HINATA
—Asistentes de vuelo, preparen el pasaje para el aterrizaje. —La profunda voz de Naruto salió por los altavoces unos minutos antes de comenzar la maniobra para tomar tierra, por lo que recorrí la cabina una vez más para asegurarme de que todos los pasajeros se habían abrochado el cinturón de seguridad.
Afortunadamente, los dos hombres que habían coqueteado conmigo unas horas antes estaban mirando por las ventanillas, por lo que no iba a tener que rechazar sus ofertas para vernos después de tomar tierra.
El aterrizaje fue suave y fluido unos minutos después, y mientras se llevaba a cabo la maniobra para conectar el avión al finger, esperé con el resto del equipo a que se abriera la puerta. Después ocupé el lugar que me correspondía cerca de la puerta de salida, al lado de la señorita Connors.
—Aquí disponemos de dos días de descanso —me dijo—. Así que le sugiero que pase todo el tiempo que le sea posible con un albornoz en el hotel, que dé descanso a su cerebro para que pueda usarlo a fondo en el próximo vuelo.
No estaba segura de qué debía responder a eso, así que me limité a asentir, alejándome de ella.
—¡Que pasen una buena estancia en Londres! —Su voz fue toda cortesía y alegría para los pasajeros que salían—. ¡Gracias por volar con Elite! ¡Vuelvan a elegirnos para sus viajes!
Empecé a despedirme yo también, pero sentí que Naruto se interponía entre las dos.
—Buen discurso, capitán Uzumaki —dijo ella, mirándolo—. Dígame una cosa, ¿no ha dicho los lemas obligatorios de Ambuporque se le ha olvidado cómo mostrarse amigable o a propósito con la esperanza de que lo grabe y escriba a los superiores?
—Esperaba que hiciera un escrito.
—Tiene suerte de que hoy esté de buen humor. —Ella lo miró fijamente—. La próxima vez que coincidamos en un vuelo, le garantizo que no lo estaré.
—No esperaba otra cosa. —Naruto le sostuvo la mirada hasta que ella se dio la vuelta y reanudó la retahíla de despedidas.
A diferencia de los demás pilotos con los que había trabajado, no se quedó a nuestro lado para despedirse de los pasajeros con las consignas establecidas por Elite. Permaneció en silencio, casi melancólico, como si el pasaje no estuviera saliendo del avión todo lo deprisa que él quería.
Cuando por fin cruzó el umbral el último pasajero, esperé que dijera algo, al menos que me echara un vistazo, pero miró al primer oficial.
—Hasta la próxima —dijo para todos.
Luego agarró el asa de su trolley y dirigió unas palabras en voz baja al copiloto antes de pisar el finger.
Agarré mi propio equipaje y lo hice rodar lejos de él mientras oía fragmentos de los lujuriosos piropos que las otras asistentes de vuelo estaban soltando sobre él.
Cuando entramos en la terminal, nos estaba esperando una furgoneta blanca. El primer oficial y la señorita Connors compartieron la primera fila, yo me puse en el medio y Naruto se sentó detrás de mí con Janet y Elizabeth.
—Entonces, capitán Uzumaki… —ronroneó Elizabeth en voz baja para que sus palabras no llegaran hasta la señorita Connors—. ¿Durante cuánto tiempo se quedará en Londres?
—Solo esta noche.
—¡Oh! —Janet se aclaró la garganta—. Dado que solo tiene una noche, ¿le gustaría reunirse con nosotras esta noche en el bar del hotel?
—Lo pensaré.
—¿Qué tiene que pensar? ¿Ya ha hecho planes?
—Los he hecho, sí —aseguró, y yo pude sentir que me miraba—. Sin embargo, las condiciones son un tanto difíciles, así que es posible que los cancele.
—Entiendo. Bien, eso sería bueno para nosotras.
Sentí una punzada de celos mientras hablaba con ellas, algo que nunca me había pasado con mis amantes o novios anteriores, cuando los veía interactuar con otras mujeres. ¡Dios!, Toneri había quedado con una antigua novia dos veces al año para ir a las reuniones de su club de polo, y ni siquiera le había dedicado un segundo pensamiento al tema. Nunca había tenido sensación de inquietud o celos.
Pero ahora, este hombre con el que solo me había acostado dos veces me estaba haciendo sentir el impulso de darme la vuelta y decir algo.
Durante diez minutos y cinco salidas de la autopista, permanecí allí sentada, escuchando con impotencia cómo mis compañeras de trabajo ponían todo su encanto a funcionar. Él correspondía con un carisma casi similar.
Cuando por fin se detuvo la furgoneta frente al hotel, abrí la puerta y casi salté a la acera.
—Voy a registrarme —me despedí, corriendo mientras la señorita Connors me seguía a toda velocidad para alcanzarme.
—¿Le ha pasado algo, señorita Hyuga ? —Parecía realmente preocupada—.¿Se encuentra bien?
—No, solo estoy cansada. Eso es todo. Frunció el ceño, pero no añadió nada más.
La chica de recepción localizó con rapidez la reserva de la tripulación y comprobó nuestros documentos de identidad antes de darnos las llaves de las habitaciones.
—Nos vemos el domingo a las diez, señorita Hyuga —se despidió la supervisora—. Como llegue con una sola milésima de retraso, me aseguraré de que se arrepiente.
—Entendido. —Me alejé de ella, de Naruto y del resto de la tripulación, que atravesaban en ese momento las puertas del hotel. Fui directa hacia los ascensores, pero como no quería tener que lidiar con miraditas o escuchar insinuaciones sexuales, crucé el vestíbulo del hotel y me dirigí hacia la escalera de emergencia.
Atravesé un pasillo con ventanas arrastrando el equipaje hasta el primer tramo de escaleras y, de repente, alguien me agarró la cintura desde atrás y me hizo girar sobre mí misma.
—Yo también tengo algunas reglas y condiciones para esta mierda. —Naruto clavaba en mí sus ojos azules con deseo y afán de posesión.
Sentí la ventana contra la espalda y el equipaje se me cayó al suelo.
—Si estoy de acuerdo con esto —continuó con los dientes apretados—, no quiero conversaciones sentimentaloides por las noches, ni oír mencionar las palabras «más», «nosotros» o «relación», y no tendremos citas.
—No te he pedido que tengamos citas.
—No quiero saber absolutamente nada sobre tu vida fuera del dormitorio.
—Ya somos dos.
—No seré el hombre al que puedas llamar por la noche cuando necesites hablar con alguien. —Se interrumpió—. A no ser que sea para decirme lo mojada que estás, no quiero ver tu nombre en mi registro de llamadas, y no quiero que pienses que podemos llegar a ser amigos.
Iba a responderle con la misma intensidad, pero me besó, impidiendo que dijera una sola palabra.
—Solo me harás preguntas sobre si puedo follarte más fuerte, más tiempo o más profundamente, y no me pedirás otra cosa que satisfacer tu coño.
Se me endurecieron los pezones contra el sujetador y sentí las bragas pegadas a la piel. Como si él también lo supiera, deslizó la mano por debajo de mi vestido y tiró de la prenda de seda para meter debajo los dedos.
—Vamos a compartir nuestros cuerpos, no nuestras vidas. —Bajó la voz mientras me acariciaba el clítoris con suavidad—. Eso es todo lo que puedo ofrecer. Eso es todo lo que puedo darte.
Deslizó la otra mano por mi cintura y me pellizcó el culo.
—¿Tienes alguna condición más?
—Sí… —Logré decir mientras me arrancaba las bragas.
—¿Cuál?
—Son tres cosas… —Mi mirada se posó en sus manos mientras se desabrochaba los pantalones y se bajaba la cremallera, pero el comienzo de la frase quedó interrumpida cuando liberó su polla.
—¿Qué decías? —Me levantó la barbilla para que lo mirara a los ojos.
—Ser la única —dije—. No has mencionado nada sobre las mujeres que tienes en otras ciudades. Es necesario que me prometas que no vas a estar con ellas.
—Eso estaba implícito —repuso, poniendo los ojos en blanco—. Estoy de acuerdo, solo follaré contigo durante el tiempo que dure esto, sea lo que sea. ¿Contenta?
—Mucho.
—¿Cuál es la segunda cosa?
—Quiero que me… —Contuve la respiración cuando sentí su mano deslizándose por mi espalda para desabrocharme el sujetador en un movimiento muy suave—. Quiero que me prometas que no me quemarás.
—¿Que no te quemaré? —repitió.
—Ni me harás daño —dije casi tartamudeando—. Quiero que me prometas que no me harás daño, Naruto.
Me miró en silencio. Parecía un poco confundido, pero luego me rodeó el pezón con la punta del pulgar mientras hablaba muy despacio.
—Hinata, no pienso quemarte ni hacerte daño, a menos que en algún momento te apetezca probar ese tipo de juegos. —Me subió el vestido hasta la cintura—. Dicho eso, ya que hemos acordado que no será una relación sentimental, tendrías que enamorarte de mí para que te hiciera daño. —Me pasó las manos de arriba abajo por los costados—. Quiero estar seguro de que no lo haces, y te garantizo que yo tampoco lo haré. ¿Cuál es la tercera cosa?
—Es que tenemos que hablar cordialmente.
—Te acabo de decir que no necesitamos hablar. Nunca.
—No tiene que ser nada serio, solo palabras amables y amistosas. Tienes que dejar que…
—¿Por qué?
—Todo esto es nuevo para mí, no había tenido nunca sexo sin ataduras. Nunca he hecho esto.
Parecía totalmente desconcertado, y parpadeó un par de veces, pero al final asintió.
—De acuerdo, Hinata. Trataré de hacerlo.
—Gracias.
—Por lo tanto, ¿estás de acuerdo con todos mis términos? Asentí.
—Sí.
—De acuerdo. —Me empujó contra la barandilla—. Yo también estoy de acuerdo con los tuyos.
Sin añadir una palabra más, su boca cayó sobre la mía, caliente y pesada, recordándome todas las veces que había fantaseado con él por las noches. Salvo que esto era mejor. Mucho mejor.
Noté la presión de su polla contra el muslo, y me froté contra ella, murmurando por lo bajo cuando me mordió el labio. De repente, apartó la boca de la mía, sacó un condón del bolsillo y me lo pasó.
Traté de rasgar el envoltorio con las yemas de los dedos, pero él se rio por lo bajo y me lo quitó.
—No. —Lo sostuvo delante de mí—. Con la boca.
Vacilé, mirándolo insegura, pero luego mordí la esquina del papel metalizado con los dientes y lo abrí. Saqué con los dedos la goma húmeda fuera del paquete y la deslicé por su erección. Notaba cómo palpitaba mi coño alrededor de cada centímetro que cubría.
Buscó de nuevo mi boca con la suya, exigiendo una vez más de una forma ardiente y salvaje. Luego me rodeó la cintura con un brazo y me sentó en el pasamanos.
—Abre las piernas —ordenó.
Me sujeté a la barandilla y obedecí. Sentí que ahuecaba las manos sobre mis nalgas y tiraba de mí hacia delante.
Sin decir una palabra, me penetró con un profundo envite hasta llenar por completo las paredes de mi sexo. Grité por lo bajo.
—Como vuelvas a gritar —me susurró al oído antes de morderme el cuello—, nos encontrarán. —Me clavó los dedos en la piel, casi castigándome—. Y no pienso parar, Hinata. Tengamos público o no.
Me mordí la lengua cuando comenzó a penetrarme con frenesí una y otra vez, privándome de la oportunidad de responder. Me folló sin descanso y sin ternura, haciendo que los nudillos se me pusieran blancos. Sucumbí por completo a su control.
Me encontré arqueándome a contrapunto para poder frotar mis doloridos pezones con su áspera chaqueta, buscando su polla con mi sexo anegado. Cada vez que se me escapaba un gemido, me golpeaba el trasero y me mordía con fuerza la castigada piel del cuello.
Varios pisos por encima, se oía a los huéspedes del hotel entrando y saliendo a través de las pesadas puertas, pero los sonidos acababan disolviéndose. Lo único que podía escuchar al final eran nuestras jadeantes respiraciones y el sonido que hacía mi piel contra su piel.
—¡Oh… Oh…, Dioooos! —Intenté contenerme al sentir palpitar su polla en mi interior cuando me penetró más profundamente.
Me golpeó el trasero con fuerza e incrementó la presión.
Le mordí el hombro, tratando de evitar los gritos, pero no sirvió de nada. Aullé cuando mi cuerpo empezó a convulsionar contra el suyo, y cerré los ojos mientras una oleada infinita de placer atravesaba mi cuerpo.
—Joder, Hinata … —Me embistió unas cuantas veces más, buscando su propia liberación y, cuando se corrió, me inmovilizó contra su polla.
Resbaladizos por el sudor y jadeantes, nos miramos el uno al otro sin desenredar nuestros cuerpos.
«Esto, sin duda, acabará siendo un problema…».
Después de unos minutos, se retiró lentamente de mi interior y me ayudó a bajarme de la barandilla, dejándome en el suelo. Luego se dio la vuelta y empezó a colocarse la ropa, indicándome por lo bajo que hiciera lo mismo.
Estaba abrochándome el sujetador cuando se escuchó en lo alto una voz masculina.
—¿Hola? Mi hijo ha oído un grito —dijo alguien—. ¿Está todo bien ahí abajo? ¿Hola?
Naruto me lanzó una mirada significativa.
—Va todo bien- respondí en voz alta—.Yo también he venido a
comprobar. No ha pasado nada.
—Perfecto. ¡Gracias!
Terminé de colocarme el vestido, pero no me molesté en arreglarme el pelo, empapado en sudor.
—Tienes que darme tu número de teléfono —dijo él, sacando el móvil del bolsillo—. Y la dirección de correo que más utilices.
—Pensaba que habías dicho que no íbamos a llamarnos por teléfono en mitad de la noche.
—Y no lo haremos. Es para que me puedas decir las rutas que vas a seguir cuando las recibas. No creo que sea justo para ninguno esperar a que los dos estemos en Nueva York para follar, por lo que tendremos que quedar en las ciudades de escala cada vez que nos crucemos. Encontraremos lugares comunes, estoy seguro.
Recité con rapidez mi número y lo grabó en la agenda. Luego cogió mi móvil del bolsillo de la chaqueta y escribió el suyo.
—Este acuerdo finaliza en el momento en que alguno de los dos quiera, ¿verdad? —pregunté.
—Sí.
—¿Tenemos que dar alguna razón?
—Cualquier razón lógica. —Dio un paso atrás y puso la mano en el pomo de la puerta—. Y de la misma forma, espero que haya quedado claro, Hinata … —La manera en la que dijo mi nombre hizo que me mojara de nuevo—. Cuando me comprometo a algo, incluso a una cosa tan ridícula y absurda como esta, espero que la otra persona mantenga el mismo grado de compromiso.
—Ya he dicho que lo haría. ¿O es que no me has oído cuando te he dicho que estaba de acuerdo?
—No —dijo—. Has estado de acuerdo en los términos que he puesto, pero voy a insistir en algo más serio y definitivo. Hasta que pongamos fin a esto, mi polla es la única que tienes permitido chupar, tu boca me pertenece, y si alguna vez estás excitada, mojada y necesitas correrte, tendrás que esperar hasta que pueda satisfacerte.
