NARUTO

«Esto, sin duda, acabará siendo un problema…».

—Deja las manos en la cama. —Retiré el pelo de la espalda de Hinata unas horas después de habérmela tirado en el hueco de la escalera—. Deja el culo así, como me gusta.

Intenté sujetarla mientras me deslizaba en su interior, pero ella no me escuchaba. Se le resbalaron las manos, haciendo que mi polla quedara en el aire cuando cayó hacia delante, gritando y convulsionando por el orgasmo que la recorría de pies a cabeza.

Gruñí cuando me corrí justo después de ella. La cogí por las caderas para evitar que se cayera al suelo. Cuando estuve seguro de que no iba a rodar de la cama, la giré sobre su espalda sobre las sábanas y la observé mientras trataba de recuperar el aliento.

Me deshice del cuarto preservativo de la noche y lo lancé al cubo de la basura, con la esperanza de que este mano a mano sexual fuera un síntoma de la abstinencia. Que la única razón por la que le había enviado un mensaje preguntándole cuál era el número de su habitación fuera porque estaba tratando de compensar cuatro semanas sin sexo.

La observé mientras ella continuaba tendida en la cama con los ojos cerrados y le pasé los dedos por los labios voluptuosos.

Ruborizada, se sentó de repente y se cubrió con las sábanas.

—Pensaba que te habías marchado.

—Estoy a punto de hacerlo. —Me puse la camiseta por la cabeza y comprobé que tenía la llave de la habitación en el bolsillo.

Al coger el móvil del escritorio, miré la hora. Eran las cuatro de la madrugada.

«¿Hemos estado follando durante cuatro horas?».

—¿Qué rutas tienes durante el resto del mes? —le pregunté.

—No estoy segura. ¿Piensas que me las sé de memoria?

—Yo me sé las mías.

La vi fruncir el ceño, pero no discutió más. Todavía envuelta en las sábanas, se inclinó y cogió su móvil. Presionó la pantalla un par de veces y unos segundos más tarde sentí que vibraba el mío al recibir una serie de mensajes de texto.

Hinata : HNL-JFK. JFK-MIA. MIA-PHX. PHX-ATL. ATL-SFO. SFO-LGA.

Hinata : [Imagen] Hinata : [Imagen]

Miré las fechas que correspondían a cada trayecto y me di cuenta de que coincidiríamos en Nueva York durante los cuatro últimos días del mes próximo, pero no lo mencioné. Esto era sexo puro y duro aderezado con la pizca de conversación cordial que ella requería, eso era todo.

—Nos vemos en Phoenix el día quince —expuse—. Ya te diré en qué parte del aeropuerto nos reunimos.

—Faltan cinco días.

—Lo sé. ¿Supone un problema?

—No. —La vi encogerse de hombros—. Es solo que… No me pareces el tipo de hombre capaz de estar sin mantener relaciones sexuales durante tanto tiempo. Lo cierto es que alguien con quien salí hace un tiempo me dijo que era un período muy largo para que un hombre estuviera sin sexo.

—Sin duda tienes que salir con tipos mejores. —Puse los ojos en blanco—. Sin contar lo que hemos hecho hoy, no he follado con nadie desde el día que estuve contigo en el Madison.

—¿En serio?

—Sí, en serio. —Vi que la sábana resbalaba poco a poco, dejando al descubierto sus endurecidos pezones.

—Por lo tanto, has estado pensando en mí todo ese tiempo, ¿no?

—Durante estas semanas he estado pensando en follarte, punto —especifiqué—. No sé y no quiero saber nada de ti, ¿recuerdas?

—Lo tomaré como un sí. —Sonrió—. No he mencionado esto antes, pero el último sábado del mes que viene no podré quedar contigo en ningún sitio. Obligaciones familiares.

—De acuerdo. Jamás podremos quedar el tercer fin de semana de cada mes. Razones personales.

—¿Quieres hablar sobre ello? Puedo hacer café. Parpadeé.

«Desde luego es de las que quieren tener novio».

—¿Eso significa que quieres el café? —preguntó, levantándose de la cama sin otra cosa encima que el sudor que hacía brillar su piel después del sexo—.¿Normal o descafeinado?

No respondí. Le lancé una última mirada y me largué antes de que la visión de su cuerpo me hiciera desearla de nuevo.

Utilicé el ascensor para ir a mi habitación, donde me di una ducha fría y me tumbé en la cama. Incapaz de dormir, revisé la bandeja de entrada de mi correo electrónico, y vi que acababa de entrar uno nuevo de Elite.

Asunto: Gala anual AmbuAirways. Último aviso para confirmar su asistencia

Estimado señor Uzumaki:

Sabemos que ha recibido varias versiones de este mensaje a lo largo del mes, pero nos vemos obligados a enviárselo de nuevo. Adjunto a él encontrará una invitación formal para la gala anual de la aerolínea. Este año, además, presentaremos una nueva imagen corporativa y celebraremos nuestra nueva hazaña. También honraremos las vidas perdidas en la única tragedia que hemos tenido, las víctimas del vuelo 1872. Tanto si puede asistir al evento como si no le resulta posible, agradeceríamos una respuesta.

Departamento de Recursos Humanos AmbuAir

Me quedé mirando la frase con respecto al vuelo 1872, conmocionado y sorprendido de que la verdad fuera a ver finalmente la luz. Pensé que tal vez, solo tal vez, sería el primer paso para no odiar a esta criminal aerolínea, y quizá la manera de poder dormir bien durante más de un par de noches al mes.

Sin hacer caso de mi buen juicio, presioné el enlace para abrir la invitación y seleccioné «Sí». Luego rodé sobre la espalda y traté de dormir a poca distancia de Hinata y de ese sexo maravilloso.

Y así lo hice durante cinco minutos, momento en el que recibí un mensaje de texto.

Hinata : ¿Cuál es el número de tu habitación?


HINATA

Noté que me temblaban los dedos mientras enviaba a Naruto un mensaje de texto indicándole que ya estaba allí, en unos cuartos de baño a medio construir en el aeropuerto de Phoenix, esperándolo. Había logrado esquivar a la señorita Connors componiendo una expresión seria cuando aterrizamos y diciéndole que me registraría más tarde en el hotel, ya que un amigo de la universidad se había puesto en contacto conmigo y había quedado con él.

No supe a ciencia cierta si la mueca que apareció en su cara era de irritación o de alivio, pero había sacado su bloc de notas y escrito en mi ficha «no cumple el protocolo» antes de marcharse sola al hotel.

Mientras oía los pasos de los pasajeros y las ruedas del equipaje al otro lado de las puertas, consideré decirle a Naruto que, después de todo, no estaba hecha para esto. Había empezado a escribirle un mensaje de texto cuando él entró de repente en el baño.

—Hola… —lo saludé—. ¿Vamos ahora a tu hotel? No estás en el Marriott, ¿verdad?

Me miró confuso y dejó el equipaje de mano apoyado contra la pared antes de andar hacia mí.

—¿Quién ha dicho nada de un hotel?

—Tú… Me pareció entenderte que nos reuniríamos en cualquier ciudad donde coincidiéramos al hacer una escala, y que allí decidiríamos a dónde íbamos.

Se me quedó mirando… y caí de repente en la cuenta.

—¿Quieres que follemos aquí? ¿En serio?

—¿Por qué crees si no que te pediría que nos encontráramos en un cuarto de baño a medio construir, Hinata ?

—¿Quizá para poder darme la dirección para el siguiente destino?

—Esto no es una puta misión secreta. —Me miró a los ojos—. No siempre será en el aeropuerto, pero tengo que pilotar dentro de tres horas y no puedo perder el tiempo.

—¿Eres así de insaciable?

—Sí. —Sonrió al tiempo que me deslizaba una mano por debajo de la falda del uniforme hasta tocarme las bragas—. Y por lo que parece, no soy el único.

No dije nada. Me apoyé en la puerta de un cubículo, tratando de asimilar la situación. Ya era bastante malo pasar por alto a propósito las reglas de no confraternización al acostarme con él, pero no había imaginado que las posibilidades de que nos pillaran fueran tantas.

Sin dejar de sonreír, Naruto se acercó a mí, abrió la puerta de la cabina y me empujó al interior. Me alzó en el aire para ponerme en el tercer escalón de una escalera de pintor.

—¿Por qué estás tan nerviosa? —preguntó.

—No estoy nerviosa. —Me estremecí—. Solo es que… pensaba que esto iba a ser más civilizado y que no había posibilidades de que nos pillaran.

—¿Hinata, cuántos años tienes? ¿Veintiséis?

—Veintinueve.

—De acuerdo, tienes veintinueve años —repitió, pareciendo más contento con esa respuesta—. Creo que puedes asimilar que se mantienen relaciones sexuales privadas en sitios públicos. —Me acarició la mejilla con el dorso de la mano—. Nunca quedaría contigo para follar en un lugar en el que pudieran atraparnos.

—Pero…

Me puso un dedo en los labios.

—El horario de construcción termina a las cinco. Son las siete. Estamos en la terminal 4, la de vuelos internacionales. El último vuelo que sale de esta terminal está embarcando ahora mismo por la puerta más alejada, y los empleados del aeropuerto no pueden acceder a las zonas en obras por miedo a las lesiones.

—Así que ya has hecho esto antes.

—No. —Me separó las piernas y me bajó las bragas hasta los tobillos—. Pero conozco bien el funcionamiento de los aeropuertos y creo que necesitas relajarte un poco antes de empezar este arreglo.

—No voy a poder relajarme…

—Te aseguro que sí. —Me quitó las bragas, guardándoselas en el bolsillo—. Mientras tanto, vamos a hacer un trato, empezaremos de nuevo después de hoy. ¿Te parece?

Sin embargo, no esperó a que me mostrara de acuerdo con él. Me subió el vestido hasta el estómago y me abrió todavía más las piernas. Sin añadir una palabra más, me levantó la pierna izquierda para apoyarla en su hombro y hundió la cabeza entre mis muslos. Me devoró el sexo durante tanto tiempo que se me debilitaron las rodillas y tuve que taparme la boca para ahogar los gritos.

Le arañé la espalda mientras me llevaba dos veces seguidas al orgasmo con la lengua, dejando mi placer grabado en su piel.

Cuando por fin terminó, le quedaba solo una hora para embarcar, así que me ayudó a vestirme antes de alejarse de nuevo.

—Te enviaré un correo electrónico para decirte en qué parte de Charlotte nos reuniremos la semana que viene. Y para que conste en acta, el sabor de tu coño cuando te corres es increíble.