Me da miedo arruinarlo por no saber qué hacer o ilusionarme y que todo simplemente acabe. Ya sabes lo que dicen, entre más fuerte el amor, más intenso será el dolor y eso me asusta mucho.

—Pero, también dicen que es mejor amar y perder, que nunca haberlo hecho. Créeme que, aunque sentí como si me hubiera partido en dos cuando me dejaron, si ahora encontrara a alguien que hiciera la mitad de cosas que este chico hace por ti, lo intentaría de nuevo. Porque para mí, vale la pena. Pero, si tú crees que es mejor no arriesgarse, entonces deberías ser honesta con él y decirle que no sientes lo mismo, ¿no crees?

—Pero eso no sería ser honesta.

—Exacto. Porque te sientes igual que él. Piensa bien en qué quieres y si estarás mejor aceptando tus sentimientos o negándolos por miedo. Sabes bien que yo con gusto te acepto para vivir juntas nuestra vida de eterna soltería, siendo las viejitas amargadas de la cuadra, que están infestadas de animales callejeros. Pero, también puedo hacerlo sola, sabiendo que tú eres feliz con alguien que te quiere realmente. Porque, Mikasa, los cobardes solo pueden morir sin vivir realmente, porque nunca lo intentan. —Le aconsejó con afecto. —Debo irme, pero te veo después. —Se despidió finalmente, dejando pensativa a la otra chica que ahora yacía boca arriba, mirando intensamente el cielo de su habitación.

Dando un recorrido por la galería de su golpeado teléfono, en donde sobresalían varias fotos de un minino de color oscuro y grandes ojos verdes, figuraban también instantáneas tomadas de imprevisto a un muchacho serio de cabello tan oscuro como el de su mascota, pero con unos ojos de un azul profundo que relucían al verla directamente. Fotos de él viendo hacia la ventana con el mentón reposado sobre una de sus manos. Otras en donde se le ve recostando la parte inferior de su rostro entre sus manos pero viéndola directamente, inmóvil y encantador. Una en donde acaricia suavemente al gato que ahora lo reclamaba como su mejor amigo. Varias de ellos juntos, en diferentes escenarios y poses, mismas que llamaron poderosamente su atención al verse reflejada en los retratos; se reconocía sin hacerlo realmente, tal como le había sucedido a él en esa primera foto que se tomaron juntos. En teoría era ella, pero en esencia parecía diferir; se veía más alegre, más relajada, sin duda alguna, más feliz. Algo que nunca se reflejaba en su mirada, no importaba el lugar en donde la imagen fuese capturada, era una felicidad superficial, banal, que no se comparaba a esta que emanaba desde dentro. Una ligera sonrisa se formó en sus labios al seguir detallando las fotografías, misma que sólo pudo ensancharse al recibir un mensaje que indicaba que el actor principal de los retratos estaba en el edificio, subiendo por las escaleras. Con premura, y unos reflejos casi felinos, saltó de su cama para verse rápidamente al espejo y pasar apresurada el cepillo por sus cabellos. Un rápido vistazo y unos pellizcos en sus mejillas y estaba lista para recibirlo, ahora reparando en los ojos brillantes que realzaban su semblante; con una última sonrisa a sí misma y una sacudida de su ropa, asintió y se encaminó hacia la puerta. La aproximación repentina de su peludo acompañante al umbral, sumada a su movimiento inquieto de cola, le anunciaba que, la persona favorita de ambos, estaba ya a centímetros de distancia. —¡Hola! —Saludó sonriente, abriendo la puerta y descubriendo que otra persona había llegado antes de quien esperaba tan ansiosa. Su sonrisa se transformó en una mueca de terror y sorpresa cuando la realidad la golpeó. —Mamá. —Alcanzó a articular antes de que el pánico se apoderara de su ser, al ver a su invitado que se aproximaba por detrás y cómo su madre, al percibirlo, se giraba con gesto molesto para escrutarlo de pies a cabeza.

—Veo que esperabas a alguien más. —Notó, sin apartar la vista del muchacho que se había quedado congelado en su camino.

—Emm, sí. Él es sólo un amigo. De hecho, es mi compañero de clase. —Tartamudeó nerviosa.

Él sólo pudo atinar a verla, sintiendo como el corazón se le estrujaba ante el comentario de ser "sólo un amigo" pero desestimándolo al instante al analizar que decretar algo más era, en primer lugar un poco complejo, pues ni siquiera ellos mismos lo habían definido y en segunda instancia, sería como detonar una bomba en plena primera impresión. Se maldijo internamente por no preocuparse por su atuendo del día, aunque sabía muy bien que si el plan hubiera sido ir a algún otro lugar en vez de quedarse en casa de ella y ver alguna de sus películas favoritas, mientras comían cualquier cosa, su vestimenta no habría sido mucho mejor. Aunque de haber sabido que conocería por primera vez a su madre, quizás pudo haber usado uno de los trajes a medida que tenía reservados en un compartimento específico y oculto de su gran clóset. Aclarándose la garganta y cayendo en cuenta después de unos incómodos segundos de silencio que a él le parecieron horas, que lo mejor sería presentarse, decidió hablar finalmente. —Soy Levi. Mucho gusto, señora Ackerman. —Saludó, extendiendo la mano. Misma que fue recibida con reticencia por la mujer mayor.

—El gusto es mío, jovencito. —Respondió ella con poco agrado. —¿Y bien? ¿Puedo entrar o nos quedaremos todos en este sucio pasillo?

—No, pasa. Es sólo que no te esperaba por acá, mamá. No avisaste que vendrías.

—¿Cómo podría hacerlo? Si sólo me contestas a medias los mensajes o me cuelgas rápido las llamadas que hago a tu celular, y cuando llamo a tu casa nunca estás. —Reprendió.

—Es que he estado muy ocupada, ya ves que es mi último semestre y las tareas son tan desgastantes. De hecho, tengo un proyecto que entregar esta semana, y Levi es mi parej... o sea es parte de mi grupo... de dos. —Corrigió con los nervios ya de punta. —¿Verdad, Levi? —Preguntó desesperada escoltando al interior de su departamento al hombre que sólo la veía con un gesto de confusión pura, sin saber qué decir realmente.

—Sí, cierto. —Alcanzó a responder cuando un puntiagudo y desesperado codo se incrustó en sus costillas. —Weilman se ha ensañado con todos al dejar tareas demasiado complicadas. Justo ahora hay que presentar diez diseños originales para la presentación al final del semestre, por eso he venido a apoyar a Mikasa en los bocetos y escoger las muestras de tela para hacer las compras y empezar con la confección de las piezas. —Agregó, ignorando la mirada de sorpresa de la chica a su lado, quien no daba crédito a lo preciso de su explicación, dada en un tono sumamente relajado.

—Así que tú también diseñas ropa. —Señaló la mujer mayor, enarcando una ceja.

—De hecho no, estoy acompañando a Mikasa en esto porque trabajo para una gran empresa que también publica artículos en una revista y hay un área de moda a la que quieren que ayude con la edición y, lo mejor es saber un poco del tema, para redactar algo sobre él. Al menos eso es lo que yo pienso. Por eso sólo comparto algunas clases con el grupo. —Dijo, ante la mirada aún escrutiñadora de la señora y el gesto persistente de incredulidad de la muchacha.

—Interesante. Ya decía yo que no dabas la apariencia de un modista. Bueno, entonces no los interrumpo, terminen lo que tengan que hacer y yo me pondré al día con mi desaparecida hija después.

—Claro, trabajaremos aquí en la sala. Haha, puedes dejar tu maleta en mi habitación y descansar un rato.

—No, no hay problema. Estaré aquí en la cocina, prepararé un té, mientras espero a que terminen su... trabajo. —Mencionó, antes de darle una última mirada al muchacho de pie frente a ella, quien en sus piernas tenía a un pequeño gato ronroneando y exigiendo por su atención, y caminar hacia la pequeña, pero muy ordenada cocina.

—¿Qué diablos fue todo eso? —Preguntó entre susurros la chica, acomodándose en la pequeña sala, repartiendo materiales de estudio para dar base a su engaño.

—No sé, creo que entré en pánico y tuve que improvisar. —Admitió él, aceptando papeles y un lápiz para simular tomar algunas notas.

—Pero estuvo muy bien, creo que sí lo creyó.

—Al menos no le mentí. O sea sí, pero sólo fue un porcentaje reducido de datos falsos. —Corrigió al ver la mirada apática de ella. —¿Por qué no me dijiste que vendría? Pude haberme preparado de antemano. —Recriminó.

—Ni siquiera yo sabía. Te esperaba a ti y ella apareció. Así que estoy igual o menos preparada que tú.

—Ajá y ahora tengo que mantener la farsa de ser un compañero de tu clase y escribir un artículo sobre moda. —Dijo, señalando sus materiales improvisados.

—En realidad no tienes que hacer eso.

—Una mentira se sostiene cuando mezclas un poco de verdad en ella. Toda la parte de tu profesor era cierta, yo siendo parte de eso no. Así que indirectamente tendré que involucrarme para seguir mintiendo.

—Ok... No lo hagas. Eventualmente le contaré la verdad, es sólo que... también entré en pánico. Lo siento por arrastrarte a esto. —Confesó, pasándose una mano por el rostro y buscando con disimulo su cobijo para sentir un poco más de su presencia a su lado.

—Ya me has arrastrado a muchas cosas, lo agregaré a la lista, junto con dedicarme una canción en el karaoke. Aún me debes eso. —Señaló, apuntando de manera acusatoria con el dedo.

—No te debo nada. —Refutó ella, riendo ligeramente. —Pero, bajo el hipotético caso de que lo hiciera ¿Qué canción te gustaría?

—Tendría que ser una que te nazca dedicarme; una que te haga pensar en mí, supongo.

—The Ramones, entonces.

—Otra vez el chiste del punk, será mejor que me vaya. —Respondió ofendido. —Aunque son una excelente banda y me gustan mucho, no toleraré que me sigas llamando así.

—No te vayas. —Dijo riendo. —Cantaré "Beat on the brat" especialmente para ti.

—Amo esa canción... pero no, no me convencerás con eso. —Negó, soltándose de su agarre.

Mientras ambos bromeaban, desde su lugar en la cocina, la señora Ackerman los observaba con atención. Con un leve carraspeo de garganta, logró llamar la atención de ambos chicos que, por un breve instante, habían olvidado su presencia. —Mikasa, por cierto, ¿qué sucedió con este chico, el hijo del doctor? Ya sabes, el muchachito que tanto te gustaba y del que me hablabas siempre, Eren. —Preguntó de repente a la muchacha que, luego de esa interrupción, ahora la veía horrorizada.

—Nada, mamá. No pasó nada con él. Está muy feliz con su novia, de hecho. —Rezongó con enojo, tras la evidente mala intención de sus palabras.

—Ah, ya ves que esos romances nunca duran, tal vez la deja pronto y tú podrías tener tu oportunidad. Se me hacía un muchacho muy decente, según lo que me platicabas de él.

—Mamá, eso fue hace mucho tiempo. Y me sorprende que lo recuerdes tan bien cuando sólo te dije su nombre una sola vez. —Mencionó fastidiada, mientras intentaba, con cautela, buscar bajo la mesa, la mano de él para presionarla suavemente. —Y, honestamente, fue algo fugaz. Ya ni siquiera me gusta. —Afirmó, guiñándole discretamente un ojo al muchacho que fingía escribir en una hoja, mientras ignoraba la conversación que, por dentro, lo hacía sentir miserable.

—¿Ya no? Pero si sonabas tan ilusionada cuando me platicabas de él. Antes, cuando aún hablabas con tu vieja madre. —Reprochó.

—No, mamá. Ya no. Conversaremos en un momento, sólo déjame avanzar con esto, por favor. —Pidió, retomando su cuaderno de bosquejos y gesticulando una silenciosa disculpa a su compañero, que continuaba con su fingida tarea en silencio y quien sólo dio un leve asentimiento, antes de volver su mirada decaída y pensativa hacia el suelo.

Continuaron así un par de horas más, compartiendo por momentos, pequeñas muecas que simulaban ser sonrisas pero que no cumplían con los requisitos para ser consideradas como tal, bajo la atenta mirada de la mujer que hacía sentir a Levi como no lo había hecho desde hace algún tiempo, como fuera del lugar, sin pertenecer a ese ambiente; a ese momento. Mikasa, por su lado, había decidido enfocarse en su tarea que, pese a ser una fachada frente a su madre, era, en parte, bastante real. Embelesada por su trabajo, tomaba por momentos, crayones y pinturas en distintos tonos de azul, ajena a los ojos que la veían con curiosidad tras un lápiz y un papel y, que, sin saberlo, eran la inspiración para el diseño que había creado desde cero.

—Es un poco tarde. Creo que será mejor que me vaya. —Anunció él de repente, levantándose de su lugar. —Te veo mañana...en clases. —Dijo, refiriéndose a la chica que lo veía triste, con poca intención de dejarlo marchar. —Señora Ackerman, ha sido un placer conocerla. Feliz noche.

—Buenas noches. —Respondió cortante.

Él sólo pudo apretar los labios y asentir ligeramente, antes de retirarse hacia la puerta, no sin antes inclinarse y acariciar al gato que arañaba insistente el cuero de sus botas, casi colgándose de su abrigo largo. —Tú, pequeño, aún me debes unas cortinas nuevas y ya me quieres romper la ropa. —Dijo en un susurro bajo, tomando entre sus brazos al pequeño minino que maullaba con regocijo recibiendo el contacto que tanto había esperado durante toda la velada. Poniéndolo finalmente en el suelo, abrió la puerta para partir.

Al cerrarse esta con un suave sonido, la muchacha sólo pudo centrar su vista en el diseño final de la ondulante prenda índigo que recién había terminado, para comprender finalmente a qué o, específicamente a quien le recordaba. Girando su vista, observó a su madre, quien la veía con reproche, a punto de soltar un largo y desgastante discurso. —Ahora vuelvo. —Anunció parándose de repente.

—¿A dónde vas? —Inquirió con sorpresa.

—Olvidé pedirle algo a Levi para las clases de mañana. —Respondió antes de salir corriendo.

Mientras, el muchacho pateaba molesto una piedra, en su recorrido hacia su motocicleta. —Nunca puedes dar una buena primera impresión ¿verdad, inútil? —Murmuraba cabizbajo. —Aunque quizás, ni siquiera vistiendo el traje importado, hubiera logrado que esa señora me viera con buenos ojos. Tal vez usando el reloj ese caro, o uno de los Rolex... No, definitivamente, la primera impresión no es lo mío. —Finalizó frustrado, alzando la voz.

—Lo fue conmigo. —Respondió una suave voz femenina a sus espaldas. —Una muy buena primera impresión. —Continuó, tomando su rostro entre sus manos.

—Oh. —Dijo sorprendido. —Me escuchaste... ¿qué tanto oíste? —Preguntó nervioso.

—Sólo lo último, ¿algo más que deba saber?

—No. Nada.

—Lamento mucho todo lo de ahí adentro, mi mamá a veces puede ser un tanto complicada... no pensé que vendría hasta acá. Nunca lo hace.

—Se preocupa por ti, es entendible.

—Sí, pero es demasiado.

—No, cuando no le hablas, según lo que dijo. ¿Por qué no lo has hecho?

—Ya sabes, si no estoy trabajando, estoy en la universidad, a veces no tengo tanto tiempo libre.

—Pero ahora ya no trabajas.

—No, pero paso tiempo contigo.

—¿Y no puedes hablar con ella cuando estás conmigo? ¿O al menos hablarle de mí? —Inquirió dolido.

—Claro que puedo, y empezaré a hacerlo para evitar que venga más seguido por acá. Pero quiero evitar dar explicaciones... por el momento.

—Está bien, aunque eventualmente tendrás que decirle la verdad ¿no?

—Sí, sí. Sin embargo... no sé qué decirle realmente, quizás deba confesarle que me gusta mi compañero de clases. —Dijo pensativa.

—Dijiste que le dirías la verdad.

—La mitad es verdad. Y un sabio me dijo que mezclar la mentira con verdad ayuda mucho.

—No soy sabio y lo dije antes de que prometieras que serías honesta con ella.

—Ok, le diré la verdad. —Aceptó derrotada. —No quiero que te vayas. —Mencionó con un puchero.

—Lo sé, yo tampoco quiero irme. Pero tampoco quiero que tu mamá me odie más de lo que ya lo hace.

—No te odia. Así ve a todos los que se ven "diferentes" a su concepto de normalidad. Así me ve a mí también, a veces.

—Eso es diferente, tú eres su hija y no podría odiarte. Aunque, así debería ver también al "chico decente" que supone que es tu amigo el vagabundo. —Soltó con desprecio.

—Sólo le conté sobre él porque me estaba presionando conque ya llevaba soltera mucho tiempo ¿sí? Ni siquiera le dije gran cosa.

—Claro, sólo le diste todos los datos buenos. —Dijo, rodando los ojos.

—Bueno, ahora le daré todos los malos. Y le contaré que el chico que vino hoy a casa es todo un caballero, que recita poemas, canta muy bien, trabaja mucho, con unos muy buenos hábitos de sueño y cuidado personal y que me motiva a no mentir.

—Ajá y mentir es justo lo que estás haciendo ahora. Vuelve, antes de que salga a buscarte.

—No quiero, mejor llévame contigo.

—¿Y que me acuse de secuestrar a su hija? No gracias, ya me pasó una vez y no es divertido.

—Necesito oír esa historia.

—Otro día será. Vuelve. —Insistió.

—Bueno. —Aceptó a regañadientes, acercándose para besarlo rápidamente antes de regresar a su hogar. —"Nothing compares to you"

—¿Ah? —Preguntó confuso ante esa oración.

—Esa sería la canción. Quizás no se adapta a la situación, pero es lo que pienso de ti. O, si seguimos con The Ramones, también podría ser "Baby, I love you" aunque no creo cantar como Joey, pero lo intentaría porque, Levi... también creo que te amo. —Confesó finalmente con un último beso y una sencilla despedida con la mano, antes de desaparecer tras la puerta lateral del edificio.

Él se quedó estático en su lugar, aún un tanto confuso, pero formulando una sonrisa boba que se disipó en el instante en el que comprendió finalmente la razón detrás de esas inesperadas palabras. El cálido golpeteo en su pecho, cayó como una pesada bola de acero a su estómago cuando fugaces recuerdos de palabras dichas al azar en un estado casi onírico retornaron a su mente. Muchas de ellas ciertas y algunas un tanto comprometedoras. —Mierda. —Soltó, tratando con urgencia de recordar si había dicho algo que lo delatara por completo.

—Vaya, no me esperaba ese saludo. —Vociferó alguien saliendo de entre los arbustos.

—¡Demonios, Hange! ¿De dónde carajos saliste? —Gritó sorprendido.

—Eso tampoco es un "Hola ¿Cómo has estado"?

—Claro, mátame de un susto y lo primero que pensaré es en preguntarte cómo estás. Maldición. —Rezongó, intentando tranquilizarse.

—Bueno, ahora ya sabes lo que se siente.

—¿Qué haces aquí? Si hay alguna escena del crimen o algo cerca, no tengo idea. No puedes arrestarme sólo por vivir en la misma maldita ciudad violenta que tú.

—No, no ha pasado nada y, aparentemente aún no infringes ninguna ley por ahora. Sólo pasaba por el vecindario y me pareció reconocer tu motocicleta, así que decidí dar un vistazo para controlar que todo estuviera en orden.

—¿Qué, ahora estoy bajo algún tipo de vigilancia policial? Porque no se me notificó nada al respecto. —Demandó con molestia.

—No, para nada. Sólo soy una persona curiosa. Tanto como tú, que gustas de curiosear en lugares que no deberías. Pero, me alegra saber que te has mantenido fiel a tu palabra sobre alejarte de los problemas.

—Una noche con tu circo de fenómenos fue suficiente para mantenerme alejado de esa comisaría.

—Te faltó agregar el "sin ofender".

—No pretendía decirlo.

—Tan amable como siempre. —Dijo, sonriendo derrotada. —En fin, ha sido un gusto verte sin tener que amenazarte o esposarte, Levi. Espero que todo se mantenga así, aunque muero de ganas por descubrir qué escondes, porque sé que lo haces y no descansaré hasta saber la verdad.

—La verdad es, que mi sueño de ser criminalista terminó el día que vi que tus compañeros son unos inútiles. Adiós, Hange. Enfoca tus energías en descubrir a los verdaderos criminarles, no en un tipo común como yo.

—Tarde o temprano lo averiguaré. —Advirtió, guiñando un ojo y desapareciendo en el mismo punto del que había salido.

—Sería mejor si no lo hicieras. —Musitó por lo bajo, suspirando fuertemente, observando cuidadosamente su entorno para asegurarse de que la mujer se había marchado ya, y repasando en su mente todo lo acontecido en tan poco tiempo. —Ya falta poco, no debo perder de vista mi enfoque. —Se tranquilizó, apretando el puente de su nariz. —Aunque, puedo hacer ciertas modificaciones por paz mental. —Meditó, subiéndose a su vehículo y dando varios golpecillos en la pantalla de su celular, evaluando sus opciones, ventajas y desventajas, hasta decidirse finalmente y marcar el número que ya conocía de memoria. —Erwin. —Dijo a modo de saludo. —Necesito agregar un nombre a la lista.

—Oh. ¿Uno más? —Preguntó este sorprendido.

—Sí, es necesario.

—Bien. Dame los datos y yo me encargo del resto.

—Hange Zöe, detective.

—Espera, ¿no es la misma que te arrestó la otra vez?

—Correcto.

—¿Algo que quieras decir sobre eso?

—No. Pero sé que eres listo y ya lo debes de haber intuido.

—Ok, entiendo. —Acordó serio. —Conversaremos sobre los detalles después, supongo.

—Sí. Ah, y también necesito algo más.

—No puedo renegociar nada ya, Levi. El acuerdo se cerró y estamos en los últimos procesos.

—Lo sé, pero no se trata de eso. Son dos cosas, de hecho.

—¿Algo relacionado con tu abstinencia?

—No. Eso está controlado. —Cortó con molestia.

—¿Entonces?

—Te enviaré un nuevo paquete más tarde, quiero que lo revises.

—¿Otro? Pero pensé que ya todo estaba terminado.

—Tendrás los detalles después, sólo te pido que seas muy discreto.

—Ok, me tomas por sorpresa pero, cuenta con eso. —Aceptó decidido.

—Gracias. Coordinaré todo lo demás contigo más tarde.

—Muy bien. Por favor, no te metas en problemas y llama a Eld si sientes que es necesario.

—No te preocupes, sé qué hacer. Adiós. —Dijo finalmente, cortando la llamada. Dando un último vistazo al edificio a sus espaldas, sonrió con tranquilidad, recordando las últimas palabras mencionadas por aquella chica que inundaba sus pensamientos y, sin saberlo, era la principal razón detrás de sus decisiones y acciones. —Es fácil saber qué hacer cuando tienes a alguien por quién hacerlo. —Anunció con convicción, antes de emprender la marcha hacia su casa.

Justo al mismo tiempo que todo este intercambio sucedía, dentro del edificio, Mikasa se enfrentaba a la dura mirada de su madre quien la veía con enojo. —Sé lo que estás haciendo, niña, y no me gusta.

—¿Y qué se supone que estoy haciendo? ¿Hablar con un compañero de clases? No sabía que eso también se consideraba impúdico.

—Cuida esa boca, Mikasa Ackerman. Sabes bien a qué me refiero, quizás no creas que sea algo malo pero, mentirle descaradamente a tu madre en la cara sí lo es.

—No te estoy mintiendo.

—Claro que lo haces. Crees que no sé lo qué pasa contigo y ese muchacho pero no soy tonta, lo puedo notar en sus rostros. Hasta el gato ese te delata.

—Mamá, y si así fuera ¿tan malo sería?

—Sí.

—¿Por qué? —Preguntó con tristeza.

—Porque no me gusta para ti.

—Pero no te tiene que gustar a ti. —Denotó enojada. —Además, ni siquiera lo conoces. Básicamente le dijiste hola y adiós, eso fue todo.

—Y fue suficiente para que no me agrade. Y tengo la certeza de que es por él que te has alejado tanto de casa.

—Mamá, tú sabes que esto no es algo reciente. Mi verdadero hogar se quedó en Shinganshina y nos fuimos juntas de ahí cuando papá murió. Ese otro lugar nunca fue ni será una casa para mí. Así que no puedes alejarte de dónde nunca has estado realmente.

—Tú estarás dónde yo esté y donde esté tu familia.

—Yo puedo ir contigo a donde sea... menos regresar a esa casa. Me prometí a mí misma no volver a poner un pie ahí y pretendo cumplirlo. —Enfatizó.

—Pero, hija, pensé que podíamos aprovechar estas fiestas, antes de que te gradúes y celebrarlo juntas. Tú, yo y tú tí...

—No. —Negó tajante. —Eres bienvenida el tiempo que quieras, mamá. Pero yo no me moveré de aquí. —Finalizó, adentrándose a su habitación. —Menos ahora que encontré una razón para quedarme. —Musitó para sí misma, abrazando fuertemente su teléfono, en donde se apreciaba la que había definido como su foto favorita; ella recostada detrás de un chico de ojos azules y cabello negro que reposaba sobre su raído sofá, cubriendo parte de su rostro con el celular con el que había capturado el momento, tratando de ocultar su desdén por las fotografías, pero cediendo porque es a su lado; ambos posando junto a un pequeño gato tumbado en el reposabrazos, que los mira con atención en el reflejo del espejo que sirve para enmarcar la escena. Con un suspiro y una sonrisa, se propone seguir avanzando, viviendo un día a la vez.

Es innegable el hecho de que hablamos de un sentimiento hermoso, pero es necesario recordar que también es uno bastante peligroso, que, como diría el sabio Nietzsche, aunque involucre a la locura, siempre debe ir acompañado de la razón. Incluso para mí, que lo he visto todo, el amor es un tema complejo de abordar, aunque parezca sencillo para los amantes que se sienten volar en la presencia del otro. Pero, es un hecho conocido que, en la vida, nada que valga la pena, será enteramente sencillo de lograr.