HINATA

Mimosa on the rocks para el pasajero del 3B, agua mineral para el del 4B y un zumo de naranja para el del 4A… —murmuré en voz baja para mí misma mientras abría un cajón de hielo.

Estaba en el office más cercano a la cabina del piloto, preparando las bebidas previas al despegue de los pasajeros de primera clase. Intentaba fingir que Naruto no era el piloto de este vuelo, que no me había pasado la mano deliberadamente por la cintura cuando embarcamos y que no me había guiñado un ojo, lo que había hecho que todas mis terminaciones nerviosas se erizaran de nuevo.

«No está ocurriendo… No está ocurriendo…».

Para empeorarlo todo, cuando fui a la cabina para preguntarle a él y al copiloto qué querían para almorzar, estoy segura de que le oí decir «¿Hay sexo en el menú?» antes de toser y pedir un filete y una Coca-Cola.

—¿Señorita Hyuga ? —La voz del Halcón hizo que se me cayeran un montón de servilletas. Cuando me di la vuelta para mirarla, frunció el ceño, haciendo un gesto con la mano para que me arreglara el pelo.

—¿Señorita Connors? —pregunté.

—¿Podría explicarme por qué el pasajero del 12C tiene un vaso de Sprite antes de despegar?

«Lo pregunta como si hubiera otra opción…».

—Tiene tiempo para responder en cualquier momento entre ahora y… este momento, señorita Hyuga .

—El pasajero me comunicó que tenía dolor de estómago porque había ingerido algo picante —expliqué—. Solo estaba aplicando las reglas básicas de AmbuWay.

—No, no lo ha hecho. —Miró por el pasillo y luego me miró con los ojos entrecerrados—. Porque no hay ninguna parte en las reglas básicas de AmbuWay que indique que hay que servir una bebida en un vaso de cristal a un pasajero de clase turista antes de despegar.

Puse los ojos en blanco.

—Los vasos de cristal están reservados para primera clase, y no se servirán hasta que estemos en el aire. Siempre. Los pasajeros de turista solo tienen derecho a un botellín de agua, una sonrisa y una bolsita por si tienen ganas de vomitar antes de despegar. Durante los vuelos, cuando les ofrecemos bebidas, se les sirven en vasos de plástico. Tiene que haberlo aprendido en el curso de formación como asistente de vuelo, y, para mi sorpresa, es un error que no ha cometido antes. Así que no necesito recordarle las numerosas razones de seguridad que hay detrás de los vasos de vidrio y de plástico durante los momentos previos al despegue, ¿verdad?

—No, señorita Connors.

—Bien. —Chasqueó los dedos y señaló la cabina—. Vaya a buscar ese vaso.

Ya.

Puse los ojos en blanco mientras recorría el pasillo. Con ella en este vuelo quizá, solo quizá, no me quedaría tiempo para pensar en Naruto.

Le pedí amablemente al pasajero del 12C el vaso de cristal lleno de Sprite, lo sustituí por otro de plástico y terminé de servir el resto de bebidas en primera clase.

Comprobé las solicitudes para la cena de los pasajeros, me aseguré de que los compartimentos superiores estaban bloqueados y vi que las demás asistentes de vuelo se tomaban su tiempo para hacer su trabajo.

Se suponía que tenían que ocuparse de los últimos pasajeros en embarcar en clase business y turista, pero seguían encontrando razones surrealistas para dirigirse a la parte delantera del avión y entrar en la cabina de mando, donde le hacían a Naruto preguntas sin sentido, como asegurarse de que era una Coca-Cola la bebida que quería con el almuerzo.

—¿Has volado antes con él? —susurró la rubia, una mujer que se me había presentado antes como Elizabeth.

—Ojalá —repuso Janet, la pelirroja, mirando al frente—. Sin duda lo recordaría, créeme.

—¿Lleva alianza?

—No. Ha sido lo primero que he mirado.

—¿Y tampoco hay una línea más blanca donde debería haber una?

Antes de que pudiera haber una respuesta, apareció la señorita Connors y carraspeó de forma ruidosa.

—Cuando ustedes dos se cansen de hablar de la cabina, ¿serían tan amables de ponerse a hacer el trabajo por el que se les paga?

Se sonrojaron y se alejaron con rapidez.

Miré hacia la cabina de los pilotos, donde Naruto y el copiloto echaban una ojeada a los informes meteorológicos, y me prometí a mí misma que era el último vistazo que le lanzaba antes de que se cerrara la puerta.

En el segundo en el que terminó el embarque, completé la lista de comprobaciones y me senté. Agradecí que fuera un avión de los más modernos y lujosos. No era necesario que los asistentes de vuelo estuvieran en el pasillo enseñando los procedimientos de seguridad, ya que cada pasajero tenía una pequeña televisión en el respaldo del asiento delantero donde se emitía un video con esa rutina.

—Damas y caballeros, les habla el capitán… —La profunda y sexy voz de Naruto llegó a través de los altavoces mientras el aparato se alejaba del finger y rodaba hacia la pista—. En nombre de la tripulación, permítanme darles la bienvenida a bordo del vuelo 1505 de AmbuAirways con destino a Londres, Heathrow. El tiempo estimado de vuelo son ocho horas y cincuenta y cinco minutos, y esperamos que sea un vuelo muy tranquilo —añadió—. Si necesitan algo durante el viaje, nuestras asistentes de vuelo están a su disposición para que el trayecto sea lo más cómodo posible. Por favor, permanezcan sentados, relájense y disfruten del vuelo.

Esperaba que dijera el resto del rollo que soltaban en los vuelos de AmbuAirways, en especial la coletilla «Me encanta volar para Ambuy espero que les guste tanto como a mí», pero no añadió nada más. Los únicos sonidos que llegaron desde ese lado fueron un pitido y un repentino silencio que siempre reinaba en la cabina antes de que las aeronaves ascendieran al cielo.

Cerré los ojos y puse las manos sobre el regazo mientras el avión subía cada vez más, haciendo que el sonido de la presión del aire que golpeaba la carcasa metálica se precipitara contra mis oídos. No importaba cuántos vuelos realizara: el despegue siempre me resultaba estresante.

Cuando por fin estuvo nivelado el avión y se apagó la señal del cinturón de seguridad, abrí los ojos y me desabroché el mío. Conociendo a la señorita Connors, pronto se pondría a criticar todos mis movimientos, y se me ocurrió que podía preparar el servicio de vinos y quesos antes de tiempo.

Al entrar en el office, saqué una bandeja de quesos gourmet envuelta en plástico, aunque casi la dejé caer al suelo al ver a Naruto justo delante de mí. Me miraba fijamente, con aquellos iris azules y brillantes, además de penetrantes.

—¿En qué puedo ayudarlo, capitán?

—No es necesario que me trates de usted —dijo, quitándome la bandeja de las manos y dejándola sobre el mostrador.

—¿Ha venido a buscar la Coca-Cola, capitán? —Necesitaba mantener las distancias con profesionalidad—. Se la llevaré después de que termine el servicio de vino y queso, o la supervisora la tomará conmigo.

—Solo necesito cinco minutos.

—Solo puedo ofrecerte cinco segundos.

—Vale. —Me miró—. Tengo que follarte de nuevo.

—¿Qué?

—Ya me has oído. —Se acercó y me puso un mechón de pelo detrás de la oreja

—. Necesito follar contigo otra vez. Preferiblemente en cuanto aterricemos en Londres, pero tampoco me parece mal hacerlo aquí, cuando acabes el servicio.

Tuve que contenerme para no responder «después del servicio estará bien».

—Pensaba que estábamos de acuerdo en que eso no podía volver a ocurrir. Además, ahora que estamos en esta situación, es realmente imposible que vuelva a ocurrir. Va contra la política de la empresa.

—Eres la última persona a la que pensaba oír hablar sobre la política de la empresa.

—Bueno, solo voy a decirte una cosa: No, gracias. Incluso aunque estuviera interesada, que no lo estoy, ahora que sé que eres piloto, no me convencerás para que me acueste contigo otra vez. Estoy segura de que tienes un montón de asistentes de vuelo a tu disposición. Ve con una que ya te hayas tirado antes.

—Solo me he acostado con una asistente de vuelo —dijo, mirando con intención mis ojos—. Aunque no sé si cuenta, ya que cuando nos conocimos me mintió y me dijo que era piloto.

—Quizá solo trataba de ser misteriosa. —Casi no podía oírme—. De todas formas, eso no cambia el hecho de que tú sí seas piloto.

—No, no lo cambia. —Entrecerró los ojos—. ¿Tienes algo contra los pilotos?

¿Alguna mala experiencia?

—Algo que he oído.

El avión se sacudió de repente y apoyé la mano contra la pared, percibiendo que se encendía la señal del cinturón de seguridad. Probé a inclinarme para coger la bandeja de quesos, pero Naruto me detuvo con la misma tranquilidad de siempre.

—¿No crees que deberías regresar a la cabina? —pregunté—. ¿O es que no has sentido cómo se mueve el avión?

—Solo es una ligera turbulencia. Pasará en cuanto dejemos atrás las nubes. En ese instante, llegó la voz del primer oficial a través de los altavoces.

—Damas y caballeros, les pedimos disculpas por las suaves turbulencias que estamos experimentando actualmente. Estamos cruzando un cúmulo de nubes, y solo las sufriremos unos segundos más a lo sumo, por lo que en breve apagaré la señal del cinturón de seguridad. Esperamos que estén disfrutando del vuelo.

Sonó un pitido mientras Naruto volvía a mirarme a los ojos.

—Entonces, y retomando la conversación sobre los pilotos… —Me pasó los dedos por los labios—. ¿Qué es lo que has oído?

—Muchas cosas…

—Cuéntamelas —me instó—. Dime qué has oído exactamente.

—He oído que no se puede confiar en los pilotos, que su trabajo lo es todo para ellos y que son unos mentirosos. —Hice una pausa al notar su mano en la cintura

—. Los que no están casados tienen una mujer en cada ciudad y se la follan siempre que desean. Incluso se acuestan con algunas pasajeras de vez en cuando.

—¿Eso es todo? —Apretó la frente contra la mía.

—No, no es todo.

—Vale. —Parecía como si estuviera conteniendo la risa—. Continúa.

—También he oído que todos vosotros…

—Que algunos… —me interrumpió—. La palabra «todos» es un poco categórica.

—De acuerdo. La mayoría de los pilotos sois fríos y distantes, no tenéis emociones. Algo que, por lo que veo, es cierto. Y eso es todo. Incluso los pilotos raros, los buenos chicos que casi parecen capaces de ser fieles son…

—¿Qué? —preguntó apremiándome—. ¿Qué has oído sobre ellos?

—Que casi siempre tienen una asistente de vuelo por amante. —Moví la cabeza hacia atrás antes de que pudiera avanzar más—. ¿Es eso cierto?

—Si lo fuera —repuso. Parecía que estaba divirtiéndose—, tendría que estar en desacuerdo contigo. Contrariamente a esos argumentos falsos e injustos que esgrimes, la profesión de un hombre no tiene nada que ver con su fidelidad.

Abrí la boca para protestar, pero él me apretó los labios con un dedo.

—Esa es solo mi primera refutación —dijo—. En segundo lugar, si un piloto está soltero y tiene una mujer en cada ciudad, ¿a quién le importa? No le tiene que dar cuentas a nadie. Estoy de acuerdo en tu último punto, sin embargo. Podría ser verdad, sin duda, pero yo no tengo ningún interés en tener como amante a una asistente de vuelo.

—¿Te da miedo que se entere tu novia?

—Ya hemos hablado de esto. —Se acercó más—. No tengo novias. —Sus labios capturaron los míos de repente, persuasivos y cálidos, volviéndose más exigentes y calientes con el tiempo. Me mordisqueó el labio inferior,

castigándome con algo de dolor, pero no podía dejar de devolverle los besos.

Me deslizó una mano por debajo del uniforme.

—¿No quieres disfrutar otra vez de esto? —susurró contra mi boca—. ¿No quieres esto de nuevo? —Apartó mis bragas empapadas y apretó el pulgar contra mi clítoris hinchado, frotándolo en círculos de forma sensual mientras deslizaba la lengua por mi cuello.

—No… —mentí, reprimiendo un gemido.

Todo lo que me rodeaba se convirtió en una mancha borrosa cuando siguió moviendo los dedos de forma juguetona, sin piedad, al tiempo que trazaba sinuosas figuras con la lengua sobre mi piel expuesta. Quería ceder a él, admitir que me podía dar más placer que nadie, pero sabía que acostarme de nuevo con él solo afectaría a uno de los dos.

—Hinata. —Volvió a tomar mi boca—. Dime que follaremos en cuanto aterricemos.

—No. —Me mordí el labio y di un paso atrás—. No puedo. Parecía confuso.

—¿Por qué?

—Porque si volviera a acostarme contigo, tendrías que estar solo conmigo.

—¿Solo contigo?

—Sería la única mujer con la que tendrías relaciones sexuales.

—¿Estamos de nuevo con eso? —Me soltó la cintura.

—Como ya te he dicho antes, normalmente no tengo rollos… La primera vez que nos acostamos estuvo bien, porque era una aventura de una noche, pero la segunda fue un error.

—Tener orgasmos múltiples no es un error.

—Quizá, pero no soy de las que son capaces de acostarse contigo una noche, sabiendo que puedes tirarte a Sally mañana.

—No conozco a ninguna Sally.

—Ya sabes a qué me refiero.

—Sinceramente, no lo sé.

—No me importa cuánto afirmes que necesitas follar otra vez conmigo, y no importa cuántas veces pueda haber pensado yo en ello…

—Has pensado en ello, no lo niegues.

—A pesar de que lo último que quiero ahora es mantener otra vez una relación…

—Acostarse con una sola persona es, definitivamente, mantener una relación.

—No lo es, pero la próxima vez que tenga sexo, cuando sea, será con alguien que solo esté acostándose conmigo. Por lo tanto, si no puedes aceptar eso o no estás de acuerdo, debes dejarme en paz.

Dio un paso atrás y se alejó sin añadir nada más.