Shaman King no me pertenece
No consideraba que fuera una persona débil; incluso, podía contar con los dedos de una sola mano las veces que lloró por algún motivo que realmente le afectara de manera emocional. Quizá se debía a que estaba tan acostumbrado a estar solo que jamás se interesó en demostrar algún tipo de emoción genuina. Sí, estaban aquellas veces en Osore y sus encuentros con Anna, pero esas lágrimas tenían que ver con dolores físicos debido a las pesadas cachetadas que la rubia dejó sobre su rostro. Siendo sincero, la única vez que había llorado con tanto sentimiento fue cuando se tuvo que despedir de Matamune; si recapitulaba bien, él era la razón de sus llantos más prolongados.
Al menos lo era hasta ese momento.
"Hao es tu hermano y tu obligación como heredero de la familia Asakura es derrotarlo"
Sabía que debían tener alguna relación por su estrecho parecido y por la extraña preocupación que había demostrado sobre él en todos sus encuentros, pero jamás pensó que el vínculo fuera tan personal. ¿Matar a su hermano? ¿Cómo es que sus abuelos lo podían decir con tanta calma?
Se había perdido en algún punto de las explicaciones, los métodos y las estrategias que la familia Asakura había preparado para el combate. No quería estar ahí escuchando declaraciones de guerra, quería estar solo, en algún rincón de la habitación en que las responsabilidades heredadas no lo tuvieran que alcanzar. Ni siquiera se disculpó al dejar la sala; lo último que alcanzó a escuchar fueron los débiles susurros de su madre diciendo que lo mejor era dejar que asimilara todo y que luego retomarían la discusión.
Si de él dependiera no quería retomar nada.
¿En qué momento sus deseos tranquilos se habían convertido en un plan de venganza familiar? Deslizó la puerta de su habitación y ni siquiera se molestó en encender la luz. Solo tuvo la fuerza suficiente para dejar sus auriculares sobre alguna mesa cercana, quitarse la camisa y meterse directamente en el futón que alguien más habría preparado para él.
Se acostó de lado y le dio la espalda a la puerta en un vano intento de creer que de esa forma también le daría la espalda a la cantidad de momentos indeseados que se avecinaban.
Quería decir algo, oponerse, preguntar, cuestionar su legado familiar, pero por ahora en lo único que podía pensar era en la lucha que tenía que enfrentar en ese momento. No podía decirle a sus amigos, no iba a preocuparlos ni a involucrarlos en lucha cuyo único resultado posible era la muerte. Sus abuelos y su madre serían un blanco fácil así que tampoco pelearían; aun, y si Mikihisa se unía a la batalla, no sería muy difícil saber que sería derrotado.
Estaba solo.
—No lo estás.
La voz a sus espaldas era suave, tranquila, un tono de voz reservado para él. Sintió cómo otro cuerpo se juntaba junto a él en la cama y cómo un brazo se posaba sobre el costado de su abdomen en un vano intento de quererlo abrazar. No quería voltear, no se sentía lo suficientemente fuerte para enfrentarse a ella.
—Lo escuché todo, Yoh; aunque seamos honestos, era una posibilidad que ambos nos rehusábamos a aceptar.
Escucharlo de la boca de Anna no era reconfortante. Sin embargo, le ayudaba a aceptar ese destino.
Fue ahí cuando comenzó a llorar.
Ni siquiera sabía por qué lo hacía, simplemente su cuerpo había generado esa necesidad de sacar toda su frustración a través del llanto; además, sentir el tibio cuerpo a sus espaldas le estaba ayudando a nivelar esa carga tan pesada que el resto de su familia había puesto sobre él.
Y así, por cada lágrima que iba cayendo sobre su rostro, podía sentir que ya no estaba tan solo; y cuando por fin tuvo la valentía para voltearse y verla a los ojos fue que pudo notar que al menos una de las personas de su familia lo iba a sujetar cuando se sintiera caer.
Los labios de Anna se posaron sobre sus mejillas, su barbilla y por cualquier otro lugar que tuviera el rastro salado. Ella estaba ahí con él, demostrándole que cargarían esa responsabilidad familiar juntos.
—¿Cómo te sientes?
Esta vez el tono fue mucho más bajo, era como si Anna tuviera miedo de levantar la voz y romper algo en él.
Pero ya no había nada porque la mera presencia de ella lo reparaba todo.
Lentamente, pero con seguridad, dejó que sus labios se unieran a los de ella. Fue un beso tranquilo, solo un par de roces y sonrisas en el medio.
—Me siento mejor ahora.
Fin
Holi, sé que he estado super perdida de estos lares pero quiero que sepan volveré para terminar de mis fics, no la otra semana, probablemente tampoco el otro mes, pero volveré. También espero que estén disfrutando del anime tanto como yo; me rehúso a creer que ya falte tan poco para que termine.
Por ahora, este cortito es un regalo para Annasak por su cumpleaños. (L)
¡Que los ilumine la eterna luz!
