El día de su cumpleaños era la única fecha donde Honoka podía tener momentos verdaderamente paterno-filiales. Aprovechando que era fin de semana y que sus padres llegaron desde temprano, los tres salieron primero al parque de la ciudad a dar un paseo, juntos, ella en medio sujetos de sus brazos mientras le prodigaban el cariño y el afecto que habían acumulado durante todo el año. No le molestaban los apretados abrazos ni los besos en el rostro, mucho menos le apuraba que los vieran con rareza por ser un poco escandalosos, sobretodo cuando sus padres gritaban lo mucho que la querían entre abrazos y una lluvia de besos.

Su momento madre-hija fue cuando Aya le regaló un set de maquillaje de lujo directo de Francia, uno de sus tantos regalos, incluso le dio una lección relámpago para maquillarse como a su hija más le gustara y como mejor le quedara. Honoka eligió algo más bien claro y discreto en tonos rosas y rojos, así era ella. Además ya podía usar más accesorios ahora que estaba en preparatoria, por lo que Aya le regaló un montón de hermosos aretes de tamaño discreto pero lindos en diseño y caros en material. Lo mejor para su niña.

Por otro lado, Taro aprovechó su momento padre-hija para explicarle que a esa edad los muchachos eran tontos y debía cuidarse y alejarse de los que le despertaran sospechas o la hicieran sentir incómoda. Honoka escuchó todas y cada una de sus palabras con la más linda de sus sonrisas, principalmente porque ella prefería a las chicas y no a los chicos pero no por ello sus consejos estaban de más. Asintió a todo lo que le dijo y guardó en su corazón y bajo llave lo que le dijo sobre estar con la persona adecuada. Honoka ya sentía algo así aunque no fuese un sentimiento correspondido todavía.

Sabrás que una persona es la adecuada cuando sientas que todo está en su lugar a su lado, le dijo Taro con voz firme y sin titubear. Enseguida agregó que junto a esa persona todo se sentiría natural, incluso los esfuerzos que hiciera por esa persona para cambiar y crecer.

Honoka no podía quitar la sonrisa de su rostro luego de esas palabras, la razón era porque ya tenía a alguien que cumplía con todos esos requisitos al pie de la letra. ¿Le diría a sus padres que prefería a las chicas en lugar de chicos para asuntos románticos? Todavía no, pero no porque no confiara en ellos, era algo que aún no le decía a nadie, ni siquiera a su bien querida Mipple. Quizá a su abuela, pero algo le decía que ella ya lo sospechaba y por eso le daba consejos bastante vagos y faltos de contexto y detalles como 'recuerda que puedes decirle a Nagisa lo que quieras' o un 'los sentimientos cuando son reales, son bienvenidos aunque aún no sea su momento'. Honoka no necesitaba tantas pedradas en la espalda para que se animara a declarar su amor a Nagisa. Ni siquiera estaba segura de querer decírselo a Nagisa cuando la veía muy contenta cada vez que Fujimura aparecía a la distancia.

Aún no.

Todavía no.

Quizá no.

No tardó en distraerse de esos pensamientos, sus padres tenían toda su atención y estaba muy contenta en esos momentos, tan contenta que no dejaba de sonreír en ningún momento. Luego del parque fueron a una exposición científica en una importante plaza comercial del centro de la ciudad, Honoka tenía muchas ganas de ir. Pasaron a comer algo ligero para tener espacio en el estómago para cuando fueran al Tako Café. Sus padres, desde llamadas anteriores, expresaron su deseo de terminar el día ahí y con la gente más cercana de su pequeña Honoka. Ésta, por supuesto, aceptó.

Para la tarde fueron a casa por Sanae y de ahí ir al Tako Café.

Podía ser sólo una vez al año, cualquiera podría reprocharle a Honoka conformarse con tan poco tiempo pero para ella estaba bien. Caminar con toda su familia así, juntos, era uno de los momentos que más esperaba del año.

Y lo otro que esperaba cada día, era poder ver el lindo rostro de Nagisa y esa sonrisa que siempre le auguraba alegría y buenos momentos. Su sonrisa al verla fue automática. La sonrisa de Nagisa también en todo caso, ella era la más entusiasmada en el Tako Café y Honoka sabía exactamente el por qué. Una de las razones era por el banquete sobre la mesa del centro: había un pastel de chocolate, takoyaki y otros variados alimentos del nuevo menú de Akane. La otra razón también fue fácil de adivinar, Nagisa tenía un regalo en las manos. Si seguía con la tradición de años anteriores, entonces probablemente era algo hecho a mano y eso la tenía curiosa desde la mañana.

"¡Feliz cumpleaños, Honoka!" exclamaron todos los presentes a coro. Estaban Nagisa y Hikari desde luego, también el pequeño Hikaru, Akane, la abuela Sanae, los padres de Honoka. Incluso Yuriko, Shiho y Rina pudieron unirse a la celebración en ésta ocasión.

En cuestión de regalos no le fue mal, de parte de Hikari fue el pastel que ésta vez ella hizo por sí misma, y estaba delicioso, por cierto. Yuriko le dio un perfume, de Shiho y Rina recibió un lindo llavero que de inmediato colgó en sus llaves, no era necesario mencionar que sus padres la llenaron de regalos hasta las narices. Akane puso la comida de la fiesta sin cargo extra, y pronto llegó el regalo que más quería abrir. el resto de los invitados estaba igualmente atento a ver qué había hecho Nagisa en ésta ocasión, esperaban que algo que superara en todos los sentidos la bata de laboratorio personalizada del año pasado.

No estaba de más mencionar que, aunque Honoka NO usaba esa bata (y tampoco pretendía hacerlo) la tenía colgada en su muro a un lado del escritorio. Ya no era la presidenta del Club de Ciencias, era una novata una vez más por ser de primer año, pero ver la bata y la letra colorida de Nagisa con todo y sus errores, la hacían sonreír y le daban la energía para seguir estudiando con más ganas. A Nagisa le daba pena que Honoka la tuviera a la vista, pero Honoka le decía que a ella le gustaba que estuviera ahí. Nagisa terminó aceptando.

"Ten, esto es para ti", dijo Nagisa con un gesto más bien apenado. Lo que le extendió fue una caja de regalo delgada, del mismo grosor que una libreta y más o menos del tamaño de un libro.

Quizá era una libreta o un libro, no pesaba demasiado, incluso podría ser una agenda y eso hizo sonreír a Honoka con cariño. Estaba por abrir el regalo pero las manos de Nagisa la detuvieron, para sorpresa de todos los presentes. Nagisa notó lo que hizo y le sonrió a Honoka mientras reía de manera nerviosa.

"¿Nagisa?"

"¿Podrías abrirlo cuando estés en tu cuarto? De verdad quiero que sea una sorpresa para ti", pidió Nagisa con tono insistente, con gesto apurado.

Honoka supo leerla y asintió. Lo que Nagisa no necesitó agregar a su petición pero que Honoka supo entender fue un "en tu cuarto a solas". Bien, iba a respetar su deseo aunque eso aumentaba más su curiosidad por saber qué había hecho como para que le diera pena mostrarlo.

¿Pena? Bueno, no le dio pena mostrar a todo mundo la bata que personalizó, lo que quería decir que podría ser algo relacionado a sus no tan lejanos días juntas como Pretty Cure, ¿verdad? Podría ser eso, sí. Con ese pensamiento quedó más tranquila mientras la celebración por su tan especial día seguía.

Pasadas alrededor de dos horas, los adultos hablaban de temas serios mientras las colegialas la pasaban bien platicando de cosas de la escuela y los pendientes que tenían por delante. Shiho, Rina y Yuriko se retiraron temprano luego de felicitar una vez más a Honoka. Y justo cuando Honoka pensó que eso ya sería una plática entre tres como de costumbre, Hikari se disculpó diciendo que tenía que ayudar a Akane con algo, lo que la dejó a solas con Nagisa en la mesa.

"¿No me puedes dar una pista del regalo?" Preguntó Honoka con una sonrisa linda, curiosa y animada. Estaba tan feliz que no podía contener sus gestos.

Nagisa se aclaró la garganta. Se sonrojó por un instante pero fue breve, incluso frunció el ceño de manera graciosa. Honoka sólo pudo sonreír de manera cándida, ¿cómo era posible que Nagisa se viera tan bonita con todos esos gestos? Estaba apenada, era obvio, también notaba un toque de ansiedad pero nada que indicara algo malo. Simple y sencillamente estaba avergonzada por alguna razón guardada en el regalo.

"Sólo te puedo decir que también lo hice a mano", respondió Nagisa luego de tragar saliva. Tuvo que beber un gran trago de soda para relajarse un poco, para enseguida devorar de dos bocados una rebanada más del delicioso pastel especial de cumpleaños del Tako Café, especialidad de Hikari.

"Es una pista vaga", comentó Honoka con una sonrisa divertida, con un palillo tomó una bola de takoyaki y se la ofreció a Nagisa como a veces solía hacerlo. Ésta vez notó, sin embargó, que Nagisa dudó medio segundo antes de aceptar el bocado, eso la sorprendió un poco pero no por ello lo mencionó. "Buen trabajo, Nagisa, haces que me sea difícil adivinar", tomó el regalo con una mano, no se atrevió a agitar la caja. "¿Es delicado?" preguntó y Nagisa asintió, "¿se come?" y Nagisa negó. "¿Se lee?" y a eso último, Nagisa puso una cara de gracioso enfado que la hizo reír. "Suficientes preguntas, lo descubriré de todos modos cuando llegue a casa. Gracias, Nagisa".

Nagisa asintió con un monosílabo, seguía ansiosa pero eso no evitó que se pusiera de pie y le ofreciera la mano a Honoka. Ésta la tomó en automático, se dejó hacer cuando Nagisa le dio un gentil tirón para ponerla en pie. Simplemente no había manera en que se negara a andar de la mano con su querida Nagisa.

"¿Podemos pasear un poco?" Preguntó Nagisa con un gesto un poco más recuperado. "No tardaremos mucho".

"Por supuesto", respondió Honoka de inmediato, nunca se negaría a un paseo con Nagisa, mucho menos si iban de la mano. Tampoco se alejaron mucho, apenas fuera de la vista de los demás, detrás de una arboleda a escasos metros del Tako Café donde sus pequeños amigos mágicos solían jugar. Sonrió cuando Nagisa se detuvo. "¿Pasa algo? Estás intranquila desde hace un rato", comentó con gentileza.

Nagisa suspiró hondo y le miró con un gesto de gracioso desespero, abrió la boca pero no dijo nada, apretó su mano con gentileza antes de recargarse en su hombro. El repentino movimiento hizo que Honoka diera un paso atrás y su espalda quedara contra el tronco de un árbol. Honoka no sabía lo que pasaba con exactitud, Nagisa no decía nada y eso las volvía un poco locas a ambas. El par suspiró a la vez que Nagisa se sujetaba de los hombros ajenos y Honoka sujetaba a Nagisa por la cintura a falta de otro lugar.

Volvieron a suspirar.

El corazón de Nagisa estaba acelerado, ¿qué trataba de hacer Nagisa? ¿Acaso necesitaba consuelo por algo? ¿Sucedería algo mientras ella estaba con sus padres de paseo? Eso la preocupó por un momento, la abrazó un poco más fuerte.

"Nagisa, si te pasó algo puedes decirme, ¿de acuerdo?" Dijo Honoka al fin, el pensamiento de que algo malo le pasara a Nagisa fue más que suficiente para hacerla recuperar el control de sí misma.

"Es-Estoy bien", respondió Nagisa con un ligero temblor. La verdad no lo estaba pero no podía decir nada más. No tenía el valor y en todo caso tampoco la fuerza.

Honoka pudo percibir lo último. "¿Segura?"

"Lo sabrás cuando abras tu regalo. Por ahora", Nagisa se acomodó bien con ella. "¿Podemos quedarnos un rato más así?"

Honoka sólo asintió. Sintió a Nagisa suspirar contra su cuello, provocándole un temblor de cuerpo entero a Honoka que ésta tuvo en bien contener. No quería quedar en evidencia con sentimientos complicados cuando claramente Nagisa la necesitaba de apoyo para… Para lo que sea que estuviera pasando. Tampoco se quedó preocupada tanto tiempo, eventualmente sintió a Nagisa relajarse en el abrazo y eso la tranquilizó a ella.

Ya se iba a meter el sol cuando ambas se vieron obligadas a separarse, era hora de volver a casa, al menos para Honoka.

Mientras la cumpleañera volvía a casa con su familia, miró hacia atrás por encima de su hombro y notó a Nagisa con gesto de derrota mientras Hikari le daba unas palmaditas en la espalda y sonreía con dulzura como solía hacer. No sabía qué pasaba, pero necesitaba volver a casa pronto y abrir el regalo de Nagisa.

===o===

Eran cerca de las once de la noche cuando Honoka ya estaba en su dormitorio, lista para dormir. Estuvo con sus padres todo ese rato platicando y pasándola bien. Ellos tenían que alistarse para salir en el primer vuelo de la mañana, ésta vez camino a Alemania. Sonrió al ver la montaña de regalos que ellos le trajeron, pero sin afán de menospreciar los regalos que sus padres compraron para ella con tanto amor, su atención fue directo al regalo que le hizo alguien por quien sentía mucho amor.

Se sentó en el escritorio y miró el regalo aún envuelto, lo tomó con ambas manos, le dio un par de vueltas y con un gran respiro obtuvo el valor para abrirlo. Ahora estaba nerviosa y se sentía tonta por ello.

"Aquí vamos", se dijo a sí misma y cuidadosamente abrió el regalo. Envuelto por la mismísima Nagisa, lo sabía por los dobleces descuidados en el papel y la excesiva cinta adhesiva. Sonrió, no podía evitar que el corazón se le calentara por culpa de todos esos detalles.

Sintió que el aire le faltaba cuando vio el regalo. Era un portaretratos hecho a mano, fabricado en cartón reforzado y adornado con dibujos variados hechos a mano, sabía que eran de Nagisa, esos trazos eran inconfundibles. Pero lo que se llevó por completo su atención y que le llenó los ojos de lágrimas de genuina alegría, fue la foto:

Una de las muchas fotos que Hikari les tomó poco antes de entrar a clases ese mismo año, fue durante un paseo en el parque. Lo recordaba perfectamente. La luz en ese momento era perfecta para una foto, Hikari lo mencionó y les pidió posar para unas fotos, usó el teléfono nuevo que Akane le había comprado hacía poco. Tomó muchas, pero no pudieron verlas todas por estar distraídas con mil y un cosas durante su entretenido paseo. Hasta ese momento recordó que Hikari no volvió a sacar su teléfono luego de la sesión de fotos.

Para esa pose en especial, Nagisa la abrazó por el cuello y se pegó a ella de manera juguetona, quedaron mejilla con mejilla, tan cerca que sus rostros de aplastaban, sus rostros sonrientes, felices, con la hermosa luz del sol de la tarde pegándoles desde atrás y otorgándoles un brillo que sólo duró ese instante y nada más.

La fotografía era perfecta.

Giró el portaretratos para ver todos los detalles y ahí, justo atrás, estaba la razón por la que Nagisa estaba tan nerviosa. Sintió que su corazón estallaba de la más pura y genuina felicidad. Ésta vez sí lloró, pero de inmensa alegría al ver lo que estaba escrito detrás de la foto.

"Gracias, Nagisa".

[Honoka,

Tú eres mi sol de cada día, justo como en ésta foto.

Eres todo lo que quiero a mi lado.

Quédate conmigo, justo así, a mi lado, ¿sí?

Quédate siempre conmigo.

Gracias por nacer y dejarme conocerte.

Gracias por estar conmigo.

Gracias por quererme como me quieres.

Yo siempre te voy a querer de la misma manera,

¿me entiendes? Si lo entiendes, dímelo.

Feliz Cumpleaños, Honoka.

Espero que te guste mi regalo.

Lo hice para ti con amor.

Atte. Nagisa.]

"Te lo diré, te lo diré mañana mismo", murmuró Honoka antes de girar nuevamente el portaretratos y darle un beso a Nagisa por lo menos en fotografía.

A la mañana siguiente no le dijo nada, no pudo.

Sólo la besó.

FIN