La que se suponía iba a ser una noche para recordar, se estaba transformando en una pérdida total para Misumi Nagisa. Tenía a éste chico con el que se supone estaba en pleno cortejo, pero lo descubrió con otra chica de la universidad. Y no, no estaba exagerando, literalmente los encontró labio a labio detrás de uno de los edificios y decidió no hacer ningún escándalo, simplemente se fue. Mientras se dirigía a su entrenamiento vespertino, bloqueó y borró el número del chico. Compartían algunas clases, pero ya se las arreglaría después en caso de que quisiera acercarse a ella, de momento acababa de arruinarse el lindo conjunto de ropa que planeaba usar para la cita que tenían planeada para el tan esperado día.
Entrenar le ayudó mucho, tenía tanto enfado dentro del cuerpo que se sobre-exigió un poco durante los ejercicios, tanto que se quedó sin aliento apenas el entrenador indicó el final de la sesión. Siendo el hombre atento y profesional que era, le dijo a Nagisa que descansara ese día y que tratara de relajarse.
"Todo sucede por algo", le dijo el hombre, sus serias palabras salieron junto con una brusca palmada en la espalda.
Nagisa no respondió nada a eso, simplemente asintió y fue a los vestidores a darse una ducha y cambiarse por la ropa que ya había elegido para ese día, no llevaba otra y no pensaba ponerse su uniforme sudado del día.
Justo ese día que no tenía tareas pendientes, que tenía tiempo libre para pasarla bien hasta bien entrada la noche, terminó por su cuenta y sin una cita. Sus amigas más cercanas estaban en sus propias citas, no se encontraba de ánimo para acercarse a los pequeños grupos de solteras que se formaban precisamente los días de San Valentin para al menos pasarla bien solas y juntas, pero… ¡Al menos podría comerse los chocolates que había preparado para el chico!
No era el mejor consuelo, pero su esmero en preparar unos lindos y deliciosos chocolates caseros sería su única recompensa.
Bien, si iba a saborear otra derrota en el amor como ya le había sucedido antes, lo haría con todas las de la ley, se hundiría en su molestia y tristeza como mandaban los dioses, pero no en su dormitorio de la universidad, eso la haría sentir miserable de muchas maneras. Iría afuera, sí, afuera aunque la vista de docenas de parejas paseando del brazo se sintiera más como patadas en la boca. Ya buscaría algún sitio para deprimirse a gusto, porque de eso se trataba su juventud, de disfrutarla y de sufrirla.
Justo eso hizo, bien vestida, arreglada y con su linda mochila cruzada acomodada, fue al centro de la ciudad.
Justo como estaba predicho, los parques, plazas comerciales y prácticamente cualquier zona pública estaba repleta de felices parejas que sonreían, andaban de la mano o del brazo, los más atrevidos se daban un beso sin importarles estar a plena vista, y ni qué decir de las cafeterías y restaurantes que ofrecían promociones para parejas que todos aprovechaban.
Nagisa gruñó, pasada la hora de su paseo en solitario sintió hambre, bastante hambre. Podría comerse los chocolates en ese preciso momento pero lo pensó mejor. Comer algo apropiado para esa hora era una idea más sensata, se llenaría un poco más y disfrutaría mejor los chocolates como postre. La cuestión era encontrar un sitio un poco más libre, tenía ganas de algo servido en un plato y no algo rápido de la calle. Quería consentirse a sí misma, se lo merecía luego del trago amargo del día. Pasados quince minutos más encontró un pequeño restaurante-bar con barra libre para parejas.
Y justo como en una triste canción de amor, encontró sitio en un asiento hasta el fondo de la barra mientras sonaba música romántica, las parejas compartían comidas y tragos y todo a su alrededor estaba lleno desde el amor más cursi y tierno hasta la pecaminosa pasión que se demostraba con más que besos en la mejilla.
Justo eso quería, enfadarse más, sentirse incómoda. Guardarse los sentimientos era malo, lo mejor era sacarlos, lo mejor era estar triste hasta que se cansara de sentirse triste. Sí, era su mejor estrategia si quería llegar al día siguiente con buena cara.
Pidió su comida, el menú completo de pareja para ella sola, se veía delicioso y no pensaba privarse de nada en un templado 14 de febrero, en un lindo San Valentin. Le llevaron su comida y bebidas y se dispuso a comer con ganas, con furia, con todos esos sentimientos que se le notaban a leguas. Otra cosa que se le notaba bastante, era lo linda que se veía. Su falda, sus lindos zapatos, una blusa de botones y su chaqueta, el conjunto total le ayudaba a presumir sus atributos. Admitía haberse arreglado para el idiota del que trataba de olvidar su nombre en cada bocado, pero también le gustaba arreglarse para sí misma.
Quienes también notaron su linda presencia fueron un par de oficinistas que pasaron ahí a comer y que a pesar de que aún no se metía el sol, ya tenían el alcohol hasta las narices.
"Oye, linda, ¿esperas a alguien?" Preguntó uno de los oficinistas, arrastraba ligeramente las palabras pero sabía perfectamente lo que hacía.
Nagisa puso mala cara. Lo último que necesitaba para ese día era que los ebrios desesperados se le acercaran al verla sola. Podía lidiar con tipos así, pero era demasiado trabajo y no quería que nadie le dijera que era por usar faldas cortas que provocaba a los hombres. No necesitaba eso, no ese día.
"No puedo creerlo", masculló entre dientes. "Déjenme sola, por favor", pidió Nagisa con tono firme y voz fuerte, manteniendo el control en su voz y haciendo todo lo posible por ignorarlos. Ponía atención a su comida, pero se tensó al sentir que uno de ellos la tomaba por el hombro para obligarla a voltear. Frunció el ceño, su enojo comenzó a hervir en su sangre y estaba a dos segundos de explotar, pero una voz desconocida intervino.
"Lamento si te hice esperar, tuve que pasar por un par de libros, me alegra que comenzaras a comer primero", dijo una linda chica de larga cabellera oscura mientras se hacía espacio a la fuerza entre el par de oficinistas para sentarse en el banco justo al lado de la chica. Luego de eso miró a los hombres. "¿Nos disculpan? Tenemos una cita".
Algo en su tono de voz, algo en la manera en que los miró, algo en ella hizo que el par de hombres maldijeran por lo bajo y volvieran a su mesa. Nagisa quedó boquiabierta apenas le dio un buen vistazo a su inesperada salvadora. Una chica alta, vestía un lindo vestido holgado en colores claros, tacones, su bolso y en su brazo llevaba una prenda larga doblada que pronto reconoció como una especie de bata. Usaba gafas y el cabello sujeto en una coleta.
Parecían ser de la misma edad.
La chica le sonrió.
"Lamento haber hecho eso, pero no pude contenerme, sujetos como esos me molestan bastante", dijo la chica con el ceño fruncido.
A Nagisa le pareció muy simpático el gesto, culpa de las lindas cejas pobladas de la chica. Negó con la cabeza. "Gracias por eso, me ahorraste tener que correrlos yo misma", respondió con una risa pequeña. "Misumi Nagisa, mucho gusto".
"Yukishiro Honoka a tu servicio", fue la educada presentación de la recién llegada, acompañada con una igualmente educada inclinación. Notó la comida y sonrió. Miró un poco más a la chica y sonrió más. "Si en serio estás esperando a alguien, puedo retirarme".
"No espero a nadie y… Bueno, no tienes que irte si no quieres, el asiento está libre y viniste a comer, ¿verdad?" Se encogió de hombros. "Come conmigo si no eres tú quien está esperando a alguien", porque, al menos para Nagisa, era imposible que una chica tan bonita como ella estuviera soltera.
"Me encantaría, gracias", fue la inmediata respuesta de Honoka y pidió en especial de la casa. Nunca se fijaba cuál era, le gustaba sorprenderse con lo que comía y tampoco era quisquillosa con la comida. Miró a Nagisa y notó que su comida era la que tenían las parejas, incluso un pequeño postre para compartir en pareja. Abrió la boca pero no dijo nada.
Nagisa suspiró hondo. "¿Sabes? Éste idiota no valía la pena al final y por eso estoy aquí, pidiendo la comida para dos porque no quería sentirme miserable en mi cuarto, si me voy a sentir miserable, quiero que sea donde yo elija hacerlo". Decidió decirlo, además la chica no la conocía. Era cierto eso de que era más fácil hablar con extraños. Además necesitaba decirlo o iba a explotar.
Honoka sonrió de manera suave.
"Sabia elección. Y en parte es bueno que lo descubrieras antes y no después de una cita precisamente hoy en San Valentin. Si lo hubieras sabido después, me temo que la sensación iba a ser peor", respondió Honoka con completa seguridad.
Nagisa soltó una risa pequeña, ligeramente amarga pero un poco más recuperada. Cortó un buen trozo de su corte de carne y lo comió completo. "No me puedo imaginar algo peor a esto, pero… ¡Ah, mejor disfruto la comida! Me la merezco".
"Así es, muy bien merecida", dijo Honoka con tono jocoso. La chica era agradable, no lo negaba. Y bastante bonita, eso podría admitirlo en voz alta si tuviera la oportunidad. Estaba por decir otra cosa, pero llegó su comida junto con una bebida de cortesía. Tener veinte años era de ayuda, podía beber alcohol y la lata que le llevaron era de una cerveza clara y ligera, para chicas, vaya, no iba a quejarse mucho. Miró a su acompañante y tomó su lata de cerveza. "¿Qué tal un brindis?"
"No puedo beber entre semana, si el entrenador me descubre, me mata", avisó Nagisa de inmediato y sólo sujetó su vaso con jugo. "¿Un brindis por otro San Valentin sola?"
"¿Qué tal un brindis por una agradable noche con una nueva conocida?" Propuso Honoka con una sonrisa linda, visiblemente juguetona mientras meneaba la lata con ligereza.
Nagisa se echó a reír de buena gana, asintió. "Una nueva conocida, sí, suena mejor que mi brindis. ¡Salud!" Chocó su vaso con la lata de su acompañante y dio un trago a su jugo. Era bastante triste hacer un brindis así con jugo, pero Nagisa en especial seguía las indicaciones y órdenes de sus mayores al pie de la letra, todo en afán de estar al 100% en sus entrenamientos y partidos. Miró a Honoka, que bebía con mucha calma. "¿En serio vas a beber entre semana?" Preguntó entre risas y bocados a su copiosa cena.
"Tampoco pienso embriagarme", respondió Honoka de inmediato. "Necesito al menos seis para ponerme alegre, con dos estaré bien y llegaré a casa por mi propio pie", agregó mientras miraba la lata con mucha atención, enseguida su mirada pareció brillar. "¿Sabes? La composición química del alcohol le permite afectar directamente el cerebro porque tiene la capacidad de atravesar la corteza cerebral, de ahí vienen los mareos y los pensamientos torpes. Además tiene un efecto sedante y afecta el sistema nervioso de tantas maneras que se sigue investigando. Es fascinante, ¿no lo crees?"
Ante la animada mirada que Honoka le dirigió, Nagisa sólo pudo echarse a reír de buena gana. ¿En serio le acababa de decir todas esas cosas sobre el alcohol de la nada? En serio era graciosa. Honoka pronto rió junto con ella mientras seguían comiendo.
"Eres rara", dijo Nagisa aún entre risas.
"No lo soy. Y en todo caso tampoco estoy ebria, al menos no todavía", se defendió Honoka de inmediato, tenía el ceño graciosamente fruncido.
"Me encantaría beber contigo, pero sólo tengo permitido el alcohol una vez por mes en las reuniones de equipo", explicó Nagisa. La rara pero agradable actitud de esa nueva conocida la hicieron relajarse de manera visible. "Ah, cierto. Estudio en la universidad deportiva local, estoy en el equipo de lacrosse. Por eso no puedo beber", explicó de inmediato.
"¿En serio?" Honoka estaba impresionada. "He escuchado que es una gran universidad de donde salen muchos atletas para las olimpiadas y otras competencias internacionales".
Nagisa volvió a reírse. ¿Acaso esa chica sabía muchas cosas? Ya que le echaba un buen vistazo, las gafas y la prenda que seguramente era una bata ya decía mucho. "¿Una chica lista, verdad? ¿Dónde estudias? Pareces de mi edad."
"Estudio el Tecnológico. Estuve en la biblioteca toda la tarde y tuve ganas de venir a comer algo en lugar de cocinar", explicó Honoka con mucha propiedad. "Pero fue complicado encontrar un sitio porque todo estaba lleno, olvidé por completo que hoy es San Valentin". Le miró de manera suave, dulce. "Me alegra haber llegado aquí, pude conocerte".
El lindo gesto hizo sonrojar fuertemente a Nagisa. Bebió la mitad de su jugo de golpe. "¿Eso quiere decir que no estás saliendo con nadie?"
"No, estoy muy ocupada con mis estudios. Y además tengo determinados gustos que hacen que… Bueno, mi selección de parejas es limitada", explicó con una sonrisa ligeramente más amplia, más traviesa, una que claramente ocultaba mucho más de lo que decía.
"Oh, ¿así que eres del tipo exigente?" Preguntó Nagisa, apenas recuperada de su sonrojo. Tuvo que comer otro bocado para pensar en otra cosa que no fueran los lindos gestos de esa chica.
"No, soy más bien del tipo gay, por eso mi selección de posibles parejas se reduce al posible grupo de chicas lesbianas en mi zona, sin contar que yo misma entre o no en los gustos de esas posibles chicas y viceversa", explicó Honoka como quien explicaba el texto de un libro.
Nagisa se atoró con su bocado. ¿Cómo podía decir todo eso sin sonrojarse siquiera?
Honoka de inmediato la asistió con su propia vaso de agua. Nagisa bebió todo antes de poder componerse, le pidió un momento con un gesto de mano mientras recuperaba el aire con hondas respiraciones. Pasados unos segundos, Nagisa suspiró y miró de nuevo a Honoka, se notaba apenada. Honoka también.
"Lo siento, debí medirme con mis palabras", dijo Honoka de inmediato.
"No, soy yo quien debe disculparse, no debí reaccionar así", respondió Nagisa entre pequeñas risas mientras se llevaba una mano a la nuca. "Pero en serio creo que es genial que te sientas orgullosa de ti misma. Lo digo en serio".
"Gracias".
Compartieron una sonrisa y mejor comieron un poco más antes de que se enfriara su comida. Nagisa se devoró todo lo que había pedido, incluso terminó primero que Honoka y se sorprendió a sí misma al darse cuenta que la estaba esperando. No sabía por qué, pero no quería estar sola y Honoka estaba siendo muy agradable. Se sentía bien tenerla cerca, no estaba segura de cómo explicarlo, simplemente se sentía así. ¿Quizá por culpa de haber sido botada por un idiota que al final no lo valía? Era posible. No quería sentirse sola ese día y Honoka llegó como caída del cielo.
Pero si ella tenía otra cosa por hacer, tampoco la retendría.
Honoka notó lo mismo, que esa nueva conocida la estaba esperando. Sonrió ante esa idea y no pudo esconder su sonrisa mientras terminaba con su comida.
"Listo, terminé", dijo Honoka apenas bebió por completo el resto de su jugo. Ya se había acabado su cerveza y, como bien le dijo, hacía falta mucho más para ponerla ebria. Miró a Nagisa con una sonrisa amplia. "¿Te gustaría dar un paseo? Tengo tiempo y sé muy bien que tienes tiempo", agregó con marcada diversión.
"¡Hey!" Nagisa se sonrojó fuertemente ante esas palabras, pero no podía defenderse. "De acuerdo, vayamos a pasear. Es demasiado temprano para volver a los dormitorios." Pidió su cuenta, Honoka hizo lo mismo y unos minutos después ya las dos estaban en la animada calle. Por la hora y el día aún había suficientes personas caminando en busca de un buen rato. Muchas en pareja, por cierto. Nagisa puso mala cara de ver a todos de la mano o del brazo. Eso le hizo recordar al idiota. "No puedo creerlo…"
Honoka soltó una linda risa, se daba una buena idea del por qué del súbito cambio de humor de su acompañante. No pudo contenerse, le ofreció la mano.
"¿Qué dices? Sólo si tú quieres. Es San Valentin después de todo."
Nagisa se sonrojó de manera violenta mientras miraba la mano de la chica. Sacudió la cabeza a manera de componerse. Se alborotó el cabello un poco más antes de tomar una decisión. No, no perdía nada con ir de la mano con ella, definitivamente era mucho mejor que estar sola lamentando su mala suerte en un rincón. Además Honoka era linda, divertida y bastante rara. Suspiró hondo. Aún sonrojada, tomó su mano y asintió.
"Si… Si tú tienes tiempo está bien por mi", murmuró Nagisa con tono apenado.
"Gracias", respondió Honoka con una mueca dulce, se le notaba divertida, contenta. En serio lo estaba.
Caminaron de la mano y en silencio por un par de calles, al menos mientras Nagisa se componía a sí misma, saberse de la mano de una chica tan linda la tenía confundida porque… ¿En serio aceptó ir así con ella, de la mano? Eso por un lado, por el otro, de verdad se sentía cómoda con esa chica de la que sólo sabía el nombre y dos datos más. Suspiró hondo.
Por su lado, Honoka estaba muy contenta. No negaba que algo en Nagisa le atrajo ni bien comenzaron a hablar. No encontraba una explicación concreta del por qué del inmediato agrado hacia una desconocida, ella misma se conocía y, aunque podía ser coqueta, sólo lo era con personas cercanas… De las cuales tenía más bien pocas, lo admitía. ¿Acaso Nagisa le gustó a primera vista? Era una respuesta plausible. Seguramente daría con más detalles al respecto conforme compartieran más tiempo juntas.
Fue Honoka quien enredó sus dedos con los de Nagisa en un arranque de valor.
Nagisa lo permitió.
Llegaron a uno de los parques de la ciudad que se había engalanado con puestos de venta de chocolates y otros artículos relacionados con el festivo día. Además de varios puestos de comida y hasta zonas donde había concursos donde las parejas podían participar y ganar premios. Había un gran ambiente alrededor y el par pronto se contagió.
"¿Quieres un helado? Yo invito", propuso Nagisa de inmediato apenas vio al heladero.
Honoka se echó a reír. "¿Aún tienes hambre?"
"Puedo comer bastante, necesito mucha comida porque soy una atleta profesional", dijo la deportista con tono presumido.
"Uno chico, gracias. De vainilla está bien".
"A mi me gusta el chocolate", comentó Nagisa de inmediato. Llegaron al carrito de helados y compró un cono pequeño para Honoka porque ésta así lo quiso. Ella misma se compró un cono con tres bolas de helado. Casi todas las bancas estaban ocupadas, pero tuvieron suerte de encontrar un espacio libre en la orilla de una de las fuentes del parque. Se soltaron la mano hasta ese momento.
Nagisa se miró la mano un momento, sentía un extraño cosquilleo en la palma. Honoka hizo lo mismo y sólo sonrió por lo bajo. Ambas comían su helado en silencio y con una sonrisa en los labios. La deportista echó un vistazo rápido a lo que Honoka cargaba, señaló la prenda blanca que ahora podía asegurar era una bata de laboratorio.
"¿Siempre cargas eso?" A su parecer, la prenda hacía demasiado bulto.
"No, normalmente se queda en los lockers de los laboratorios, pero debo lavarla", explicó Honoka mientras extendía la bata para que Nagisa viera mejor de qué estaba hablando.
Nagisa se soltó a reír al ver una enorme mancha de humo y una sustancia verde sobre el frente de la prenda. Claramente un accidente de laboratorio.
"¿Algo explotó?" Preguntó sólo por preguntar, pero volvió a reír al ver la respuesta afirmativa de Honoka. "¿En serio?"
"No hubo fuego pero sí una explosión química menor. Me pasé de sodio y la mezcla ganó tanto volumen que el contenedor reventó y esto pasó. No hubo daño… Al menos nada que no pueda cubrir mi seguro de estudiante." Explicó Honoka con marcada alegría. Los accidentes eran frecuentes y cada accidente era un paso más al éxito.
Nagisa justo así lo interpretó y sólo atinó a reír un poco más."En serio eres rara".
"No lo soy, no tanto", se defendió Honoka de inmediato. Tenía el ceño lindamente fruncido.
Casi enseguida compartieron una sonrisa y siguieron comiendo sus helados. Honoka con pequeñas lamidas, Nagisa con amplios bocados. Como era de esperarse, Nagisa terminó primero lo suyo y miró a Honoka un poco. Su helado se veía delicioso, no hubiera sido mala idea pedir una bola de vainilla en medio de las de chocolate. Honoka sintió esa mirada y simplemente le ofreció de su helado.
"Adelante, prueba. Está delicioso", ofreció Honoka de inmediato. Su gesto se volvió una mezcla de diversión, sorpresa y reproche cuando Nagisa le tomó la palabra y comió la mitad del helado de un sólo bocado, incluso se llevó un trozo del cono de galleta. "¡Nagisa!"
Nagisa se echó a reír luego de pasarse el bocado. "Se está derritiendo, mejor termínalo pronto. Tienes razón, está delicioso", dijo la muy descarada mientras se lamía los labios.
Honoka sólo pudo contraatacar de la única manera que conocía. Notó que Nagisa tenía una mancha de helado en su mejilla y lo primero que hizo fue limpiarla con la yema de su dedo índice. Hecho eso, lamió el dulce de manera casi traviesa. "Te lo dije", incluso le guiñó un ojo y luego siguió comiendo el resto de su helado. Por supuesto, no se perdió de la reacción de su acompañante.
La deportista sintió que un ardor le llegaba hasta la cabeza, incluso se le erizó la piel a falta de una reacción más apropiada. Sentía sus mejillas y las orejas en llamas, ¡¿en serio lo hizo?! Se cubrió el rostro en el más tímido, femenino y lindo modo posible. "No puedo creerlo, lo hiciste…" Murmuró entre labios, seguía con el corazón acelerado.
La científica justo terminaba su helado y sacó un pañuelo para limpiarse las manos. Los gestos de Nagisa eran preciosos. Y luego lo pensó mejor, quizá exageró un poco, lo mejor era aclarar el asunto y no ponerla incómoda. "Me disculpo si exageré, no quería ponerte incómoda."
"No tienes nada de qué disculparte, no estoy incómoda, te lo aseguro. Sólo me tomaste por sorpresa", dijo Nagisa sin levantar el rostro aún. Tomó aire de manera honda y finalmente pudo sentarse bien. "Estás haciendo lo que supone yo debería estar haciendo con la cita que ya no pude tener", dijo con un suspiro.
Honoka sonrió con simpatía. "Lamento que te pasara eso", miró a los alrededores. Justamente como Nagisa decía, las parejas iban de la mano, jugueteaban, se daban un fugaz beso entre sonrisas. Miró de nuevo a su acompañante. "Espero que no suene muy repentino, pero aún hay mucho del día para salvar y no una tienes cita y yo tampoco", por muy distintas razones, una por mala suerte y la otra por desinterés, "¿me darías esa cita a mi?" Le pidió con una educada y muy caballerosa inclinación.
Nagisa respingó mientras el calor la atacaba nuevamente. Esas palabras sonaron tan bien, incluso su postura fue fantástica. ¿Así era como Honoka coqueteaba con las chicas? Si era así, entonces su técnica era letal, porque sólo pudo pensar en una respuesta.
"De… De acuerdo", se aclaró la garganta. "Escucha, no me gustan las chicas", y si le gustaran, sin duda Honoka le gustaría mucho, ese pensamiento no abandonó su cabeza, "pero puedo tener una cita contigo como… ¡Como amigas! Sí, algo así, ¿está bien para ti?"
Honoka mantuvo su linda sonrisa. "¿Sabes? Ésta fecha en especial suele tomarse como algo exclusivo para el amor y las parejas románticas, pero en otros países también se considera como un día para celebrar la amistad. Podemos salir como amigas entonces, es adecuado".
Nagisa volvió a reír, Honoka en serio era graciosa. Asintió a sus palabras, eso la hizo sentir más tranquila. "Sí, como amigas suena bien", fue ella quien se puso de pie primero y le ofreció la mano. "Vamos, hay muchas cosas para ver, podemos pasarla tan bien como queramos, ¿verdad?"
"Exacto", respondió Honoka mientras le tomaba la mano. Para sorpresa propia, la sonrisa de Nagisa ganó mucho más brillo. Le gustó lo que vio. "Procuraré medir mis coqueteos".
Nagisa se sonrojó mucho, comenzó a caminar llevando a Honoka consigo. "Puedes comportarte como quieras, no me molesta. Pero si algo me pone incómoda, te lo diré".
"De acuerdo", estrechó suavemente la mano de Nagisa. "¿Vamos?"
"¡Andando!"
Con los ánimos mucho más en alto, el par de nuevas amigas siguió con su paseo por el parque, por la plaza comercial, incluso pasaron a comer pastelillos por insistencia de Nagisa y Honoka terminó dándole la mitad del suyo porque su estómago ya estaba bastante lleno. En el camino tuvieron que sacudirse a algunos solteros que intentaron probar suerte con ellas, pero incluso eso fue divertido porque Honoka supo que Nagisa de momento no quería chicos cerca, así que ella y su coqueto comportamiento fue lo que ayudó a alejar a los chicos.
"Es mi cita ésta noche, lo siento, chicos", les dijo en baja voz e incluso se atrevió a decir un poco más en afán de divertirse a sus costillas. "Viene conmigo, es mía".
Eso bastó para que se fueran casi corriendo. Nagisa pudo escucharla y su única reacción fue sentir cómo todo su cuerpo parecía hervir. Honoka era letal, ¡en serio lo era! Incluso si lo dijo jugando y sólo por alejar a ese par de chicos, sus palabras en serio le golpearon en el corazón. Esas eran palabras que le gustaría escuchar, que le gustaría que le dijeran, que se refirieran a ella como algo precioso, como algo que realmente quisieran a su lado.
Honoka las estaba diciendo pero sabía que era por mera coquetería, por seguir el juego que ambas pusieron en la mesa y que la misma Nagisa permitió. Pero ahora que se sentían más en serio, era como si algo le estuviera aplastando el pecho.
Por su lado, Honoka actuaba de manera natural, jugando pero tampoco exagerando, todas y cada una de sus palabras salían sin filtro alguno; todos sus actos, como tomar su mano, ofrecerle el brazo y muchos detalles más le nacían sin esforzarse. Para cuando la tarde se convirtió en noche, fue plenamente consciente de que esa chica, Misumi Nagisa, le gustaba. No quería poner incómoda a su nueva amiga, pero tampoco podía controlar sus propios impulsos.
Si la veía incómoda, se detendría.
Pero Nagisa no quería que se detuviera. Incluso si era un juego de un rato, la sensación de sentirse apreciada, casi amada, era una que que no quería dejar ir aún. Su corazón seguía acelerado para el momento que fueron a un parque adornado con lindas farolas. Parejas caminaban en sus propias burbujas de amor y deseo, ellas dos caminaban entre esas parejas como si fueran una. Iban de la mano, iban juntas y se contentaban con ver las luces de la ciudad aún viva.
Honoka miró a Nagisa, el ambiente tranquilo la calmó, pero verla ruborizada incluso con la pobre luz que las alumbraba hizo que ella misma se sonrojara también. Suspiró hondo y la animó a ir a un banco solitario en medio del parque. Se sentaron lado a lado.
"Nos queda tiempo para ir a buscar algo de cenar, seguro que aún tienes apetito", comentó Honoka con suave tono, todo en afán de aligerar el ambiente, los nervios de Nagisa y sus propios ánimos.
"No sería mala idea buscar algo rápido para cenar", respondió Nagisa. Sin poder contenerse, se recargó en el hombro de Honoka. Eran más o menos de la misma estatura, Honoka lucía un par de centímetros más alta gracias a su tacones. Su hombro era cómodo. No era como recargarse en un chico, ya lo había hecho antes, pero los hombros de Honoka eran delgados, toda ella era delgada pero tan cómoda a la vez. "Honoka… Me estás poniendo en aprietos", dijo finalmente.
Expresar sus sentimientos no se le daba bien, pero por alguna razón quería decirle a Honoka todo lo que le provocaba y lo ridículo que era que eso pasara tan pronto, casi de la nada.
"¿Eh?" Honoka por un momento se preocupó, se giró lo suficiente para verla pero… Ese gesto, la posición de Nagisa, su rostro enrojecido sólo lograron que se formara una sonrisa suave y dulce en su boca. Sus propias mejillas se sintieron tibias. "¿Te es molesto?"
"No".
"¿Te confunde?"
"Demasiado".
"¿Sabes? Mi abuela una vez me dijo que lo importante es saber lo que uno realmente quiere, lo que uno desea", dijo Honoka. Sin poder resistirse, enredó sus dedos con los de Nagisa y presionó su mano con un poco más de fuerza, sólo para hacerse sentir. "¿Qué es lo que quieres, Nagisa?"
Nagisa abrió la boca pero no dijo nada de principio. En su mente se formuló la respuesta. Quería sentirse querida, quería sentirse como el más especial ser de alguien más, quería seguir sintiendo la calidez que en ese momento sentía en su mano, quería esas palabras de cariño, quería esas palabras de amor, incluso esas miradas brillantes de deseo. Quería todo eso desde hacía mucho, pero no lo había conseguido en esos chicos que al final se convertían en recuerdos dentro de su cabeza.
Apretó los labios.
"No quiero que te conviertas en un recuerdo", fue todo lo que la atleta pudo decir. "No quiero que esto termine".
Honoka sintió el golpe justo en su corazón. Suspiró hondo, tan hondo que su pecho completo se infló. Sonrió por lo bajo antes de acercarse a Nagisa y pegar su frente a la de ella. La miró directo a los ojos, a ese par de lindos ojos que sólo le provocaban calor.
"No lo hará si no quieres", dijo ahora contra sus labios. Pudo sentirla temblar, ella misma tembló. "Porque yo tampoco quiero que termine… Nagisa", se dio el lujo de decir eso con un tono de voz suave, sedoso, casi terso… Sensual. Una caricia al oído ajeno.
Justo así lo sintió Nagisa y sólo atinó a cerrar los ojos, dispuesta a lo que estaba a punto de pasar. Se entregó a los labios de Honoka sin más.
Se besaron.
En el momento en que el beso comenzó, Nagisa sintió una oleada de calor, de calma y de paz en el cuerpo. Nunca se había sentido así besando a alguien. Era un beso dulce, cuidadoso, lleno de cariño. No estaba de más decir que nunca nadie la había besado con tanta ternura. Ese beso le gustó, la estaba matando lentamente. Sintió cuando Honoka la abrazó y su cuerpo respondió por instinto abrazándose a su cuello. Respondía los besos a como Honoka lo marcaba. Estaba en completo control de esa inesperada amiga en medio de un día que prometía ser un desastre.
Honoka no podía dejar de besarla, no quería dejar de sentir esos cálidos y suaves labios, esos brazos que se aferraban a su cuello, ese calor que se le contagiaba por culpa del apretado abrazo. La sujetó con firmeza por la cintura y la acercó a su cuerpo tanto como le fue posible. Su bolso cayó al suelo y su bata de laboratorio quedó a medio colgar de la banca.
No se soltaban, no querían hacerlo.
Mucho menos después de que un tímido gemido de Nagisa hiciera débil eco en la noche. Honoka profundizó el beso, no pudo contenerse. Algo tenía Nagisa que le alborotaba el corazón. ¿Amor a primera vista? Era muy posible, pero ya después lo pensaría, en ese momento tenía la cabeza llena de Nagisa y todo lo que le provocaba, y a su vez le provocaba a la chica.
Nagisa prácticamente se sujetó de su cabello y lo jaló un poco por culpa de la pasión que la consumía. Eso era lo que quería, eso era lo que su corazón anhelaba desde hacía tanto tiempo… ¿Cómo era posible que una desconocida cumpliera con los caprichos de su corazón? ¡A ella ni siquiera le gustaban las chicas! Pero sin duda le gustó Honoka. Ya después entraría en pánico, de momento su cabeza estaba tan ocupada como su boca, como sus labios. Toda ella estaba ocupada recibiendo y correspondiendo los besos de Honoka.
Apenas si la dejaba respirar, Honoka tenía que hacer rápidas pausas y espacios para tomar suficiente aliento antes de seguir besándola, todo mientras acariciaba su espalda, su cabello, mientras la sujetaba por la cintura sin darle oportunidad a alejarse. No sólo era cariño puro, era pasión desbordada, era el más sincero deseo de sentirla tanto como le fuera posible.
La deportista se sujetó con fuerza de la espalda de Honoka antes de ser ella quien se separara del beso prácticamente por la fuerza. Se lamió los labios, aún sintiendo el fresco sabor de la saliva de Honoka. Respiró con fuerza antes de encararla. Estaba tan roja que la pobre se sentía a punto de explotar.
"No te vuelvas un recuerdo, Honoka", pidió una vez más. "No quiero que… No quiero que esto termine cuando nos despidamos. No dejes que termine".
Honoka tuvo que sujetarse el pecho porque sintió que el corazón estaba a punto de salirse de su cuerpo. Tuvo que tomar aire de manera profunda antes de mirarla a la ojos. "No terminará, Nagisa. Apenas está comenzando", dijo con inmensa dulzura antes de besar su mejilla.
Esas palabras hicieron sonreír a Nagisa de manera amplia, fue ella misma quien buscó los labios de Honoka una vez más.
Esa era una gran manera de comenzar algo nuevo, también la mejor manera de terminar un 14 de febrero.
FIN
