Lunes...
Era una mañana bella y soleada, no habían nubes en el cielo y el clima parecía perfecto. El señor Eduardo Santana, un señor mayor de edad, tés blanca, ojos marrones y de estatura media, se encontraba barriendo el campo de fútbol "Bara FC", cuando derrepente escucho un lloriqueo .
'¿Pero que será eso?'. Se preguntó a si mismo.
Mientras se iba acercando, noto una pequeña cesta cubierta con una manta amarilla puesta en el pasto del campo. Se acercó lentamente a la cesta, la abrió y noto a un pequeño —y hermoso— bebé de piel morena y ojos grises y brillantes. Sonrió al verlo y asomó su dedo para jugar con el.
—Hola pequeño—dijo el al bebito mientras este reía y alzaba sus brasitos intentando alcanzar su dedo. '¿Quien lo habrá dejado acá? ¿Quien tendría la audacia de dejar a un bebé abandonado en medio de un campo?'. Las preguntas no dejaban de pasar por su mente.
Su mujer, Katherine, y el nunca habían podido tener hijos, pero las ganas nunca faltaron. Katherin era una mujer mayor de edad de ojos color avellana, pelo negro y piel blanca, pero era infértil y padecía de cáncer de pulmón. Pero igual ellos se amaban el uno al otro desde los 15 años. Pensando en ella, y en sus deseos imposibles de tener hijos biológicos, se le vino en mente una idea.
—Bajhsjahjsjjh. — Fue sacado de sus pensamiento por un balbuceo proveniente del bebé frente a el, quien sonreía y reía tiernamente. Desde ese momento supo que nunca en su vida abandonaría a ese niño y tomo la decisión de llevarlo a casa con su mujer, estaba seguro de que ella lo aceptaría con los brazos abiertos.
Al llegar la hora del almuerzo, Eduardo cogió al bebé y lo llevo a casa. Cuando tocó la puerta fue recibido por su esposa quién lo abrazo, cuando derrepente sintió que algo pegaba contra su estómago y escucho un sonido ilegible. Se separó de el y miro una cesta cubierta por una manta amarilla, la vió moverse y escucho un sonido proviniente de esa.
—¿Que traes ahí?—Pregunto ella curiosa. A lo cual el simplemente levantó la manta, lo que dio a ver al hermoso bebé de ojos brillantes.
Katherine simplemente ahogo un suspiro y abrió los ojos como platos al ver al bebé dentro de la cesta. Se quedó boquiabierta balbuceando por un rato hasta que por fin despertó y dijo exaltada:
—Pe- pe- pero, ¿Y eso? ¿Y ese bebé? ¿De donde lo sacaste? No te lo abras robado ¿o si? Yo sé que siempre hemos querido un hijo pero —¡Señor!— no se lo has quitado a alguien más, ¿¡verdad!?
—No no no, como crees mujer, yo nunca haría eso —respondio el señor nervioso—, nunca le quitaría la felicidad a otro ser humano. Además, lo encontré abandonado en la cancha e incluso pregunté si alguien conocía a sus padres, pero nunca aparecieron ni sus nombres.
Cuando por fin logro calmarle y convencerla de que el bebé no era robado, ella pregunto que qué iba a hacer con el; a lo cual el —nervioso— respondió que ellos podían cuidar de el —¡Solo si ella quería¡, había afirmado. Tras lo cual ella accedió y lo abrazo tomando en mano al bebé y lo envolvió en la manta amarilla.
—¿¡Y ustedes qué hacen allí parados en la puerta!? ¡Entren que se enfría la comida!—Se escucho un gritó proviniente de adentro.
De pronto salió una viejecita de 80 años—madre de Katherine—, baja de estatura, trigueña y ojos marrones salió por la puerta en busca de los otros.
—¿¡Y es que ustedes piensan quedarse allí!- ¿Que es eso?— Pregunto esta, quien recién se daba cuenta del bebé que sostenía Katherine.
Eduardo y Katherine se miraron el uno al otro, hasta que uno dijo que habían decidido adoptarlo. La viejecita casi que saltaba de emocion al oír la noticia y se les unió al abrazo.
Después de cenar y acomodar a su bebé en su camita, se quedaron viéndolo en silencio por un rato.
—¿Y ya saben cómo lo van a llamar al niñito?— Pregunto la anciana.
Solo tuvieron que compartir una mirada para saber qué ambos pensaban en el mismo nombre
.
—Carlos—dijeron al unisono—Carlos José Santana Rodríguez—continuo el—, o Carlitos cómo corto.
—Justo como su abuelo—dijo Katherin con lágrimas en los ojos.
—Ahh, Carlitos, siempre serás amado en esta familia, aunque todos seamos viejecitos—añadio la viejecita—, nunca te abandonaremos.
Y todos esa noche durmieron —Si es que estar despertándose por lloriqueos cada cinco minutos signifique eso—felices de tener al nuevo integrante en su familia que habían estado esperando todo este largo tiempo. agradeciendo a Dios por haberles mandado esa dulce bendición.
Porfavor, abuelos, no prometan cosa que sabrán que no se cumplirán...
~~
Martes...
La primera ves que Carlos dijo una palabra fue a los 5 meses.
Era un día normal, Eduardo salió a trabajar y Kath y Laura (la viejecita) se encargaron de todas las cosas d la casa, o por lo menos lo que podían hacer. El día era soleado y hermoso, no había ninguna nube en el cielo y la ves cantaban a todo dar. Al llegar la noche, todos estaban sentados en la sala del humilde hogar después de cenar y charlaban juntos mientras Carlitos era sostenido por Laura. Cuando se escucho un pequeño:
—Nana
Todos estaban tan sorprendidos que ninguno pudo hablar por unos buenos cinco minutos.
—Nana—Volvió a repetir Carlos, está ves apuntando hacia Laura con su pequeño dedo moreno y riéndose.
Esto los despertó a los tres que hicieron sonidos de ternura a emoción ya que su bebé había dicho su primera palabra —¡Y a los cinco meses!.
—¿Que dices Carlitos?—Pregunto la madre.
—¡Nana!—replico este.
—¿Lo dices a mí?—dijo Laura apuntándose a si misma—¿Nana yo?
—¡Nana! ¡Nana, Nana, Nana!— Volvió a decir el bebé asintiendo con la cabeza mientras reía gozosamente y la apuntaba con su dedito.
Todos se abrazaron mientras reían y lloraban de felicidad, "Nana" especialmente. Y de ahí en adelante Carlos fue diciendo más palabras como: si, no, elo (de abuelo) y otras más.
Nana, como te extraño...
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Miércoles...
Sus primeros pasos fueron, adivinen como, persiguiendo una pelota de fútbol.
El sol brillante alumbrando el cielo, ninguna nube, y el sonido del campo hacían una combinación perfecta para el día. Eduardo estaba trabajando y Katherine fue de compras al súper, por lo cual "Nana" estaba cuidando de Carlos, que recién había cumplido los 8 meses.
Se encontraban afuera de la casa, en el patio, y Nana se reía y vigilaba a Carlos —que se encontraba intentando pararse para atrapar una mariposa hermosa de color lila con azul y turquesa— mientras lavaba la ropa.
De repente, la bella mariposa se empezó a alejar. Carlos empezó a gatear hacia ella, pero al darse cuenta de que eso no iba a funcionar, intentopararse y lo logro después de caer muchas veces. 'Hmn', pensó el pequeño. Se iba agarrando de un tronco mientras seguía a la mariposa con pequeños pasitos, hasta que lo vio. La mariposa se quitó del camino por lo que pudo ver con sus lindos ojos grises a el objeto que cambiaría su vida totalmente. Vio a unos niños jugando cerca de allí; no sabía exactamente qué era pero se veía divertido e interesante. Derrepente vio como uno de ellos pateaba el balón y lo metía a la telaraña con palos. Río y sonreía tiernamente ysu mirada irradiaba alegría.
Justo después de sentarse, vio a la mariposita posarse en el tronco de al lado, lo cual le hizo notar a un balón, idéntico al que había visto con los niños grandes. ¡Sus ojos se agrandaron aún más!
Se paró y, otra ves sosteniéndose por los árboles, se dirigió hacia el balón. Lo intentó a agarrar pero se terminó cayendo, y en vez de llorar se empezó a reír e intento hacerlos otra vez, fallando de nuevo.
Iba a hacerlo de nuevo, cuando escucho un llamado de una señora. Levantó la cabeza y vio a su Nana yendo hacia el y gritó:
—¡Nana! El balón, ¡Mira!—dijo riendo. Pero cambio a preocupación cuando notó el estado en el que su Nana se encontraba.—¿Nana?
—¡Ay mi niño! ¡Mi corazón! ¿Que haces aquí? ¿Estas bien? ¿Como llegastes allí?— dijo ella respirando agitada, ya que había estado buscándolo.
Momentos antes, Nana se encontraba tendiendo la ropa que acababa de lavar cuando voltio a ver y su Carlitos ya no estaba. Empezó a entrar en pánico y nerviosismo.
—¿¡Mi niño!? ¿¡Mi niño dónde estás!?—empezo a gritar ella. Y fue a buscarle por todo el campo hasta que lo vio intentando subirse a un pelota de fútbol.
Y así es como llegaron a este momento.
Ahora estaba confundida de como su niño había podido llegar ahí. Normalmente los niños daban sus primeros pasos entre los 9 y 12 años.
—¿Nana bien?—Pregunto el pequeño pelinegro preocupado.
'¿Que si yo estaba bien? ¿El es el que sí vino SOLO hasta acá?'
—Si mi niño— respondió ella calmandose—¿Tu como llegastes acá?
El niño levanto su manita hacia la cara de su abuela, que estaba agachada hacia el, y le limpio las lágrimas, lo que hizo que ella sonriera y el también.
—Ehm, la mariposa, la seguí y llegue acá— respondió el, apuntando a la mariposa que estaba en un árbol.
—¿¡Caminando!?— El asintió.—¡Ay mi niño! ¡Ya distes tus primeros pasos! ¡Distes tus primeros pasos y no estaba allí!— Ni siquiera se enojó por irse solo, solo podía pensar en la emoción de que su niño allá dado sus primeros pasitos. Abrazo a su nieto y después lo volvió a dejar en el piso.
—Nana, pelota, ¡mira!—dijo el mostrando la pelota que encontró.
—¿Y esa de donde la sacaste?— pregunto. A lo cual el solo apunto al lugar donde estaban anteriormente. —Bueno, vamos a casa que tus abuelos —la forma en la que el los llamaba por su avanzada edad— ya deben de estar llegando y no queremos preocuparlos.
—¡Si, abuelos!— respondió levantando su puñito hacia arriba y con la otra mano agarrando a su Nana.
Juntos caminando llegaron a casa donde venían llegando ambos señores. Nana les contó lo que había pasado e incluso se los pido mostrar. También, por más que intentaron, no le pudieron quitar el balón, o se ponía a llorar. En fin, todos —incluyendo el balón— durmieron juntos esa noche,felices y unidos.
El balón es parte de mi...
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Juntos, como en ese entonces... Algo que nunca podremos volver a hacer.
–Santana
