NA: Otro capítulo, espero este siendo del agrado de alguien en este vasto eco que es el fandom. una disculpa si se fueron faltas ortográficas.
Las cronicas son saltadas en años diferentes, sin embargo todas tienen relación en un titulo y continuidad
_..._
Año 764
— Necesito de tu habilidad especial de nuevo— la femenina voz solicitó en voz baja en medio del oscuro panorama nocturno. Había un olor a sangre humana fresca que auguraba problemas.
—No pienso ser tu maldito médico por siempre — Objetó sin molestarse siquiera en abrir los ojos.
—Pues eso puede acabar hoy si no me ayudas — solicitó con un poco más de ahínco —¡Vamos!, Kamisama era mi gran amigo… ¿Por… los buenos tiempos?
—Esa es la peor mentira que me has dicho— Sonrió de lado haciendo un esfuerzo por levantarse de la arenosa superficie. Se acercó al pequeño agujero y extendió su mano. La joven se acercó de inmediato sintiendo el calor de esa mágica sanación recorrer su cuerpo. El sangrado se detuvo en su hombro y costilla, se sentía de nuevo capaz de caminar con sigilo. Sin embargo decidió quedarse un momento más.
—Encontré la forma de entrar— anunció victoriosa mientras su recuperación transcurría.
—No deberías decir eso en voz alta Bulma—Le reprendió el namekiano — y deberías dejar de meterte en problemas por lo menos un instante— terminó el trabajo de mala gana, guardando su mano de nuevo bajo el brazo —agradecería al menos una semana entera de descanso.
—Ohh si no te visitara ¿Quien te alegraría el día? — Agradeció meneando coquetamente la cabeza.
—Extraño los tiempos en los que ignoraba tu existencia— Gruñó, recargándose contra el filtro que les separaba. Los sonidos de sus movimientos alertaban un acercamiento furtivo en la distancia. Sin embargo su conducta errática no levantó sospecha alguna.
—Se donde están— Susurró ella con voz aún más baja
—Eso no hace ninguna diferencia — le contestó aburrido anticipándose a los planes que quería ejecutar — Si logras abrir las puertas, deshabilitarás a la horda de salvajes que viven con ellos— Inminente peligro que pensaba, ella no estaba considerando en sus constantes planes de rescate.
—Quizá valga la pena intentarlo— se cruzó de brazos por el crédito que nunca recibía, después de todo había logrado ya burlar la seguridad de ese recinto particular. Aunque solo se tratara de criaturas pacifistas. Tocó el frio metal de la diadema en su frente, recordando el paso ensayado a proseguir— Todos fueron neutralizados en diferentes tiempos y quizá pueda utilizar ese tiempo de diferencia para cada uno de los bloqueadores—
—¿No recuerdas como salió tu experimento en mi brazo?—La interrumpió antes de continuar — tuve que fingir esa vergonzosa automutilación cuando explotó—el rencor burlesco de esa anécdota aun se escuchaba reciente —tu broma me costó tres días de castigos y aislamiento por… demencia….gracias.
—Lo lamento, pero nadie más podía soportar ese riesgo — se apresuró a justificarse ofendida, no solo por sus habilidades, sino porque era el único sujeto de prueba sin riesgo de descubrirla— No quedan muchos de nosotros de todos modos— Musitó con gran dolor ante ese significado. Recuerdos que seguían atormentando su memoria diaria. Cada día disminuía el número de organismos en ese encierro, cada día sentían el yugo de la muerte acercarse al punto sin retorno.
—Quizá sea hora de que encuentres tu escape sola—Reparó en informarle, puesto que sabia que era una dura decisión que seguramente no tomaría, aunque desgraciadamente, quizá era la única que podía a esas alturas buscar un destino diferente.
—No me iré sin todos ustedes— Replicó de inmediato —mi última familia está en este lugar.
—Entonces tus apegos son los que te condenarán —
—Gracias sabio "Mayunia"— Emitió con cinismo.
Piccolo soltó una risilla entretenido ante la ironía de sus propios errores pasados.
—Hey, después de todo es un consejo gratis de tu gran amigo Kamisama—
La escuchó reír del mismo modo.
Después de eso guardaron silencio. No había muchos momentos espontáneos para disfrutar. No había siquiera momentos para permanecer tranquilos, dejaron al frio de la noche recorrer su aspiración vacilando en terminar el intercambio.
—Cuando duermo solo tengo pesadillas—admitió reconociendo su constante sentir —No quiero verlos morir, no puedo aceptar que este sea nuestro final— Aunque sabia que esa platica solo sería unilateral, jamás el namekiano se había caracterizado por ser un gran conversador. Más de alguna manera, sentía que podía tener un poco de empatía. Después de todo venían del mismo entorno. Aunque fuesen criaturas tan diferentes. El suspiro detrás del muro se lo confirmó.
—Vete de una vez o te atraparán de nuevo— Contestó sin intención de prolongar más el riesgo—deja de experimentar con los bloqueadores o te volarás la cabeza— Se dispuso a desactivarse sin levantar más sospechas.
—Pero esta vez funcionó— contestó ella en suave murmullo, escabulléndose del mismo modo en el que llegó.
Y que mejor noticia que eso pudiera ser realidad, él aun recordaba el día en que recibió esa marca de esclavitud, del mismo modo que otro tipo de sensaciones que jamás pensó poder experimentar.
Año 762
Ingresaban en lo que prometía ser su enorme prisión por el resto de los días que la vida les permitiera existir.
No había ánimos en el desfile. No había tampoco quejas. Simplemente deambulaban como un grupo de fantasmas desgarrados, teñidos entre las marcas de batalla que orgullosos sostenían. Habían hecho todo lo posible frente a un enemigo prácticamente invencible.
No se atrevían a mirar atrás mientras la destrucción de su mundo acontecía como lo mas normal. Los dueños de esos terribles homicidas, veían con gran placer desaparecer en un instante todas las formas de vida que permanecieron varadas. Todas cual si hubiesen sido borradas de pronto.
—Deberían sentirse agradecidos de que no fueron ustedes— Otro de los prisioneros les contestaba ante la débil revelación de las lagrimas de algunos de ellos. Era completamente irreal, nunca tanta desesperanza había contenido sus voluntades, buscaban con la mirada al único salvador en quien hasta ese día creían ciegamente. Debía haber sido transportado también, añorando vanamente en que si sobrevivía debía haber alguna forma de revertir ese infierno.
—Todos ustedes pasaran al primer filtro — el droide les indicó.
—Yo no tengo por que seguir sus ordenes — El namekiano joven se dispuso a atacar, siendo detenido en ese mismo instante. No podía moverse por algún extraño motivo y cuando volvió a ver al resto de los sobrevivientes, parecía que el tiempo estaba congelado.
—Por fin tenemos lo que buscábamos— La criatura diminuta les anunció colocándose frente a ellos mientras con algún extraño truco hipnótico les obligaba a todos a reverenciarle — y gracias a mi buen humor es que continúan con sus patéticas vidas— les anuncio seguido por un par de extraños alienígenas — Pero su estancia en este lugar debe ser ganada — Prosiguió colocándose sobre ellos, como si explicara las reglas básicas de una contienda callejera — Ustedes son las formas de vida con mayor uso de energía en ese patético planeta, si quieren continuar vivos deberán probar que son dignos de permanecer en ese domo — Señaló la oscura entrada a la que todos los pasillos llevaban — Solo si nos proporcionan suficiente poder, consideraremos dejarlos vivir, de otro modo sus mismos compañeros en la base, se encargaran de eliminarlos. Mas vale que usen todo su tiempo en probar que no son la basura que hasta el momento representan— Se burleteó observando que ninguno de los presentes encontraba gracia en el anuncio del que acababan de ser parte.
—Yo seré su amo de ahora en adelante—se cruzó de brazos complacido — Siéntanse agradecidos de formar parte de las criaturas del gran Babidi.
Descendió de un saltito, saliendo de la vista con un chasquido y evocando un escenario completamente distinto. Ya no podían ver su mundo, se encontraban en otra dimensión completamente ajena, un recinto circular blanco, donde otras criaturas inmóviles eran evaluadas y agrupadas. Ninguno de ellos sentía su energía estable, drenándose a cada minuto que pasaba.
—¿Qué es este lugar? — con dificultad para mantener su respiración Krillin, intentaba en vano permanecer en pie con su maestro en brazos. Cayó al instante siendo imitado poco después por el resto de los sobrevivientes.
Habiendo sido neutralizados, un grupo de criaturas verduzcas colocó de inmediato en sus frentes una extensión dorada que abarcaba media cien. Una especie de diadema fijada de algún modo imposible sobre la mitad de su cráneo. Del mismo modo una banda en su brazo y muñeca, y puesta extrañamente sobre el cuello del namekiano.
—El saiyajin no tiene cola— escucharon del otro lado de la sala donde encontraron a un agonizante Gokú y al pequeño Gohan desmayado.
—Métanlo al tanque de una vez— Uno de los jefes de la operación ordenó — no aguantará mas tiempo, bastardo suertudo… logró eliminar algunos de nuestros recolectores— Se cruzó de brazos arrojándolo dentro del tanque. La sangre que se regaba era escandalosa, la cantidad de daño inmesurable. Todos habían sido testigos de los grandes esfuerzos que entre él y el namekiano conjugaron para poder salvar el planeta. Esfuerzo vano frente a las criaturas marcadas con ese extraño símbolo en la frente. Seres que ni siquiera parecían ser conscientes de su propia existencia, bestias insensatas con el único propósito de destruir y en un instante todo se había hecho polvo.
—Estos son humanos y un namekiano — habló una vez mas el droide que les inspeccionaba — Tienen daños graves — señaló mientras del mismo modo les etiquetaban y separaban como al resto de criaturas en las inmediaciones, una colección de diferentes seres envueltos en ese liquido verde en todo el rededor de capsulas tintineando a diferentes tiempos.
Piccolo fue arrastrado hasta una de las capsulas. Una vez que el liquido cayó sobre sus hombros la sensación de sanación llegó de inmediato. Miro al resto de los terrícolas ser sumidos en el mismo tratamiento. Jamás esperó que ese evento pudiera ser posible, preocupándose por la vida de sus enemigos por primera vez en su existencia. Era la única buena noticia después de todo. Ahora tenía aliados.
Año 763
El domo de la muerte.
O al menos así le podía llamar todo individuo que proviniese de las celdas de contención. Debajo en la arena de pelea se encontraban los resultados de esas fieras batallas. Los sobrevivientes aferrados a la vida en todas sus formas. Todos mas aterradores que el siguiente, salvajes dotados de poderes inimaginables, algunos marcados, otros no.
Mas los de la otra clase, científicos desprovistos de poder, eran del mismo modo útiles a la causa. Lo mejor de los diferentes rincones del universo en conocimiento y creatividad. Su existencia dependía de la utilidad de sus inventos, siendo los fracasos el costo de sus vidas como material de diversión para los sádicos amos de ese mundo vil. Únicamente tres terrícolas habían sido conservados, él, su hija y el funesto doctor Gero. Sirviendo de gran utilidad hasta el momento a las filas de la siniestra comunidad. Todos obligados a trabajar por diferentes circunstancias: Algunos la promesa de continuar intactos, para otros la amenaza sobre sus seres queridos. La carrera de invenciones recaía incluso sobre ellos mismos, utilizando artefactos de control sobre toda la población de modo eficiente.
Sin embargo, su principal actividad además de los caprichos del infame líder, era mantener controlados los niveles de energía de los peladores. Los rotaban en funciones para evitar asaltos inesperados. De todas las formas de vida presentes, las inteligencias eran las mas peligrosas. Debian Asegurar su enclaustramiento y dominio para obtener los mejores resultados.
Finalmente hoy era el día en el que llegarían a obtener el máximo poder para despertar la ultima pieza de sus planes de conquista.
—Mis afortunados sirvientes — el maniático Dabura, comenzó el discurso desde un palco sobrevolando. Detrás suyo se encontraban dos ancianas figuras de diferentes tallas y seguramente poder, sin embargo los de su clase no podían sentir esa vitalidad fluir. Privilegio solo otorgado a algunos guerreros, entre los que estaban los terrícolas.
— ¡Ahí están!— La utlima hija terrestre exclamó, señalando el reducido grupo de guerreros que aun quedaban después de un año entero de luchas. Sin embargo entre ellos no podían ver mas que tres caras familiares. El duro filo de esa imagen se coló en sus huesos, sospechando lo peor de inmediato.
Bulma tomo asiento mientras el Dr Briefs sostenía su mano, intentando disuadirla de hacer lo que acontecería. No podía perder la concentración del trabajo, no a esas alturas después de tanto tiempo de intentar subsistir.
—¿Pero que sucedió con ellos? — Susurró esperando que por algún milagro alguien le dijese que lo que sus ojos veían era un error — ¿Dónde esta Yamcha?, ¿Tien y Chaos?.. .¿Go…kú? — llevó las manos a su rostro sin poder hablar
—¿Esas basuras sobrevivieron junto con 16? — Se carcajeó el otro científico en proximidad — es una pena que no estuvieran terminados 17 y 18, dejarían a nuestro planeta en un mejor puesto— Continuaba mientras el resto de las puertas se abrían y se anunciaba quienes serían los carniceros de la noche. Las razas de las secciones mas fuertes, las puertas abriéndose como el paso de los leones hambrientos, los primeros siempre eran los pretenciosos icejin, conocidos por casi cúspide de las elites que continuaban emergiendo, pedantes seres, algunos de apariencia grotesca, seres metálicos e incluso seres de una belleza sorprendente adornados con cuentas y arracadas distintivas. Entre la multitud de tallas, los terrícolas reconocieron una cabellera muy familiar.
—¡Es Goku! — se inclinó en la baranda de su sección emocionada —¿Pero… lo han puesto con esos…saii..yajin? — Interrogó a su padre que encogido de hombros le pedía en ruego silencioso que dejara de llamar la atención del resto. Detrás de su amigo lo seguía de cerca Gohan, cuyo rostro infantil exhibía una larga melena y la misma actitud temerosa.
—… Quizá les consuele saber que su sacrificio no será en vano…— El enorme demonio continuaba su horrible discurso, burlándose de algunos de los rostros mas decepcionados de la arena, solo esperando la brutal muerte de sus conciencias — Pero que ganen los mejores — Finalizó desapareciendo al instante. La masacre no esperó señal de inicio.
—No temas Krillin— El viejo maestro Roshi animó al último alumno que suponía en pie —esto terminará pronto — Tomó pose de batalla dispuesto a morir como un guerrero merecía: de pie y sin temor.
Dos contrincantes se aproximaron, de inmediato fueron evadidos por los humanos sin riesgo. Los asaltos continuaban, cada vez más criaturas tenían ese signo dibujado en la frente, almas vendidas al mismo esclavista que los condenó. Aunque eso aumentara su poder, ningún guerrero digno aceptaría ese trato.
Un osado bólido saltó dando una fiera patada musculada contra el maestro Roshi, de inmediato perdió el control escuchando las risotadas del sujeto que procedía a eliminarlo.
—No puedo creer que después de todo este tiempo basura como tu deambule por ahí — El ente rosaceo y desfigurado pronunció entretenido en la tortura a su víctima —Pon atención, tienes el honor de morir por mano de Dodoria.
Sin embargo, fue detenido por un ciber humano pelinaranja, ente biomecánico que había tomado especial cariño por los últimos terrícolas sobrevivientes. Levantó al maestro poniéndole a resguardo. Regresando al fanfarrón de un solo golpe por donde osó acercarse.
Un sujeto de piel roja sujetó a Krillin por detrás, aprovechando el momento de distracción.
—Te descuidaste enano— le susurró dispuesto a terminar con su vida, pero otra amenaza en gi naranja emergió arrojándole al fondo de la arena.
Cuando Krillin se encontró de frente con su salvador, develó una sonrisa que en muchísimo tiempo no había podido emular.
—¡Gokú estas vivo! — se aproximó de inmediato abrazándole, había pasado mucho tiempo ya. El mas grande le guiñó el ojo sin más, retomando la defensa de sus protegidos a quienes intentaba alejar lo mas posible de los mayores peligros.
Amaba las batallas, pero el ver el potencial peligro le restaba sabor a sus victorias. Todos habían recibido la orden de eliminar a todo el que no supusiera una amenaza a su poder. El día de purga estaba ahí y la amarga sensación era intolerable.
Bloqueaba a toda velocidad los ataques de las diferentes especies, muchos ahora hechos pedazos por el suelo. Sangre de diferentes tonos pintaba la arena y su determinación vertida únicamente en la defensa, sin tiempo para generar ataques certeros que no terminaran en la muerte de sus contrincantes. Aunque perdía el paso, su habilidad era total, un héroe renacido de algún milagro con el mayor poder jamás obtenido, sus movimientos eran perfectos, la destreza de sus ganchos letal. Krillin mantenía al pequeño Gohan detrás intentando dar espacio a las batallas de su amigo, entendiendo que no había algo que pudiese hacer semejante a ese nivel. Ahora entendía la razón de la separación en esa trinchera, incluso en su misma vida, pues nunca fue capaz de alcanzar en poder a ese prodigio que resultó no pertenecer a su raza.
Al fondo observó un par de ojos rojos que centelleaban en dirección a su amigo extraterrestre. En un parpadeo vio al saiyajin sin cola ser derribado por ese fugaz monstruo blanco como un halcón sobre débil presa. Goku se reincorporó de inmediato reconociendo esa cara al instante.
—Freezer — gruñó mirando la abismal diferencia de espacio entre él y el pequeño Gohan
—¿Me extrañaste miserable?— descendió en elegante movimiento — Tenemos una cuenta pendiente— se cruzó de brazos divertido mientras avanzaba hacia él mostrándole la marca que la ultima vez se había atrevido a propinarle.
Gokú se preparó, bajó a su defensa inseguro de tener suficiente tiempo para llegar hasta la fuente de la ira del icejin, su pequeño hijo al que por accidente en muchas ocasiones había intentado asesinar.
—Debes tener muy mala suerte para haberme encontrado en medio de tantas victimas probables—
Voló de súbito, logrando enterrar la cara del saiyajin con toda violencia contra el suelo. Sin dejar de aplastar su cabeza reía sin control, descuido que le costó un violento gancho sobre la espalda. Su cuerpo dejó el plano horizontal para observar como su antiguo pupilo, sediento de venganza le buscaba de nuevo listo para probar suerte.
—Nunca bajes la guardia imbécil— Le sonrió altivo sin darle tiempo a reponerse. Se lanzó con todo su poder poseído, descargando la ira palpitante en puños, seguro de todo el trabajo entrenado hasta ese momento y la confianza de todo su incremento palpitando sobre su autoproclamada victoria, lo vencería, estaba seguro de que esta vez lo vencería.
—¡Vegeta quítate de ahí! — Gokú le llamó dándole apenas tiempo a éste de evadir una tremenda ola de energía de palmas del otro icejin que se le abalanzaba. Lo alcanzó en una fracción de segundo, comenzando la paliza de su vida en un interminable castigo de derechazos y patadas que el sádico Cooler parecía disfrutar.
Un destino similar le esperó al saiyajin de la Tierra. Sintió la mano fría del mayor de los icejin tomar sin esfuerzo su cuello expuesto. Solo un crujido tomaría.
—Estúpidos saiyajin— se susurró al oído apretando con lentitud.
—….HAME HAAAAAAAAAAAA—
La intensa ola azul atravezó la arena arrasando con los despojos dejados en el camino. El resplandor del ataque llevaba la fuerza vital suficiente para dar de lleno al antiguo emperador de la galaxia chamuscando su piel en el proceso. El poder del golpe le obligó a soltar a su victima de inmediato y volteó hirviendo su sangre en colera, dispuesto a vengar las vergonzosas heridas mínimas causadas por el único culpable. El único anciano que permanecía en pie al final del rastro de destrucción.
—¡Mis queridos discipulos!—les llamó con total serenidad cargando un último glorioso ataque—¡Nunca desistan! ¡Nunca olviden el legado de la escuela Tortuga!... ¡HAAAAA!
Y bajo la rabia destellante del torrente en el ataque de Cold… desapareció.
Al igual que la respiración de sus suspensos alumnos.
—¡NOOOOOOOOOOO!— Resonó el lamentó de Krillin en todo el recinto.
Bulma saltó sobre el tablero, incapaz de procesar lo que estaba pasando. Llevó sus manos a la boca conteniendo un grito adolorido con todas las fuerzas de su cuerpo, se sacudia evitando llorar.
Mas no solo su cuerpo temblaba de tal modo.
La arena entera se sacudía electrizada. Los bloques se tambaleaban al paso de las ráfagas que se producían en el cuerpo del saiyajin en el suelo, conteniendo una ira de impotencia como muchos jamás habrían presenciado. Las venas en todo su cuerpo saltaban y la razón perdida en los ojos blancos que ahora emergían en un color frio totalmente diferente. El aura dorada anunciaba que otra vida debía ser extinta en pago por esa innombrable atrocidad.
Un rugido ahogado acabó de terminar la incomprensible transformación.
Veloz como vengador ángel de muerte, asaltó al responsable de ello. El resto de los presentes detenidos incapaces de comprender ese cambio radical de un segundo a otro permanecían boquiabiertos. En sus puños estaba toda la rabia acumulada, la injusticia, el despojo de todo lo que alguna vez importó mas en su vida, todas sus creencias y felicidad arrancadas en ese interminable despliegue de injusticias. Ni los mejores ataques del emperador fueron capaces de detenerle.
Por todos sus amigos, por todo lo que alguna vez amó. Por todo lo que nunca sería.
Lo destruyó.
—La carga esta completa— uno de los técnicos anunció a los amos del circo. La emoción de la noticia les hizo retirarse de inmediato a recibir al ansiado invitado sombrío.
De inmediato los circuitos fueron cerrados y todos los elementos neutralizados. No había necesidad de desperdiciar mas energía. Los pocos contrincantes que quedaban con vida fueron capturados de inmediato. Algunos tenían sus dispositivos de control demasiado dañados debiendo ser reemplazados de inmediato. La batalla campal había costado un elevado numero de elementos y aun había energía que debía ser consumida. Quizá el método, aunque mucho más veloz, no había sido lo más adecuado para sugerir.
Bulma observó horrorizada el cuerpo ensangrentado de sus amigos. Sabia que todos los guerreros irían a un salón de recuperación y el exceso de bajas entretendría a todo el personal. Era la única oportunidad que tenia para verles de nuevo. Terminó su labor escabulléndose. Después de lo que había pasado, valía la pena correr el riesgo.
Año 764
Despertó sin entender a la perfección ese recuerdo.
Quizá era poco el tiempo transcurrido, pero sentía que había sido una eternidad. Sintió que sus funciones volvían a la vitalidad. Debido a su condición frágil era de las pocas mentes que permitían permanecer consientes la mayor parte del día.
Pronto empezarían los entrenamientos
Llevaba en las manos el artefacto que Malaka habría solicitado como pago. Los últimos vestigios de mineral terrestre que quedaban en su poder. Carbón vegetal.
No entendía el uso que le daría en el area médica, pero era la única forma de poder ingresar sin ser reprimida. La seguridad de la falsa orden de colaboración en su mano era su única disculpa, en caso de que todo saliera mal.
En la puerta plastificada la esperaba la reptilezca criatura con nerviosismo.
Ella le proporcionó la cápsula de inmediato.
— Están en el cubículo 15– Habló sin abrir los dientes.
Ella continuó su camino para ingresar a las cámaras de recuperación. Más no esperaba la escena que en ese momento se suscitaba.
— ¡No te acerques a mi papá!— Rabiaba el niño delante del tanque donde flotaba carente de color alguno su progenitor.
El hostigador eran un hombre gigante con esa M horrible inscrita y una con cola gruesa que juraba podía partir en dos al pequeño. Sin embargo podía notar el nerviosismo que la proximidad con el infante le producía.
— Maldito fenómeno ¡Cálmate ya!— Ordenaba guardando su distancia — pudiste haber matado a Napa—
— ¿Le tienes miedo a un niño Raditz?— El saiyajin de menor tamaño era atendido exhibiendo orgulloso, entre la profusa sangre ganada, su poderosa aura azulada recién obtenida. Su felicidad no podía ser mayor al haber asesinado al hostigador que por años lo humillo, pretencioso como vanidoso Zarbon, además de haber humillado a los icejin, ascendiendo en último minuto al primer nivel del desgraciado que aquel lejano día le quitó la gloria de las manos contra King Cold. Todo a manos de la legítima frustración pura en su cuerpo, era el mejor día de todos, casi saboreaba su próxima transformación.
El pinchazo en las heridas abiertas lo regresó de nuevo a la realidad, y una presencia que ninguno de ellos había visto con anterioridad.
—¡Debería darles vergüenza tratar a un niño de ese modo! — se acercó envalentonada por el hecho de que las peleas y muertes estaban prohibidas en esa zona. Con la dignidad de una esfinge se acercó al lado del niño, bajando en cuclillas para simular que le atendía.
— Gohan— tranquilizó al niño que de inmediato la reconoció— Debes decirle a Gokú que solicite mi apoyo en su área— expresó en la voz más baja que pudo— Sé cómo sacarnos de aquí— Le susurró casi de forma imperceptible.
El niño era sumamente astuto, guardando la compostura de tal modo que nadie sospechaba que intercambiaba información valiosa.
— No había visto una hembra en años— Las palabras del saiyajin más viejo resonaron en la habitación. Un enorme hombre calvo con un horrible bigote que no le quitaba los ojos de asombro de encima — ¿Es la madre del media sangre?—
— ¡Ella no es mi mamá, es nuestra amiga!— El niño se colocó de inmediato entre ellos y la novedad del momento.
— Yo no había visto una hembra así nunca—Resuelto por las mismas reglas que ella, el saiyajin que acosaba al menor vertió su atención en un nuevo objetivo — ¿Donde trabajas en esta pocilga?— Se carcajeó notando al instante los nervios crecientes de la mujer.
— ¡No tienen permitido acercarse!— Exigió un tanto amedrentada ante la falta de espacio personal que había de pronto.
— ¿Ella es de la misma especie que tu madre?— El viejo volvió a preguntar cerrando de nuevo la ruta de escape
Todos los bloqueadores saltaron a color rojo derribándoles de golpe.
— Suficiente— Malaka entró poniendo orden al instante — Todos los que han sido atendidos serán devueltos a sus celdas —… Excepto el mestizo— Señaló apartando al crio— Te quedarás para hacer pruebas.
Ella entendió que ese día no sería fructífero. Salió con la misma velocidad con la que llegó. Esperaba que el pequeño fuera capaz de entregar el mensaje. Era su última esperanza para orquestar finalmente un escape.
…
Sin embargo tres días pasaron y el tiempo se acercaba a su límite, solo podían aprovechar una anomalía energética próxima a estallar y no había rastro de ellos. Decidió correr el riesgo esa noche. Solo un día faltaba para el último pico.
En la banda frontal insertó un clip especial en su frente, las señales de su ciclo REM constantes y saltó con las herramientas en mano para dirigirse a la celda de su interés. Llevaba consigo diferentes modelos miniatura de clips adaptados para insertar en las bandas de todos sus compañeros. El triunfo estaba cerca.
La agilidad felina emergente de su menudo cuerpo la sorprendió, habiendo perfeccionado sus movimientos más gráciles para hacer el menor ruido. El evasor de sensores funcionaba a la perfección y en una hora de recorrido aproximado estaba de frente a los ductos de la sala que necesitaba traspasar.
Cuando pudo poner un pie dentro se felicitó cerrando los puños al aire con un alegre ademán. Era un paraje de cielo oscuro y arena bajo los pies. Su pequeño regulador de gravedad en el brazalete de control le indicaba que un paso en falso le costaría la vida ya que esos seres vivían en una presión 10 veces aumentada.
Pero al aventurarse fuera de su escondite unas veloces botas estaban ya esperándola.
— Sabía que habías acordado algo con ese niño— El sujeto descendió hasta el suelo donde ella se escondía, Bulma sentía su pulso subir con el terror de una avalancha nerviosa. Sabía que la mataría, ya había visto de quien se trataba, sabía que era el fin.
— No te ves tan valiente ahora, criatura escurridiza— La levantó del traje como si se tratara de un gato — Dime qué escondes y puede que te deje vivir— Dijo en el tono más amable que pudo esgrimir. Sin embargo, la altanería con la que terminaba sus frases no tenía el mínimo sentido amigable inscrito.
— Solo quería cerciorarme de su bienestar— Intentó contestar de forma absurda. No obteniendo el efecto deseado.
— Ni siquiera el soldado más lerdo de este muladar sería capaz de tragarse esa historia — La arrojó al suelo sin cuidado — Ahora dime que trato harías con ellos o llamaré al inútil de Raditz para que se divierta un rato contigo—
— No puedes probar nada—Se armó de valor viéndose acorralada — Si me matas te asesinaran por disponer de uno los elementos creativos de esa tuza mutante—Alardeó llena de arrogancia.
— Del mismo modo morirás por haber quebrantado la ley— Contestó indiferente y algo divertido por la estampa desvergonzada de esa criatura infinitamente inferior a él, con la osadía de ofender a todos y plantarle cara. Acto que de inmediato terminó de parecerle divertido, cuando la vio intentar alejarse sin el menor remordimiento.
— Pues es una apuesta que tú no cobrarás — Se dispuso a dejarse atrapar por la seguridad del recinto antes de caer en manos del resto de animales que dormían en las inmediaciones. En un pestañeo, su boca era cubierta por la mano enguantada y su brazo sometido en una dolorosa llave, que juraba le estaba sacando un alarido involuntario.
— No tienes forma de escapar de aquí— empujó con violencia dejando claro su dominio— Ahora dime, pequeño insecto, ¿Qué cosa venías a decirle al estúpido Kakarotto que es tan importante para arriesgar la vida?.
Más su persistente silencio le confirmó que moriría antes de decir algo. Un pequeño bulto despertó su curiosidad, sintiendo la discontinuidad en lo liso del brazalete bajo su mano, descubrió en este una pequeña pieza de metal.
— ¿Que es esto? — preguntó dispuesto a retirarlo, pero con histeria su rehén movía la cabeza en una negación frenética. Soltó su boca para permitirle hablar recuperando ella apenas el aire — Si lo retiras moriré aplastada…no tengo capacidad de soportar esta gravedad— Clarificó intentando no sonar tan vulnerable. Acción que sólo atrajo una risa fría de su captor.
— Una inventora furtiva tenemos aquí— Se burleteó animado, llevándola a cuestas un sitio más apartado. El despegue la hizo temblar imaginando que de algún sádico modo encontraría otra forma de darle tortura. Sin embargo para su sorpresa, descendió y la soltó cerciorándose de que ningún otro ente estuviera a la vista.
— ¿Que otras cosas posees en este momento?— Ordenó sin perder el tiempo— ¿Como lograste evadir que te desconectaran si aún tienes puesta esa maldita cosa?— Señaló el bloqueador craneal —¡Habla de inmediato! o romperé cada uno de tus huesos sin que nadie pueda venir a salvarte— Amenazó haciéndola pegar un brinco, cerró el espacio entre ellos aún más agresivo.
Derrotada entendió que si quería salir en una pieza debía intercambiar algo para regatear los términos. Quizá su única salida sería posponer los planes y darle a ese malnacido algún beneficio temporal. Sacó de su escondite uno de los clips diseñados para saiyajin y lo exhibió para de nuevo guardarlo con recelo.
— Te lo daré si me dejas salir de aquí— solicitó con el tono más amable en su repertorio, aunque el reproche era la primera nota que resaltaba.
— ¿Como funciona y por cuánto tiempo? — Preguntó cruzándose de brazos.
— Solo lo insertas en la base del bloqueador, te da una hora de uso antes de quemarse— Contestó de mala gana esperando obtener su respuesta —¿Y bien? ¿me dejarás largarme de una vez?— exigió posando la mano en su cadera sumamente impaciente.
— Para ser un pobre gusano, tienes una actitud muy altanera— le desprecio extendiendo la palma de la mano en espera del artefacto.
— ¡No tan rápido!— ella se alejó— debes llevarme de vuelta por donde salí— se encogió poniendo entre ambas manos el pequeño aparato delicado — promételo o lo destruiré.
— No sabes con quien estás hablando— Se molestó de inmediato tomándola de la solapa del cuello acercándola a su afilada nariz— ¡Yo soy el príncipe de los saiyajin!, el más fuerte entre todos estos mediocres clase baja, puedo arrancar de tus dedos muertos lo que me dé en gana y no hay nadie que pueda detenerme— La amenazó sorprendido del menor efecto que sus palabras hacían
— Para aun no ser el super saiyajin, tienes un ego demasiado grande — Le insultó sin poder entender siquiera porque lo hacía. Había sido una completa locura. Cerró fuertemente los ojos al sentir el agarre apretar su cuello. Ese sería su fin.
— ¡Suéltala Vegeta! — escuchó la voz de la única persona que podía salvarla en ese momento, aterrizaba en sigilo, listo para recuperarla de ser necesario.
El señalado contempló sus opciones, abstraído por fortuna, de esa rabia cegadora. Había olvidado que ese cretino poseía la habilidad de sentir el ki. Viendo a la víctima a su merced, tenia toda la disposición de asesinarla. No recordaba cuando habría sido la última vez que otro ser le hiciese arder en rabia de ese modo. Pero entendía que quizá en un futuro, esa mente brillante podría serle de alguna utilidad. Relajó su mano y con la otra, arrebató el artefacto del resguardo de su dueña. Sin voltear a ver al intruso, continuó su platica como si no estuviese ahí.
— Está vez lo dejaré pasar, me siento de muy buen humor— le advirtió sonriendo en siniestra voz — Pero la próxima vez usaré lo que quede de tu linda cabeza para limpiar mis botas— La arrojó al suelo, alejándose de inmediato y dando un puñetazo directo al centro de su congénere saiyan impertinente.
— ¡Tu a mi no me das órdenes!— Se marchó al verlo caer con la guardia baja.
La adrenalina le dio descanso, pudiendo ponerse en pie con cierta torpeza. Observó aliviada a su viejo amigo mirar de soslayo la ruta por la que el terrible sujeto desapareció. Del mismo modo siguió con la vista el invisible rastro y arqueó su delicada ceja, encontrarlo habría sido un terrible error. Caminó tallando su propio brazo insegura de lo que debía decir.
— Gokú he arruinado todo — admitió con pesadez acercándose temerosa hasta su amigo — Se llevó uno de los codificadores, ahora no podré sacarlos de aquí… y no se si por esto te he puesto en algún peligro —se sentó en la fría arena, tallando las marcas rojas y púrpura que ese sujeto le había propinado — Tendremos que esperar más tiempo.
Él talló su nuca de forma descuidada, igualmente decepcionado.
— Gohan no ha regresado— confesó en la misma actitud compungida— No se que está pasando pero puedo sentir que algo no está bien— Talló su rostro en ambas palmas, incapaz de dar una solución a la frustración hasta ahora acumulada, sin embargo se sentía agradecido de la suerte de eventos que llevó al engreído Vegeta a perdonarle la vida a la chica. Por lo menos eso era una suerte.
Bulma se acercó entendiendo la pena existente y le dio un confortable abrazo largo. Hacia tanto tiempo que no tenía esas muestras de afecto que también derramó una lágrima en ese instante. Ambos se sentaron, uno abrazando al otro sin moverse.
— Todo esto también pasará— Él le prometió en baja voz, aferrándola como cuando eran niños. Disfrutando de ese fugaz momento antes de tener que regresar a la dura realidad en puerta. Por ahora, ya nada más se podía hacer.
Estaban por fin en el sitio, después de tanto tiempo de búsqueda. El planeta original del dios de la destrucción.
Intentaban permanecer imperceptibles, el miedo a que sus enemigos encontraran por fin el paradero del planeta prohibido era creciente. No sabían si el poderoso Bills sería capaz de entender los viejos trucos de la nueva amenaza, tenía fama de ser confiado y un poco arrogante. Malas combinaciones a la hora de enfrentar un enemigo inpredecible.
— Esta consciente, supremo Kaiosama —Titubeó al ingresar a la atmósfera —Que el romper el ciclo de descanso del dios podría suponer graves consecuencias a nuestro papel — continuó sin recibir respuesta —Esta prohibido por la ley el reunirnos en este punto —admitió sin intentar sonar lleno de inseguridad —- Los guardianes podrían…
—No hay otra manera Kibito— Silenció a su compañero en modo poco tolerante.
Al cruzar el umbral, una figura conocida les esperaba en la distancia, con la calma usual que su naturaleza divina superaba, con el aspecto sereno, amable y fresco intactos. El siempre apacible Whis, quien permaneció inmóvil hasta recibir a los dos intrusos del sagrado recinto.
—Honorable Kaioshin — Saludó amistosamente — Espero que entienda que las consecuencias de encontrarnos en este sitio son verdaderamente preocupantes — finalizó con ambos ojos en completa paz, no así los de sus invitados recientes que de inmediato prosiguieron a justificar su presencia.
—Señor Whis — Shin se inclinó respetuosamente — Hemos venido a solicitar la interferencia del ente mas fuerte de nuestro universo, la vida y existencia misma enfrenta una amenaza que ha transgredido los limites de nuestros esfuerzos — Continuó esperando no caer fuera de la gracia del único representante del creador de todo en su mundo — Necesitamos interrumpir el sueño milenario del dios de la destrucción.
—Entiendo — Asumió el ángel — Estoy al tanto de lo ocurrido en el mundo mortal, pero debo denegar su solicitud — Afirmó ganando la admiración de los dos oyentes, pese a estar presenciando el fin de los tiempos, no encontraban forma de hacerle entender la gravedad de lo que sobrevendría en ellos, por sus largos viajes en el universo no habían encontrado fuerza alguna que se opusiera y los rumores de un antiguo demonio mágico en sus filas era la innegable advertencia de que la última carta debía ser jugada.
—Pero…excelencia— Kibito tartamudeó — Sin la ayuda del señor Bills… no hay forma de detener la extinción de todos los mundos.
—El dios de la destrucción supone un balance entre su ámbito de actuación —Les señaló — y lo dispuesto por la corte celestial. Nosotros los inmortales no podemos interferir bajo ninguna circunstancia, es la ley — Agregó en tono sumamente amable — Aun en la desesperanza siempre hay fe, son los riesgos que toda vida debe enfrentar, la mortalidad, lo efímero, es lo que da sentido a sus vidas — prosiguió con calma —la existencia corre riesgos para prosperar.
—Temo que si dejamos llegar ese riesgo — el supremo Kaio suspiró — No habrá más existencia que proteger.
—Aún no es tiempo — finalizó el guardián — Debemos dejar que el destino de los mortales manifieste su propia historia — Dio la vuelta, dando a entender que el encuentro debía ser finalizado. Los intrusos comprendieron que era hora de marcharse.
La frustración en sus puños era un trago amargo de realidad. La puerta estaba cerrada, solo podían buscar una alternativa por su cuenta, quizá aun habría una escapatoria que no hubiesen explorado, meditar sus opciones hasta las últimas consecuencias, toda vida en ese mundo valía por completo el esfuerzo.
